Capitulo 3

Descubierto…

Abrazaba sus piernas, acostado en lo que antes había sido su cama, en el sótano de West, se había vuelto hombre después de que West logró separarlo de su cuerpo y decirle que debía tranquilizarse y darse una ducha, siendo que había sido aquello lo que había hecho después de todo.

Se rascó la cabeza suspirando, ¿por qué le pasaban esas cosas a su awesome persona?, ¿qué tenía el mundo contra él?... primero, había dejado de ser un país, ahora se transformaba en mujer cada vez que tocaba el agua fría.

Bufó molesto, seguro Iván ni siquiera lo buscaría… pensó abrazándose a sí mismo, todo aquello era demasiado para su cabeza, después de todo, aunque realmente sería demasiado para cualquier persona, es decir, ahora su vida se había complicado demasiado más de lo que lo había estado en un principio.

Necesitaba descansar, aquellas cosas eran demasiado para él, después de todo no había podido evitar que aquello le ocurriese, no había sido su culpa caerse al maldito estanque de agua fría, claro que no lo había sido, pensó, pero si tan sólo no hubiera seguido a Iván, todo hubiera resultado de la mejor manera.

Ignorando aquellos pensamientos se tendió en la cama finalmente, tapándose con la mullida manta, aunque claro, extrañaba el cuerpo del ruso que le daba calor dentro del frio clima que Rusia poseía.

OoOoOoO

El sol salió sobre Berlín, iluminando las calles en las que apenas comenzaba a haber movimiento de la gente, pero por aquellas calles caminaba un hombre alto, incluso más alto que varios alemanes que por ahí pasaban.

El hombre de cabello rubio cenizo y una gran bufanda rosa alrededor de su cuello iba con decisión a aquella cada donde su conejito se había ido a esconder, pues no había que ser un genio para saber que el albino había terminado quedándose en casa del alemán.

Cuando llegó frente a la casa en donde estaba aquella persona que buscaba, golpeó con suavidad, siendo que escuchó como adentró parecía haber cierta discusión, pues escuchaba la voz de una mujer, cosa que lo sorprendió, pues no era la voz de Hungría, aquella mujer que siempre solía estar con los alemanes.

La puerta se abrió y él pudo ver a una muchacha más baja que él, de un largo cabello blanco que se podría decir que le llegaba más abajo de la cadera, con mucha facilidad.

— ¿Qué quieres tan tem... — La chica se quedo en silencio cuando vio los ojos amatistas de aquel hombre posarse sobre su cuerpo, viéndola detenidamente, haciendo que ella se comenzara a sentir realmente incómoda por su mirada, pero por sobre todo era porque aquel hombre era justamente con quién no se quería encontrar, pues no quería verlo, al menos no en bastante tiempo.

Maldita sea, él sólo había salido a abrir la puerta porque pensó que era un vendedor a esa hora de la mañana y le iba a decir que se marchara, pero no, su suerte nunca lo ayudaba como quería y frente a ella —o él, como uno deseará verlo— estaba aquel hombre.

— ¿Krolik, da? — Preguntó asombrado el ruso, pues había solo una persona a la que simplemente vería y su pobre y cansado corazón comenzaría a latir con aquella intensidad, siendo que era únicamente su conejito y aquella mujer, por muy extraño que fuese, debería ser su conejito.

— Ich bin nicht ein Kaninchen! — Le contestó la mujer con las mejillas sonrojadas, mientras quería cerrarle la puerta al ruso, pero este fue más rápido y puso su cuerpo para que ella no pudiera cerrar la puerta, haciendo que maldiciera. — Scheiße, Vannya! ¿Qué haces aquí?

— Vine por ti... — Le dijo asombrado el ruso, mientras miraba de pies a cabeza a aquella joven, que se veía incomoda bajo su mirada, además de que llevaba una camiseta blanca que a penas y cubría sus senos, junto con unos pantaloncillos que había encontrado entre las cosas que había dejado en casa de West cuando se había marchado.

— Bueno, estoy bien, Aufwirdersehen! — Le dijo intentando cerrar la puerta nuevamente, pero de nuevo el ruso se lo impidió y esta vez se abrió paso en la casa de Alemania, sin importar si molestaría al germánico, él sólo quería hablar con su conejo.

— ¿Por qué te fuiste, da? — Le preguntó cual niño, tomando la mejilla de aquella joven, aquella joven que era Gilbert, pues nadie más se atrevía a desafiarlo de esa manera, a responderle las cosas ni mucho menos actuar de aquella manera.

— P-Pues estabas con Yao y yo estaba aburrido, ¿bien? — Le dijo rápidamente, aunque se maldijo al apoyarse en aquella caricia que el ruso le daba, aquella caricia que se sentía tan bien a su tacto.

— Conejito, ¿estabas celoso, da? — Le preguntó con suavidad y ante el sonrojo de la mujer no pudo evitar soltar una pequeña carcajada al ver cómo, de verdad, aquella mujer —o hombre realmente— había estado celoso.

— ICH BIN NICHT EIFERSÜCHTIG!


Traducciones:

Krolik: Conejo

Ich bin nicht ein Kaninchen: No soy un conejo

Scheiße: Mierda

Aufwirdersehen: Nos vemos.

ICH BIN NICHT EIFERSÜCHTIG!: ¡No estoy celoso!