Algo extraño sucedía con Ivy.
Desde que ella les ayudo a deshacerse de los testigos y tuvo la ocasión de hablar con ella tranquilamente, que se dio cuenta de que Ivy no estaba bien.
-Muchas gracias por tu ayuda-le dijo Dean, aproximándose a ella cuando todo acabo.
-No podía dejarte morir… dejaros morir digo-corrigió ella de inmediato.
Dean se aproximó a ella, viendo algo detrás de su cabeza que capto su atención de manera asombrosa.
-¿Qué es esto?-tomó un mechón de la parte interna de su cabello, esta zona estaba ocupada prácticamente por una capa de pelo color cereza a diferencia del resto que eran blancos como la nieve-. ¿Te estás tiñendo?
La observo fijamente, ese color ya lo había visto antes en ella, en cuestión de segundos pero lo había visto al fin y al cabo.
-Es parte de mi castigo por haber bajado al infierno sin autorización-respondió ella, sus ojos parecían aguados, al borde de estallar en lágrimas.
Aquello la estaba lastimando si la ponía en ese estado, no entendía porque si solo era un cambio de color en su pelo.
Los cambios suponen transformaciones.
-Estás cambiando-afirmó Dean-. ¿A qué?
-Eso no te incumbe-contestó ella.
-¡No seas tan orgullosa! ¡Puedo ayudarte!-la cogió de la cintura mientras con la otra mano seguía cogiendo aquel mechón rojizo.-Escúchame y recuerda bien, con todo lujo de detalles, acuérdate cuando salvaste a Drew y después de eso apareciera Aleister. ¿Qué fue lo que dijo Aleister?
Ivy le observó en silencio, Dean intuyo que estaba haciéndole caso y miraba de recordar aquel día tan nefasto pero que dio paso a una de las mejores cosas que le habían podido pasar al cazador.
-Córtale las alas o tú y ella seréis torturados para toda la eternidad-dijo Ivy con voz grave, mirándole a los ojos.
Dean asintió lentamente.
-No quería que te torturara, yo ya había pasado por eso durante treinta años-explicó, acariciándole el rostro-. Si volviéramos a pasar por eso te las volvería a cortar, prefiero que pases un día de tormento en mis manos que un año siquiera en manos de Aleister o cualquier otro torturador del infierno.
Pareció entrar en razón por su expresión seria y la vacilación de su mirada, quedándose inmóvil frente a él y sin decir ni mu.
Dean también se quedó en silencio, teniendo la suficiente paciencia para esperar a que Ivy asimilase aquello y tomara una decisión: si perdonarle o seguir con su odio.
-No puedes ayudarme-dijo al fin, usando un tono débil y tembloroso.
Y desapareció sin darle tiempo a pronunciar palabra alguna.
Dean contaba con que Ivy hubiera recapacitado, que se hubiera dado cuenta de que él nunca le había querido hacer daño, de que lo único que había hecho había sido amarla.
Dio un buen trago a su cerveza, con la mirada fija en techo mientras descansaba tumbado en el sofá de su habitación.
Sam había salido a comprar comida en un restaurante de comida rápida cerca del motel, no había dudado ni un segundo para ofrecerse.
Estaba seguro de que su hermano lo había hecho porque le creía deprimido tras su encuentro con Ivy, y en realidad Dean estaba entre dos estados: uno de ellos era el que Sam creía y el otro era un torbellino de inquietud de saber que Ivy tal vez empezaba a creer en él.
Suspiró, no tenía ni idea de que estar enamorado comportara estos altibajos. No tener la seguridad de si volvería a estar o no con la persona amada le reconcomía y le inundaba de temores.
Con su otro estilo de vida sabía que fuera a la ciudad que fuera siempre tendría una chica a la que llevarse a la cama, sin ningún tipo de responsabilidad ni sentimiento con ella o ellas, sin miedo a que al separarse se fuera a brazos de otros, le era indiferente.
Ivy era su chica, le daba igual tener que pasar por una temporada de sequía, no iba a irse con otras mujeres cuando la tenía a ella. Si es que de verdad la tenía a su lado.
Le observaba escondida tras la esquina de un edificio, como llevaba haciendo días atrás.
Los hermanos estaban en un caso en el que las victimas morían de miedo, y ahora se dirigían a la morgue para inspeccionar como dos agentes del FBI.
-Agente Aime Dugsman-dijo, presentándose delante de los Winchester y del forense como otra agente del FBI-. Vengo para investigar sobre las extrañas muertes acontecidas en…-frunció el ceño, nunca sabía dónde estaba ya que no le hacía falta, pero le había parecido oírlo decir antes a los chicos-…Maomi.
Sam y Dean compartieron miradas de asombro e incredulidad, sin saber bien que decir ahora.
Ella se puso al lado de Sam, mirando el cadáver que el hombre les estaba enseñando.
-¿Van juntos?-preguntó receloso el hombre, percatándose de las reacciones de los chicos.
-He venido con el agente Perry y el agente Tyler, pero me entretuve con una tienda de vestidos-respondió ella de inmediato-. Ellos se adelantaron. Ahora continúe, por favor, no quería interrumpir.
Dean la miro de arriba abajo, era la primera vez que la veía vistiendo un traje, compuesto por una americana negra que cubría una camisa blanca con una corbata negra, una falda negra que le cubría los muslos y unos zapatos negros de tacón que se notaba que no eran lo suyo.
El forense explico claramente que solo se trataba de un infarto, a lo que los hermanos no estaban muy de acuerdo ya que había habido muchas muertes de ese mismo tipo en el pueblo y estaban seguros de que la gente en realidad moría por algún tipo de terror paranormal.
Dean tomo a Ivy del brazo cuando salieron de la morgue, diciéndole a Sam que se adelantara mientras ellos dos hablaban.
-¿Qué haces aquí, agente Dugsman?-preguntó con retintín, poniendo los brazos en jarras-. Ahora en serio Ivy, ¿qué haces aquí? ¿Otra misión de ángel de la guarda?
Ivy se quedó en silencio, siendo esta una de las pocas veces en las que se dejaba llevar por sus emociones, no tenía una respuesta coherente para darle que no la hiciera quedar como una acosadora.
-Da igual, déjalo-Dean la volvió a mirar de arriba abajo-. Te queda muy bien.
-Gracias-dijo con timidez-. Es bastante divertido disfrazarse de un agente de la ley.
Dean sonrió, sus ojos verdes brillaban como nunca.
Daba igual si Ivy había venido o no por misión de ángel de la guarda, se alegraba de tenerla a su lado y poder hablar con ella sin que le hiciera sentir como un psicópata desalmado.
Después de que Sam interrogase al sheriff, se fueron los tres a hablar con el vecino de Frank O'Brian, Mark Hutchings, pese a las reticencias de Sam para trabajar en compañía de Ivy, que había estado torturando a su hermano mayor psicológicamente desde que había salido del infierno.
Dean charlaba con su hermano con Ivy detrás de ellos. No podía dejar de mirarla, a ella y alrededor en general, estando en un estado de alerta permanente que se acentuó al ver a un grupo de chavales de apariencia sospechosa.
-No me gusta la pinta de esos chicos, vamos por aquí-dijo, tomando de inmediato otro camino.
Sam y Ivy le siguieron con el ceño fruncido.
Al llegar a la casa de Hutchings, éste los condujo hasta el salón que estaba plagado de numerosos reptiles dentro de jaulas de cristal y otros que andaban sueltos por la casa como la serpiente que tenía el hombre alrededor de su cuello y brazos.
No podía dejar de mirar a esas criaturas, temiendo que alguna saliera de su jaula y se abalanzara sobre ellos.
Estando al lado de Ivy tenía la tentación de cogerle la mano. La miro por el rabillo del ojo para ver cómo se encontraba; también miraba los lagartos esos pero, a diferencia de él, parecía maravillada.
-No se preocupe por Dony-le dijo Mark, pillándole mirando a la serpiente-, es inofensiva. Mary sin embargo…-señalo con la cabeza la serpiente que subía por el respaldo del sofá-… huele el miedo.
-Estas criaturas son fascinantes-dijo Ivy con admiración, poniendo el brazo sobre el de Dean para que la serpiente le pasara por encima cuando decidió acosarlo-. Por su aspecto parecen insignificantes, pero si te distraes son capaces de estrangularte o devorarte según el tipo y la presa-tomó a la serpiente, dejando que se enroscara en su brazo.
-Si tanto le gustan, tengo un par de huevos de serpiente a punto de eclosionar-dijo Mark, maravillado de encontrar a alguien con el que tenía algo tan extravagante en común-. Podría quedarse con uno.
Dean ignoró su tensión al borde de la ansiedad para tomarla de la muñeca y levantarla con él, disculpándose con Mark con la excusa de que tenían prisa para irse de ahí antes de que Ivy se le ocurriera aceptar su oferta o que la tal Mary terminara por estrangularlo a la que se descuidara.
Tras saber gracias a Mark que en el instituto Frank era un matón que se había ganado el odio de muchos en aquel tiempo, pero que había cambiado para mejor y además estuvo casado con una mujer que murió hace veinte años, se dividieron en dos grupos para hallar más información: Sam investigaría la casa de Frank en busca de pistas y Dean y Ivy irían al ayuntamiento para saber que fue de la mujer de Frank.
En el ayuntamiento averiguaron que la mujer de Frank se llamaba Jessie y era maniaco-depresiva, que desapareció en el ochenta y ocho tras dejar sus medicinas y fue hallada quince días después en un pueblo cercano y ahorcada en una habitación de hotel. El día que desapareció, Fran estaba trabajando así que no había sido capaz de conducir a su esposa a la muerte.
Sam por su parte no hallo nada en la casa de Frank, según él, estaba limpia de electromagnetismo, hechizos u azufre, lo que descartaba que hubiera sido atacado por fantasmas, brujas o demonios.
-Dean, vas a treinta por hora-dijo Sam sorprendido-. Es el límite de velocidad.
-¿Ser prudente es un crimen?-protestó él.
-Sí-afirmó Ivy, con cara de aburrimiento.
Sam decidió no decir nada más, hasta que vio que Dean no giraba hacia el hotel en el que estaban.
-¿A dónde vas? Ese era nuestro hotel.
-Sam, no voy a girar a la izquierda habiendo tanto tráfico, no soy un suicida-esta vez hasta él se extrañó-. Qué raro decir eso viniendo de mí.
Un ruido robótico comenzó a sonar a modo de alarma desde el bolsillo interior de la chaqueta de Sam. Extrajo el aparato que originaba dicho sonido, el detector de ondas electromagnéticas, que pitaba con fuerza cuanto más cerca estuviera de Dean.
Y entonces él supo porque llevaba todo el día caminando con pies de plomo y con todos sus sentidos en alerta.
-Me han hechizado…-dijo alarmado, mirando a su hermano con los ojos abiertos como platos.
