Esto de ser buena con Dean le estaba costando lo suyo desde que se dio cuenta de que estaba infectado e iba a morir de un ataque al corazón, decidiendo tomarse muy en serio el papel de Ivy como su ángel de la guarda. Básicamente desde que sabía de la infección, que decidió ser la sombra de la ángel para que ésta le protegiera.
-¿A dónde vas?-preguntó Dean, tomándola del brazo cuando se levantó.
-Estoy cansada de estar en el impala metida, soy un ángel y me estoy muriendo de calor-protestó, saliendo del coche-. Sam vendrá ahora con tu tarta, yo me voy un rato a ver si hay trabajo para mí.
-Me quieres abandonar-afirmo, mirándola como un cachorro apaleado.
-No digas tonterías, solo voy a irme un rato-le miró con algo de lastima.
-Como en el infierno, intente protegerte y te fuiste, ahora que no puedo protegerte y no soy más que un enfermo que morirá dentro de poco te iras otra vez-la miró dolido, incapaz de seguir mirándola más tiempo-. Supongo que es comprensible, después de todo solo soy un desvergonzado que se aprovechó de una amnésica.
Ivy no sabía bien que decirle, no era capaz de contradecirlo porque ella misma había dicho eso hará unas semanas atrás. Y tampoco podía defenderlo porque seguía sin saber porque le estaba ayudando cuando sus jefes no le habían dicho nada, simplemente lo había hecho porque quería estar con él y dejar de estar mirándole a escondidas.
Su imagen sobre el espejo del retrovisor mostraba su pelo de un color castaño rojizo casi por completo, a excepción de cuatro o cinco mechones blancos contados. Estaba cambiando tal y como había dicho Dean, y seguramente esa transformación era la causante de que su comportamiento hacia él esté cambiando también.
No se dejaba llevar tanto por la rabia y el rencor porque él le cortara las alas, había empezado a ser más razonable y darse cuenta de que Dean lo había hecho para protegerla.
El problema estaba en que no se acordaba de lo ocurrido en todo el año que estuvo con él. Por lo que le habían dado a entender sabía que había tenido una especie amorío con él que incluya sexo, sexo con un alma.
Por un lado le picaba la curiosidad que había hecho él para enamorarla y por otro lado la escandalizaba que él se hubiera acostado con ella después de haberle cortado las alas y por consiguiente borrarle todos sus recuerdos.
-Soy tu ángel de la guarda, no dejare que mueras a manos de una enfermedad tan ridícula-dijo con determinación, al mismo tiempo que veía a Sam acercarse al impala con un paquete en una mano y el móvil en otra.-Oye yo tengo que regresar arriba para informar, volveré lo antes posible-le dijo a Sam-. Dean no quiere dejarme ir.
-Porque se ira o le comerán el coco para que me deje-contestó él.
-No te preocupes, yo me encargo de Dean-dijo Sam con aspereza, todavía seguía resentido con ella por el trato que le había dado a su hermano-. Haz lo que tengas que hacer.
Ivy asintió y desapareció, regresando a su cielo.
Castiel apareció detrás de ella, mirándola con esa expresión suya tan seria que costaba saber en qué estaba pensando.
-Veo que ahora te entiendes mejor con Dean ¿por qué?-le preguntó a ella.
-¿Por qué los ángeles me tuvieron ahí metida durante un año? Si me sacaron tras un año de estar ahí metida ¿por qué no lo hicieron antes de que Dean me cortara las alas? ¿Y por qué sacar también a Dean después de que pasara cuatro meses humanos ahí abajo?-preguntó ella, a medida que iba formulando las preguntas se iba dando cuenta de que Dean y ella habían estado siempre a manos de los ángeles y que fueron ellos los que decidieron sus destinos-. Querían que me cortaran las alas…-murmuró con voz rota.
Castiel permaneció en silencio. Su silencio no hacia otra cosa que afirmar su teoría; tanto ella como Dean habían sido los juguetes de los ángeles.
-¿Por qué Zacarias me ha prohibido seguir con mi dieta? Dejarla supone una gran pérdida de mis poderes y… volverme humana-abrió los ojos de la sorpresa-. ¡Queréis que vuelva a ser una humana!
-No me está permitido decir nada al respecto de esto-se limitó a responder Castiel, apartando la mirada de ella.
Ivy le miró dolida, creía que era su amigo, su hermano, pero tanto él como los demás ángeles solo la querían para su beneficio.
Odiaba a Dean por lo que le había hecho, quería que pasara por el peor de los tormentos por haberla lastimado y humillado, pero todo había sido organizado por los ángeles. De seguro que también habían previsto que ella y él mantendrían esa relación amorosa, ella era el cebo y Dean era la presa.
-Queréis utilizar a Dean-apretó los puños con fuerza, mirando a Castiel con rabia-. No os lo permitiré.
-Vaya, ahora resulta que Dean te importa-Zacarias apareció ante ellos, sonriendo con burla-. Debí de haberlo visto venir después del vínculo que os une, pero pensé que podría sernos útil para nuestros propósitos.
Un par de ángeles cogieron a Ivy por ambos brazos, y uno de ellos le puso el filo de la hoja de la espada mata-ángeles en el cuello para impedir su huida.
-¡Bastardo!-maldijo ella a Zacarias, y busco con la mirada la de Cas para que le ayudara, no obtuvo nada-. ¡Castiel!
-Lleváosla-ordeno Zacarias.
Ya quedaban pocas horas para que la maldición le asesinase, y ni Sam sabía como romperla ni sabía dónde estaba Ivy, que le había dicho que volvería en cuanto le fuera posible.
Ivy le había abandonado como él había supuesto, era demasiado bonito que ella le hubiese perdonado por lo que le hizo y volvieran a estar juntos como la pareja que fueron.
Después de su pelea con el sheriff de Maomi, el cual murió de un ataque al corazón como le iba a pasar a él de aquí a poco, Dean esperó alarmado la llegada de su momento.
Lo que no esperaba era volver a escuchar a esos perros acosándole otra vez, siendo éste el mayor miedo del cazador.
Sus ojos se abrieron al sentir el acogedor calor de una luz blanca posada ante ella.
Tenía la impresión de que habían pasado días e incluso semanas ahí metida, en esa jaula sin fondo, vacía y con el blanco como único color.
Aunque estaba metida en un entorno totalmente blanco, la luz que la había despertado resaltaba delante de ella con la silueta de un hombre de gran estatura y plumas blancas revoloteando a su alrededor.
Ivy le reconoció enseguida, no era la primera vez que se encontraba frente a esa criatura hermosa y a la vez letal. La primera vez que la vio fue después de morir.
Cierto, ahora lo recordaba, ella murió una vez y fue a parar a la misma habitación en la que estaba ahora.
Pero en ese entonces no era un ángel, era una humana tal y como le había dicho Castiel.
-Hola Miguel-saludo al arcángel con una sonrisa lobuna.
