-Ayúdame.

La voz de Ivy le despertó como una jarra de agua helada con cubitos de hielo incluidos.

Llevaba tiempo sin verla, una semana por lo menos, y la última vez que la vio él estaba a punto de padecer un ataque cardiaco por el miedo que provocaba su enfermedad y ella había prometido regresar en cuanto le fuera posible, pero no lo hizo.

Miro a su alrededor con el corazón como corbata, todavía sobresaltado por el susto. Seguía estando en el motel de los Angeles, con Sam durmiendo como un tronco en la cama de al lado.

Eran las cinco y pico de la mañana, y aunque sentía su cuerpo suplicándole por volverse a estirar, sabía que sus ojos no se cerrarían.

Se levantó de la cama para irse al baño, cuando se dio cuenta de algo espectacular que había salido ni más ni menos que de donde él tenía el culo, cosa que le dio bastante grima.

Tomo con delicadeza el tallo de una pluma blanca como la nieve y similar a la de un cisne, la única diferencia es que brillaba con luz propia.

Era hermosa, hasta que Dean relaciono la aparición de esa pluma con la desaparición de Ivy y su voz pidiéndole ayuda hace escasos minutos: estaba en peligro.

Sin más dilación despertó a Sam, su hermano, de más de metro noventa, se incorporó alarmado y al ver que no pasaba nada le fulmino con la mirada.

-¿Qué ocurre?-dijo con voz cansada.

-¡Mira que tenía debajo de mi culo!-exclamó él.

-¿Se puede saber que has cenado?-preguntó Sam, poniendo una mueca de asco-. Y encima tienes la decencia de enseñármelo.

-¡No, idiota! ¡Estaba en mi cama no en el váter!-le puso la pluma a escasos centímetros de su nariz, el halo de luz que la envolvía despertó a su hermano pequeño por completo-. Creo que esto es de Ivy, es una señal.

-¿Una señal? ¿De qué?-se frotó los ojos y con la otra mano bajo la de su hermano que sostenía la pluma.

-¡De que está en peligro!

-¿Y no será más bien que se te engancho al sentarte vete-tú-a-saber-donde?

Dean lo miró frustrado.

-Lávate la cara y obsérvala bien, ¿crees que una pluma cualquiera brilla así?-replico, volviéndole a poner la pluma en la cara.

Sam bostezo, llevaban tantos días sin apenas descansar por culpa de Lilith que lo único en lo que pensaba era en dejarse caer y volverse a dormir.

-Me he despertado al escuchar la voz de Ivy-explico Dean.

-¿Y no será que tienes tantas ganas de verla que te inventas cualquier excusa?-sugirió Sam, sosteniendo la pluma con los ojos casi cerrados-. Y, en caso de que esta pluma sea de Ivy, a lo mejor es una trampa, quitando lo de Maomi no ha hecho otra cosa que joderte e incluso en aquella vez se fue por patas cuando la cosa se puso fea.

Tal vez sí que echaba de menos a Ivy y buscaba cualquier pretexto para poder verla o que esto fuera una trampa de los ángeles para atraerlo, ya habían visto unas cuantas veces como se las gastaban esos plumíferos, pero no podía arriesgarse a que Ivy estuviera en peligro de verdad e ignorarlo por culpa de sus dudas.

Ella estuvo con él cuando era un torturador en el infierno, le quería aunque supiera que después de hacer el amor con él se pondría a descuartizar a otras almas del infierno. Y le daba igual si ella no lo recordaba, él sí y eso era suficiente para arriesgar la vida por ella, incluso sin eso tampoco la dejaría morir.

-Dean, si vamos a arriesgar la vida por una mujer que ciertamente me cae como el culo, quiero saber toda vuestra historia-exigió Sam, sentándose en su cama que estaba al lado de la de Dean-. Hasta ahora solo me has dicho que estuviste saliendo con ella durante un año en el infierno como si fuerais una pareja normal, siendo tu una simple alma y ella humana y ahora sin embargo ella de golpe y porrazo es un ángel.

Dean levanto la mirada de la pluma a su hermano con expresión de dolor, no deseaba para nada contarle todo lo que había hecho ahí abajo pero Sam se merecía saber la verdad sobre Ivy, tenía derecho a tener otra versión de ella aparte de la que ya conocía.

-Primero que no pase un año únicamente con Ivy, pase mucho más tiempo en el infierno, un mes en la tierra son diez años en el infierno-comenzó a explicar. Sam se horrorizo al echar las cuentas-. Nada más llegar ahí me torturaban cortándome a pedazos, me clavaban cualquier cosa que pudieran encontrar… me hacían cualquier cosa que pudiera infligir dolor y cuanto mayor fuera mejor. Luego me volvían a dejar como una pieza, como si nada hubiera pasado, pero el dolor seguía presente dentro de mí y entonces un demonio, Aleister, tras cada tortura siempre me proponía una alternativa: dejar de ser torturado si a cambio yo era el que torturaba las almas que me traían, siempre le respondía que podía meterse esa oferta por el culo-apretó los parpados, sin poder evitar dejar caer sus lágrimas-. Pero después de treinta años no pude soportarlo más y acepte.

-Dean, aguantaste treinta años, pocos habrían podido siquiera con uno-Sam le hablo con voz suave, mirándole con una infinidad de sentimientos en su interior: comprensión, dolor, tristeza, culpa. Su hermano mayor había pasado por eso por salvarlo de la muerte y él no había podido hacer nada, como siempre, Dean era el héroe y él el que esperaba a ser rescatado-. Nunca tuviste que haber hecho ese trato, la muerte no es nada comparado con lo que tú pasaste.

Dean levantó la mano para que le dejara continuar, mientras con la otra se limpiaba el rastro de lágrimas de sus mejillas.

-Ivy apareció cuatro años después de que aceptara, justo cuando ya empezaba a acostumbrarme a esa vida, cuando lo disfrutaba-admitió, y eso seguramente era lo que más lo atormentaba-. Bajo para salvar a un tal Drew, que justo yo iba a torturar en ese momento, lo libero sin ninguna dificultad y para entonces yo ya estaba hechizado por ella.

-¿Qué?-frunció el ceño, extrañamente sorprendido.

-Ya te dije que lo que siento por Ivy no lo he sentido nunca antes por una chica, que era como si siempre hubiéramos estado hechos el uno para el otro, como si la conociera de toda la vida. No creo que sea eso que hablan del amor a primera vista, es algo mucho más fuerte.

-¿Y ella sentía lo mismo por ti?

-Siendo un ángel no te lo sabría decir, porque la primera vez que hable con ella era igual que hablar con Castiel, solo recibes respuestas mecánicas que se limitan a dar la información justa y carecía de emociones, era como hablar con un robot-explicó Dean, inspirando hondo para contarle al fin aquello que había provocado que Ivy le odiara-. Cuando la hice humana todo cambio.

-¿Cuándo la hiciste humana?-repitió Sam-. ¿Cómo vas a convertir a una ángel en humana?

-Cortándole las alas.

Sam lo miró de una forma similar a como le miro Ivy segundos antes de que procediera con la operación. Y Dean al cerrar los ojos podía presenciar de nuevo ese atroz recuerdo, empezando por cuando Aleister le puso un machete en una mano y unas gafas especiales en otra para poder ver las alas de Ivy.

Ivy estaba atada bocabajo en la mesa de operaciones, totalmente desnuda y vulnerable mientras sollozaba en silencio. A Dean le asombró que pese al miedo que tenía no suplicara ni una sola vez.

-Con una sierra lo hare más rápido que con un machete-comentó Dean, si iba a infligirle ese daño al menos quería acabar lo antes posible.

Aleister sonrió emocionado, mirando con malicia a la ángel asustada. Se relamía los labios como si tuviese un chuletón de carne, estaba ansioso porque Dean empezara de una vez y así escuchar sus gritos desgarradores.

Y lo mejor era no hacerle esperar.

-Lo siento-le dijo Dean con pesar, poniéndose las gafas.

Dos alas enormes de color blanco surgían de la espalda de Ivy por cada una de sus espátulas. Iguales que las de un cisne pero mucho más grandes y luminosas.

Dean tomo una de esas alas por donde empezaban a salir; tenían un tacto duro y suave bajo sus manos, gruesas y resistentes para sostener ese cuerpo por los cielos.

-¡Venga!-gritó Aleister, retumbando las paredes con el estruendo de su voz-. ¡Empieza a cortar de una jodida vez!

Trago saliva, sintiendo como todo su cuerpo se enfriaba de miedo.

Empezó a cortar con el machete por debajo de su mano, empezando a abrir una brecha por el pelaje del tajo del ala hasta alcanzar el hueso. La parte del hueso fue la más dolorosa y larga de todo el procedimiento. El machete no era lo suficientemente afilado y fuerte para partirlo.

Dean tuvo que empezar a golpear como si su arma fuera un hacha, y con cada estocada el cuerpo de Ivy se convulsionaba y se arqueaba sino fuera por las correas que la sujetaban.

Más de una vez quiso parar y echarse a correr, pero no le quedaba de otra, tenía que continuar hasta que Aleister quedara satisfecho.

Una vez le había amputado las alas, miles de plumas quedaron desparramadas por el suelo y el arco que las sujetaba, formando un manto blanco de plumas, se desvaneció y también el resto del hueso que había quedado en su espalda, dejándola suave y sin protuberancias, como si nunca hubiese tenido esas alas.

Aleister desato a Ivy, que se había desmayado a causa del dolor, y la cogió de la barbilla como si quisiera cerciorarse de que realmente estaba inconsciente.

-E aquí un regalo, vístela si quieres y haz lo que se te antoje con ella-Aleister la elevo con sus poderes y se la tiro encima-. Será tu nueva compañera de prácticas, quiero que le enseñes todo lo que sabes mientras sigues cumpliendo con tu labor o si no ella sufrirá las consecuencias. Te traeré comida y bebida para ella, no es como tú que no necesita alimentarse, también envejecerá así que aprovéchala mientras no parezca una pasa.

Dean le envió una mirada de odio, tomando a la chica con firmeza contra su pecho para cubrir sus intimidades frente a la mirada lasciva del demonio.

Cubrió el trasero de la chica y su espalda con la sabana de la mesa de operaciones, que estaba manchada en sangre y de blanco tenía muy poco, enroscándosela por su cuerpo para tapar su pecho y su… bueno… eso.

La cogió en brazos y siguió a Aleister hasta una pequeña sala que había después del pasillo de las celdas de las almas.

Al pasar vio a algunas de las almas a las que había torturado mirándole con miedo y otros con una mirada psicótica ansiosa porque Aleister les abriera y dejara que Dean les volviera a torturar o bien les dejara torturarlo a él y a la chica que llevaba casi desnuda en sus brazos.

La sala a la que le llevo era pequeña y por ahora no tenía nada, ni siquiera ventanas, pero Aleister al poco de entrar ellos colocaría un colchón en el suelo y les dejaría una simple vela como iluminación.

Desde ese momento la vida de Ivy se repartiría entre esa habitación y de espectadora dentro de la sala de torturas de Dean.

-Entonces le cortaste las alas a Ivy, encima estando totalmente despierta ¿y luego qué?-preguntó Sam.

Dean observo el reloj de la mesita, entre una cosa y otra ya eran casi las ocho.

-Te lo explicare en el próximo capítulo-contesto Dean, levantándose de la cama para irse al baño a lavarse.

-¿Qué?-protestó Sam, yéndose detrás de él.

Dean se desnudó metiéndose en la ducha, dejando que el agua intentara relajar un poco la tensión de sus musculos y le permitiera perderse en sus pensamientos.

Ivy estaba desaparecida y le había pedido ayuda y la única pista que tenía era una pluma.

Al terminar se vistió, poniéndose unos vaqueros oscuros, una camiseta negra, una camisa granate y por ultimo una chamarra negra de aviador.

Se peinó un poco y para acabar se puso la pluma de Ivy atada con un cordel negro a su cuello.

-Dean no te ofendas, pero esa pluma es como llevar un cartel luminoso anunciando tu ubicación-comentó Sam, que esperaba su turno para meterse en la ducha y que lo hizo nada más estar libre-. ¿De verdad piensas llevarla encima?

-Sí, llevare las dos cosas que me regalaron las dos personas más importantes de mi vida en mi cuello-respondió Dean, tirándole un beso a Sam.

Sam le miró mal, arrepintiéndose por haber abierto la boca aunque no pudo evitar sonreír.

-¿Y cuándo me contaras tú lo tuyo con Ruby?-preguntó de sopetón él, pillando a Sam tan desprevenido que casi se resbala en la ducha-. Ten cuidado, hombre.

-¿Qué has querido decir con lo mío con Ruby?-preguntó, nervioso, agarrándose a la cortina para ponerse bien.

-Lo de exorcizar demonios con tus poderes, quiero saber cómo coño has llegado hasta ahí y te has hecho tan amiguito de esa demonio.-Dean intentó no pensar en porqué de la reacción de Sam, demasiados follones tenía con su ángel para saber que su hermano se dedica a investigar 'profundamente' a una demonio-. Vayamos a desayunar, me muero de hambre-y antes de que Sam pudiera protestar sobre la pluma, Dean se la metió debajo de la camiseta.

Cogió su cartera y las llaves del impala, y salió de la habitación acompañado de su hermano hasta la cafetería que había bajo el motel.