Sam y Dean continuaron con la cacería para evitar que Lilith continuase adelante con su plan para liberar a Lucifer y desatar el apocalipsis, y al mismo tiempo Dean miraba de comunicarse con Ivy rezando a la pluma como si fuera un rosario. Pero en ambas cosas no tenían éxito, Lilith continuaba rompiendo sellos y Ivy no respondía.

Habían pasado casi dos meses desde que vio a Ivy por última vez y cada vez estaba más obsesionado con encontrarla, tanto que apenas comía o dormía, había perdido peso y hasta podía jurar que el volumen de su cabello había disminuido a causa del estrés y los nervios.

Para colmo la última misión que tuvieron, en la cual se encontraron con Castiel y un arcángel, Uriel, y ninguno de los dos les quiso decir el paradero de Ivy o si estaba bien, lo único que le dijeron le alarmo todavía más:

-Ivy tenía un propósito a cumplir, para eso la prepararon, pero ella decidió negarse y por eso fue reciclada-explicó Castiel con voz neutra, mirándole con dureza-. Es mejor que te olvides de ella.

-¿Qué quieres decir con reciclada?-cogió a Castiel de la camisa, atrayéndolo hacia él de un tirón-¡Ella es mi ángel de la guarda! ¡¿Vosotros me trajisteis del infierno porque me necesitabais, verdad?! ¡Pues yo la necesito a ella! ¡Devolvédmela u olvidaros de que trabaje para vosotros!

-¿Te negarías a colaborar? ¿De verdad dejarías morir a gente inocente por una chica?-dijo Uriel, en tono desafiante, dibujando una sonrisa de medio lado-. Adelante, de todas formas para este sello no teníamos pensado recurrir a vosotros, eliminaremos toda la ciudad y así evitaremos la resurrección de Samhain.

A regañadientes tuvo que pararle los pies a Samhain con la ayuda de Sam y seguir con la cacería mientras Ivy pasaba por dios-sabe-qué.

Y como si no tuvieran ya bastante, Ruby se había comunicado con ellos para ir a salvar a una chica que Aleister estaba buscando porque contenía información de interés de los ángeles, y es que esa chica podía escuchar radio-ángel y a la pobre la habían metido en un manicomio por eso.

Su nombre era Ana Milton y era el objetivo tanto de los ángeles como de los demonios. Una chica totalmente normal con unos padres, estudios, una vida normal hasta que empezó a escuchar continuamente radio-ángel y a complicársele la vida a consecuencia de eso.

Los padres de Ana murieron, debido a que los demonios habían ido a por ella a su casa y los habían encontrado.

Pamela ayudo a la muchacha a descubrir sobre su pasado para mirar de saber porqué ella podía escuchar la radio de los ángeles. Con su ayuda y la colaboración de Ana, descubrieron que Ana era un ángel y no uno cualquiera, sino que era la jefa de Uriel y Castiel, que dejo el cielo para caer a la tierra y volverse humana.

Tras unos días siendo acosados por esos dos ángeles y Aleister, pararon a descansar a una granja abandonada e idear un plan para poder librarse de los dos bandos y recuperar la gracia de Ana que había sido robada del lugar en el que había caído.

-Ivy, no sé cuántos intentos llevo ya, ni siquiera sé si me puedes escuchar allá donde estés.-Dean estaba sentado en una silla de un pequeño cuarto oscuro con solo una ventana, mirando hacia el cielo con la esperanza de que Ivy apareciera envuelta en una bella luz blanca.-Empiezo a pensar que ni siquiera sigues viva…-susurró con voz rota.

-Sí que lo está-afirmo Ana, apoyada sobre el marco de la espalda.

Dean volteó a mirarla.

-¿Sabes algo de ella?

-Conocí a Ivy mucho antes de caer, era una ángel muy especial, en todos los sentidos-se acercó a la mesa, cogiendo la silla que estaba frente a la de él y se sentó-. Y lo irónico es que es especial porque ni siquiera es un ángel.

-¿Qué quieres decir con que no es un ángel?-frunció el ceño.

Ana se froto las manos, mirándole como si estuviera delante de un cachorrillo abandonado.

-Es al revés que yo, yo caí siendo un ángel y me convertí en humana, Ivy ascendió siendo una humana y se convirtió en una ángel-explicó Ana.

-¿Ivy era humana?-aquello sí que lo dejo a cuadros, por otra parte ya había notado que Ivy no era del todo normal.

-Sí y siempre lo ha sido, lo que pasa que le han puesto poderes y alas de pega.

Se quedó con una cara de tonto que estaba para que le dieran una bofetada.

-¿Cómo puede ser eso posible? ¿Los humanos se pueden convertir en ángeles?-preguntó, acariciándose la nuca.

-Es más complicado que convertir a un humano en demonio como hizo Lucifer con Lilith. Para lograrlo el alma del humano a convertir tenía que ser pura, y para ello bastaba con servir fielmente a un arcángel y someterse a un baño de agua sagrada en el cielo durante dos días y alimentarse únicamente de sangre de ángel a partir de ese momento.

-¡¿Sangre de qué…?!-exclamó con incredulidad, aquello le había sentado como un disparo-¡¿Alimentabais a Ivy con sangre de ángel?!

-¡Ella fue la que accedió!-se justificó Ana, su mirada se apagó más de lo que ya estaba desde que se había enterado de que era una ángel-. En realidad, no le quedaba de otra.

-¿Cómo que no le quedaba de otra?-exigió saber él.

-Ahora no hay tiempo de explicar toda la historia, es bastante larga y tenemos que trazar un plan.

Tenía razón, hacía poco Aleister se había llevado a Ruby para sonsacarle información de la ubicación de Ana. Ahora mismo el demonio debía de estar entreteniéndose torturándola, era lo que más le gustaba y lo que mejor sabía hacer.

Él era muy consciente de ello.

En cualquier momento Aleister vendría con Ruby y ellos tenían que estar preparados para defenderse y librarse una vez por todas de ese demonio.

-De acuerdo, pero quiero que cuando esto acabe me la expliques-se despidió de Ana y dio media vuelta, saliendo de su cuarto para ir a dormir en el impala.

Tuvo un sueño extraño en el que se dirigía al granero, pero más extraño fue entrar y toparse de frente con un hombre negro de complexión fuerte como un gorila y trajeado.

Uriel estaba parado frente a él, sin Castiel cosa que era bastante extraña, inerte como una estatua guardiana y una mueca de burla en sus labios.

-Así que acosándome en mis sueños-dijo Dean, mirándole impasible e incluso desafiante.

-Era la única manera de contactar contigo-respondió el ángel-. Ya que estáis muy bien protegidos contra nosotros.

-¿Y qué quieres? No vamos a entregarte a Ana así que ya puedes mandarme de cabeza al infierno si quieres-extendió los brazos, aceptando su destino con determinación pese a sentir su corazón amenazando con salir de su pecho-¡Vamos!

-¿Y si te dijera que a cambio de Ana te devuelvo lo que más quieres?

Dean abrió los ojos como platos, antes de comenzar a sentir como Uriel con sus poderes elevaba la pluma que él escondía bajo su camisa.

Observo como la pluma danzaba frente a sus ojos, tentándolo con su inusual baile. Por breves instantes le pareció ver a Ivy danzando con sus sensuales curvas, llamándole con su mirada llena de ardiente y abrumador deseo.

Y entonces todo ardió, literalmente, tanto la silueta de Ivy como la pluma que él había estado guardando durante todo ese tiempo. Lo último que le quedaba de Ivy se había vuelto cenizas.

-¿Y bien?-preguntó Uriel, sin un atisbo de empatía hacia el humano, al contrario, seguía teniendo esa mueca burlona-¿Hay trato o no?

-¿Cómo puedo estar seguro de que la tienes? ¿De qué me la devolverás?

Hasta hacia bien poco creía que Ivy podría estar muerta, gracias a Ana todavía tenía esperanzas de volver a reunirse con ella. Pero que Ana supiera que estaba viva no significaba que esté a salvo.

Sintió como un sudor frío se deslizaba por su rostro, y su corazón latía con más fuerza que cuando esperó el momento de su recaída al infierno.

Era increíble hasta donde podía llegar el poder de esas criaturas aladas.

-Elige: el regreso de Ivy y la vida de Sam o la de Ana-respondió Uriel y, antes de que Dean pudiera responder, desapareció y despertó al chico.

Dean se incorporó del sofá en el que estaba durmiendo, echando un vistazo a su alrededor hasta que sus ojos se posaron en Ana. La joven ángel descansaba tranquilamente en la única cama que había, ajena a la conversación que él había tenido con uno de sus antiguos subordinados.

La fue a despertar y luego a Sam, para reunirse los tres en el granero donde les esperaba Uriel con Castiel.

-¿Qué significa esto?-preguntó Sam al verlos, enseguida dirigió su mirada hacia su hermano que miraba fijamente a Uriel sin apenas pestañear.

-Yo les he dicho dónde estábamos-respondió, los otros dos lo miraron con ojos de escepticismo. Él los ignoro.-Ana a cambio de lo acordado.

-¡¿Has vendido a Ana?! ¡¿Por qué?! ¡¿Te han amenazado con enviarte de nuevo al infierno?!-bramó Sam, mirando con rabia a los ángeles.

-No, le han amenazado con que si no te entregaba irían a por ti-respondió Ana, luciendo una sonrisa con ojos opacos.

-Y también a cambio de esto-Uriel tendió ambos brazos y entre ellos surgió una luz blanca que adquirió la forma de un cuerpo femenino-. Yo siempre cumplo con mi palabra.

Ivy apareció inconsciente en los brazos de Uriel.

Dean apretó los puños, hirviendo de rabia la observar como ese monstruo sostenía el cuerpo desnudo de su chica.

-¡¿Qué le habéis hecho?!-exclamó en cólera. Castiel se apresuró a colocarse entre el ángel y él antes de que hiciera una locura.-¡Cas!-gruño, con un centenar de emociones disparadas: dolor, rabia, decepción. Tenía la vaga esperanza de que Castiel no fuera como Uriel, de que fuera más humano-¡¿Qué mierdas le habéis hecho?!

-¿Qué significa esto?-protesto Aleister, apareciendo de la nada con Ruby cogida por el brazo y ésta con la camisa manchada de sangre y a punto de perder el conocimiento.

Castiel tuvo que dejar a Dean para irse a encargar de Aleister y sus matones, mientras que Sam se ocupaba de coger a Ruby, Ana de Uriel y él cogía a Ivy de entre aquel campo de batalla y la cubría con su chaqueta para después dejarla en un lugar seguro.

Pudo echarle un vistazo rápido y comprobar que no tenía ninguna herida y su respiración era normal, pero eso no le dejaba tranquilo, todavía seguía inconsciente y sabía que los ángeles tenían el poder de curar las heridas. Dios sabía qué demonios le habían hecho.

Todo acabo cuando Ana recupero su gracia y al hacerlo estallo en una luz que hizo huir a los demonios y a los ángeles, estos últimos porque ya no tenían nada que hacer ahí. Ruby se salvó de aquello porque Sam la cubrió con su cuerpo.

-Al parecer todo ha salido bien-concluyó Sam, aproximándose a su hermano con Ruby apoyada en él.

-Menos para Ana-afirmó Dean con pesar, por otra parte tenía a Ivy a su lado.

¿Pero a qué precio?