-¡Ivy, estate quieta!-exclamó Dean, frustrado frente al hecho de que su novia estuviera intentando abrirle la cabeza con el palo de la escoba mientras él se limitaba a esquivarla para no hacerle daño o alterarla todavía más-. ¡Siéntate un momento y hablemos con más calma!
-¡Y una mierda!-bramo ella, girándose de pronto para amenazar a Sam que intentaba desarmarla desde el lateral izquierdo-. ¡Y tú estate quieto ahí, secuoya melenuda!
Sam se apartó con los brazos en alto.
-Ivy, escúchame, soy yo, Dean-dio un paso cauteloso hacia ella-. ¿Te acuerdas de mí?
-¿Si me acordara de ti crees que te estaría amenazando?-enarcó una ceja-. Me da igual cómo te llames, lo que quiero saber es donde diablos estoy y porqué eres clavado a mi marido.
-A lo mejor deberíamos de llamar a Castiel, él como los demás ángeles sabrán de la vida pasada de Ivy-repuso Sam.
Ivy cambio de manera súbita de expresión, dirigiendo una inquisitiva mirada al 'secuoya melenuda'.
-¿De qué conoces tú a Castiel?-preguntó.
-¿Lo ves?-afirmó Sam.
Dean apretó los dientes, no le hacia ninguna gracia llamar a Castiel, aunque de todos los ángeles fuera el que mejor le caía, pero no le interesaba contactar ni con él ni ningún otro ángel en general después de ver como habían tratado a Ivy. Pero desgraciadamente, la situación lo requería.
-Castiel-Dean lo llamó en tono severo, tirando a exigente.
Castiel apareció al lado de Dean, mirándole como siempre con aquella expresión vacía, carente de emociones, pero su mirada era opaca, casi parecía que sus ojos en vez de tener ese bonito brillo de azul medianoche fueran totalmente negros.
Sin preguntar nada, dirigió su mirada directamente hacia la chica.
-Veo que has despertado-dio un paso hacia ella, pero Dean se puso en medio.
-Si esperas que te deje tocarla lo llevas claro-amenazó, mirándole entre dolido y furioso.
-Dean voy a dejarte clara una cosa: nadie ha lastimado a Ivy, no sé qué es lo que te has pensado cuando te la devolvimos pero no le hicimos nada. Simplemente la reciclamos, la volvimos a su estado inicial, el estado en el que estaba antes de comenzar a trabajar con nosotros-explico Castiel, mirando a Dean a los ojos.
Dean podía pensar que el ángel le estaba mintiendo, no sería difícil en alguien tan experto en poner cara de póquer como él, sin embargo algo en su mirada le indicaba que estaba siendo franco. Atisbo un pequeño brillo de emoción en los ojos del ángel, sintió su pesar.
-¡Castiel!-Ivy pasó de largo a Dean, sacándolo de sus divagaciones y se colocó tras el ángel para mirar a los hermanos por encima del hombro de éste-. ¿Les conoces? ¿Sabes que está pasando aquí? ¿Por qué ese hombre es idéntico a Jason?
-Porque es Jason-respondió Castiel, dejándoles con tres palmos de narices.
-¿Perdón?-preguntó Dean, alucinando en colores.
-¿Te acuerdas del trato?-le preguntó Castiel a Ivy-. Acordaste con nosotros ofrecer tus servicios a cambio de devolverte a Jason.
-Explícate mejor-Ivy tomó asiento en la cama, mirando a Castiel con absoluto interés.
-Dean y Jason son la misma persona, Dean es la reencarnación de Jason.
-¿Ahora me vas a decir que lo de las reencarnaciones existe?-replico Dean, pero en el fondo tenía su lógica. Eso explicaría porque nada más verla tenía el presentimiento de conocerla y las imágenes que venían de vez en cuando a su cabeza.-Continua.
-Lo que tienen en común Dean y Jason no es solo el alma, que en eso consiste la reencarnación, en la transfiguración del alma de un cuerpo a otro. Pero además Dean es descendiente de Jason, y tuyo claro, por eso además tiene el mismo físico que Jason-prosiguió Castiel.
-Entonces yo también soy descendiente de ese tal Jason y de Ivy-añadió Sam.
-Así que Ivy sería mi tata-tata-tata-tata-tata-tatarabuela o algo así-dijo Dean, mordiéndose el labio inferior-. Iré al infierno por esto, pero tengo que decirlo: me acabo de poner cachondo.
Sam y Ivy fulminaron a Dean con la mirada, Castiel por su parte ignoró el comentario o más bien no lo entendió.
-¿De verdad este sujeto es Jason? ¿Mi Jason?-recalcó Ivy, señalando a Dean con un dedo acusador. Castiel asintió.
Dejando bromas aparte, Dean volvió a ponerse serio.
-Antes de que sigas, ¿me puedes decir por qué coño la habéis tratado así todo este tiempo?
Ivy los observó a los dos sin enterarse de nada, pero acalló a Dean tapándole la boca con la mano.
-Vamos por partes, primero quiero saber lo de Jas… Dean o quién diablos quiera que sea ahora-replico Ivy.
-Como decía antes, Dean es Jason, eso es todo-reafirmo Castiel-. Mismo cuerpo y misma alma, mismo ser. Simplemente que en otra vida.
-Que profundo-dijo Dean con sarcasmo, Sam le dio un codazo en el brazo.
-Esto no era lo que acordamos-protesto Ivy-. Se suponía que ibais a resucitar a Jason, y en su lugar me entregáis a otro que está claro que no es.
-¡Te digo que es el mismo!-bramó Castiel, sobresaltándola.
-¡De diferente tiempo! ¡No procedemos del mismo lugar y por tanto no podemos estar juntos!-exclamó ella.
Aquellas palabras hirieron el corazón del cazador mayor.
-Tú junto con Jason erais los herreros de la corte celestial. Tu sangre infundía poderes a las armas que Jason construía, entre ellas la espada de Miguel-explicó Castiel.
-¿Miguel? ¿El arcángel? ¿El príncipe del cielo que desterró a su hermano convirtiéndolo en el primer ángel caído?-preguntó Sam, frunciendo el ceño y miró a Ivy-. ¿Y tú creaste su espada?
-La segunda concretamente, la primera se le rompió tras su primera batalla contra Lucifer-aclaró Cas.
-Así que no sólo estuve casado con Ivy en mí otra vida sino que encima trabajaba para vosotros-Dean se puso las manos en los bolsillos y emitió un gruñido de protesta.
-Jason falleció y acordamos con Ivy que si nos servía en una misión de extrema necesidad la dejaríamos volver con él, pero su misión ha finalizado ahora y para entonces vuestros destinos ya estaban enlazados en este tiempo-concluyó Castiel.
-¿Y qué misión es esa?-preguntaron ambos hermanos.
-Custodiar la espada de Miguel en mi cuerpo hasta el momento en el que éste baje a la tierra-respondió Ivy-. Soy la vaina de su espada.
