-¿La vaina de Miguel?-Sam la miró con el entrecejo fruncido-. ¿El arcángel? ¿El príncipe de los cielos?

-Acabas de decir que guardarías su espada hasta que él descendiera de los cielos y se supone que tu misión acaba de acabar-comentó Dean, dando vueltas por alrededor de ella-. Y Miguel es el que se enfrentara a Lucifer en el apocalipsis, supuestamente en el bando de los buenos, ¿significa eso que Lilith ya ha logrado liberar a Lucifer? ¿Cuándo?

-Miguel habrá visto que Lilith tiene las de ganar y por eso se está preparando-contestó Castiel-. Iré a informarme sobre lo ocurrido y os digo algo.

-De acuerdo y una cosa más Cas...-añadió Dean, poniendo una mano sobre el hombro del ángel-. Gracias, aunque sigo en desacuerdo con vuestros métodos y vuestra manera de tratar a Ivy, sé que al menos has intentado ayudar.

-No te apresures-y desapareció.

Dean pestañeó.

A veces Castiel era demasiado bueno u inocente y de golpe pasaba a ser un misterio con patas. Definitivamente nunca entendería a este ángel.

Sam observó a Dean y a Ivy, vacilando unos instantes antes de coger su chaqueta.

-¿A dónde vas?-le preguntó Dean.

-Iré con Bobby a buscar más información, a ver cuánto ha adelantado Lilith mientras estábamos aquí pendientes de Ivy-respondió, sin poder disimular su tono de reproche-. Vosotros quedaos aquí, tenéis cosas de las que hablar.

Dean cogió a Sam del brazo, excusándose con Ivy para poder hablar un momento a solas con su hermano.

-¿Todavía sigues desconfiando de ella? ¿Después de todo lo que nos ha contado Cas?-protestó.

-¿El qué? ¿Qué tú y ella fuisteis pareja? Eso es lo único que merece la pena, pero el resto de la historia relata como trabajaba para los ángeles, los mismos que hasta ahora no nos han dado más que dolores de cabeza-replicó Sam, su voz destilaba rencor, la decepción de una imagen rota que había idealizado sobre los ángeles-. Y hasta ahora yo solo he visto como esa mujer te hacía daño.

-Esa era la ángel Ivy, e incluso como ángel tenía momentos en los que demostró que le importaba, ahora que es humana podré recuperar la relación que tuvimos en el infierno-afirmó con determinación, muy seguro de sus palabras.

-No es por desilusionarte, pero Ivy cree que eres Jason, y aunque ese hombre sea tu yo en otra vida… no quiere decir que tú vayas a ser igual que él.

-Y yo te recuerdo que Ivy, habiendo perdido prácticamente toda su memoria, tuvimos una relación en el mismísimo infierno y fue muy ardiente-Dean sonrió con picardía-. Era un grato consuelo tras una sesión de tortura, y que podía durar horas y horas, durante unos cuantos años seguidos.

-No me des detalles-suspiró pesadamente-. Está bien, Dean, si tú confías en ella, adelante, únicamente te pido que te andes con ojo con ella. No te dejes llevar solamente por lo que tienes entre las piernas, ni por esto-dijo, golpeándole en la zona del corazón-. Usa la cabeza si puede ser.

-Estate tranquilo, ahora vete con Bobby y me informáis a vuestra vuelta, mientras yo miraré de poner a Ivy al corriente-concluyó Dean.

Cuando Sam se fue junto con Bobby, Dean colocó barreras contra demonios y ángeles, gracias a Ana que le enseño, y una vez protegido se reunió con Ivy.

No podía evitar mostrarse algo nervioso, y era absurdo, porque como le había dicho a Sam: ellos dos ya habían estado juntos en el infierno, había logrado conquistarla en mitad de aquel escenario macabro, que lo tenía a él como uno de los actores principales. Y además contaba con que eran almas gemelas y que Ivy había luchado para poder estar juntos.

Tenía muchos puntos a su favor, solo tenía que controlar sus palabras para no asustarla.

-¿Podrías desnudarte?-soltó ella de improvisto, dejándolo a él igual que si le hubieran echado un cubo de agua helada encima.

-Que directa, empiezo a entender porque dicen que somos almas gemelas-dijo pícaramente, sonriéndole mientras comenzaba a quitarse la ropa.

-¡Así ya está bien!-exclamó, atrabancándose con las palabras.

Dean parpadeo, sosteniendo aun la cinturilla de sus bóxers.

-¿Seguro? A mí no me importa-se apresuró a decir, conteniendo un: y si te desnudas tú también menos aún.

-Solo quiero ver si tienes una cosa-Ivy se puso delante de él, analizando como un escáner cada milímetro de su cuerpo-. Eres idéntico a Jason-le acarició el pecho, deslizando suavemente sus manos por éste y subiéndolas hasta su clavícula-. La única diferencia es que él tenía melena hasta los hombros y ondulada y sus ojos eran de un verde más claro.

-No seas muy exigente, la genética comporta cambios. A saber cuántas generaciones han pasado desde Jason hasta llegar a mí-tomó uno de sus mechones, enredándolo entre sus dedos mientras la miraba a los ojos.

-Tranquilo, me gusta lo que veo, la apariencia en realidad es algo superficial-mantuvo la mirada fija a la de él.-He recuperado algunos recuerdos entre el momento después de aceptar el trato de los ángeles y el ahora. En uno de esos recuerdos estabas tú, Dean, y la verdad es que no eres tal como recuerdo a Jason. Si te soy sincera él era bastante… tranquilo, tú en cambio eres mucho más activo y también tienes otras cualidades y defectos que Jason no tenía, pero hay otras cosas que me recuerdan a él. Por eso mismo es algo complejo, está claro que nos atraemos, hasta podía afirmar que sentimos algo muy fuerte el uno por el otro, por eso pienso que deberíamos de tomárnoslo con calma-se separó con dificultad, limitando a contener sus deseos por una mirada que dejaba claro que ella tenía tantas ganas como él.

Dean la cogió de la muñeca, atrayéndola de un tirón contra su cuerpo.

-Supongo que antiguamente había mucha represión sexual, pero ahora eso no se mira tanto y no hace falta tener una relación para que dos personas, o más, tengan relaciones sexuales-la cogió de la cintura, pegándola más a él.

-Encanto, yo no me entregue a Jason siendo casta y pura-respondió ella, y le cogió de la nuca para besarle con pasión.

Dean saboreó con deseo ese beso, alzándola del trasero y de una pierna que se la puso sobre su cintura. Dio unos pasos hasta tropezar con el colchón, continuando para caer los dos en la cama, quedando él encima.

Había cometido el mayor error de sus vidas al confiar en esa mujer.

Con la de veces que su hermano se lo había advertido, hasta siendo consciente de su naturaleza bajo esa fachada de chica gentil con sonrisa superficial.

Y ahora todo se había ido al garete, todo por su culpa.

La humanidad podía darse por vencida, ellos podían darse por muertos.

El apocalipsis estaba ahora más cerca que nunca.

Lucifer ya está aquí.