-¡Te dije que no confiaras en ella! ¡Por dios, Sam!-bramó Dean, tan furioso que parecía que la vena de su cuello fuera a estallar en cualquier momento.

-¡Solo estaba mirando de hacer lo correcto!-se defendió Sam, también estaba enfadado pero consigo mismo y muy arrepentido.

-¡Parad, los dos!-exclamó Ivy, colocándose entre ambos hermanos-. Lo importante ahora es detener a Lucifer, vuestras discusiones dejadlas hasta que el mundo deje de estar en peligro-miró seriamente a los dos.-Escuchad, Lucifer necesita un recipiente y no cualquier recipiente sino el SUYO. No cualquier ser humano puede soportar la carga de tener al arcángel en su interior, la gran mayoría explotaran, solo unos pocos podrán aguantarlo durante un periodo de tiempo y dentro de ese margen su cuerpo se irá descomponiendo hasta que ya no le sirva. Solo puede haber un recipiente digno para él, y es el que está destinado que utilice para el apocalipsis, sí impedimos que se haga con él, conseguiremos parar el fin del mundo.

-Genial, ¿y cuál es el susodicho recipiente?-preguntó Dean, conteniendo la ira de su voz.

Ivy se encogió ligeramente, forzando una sonrisa nerviosa.

-No tengo ni idea-confesó.

Dean le dio una patada al primer objeto que se le cruzó por delante, que en este caso fue una mesilla de noche. Inspiró hondo, quedándose un par de minutos en silencio, bajo la atenta mirada de su novia y su hermano, y una vez alcanzado el punto de serenidad se giró de cara a ellos.

-Ahora me siento mucho mejor-afirmó, dibujando una falsa sonrisa.

Sam e Ivy compartieron una mirada de complicidad, antes de que esta última se dirigiera a Dean.

-Lo solucionaremos, ¿vale?-le acarició los bordes de la chaqueta y le dio un suave beso, sonriéndole con ternura-. Siempre lo hacéis.

-Error, siempre hacemos lo que ellos quieren-corrigió Dean-. Cuando mi padre se sacrificó y entrego el Colt para salvarme, hizo justo lo que Azazel quería y lo mismo pasó cuando yo hice lo mismo por Sam.

-Los demonios tienen la ventaja de carecer de sentimientos y vínculos, se aprovechan de eso, pero pese a que fueron unos abusones vosotros lograsteis derrotar a Azazel.

-¿Y para qué? Para que luego vinieran los ángeles y jugaran también con nosotros ¡Ivy esto era lo que ellos querían, por eso me retuvieron en el cielo!-Ivy tuvo que sostenerlo para evitar que Dean la volviera a tomar con otro objeto-. Sabían que Lilith era el último sello y que Sam la mataría, querían que eso sucediera ¡Incluso tú fuiste su títere! ¡Y quizás lo sigas siendo!

-¿Qué?-preguntó, poniendo los ojos en blanco.

Dean se separó de ella, y se dejó caer en la cama, desplomado.

-¿Por qué los ángeles te darían la oportunidad de volver a estar conmigo?-preguntó, mirando fijamente el techo.

-Porque a cambio yo guarde la espada de Miguel durante muchísimo tiempo-respondió ella, frunciendo el entrecejo.

-¿Y no crees que podrían haber buscado a otra persona que no les pidiera nada a cambio? Anda que no hay idiotas que harían un favor a Dios o a los ángeles solo por tener su aprobación-se incorporó, mirándola atentamente-. Tú eras la herrera de los ángeles, eso sí que es algo que no pueda hacer cualquiera.

-¿Piensas que si sigo con vida es porque quieren que les fabrique más armas?

-Visto así, sería lógico-razonó Sam-. Los herreros de la corte celestial erais Jason y tú, pero Jason murió y solo quedaste tú. En cambio ahora…

-Vuelven a tener a ambos-concluyeron Dean y ella.

-No, esperad…-Ivy se sentó al lado de Dean, comenzándose a frotar las sienes en un intento de recordar algo-. Tengo la clásica sensación de que tengo algo que decir, pero no me acuerdo. Y es algo relacionado con esto, estoy segura.

-Tal vez quieras decir que el verdadero motivo por el que te tienen aquí es para proteger al recipiente de Miguel-dijo de pronto Castiel, apareciéndose al lado de Sam.

-¡¿Qué?!-exclamó Dean, y volteó a mirar a Ivy que por su pálida expresión dejaba claro que se había acordado de lo que tenía que decir y obviamente era eso-. ¿Soy el recipiente de Miguel? ¿La puta de un ángel?

-Dos hermanos enfrentados… Miguel y Lucifer…-murmuró Ivy, levantando la mirada hacia los dos Winchester-. El hermano mayor, obediente a su padre, mientras que el menor se rebeló. Eso quiere decir que Sam es el recipiente de Lucifer.

Sam tragó saliva, dirigiendo una mirada fugaz a su hermano.

-Esto no puede ser-protestó Dean, se levantó de la cama y cogió a Castiel de las solapas de su gabardina-. ¡¿Qué demonios tenéis más pensado?!

-Ellos no lo sé, yo en cambio planeo rebelarme-afirmó Cas, muy decidido.

Dean se quedó sin saber que decir, así que no dijo nada. Solo se sentó en la cama, manteniéndose en silencio, pero aunque no lo parecía, estaba muy orgulloso de la decisión de Castiel.

-Más vale tarde que nunca-dijo, torciendo una sonrisa.

Todo pasó muy rápido.

Poco después de que Castiel les informara de que ellos ocuparían el elenco principal del apocalipsis y que se uniría a ellos, los ángeles comenzaron atosigarles, sobre todo a Dean, para que aceptaran su destino.

Sam estaba siendo acosado por Lucifer, que le creaba ilusiones empleando la imagen de Jessie, aprovechando el momento de flaqueza tras el rechazo de su hermano mayor.

Ivy por su parte, no sabía dónde meterse, tenía la impresión de que estar cerca de Dean únicamente le traería problemas. Pero a la mínima que ella sacaba el tema, Dean lo cambiaba o directamente miraba de llevársela a la cama a través de besos y caricias.

Hasta que un día, Dean no recurrió a esos métodos de evasión y decidió largarse directamente, dejándola con la palabra en la boca.

No fue hasta que vino a verles Cas, después de que Dean regresara al cabo de unas horas, que se enteró de que Zacarias había llevado a Dean a ver su futuro de aquí a cinco años por no aceptar a Miguel.

En ese futuro el mundo estaba devastado por el virus Croatoan y Lucifer gobernaba sobre él. Dean era el líder de un grupo de rebeldes que se enfrentaban al arcángel, y debido a todo lo que había sucedido se había convertido en un hombre que únicamente pensaba en derrotar a Lucifer, ya fuera dando su vida o las de sus compañeros, hasta era capaz de usarlos de carnada si hacía falta.

-No me voy a convertir en ese hombre-dijo una vez que se quedaran solos, segundos después de que Castiel se fuera.

-Y no lo harás, no te dejare-respondió ella.

Dean se la quedó mirando, incapaz de contarle lo que vio respecto a ella, como la trataba para tenerla a su lado y a su vez aprovecharse de sus poderes para conseguir derrotar a Lucifer.

No, no podía estar a su lado sabiendo hasta qué punto iba a llegar.

-Para…-exigió Ivy, sospechando lo que estaba pasando por la cabeza de él-. Deja de comerte el tarro ¿vale? Empieza por hablar con Sam y contarle lo que sucede, no le pierdas y no perderás nada-dijo esto, dándole un casto beso en los labios.

Dean decidió hacerle caso, confiar en Sam aunque en el fondo no las tenía todas consigo, porque se jugaba todo a una carta.

En el momento en el que Sam aceptase a Lucifer como su recipiente, todo se iría al garete.

-No sabes hasta que limites eres capaz de llegar con tal de conseguir tu propósito, Dean Winchester-la voz alimentada de odio y rencor sonaba en su cabeza como truenos y en su mente aparecía la sonrisa rota de Ivy acompañado de unos ojos opacos y carentes de emoción.

La imagen de Ivy, vistiendo únicamente una túnica de un color blanco sucio y con unas cadenas que iban desde la pared hasta sus muñecas, dándole un pequeño margen de movilidad.

Lo peor no fue verla enjaulada en aquel granero, lo peor era saber lo que su yo del 2014 era el responsable de su cautiverio y además de que cada día le retiraba medio litro de sangre para chutárselo él y obtener más poder, al mismo tiempo que la alimentaba a ella con sangre de los pocos ángeles que conseguían para que mantuviera sus propiedades mágicas.

¿Cómo iba a explicarle eso a Ivy? ¿Cómo podría dormir él tranquilo sabiendo de lo que iba a ser capaz de hacer a la persona que más amaba?

Otro fogonazo sacudió su mente ante tal revelación, algo que inconscientemente sabía pero que no había sido capaz de decirlo por todo lo alto: ya no la quería… amaba a Ivy.