Muchas cosas acontecieron tras el regreso de Dean del futuro, cosas como descubrir que el que creían que era el dios de la mitología nórdica, Loki, era en realidad otro arcángel de suma relevancia: Gabriel.

Y no solo eso, también acabo desvelándoles una manera de deshacerse de Lucifer sin tener que aceptar a éste y a su hermano Miguel y sobretodo impedir el apocalipsis, que con ello supondría prácticamente la extinción de la raza humana.

El único sacrificio a cambio seria Sam.

Por otra parte, Ivy estaba enfrentando a sus propios demonios, o más bien ángeles, y era incapaz de confesarle a Dean sus problemas pese a que ahora era cuando mejor iban las cosas para ambos.

Miguel se había puesto en contacto con ella, a través de sus sueños y usando a Adam, el medio-hermano menor de los Winchester, como intermediario.

-No tienes ni idea de donde estas metida, cielo-le decía éste, paseándose alrededor de ella en mitad de un páramo desértico y vacío, tan blanco y sin fondo como un paisaje de montaña extensamente nevado.-Que Jason se encarnara en Dean no fue de casualidad, como tampoco lo fue que Dean fuera mi recipiente.

-¿Qué insinúas?-quiso saber ella, mirándole con rabia.

-Jason te quería demasiado, tanto como para dejar que lo utilizáramos de medio para el apocalipsis con tal de reencontrarse contigo-la cogió de la barbilla, obligándola a encarar los ojos azules de su recipiente, muy diferentes a los verdes de su hermano.-Me pregunto que debes tener para que haga tanto por ti-le acarició el brazo con la otra mano, deslizando únicamente la yema de sus dedos.

-Amor, algo que tú y los tuyos parecéis desconocer-contestó ella, desafiante, sin ningún atisbo de miedo.

-Te sientes muy segura solo porque esto es un sueño y sabes que a tu lado descansa tu chico, ¿verdad?-soltó una mueca divertida-. Pero yo siempre sé dónde estás y lo que haces, pues aunque no te lo creas tanto Jason como tú seguís trabajando para mí, queráis o no, y Dean pronto se dará cuenta de eso. Me pregunto entonces si seguirá queriendo tener cuentas contigo o lo cegara este estúpido vínculo de almas gemelas.

-Ivy… despierta.

Sacudió la cabeza, volviendo a mirar al arcángel, que había ampliado su sonrisa.

-Te llama tu amorcito, salúdale de mi parte-le dio un fugaz beso, haciéndola despertar al instante.

Ivy se incorporó de golpe, propinándole un puñetazo a Dean por el sobresalto y la proximidad.

Al mirarle se lo encontró perplejo por el impacto, parpadeando continuamente como si le hubiese disparado con el flash de una cámara.

-La próxima vez me limito a abrirte las ventanas-se froto la mejilla, levantándose de la cama-. Ya hemos localizado a la Muerte.

-¿Al Jinete? Genial-sonrió levemente, intentando disimular su nerviosismo.

-Yo también puse la misma cara, pero es algo que se tiene que hacer si queremos encerrar a Lucifer-se puso a su lado, pasándole un brazo por alrededor de la cintura-. Y librarnos de esta locura de una vez por todas-apoyo la frente sobre la sien de ella.

-Claro… seguro que si…-susurro, pues en realidad no era aquello lo que la preocupaba, sino la culpa por no ser capaz de decirle lo que ocurría con Miguel y menos aun lo que éste le había dicho sobre que en realidad estaban siguiendo su juego. Por otro lado, tampoco se atrevía a decírselo a Dean porque ya tenía bastante con lo de Sam-. Triunfaremos, ya verás…-le acaricio el rostro y le beso-. Ya va siendo hora de que acabe esta tempestad y llegue nuestra calma.

Dean respondió al beso, y al separarse se la quedó mirando con el ceño fruncido.

-¿Tuvimos hijos?-soltó a voz y pronto, mirándola a los ojos y con el entrecejo fruncido-. Es decir… Jason y tú, ya me entiendes.

-Gemelos, dos, varones. Les pusimos Dylan y Christopher-respondió ella, sonriendo con nostalgia.-La última vez que los vi ellos ya tenían veintitantos, uno de ellos casado, Dylan. Chris en cambio estaba centrado en su trabajo de herrero, fue el que continuó con el legado familiar-su sonrisa se desvaneció-. No llegue a saber más de ellos. No sé si tuvieron hijos, si murieron por la edad… si fueron felices.

Él la miró apenado, dándose cuenta de su error en haber sacado ese tema.

-Siendo tus hijos y llevando de manera indirecta mis genes, seguro que han sabido apañárselas-afirmó, prácticamente convencido.

-Según me dijeron los ángeles, incluso Castiel, murieron de mayores y cada uno con más de un hijo y muy felices, aunque nos extrañaron-apretó la mandíbula, sintiéndose todavía más culpable, demasiado como para no decirle la verdad de lo ocurrido.- Dean… tengo que contarte algo.

Ivy le contó todo lo sucedido con Miguel a Dean, incluso lo de que ahora había conseguido como recipiente sustituto a Adam y finalizando con lo de que probablemente ella y él estaban bailando a su son.

Por esa razón, viendo el riesgo que corrían estando juntos, Ivy decidió desaparecer ante la negativa de Dean, pues al menos con ella corrían menos peligro y Castiel podría apañárselas para idear algo sin que Miguel les pillase.

El problema era que ya era demasiado tarde.

Las cosas iban de mal en peor.

Ya no solo había perdido a Ivy que no daba señales de vida tras confesarle lo de Miguel, ahora encima, tras haber recolectado los cuatro anillos de los Jinetes del apocalipsis para abrir la jaula que encerraría a Lucifer, Sam había acabado siendo poseído por el ángel caído.

-Ivy, te necesito… no puedes dejarme solo con esto, me da igual que fueran lo que planearan los ángeles-suplicó, dejándole el que ya debía de ser el cuadragésimo quinto mensaje en su contestador de voz-. ¡Joder Ivy! ¡Ya he perdido a Sam, no me hagas también perderte a ti!

Pero nadie contestaba, solo el incesante y desolador silencio.

Dean se dejó caer en el sofá de la casa de Bobby, echándose el cabello hacia atrás, tensando su mandíbula.

Todo estaba ya perdido: sus dos hermanos menores habían sido convertidos en los recipientes de Miguel y Lucifer, su mujer había desaparecido y el mundo estaba a punto de irse a la mierda en cuestión de horas. Y él lo único que podía hacer era sentarse en el sofá a esperar que todo acabase.

Ni de coña, Dean Winchester no había dicho aún su última palabra para quedarse ahí cruzado de brazos.

Cogió las llaves de su coche, de su mejor compañero de viajes hasta la fecha, el Chevrolet Impala del 67 y subió en él, dirigiéndose al que posiblemente seria su último destino en esa vida de mierda.

Cuando llegó al cementerio de Lawrence, donde se iba a celebrar la batalla final de Miguel y Lucifer, Dean abrió su espectacular entrada con una de sus canciones para llamar la atención de ambos, los cuales no le recibieron muy bien.

-Dean, realmente empiezas a enfurecerme y eso que me prometí no lastimarte por respeto a Sam-contestó Lucifer, empleando un tono iracundo con la voz de Sammy.

-¿De verdad os pensabais que iba a quedarme de brazos cruzados?-inquirió él, sonriendo de lado, sin un atisbo de miedo en sus palabras y en su mirada.

-Tú aquí ya no pintas nada, gusano-replico Miguel.

-Mejor no me toques las narices, guapito, porque tú y yo tenemos un asunto que tratar-amenazó Dean.

-¿Qué asunto? ¿Te refieres a este?-Miguel chasqueo los dedos, haciendo aparecer a Ivy amordazada y en el centro del triángulo que formaban los tres.

Dean abrió los ojos de manera desorbitada, quedándose mudo al momento.

Enseguida reaccionó y fue a su ayuda, pero Lucifer le intercepto colocándose en medio.

-¿Es la vaina?-preguntó éste a su hermano mayor, analizándola con la mirada-. No te ofendas, pero me la imaginaba más… imponente.

-Eso es porque ahora tiene aspecto humano. La he estado alimentando a base de sangre de ángel durante siglos, para que se mantuviera fuerte y joven hasta el momento en que la necesitase-respondió Miguel, aproximándose a ella-. Luego solo he tenido que suprimir su dieta para que volviera a ser la de antes, su alma humana es poderosa y es eso lo que otorga energía a la espada.

-¡No te acerques a ella!-vocifero Dean, lanzándose a por él pero Lucifer le cogió, asestándole un puñetazo en la cara que lo tumbo al suelo.

Ivy reacciono, forcejeando para liberarse sin éxito. Miguel la agarro del hombro e introdujo la mano en el interior de su estómago como el que la mete dentro de una cortina.

Arqueo la espalda de dolor, mientras una luz brillante y cegadora emanaba de su interior donde Miguel había introducido su mano.

Dean volvió a levantarse, sin lograr llegar hasta ella pese a que ensartó a Lucifer con una espada mata-ángeles, a sabiendas de que no iba a conseguir sino cabrear aún más al arcángel. Pero estaba desesperado, impotente ante la imagen de Miguel extrayendo una espada del interior del cuerpo de su amada, exterminando por cada centímetro un pedazo de su energía vital.

-Os advertí de que Miguel era un rival poderoso-añadió Lucifer.

Y entonces un brillo de esperanza surgió cuando Castiel apareció de la nada y lanzó un coctel molotov a Miguel, preparado con fuego bendito para expulsarlo durante un pequeño periodo de tiempo que otorgaba a Dean intentar persuadir a Sam para controlar a Lucifer.

Ivy cayó inconsciente en el suelo al momento de que la espada volvía a introducirse en su interior.

-Está viva-advirtió Castiel, al ponerse de cuclillas al lado de ella y examinarla.

Dean suspiró aliviado, pero la alegría iba a durar poco.

-Castiel… ¿acabas de expulsar a mi hermano con un coctel molotov?-puntualizó Lucifer, soltando a Dean para encarar al ángel rebelde. Su voz destilaba odio y rabia.

-No…-mintió.

Y en un pestañeo, Castiel estalló en pedazos pequeños de carne y sangre de la mano de Lucifer.

A Dean no le dio tiempo a recuperarse, que Lucifer lo agarro de las solapas de su chaqueta y lo estampo contra el capó del coche, comenzándole a propinar una tanda de interminables puñetazos inhumanos.

Cuando Dean ya no podía abrir apenas los ojos por la sangre que goteaba y el hinchazón de éstos a causa de los numerosos golpes, Lucifer paro en seco su paliza… o más bien fue Sam, que reaccionó al ver los diferentes recuerdos de su infancia con Dean reflejados en el Impala.

Sam se separó de Dean en cuanto pudo recuperar casi todo el control de su cuerpo, recuperando los anillos de los Jinetes para abrir la jaula.

-Acuérdate de la promesa que me hiciste-dijo Sam, sonriendo y señalando a Ivy con la cabeza.

Dean lo observo en silencio, incapaz de mover siquiera los parpados y menos todavía de impedírselo.

-Detente, Sam-Miguel apareció, cogiendo a Sam del brazo para evitar que entrara en la jaula-. Tengo que luchar contra mi hermano, es nuestro…

-El mío es aniquilarte-añadió Ivy por él, sosteniendo con firmeza la espada del arcángel y con la que atravesaba a éste por la espalda.

Sam la miro entre fascinado y horrorizado, sabiendo lo que suponía que ella hubiera hecho eso.

-Estaré bien-afirmó ante la expresión de ambos Winchester, pero cayó al suelo momentos antes de que lo hiciera el cuerpo inerte de Adam.

Sam hizo el amago de socorrer a Ivy, pero sintió como Lucifer se removía en su interior para poder salir así que no le quedo de otra que saltar al interior de la jaula.

Luego de eso, volvió aparecer la querida amiga de Dean: la soledad y todo lo que continúo después fue la nada.

Hasta que vio a Castiel regresar como un ángel nuevo, pero ni eso lograba devolverle una pizca de la alegría que había podido sentir semanas atrás, cuando todavía conservaba a su novia y a su hermano.

-No todo está perdido-comento Castiel tras curarle.

Dean lo miro como si fuera idiota, pero retiro su expresión cuando vio como Cas se aproximaba a Ivy y recogía la espada de Miguel del suelo. Ahora le miraba entre curiosidad y consternación.

-La espada es una materialización física del alma de Ivy, que Miguel utilizo para crear una herramienta capaz de acabar con su propio hermano, pero no deja de ser un alma a fin de cuentas-explico Castiel. La espada comenzó a deshacerse en sus manos, convirtiéndose en arena dorada y luego se tiño de un color azul y plateado, que comenzaba adquirir una forma sedosa y serpenteante, con vida propia.-Y si juntas el alma con el cuerpo…-introdujo el alma en el interior de Ivy, que se despertó al momento en que ésta se adentró por completo en su organismo-…se forma la vida-concluyo Castiel.

Ivy se levantó con la ayuda de Castiel, mareada y aturdida. Observo su alrededor relacionando el lugar con sus últimos recuerdos, hasta que sus ojos se detuvieron en Dean, que la observaba como una maravillosa visión.

-Dean…-susurro.

Corrió hacia ella, abrazándola con fuerza, sintiendo de nuevo aquella sensación de bienestar y calidez que sentía cuando estaba a su lado.

El cuerpo de Adam sin embargo seguía ahí tirado en el suelo, con los ojos abiertos sin vida. Castiel se aproximó a él para resucitarlo, aprovechando el estallido de poder que Dios le había otorgado tras su muerte.

Dean temió que Miguel regresara con Adam, por mucho que le alegrase revivir a uno de sus hermanos caidos.

-La espada de Miguel extermina por completo a toda criatura, pero funciona como una espada convencional ante criaturas mortales como los humanos-explico Castiel, comenzando su sanación-. No aseguro nada, ya que Adam lleva muerto más de un año.

-¿Y qué hay de Sam? ¿Se va a quedar en la jaula con Lucifer?-preguntó Dean, sin obtener respuesta por ninguno de los presentes.

Ivy se agacho para recuperar los anillos, separándolos.

-Le recuperaremos-afirmó con determinación, alcanzándole a Dean el anillo de la Muerte-. Solo necesitamos contactar con la persona adecuada.

Dean cogió el anillo del Jinete, observándolo unos instantes, y cedió su atención a Adam que volvía entre los muertos.

-Le prometí a Sam que no intentaría recuperarlo, que iría en busca de una vida normal contigo y me olvidaría de la cacería-respondió Dean.

-Eh, lo has prometido tú no yo. Además no nos vamos de cacería, vamos a por mi cuñado que es la pieza que nos falta para ser una familia normal-puso énfasis en la última palabra, sonriendo divertida.

El mayor de los Winchester rio levemente, negando con la cabeza.

Quizás era cierto lo que ella dijo y se aproximaba el momento en que acaba esa pesadilla, en el que la familia podía reinar sobre todo.

-Seguro-la cogió de la mano-. Pero pobre de ti que intentes dejarme tirado, otra vez-la reprendió seriamente. Ella levantó su mano libre en gesto de rendición, asintiendo rápidamente.

Sonrió con cariño, besándola suavemente en los labios y después la soltó para atender a su medio hermano.

-Dean…-los ojos de Adam expresaban culpa, arrepentimiento.

-No digas nada, no eres el primero ni el último que es engañado por gente como ésta-afirmó él, ayudándole a levantarse-. Bienvenido a la familia, Addie.

Adam asintió, sonriendo levemente, y volteó a mirar a Ivy.

-Yo…-comenzó a decir, pero ella le detuvo tapándole la boca.

-No eras tú, así que por mi todo está bien-dijo ella, sonriéndole con franqueza.

-Vamos, Bobby estará subiéndose por las paredes. Tú también Cas-añadió Dean, dándose cuenta de lo inmóvil e incómodo que debía sentirse el ángel, al verse metido en esa escena tan familiar sin tener ningún vínculo familiar con ellos.

O eso creía él.

Los dos hermanos, Ivy y Cas subieron al Impala, emprendiendo rumbo de nuevo a la casa de Bobby Singer mientras meditaban un plan con el que recuperar al hermano caído de la jaula y las fauces de Lucifer.

Dean miro a Ivy a través del espejo retrovisor, y en su mente se plasmaban todo tiempo de pensamientos ajenos a todo lo relacionado con los años anteriores.

Estaba decidido, una vez que Sam volviera a estar a salvo, tendría esa vida normal que en el fondo tanto ansiaba.

Y… quién sabe… quizás vuelvan a reencontrarse con Dylan y Chris en esta nueva vida.