¡Eh, conejita, ven para aquí!
Levy miró a Lucy siendo arrastrada por Gajeel al escenario. Su apariencia habitualmente tan contenta se enfurruñó. Aunque hacía ya un año que eran pareja, no podía evitar sentir celos cuando veía a su mejor amiga bailar alrededor del matadragones.
Se observó lentamente el cuerpo a través de uno de los cristales. No le gustaba su físico. Era pequeña y plana, no como Lucy y las demás. Hasta Wendy empezaba a tener más pecho que ella. Y después el pelo: azul. No es que odiara ese color, pero la hacía… banal. Wendy, Juvia, Gérald, todos ellos tenían también pelo azul. Y luego encontraba su cara demasiado infantil. Dentro de poco iba a tener dieciocho años, pero cualquiera habría dicho que tenía quince. Muy pocas personas la tomaban en serio.
A veces se preguntaba por qué Gajeel había aceptado salir con ella. Sería por despecho después de lo que él había hecho cuando todavía estaba en Phantom Lord o entonces por piedad?
Volvió a poner sus ojos canela sobre la escena. No se dio cuenta que los tenía llenos de lágrimas.
Cuando el espectáculo acabó, Gajeel fue directamente a ver a su novia pero, cuando vio su semblante triste, no se atrevió a acercarse mucho. Ella levantó la cara angelical hacia él.
- ¿Me quieres? - Le preguntó, con la voz rota por culpa de los llantos.
Él no respondió. Suspiró y la tomó entre sus brazos, dándole un beso en la frente.
- ¿Y esa pregunta estúpida?
Ella tenía la impresión de tener que arrancarle las palabras de la garganta y eso la hizo reír. Luego miró a sus ojos granates. Era cierto, no tenía porqué preguntarle eso, la respuesta estaba grabada en sus ojos.
