Cogorza
Gemidos femeninos, sudor y cabellos azules. He aquí todo lo que él recordaba de la noche anterior. Ahora ella dormía, ahí, en su cama, justo a su lado. No conseguía acordarse de cómo habían llegado hasta ahí. Se acordaba sólo de sus supiros y de sus besos apasionados.
Sintió que ella se movía contra él. Ella abrió enormemente sus ojos cuanodo se dio cuenta que no acurrucaba en un cojín. Se separó de golpe escondiendo su cuerpo con las sábanas. Sus ojos abiertos como platos y las mejillas rojas, intentaba acordarse de los hechos de la noche anterior.
- ¿Qué hemos hecho, Gajeel? - Exclamó, afectada.
Para una simple respuesta, él le mostró su sonrisa ladeada:
- ¿No te parece bastante claro, enana?
Ella se resitió a tirarle una almohada en toda la cara. Se retorció incómoda.
- ¿Que hacemos ahora? - Preguntó, visiblemente incómoda.
- No sé.
El silencio cayó y la joven chica sintió que él dejaba ir el aliento contra su nuca. Ella se tensó. Notó también que alguna cosa deslizarse por su cuello, y un objeto cayó entre sus pechos. Miró un momento al objeto y luego a Gajeel.
- Feliz aniversario de todos modos, enana.
Con esas palabras, él le besó el cuello, de la misma manera que lo había hecho la noche anterior. Levy entonces se acordó de las palabras que le había hecho saber:
- Te quiero.
Ella sonrió. Entonces así todo había empezado, por esa simple réplica y el alcohol.
