Recorte 1 La Cachetada
"Cuando El Amor Llega De Golpe… Literalmente"
Los dedos se flexionaban mientras abría y cerraba la mano, los ligamentos se estiraban y se contraían suavemente, saltándose apenas por debajo de la piel, podía sentirlos a pesar de que tenía el brazo entumido. Pero aún cuando todas las sensaciones parecían estar intactas, su cerebro no registraba dolor alguno. En lugar de eso se esparcía un escozor muy molesto que probablemente se debía a la extraña técnica de origen muggle que le habían aplicado.
Un suave balbuceo llamó su atención, haciendo que olvidara por completo la molestia en su brazo y, haciéndoles una señal a sus dos gorilas para que lo siguieran, caminó hacia él con una sonrisa. El enorme gigante peludo se sacudía con espasmos mal disimulados y suspiros que no alcanzaba a tragarse, con el ceño fruncido en una expresión tan vulnerable como la de un niño pequeño. Para los ojos del chico que lo miraba, una situación completamente irresistible.
Unas cuantas palabras había empezado a soltar, sueltas y generales, mientras confeccionaba en su mente el insulto perfecto. Como un calentamiento de apertura para después clavar el veneno definitivo con toda su fuerza. Aún no había pensado bien cómo armaría su burla cuando ella lo detuvo. Y antes de que pudiera recuperarse de la sorpresa, ya la tenía frente a él, con los ojos centelleándole de una furia que hacía que las palabras se le atorasen en la garganta.
Ella que siempre había sido tan madura, que sabía guardar la compostura con una elegancia que él jamás le admitiría, impasible e inmune a la sarta de desprecios que él le lanzaba cada vez que se cruzaba con ese trío. Cada vez que la comadreja le resultaba demasiado aburrida o que el niño-que-vivió ya había desgastado todos sus apodos. Por eso la bofetada lo tomó tan desprevenido, si apenas podía creer que la chica se atrevería a responderle las injurias, mucho menos se iba a imaginar que incluso recurriría a la violencia física.
Alcanzó a dar apenas un par de pasos cuando la furia explotó dentro de él, y de pronto se dio cuenta de que quería estar solo. Había sido humillado por primera vez por una pequeña mudblood, como si no fuera suficiente con que le hubiera vencido en todos y cada uno de los exámenes desde que ingresaron a Hogwarts. Sus manos se deslizaban distraídamente sobre la fría piedra de los calabozos del castillo y en su blanquecino cabello se reflejaban los rayos verdosos que se filtraban a través del lago.
Pero independientemente de la vergüenza disfrazada de una colérica sed de venganza, había un sentimiento más que no lograba descifrar, más allá de la impotencia y una cierta cobardía que jamás estaría dispuesto a aceptar, una parte de él reconocía que la chica tenía agallas. Unas agallas que se salían completamente de los parámetros a los que estaba acostumbrado, a los enclenques gusanos sumisos que solía aplastar como diversión, sin detenerse a pensar que el único poder que ejercía sobre ellos era el que ellos mismos le otorgaban en su estúpida docilidad.
Y ahora estaba ahí, desprotegido, inútil, acorralado por esos ojos castaños que lo acusaban, despojándolo de todo su poder, exigiéndole que diera la cara y rindiera cuenta por sus fechorías. Atormentándolo en medio de la húmeda oscuridad de su habitación, de su sombría vulnerabilidad. Apretó los puños hundiéndolos en las heladas sábanas de seda gris que cubrían su cama, descargando su rabia contra el colchón.
- No me vencerás, pequeña Mudblood- masculló entre dientes, sobándose la mejilla inconscientemente, sin saber que la sensación ardiente en su pecho era producida por un sentimiento completamente opuesto al que él creía.
Sin saber que, mientras todos los miembros de la casa de Gryffindor tomaban clases junto con el resto del alumnado de Hogwarts, en una de las torres del castillo, completamente sola y en silencio sepulcral, una chica de cabello enmarañado estaba observando distraídamente la palma de su mano derecha.
Notas de la autora
Una escena del tercer libro, cuando sucedió todo lo del Hipogriff, a modo de introducción. Espero críticas, patadas, insultos o lo que quieran, aunque supongo que aún es demasiado pronto para juzgar. Otra cosa, no recuerdo qué método de curación se usó para el brazo de Draco, así que se lo enyesé, si alguien lo sabe, agradecería que me lo dijera porque me da demasiada pereza desempolvar mi libro nada más para buscar ese detalle. Pero si ese error no les merma la felicidad ni disminuye su calidad de vida, entonces puede quedarse ahí.
Saludos,
LunaGitana
