Recorte 4 Remordimientos Incómodos
"Las Consecuencias De Destruir Los Estereotipos"
Estaba inquieto y un poco asustadizo por el nerviosismo, aunque no estuviera dispuesto a aceptarlo inclusive frente a sus amigos más cercanos. La había besado ¡Por Merlín! ¡Había besado a Hermione Granger! ¡¡Y de qué manera!! Si es que a un casanova hasta cierto punto experimentado como él se le permitía decirlo. No era que se hubiera involucrado con muchas chicas hasta las últimas consecuencias, pero se podría decir que sabía bien como tratar con ellas sin que su mundo se fuera de cabeza.
Por lo menos eso creía, hasta la tarde del día anterior.
Todo había salido de acuerdo al plan, todo. Por lo menos hasta que sintió el tibio y húmedo contacto con los inexpertos labios que torpemente se fueron abriendo paso por su boca, hasta llegar a revolver los sentimientos más ocultos en el fondo de su pecho. Desde ese instante supo que algo estaba mal, aunque no le había dado mucha importancia en el momento y tratando de convencerse a sí mismo de que eran figuraciones absurdas, había proseguido explorando la boca femenina con su lengua.
Y ahora se daba cuenta de cuán equivocado había estado esa tarde de Quidditch, cuando creyó que se encontraba en completo control de lo que para él era una simple cacería, una burla, un juego. Sin darse cuenta en qué momento había sobrepasado el límite que dejó al descubierto su interior, permitiendo que la chica tuviera acceso a sus pensamientos, instalándose en su mente como si se tratase de su propio hogar. O quizá había sido ella misma la que se había abierto camino por medio de su propia vulnerabilidad.
Había sido ella quien expuso en primer lugar las debilidades más ocultas, los temores más recónditos, las inseguridades más arraigadas… y fue precisamente eso lo que tiñó aquel beso de una compresiva humanidad endulzándolo con una afinidad que jamás había experimentado en alguno de sus encuentros furtivos con otras chicas más atractivas. Y nuevamente las mentiras se convertían en verdades y las excusas en motivaciones para comprender el complejo mundo que se ocultaba bajo un castaño flequillo enmarañado.
Y justo al pasar por una puerta que le era ya demasiado conocida, se encontró con esos ojos color chocolate que se habían quedado grabados en sus recuerdos desde la tarde pasada. Una escena bastante cotidiana, ya que desde que tomó la decisión de cortejar a la sabelotodo, había adoptado la manía de pasar por su oficina nada más para importunarla. No obstante, curiosamente, esta vez encontró la puerta semiabierta y a través de ella –aún más curiosamente todavía- en los labios de la castaña se asomó una tímida sonrisa.
Giró la cabeza hacia todos lados para cerciorarse de que la sonrisa no fuese dirigida hacia alguien que estuviera detrás de él, cosa que solamente acentuó la curvatura de los labios de Hermione. Sin saber a ciencia cierta cómo reaccionar ante esto, encontrándose a sí mismo invadido por un pánico inusual ante el éxito de sus acciones, fingió no haberla visto y se encaminó hacia su propia oficina. Ni siquiera se acordó de sus sutiles coqueteos con las secretarias y entró directamente dando un portazo.
Tomó asiento aflojándose el cuello de la túnica, visiblemente acalorado por una fobia imaginaria y respiró profundamente tratando de recuperar el ritmo cardiaco normal. Se recostó en el respaldo de la silla y después de unos minutos se golpeó la frente tratando de hacerse entrar en razón a sí mismo. Había pasado toda la mañana preocupándose demasiado por las sensaciones que ese beso había despertado en él como para percatarse de alguna otra cosa y aún no había podido asimilarlo cuando se encontraba de nuevo ante otro dilema.
Y es que a partir de ese momento, la realidad insistía en alejarse cada vez más de los planes que tan cuidadosamente había trazado.
Si al principio nunca imaginó que un beso fuera a causarle tanta controversia interior, mucho menos se habría imaginado que el cambio de actitud de la chica hacia él fuera a causar mayores estragos en su persona. Había repasado tantas veces dentro de su cabeza una escena en la que se desharía de ella sin mayor complicación, que ahora parecía simplemente imposible el estar sintiendo esa opresión en el pecho con tan sólo imaginar el ceño fruncido de la castaña.
Ya no podía estar seguro de nada.
Mucho menos de la opinión que –según él- siempre había tenido de Hermione Ganger. La primera impresión que tuvo de ella fue la de una simple lombriz de biblioteca sin nada que aportar al mundo. Después se enteró de que era una mudblood y la opinión cayó aún más bajo, ya que la despojaba de todo valor como ser humano. Todo esto hasta que se convirtió en la primera persona en levantarse en contra de su autoridad imaginaria, plantándole cara valientemente como si se tratara de su igual.
Pero la antigua dientona no era en absoluto su igual. Posteriormente había demostrado una integridad y un valor mucho más allá de lo que él podría haber soñado, soportando lealmente las torturas de Bellatrix Lestrange por el bien de uno de sus mejores amigos. Cosa que no le había servido de nada frente a los ojos grises de Draco hasta ese melancólico momento en el que se había puesto a reflexionar observando los destellos verdosos delinear una hoja de papiro en blanco sobre su escritorio.
Ahora lo sabía.
La admiraba. Era solamente eso. Sonrió recostándose de nuevo sobre la silla y subiendo los pies al escritorio pero casi inmediatamente se volvió a tensar y la sonrisa desapareció de su rostro. El haber encontrado una explicación para su repentino remordimiento no lo excusaba para seguir jugando con los sentimientos de la chica, no ahora que conocía su punto débil, no ahora que sabía lo mucho que podría afectarle, sobre todo después de darse cuenta de que se trataba de una persona y no una partícula de polvo como siempre la había valorado.
Una persona que se había ganado su respeto…
Hermione caminaba rápidamente, zafándose del agarre del muchacho que la aprisionaba cada vez que lograba darle alcance. Las puertas del ascensor se abrieron y tanto ella como el pecoso se introdujeron en medio de la multitud de empleados que trataban de salir del edificio rumbo a sus casas. El elevador subió un par de pisos antes de volver a abrirse para dejar entrar a tres personas más en el ya de por sí abarrotado espacio. El abrir y cerrar era tan seguido que la voz programada no les daba ni un segundo de silencio.
- Pero, 'Mione…- se quejó el chico en un susurro para que los demás no lo escucharan.
- No es lugar para discutir esto, Ron- le recriminó ella, hablando tan rápido que las palabras casi se encimaban unas con otras.
El pelirrojo abrió la boca para seguir rezongando pero fue rápidamente silenciado por su novia al ver que ésta giraba la cabeza hacia el lado opuesto a donde él estaba. Resopló y cruzó los brazos haciendo un puchero, mientras el elevador seguía ascendiendo hacia la superficie. Finalmente, una vez en las tranquilas calles muggles de Londres, la siguió en silencio tratando de buscar las palabras correctas para retomar la discusión. Hermione se detuvo en seco y giró hacia él, encarándolo severamente.
- Ron, creo que fui lo suficientemente clara- espetó-, ¡Deja de seguirme!
- ¡Vamos, 'Mione! –sonrió con ademán despreocupado-, somos adultos.
- ¡Ya te dije que no es por eso!- se sonrojó furiosamente, manteniendo sus palabras en susurros de advertencia-, así que ya olvídalo, ¿Quieres?
- ¡Por favor!- Ron comenzaba a perder la paciencia-, ¿Me estás queriendo decir que nunca lo hiciste con Krum?
- ¡Lo que haya hecho o dejado de hacer con Viktor no es asunto tuyo!- el calor en su rostro era tal que apenas y podía respirar por el bochorno- ¡¿Entendido?!
- ¿Entonces cuál es el problema?- sus orejas comenzaban a enrojecerse con la suposición de los extremos a los que su novia había llegado con el jugador de Quidditch-, ¿Acaso no soy lo suficientemente bueno?
- ¡Nadie está diciendo eso! Y no entiendo por qué siempre que hablamos de esto tienes que involucrarlo a él- bufó con fastidio, respirando agitadamente para luego calmarse y continuar despacio-, solamente no estoy lista, ¿de acuerdo?
- No había querido creerlo- atacó por reflejo al sentirse herido, sin haber escuchado el último enunciado de su novia-, ¿Sabes lo que dicen los chicos? Que eres una puritana anticuada.
- Ron…- su expresión se suavizó reflejando tristeza y dolor.
- Ninguno de ellos entiende por qué pierdo el tiempo esperándote- prosiguió, sin dejarse conmover por los ojos vidriosos de la chica-, cualquier otro ya se habría ido a buscar con otra lo que tú no quieres darme.
- Ron…- repitió, ya sin fuerzas para seguirlo más que con la mirada mientras él se alejaba dándole la espalda…
Nuevamente estaba inquieto, más que por algún tonto presentimiento en el que no creía, era por unas frases verídicas que había logrado captar en el aire de aquel saturado ascensor. No eran las palabras en sí, pues éstas no podían resultar más inofensivas, sino el tono de voz lo que había encendido su alarma interna. De alguna manera sabía dónde encontrarla, guiado inconscientemente por un recuerdo de días pasados al que no le había dado demasiada importancia.
Y exactamente ahí estaba, como un retrato fotográfico de aquel día que no lograba ubicar a ciencia cierta. Sentada sobre la misma banca, solamente que con la cabeza tan gacha que los cordones de cabello enredado caían como una cascada amorfa cubriéndole el rostro. Vaciló unos instantes, irónicamente a pesar de que la había seguido con una segura convicción. Finalmente, se aclaró la garganta y se acercó de la forma más natural que pudo, como si se la hubiera encontrado por casualidad.
- Malfoy…- levantó la vista al sentir la sombra sobre ella-, ¿qué estás haciendo tú aquí?
- ¿Te hizo algo esa comadreja?- su tono de voz sonaba demasiado agresivo, pero la castaña supo enseguida que la ira no iba contra ella.
- …- movió la cabeza negativamente haciéndose a un lado para que él tomara asiento junto a ella.
- Él no te merece, ¿sabes?- se atrevió a decir, tanteando el terreno-. Es demasiado idiota como para apreciar lo valiosa que eres.
- No hables así de Ron- su voz sonaba triste, pero débil, lo que le dio a Draco la pauta para continuar.
- No se da cuenta de que dentro de ti hay tanto ímpetu que espera a ser descubierto, que la mujer ardiente de tu interior espera ser despertada para entregar todo ese fuego desbordante que enciende tus pupilas.
- Malfoy…- intentó detenerlo pero ya era demasiado tarde, estaba siendo arrastrada por el remolino imparable de sus palabras
- Él nunca será capaz de ver que ser distinta al resto de las chicas es lo que te hace única- era el momento preciso para atacar, ella estaba desprotegida y él sabía muy bien por dónde podría burlar su guardia por completo.
¡Por las barbas de Merlín! ¡Por Morgana y toda la retahíla de ilustres magos y brujas ancestrales! ¡Era endemoniadamente guapo! Estaba tan cerca de ella que podía apreciar claramente sus ojos color plomo, que adquirían destellos platinados al reflejar la luz del sol y en ocasiones se tornaban ligeramente de color azul cada vez que la veían. Su cabello blanquecino que caía rebelde por su frente, pero de tal forma que cada mechón parecía estar en su lugar. Sus labios, de un tono durazno suave y fresco…
Hermione cerró los ojos y con este acto desenchufó las neuronas que aún continuaban funcionando. Se dejó caer en las manos de la voluntad del chico rubio que estaba frente a ella. El único que había podido ver a través del velo de incorruptible rectitud, ese corazón salvaje y apasionado que era capaz de darlo todo por aquellos que le importaban. Capaz de sacrificarse a sí misma y soportar el más intenso dolor sin que de sus labios escapara el más mínimo rastro de una traición liberadora.
Y sin embargo ahí estaba, finalmente agotada de tanto esfuerzo infructuoso, rindiéndose ante la más vil de las traiciones. Adelantándose a la puñalada que habría de clavarse sobre su propia espalda, pagando de antemano el dolor con la misma moneda. Cansada de las etiquetas que se le había forzado a portar, invisibles en el pecho y sin ninguna alternativa para deshacerse de ellas. Hastiada de intentar encajar en un paradigma que no tenía nada que ver con ella.
Descargó toda su rabia enterrando las uñas entre los albinos cabellos y las negras telas de su túnica. Succionando los labios con una furia que ni ella misma se conocía, ahogando los suspiros románticos que se transformaban en extasiados gemidos al llegar a su garganta y se atoraban en la lengua que exploraba sin reparo dentro de la boca de Draco. Él estaba tan sorprendido que lo único que atinó a hacer fue tomarla del talle para evitar que se escabullera si llegaba a arrepentirse. Cosa que no podía estar más lejos de suceder.
"Al diablo con todo, estoy harta de ellos y de sus estereotipos, quiero actuar por instinto, quiero seguir a mi corazón, quiero ser sincera conmigo misma, no más reglas ni prohibiciones... quiero hacer lo que se me de la gana… quiero sentirme viva."
Pensó la muchacha separándose de los labios del rubio, para tomarlo de la túnica y arrastrarlo hacia su departamento sin dejar de besarlo ardorosamente.
Notas de la autora
¿Holaaa? ¿Hay alguien ahiiiiiií? o_0
