Recorte 5 Amor y Recato

"Porque Los Sentimientos No Siempre Vienen Envueltos En Un Negligé"

La puerta de cristal accionó un extraño mecanismo que emitió un pitido distorsionado, algo parecido entre el repicar de una campana y la música de alguna flauta rústica. Ginny solamente atinó a quedársele viendo fascinada, preguntándose cómo una cajita de plástico con unas ranuras que ocupaban el área de un círculo podía saber exactamente en qué momento entraban personas a la tienda. Volteó a ver a su amiga con una sonrisa, preguntándole si sabía dónde conseguir uno de ésos para obsequiarle a su padre.

Hermione asintió con una sonrisa aún más amplia que la pelirroja, cuando ésta se giró para observar hipnotizada los escaparates. Recorriéndolos lentamente con total fervor y curiosidad, ya que era la primera vez que estaba en un lugar como ese. Extendió los dedos temerosa para tocar una de las delicadas prendas y ahogó una exclamación de placer al contacto con la suave gasa traslúcida. Todo era tan hermoso que no sabía con exactitud hacia dónde mirar.

Los colores pálidos, la suavidad de las telas, los delgados listones trazando figuras sensuales, los encajes que dibujaban el contorno de las prendas, se reflejaban en las entusiastas pupilas color miel de la pelirroja. Aún cuando no entendía por completo lo que estaba viendo, algo en su interior le decía que su emoción estaba completamente justificada. Se giró suavemente hacia donde estaba la fundadora del "Ejército de Dumbledore", quien asintió y se acercó a ella para ayudarla a elegir entre los modelos.

Un par de horas después, Hermione estaba sentada frente a los probadores con una pila de prendas en su regazo, observando su reflejo en uno de los espejos sin realmente mirarlo. La hermosa pelirroja salió del probador con un conjunto color blanco bastante sexy que incluía medias y ligueros. La castaña observó pasar a su amiga, caminando hacia el espejo de cuerpo completo para verse mejor. Y sin que Ginny se diera cuenta, soltó un triste suspiro recorriéndola con sus pupilas color avellana.

Porque además de tener un rostro delicado y llamativo, expresivos ojos color ámbar y una sedosa cabellera bermellón, Ginny tenía una figura envidiable de voluptuosas curvas y prominentes proporciones, además de un porte elegante y una forma de caminar sensual y provocativa que se acentuaba con las prendas que llevaba puestas. Sin duda era de una belleza arrasadora que junto con su carácter alegre y amable, la hacía ver prácticamente como una diosa inalcanzable.

- ¿Por qué no te pruebas algo, Herms?- le preguntó al reflejo de la aludida-, seguro que a Ron le encantará.

- ¡¿Cómo crees, Ginny?!- las mejillas de la castaña se tiñeron de un rojo intenso.

- ¡Ay, por favor!- rió la pelirroja-, no seas anticuada ¡Vamos, pruébate uno!- la jaló de un brazo para hacer que se parara-, nada más para ver cómo te queda- prosiguió, haciendo un puchero infantil.

- Bueno, está bien- se puso de pie tratando de ocultar su sonrojo-, pero ni creas que es para mostrárselo al tonto de tu hermano.

- Ya lo sabía- se burló Ginny, mostrándole la lengua.

Una bata de color rojo le cayó directamente en la cara y escuchó la risita de Hermione al tiempo que corría la cortina de uno de los probadores. Ginny simplemente negó con la cabeza y luego aventó la prenda sobre la pila de descartadas para seguir posando frente al espejo y apreciar la que estaba usando, desde diferentes ángulos. Después de un par de vistazos más, se regresó al probador, para ponerse los demás y luego tomar una decisión. Era un día especial y quería sorprender a Harry…

- ¡Vamos, Herms!- insistió la antigua chaser de Griffindor-, ¡Si se te veía divino!

- ¡Claro que no, Gin!- replicó la castaña, un poco acalorada-, se me veían las piernas de popote y las llantas de grasa arriba de las caderas…

- ¿Cómo dices esas cosas?- arqueó una ceja avanzando en la línea para pagar-, a mí me pareció muy sexy.

- Es fácil para ti decirlo, con ese cuerpo de supermodelo- gruñó cruzándose de brazos-, además dije que solamente era para acompañarte.

- Pues deberías de llevártelo- recalcó en un último intento-, tal vez así a mi hermano se le quitaría lo gruñón.

Miró a Hermione con las cejas levantadas y se giró hacia la caja para comprar la ropa que habían elegido juntas. La castaña simplemente sonrió por la insinuación y se olvidó de su mal humor. Después de todo, Ginny era una chica de ideas un tanto liberales y a pesar de eso, siempre había mostrado respeto y hasta cierto punto admiración por la insufrible sabelotodo. Lo más lógico era que ella también demostrara estar a su altura tratándola con la misma tolerancia.

Ginevra Weasley salió de la tienda de lencería con una aparatosa bolsa de papel brillante color rosa pálido y por si eso no fuera poco, del borde de ésta asomaba el papel china color fucsia y morado con el que habían envuelto las prendas. No obstante, la pelirroja no parecía inmutarse por eso y le propuso a su amiga ir por unos helados antes de dar por terminado el día. Ambas llevaban otras bolsas de sus compras anteriores y las depositaron en el suelo debajo de la mesita de una encantadora heladería.

- Estoy segura de que a Harry le va a encantar- rió la pelirroja, dándole una cucharada a su copa de nieve con crema chantilly y jarabe de chocolate-, sólo espero no sorprenderlo tanto que le de un ataque cardíaco.

- ¡Eres terrible!- la secundó Hermione, revolviendo la cuchara en un sundae del mismo calibre que el de su amiga, pero casi enseguida su risa se apagó.

- Ya te lo pidió, ¿verdad?- en su mirada color miel había una melancólica condescendencia.

- No sé qué hacer, Gin- suspiró hundiendo la cuchara en el helado-, él se portó muy bien conmigo pero…

- Tienes miedo- completó, posando su mano sobre la de ella-, es natural, Herms. Todas tenemos miedo la primera vez, pero lo más importante es que sepas que eso es lo que tú realmente quieres.

- Lo tendré en cuenta- le sonrió-. Gracias, eres una gran amiga.

- Cuñada- la corrigió, llevándose una enorme cucharada de crema a la boca.

- No sé a dónde se te va todo esto, me das envidia- saboreó suavemente la textura cremosa de su sundae-. Un día de estos voy a acabar preparándome una poción "moldeadora-reductiva".

Ginny le dio un ligero golpecito en el brazo y ambas rieron…

La noche acababa de caer sobre las calles de Londres cuando un ligero pop hizo que se le cayeran las llaves con las que estaba intentando abrir el edificio. Se llevó una mano al pecho y respiró profundamente al ver al pelirrojo que se inclinaba para recogerlas y finalmente se las entregaba en la mano. Hermione sonrió y le dio un fugaz beso en los labios para luego proceder a abrir la puerta. Ron le quitó las bolsas que estaba cargando para ayudarla a subirlas.

Una vez en el departamento, el pecoso dejó las bolsas sobre la meseta y se fue directamente al sofá como si estuviera en su propia casa. Hermione entró a la cocina para preparar un poco de limonada y después de servirla en dos vasos, los llevó a la pequeña sala de estar, donde el chico ya se encontraba explorando los canales de la televisión como si aún le costara trabajo recordar qué era lo que tenía que hacer para que cambiaran las imágenes de la cajita luminosa.

Se sentó junto a él y recostó la cabeza sobre su hombro, divertida por la impaciencia con la que el pelirrojo presionaba los botones del control remoto. La pantalla destellaba con imágenes incongruentes por la velocidad con la que iban los canales. Hermione soltó una risita, aún sin saber bien como utilizarlo, Ron se estaba comportando como un típico ejemplar muggle masculino viendo la televisión, en realidad pasando los canales sin detenerse el tiempo suficiente para saber si el programa le interesaba o no.

- ¡Oye!- lo tomó de la mano con la que estaba sosteniendo el control-, esa película que acabas de pasar me gusta.

- A ver, espera- el pecoso de ojos azules presionó un par de botones-, ¡Esto no funciona!- se quejó mientras presionaba con más fuerza.

- Sí funciona- rió ella, arrebatándole el control-, lo que pasa es que ése no es el botón.

En la pantalla apareció el rostro de un actor reconocido en el mundo de los muggles, con una radiante sonrisa que ocupaba casi toda la toma. Hermione se recostó sobre el hombro de Ron con una sonrisa soñadora y sintió cómo él le apartaba de la frente unos mechones del esponjado cabello. Estuvo quieto durante unos minutos, pero las frases melosas y las expresiones soñadoras comenzaron a tornarse demasiado irreales para el gusto del pelirrojo, por no decir poco interesantes.

De acuerdo, estaba aburrido.

Los párpados comenzaban a pesarle y por alguna razón la luz le comenzaba a parecer demasiado brillante. Apoyó el puño cerrado sobre su mejilla para sostener su cabeza y evitar que cayera mientras que deslizaba la otra mano para rodear a su novia. Los dedos rozaron ligeramente una pequeña área de piel que había quedado descubierta casi por accidente. El contacto le envió un escalofrío que llegó hasta sus hombros con una idea mucho más entretenida para pasar la tarde.

Comenzó a acariciarla sutilmente, primero por el brazo, subiendo ligeramente la manga de su blusa por debajo del hombro, para luego volver a bajar casi hasta la muñeca y repetir el recorrido. Ella se acurrucó contra él respondiendo a la caricia, pero sin quitar la atención de la pantalla. Ron solamente sonrió y continuó con su cometido, acechando de reojo para comprobar que la piel de la chica comenzaba a erizarse lentamente conforme el roce se iba haciendo más superficial.

Enredó los dedos en su cabello, con intenciones de jugar con él, pero terminó perdiéndose en la tupida selva de cordeles enmarañados y prefirió regresar al terreno seguro antes de romper la atmósfera cariñosa que ya había tejido con el primer paso. Regresó a la pequeña área de piel descubierta que le había dado la idea, justamente en la parte de su abdomen, donde un botón de su blusa se había liberado de su ojal opresor. Se abrió paso entre la tela, con cuidado de no invadir demasiado para que ella no sospechara.

Dibujó pequeños círculos alrededor de su ombligo y mientras lo hacía, inclinó un poco el rostro para besar la mejilla de su novia suavemente. Se acercaba al punto exacto en el que podía sentir la cercanía de la boca femenina para luego retroceder trazando un camino hacia la oreja de la muchacha. Mordisqueaba el lóbulo juguetonamente y luego retomaba su camino sin llegar a los labios de Hermione. Ella se iba tensando un poco más cada vez que lo sentía acercarse un poco más, provocándola.

Finalmente, cuando volvió a acercarse, fue ella la que giró el rostro para encontrarse con los labios del pecoso. Se besaron profundamente y fue en ese momento cuando el chico se empezó a abrir paso con las manos por debajo de la blusa, para rozar suavemente el sostén y luego sacarlas otra vez en una desesperada búsqueda por los botones que se interponían en su camino. Los desabrochó casi sin ningún cuidado y tiró de la blusa para quitársela. Hermione se separó un poco para que pudiera sacar las mangas y tiró la prenda al suelo.

Ron se puso de pie para arrinconarla contra el sofá, situándose encima de ella y comenzó a jalar la falda de la chica bruscamente. Era necesario actuar rápido antes de que la muchacha recobrara la consciencia y lo detuviera. Pero desafortunadamente para él, al sentir las manos masculinas sobre sus caderas desnudas y una cierta presión sólida en un área delicada de la anatomía del chico, la sabelotodo de Hogwarts abrió los ojos de golpe y se incorporó un poco, empujándolo. El pelirrojo intentó reanudar el beso pero ella le lanzó una mirada de determinación.

- Ron, por favor- habló ella antes de que el pecoso pudiera hacerlo-, ya te dije que todavía no.

- ¡'Mione!- se quejó haciendo pucheros-, ¡Solamente un poco!

- No- rió ella ante la infantil insistencia de su novio-, no puedo…

- Nos conocemos desde los once años- alegó a su favor-, sabes que no soy un tipo cualquiera…

- Lo sé…- interrumpió en un tono calmado.

- ¡Soy tu novio!

- Lo sé, Ron- la sonrisa comenzaba a tornarse en preocupación.

- Sabes que no voy a hacerte daño- le reprochó, un poco dolido.

- Sí, lo sé, lo sé- resopló sintiéndose incómoda-, solamente que no puedo, compréndeme por favor.

Se escabulló de la prisión de los brazos masculinos y recogió la blusa del suelo para volvérsela a poner. Mientras ella se vestía, el muchacho se quedó estático en el sillón, resopló frustrado y se encogió agarrándose la cabeza con las manos. Se sentía aún demasiado caliente como para pensar con claridad y decidió que por el momento mantendría la boca cerrada para no decir algo de lo que se pudiera arrepentir después. Cuando por fin levantó la vista, Hermione lo estaba mirando con una tímida sonrisa.

La chica de cabello castaño se sentó al lado de él sin quitarle los ojos de encima, estaba inquieta porque no sabía como disculparse por lo que había hecho. Ron continuó serio y se puso de pie tratando de esquivarla, estaba un poco irritado y una parte muy delicada de su cuerpo comenzaba a punzarle con un dolor bien conocido. Se despidió con un gesto y caminó hacia la salida del departamento. Hermione se mordió el labio inferior al escuchar la puerta cerrarse y sin levantarse del sofá, se cubrió el rostro con las manos.


Notas de la autora

Me da muchísima vergüenza llegar a estas alturas con el capítulo (dado que siempre he actualizado cada quince días más o menos) y sobre todo porque recibí una mejor respuesta con éste que con los capítulos anteriores. No obstante, he estado un poco desanimada... ¿alguien quiere animarme para que actualice aún más pronto como compensación por la tardanza?

Gracias a todas las que me escribieron, realmente me levantan el ánimo, un abrazo,

LunaGitana