Recorte 6 Un Triste Recuerdo

"Porque no vaya ser que cansado de verte, me meta en tus brazos para poseerte…"

Si el beso que le había dado después del encuentro de Quidditch con sus amigos lo había dejado inestable y desorientado, los recuerdos de la noche anterior lo habían dejado como un animal perdido y acorralado que fue soltado de repente en un mundo hostil completamente desconocido. Se pasó la mano por los cabellos por enésima vez, mientras daba vueltas por su oficina como león enjaulado, no podía concentrarse, no podía hacer nada para defenderse de los recuerdos que lo atacaban con fiereza cada vez que la soledad y el silencio lo dejaban vulnerable.

Las caricias están cargadas de una furia desenfrenada que se ha añejado por la represión, ansiosas por liberarse, tratando de escapar todas a la vez, cansadas de haber estado almacenadas durante tanto tiempo acumulándose en un par de manos que insistían en limitar sus funciones a hacer hechizos y escribir reportes. Pero también exploran la piel del rubio con el temor de la inexperiencia y la torpeza de la incertidumbre de quien hace algo por primera vez…

Se sentó sobre el escritorio, tratando de ocupar su mente en los pergaminos que se habían apilado sobre él, amontonados y pendientes por revisar, pero los recuerdos le habían dejado los sentidos a flor de piel y cada roce con cada textura le recordaba de nuevo lo que había sucedido aquella noche, que aunque parecía tan reciente, se encontraba separada del presente por poco más de una semana. Una semana en la que lo único que parecía tener sentido era evitar a toda costa a cierta chica de cabello castaño.

Las tinieblas totales que envuelven el cuarto con su denso silencio proporcionan el cobijo necesario para que las pasiones se desaten y casi sin que ninguno de los dos se de cuenta, la ropa pierde su soporte y comienza a caer inerte al piso. El cálido aliento de los suspiros dibuja las formas que se entremezclan de tal modo que no se puede diferenciar dónde termina una y empieza la otra. Se funden en un calmado vaivén constante que se va acelerando lentamente hasta ir al compás del latir de sus corazones…

Ella tiene miedo, duda por un instante, se muerde los labios de preocupación inundada por el temor de haber llegado demasiado lejos como para retroceder. Pero en los ojos color ónix encuentra una dulce comprensión que contradice por completo las gélidas miradas de cierto macho rechazado que guarda en su memoria. Y es esto lo que le da la seguridad que le hacía falta para continuar, le da su aprobación con un tímido asentimiento de cabeza y ahoga un gemido de dolor al sentir ese cuerpo desconocido invadir su intacta intimidad.

Sus uñas vuelven a hundirse en la espalda masculina, resbalando por el sudor, descargando el ardor que comienza a punzarle dolorosamente. La sangre se desliza diluyéndose en la viscosidad de los demás fluidos, perdiéndose con la suave fricción que se entremezcla con el dolor, despertando sensaciones desconocidas. Poco a poco el escozor se va transformando en placer y los gemidos en suspiros recortados por la intensidad de los movimientos, hasta convertirse en gritos que responden al frenesí de las embestidas…

Draco se puso de pie en un intento absurdo por abrir las ventanas, antes de recordar que se encontraba en un edificio bajo tierra. Maldijo el cielo despejado que relucía en el vidrio por encantamiento, con las sienes cubiertas del sudor de su súbito acaloramiento. Se sentía realmente paranoico, porque independientemente del inevitable aceleramiento de pulso, esos recuerdos solamente cernían sobre él el peso de la culpabilidad, el remordimiento de haber tomado para sí algo que no le correspondía.

Y encima, algo infinitamente preciado, invaluable.

Nunca había sido realmente consciente de esto hasta ese momento, el momento en el que pudo sentirlo con su propio cuerpo. El candor que emanaba de su piel húmeda, la pureza de cada uno de sus movimientos, la inocencia con la que se entregó a su voluntad, confiando completamente en él. Cediéndole paso al lugar más recóndito en el que nadie había estado jamás, permitiéndole inaugurarlo sin haberse ganado antes el derecho de hacerlo. Como premio a su cobarde artimaña.

Y no fue sino hasta que la sintió temblar y desvanecerse entre sus brazos, rendida y desarmada, que el desprecio empezó a arder con cada fluido que se resbalaba entre la vellosidad. Con cada latido del agonizante bulto de sangre perpetrador de la fechoría, manchado apenas perceptiblemente con la huella carmesí de su delito. Nuevamente se había sentido como un chiquillo estudiante de Hogwarts, cuando por primera vez tuvo que salir del amparo de la túnica de su padre y rendirse cuentas a sí mismo por cada uno de sus actos.

Cuando por primera vez conoció algo mucho más grande que la desleal arrogancia que le habían inculcado, en los llameantes ojos verdes de un odiado rival y después, en la fiera mirada avellana de una subestimada condiscípula. Cuando se sintió desprotegido por primera vez y los paradigmas de lo que él creía conocer se desmoronaron frente a sus incrédulos ojos. Cuando por fin pudo ser consciente -forzado a ocupar el otro lado de la moneda- de todo lo que había hecho, ciego por su propia perspectiva de aristócrata malcriado.

Lanzó los pergaminos al escritorio maldiciendo por lo bajo a su madre sobreprotectora, en busca de un culpable apócrifo sobre el cual volcar el peso de su consciencia. Tenía una cara de cansancio como si le hubieran caído diez años encima cuando la secretaria lo vio cruzando el pasillo rumbo al baño. Le dirigió una sonrisa desganada y asintiendo en un gesto de camaradería fingido, prosiguió el camino con la misma expresión de cuarentón amargado.

- No nos levantamos de buen humor esta mañana, ¿eh?- la voz burlona de uno de sus amigos llegó hasta él cuando trataba de ahogarse en un lavabo lleno de agua.

- Piérdete, Blaise- volvió a hundirse hasta los oídos en el líquido tratando de ahogar en él la risa del muchacho que salía del baño.

Liberó el hechizo que retenía el agua estancada en el lavamanos y cuando ésta fluyó por el desagüe, salió del lugar con las gotas aún resbalando por su cara. Caminó como alma en pena hasta el área de empleados, en la que entró dispuesto a prepararse una taza de té de belladona que le calmara los nervios. Sin embargo, eso era lo último que iba a ocurrir, pues ahí en medio del recinto vacío, estaba la chica de cabello esponjado tomando tranquilamente un vaso de jugo de calabaza.

La reacción fue mutua, nervioso sobresalto. Y después, evasiva incomodidad.

Hermione bajó los ojos al líquido anaranjado que llenaba su vaso, jugueteando nerviosamente con los dedos alrededor de él. Había pasado toda la semana evadiendo el momento en el que tuviera que decidir qué era lo que la hacía sentir todo lo que pasó, desplazando las cavilaciones por otros asuntos de 'mayor importancia'. Y ahora que estaba frente a él, se daba cuenta de que no podía postergarlo un segundo más, no porque fuera imposible ignorarlo y actuar como si nada pasara, sino porque ya no quería hacerlo.

- Hola- saludó tímidamente, lanzándole una mirada que volvió a caer en picada hacia el vaso de jugo casi instantáneamente.

- Granger- murmuró guturalmente, como si no sintiera nada al verla, aunque en realidad le dolían todos los músculos de tan tenso que estaba.

El silencio era realmente incómodo, y los dos comenzaban a sentirse abochornados por quedarse completamente quietos de esa forma tan absurda.

- ¿Qué fue eso?- no necesitaba explicar más, estaba segura de que él entendía bien a qué se refería.

- ¿Qué crees tú que fue?- se puso a la defensiva de inmediato, no soportaría que ella le reclamara, no cuando se sentía tan ruin.

- …- ella no respondió, solamente se encorvó un poco más como si quisiera desaparecer, comenzaba a sentirse tan tonta.

- Exacto- sonrió de medio lado, y como la serpiente que era, huyó de la forma más cobarde.

Prácticamente voló a su despacho, escondiéndose por si la chica cambiaba de opinión y decidía ir tras él para echarle en cara que se había aprovechado de ella. Que la había engañado y utilizado para luego desecharla como basura. Pero sabía que no era así, ella no lo culpaba, se culpaba a sí misma y lo peor de todo: estaba arrepentida. Se dio un golpe en la frente ¡Por supuesto que estaba arrepentida, grandísimo animal! Se había dejado llevar por la impotencia de sentirse rechazada y se le había hecho fácil entregarse al primero que le mostró un poco de aceptación.

Pero sólo había sido por debilidad.

Draco le dio un puñetazo a la pared y luego se dejó caer hasta el piso deslizándose por la piedra helada, dejando marcada su trayectoria vertical con la sangre de sus nudillos. Había ido demasiado lejos y ahora lo único que podía hacer por ella era alejarse, desaparecer de su vida con la esperanza de llevarse con él el recuerdo que la atormentaba, hasta que el mismo tiempo lo convirtiera en una visión incierta, dándole la posibilidad de catalogarla como tan sólo un mal sueño.

Y tal vez entonces, ella podría perdonarse… y perdonarlo a él…

Hermione se quedó unos minutos más en el área de empleados, sin saber qué hacer. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, cayendo sobre el espeso contenido anaranjado de su vaso, sin que supiera realmente por qué se sentía así. Había estado muy confundida, por lo que intentó no pensar en eso, enfrascándose en el trabajo como siempre que las cosas se salían de control. Pero ya no podía seguir actuando así, no podía seguir eludiendo sus problemas, guardándolos en un cajón con el letrero de 'pendiente'.

No podía seguir dejando las cosas para después… porque tal vez… llegaría un momento en el que ya no existiría ningún 'después' y entonces todas las cosas de las que rehuyó durante toda su vida caerían encima de ella aplastándola inevitablemente. Tenía que enfrentarlas una a una, para que no se le amontonaran y le fuera realmente imposible lidiar con ellas. Eso había decidido durante los segundos que vio a Draco Malfoy entrar distraídamente al área de empleados, en los instantes que tardó en darse cuenta de que ella también estaba ahí.

Por eso le había hablado, por eso llegó hasta el extremo de utilizar una pregunta tonta y desesperada. No había importado, tampoco había importado lo que él pudiera pensar de ella en ese momento, lo único que importaba era no perder esa oportunidad. Y entonces, había sentido pánico, pánico al darse cuenta de lo que ella habría respondido a su propia pregunta. ¿Qué fue eso? No necesitaba saberlo, Hermione sabía bien lo que había sido, pero necesitaba saber qué era lo que significó para él.

Nada.

No precisó siquiera decirlo con palabras, el mismo silencio de la muchacha de ojos cafés fue suficiente, junto con esa sonrisa. Hasta para eso era astuto, para hacerle ver de la forma más humillante que había caído en su trampa como toda una estúpida. Nada de lo que le había dicho fue verdad, le había mentido para engatusarla y ahora que lo había logrado no tenía el menor interés en ella, la desechó como el juguete que se rompió en el juego y no se le tiene el suficiente cariño como para intentar repararlo.

Y lo peor del caso es que no sabía exactamente cómo la hacía sentir todo eso.

Claramente estaba enojada y se sentía ultrajada, que era lo más obvio dada la situación. Pero tampoco podría decirse que eso fuera lo único. Inclusive tampoco se arrepentía del todo, porque si de algo estaba segura, era que lo había hecho porque había querido y aunque no fue precisamente por amor, había sido al menos por algo que nunca antes había sentido, ni siquiera con Ron… Ron… y precisamente en ese instante se daba cuenta de que lo último que pasó por su cabeza había sido Ron.

Primero la certeza de haber encontrado algo más, algo que la completaba, algo que parecía haber estado buscando toda su vida, la dulce liberación, la perfecta compenetración… la confianza total de ser ella misma sin temor, sin represión, sin que la otra persona pretendiera cambiarla para que fuera alguien más, la historia encantada, el sueño de hadas y la cursilería de las almas gemelas materializada de la forma más inesperada… alguien especialmente para ella, que la quería por ser Hermione Granger, y nadie más.

Después, la planeación infantil de un futuro que se entretejía con sus fantasías… una secuencia de imágenes que al juntarse revelaban el fluido desarrollo de una tierna relación que tímidamente avanzaba, sin prisas, de forma natural, tenían todo el tiempo para irse conociendo, descubriendo paso a paso todas las cosas que conformaban sus esencias… intereses, anhelos, fobias, defectos y virtudes, habilidades y flaquezas, las cosas que les gustaban y las que no… todo, todo…

Y entonces, la inseguridad de las represalias por parte del medio en el que Draco se movía. La familia, sobre todo, jamás la aceptaría y no estaba segura de si el rubio estaba dispuesto a contradecirlos por eso. Claro que ahora ya no importaba, puesto que a él no le interesaba la pequeña muggle-born en lo absoluto. Aunque resultaba alarmante el hecho de que ni siquiera a esas alturas hubiera pensado en Ron ¡Incluso había pensado primero en Lucius y Narcissa Malfoy antes que en Ron!

Ron, quien incluso había ido a disculparse al día siguiente, con un gran ramo de rosas que no lograron borrar el ceño fruncido de la abatida sabelotodo, ni tampoco arrancar de sus labios alguna palabra. Pero el pelirrojo se lo había atribuido todo a las hirientes palabras que le había dicho el día anterior y ahora Hermione se lo agradecía en silencio. Le agradecía en silencio no haber intentado devolverla a la realidad en ese momento, porque tal vez le habría dicho cosas de las que se estaría arrepintiendo después.

Pero ya no había necesidad de decirle nada, hacerlo solamente complicaría más las cosas. Hermione se terminó el jugo de un solo trago y se puso de pie con una sonrisa que ocultaba a la perfección su destrozado corazón. Después de todo siempre había sido buena para mantenerse ecuánime a pesar de sus tristezas y aparentar frente a todos que todo estaba bien. Tal vez pasaría de nuevo por esa tienda de lencería y escogería algún modelito que no estuviera demasiado atrevido…

- Ron va a estar encantado- se dijo para sí misma con una sonrisa, tratando de darse ánimos para seguir adelante.

Porque si algo había aprendido de todo eso era que no podía quedarse sentada de brazos dejando que la vida se le fuera por los caminos hacia donde la arrastrara el viento. Era hora de empezar a actuar, de tomar un rol más activo dentro de su propia vida. Incluso le sonrió a Draco cuando se cruzó con él de salida al edificio, no había rencores, solamente un error del cual estaba dispuesta a aprender…

El rubio se quedó perplejo mientras veía a Hermione alejarse hacia las calles muggles de Londres. Ella le había sonreído. Ya había empezado a superarlo, cumplía con su parte, y ahora él debía cumplir con la suya. Suspiró medio aliviado, medio resignado y sin reparar en la mirada triste con la que se habían vestido sus grises pupilas, tratando de no mirar hacia atrás, empezó a caminar en dirección contraria a la que tomó la muggle-born.


Notas de la autora:

¡Holaa! Bueno, creo que les debo una explicación. Como bien dice Madie (y me encantó leerlo, he de confesar) esta historia es un tanto caótica. El orden de los capítulos está alterado, situándose el primer recorte en el tercer año de Hogwarts, cuando sucede lo de la cachetada por el problema con el hipogriff, de ahí seguirían los recortes 3 y 5 que los estoy utilizando como apoyo para dar un panorama general de cómo estaba la situación antes de empezar el fic. Y la verdadera trama del fic sucede en los recortes 2,4 y 6 que son los que van consecutivos y son cronológicamente posteriores.

Hasta aquí sería el final, tentativamente.

Pero como se me hizo muy triste para un Dramione (y por cierto, mi primero) pues me ganó el corazón de pollo e hice una secuela de tres recortes más, que serán el 7 y el 9 consecutivos, con un 8 de intermedio que cronológicamente se ubicará antes del 7.

¿Por qué tan caótico? Supongo que solamente quería experimentar un poco ^^

Gracias por los reviews y les invito también a visitar la página de los fanarts cuya dirección pueden encontrar en mi profile, un abrazo a todos y gracias por leer,

LunaGitana

P.D. Ya sé que ya me pasé del límite de longitud de notas de autora pero Edna, me morí de la risa por tu review, muchas gracias, me habría gustado contestártelo como se debe, pero no me dejaste dirección... en fin, saludos.