Recorte 7 Cambio de Planes
"¿Estoy completamente solo en el universo?"
Lanzó el camisón a la cama negando enérgicamente con la cabeza.
No sabía por qué demonios lo había comprado.
No sabía por qué demonios intentaba aferrarse a esa relación decadente que ya ni siquiera le despertaba alguna emoción. Todo ese tiempo que había creído estar enamorada se había ido por la coladera en una noche en la que descubrió que había vivido en un estado de semiinconsciencia permanente. Y lo peor de todo era que había tenido que pasar por esa bochornosa escena en el restaurante más lujoso que conocía para poder darle fin a su silencioso tormento.
Ron le había pedido matrimonio.
Le había ofrecido una vida tranquila, con dos hijos -posiblemente un niño y una niña-, una linda casa y un auto muggle, para el cual incluso se había ofrecido a sacarse una licencia de conducir, ¡como si él realmente fuera capaz de pasar la prueba de manejo! Pero a ella le había sido imposible imaginarse el cuadro pintado con los bellos colores alegres y vivos de la ilusa futura esposa mientras escuchaba la voz del pelirrojo. Lo único que había podido vislumbrar dentro de su cabeza era una interminable monotonía en tonos azulados grisáceos… que le recordaba tanto a esas pupilas.
No podían mentir, ¿cierto?
Los ojos no podían mentir. Y entonces, aún escuchando la lejana monserga homogénea y sin poder ver el rostro pecoso que estaba frente a ella se había encontrado tratando de convencerse de algo que sabía de antemano completamente absurdo. Después de casi dos meses del infeliz desenlace de su única aventura amorosa, todavía presentaba cierta renuencia a aceptarlo, y una tonta esperanza en su pecho se negaba torpemente a morir. Pero más que eso, pese a que se ignoraban por completo si se cruzaban en el ministerio, parecía no poder terminar de asimilarlo.
Y como la primera vez, los pensamientos referentes a Ron volvían a trasladarse a un segundo o hasta un tercer plano.
***
En la mansión Malfoy, un delgaducho y oscuro elfo doméstico recogía los restos de la cena casi intacta de la mesa, mientras Narcissa corría apresurada escaleras arriba tras su malhumorado hijo. En la planta alta, la puerta de la habitación se cerró pesadamente en sus narices cortándole el paso. Resopló sin saber si irritarse o preocuparse, mientras golpeaba la madera suavemente con los nudillos. Lo cierto era que últimamente Draco tenía un humor de los mil demonios todo el tiempo, se encerraba en su cuarto más que de costumbre y casi cualquier cosa lo hacía explotar en frustración.
- Cariño- lo llamó suavemente-, entiende, por favor.
Silencio.
- Draco, cielo- insistió la mujer-, tienes que ser razonable.
Volvió a llamar a la puerta enérgicamente, pero en el último golpe, sus nudillos se fueron de largo hacia delante y el rostro frío de su hijo apareció frente a ella. Narcissa Malfoy se quedó atónita un momento, reparando en lo alto y fornido que se había vuelto su hijo al pasar la adolescencia, tanto, que para verlo a los ojos tenía que alzar la cabeza.
- Soy razonable, madre- respondió en una voz neutra-. Dije que no quiero y no lo haré, fin de la discusión.
- Draco- detuvo la puerta con la mano para evitar que el aludido se la volviera a cerrar en la cara y su tono se tornó severo-, ésa es una decisión que no te corresponde a ti.
- ¿No me corresponde?- la encaró con incredulidad-, ¿decidir si quiero casarme con Astoria Greengrass, es algo que no me corresponde?
- Hijo, escúchame con atención. Le rogué a tu padre que me dejara hablar de esto contigo, sabes que él será mucho menos condescendiente…
- Gracias, madre- la cortó en medio del enunciado y después le volvió a cerrar la puerta en las narices sin esperar a que dejara de hablar por completo.
Se sentía furioso.
Toda su vida había sido controlada por su padre desde el inicio. Había elegido su colegio, su casa en Hogwarts, sus O.W.L. y sus N.E.W.T. para posteriormente decidir que tendría un puesto en el ministerio y hasta había trazado la trayectoria que seguiría en su ascenso hasta convertirse en su sucesor. Todo había sido planeado por él, preparado y dispuesto por su sabia mano, moviendo contactos y cobrando favores para guiarlo por el camino que él habría querido seguir en su juventud. Pero a la vez siguiendo el mismo patrón con el que lo había criado su propio padre.
Y como si eso no fuera suficiente, ahora se sentía con el completo derecho de decidir cuándo y con quién debía casarse.
Astoria Greengrass.
La había visto si acaso un par de veces en alguna reunión aristocrática de aquellas que tanto enloquecían a Lucius. Solamente de lejos y sin haberle tomado mucha importancia. Sabía que era la hermana menor de Daphne, con la que apenas habría intercambiado unas cuantas palabras durante sus días de estudio en la casa de Slytherin por tratarse de alguna amiga de Pansy. Pero ciertamente a ninguna de ellas les había prestado demasiada atención y por lo tanto resultaba ridículo que le plantearan el matrimonio sin ninguna clase de fundamento lógico.
Y entonces se encontraba de nuevo frente a esa pequeña puerta de su memoria cuya llave no se había atrevido a lanzar por la ventana de la torre más alta de los recuerdos. Por indecisión, por cobardía, por nostalgia o por algo cuyo significado desconocía. El punto era que la llave seguía ahí, apretada en su mano con tanta fuerza que casi se podría hacer un duplicado con las marcas en su palma. Observando la puertecilla fijamente como si esperara atravesarla con la mirada y al mismo tiempo tratando de mantener encerrados -a fuerza de concentración- a los fantasmas que sabía que estaban al otro lado.
Hermione Granger.
Un recuerdo que no había podido enterrar. Aunque no era como si realmente lo hubiese intentado con demasiado ahínco y era eso precisamente lo que había deteriorado tanto su estado de ánimo. Era frustrante para él darse cuenta de que desde un principio ella había estado demasiado presente dentro de sus pensamientos para su propio bien. Sin darse cuenta la observaba, sin darse cuenta, la recordaba y ahora que había estado tan cerca de ella, tan dentro de ella, sin darse cuenta, también la sentía. Aunque ella considerara que todo eso había sido un error.
Por eso tenía que recordarla.
Tenía que aferrarse a ese recuerdo con todas sus fuerzas, guardarlo tras esa puerta, protegerlo del desgaste constante del tiempo, de las miradas curiosas, de su propia insistencia por rememorarlo. Tenía que conservarlo para que no se perdiera en el abismo del olvido en el que Hermione lo refundía con vergüenza, mantenerlo vivo, por los dos. Solamente que había ocasiones como ésa en la que el impulso de echar un vistazo era más fuerte que él, y sin proponérselo se transportaba a través de sus enmarañados caminos mentales hasta el lugar donde el recuerdo reposaba tranquilamente.
Y como todas aquellas veces, respiraba hondo y recobraba la calma al sentir la metálica posibilidad incrustándose en su carne. Y muy lentamente, como si se tratase de una neblina densa que se va evaporando al calor del sol, la puerta se desvanecía frente a él y se encontraba mirando el empolvado candelabro que colgaba del techo carcomido por la humedad. Y todos los paisajes que le habían parecido tan nítidos delineados por la sombra de su imaginación, ahora volvían a verse como simples manchas polvorientas de salitre inanimado…
"Aquí voy otra vez, me prometí a mí mismo que no pensaría en ti el día de hoy."
La pantalla cambiaba de imagen con un flash causado por cada botón que presionaba distraídamente en el control remoto. Rostros y figuras desfilaban frente a sus ojos sin causar ningún efecto, su mente estaba en modo automático mientras su dedo índice ejercía presión de manera autómata. Se detuvo sin ninguna razón en un canal sin importancia, sin reaccionar ante el rostro compungido de un reconocido artista muggle que ocupaba el primer plano en la pantalla. Viéndolo sin realmente verlo.
- 'You complete me'- llegó hasta ella la voz temblorosa y pausada del actor.
- 'Oh, shut up!'- le respondió la actriz con ojos llorosos- . 'You got me at hello'
Tú me completas. Una frase tan simple, tan corta y tan hueca, cuyo significado solamente adquiría valor al respaldarse en la situación, apoyándose en esa visión ilusa de quien está cegado por los sentimientos. Desde un punto de vista analítico resultaba ser tan sólo un cliché y al mismo tiempo la síntesis de una realidad desgastada a fuerza de repeticiones, pero no por eso menos verídica. Y pese a ello, en su rostro no había nada más que frialdad, viendo una escena que en un pasado no muy lejano la pudo haber hecho llorar, pero que ahora le parecían sólo distantes fantasías irreales.
- ¡Hermione Granger!- el grito rasposo y arrastrado llegó hasta su ventana en el tercer piso del edificio-. ¡¡Te amooooo!!
La aludida frunció el ceño y se quedó como estaba, desparramada en el sofá con la mirada vacía fija en el televisor. Iluminada con los destellos azulados de la pantalla, mientras que el resto de la pequeña salita estaba sumida en las tinieblas. Escuchó los berridos un par de veces más, cada vez más salpicados del aliento alcohólico y el sollozo berrinchudo de un ebrio impertinente. Apagó la televisión cuando el volumen de los bramidos se volvió demasiado molesto y se levantó con un bufido de fastidio, esa escena realmente se le estaba convirtiendo en una costumbre.
- ¡Basta ya!- respondió asomando medio cuerpo por la ventana-. ¡Vas a despertar a todos los vecinos!
- ¡¡No me importaaaaaa!!- bramó tambaleándose mientras sostenía una botella de firewhiskey-, ¡quiero gritarte que te amooooooo!
- Lo escuché las primeras quince veces…- suspiró ella con sarcasmo, apoyando la barbilla sobre su mano.
- ¡Por favor, Hermione!- balbuceó abrazándose al poste de luz para no caerse-, ¡dame otra oportunidad!
- Estás borracho, Ron- soltó la chica con una mezcla de cansancio y desprecio-. Vete a casa.
- ¡Hermioneeee!- rugió sacudiéndose frenéticamente a modo de berrinche mientras la ventana se cerraba.
La chica de cabello enmarañado regresó pesadamente al hueco que aún estaba en el sofá, con la forma de su cuerpo y se acomodó en él. Estuvo en silencio unos minutos, mirando su reflejo en la pantalla gris, hasta que la voz de su exnovio logró atravesar el cristal de la ventana cerrada. Encendió el televisor en el mismo canal en el que estaban pasando los créditos de la película que había captado su atención y subió el volumen para no escuchar su nombre desgarrado de las cuerdas vocales del borracho pelirrojo que sollozaba frente a su puerta.
"Es sólo que en cualquier parte que voy, todos los edificios saben tu nombre."
Draco se acomodó el cuello de la gabardina de modo que le cubriera la mitad del rostro mientras caminaba por las calles muggles de Londres, cerca del derruido inmueble que ocultaba el ministerio de magia. Recorriendo el camino que muchas veces había seguido sin querer aceptar que intentaba prolongar aunque fuera unos segundos el tiempo que dedicaba a contemplar de lejos la figura de la antigua ñoña dientona de Hogwarts. Ahora lo entendía, todo lo que en ese entonces se empeñaba en no ver.
La antipatía por el pobretón cara-de-cráter había sido solamente una excusa. En sí, esa misma aversión era la simple consecuencia natural del sentimiento que albergaba hacia la novia de cabello castaño. Y era precisamente por eso que le resultó tan fácil volcarla en una supuesta broma que le serviría de artimaña para poder acercarse a ella. Fue tan cómodo. Fácil, divertido y sin la responsabilidad de tener que admitir que realmente quería hacerlo, la coartada perfecta que además se ajustaba a su carácter burlesco y su reputación de casanova.
A veces realmente se sorprendía de su propio ingenio.
Pero lo que sí resultaba prácticamente incongruente era la fluidez con la que la cuestión de la sangre se había esfumado del cajón de los obstáculos. En ningún momento se detuvo a pensar en que sus manos se mancharían al tocar a una pequeña mudblood. Tal era su necesidad por sentir esa prohibida piel quemándole bajo las yemas aún en los pensamientos. Y tal ahora era su necesidad de expresar todo aquello que llevaba demasiado tiempo ahogado en el pecho, que al levantar la mirada se encontró precisamente con el edificio en el que vivía Hermione Granger frente a él.
Draco sonrió con ironía.
"Aquí voy otra vez, me prometí a mí mismo que no pensaría en ti esta noche."
…
"Pero ahora estoy parado frente a tu puerta, gritando tu nombre porque ya no puedo más."
Notas de la autora
Perdón por la tardanza, espero que mi castigo no sea el látigo de sus silencios, jeje.
LunaGitana
