Recorte 8 Confesiones

"No Es Que Sea El Alcohol La Mejor Medicina"

Azotó el tarro vacío sobre la barra, exigiendo un segundo trago con la voz rasposa.

Estaba ebrio.

Completamente ebrio, perdido y mareado, pero aún así no era suficiente para ahogar su decepción. Su furia, su asco, su contradicción. Porque aunque no comprendía, aunque no perdonaba, tampoco quería dejarla ir. Y a pesar de que ella había sido la de la traición, a pesar de que él portaba esa daga clavada en la espalda, era él quien había estado detrás de ella toda la semana, anhelando, deseando, buscando una oportunidad para hacerle ver que todavía no se había perdido su futuro.

Ese futuro que, al parecer, él había estado planeando solo. Un futuro que había sido anhelado solamente por él, sin saber que la otra parte que lo conformaba hacía otros planes. Por eso había optado por la salida más típica, incapaz de ver por sí mismo las opciones y se había hundido en el bar más cercano, cayendo lo suficientemente bajo como para emborracharse con cerveza muggle. Para sentirla más cerca, estando en contacto con su mundo, el mundo que nunca se había molestado por conocer. Y al estar ella presente en el líquido dorado, solamente alimentaba su necesidad por perderse más en el alcohol.

- No quería acostarse conmigo- susurró con la mejilla apoyada en la pegajosa barra, viendo el bar a través del vaso que le acababan de llenar-, no estaba lista, me decía…

El cantinero asentó la botella de cerveza junto al vaso y se retiró con indiferencia mientras el pecoso reía.

- 'Te fui infiel', me dijo, aunque por más que se lo pregunté, nunca dijo el nombre de ese maldito cabrón.

Subió la cabeza lo suficiente para apoyar los dientes en el borde del vaso e intentó sorber el líquido sin moverse de su posición, alcanzando apenas a remojar los labios por encima de la superficie.

- No le grité, tampoco la insulté, aunque hubiera sido lo más lógico- sonrió bobamente-. Ella se veía tan triste… que yo sabía que estaba arrepentida.

El cantinero estaba sentado en el extremo opuesto de la barra, secando con un trapo los vasos recién lavados y sin prestar la menor atención al monólogo del joven Weasley.

- Yo sabía que estaba arrepentida, pero me quedé serio para que creyera que estaba enojado- se incorporó en el asiento, parpadeando pesadamente-. La iba a hacer sufrir unos días para que no lo volviera a hacer.

Movió la cabeza negativamente y miró su vaso de un modo miserable unos segundos antes de llevárselo a la boca y bebérselo de un solo trago.

- Pero ella dijo 'Ron, quiero romper nuestro noviazgo'- intentó imitar la voz femenina con un falsete desafinado-, me dijo que no estaba funcionando, que era infeliz… ¡¿Cómo diablos iba yo a saber que era infeliz si siempre estaba sonriendo?! ¡¡¿Cómoo?!!- aporreó el puño contra la barra.

El camarero volteó a verlo con su misma inexpresividad del principio, mientras Ron, con el rostro colorado, le sostenía una mirada retadora como exigiéndole una respuesta. El hombre solamente volvió a su labor como si no lo hubiera escuchado y el pecoso reanudó el discurso sin tomarle importancia al hecho de que lo estuvieran ignorando.

- Se disculpó, sí, al final se disculpó- asintió enérgicamente como si quisiera convencer a un dudoso oyente-. No quería hacerme daño, dijo, nunca fue su intención lastimarme, las cosas simplemente se dieron así…

- ¡Ron!- el aludido alzó la cabeza para ver quién lo llamaba, irritado por haber sido interrumpido en medio de su relato-, ¿qué estás haciendo aquí?

- ¡Harry, hermano!- abrió los brazos en un ademán de bienvenida-, ven a tomarte unas copas conmigo.

- ¿Por qué te desapareciste así?- lo regañó zarandeándolo de un hombro-, todos en 'the Burrow' están muy preocupados por ti.

- Me dijo que yo no me intereso por ella- farfulló con los ojos vidriosos-, que ya no me preocupo por las cosas que a ella le interesan.

- Vamos, Ron- suspiró con cansancio, sentándose junto a él-. No me digas que es por Hermione… "otra vez"- bufó en su pensamiento.

- Que hacía tanto tiempo que no le decía que…- se quedó inmóvil, con la mirada perdida-, ¿sabes que hacía mucho tiempo que no le decía lo hermosa que es, Harry? ¿Verdad que es hermosa? ¿Cómo podría no decírselo, Harry?

- Deberías ir a casa, hombre- insistió el chico de las gafas, sentándose a su lado-. "No sé para qué me molesto en hablarle cuando está así, debería simplemente lanzarle un hechizo aturdidor y después llevarlo levitando hasta la madriguera"- pensó para sí mismo con fastidio.

- Está enamorada de ese imbécil- sentenció Ron hundiendo la nariz en el vaso, de modo que la punta quedaba remojada en el licor-, se mordió el labio cuando se lo pregunté. Siempre se muerde el labio cuando no quiere responder algo.

Harry lo miró un momento, arqueó una ceja y después de mover la cabeza negativamente, soltó un suspiro de resignación y le ordenó una butterbeer al cantinero. Éste se quedó quieto, viéndolo extrañado, pensando que estaba igual de borracho que su amigo y sacó una cerveza muggle barata de la nevera. El chico de ojos verdes sonrió de medio lado ante su propia torpeza y aceptó la bebida sin quejarse. Había pasado demasiado tiempo viviendo en el mundo mágico, desde una edad en la que las bebidas alcohólicas le eran desconocidas, por lo tanto, era lógico que las únicas que conocía no las vendieran en un sitio como ése.

- Le dije que no me importaba- Ron empinó el vaso tratando de apoderarse de la última gota que descansaba en el fondo-, que sabía que lo hizo con Krum y no me importaba, ¡no me importaa!

Harry le lanzó una mirada de incredulidad para luego dirigir su mirada a la bebida que le acababan de servir, acercando el vaso a sus labios con cierto recelo mientras su amigo vociferaba.

- No me importó, así la acepté, ¿por qué tendría que importar ahora?- manoteó al aire grotescamente-. Le dije que la perdonaba, Harry, ¡la perdonaba! Entonces… ¿por qué se fue?

- ¿Tenemos que hablar de esto, Ron?- hizo un gesto por el sabor áspero de la cerveza.

- Pero no quiso volver, ¡no quiso!- dejó rodar el vaso por la barra, con la vibración de su puño aporreándose contra la mugrosa superficie-. Se lo pedí, se lo pedí, ¡se lo pedí! ¡Pero no quiso! ¡No quiso! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué no quiso?! ¡¿POR QUEEÉ?!

- Bueno, ya basta- escupió el trago de líquido amarillento dentro de su mismo vaso y metió la mano al bolsillo en el que guardaba su varita-, "stupefy"- conjuró en su pensamiento.

El pelirrojo cayó como bulto inerte sobre la barra, y Harry ni siquiera se inmutó por el hecho de haberlo hechizado justo en el momento en el que la posición de su cuerpo propiciaría que cayera de boca sobre el vaso. Sacó un billete muggle y lo asentó en la barra, confiando en que sería suficiente para pagar por las bebidas. Observó a su amigo como tratando de buscar alguna otra alternativa hasta que finalmente sintió las miradas concentrándose en ellos, lo agarró como saco y se lo echó al hombro, con el borde del tarro aún marcado en el tabique de su larga nariz.

"Éste va a ser un largo camino de regreso a casa."

Desperté en un lugar desconocido.

Me dolía la cabeza y también el resto del cuerpo. Estaba oscuro, pero podía distinguir la cama de cuatro postes, como la que tenía en Hogwarts. De hecho, todo el lugar me recordaba mucho a la enfermería del castillo y al observar todo detenidamente me di cuenta de que no era un lugar tan desconocido como me había parecido al principio. Ya había estado ahí en un par de ocasiones.

- St. Mungo's- las palabras salieron de mi boca como queriendo liberarse de una prisión que se empeñaba en retenerlas.

¿Qué diantres estaba haciendo yo en St. Mungo's?

Lo último que recordaba era la cara de Harry entrando a la cantina muggle, mirándome, evaporándose frente a mis ojos.

¿Dissaparate?

No, no era eso. No solamente él se esfumó, sino que todo se volvió negro. Fui yo el que quedó inconsciente, ya sea por el exceso de alcohol o por alguna adulteración de la mezcla, pero quedé inconsciente. Suerte que Harry estaba ahí para ayudarme. Seguramente me trajo aquí para que me desintoxiquen, ésas sustancias muggles son más peligrosas de lo que me hubiera imaginado. De ahora en adelante sólo me emborracharé con licor mágico aprobado por el 'Departamento de Salubridad y Control de Calidad en los Productos para Consumo Humano del Ministerio de Magia'.

Wow. Ni siquiera yo me puedo creer que haya sido capaz de recordar todo el nombre completo.

Cuando me di cuenta, ya el cuarto estaba iluminado por la luz del sol que entraba por las ventanas. Todo se veía exageradamente blanco, ¿por qué blanco? Me hace sentir como que estoy en un… en un… maní… maní-come… ¿cómo les decía Hermione? Bueno, como sea, en un lugar de ésos donde guardan a los locos. Una enfermera estaba leyendo unos papeles que había encontrado asentados sobre mi mesita de noche. Me miró de forma extraña, ¿le gusto o qué? Tendré que decirle que tengo novia… no, tenía novia… y pensándolo bien, tal vez podríamos divertirnos un poco.

Me seguía mirando.

No, no es que le guste. Me miraba de una forma diferente, extraña, ¿está asustada? No, pareciera más como preocupada, ¿triste? ¡Demonios! Tanto pensar ya me volvió a dar dolor de cabeza. Me llevé la mano a la sien y entonces me di cuenta de que algo no estaba bien. Estaba rugosa, con pequeñas protuberancias que se esparcían por toda mi cara, y luego esa sensación de escozor que empecé a sentir en cuanto las toqué con los dedos, se esparció por el resto de mi cuerpo. Me miré las manos y comprobé que estaban cubiertas por llagas y bolsitas de pus.

¿Spattergroit?

No, esto lucía mucho peor. Mucho peor que cualquier otra enfermedad que hubiera visto en mi vida, incluso peor que los brotes alérgicos que causaban las pastillas de broma de Fred y George. Había áreas de piel reseca y amoratada, hinchada y blancuzca en otras, granos encima de los granos y huecos húmedos de un líquido sanguinolento, como pequeñas piscinas en miniatura de sangre diluida con pus. Mi otra mano estaba tan abultada que ya no se podía distinguir su forma, delineada con costras y pequeños puntos rojos debajo de la piel amarillenta.

- ¿Qué es lo que me pasa?- exigí aterrorizado.

- Es una rara enfermedad muggle- tragó saliva con dificultad-, los medimagos no saben mucho acerca de ella…

- ¿Voy a morir?- tenía que saberlo, era lo único en lo que pude pensar al ver su cara.

Ella me miró con los labios temblorosos, pero no pudo responder. No sé que significaba eso, nunca he entendido ese lenguaje mudo que utilizan las mujeres, y sobre todo en un momento tan importante como ése, ¡es tan desesperante! Me dejé caer sobre la cama mientras ella murmuraba algo sobre unas siglas… VHS… No, VIH… ¿SIDA? ¿Qué rayos es eso? Seguramente me lo contagiaron en alguno de esos bares muggles a los que tanto iba desde que me dejó Hermione… ¡Malditos cantineros antihigiénicos! Debe haber sido por el trapo sucio con el que secaban los tarros.

- Se adquiere por…- la enfermera se sonrojó, pero a mí eso no me importaba en ese momento.

- Necesito ir al baño- la interrumpí bruscamente para que se diera cuenta de que ella y su plática me daban igual en ese momento.

La chica asintió tratando de recuperar la compostura y se levantó de su silla para guiarme. Intentó ayudarme a bajar de la cama, pero me resistí, adolorido y todo, aún tenía la suficiente dignidad como para ir por mí mismo. Además, el contacto con sus manos solamente haría que me diera más comezón en las llagas. Me quedé un momento frente al espejo, tratando de reconocerme en ese rostro deforme e hinchado que me miraba del otro lado. Si no fuera por que estaba completamente sincronizado con mis movimientos y por los mechones zanahorias que caían sobre la frente, no lo habría creído.

Miré la llave del agua, considerando la posibilidad de lavarme la cara, pero un segundo vistazo a las protuberancias de mis manos me hizo cambiar de opinión. Suspiré resignado y me dirigí hacia el inodoro.

Y entonces lo vi.

O más bien, no lo vi. Levanté la tela del pijama y no lo encontré ahí donde debería estar, ¡¿qué diablos significaba todo eso?! Salí corriendo, presa del pánico y me detuve de golpe frente a la enfermera. Si no hubieran estado así desde un principio, la chica habría notado que las orejas se me habían puesto rojas. No podía gritarle a la cara que había desaparecido una parte tan importante de mi anatomía, no ahí en medio de la habitación donde había más pacientes. Pero ella me miró con tristeza y asintió, no sé por qué lo hizo, o más bien no lo entendí en ese momento.

Realmente tenía ganas de hechizarla con alguna maldición.

- El medimago tuvo que removerlo- confesó abochornada, bajando la vista al suelo-, intentó salvarlo por todos los medios, pero la infección estaba demasiado avanzada.

Y entonces comprendí con horror que lo había perdido desde el primer momento en el que decidí no reservarlo más para Hermione…

"Realmente va a ser un muuuy largo camino de regreso a casa."

- ¡Nooooooooooooooooo!- el grito resonó en la calle vacía, mientras el pelirrojo forcejeaba con el abdomen sobre el hombro de alguien.

- ¡Maldición!- masculló Harry bajando a su amigo al piso-, se suponía que despertarías hasta que llegáramos a tu casa.

- ¿Harry?- incluso la borrachera parecía habérsele bajado-, ¿qué haces aquí, Harry?- preguntó al aire.

Aunque la pregunta estaba dirigida a él, Ron no lo estaba mirando a los ojos, sino que se inspeccionaba las manos y los brazos en busca de algo que no encontraba. Se exploró el rostro con los dedos y sonrió radiante por alguna razón que su mejor amigo no terminó de comprender. Aún así, Harry le devolvió la sonrisa, por lo menos parecía haber vuelto en sí y además, no estaba enfadado por el hechizo. Se encogió de hombros y siguió caminando en busca de un lugar lo suficientemente desierto como para dissaparate sin peligro de que hubiera algún testigo muggle.

- ¿A dónde vas, hermano?- preguntó el pecoso, aún un poco aturdido por el sueño que había tenido.

- 'The Burrow'- replicó el chico de ojos verdes como si fuera lo más obvio del mundo.

- ¡Claro que no!- rió con incredulidad-, tengo que ir a ver a 'Mione… a decirle que la amo- completó con una cara de borrego degollado y después salió corriendo en la dirección opuesta.

A Harry prácticamente se le resbalaron los anteojos por la impresión y después de verlo alejarse durante un rato, movió la cabeza negativamente y salió corriendo detrás de su mejor amigo.


Notas de la autora

Esta vez sí llegué a tiempo, gracias por los reviews (que ahorita voy a responder U^^) y pues no olviden pasarse por la página de los fanarts cuya dirección pueden encontrar en el profile, con la esperanza de que en uno de estos días se me ocurra subir dibujos nuevos.

Gracias por leer y espero seguir recibiendo sus comentarios para ver qué les parece esta historia (que ya nada más queda un capítulo más y se acaba XD), nos leemos en 15 días.

LunaGitana