Recorte 9 Un Mal Epílogo
"The Illusion Of Progress"
El último rastro de vapor se disipó en el aire de otoño. El tren giró en una esquina. La mano de Harry estaba levantada en señal de despedida.
"Va a estar bien," murmuró Ginny.
Cuando Harry la volteó a ver, bajó su mano inconscientemente y tocó la cicatriz con forma de rayo en su frente.
"Sé que lo estará."
La cicatriz no le había dolido a Harry durante diecinueve años. Todo estaba bien.
***
Draco abrió los ojos lentamente mientras la imagen de su antiguo rival tocándose la cicatriz se desvanecía frente a él, abriéndole paso a la imagen del candelabro que colgaba del techo de su habitación. Se quedó un momento observándolo, recostado tranquilamente y descansó el dorso de la mano sobre su propia frente. Una sonrisa de medio lado apareció en su rostro al rememorar algunas de las escenas del sueño que acababa de tener. La estación 9 ¾, el expreso de Hogwarts, pero sobre todo, la sonrisa de Hermione al despedirse de sus hijos.
Un niño y una niña.
El rubio volvió a sonreír, ahora más ampliamente. Rodó sobre el mullido colchón y se tropezó con un cuerpo tibio que respiraba acompasadamente. Rodeó con un brazo la figura esbelta y apoyó suavemente los labios sobre el níveo hombro que se asomaba por la sábana de seda. Sintió a la chica moverse bajo su cuerpo, despertando paulatinamente de su sueño. Los cabellos le rozaron el cuello haciéndole cosquillas cuando ella giró la cabeza para verlo. Sus ojos se encontraron con los de ella, su mujer.
- ¿Qué hora es?- bostezó suavemente la chica, volviendo a hundirse en el colchón.
- ¿Qué importa?- replicó él besándole la frente.
Ella soltó una risita que lo enloqueció cuando sintió la mano masculina deslizarse por debajo de la tela de su bata, dibujando los contornos suaves de su vientre. Se giró para quedar frente a él y rodeándole el cuello con los brazos, se inclinó para besarlo, apretando su cuerpo contra los pectorales desnudos. Y pensar que hasta hacía unos cuantos meses todo aquello le había parecido tan solo una ilusión falsa e inalcanzable, una promesa fantasma que se materializó inesperadamente el día en que alguien distinto a su borracho exnovio se apareció frente a la puerta para romper la pequeña rutina que había tenido que aguantar desde su rompimiento.
Ese día, Draco la había mirado fijamente como si quisiera atravesarla con sus ojos grises. No dijo ninguna palabra mientras ella intentaba encontrar algo que decir, rebuscando entre los desprecios que había preparado para correr a Ron, amontonándose en su boca al reparar en el rostro del rubio. Pero tampoco esperó a que Hermione hablara, simplemente se abalanzó sobre ella, besándola con la hambrienta desesperación de alguien que ha estado en ayuno demasiado tiempo. La estrujó como si quisiera imprimirle sus huellas digitales en la piel y le succionó los labios como si quisiera arrancárselos.
La prisión de los brazos masculinos se ciñó alrededor de ella para evitar que escapara, aunque eso fuera lo último que ella hubiera querido hacer en ese momento. Tardó un par de segundos en reaccionar, y otro par de segundos en devolverle la efusividad multiplicada por tres. Sin detenerse a pensar en qué era lo que estaba pasando, si acaso estaba tan desesperada que sus sentidos la engañaban disfrazando al alcoholizado pelirrojo de un Draco anhelante o si simplemente el rubio había vuelto por una segunda dosis de placer carnal para después volver a desecharla.
Pero inclusive la segunda posibilidad la había tenido sin cuidado por el momento, a tal grado su mundo se había puesto de cabeza.
Lo habría arrastrado hacia el interior del edificio, a su departamento, como lo había hecho la primera vez de no ser porque él se desprendió de ella en cuanto sintió las manos femeninas abrirle el cuello de la túnica. Draco la miró extrañado con una expresión que denotaba que había estado esperando recibir una bofetada. Hermione se inclinó para reanudar el beso pero el rubio retrocedió con el rostro serio. La antigua ñoña de Hogwarts suspiró, el sortilegio momentáneo del impulso hormonal se había roto. Retiró las manos de los hombros masculinos y las ocultó tras su propio cuerpo.
- ¿Qué fue eso?- preguntó el muchacho como un irónico reflejo de su último desenlace.
- ¿Tú qué crees?- ella lo desafió altiva, tratando de disimular el sonrojo de sus mejillas.
Él sonrió de medio lado, apoyando las palmas en la pared del edificio de modo que la chica quedaba apresada en medio de sus brazos. Acercó su rostro al de la muchacha de cabello castaño enmarañado, sosteniendo la mirada que ella le devolvía retadora, sin saber que su ceño fruncido la hacía ver completamente vulnerable, completamente adorable. Los labios volvieron a juntarse, pero esta vez fue sutil, un dulce roce húmedo y fugaz.
- ¿Sabes algo?- susurró rozándole los labios con los suyos-, sea lo que sea, en este momento no me importa.
Ésa vez no había vuelto a cometer el mismo error de la primera, había decidido no echar a perder con palabras lo que podía decirse en un táctil silencio. Y ella pareció entenderlo mejor de esa manera, o si no, no lo hubiera arrastrado hacia su departamento con mucho más ahínco que la primera vez, con una seguridad que no había tenido en ese entonces o tal vez simplemente con la certeza de que todo eso era verdadero. Ya fuera para ambos o solamente para ella, pero era real. Y después de todos esos meses había probado ser lo suficientemente firme como para durar una eternidad.
Claro que habían tenido que superar muchas dificultades, tal como ella lo había previsto en sus fantasiosas especulaciones de enamorada desde la primera vez, empezando por Lucius y Narcissa. Cierto era que hasta la fecha continuaban en desacuerdo, aún con todo y matrimonio de por medio. Pero la incisión en la relación con sus padres y una vida en la que ellos no formaban parte resultó ser un precio insignificante a pagar por la certeza que inundó los ojos color chocolate ante la perspectiva de dar ese paso tan importante. Y nunca ni en sus más ilógicos sueños se habría planteado cambiar unas cuantas visitas a Malfoy Manor por todo lo que tenía en su propia residencia.
No era una gran casona como aquella en la que había crecido, pero a la vez era mucho más de lo que Hermione habría podido esperar. Estaba exactamente en un punto intermedio entre los dos. Neutral.
Y además de eso había seguido lo que era obvio, el enfrentamiento natural contra el testarudo exnovio para hacerle entender que lo suyo ya no tenía vuelta atrás. Ni siquiera había tenido que buscarlo, la noticia de su relación con la chica del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica se esparció tan rápidamente por todo el ministerio que el mismo pelirrojo de ojos azules apareció frente a ellos guiado tal vez por los rumores que escuchó su mejor amigo el héroe de Hogwarts. Llevaban menos de una semana de noviazgo y Ron los encontró justamente cuando salían del trabajo tomados de las manos.
- ¡¿Por él, 'Mione?!- fue lo primero que escupió, mirando con desdén al antiguo Slytherin-, ¿me dejaste por Malfoy?
- Ron, por favor- se interpuso entre los dos chicos que se lanzaban miradas asesinas-, tienes que entender- una súplica de remordimiento nacido de una amistad más profunda que el amor que alguna vez le llegó a tener.
- ¡No, eso sí que no!- sin una gota de alcohol en las venas, se sentía tan borracho de ira que podría hacer cualquier cosa-. ¡Esto es traición!
- Calma, Weasley- tomó a la chica de un hombro para alejarla del despechado muchacho en una actitud protectora. En su voz había un tono tan fríamente ecuánime que enervó aún más al explosivo ojiazul.
- ¡No te metas en esto, cabrón!- con un movimiento brusco le clavó la varita amenazante en el pecho pero casi inmediatamente la soltó al sentir la palma de Hermione estamparse sobre su mejilla.
Ambos chicos la miraron atónitos. Pero Ron fue el primero en salir del trance y le lanzó una mirada dolida.
- ¿P-por qué?- preguntó con la voz quebrada y los ojos imperceptiblemente acuosos.
- Él no tiene la culpa- murmuró amargamente con la vista gacha-, si vas a hechizar a alguien por esto, entonces es a mí a quien tienes que apuntar tu varita.
Ron parpadeó perplejo. Y al verse incapaz de dirigir su odio hacia ella, lo desvió hacia Draco por medio de una mirada colérica. Se sentía derrotado y la impotencia se tornaba en frustración, que después se fue tiñendo lentamente en un recelo que lo orilló a sentirse la víctima, traicionado por el amor de su vida. En un último arrebato intentó visualizar a Hermione como la tirana de la historia, pero el fracaso solamente lo hacía sentirse más inútil. Respiró hondo y metió una mano al bolsillo de su túnica. La chica intentó tomarlo del hombro pero él le apartó la mano de un manotazo antes de que pudiera tocarlo.
Draco dio un paso al frente, dispuesto a defenderla pero el pecoso solamente le lanzó algo a la cara y le dio la espalda para alejarse.
Hermione soltó un gritito más de sobresalto que de dolor y el rubio prefirió ocuparse de ella que seguir a Ron. Cuando repararon en la cajita aterciopelada que había caído al piso tras rebotar en el rostro de la muchacha, ella la reconoció inmediatamente como aquella que el pecoso le había mostrado en el lujoso restaurante y de esa manera comprendió que él había aceptado la derrota. Ése había sido el final. Un final que Draco aún se lamentaba cada vez que veía a la chica suspirar mientras platicaba con Harry, pero en el fondo sabía que no podía haber sido de otra manera.
Y aunque a veces se sentía culpable por haber destruido una relación de tantos años, también esperaba por el bien de ella, que su amistad fuera lo suficientemente fuerte para sobrevivir a todo eso.
Claro que si no lo hacía, tampoco le molestaría demasiado, egoístamente hablando. Pues ése era otro precio que -por lo menos él- también estaba dispuesto a pagar por el presente que ahora tenían.
Intentó levantarse de la cama pero su esposa se le colgó del cuello, impidiéndoselo. Sí. Después de tantas penurias, Hermione Granger se había convertido oficialmente en su mujer. De él. No del petulante pecoso que se había ufanado de ser el supuesto amor de su vida desde la infancia e inclusive había tenido la arrogancia de proyectar un futuro sin el consentimiento de la antigua dientona. Un futuro que irónicamente se había desplegado frente a él por medio de un sueño extraño. Una escena atrapada en una línea temporal truncada de lo que habría sucedido si no se hubiera dejado llevar por lo que parecía un arrebato de sentimientos auténticos.
Él, casado con Astoria Greengrass y ella, con el único miembro descerebrado del famoso trío maravilla. Un pequeño escalofrío le recorrió la espalda y un mareo desconocido le cruzó por la cabeza al recordarlo. A pesar de que había sido un sueño, la imagen del cacarizo abrazando a su esposa frente a dos niños con cabeza de zanahoria le había causado náuseas. Apretó el cuerpo de Hermione contra su pecho para comprobar que era más real que esas grotescas imágenes. Ella le sonrió sin sospechar el trasfondo del gesto y se acercó para volver a besarlo.
- Voy a preparar el desayuno- anunció levantándose de un salto como niña chiquita.
- No tienes que…- inició pero fue silenciado por la mirada reprobatoria de su esposa.
- Sabes bien qué es lo que pienso respecto a los elfos domésticos- espetó firmemente-, además, esto es algo que quiero hacer yo misma.
Volvió a sonreír, desapareciendo de su rostro todo rastro de la expresión severa y salió trotando de la habitación. Draco movió la cabeza negativamente mientras veía su espalda desaparecer detrás de la puerta con la maraña de estambres castaños revoloteando detrás de ella. Sin duda, era precisamente su sencillez lo que más le aturdía de esa chica, además de la energía casi infantil con la que emprendía cada tarea que se le metía en la cabeza y de la cual nunca había podido sacarla. Pero eso no importaba, el hecho de que quisiera prepararle personalmente la comida también lo hacía sentir afortunado.
Un agudo chillido de sobresalto proveniente de la cocina lo hizo arquear una ceja.
Seguidamente llegó el eco de un estruendo metálico de ollas y sartenes cayendo al suelo. Lo que menos entendía era por qué se había empeñado en hacerlo todo al más puro estilo muggle. Draco suprimió una risita y suspirando, recogió su varita de la mesa de noche, se destapó lanzando las sábanas al otro lado de la cama y salió de la habitación dispuesto a rescatar a su esposa de la aterradora misión de preparar el primer desayuno de recién casada.
Notas de la autora
¡Hola! ¿Qué les pareció? Finalmente ha llegado el último capítulo de este fic y como siempre que eso pasa, pues llega el sentimiento agridulce. Quiero agradecer a todas aquellas personas que se tomaron el tiempo de mandarme reviews y hacerme llegar sus opiniones, especialmente a MadelineGiovani y Giselle Lestrange que han seguido fielmente este fic desde sus inicios, ha sido un placer compartir esta historia con ustedes chicas, sin hacer menos a los demás, claro está, que sin todos ustedes, nada de lo que he escrito tendría sentido, jeje. Mención especial para Jos Black, que amablemente recomendó el álbum de "Illusion of progress" para soundtrack oficial del fic y del cual he tomado el nombre para subtítulo de este último capítulo (los créditos van para ella XD).
Y también -aunque no la he visto mucho por aquí- a Solitary Psycho, mi mánayer querida y la responsable directa de que este fic haya sido publicado aquí... que por cierto el capítulo anterior estaba dedicado a ella pero se me olvidó ponerlo U^^
Espero no haber olvidado nada, ya saben, visiten la página de los fanarts (cuya dirección pueden encontrar en el profile) y sigan visitándome de vez en cuando, próximamente habrá nuevos fics ^_^
Un abrazo,
LunaGitana
