Yukinu: Bueno, como le dije a la autora que la traduciría tal cual, os dejo el aviso que dio ella, y pronto tendré traducido el segundo capítulo *-*
Muy bien, ya veo que parece que a todos vosotros os gusta esto lo suficiente como para seguirlo a pesar de que ya lo había dado por finalizado, de modo que me imaginé cuanto os gustaría saber que habrá una secuela llamada "Confesión obstinada". Todavía no estoy segura de dónde me llevará, pero habrá muchas más perversiones por venir (nunca mejor dicho) y he creído conveniente dejaos este pequeño fragmento por si os interesa.
Los dos jugadores de baloncesto habían caído en una especie de rutina desde que hicieron aquella apuesta hace un mes. Jugaban un uno contra uno de baloncesto hasta que el sol se ponía y luego se dirigían a casa de Aomine a ducharse y a realizar unas cuantas rondas de otra versión completa del uno contra uno. Esta vez, ninguno de los chicos podía esperar tanto tiempo y se acababan atacando el uno al otro en cuanto el peliazul abría la puerta principal. Apenas lograban arrastrarse hasta el baño para tener algo de privacidad –ya que no tenían forma de saber, o de preocuparse, si alguien más estaba en casa en ese momento desde que a Satsuki le había dado por aparecer de la nada días al azar– antes de que los pantalones fueran arrancados y el rubor en sus mejillas se propagara.
A/N: Entonces, hacedme saber si esto vale la pena para continuar y ¡me pondré a publicar la secuela por separado tan pronto como pueda!
