Aquella escena parecía abstracta, un Slytherin y una Griffyndor, un sangre pura y una impura, Malfoy y Granger. Cobijados por la oscuridad, frente a frente, sin discutir, sin hablar. Solo sintiendo, solo dejándose llevar por los sentimientos tan ocultos, tan imposibles y sin embargo, completamente reales.

- No puedo dejar que t vayas sin decirte esto. Cuando llegaste te vigilaba porque temía por nuestra seguridad, pensé que nos harías daño.

Draco levanto la mirada, sabia que eso era lo único que mantenía a la chica alerta, el miedo.

- Lo sabia – más no dijo una palabra extra debido a que ella lo callo poniéndole un dedo en los labios...

- Espera, déjame terminar. Se que es una locura lo que diré, pero después ese temor desapareció, ya no te vigilaba, te buscaba solo para verte, para asegurarme de que seguías aquí y no te perdería…

- Eso no puede ser – dijo Draco quitando la pequeña mano de su rostro

- Lo se, ¿crees que no lo se? Imagino que debe ser risible. Una sangre sucia enamorada de un sangre pura, de un Malfoy… por si fuera poco

- ¿Enamorada? Tu… ¿de mi? Es absurdo… – dijo desconcertado, nada mas surrealista se podía esperar de esa noche

Hermione se sintió fatal ante la aseveración del chico y se dispuso a huir del lugar, aunque fuera su propia habitación, pero el se lo impidió.

- Di que mientes – le ordeno el chico

- No…

- Dilo, lo necesito Hermione. Necesito escuchar que eso no es verdad, que tu, la perfecta Gryffindor, no dijo esa estupidez

Draco la abrazaba fuertemente, la embriagaba con su aroma, deseaba no soltarla nunca, fusionarse con ella, para nunca salir de aquel lugar.

- Te quiero Draco Malfoy…aunque te parezca una estupidez…

Fue lo último que Hermione pudo decir antes de que sus labios fueran atrapados por los del chico. Ella le echo los brazos al cuello y el rubio la acerco a el por la cintura. Era un beso intenso, cargado de emoción, dulce, fuerte, inolvidable.

Las manos cobraron vida, acariciando torpemente, como si para ambos aquellas sensaciones fueran novedosas, pero el amor hace inocentes a cualquier lobo. Y eso pasaba allí.

Ella lo arrastro hasta su cama, en la que cientos de veces se imagino con el entre sus brazos, pero la realidad era mucho mejor.

Se sentó en la cama dispuesta a todo por el, mas se quedo esperando.

- Draco, ¿Qué pasa?

- Es hora de irme – contesto sin mas preámbulos

- No… tú no te puedes ir.

- La decisión esta tomada.

Y antes de que otra cosa pudiera pasar, salio de la habitación, tomo su pequeño equipaje y se dirigió a la puerta principal donde ella se encontraba.

- No te vayas – suplico la chica ya sin ningún tipo de pena

- Adiós Hermione

- Por favor – y cayo de rodillas llorando, ante la visión del hombre que amaba abandonando aquella casona, solo el recuerdo de la silueta a contraluz del rubio la acompaño entre sueños por mucho tiempo.

Años después ella definió aquella noche como el momento mas aterrador de su vida, mas aun cuando vio el basilisco por el espejo en segundo año, mas que enfrentarse a gigantes y mas aun que el propio Voldemort en persona.

Porque en los otros momentos siempre estuvo rodeada de personas que la apoyaban y la sacaron adelante, pero aquella noche estaba totalmente sola