Harry recorría el Castillo ya casi vacío, la mayoría de los chicos con los que el empezara su vida colegial se habían quedado, los que restaban habían tomado la decisión de irse junto a los menores.
Habían instalado algunas trampas para los mortífagos y ya estaba empezando la tarde cuando lograron finalizar. Volvieron a la Madriguera en cuanto terminaron, Harry requería de ver a Ginny sana y salva antes de enfrentarse a la realidad funesta que se le venía encima. Deseaba besarla por lo menos una vez. Al llegar los recibieron con una deliciosa cena al estilo Weasley, se sentaron a la mesa después de avisarle a Hermione mintiendo de nuevo en sus paraderos. Terminaron en silencio y Ginny llevo su plato al fregadero dejándolo caer más fuerte de la cuenta, subió a su habitación rápidamente y azoto la puerta.
- Está enfadada por no ir mañana pero, es mejor así. Solo espero que volvamos bien para hacer las paces – dijo la señora Weasley rompiendo en llanto ante la sola idea de que algo malo le sucediera a su familia.
- Voy a tratar de hablar con ella- se ofreció Harry subiendo las escaleras dejando a la familia en su momento intimo.
Toco la puerta delicadamente y la chica respondió exigiendo que la dejaran en paz. Su voz se escuchaba extraña como si estuviese llorando.
- Ginny abre, soy Harry
- Vete, no quiero ver a nadie – le grito ella desde adentro
- Por favor Ginny… necesito verte antes de irme. Quiero decirte algo…
La chica no dijo nada en ese momento, de pronto unos pasos suaves se escucharon y la puerta se abrió lentamente. Harry entro y la miro recostada en su cama, dándole la espalda. El chico se adelanto hacia ella y se sentó en el borde de la cama, su mano derecha se movió sola hacia el cabello de ella que estaba regado en la almohada y lo acaricio.
- Ginny, no te portes así, esto es muy difícil para ellos.
- También lo es para mí, ¿Qué crees que siento Harry? Ustedes van a enfrentarse a ese maldito mientras yo me quedo así sin hacer nada.
- ¿Qué es lo que quisieras hacer?
- Pelear con ustedes, ¡Luchar junto a mi familia! Protegerlos… y también a ti. Me angustia pensar que podrían… - se interrumpió a si misma ante la sola mención.
- Nada va a pasar – le dijo dulcemente el chico
- ¡Eso no lo sabes!- replico ya soltando unas traicioneras lagrimas.
Harry acaricio la espalda de la chica, la cual se convulsionaba por el llanto que ahora era imposible de parar.
- Te prometo que los cuidare. Solo no los hagas sentir mal.
Ginny se tranquilizo poco a poco pero siguió enfurruñada sin siquiera mirarlo. El pelinegro encontró junto a la silla un suéter gris que ella solía usar, lo tomo y lo acerco a su rostro, hundiéndolo en él y aspirando su aroma, tratando de grabárselo en la memoria. Tomo aire antes de continuar.
- ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? – le pregunto de pronto y ella respondió con un sonido gutural de aceptación – Nunca hubiera imaginado que esa pequeña niña de cabello rojo se convertiría en la mujer de mi vida – dijo sonriendo por el recuerdo y ante el mutismo de ella continuo- Ginny te amo, por favor nunca dudes de eso. Yo siempre he…
Antes de que pudiera decir una palabra más, la chica se sentó de golpe en la cama y cubrió la boca de Harry con su mano cálida.
- ¡NO!- exclamo mientras la miraba con los ojos enrojecidos y abiertos de par en par por la conmoción – ¡No hagas eso! – le exigió ella
- ¿Qué? – pregunto Harry confundido tomando su mano
- No te atrevas… ¡no te despidas! – le grito Ginny histérica- Tu vas a volver ¿me entiendes? Vas a regresar sano y salvo, y entonces estaremos juntos y felices, ¡promételo!
- Ginny
- Prométemelo Harry James Potter – le pidió con anhelo y o abrazo fuertemente ante la sorpresa del chico.
Harry la atrajo aun más hacia él como si deseara convertirse en uno mismo con ella, para protegerla en su corazón, para que viviera en su alma. Sabía de sobra que mentía, Voldemort iba por él, y ya no estaba Dumbledore para ayudarle. Era una lucha uno a uno y no estaba seguro de salir victorioso. Pelearía con todo su ser, eso sin duda, pero el éxito de ella es una ambiguo. Sabía que estaba mal pero ¡Por Merlín! Lo único que deseaba en ese momento era borrar la angustia de ese rostro que amaba.
- Te lo prometo Ginny – le dijo con seguridad antes de fundirse en un beso suave y cadencioso.
Ella hundio su mano en el cabello negro del chico y profundizo el beso, deleitándose aun más con su sabor y robándole el aliento. Mientras Harry la aferraba por la cintura, ella dejo caer su peso sobre las manos del chico, las cuales cesaron en su agarre y lo obligaron a caer con ella sobre la cama. Sentía el cálido cuerpo de Ginny bajo el suyo, amoldándose a cada una de sus formas. Quiso levantarse para no aplastarla pero ella no se lo permitió, siguió besándolo con intensidad, con una pizca de desesperación. Harry estaba a punto de separarse cuando ella abandono su nuca, pero entonces sintió el nuevo objetivo de la chica y se tenso un poco. Las manos de Ginny que antes se aferraban al cabello azabache del chico ahora se perdían bajo su camisa, acariciando su espalda, su torso con sensualidad. Harry, haciendo gala de un autocontrol sobrehumano, se separo de esos labios dulces que saboreaba y la miro con extrañeza. Un rubor matizaba sus mejillas y tenía la mirada vidriosa; respiraba con dificultad cuando trato de incorporarse para alejarse completamente de su calidez, pero no lo permitió mientras se hundía en su cuello.
- Ginny – dijo en un susurro que la pelirroja apago con otro beso, que no le permitió pensar en otra cosa que acariciarla, pero, unas voces lo alertaron de la gente que se hallaba en el piso de abajo y lo devolvieron al Harry sensato que se encontraba sobrepasado por la pasión - ¡No! Ginny ya basta…- le dijo separándose con brusquedad.
- ¿Qué pasa Harry? – le pregunto ella entre respiraciones agitadas.
El moreno se puso a dar vueltas por la habitación de ella antes de relajarse por completo y la miro de nuevo. Se veía precioso con el cabello despeinado, la ropa revuelta y las mejillas encendidas. Pero, a pesar de desearlo con todo el corazón, no podía hacerle eso a ella, no podía dejarse llevar por sus instintos… por mucho que lo deseara. La amaba demasiado y precisamente por eso debía detenerse ¿Y si no volvía?, ¿Cómo podía hacerla suya para después abandonarla? No era justo…
- Tu familia está abajo- le recordó- no podemos hacer esto.
- Tienes razón- reflexiono ella, se levanto acomodándose el pelo y tomándolo de la mano salieron de la habitación. Bajaron la escalera y cruzaron el salón con rapidez rumbo hacia la puerta – Mama, saldré un momento con Harry.
- Bien – contesto Molly viendo a su hija más tranquila- solo tengan cuidado.
- No te preocupes madre, ya volvemos… - salieron de la casa y caminaron hasta llegar mas allá del jardín, donde podía hacer la aparición -¿Ya eres mayor de edad no?
- Si pero, - empezó el chico mientras ella lo abrazaba con fuerza y lograba hacer la famosa pero incomoda aparición conjunta. Harry sintió como si pasara por un tubo demasiado delgado aún para su complexión y antes de que los pulmones le ardieran por la falta de aire, todo volvió a la normalidad. Cuando reacciono lo primero que hizo fue recriminarle la situación a la pelirroja - ¿Aparición Ginny? Tú no deberías…
- ¿Por qué no? Estoy con un mago mayor de edad, en lo que a mí respecta, tú me trajiste aquí y no lo contrario, pero no pienses en eso ¡mira! – le dijo señalando algo tras de sí.
Era un pequeño jardín entre las montañas, el sol resplandecía con tonos naranjas, y se mezclaba con el pasto, las flores y el cabello de la chica. Había muchos girasoles a su alrededor que trataban de robarle al astro rey sus últimas horas de luz.
- Es hermoso- admitió el moreno haciendo sonreír a Ginny
- Lo encontré en las vacaciones pasadas pero como no habías venido por aquí anteriormente, no pude mostrártelo. ¿Me permites tu varita Harry? – le pidió demasiado amablemente por lo que el morocho solo atino a tendérsela.
Ginny se apresuro a hacer aparecer una manta en el césped y un tazón blanco repleto de fresas bastante apetecibles. Le devolvió la varita y se sentó invitándolo a acompañarla cosa que él hizo de inmediato.
- Te amo Harry – le dijo sin titubeos- he pensado mucho en este momento y estoy lista
- ¿Qué momento es este Ginny? – le pregunto haciéndose el desentendido
- Un caballero, no me haría decirlo…- le recordó ella – Solo dime una cosa ¿me amas de verdad?
- Sabes que si – admitió el chico con la cabeza baja
- Entonces… ¿no te atraigo lo suficiente? –pregunto la pelirroja con cierto temor, era verdad que destilaba autoconfianza pero, esa sola duda le aterraba.
- No digas tonterías, no es eso, es solo que… perdóname Ginny – dijo después de una pausa que a ella le pareció eterna – se que lo prometí pero, no… yo no sé si volveré, yo… perdón.
- Entiendo.
El silencio reino por un largo minuto mientras ella tomaba una fresa muy apetitosa del tazón y la miraba con interés desmedido.
- Es peligroso lo sé muy bien, y conozco también que es lo que piensas, por lo tanto, creo justo que tu sepas lo mismo de mi – explico lentamente – No creas que me arrepentiré de esto si es que algo malo pasa. Te quise desde que te vi, al contrario de ti Harry, yo si supe en ese momento que serias el amor de mi vida.
La voz de Ginny se quebró un poco al decir aquello pero tomo aire antes de continuar con su declaración – Soñé con que tú me vieras de la misma manera, pero eso no paso.
Espere y espere…
Cuando crecí un poco los chicos me empezaron a perseguir, pero no me interesaban, porque yo quería que mi primer beso fuera para ti, mi amado Harry.
Pero no me mirabas, preferiste interesarte en otra chica y eso me dolió muchísimo.
- Ginny yo…- empezó a decir pero ella lo acallo con un gesto de la mano. La herida se había abierto, dejando salir todo aquello que la hería y no deseaba detenerlo, deseaba sanar, quería decirlo. El chico asintió y la miro de nuevo con interés mientras ella reunía el aplomo necesario para seguir hablando.
Cuando te vi con ella entendí que había perdido, que para ti solo era la hermanita de tu mejor amigo y nada más. Solo Hermione sabía mis verdaderos sentimientos y me aconsejo olvidarte ¡Como si eso fuera posible! Pero trate y salí con algunas personas, al inicio fue difícil porque no eras tú, era terrible tomar la decisión de abandonar un sueño guardado desde hacia tanto pero, te veía feliz, cuando la tomabas de la mano, cuando la besabas… que decidí ser feliz también. Fracasando estrepitosamente por supuesto.
Entonces y ya cuando no guardaba ni la más mínima esperanza, corrí festivamente a tus brazos en busca de una felicitación y me lleve algo mas… ¡me besaste!
Fue un hervidero de emociones tan intenso en mi interior que me extraño mucho no haber explotado ahí mismo.
Ginny comenzó a reír alegremente, como una chiquilla y Harry la miró con ternura. Se detuvo después de un momento y lo miro a los ojos aun sonriendo.
- Todo volvió a tener sentido para mí – le confesó – tenia tu cariño y ¡por Merlín que yo te amaba con todo mi ser! Por fin todo estaba en orden.
Por eso quiero hacer esto Harry.
Soñé con que tú me dijeras palabras de amor al oído, pero otro lo hizo primero.
Que tus labios robaran la inocencia de los míos y no fue así... hoy, quiero perder mi virginidad contigo porque, pase lo que pase mañana, ese será el recuerdo más hermoso para mi, el hecho de entregarme enteramente a ti, al amor de mi vida.
Se miraron por un largo rato y ante la mirada ansiosa de Ginny, el pelinegro tomo la fresa que aún conservaba entre sus manos y la mordió suavemente sin dejar de mirarla intensamente.
- Es increíblemente dulce – le dijo Harry mientras se acercaba lentamente a ella – igual que tu – le susurro antes de besarla.
Los besos de Harry eran agridulces, como las fresas que rodaron por el césped. El cabello rojo de Ginny adornaba la manta cuadriculada mientras sus manos delineaban la espalda desnuda de Harry, quien con manos temblorosas desprendía uno a uno los botones de la vestimenta de su chica. Recorría el pálido cuello de la Weasley con sus húmedos labios haciéndola vibrar de emoción, entrecortándole la respiración. Ginny trataba de liberarse del cinturón del chico pero el nerviosismo no le ayudaba demasiado.
Por fin cuando la desnudez los invadió no hubo centímetro de aquellos cuerpos que el otro no recorriera. Ambos ahogaron todo sonido con besos, mucho más al momento de volverse uno mismo, sus movimientos eran suaves pero cargados de sensualidad mientras no dejaban de acariciarse, mirarse, besarse, entregándose no solo en cuerpo sino también en alma.
Volvieron ya muy tarde a la Madriguera y justo antes de entrar una figura sumamente enfadada los esperaba con los brazos cruzados sobre el estomago.
- ¿Dónde rayos estaban? – pregunto Ronald con las orejas coloradas, tanto, como las mejillas de Harry al escuchar su siguiente pregunta - ¿Qué estaban haciendo?
- Nada Ron solo que Harry me convenció de que me he portado mal, lo siento – dijo ella entrando y mirando a sus padres – No quiero que estemos mal, antes de todo lo que viene…
- ¡Oh Ginny! – gimoteo su madre abrazándola con fuerza a lo que su padre se unió.}
Se separaron después de unos instantes y Ginny se acerco a Ron quien se hallaba un poco más tranquilo junto a la puerta.
- Nosotros debemos irnos, Hermione debe estar preocupada – anuncio el pelirrojo y se dio la media vuelta para emprender su trayecto. De pronto sintió un golpe seco en la nuca, cortesía de su hermana menor - ¡HEY! – exclamo sobándose la cabeza.
- Cuídate mucho y, si vuelves tan siquiera con un mísero rasguño, te las veras conmigo – le amenazó con el puño en alto.
Ron sonrió levemente y salió seguido de Harry quien en el último momento fue atrapado por la pelirroja para besarlo antes de despedir a ambos con la mano. Eso fue lo último que vieron antes de desaparecer.
Llegaron a Grimmauld Place ya bastante noche y al entrar un remolino de cabello castaño los arrolló con desesperación.
- ¿Qué hora es? – pregunto la chica con enojo.
- Cerca de las diez supongo – respondió Harry encogiéndose de hombros.
- No es así, es más de medianoche. Estaba preocupada par de tontos – les reclamo con los ojos entrecerrados.
- Culpa a Harry, el se perdió con Ginny hasta tarde… - se disculpo Ron ante la mirada aterrada de Harry
- ¿Ginny? ¿Por qué vieron a Ginny? – pregunto recelosa la castaña ante la nueva información. Los miraba de hito en hito esperando respuesta.
- Es que… Moody nos llevo a Hogwarts a revisar todo, ya sabes cómo es cuando se le mete una idea a la cabeza, no hay manera de negarse – le dijo Harry rápidamente.
- ¿Revisar qué? – pregunto desconfiada.
- Las barreras de seguridad Herms –puntualizo Harry
- Eso no lleva mucho tiempo, mucho menos con Flitwick y McGonagall cerca.
- Por eso te digo que fue culpa de Harry y Ginevra… se perdieron mucho tiempo, por cierto- dijo recordando lo ocurrido - ¿A dónde se fueron eh? – le pregunto de nuevo con mala cara.
- Estuvimos hablando Ron, ya te lo había dicho – explico Harry caminando a su habitación y Hermione la vio pasar con la cara de un rojo carmesí impresionante. Se imagino de inmediato que no charlaban solamente.
Ron se sobresalto al verse solo con Hermione ya que sabía que podía decir alguna otra cosa prohibida por lo que se despidió escuetamente y se perdió escaleras arriba.
La castaña no era por nada la bruja más inteligente de su generación, más incluso que los Ravenclaw, los cuales gozaban de esa reputación. Una duda se instalo en su cabeza, el comportamiento de todos, las lagunas de su memoria y aquella jugarreta de su mente esa mañana… ¿Y si todo estaba conectado?
Sacudió la cabeza con energía como deseando sacar todos aquellos pensamientos de ella. Subió la escalera rumbo a su recamara.
- Estas loca Hermione – se dijo a sí misma – Si algo pasa… ¿Por qué habrían de ocultártelo? – dijo en voz alta, antes de subir se despidió de Kreacher que se hallaba acomodando sus preciados tesoros.
"Porque Romeo le ama demasiado, señorita Julieta" murmuro el elfo cuando ella desapareció arriba.
