2º capítulo: Problemas dobles.

Rouge bajó del helicóptero seguida por dos soldados de G.U.N. ambos principiantes y sin ninguna experiencia en el arte de las armas ni de primeros auxilios, dos cualidades que podrían ser precisadas en su misión. Habían aterrizado delante de un enorme edificio de alta tecnología derruido que parecía haber sido incendiado. Al parecer, los bomberos de aquella ciudad no pudieron hacer nada más que apagar el horrible fuego que calcinó un cimiento entero de más de cinco metros.

-¿Cuál es el plan, agente Rouge?- preguntó el chico más joven.

Antes de contestar, la murciélaga repasó con la mirada los alrededores buscando algo o alguien fuera de lo normal.

-Yo me encargaré de revisar los pisos de arriba ya que son los más oscuros y dónde trabaja más gente. Usted, soldado Bryan- señaló al que había formulado la pregunta- registrará la sala de información y de revisión y usted, soldado Matt, la sala de reuniones y las cámaras de seguridad donde guardan los aparatos.

-¡Sí, señora!- gritaron al unísono.

-Si encontráis a alguien esté herido o no informad al helicóptero para que traigan refuerzos, nosotros no podemos perder el tiempo en ayudar. Necesitamos cada minuto para rescatar a la mayor gente posible y sacarlas con vida ¿entendido?

-¡Sí, señora!- volvieron a gritar.

Rouge asintió con la cabeza y repasó a los dos negados que la acompañaban. Bryan era alto y bastante grueso, de unos veinticuatro años; tenía el pelo castaño y largo con el flequillo empapado de sudor a causa del puro nerviosismo que sus ojos marrones claros delataban, en cambio, Matt estaba tranquilo y sereno a pesar de ser cinco años más joven que su compañero. El chico se tocó las púas engominadas de su pelo negro que lanzaban pequeños reflejos azules a la luz blanca de las farolas. Rouge entrecerró los ojos y esbozó una sonrisa presumida. Aquel chico era valiente y ajeno al peligro, cualidades que la apasionaban.

-Sin duda, hoy será un día divertido- pensó para sus adentros.

La murciélaga ordenó que se pusieran los cascos e inmediatamente después de que se aseguraran de tener todo el material necesario, desplegó sus enormes alas y de un salto despegó del suelo en dirección a una ventana rota que daba al piso más alto dejando a los dos inexpertos soldados solos en tierra.

Se enderezó en el aire al tener enfrente de ella la ventana y cuando estuvo a pocos centímetros de ella, plegó las alas a su cuerpo para evitar cortárselas con los cristales en punta que la rodeaban. En el momento en que atravesó el hueco, realizó una voltereta aérea y abrió las piernas para aterrizar suavemente y sin derrapar en el suelo. Miró a su alrededor, como ella suponía ahí no se veía ni un muerto viviente. Saltó hacia delante entonando un ligero chillido y se giró para esquivar supuestamente algo que estaba oculto en aquel espacio negro. Siguió saltando y emitiendo chillidos a cada impulso en el aire, necesitaba realizar aquellos sonidos extraños para identificar lo que había enfrente de ella y a su alrededor.

Continuó realizando acrobacias hasta llegar lo que antes sería la puerta de la sala y que ahora era un hueco entre dos paredes agrietadas y chamuscadas. Allí, se sentó, se relajó soltando un profundo suspiro y aguzó concentradamente su gran oído. Al principio, sólo detectó cuatro cucarachas correteando un poco más a la derecha de su posición. Rouge hizo una mueca de asco pero enseguida volvió a captar su atención al resto de su entorno. Durante cinco minutos, oyó de todo: desde ratones heridos respirando agitadamente hasta pequeños rastros de electricidad circulando por detrás del techo pero entre ese popurrí de sonidos sólo uno le llamó la atención: los gemidos de un hombre procedentes del fondo de la habitación.

Alarmada, Rouge planeó hasta el origen del ruido pronunciando nuevos sonidos. Cuando llegó al punto en donde los gemidos de angustia y de dolor del hombre eran más fuertes, fue palpando los objetos que la rodeaban con las manos. Identificando cada objeto que enterraba al individuo, los fue apartando poco a poco, pretendiendo no hacer movimientos bruscos por si una pata de una silla o una mesa o algo similar se colara por algún hueco he hiriera a la persona enterrada. Poco después de retirar la mayoría de los objetos, una mano agarró a Rouge por la muñeca. Alarmada lanzó un grito e intentó liberarse de aquella extremidad.

-¡Ayúdeme! ¡Por favor, ayúdeme!- gritó una voz ahogada, como si algo la bloqueara.

Rouge dejó de tirar y notó que tenía los dedos y las uñas húmedos. Se acercó la mano a la nariz y la olisqueó, su olor era amargo como el del metal. Era sangre. Apresurada, apartó los objetos restantes hasta dar con el cuerpo del hombre. Ahora, su respiración se oía agitada y, a pesar de no estar tocándolo, la murciélaga sentía sus latidos del corazón agitados.

-¿Se encuentra bien?- preguntó palpando la mano que todavía seguía sujeta a ella.

-No...Un trozo de tubo...se desprendió del techo...y se me clavó en el brazo...Creo que estoy herido...- pronunció el individuo con voz ronca.

-No se preocupe. Le sacaré de aquí- decidió olvidándose de las órdenes de no auxiliar a nadie.

Agarró al hombre por donde creyó que era su cadera y con mucho cuidado, lo fue sacando de los escombros. Por la anchura de su cadera, y su peso, aquella persona era un hombre bastante grueso y pesado. Un pinchazo de pánico atacó a Rouge, tenía miedo de caerse cuando levantara el vuelo. Respirando con profundidad para coger energías, estiró las alas y con bastante esfuerzo se lanzó volando al exterior.

Al principio, cayó en picado pero se recuperó aprovechando una corriente de aire y empezó a descender lentamente luchando con el peso de aquel hombre que amenazaba con tirarla hasta el suelo. Mantenía la cabeza y las piernas erguidas para evitar caer bruscamente. Poco a poco fue distinguiendo a las ambulancias y a los demás soldados de G.U.N. protegiendo el helicóptero. A unos pocos centímetros de los vehículos, corría Bryan con parte del uniforme manchado de un líquido escarlata. Rouge supuso que habían logrado rescatar a más heridos.

Por fin, después de diez minutos de vuelo, hubieran sido cinco a no ser por el pesado varón, aterrizó en el suelo. Intentó mantenerse en pie pero cayó de rodillas y sus alas, cansadas, reposaron en el suelo. Jadeó fuertemente y de forma rápida para recuperar el oxígeno perdido. No tuvo que llamar a ningún médico ya que acudieron todos en el mismo momento en que vieron salir la figura curvada de la murciélaga del edificio.

-Señorita ¿usted se encuentra bien?- le preguntó uno de los hombres de bata blanca.

-Sí...Sólo necesito un rato para reponerme. Sólo estoy agotada.

-¿Está segura? Yo la veo un poco mareada.

-No se preocupe. Soy más fuerte de lo que cree, he pasado por situaciones peores- levantó la cabeza y miró al médico con sus ojos púrpuras- ¿Se pondrá bien?

El enfermero asintió con la cabeza y le contestó:

-El tubo de metal sólo le ha perforado un hueso del brazo, por suerte. Sólo hace falta extraer el objeto y poner un buen vendaje. Nada que no podamos hacer.

-Pues cuando esté en condiciones, dígale que coma más verdura y haga deporte. Eso le ayudará ha adelgazar.

El médico río y se marchó a la ambulancia para atender a los demás heridos. Rouge se volteó aún sentada y se levantó con cuidado. Las alas aún le caían y temblaban por el esfuerzo así que decidió dejar el trabajo para dedicarse a tranquilizarse.

Pidió entrar en el helicóptero y allí se recostó sobre uno de sus bancos acolchados e incómodos. Colocándose en una buena postura y dando unos pequeños botes se acomodó, cerró los ojos muy despacio y en poco tiempo su respiración se volvió intensa cayendo a un sueño muy profundo.

Sonic atravesó un pequeño río hondo como un rayo corriendo sobre sus aguas negras a causa de la noche fría. No le importaba que sus púas transportaran pequeñas estacas de hielo, más bien lo necesitaba. Aceleró un poco más al adentrarse en un bosque oscuro con ramas que parecían garras espeluznantes a punto de agarrarle y arrastrarle hasta lo más profundo de las tinieblas. En cambio, el erizo ignoraba esos detalles. Era un tío valiente y arriesgado y, si tuviera que enfrentarse a ese caso, tendría la fuerza y el valor suficiente para salir del embrollo. Para hacerle saber a la naturaleza que no le temía ni al más feroz de los lobos, corrió por el tronco de un árbol haciendo espirales para subir y cuando llegó a la copa se dejó caer al suelo donde emprendió la carrera.

-Sí, sin duda, nadie puede con Sonic the Hedgehog- dijo a si mismo esbozando una orgullosa sonrisa.

Al llegar al final del bosque continuó corriendo dejando una nube de polvo y tierra a su alrededor. No sabía adonde iba pero estaba preocupado y quería olvidarse de su preocupación con una buena dosis de velocidad.

Sonic siguió corriendo hasta muy entrada la noche donde se detuvo enfrente de la orilla de un lago pero no para descansar ni para admirar el paisaje sino porque encima de las tranquilas aguas levitaba con un propulsor un extraño personaje con una rara armadura. El individuo miraba fijamente al animal azul como si esperara algo de él.

-¿Quién eres? No me das buenas vibraciones- dijo Sonic cruzándose de brazos.

-Sonic the Hedgehog...- murmuró el extraño entrecerrando siniestramente los ojos.

-Sí, ¿de qué me conoces?

Ahora el individuo solo se lanzó hacia el volando desempuñando una especie de cuchilla negra brillante de su muñeca. Intentó cortarle la tripa pero Sonic fue más veloz y logró esquivar el ataque saltando hacia atrás. Sin preguntar se hizo una bola peluda y aceleró en el suelo como una rueda de un coche. La criatura sabiendo de sus intenciones encendió el propulsor de su espalda para intentar evadir la acción, sin embargo, Sonic rodó hacia él y le propinó un golpe directo enviándolo a la orilla del lago a pocos centímetros del agua. El personaje se quedó inmóvil tirado en la tierra y mirando al vacío, no movía ningún músculo, ni siquiera parecía que respiraba. Sonic se acercó con cautela intentando no hacer ruido y se agachó enfrente del cuerpo. Lo inspeccionó profundamente. Llevaba un símbolo muy raro en la frente y la armadura le era familiar. Ya lo había visto antes pero era diferente, aunque no recordara dónde ni a quién.

-La armadura es morada...- pensó intentando memorizar dónde vio ese símbolo y esa armadura- La que me viene a la cabeza era negra.

Pretendiendo averiguar que era, llevó su mano a la máscara de metal que llevaba pero justo cuando se la colocó en la cara el individuo abrió dos ojos azules y fríos, sin iris ni pupilas, y de pronto desapareció dejando tras de sí una luz blanca.

-¡La cárcel donde cae el sol! ¡Allí estoy prisionero!- dijo de pronto una voz en la mente del erizo.

Esa voz. Había vuelto a oír la voz en su cabeza, aquella voz asustada. Esa voz le quitaba el sueño y siempre decía lo mismo "La cárcel donde cae el sol" "Allí estoy prisionero" pero ¿que significaba? Y no menos importante ¿por qué le llamaban a él?

-¡Agente Rouge! ¡Despierte!

Rouge se incorporó súbitamente sobre el asiento jadeando del susto y frotándose los ojos del cansancio todavía no recuperado. Bryan y Matt estaban frente a ella sudando y sin los cascos puestos. Rouge maldijo en voz baja, casi inaudible, por haberla despertado de ese modo.

-¿Qué ocurre? ¿Para que me habéis llamado? Espero que sea algo importante o sino me encargaré de que el jefe os despida.

-Lo es, Mi Señora- siguió Bryan.

-Se trata de las cámaras de seguridad- acabó Matt pasándose un pañuelo por la frente.

El interior de las celdas estaba encharcado de agua y los cables que recorrían las paredes lanzaban chipas de color azul eléctrico. Todo ordenador y alta tecnología había sido robada y no quedaba ni un mísero teclado informático. La murciélaga repasó los planos del edificio en ruinas, ahí había algo que no cuadraba.

-En esta sección del edificio no constan tuberías ni cañerías- dijo rascándose la barbilla.

-Así es, Mi Señora- contestó Matt.

-Entonces ¿cómo es posible que esto esté inundado de agua?

-Ahí esta el problema y el por qué de que la hubiéramos llamado- explicó ahora Bryan.

Rouge intentó pensar en una razón para ese fenómeno pero su mente estaba en blanco, era imposible que hubiera entrado tanto líquido en el lugar. Entonces, miró alrededor de la sala y de repente algo captó su atención: una sustancia naranja y brillante al fondo de la habitación.

La mujer planeó hasta allí y se agachó justo enfrente del extraño elemento. Ahí cerca se podía percibir con claridad como brotaba humo de la superficie. Rouge extendió la mano y la detuvo a unos cuantos centímetros del líquido humeante, emanaba calor, mucho calor. Estaba ardiendo.

-No puede ser...- Rouge retrocedió confusa buscando el origen de la situación.

Los dos soldados miraban asustados a su comandante al ver que caminaba de un modo raro e inusual, como si hubiera visto algo espeluznante.

-Eso de ahí, es lava...