3º capítulo: No-letal.
Tails salió de debajo del avión, manchado de aceite por la cara y las manos. Sacudiéndose los guantes, dejó el Tornado a medio terminar para limpiarse un poco. Devolvió la llave inglesa al maletín de herramientas y se dirigió al baño donde se quitó el sudor con un buen chorro de agua fría de la ducha. El pegajoso líquido negro fue despegándose del pelo del zorro mientras se enjabonaba los brazos y las piernas con una esponja. Cuando acabó de aclarase el cuerpo, cerró el grifo y salió de la bañera. Con un pequeño peine se alisó el cabello de la cabeza y con un poco de gomina se arregló el flequillo; se retocó los pelos de su suave bigote y se puso una bata de laboratorio limpia, no iba a seguir trabajando en las modalidades del Tornado pero tampoco iba a salir del laboratorio.
Se sentó en el sofá de la sala principal y encendió la televisión para tener algo que escuchar mientras leía su revista preferida "El Manual del Buen Inventor". Estaba impaciente por leer la sección de "Inventos Revolucionarios", un concurso. Miró la página correspondiente en el sumario y abrió la revista más o menos por la mitad. El ranking constaba de cinco personas: En el último lugar estaba una joven ardilla con su "Desviador de Electrones"; en el penúltimo un mapache dueño del "Ordenador Automático"; en tercer lugar el "Propulsor Troposferáltico" y en el podio de los dos más grandes el segundo lugar correspondió a un hombre que se hacía llamar Yema, con su "Antena Mundial" y el líder de la clasificación era para un pequeño zorro de dos colas con su "Cañón de Rayos No-letal".
-Miles "Tails" Prower es el ganador que por tercer mes consecutivo superó al invento del misterioso Yema. Su "Cañón de Rayos No-letal"- leía el emocionado zorro- se ha ganado el respeto de esta revista y, como no, el premio del concurso. Aunque a primera vista suene violento, no tiene nada que ver con misiles ni bombas. El "Cañón de Rayos" dispara una onda de energía a un o varios objetivos preseleccionados teletransportándolos a miles de kilómetros a la redonda sin causarles ningún dolor. Sí, sin duda este cacharro se merece el aplauso de nuestros lectores ¡Enhorabuena Tails! ¡Te llevas las piezas Q-7 a casa para seguir inventando artilugios tan buenos como este! ¡Te esperamos el próximo mes!
Tails abrazó la revista soltando un suspiro de satisfacción. El aparato que construyó hace un año para enviar a cierto clan de vuelta a casa le había servido también para ganar por tercera vez su concurso favorito. Estaba contento.
Justo cuando se levantó para guardarla, un extraño viento le azotó la cara. Miró sobresaltado a la derecha donde estaba el causante de aquella ráfaga repentina. Sonic estaba agachado y apoyado sobre sus rodillas jadeando como un perro. Por sus ojeras, Tails pensó que había corrido toda la noche y eso no era normal en él. Había pasado algo.
-¿Sonic? ¿Estás bien?- preguntó.
El erizo azul arqueó la cabeza y cerró los ojos, al volverlos a abrir le temblaron los párpados y sus ojeras moradas se intensificaron.
-Tengo mucho sueño...Vine aquí todo lo rápido que pude.
-¿Qué pasó?- siguió preguntando Tails mientras conducía a su amigo al sillón.
Sonic se sentó y apoyó la cabeza contra el respaldo acolchado del sofá. Le estallaba a horrores como si se la hubieran partido con un martillo.
-Tráeme una aspirina, por favor.
Tails no tardó mucho en traer el calmante y el vaso de agua. Se sentó al lado de Sonic y echó el medicamento dentro del fluido. La aspirina al contacto con el agua, empezó a emitir un ruido suave y continuo que fue amainando a medida que se iba disolviendo. Justo cuando el agua pasó a ser un líquido blanco, Tails le dio unas cuantas vueltas con una cucharilla y le pasó el vaso a Sonic que lo fue bebiendo mientras contaba lo ocurrido a noche con el individuo misterioso.
-Cuando intenté descubrir quien era, desapareció- el erizó tragó el último sorbo- No sé de que pero aquel símbolo y aquella armadura ya las vi antes.
-¿Dices que mencionó tu nombre?- preguntó Tails caminando por todo el laboratorio.
Sonic asintió y se frotó las púas, la medicina tardaba en hacer su efecto.
-Entonces él también te conocía.
Siguió caminando pensativo por la sala, con una mano en el mentón. Sonic le miraba algo preocupado. Ha mantenido el secreto de sus llamadas mentales desde bastante tiempo ¿debería contárselo? ¿Tendría algo que ver con el extraño? Dio un puñetazo en el aire y se decidió:
-Tails...Hay algo que tienes que saber...
-¿Sí? ¿Qué tienes que contar?
El zorrito dejó de pasear y se detuvo para mirar a su amigo con sus infantiles ojos azules. Esa mirada le transmitía tranquilidad al erizo y le dio más fuerzas para contarlo. Tragó saliva y comenzó:
-Hace como mucho dos semanas, empecé a oír una voz en mi cabeza- respiró profundamente y siguió- La voz sonaba asustada y sobre todo angustiada, en mi mente notaba que buscaba desesperadamente a alguien y que quiere que ese alguien le libere de un lugar espeluznante pero siempre decía lo mismo: "La cárcel donde cae el sol" "Allí estoy prisionero".
Tails estuvo un rato en silencio, mientras asimilaba sus palabras. Durante ese pequeño descanso la cabeza de Sonic fue a mejor. Realmente lo agradecía.
-Esto es muy raro...Realmente esa "persona" quiere que la ayuden pero no entiendo que te quiere decir "La cárcel donde cae el sol"...Muy raro.
Shade se dirigió al río que había oído circular la noche anterior antes de acostarse. Después de lo que estuvo llorando, necesitaba un buen chorro de agua fría que le despejase la mente y que le refrescara la piel. Sorteó un buen puñado de árboles hasta llegar donde el aire ya se respiraba húmedo. Su tacto frío le abrió las fosas nasales y le produjo un placentero escalofrío típico de una mañana. Poco a poco la masa de vegetación fue despareciendo hasta dar paso a la orilla del río. Allí, miró a su alrededor buscando la presencia de algún cotilla pervertido, no le gustaba la idea de ser observada desnuda.
Se quitó su top dorado con suma delicadeza y lo colgó en una rama de un árbol cercano. Conservaba la armadura de su clan pero pensaba que no debería llevarla puesta como ropa normal, al fin y al cabo era una prenda más típica para la batalla y sería raro llevarla como ropa cotidiana.
Le siguió la minifalda verde a rayas amarillas. La tela suave se deslizó como una pluma por sus delgadas y rojizas piernas. Por último, se descalzó sus sandalias blancas y las dejó a los pies del árbol donde había colocado las demás ropas.
Muy despacio se fue introduciendo en el agua. Los brazos helados del líquido transparente agarraron fuertemente sus muslos poniéndole los pelos de punta, eso despertó del todo a Shade. Poco a poco el agua le fue recubriendo todo su curvado cuerpo hasta que solo quedó a la vista su cuello y su cabeza.
Allí se quedó, quieta como una estatua mientras pasaban las horas y el sol anunciaba el mediodía hasta que un movimiento interrumpió su inmovilidad. Sorprendida, corrió hacia su ropa y se vistió lo más rápido que pudo. Al principio creyó que era Knuckles y que estaba jugando con ella pero descartó esa opción cuando una voz viajó a su alrededor junto con una brisa de viento.
-Traidora...Enemiga...Arpía...Serás eliminada...
Un rayo de energía negra golpeó el pecho de la equidna haciéndole caer al suelo. Esta se retorció sobre la arena esperando a que pasara el dolor. Aunque tenía la visión borrosa podía distinguir a alguien acercándose a ella. Shade se levantó con una pirueta hacia atrás olvidándose de las tremendas punzadas que se propagaban por la espalda y corrió para embestirlo. Puede que hubiera cambiado pero seguía siendo una guerrera y no tenía miedo ni se había vuelto débil.
El individuo hizo aparecer de su muñeca una cuchilla negra y atacó con ella hacia delante. De pronto, Shade se detuvo y abrió los ojos desconcertada lo que provocó un golpe directo a su brazo.
Rodó por el suelo peligrosamente hacia el río pero antes de caer al agua estiró una pierna y frenó con el pie. Una nube de tierra flotó por el aire. Shade hizo una mueca al sentir un agudo escozor en la piel, un corte de cinco centímetros de longitud se mostraba en el miembro superior izquierdo de la equidna mientras que un riachuelo de sangre procedente de la herida se deslizaba por su mano.
Aprovechó la aproximación de su enemigo para saltar, balancearse en una rama y propinarle una patada desde el aire en todo su cubierto rostro. El oponente se derrumbó en el suelo pero no cayó derrotado mas no siguió peleando. Su mano cubría la zona donde había impactado el ataque de la chica. Un ojo azul sin pupila ni iris se abrió y empezó a mirarla. Shade también se le quedó vigilándole sin hacer nada.
-¿Es que no vas a matarme, "Gata Oscura"?- preguntó a la vez que destapaba el otro ojo de un púrpura brillante que sólo hizo aumentar los sentimientos de Shade.
-No puedo matar a nadie de vosotros, aunque sé que no sois los mismos.
Se oyó una risita procedente del interior de la máscara de metal.
-Nos lo suponíamos. Muchos documentos antiguos hablan de una equidna traidora llamada "Gata Oscura" pero nuestro emperador sabía que no me destruirías. No sabiendo que al fin y al cabo somos tu familia.
Después de aquellas palabras todo se quedó en silencio. Aquel extraño tenía razón pero en el fondo se sentía decepcionada. El "volver a encontrarse" que ella se imaginaba, feliz y lleno de amor, sólo había sido un sueño y, aunque sabía que no iba ser así, no pudo evitar sentirse mal por aquel reencuentro lleno de venganza y sobre todo dolor.
El individuo se puso en pie y le dedicó una reverencia a Shade.
-Por hoy te perdono porque tú me has perdonado. No creas que lo hago por compasión, solamente cumplo órdenes de mi emperador. El encuentro de hoy sólo fue para aclarar una deducción que ha sido cierta. Hasta pronto, "Gata Oscura"- se despidió antes de desaparecer en una incandescente luz blanca.
Shade cayó de rodillas y se llevó una mano a su sangrienta herida. De pronto, sus ojos brillaron con una chispa de esperanza. Quizá había otra oportunidad de salvar a su pueblo, a sus hermanos a pesar de que seguramente habrán pasado miles de años allí.
Un extraño ruido hizo que la equidna mirara para arriba. Se puso en pie y se frotó los párpados para asegurarse de que aquello que veía era real. Sí, definitivamente le habían dado una oportunidad. Se llevó el puño al pecho y lanzó un grito de guerrera hacia el cielo donde en lo más alto y entre las futuras nubes de tormenta se había abierto de nuevo la Celda del Crepúsculo.
