5º capítulo: Reencuentro.
Las preguntas de su comandante la agobiaban a cada minuto. No es que los superiores de G.U.N. le intimidaran, sólo que le impedían hacer sus hobbies más apetecibles. La mayoría de esas cuestiones las había oído millones de veces, en cada misión que se le asignaba, y Rouge se limitaba a responder lo que sabía de un modo más resumido. Esa vez, no era una excepción. Cada vez que su jefe la interrogaba con algún dato Rouge contestaba de mala gana con información, la mayoría sin importancia. Una pregunta tras otra y de nuevo la murciélaga respondía cansada de repetir cosas que ya había mencionado.
-Y en el piso superior ¿estaba todo derruido?
-Así es, jefe.
-Pero encontraste un hombre herido...
-Afirmativo, jefe. Entre los escombros pero no se preocupe. Uno de los médicos confirmó que se recuperaría.
Bryan y Matt, que se encontraba detrás de Rouge, se intercambiaron miradas. Bryan con sus típicos ojos temblorosos y Matt con su rostro relajado y paciente.
-Tengo entendido que había algo anormal en las Cámaras de Seguridad- Rouge se sobresaltó, esa pregunta la cogió por sorpresa- Cuente.
-Sí. Verá, los soldados Bryan y Matt me llamaron cuando yo estaba en mi hora de descanso. Al parecer algo no cuadraba con los planos del edificio y así era. En la representación de las Cámaras de Seguridad no aparecía ninguna tubería y estaba todo encharcado de agua pero, ni mucho menos, mencionaba un cráter volcánico, señor.
-¿Cómo? ¿Qué acaba de decir?
-Lo que oye. En la esquina del recinto había un gran charco de lava. Algo bastante, si me permite la palabra, anormal.
Salió del cuartel general de G.U.N. temblando como un flan y pálida como la leche, aún siendo su piel clara y blanca. Sus dos compañeros la seguían atrás con mismo caminar acelerado y nervioso pero no comprendían por qué. La murciélaga se sentó en un banco cercano de aquella ciudad abundante de personas que eran esclavas del tiempo y el trabajo, Central City.
-Señora, no sé por qué está tan nerviosa. Usted no ha tenido nada que ver en eso.
Rouge lo miró con sus ojos fieros y cortantes pero esta vez con un aire de bondad.
-No pasa nada, soldado Bryan. Es sólo que...me preocupa que hubiera podido pasar en aquel sitio- mintió. Se sentía sola y desacompañada realmente.
Ya a la noche, Rouge salió de un pequeño bar y se encaminó con paso rápido hacia su casa situada en un barrio de gente normal y discreta. Aquel lugar le servía para escapar de las curiosas miradas de los humanos que, al parecer, nunca han visto a una murciélaga bípeda de mente inteligente con alas gigantes.
Giró hacia al callejón que llevaba hacia su morada. La noche era cálida y tranquila. Perfecto final para aquel extraño día. Las luces anaranjadas de las farolas iluminaban lúgubremente las carreteras que circulaban tras su espalda. Suspiró cansada y de repente, se detuvo cuando una figura negra asomaba tras un cubo de basura con la tapadera torcida. La murciélaga no se asustó ni se alarmó, más bien se puso a sollozar por la presencia de aquel misterioso. La sombra se aproximó despacio hacia ella que seguía quieta observando cada movimiento. Un farol que parpadeaba en lo alto de un edificio iluminó la cabeza negra y redonda de la figura con mechas rojas en lo que parecían púas peinadas hacia atrás. El torso también era negro con un mechón blanco divertido en el pecho. Sus ojos carmesí le repasaron de arriba a abajo mientras esbozaba una pícara sonrisa.
-Shadow...-murmuró tan bajo que el erizo no llegó a oírlo.
Shadow se apegó a ella y le agarró una de sus manos heladas. Sus guantes escondían la palidez que Rouge imaginó que habían cogido. Disimuladamente respiró hondo para tranquilizarse, no podía revelarle nada de lo que sentía a Shadow. Apoyó su otra mano encima de la del erizo y sonrió de la forma más sincera posible.
-Cuanto tiempo, querida mía- saludó Shadow de una forma traviesa.
-¡Cuanto tiempo, dices! ¡Ja, ja! ¡Tres años, muchachote! Siempre desapareces cuando todo vuelve a sus sanas condiciones y regresas cuando los "hombres malos" hacen de las suyas.
-Eso no es verdad...- se defendió. Se cruzó de brazos proyectando un rostro serio.
Rouge hizo una mueca con la boca y negó con la cabeza pero Shadow no podía imaginarse lo feliz que estaba de volver a verle.
-Da igual, he venido para invitarte a una misión de máximo peligro. Al parecer ha habido muchos robos de aparatos de alta tecnología.
-¿Lo ves? Tenía razón.
El erizo refunfuñó.
-¡Vale! Creí que te gustaría realizar cosas más arriesgadas que salvar a unas pobres personas.
Rouge comenzó a andar con su típico movimiento elegante y provocador retrocediendo por el callejón. Al parecer, un helicóptero privado les esperaba para llevarlos a una base que, según Shadow, averiguaría quien era el propietario cuando llegaran.
Dobló la esquina y se encontró con el enorme vehículo de color plateado y hélices cortantes que Shadow había dicho. Le sorprendió ver que las aletas helicoidales giraban rápido pero que no producían ni el menor ruido, eso sí, levantaban más polvo que un plumero.
Abrió muy despacio los ojos. Apenas podía levantar los párpados a causa del cansancio y las punzadas de dolor de cabeza pero reunió fuerzas y se incorporó sobre lo que le pareció una camilla. Por un momento, vio todo borroso y el mareo reinó en su estómago por lo que tuvo que volver a tumbarse y se tomó el tiempo necesario para recuperarse. Cuando notó que su vientre dejaba de removerle las tripas se sentó para tener una idea de dónde se encontraba. Se sorprendió al ver que no estaba en una jaula como se imaginaba pero lo que más le preocupaba era encontrar a sus amigos. Para su alivio estaban todos inconscientes pero en perfectas condiciones a sus lados.
Bajó con cuidado de la camilla y se tambaleó un poco en el momento en que sus pies tocaron el suelo de mármol frío de la sala que parecía un laboratorio. Sonic miró a su alrededor impresionado por lo que veía, era tecnología muy avanzada alguna más avanzada que la de Tails. Le llamó sumamente la atención un extraño y enorme cilindro de cristal recubierto con una tela negra. Por el ruido procedente del interior, algo parecido al romper de las burbujas, supuso que había algún tipo de líquido.
Se giró al oír a sus amigos despertándose uno por uno en sus camillas. Soltaban gemidos de dolor y cansancio pero todos estaban bien. El que peor aspecto tenía era Knuckles. Sonic pensó que habría resistido y sufrido ataques terribles con el fin de proteger su querida joya y, también, que su esfuerzo fue en vano.
-¿Dónde estamos?- preguntó Tails frotándose la cabeza con las manos.
-No tengo ni idea, pero este sitio mola mucho- contestó esta vez mirando al techo.
-Sonic, no deberías ponerte a admirar este lugar ¡Míralo! ¡Es un laboratorio! A saber que quieren hacer con nosotros- reprochó Knuckles de mala gana.
-¡Cállate!- le aplacó el erizo agitando una mano.
El equidna gruñó molesto y enojado y dirigió su mirada hacia la derecha. De pronto, sus ojos se abrieron hasta que sus pupilas no eran más que dos puntitos negros rodeados de un óvalo morado en un espacio blanco brillante.
-Un momento...- murmuró muy bajo mientras se levantaba casi temblando- ¿¡Dónde está Shade!?
El erizo y su amigo miraron hacia donde miraba el preocupado equidna. Después miraron por la siniestra y pálida habitación, no había nadie más que ellos. Se sobresaltaron al escuchar que se abría la puerta con un sonido chirriante. Inmediatamente, Sonic se puso en guardia preparado para cualquier eventualidad. Un hombre con piernas largas y delgadas y cuerpo redondo, entró en el laboratorio. Portaba una gran chaqueta roja con enormes botones amarillos y unos pantalones ajustados negros. Su cara era semicircular. Llevaba unas gafas oscuras y opacas y tenía una nariz rosada más grande de lo normal en proporción a su cráneo donde por debajo se bamboleaba un revuelto bigote marrón extremadamente largo. El erizo rugió fuertemente pero se calmó al ver quien acompañaba al Dr. Eggman. Era una muchacha elegante que vestía un bonito vestido y botas de tacón, ambos rojos. Sus brazos desnudos acababan en una pulsera dorada desde donde se formaban manos suaves y finas recubiertas por guantes blancos. Su cabello era rosa y muy aplanado adornado con una diadema. Sus orejitas se movían graciosamente en su linda cabeza. En sus ojos verdes como un bosque iluminado a pleno sol se podía distinguir un profundo alivio y alegría al mismo tiempo.
Amy se abalanzó sobre Sonic sin ni siquiera darle tiempo a saludarla o aproximarse a ella. La eriza prefirió entrar ella en acción. Se abrazó a su cuello y le acarició lentamente las púas de la espalda. Le susurró algo al oído que al parecer enterneció a Sonic para que él la rodeara con sus brazos suavemente y la apretase de forma muy delicada contra su pecho.
Poco a poco, se fue separando de él hasta quedar a una distancia de dos dedos como máximo. No la había visto pero por la apariencia de sus dulces ojos, deducía que se le habían escapado algunas lágrimas. Se llevó la mano, aparentemente para rascarse, a la espalda y efectivamente estaba húmeda.
-Sonic...- dijo Amy con voz ronca- estaba muy preocupada por ti. No hace falta que me des explicaciones, lo sé todo.
-¡Uf, qué alivio! ¡Me ahorras el esfuerzo!- bromeó.
Amy soltó una carcajada y lo besó en la mejilla tímidamente. Tails rompió aquella emotiva escena para dirigirse al Dr. Eggman que la observaba con cara de asombro. Se veía que nunca había apreciado imágenes como esas.
-Eggman, me extraña que nos hubieras salvado.
-¿Y si no os salvé?- preguntó con su típico acento humorista.
-Te hemos visto...Antes de desmayarnos- saltó Sonic.
-Oh, vale. Je, je...
Knuckles se aproximó con pasos largos hacia el doctor y, cuando estuvo lo suficientemente cerca, agarró su chaqueta y dirigió su cara hacía él. Sus amigos lo alertaron pero el equidna estaba lleno de furia e ira y ellos no comprendían el motivo pero al parecer Eggman sí.
-¿!Dónde tienes a Shade!? ¿¡Eh!?- lo agitó- ¡¡Contesta!!- su voz rebotó en las paredes frías de la sala como una pelota de tenis.
-Tranquilo, peludo. No tengo a tu novia.
La palabra "novia" no enfadó a Knuckles más de lo que estaba pero si su respuesta. Lo agitó por encima de su cabeza y lo estampó contra el suelo con una fuerza que lo abolló. Eggman lanzó un quejido de dolor.
-¿¡Qué dónde la tienes!?
La furia era más y más perceptible en los ojos del equidna.
-¡Knuckles, tranquilízate! ¡Dice la verdad! ¡Los Nocturnus han raptado a Shade!- Amy decidió meterse en aquella violenta discusión con el fin de calmar las cosas y lo logró.
Knuckles fue soltando muy despacio la chaqueta de Eggman. La ira había producido una marca terrorífica del tamaño de su puño en la tela roja. El equidna retrocedió tambaleándose hasta llegar a su camilla donde se sentó y comenzó a jadear y sudar. Sonic lo observó con aire de compasión, sabía lo importante que Shade era para él.
-Lo siento, Knuckles. Cuando los Nocturnus me vieron llegar cogieron a Shade y se marcharon de repente. Sólo pude traeros a vosotros conmigo. Lo siento, de verdad.
El equidna sacudió la cabeza y se pasó el puño por los ojos, supuestamente, para secarse las lágrimas.
-No pasa nada. De todas formas, gracias por ayudarnos- saltó de la camilla y respiró hondo- No hay nada de que preocuparse, yo la rescataré- dio un pequeño respingo- ¿Qué pasó con la Master Emerald?
Eggman pronunció una mueca en su boca.
-Tampoco pude evitarlo...Y se la llevaron con Shade.
El momento fue interrumpido por un pitido procedente de la muñeca del doctor. Este se remangó hasta el codo mostrando un brazo grueso y desnudo con una especie de reloj en la muñeca que lanzaba intermitentemente destellos azules. Eggman sonrió al verlo y se levantó, se sacudió las rodillas y juntó las manos.
-Mis otros invitados acaban de llegar. Hacedme el favor de acompañarme- dijo.
-¿Quienes son tus otros invitados?- preguntó curioso Sonic.
Amy soltó una pequeña risita y agarró cariñosamente las manos del erizo contestando:
-Ya lo verás. Sólo te digo que están aquí por la misma causa que nosotros.
-Pero si ni siquiera sabemos por qué estamos aquí- protestó Tails que le sorprendieron mirando los aparatos electrónicos, fascinado.
Salieron en fila india a lo que creyeron que era el vestíbulo de la base de Eggman. Una vocecilla infantil les sobresaltó justo cuando llegaron a una compuerta que conectaba al exterior y que servía para dejar pasar las naves o aviones. Una conejita color crema se aproximaba corriendo desde unos asientos al fondo del lugar. Iba acompañada de una pequeña y redonda criaturita azul claro con un lacito en el cuello. Cream y su chao Cheese frenaron justo al estar enfrente de Sonic y le dedicaron un cálido saludo.
-Veo que todos estáis recuperados- dijo con tono alegre.
-Al igual que yo, Cream también esta informada de todo- comunicó la eriza extendiendo una mano en dirección a la pequeña.
-Es una pena lo de Shade...- los ojos ovalados de Cream mostraban algo de tristeza.
-Pero eso se arregla fácilmente...- saltó una voz masculina desde detrás del grupo.
Sonic se sorprendió gratamente al ver allí al rebelde de Shadow con Rouge a su lado posando de forma provocativa como es lo habitual. A sus espaldas había un helicóptero que dejó de girar las hélices en el momento en que su piloto bajo del vehículo: un robot rojo con ojos granates y armas ocultas en sus metálicas garras.
-Saludos, seres orgánicos resistentes al agua- saludó E-123 Omega, u Omega simplemente.
-Creo que ya estamos todos. Excepto la "churry" de "Knucky", claro- captó Rouge observando a cada uno de los presentes.
Sonic dio un paso hacia el erizo negro y le sonrió prepotentemente.
-Me sorprende que Omega no haya arrasado el lugar y que la cabeza del "doc" siga en su sitio.
-Hay bandera blanca, de momento aunque Omega está muy pendiente de él.
-¿Qué haces aquí?
-Bueno, ya que los Nocturnus han vuelto y me lo he pasado bastante bien la última vez pues he decidido unirme a la fiesta y ayudar en el rescate de la renegada.
Knuckles se aproximó apartando de un manotazo a Sonic.
-Gracias, Shadow, pero lo haré yo solo.
El oscuro erizo río por lo bajo y entrecerró los ojos de una manera que hasta a Sonic le dio miedo. Temía que se descontrolara y arreara al equidna a leches.
-Sabemos que quieres impresionar a tu amorcito pero sólo conseguirás palmarla de una forma bastante dolorosa. No, el clan se ha hecho muy fuerte para actuar cada uno por su cuenta pero Rouge, Omega, Eggman y yo hemos sido precavidos y mientras estabais inconscientes hemos ideado un plan.
Sonic permaneció en silencio e inmóvil. Su mente había puesto atención en otra cosa. Se había dado cuenta de algo que había tenido delante de sus narices todo el tiempo. El individuo que le atacó en el lago aquella noche no era ni más ni menos que otro integrante de aquel clan de la noche. Un Nocturnus.
Aquí acaba mi quinto capítulo de mi fanfic. Otra vez tengo que daros las gracias a vosotros, Kamiase y Kira-writer, por comentar mi historia. Muchas gracias, Kira-writer, por seguirla hasta el final. Me alegro de que te guste tanto. Kamiase, una cosa, te agradezco muchísimo que me consideres un gran escritor pero soy una chica, jejejeje, y me llamo Ana. No me a molestado en absoluto, más bien me pareció divertido. Por favor, no te lo tomes a mal. Estoy muy alagada con ese comentario. Bueno, muchísimas gracias por vuestros comentarios. Nos veremos en el siguiente capítulo.
