Para AJcosmo: En el final del capítulo anterior, el último encuentro de Knuckles y Shade no es un trance. Digamos que sus almas (que profundo...jajaja) se encuentran por última vez en aquel paisaje que para mi gusto me pareció bastante romántico. No fue ninguna ilusión de Knuckles porque Shade era real. Espero haber aclarado tu duda.

Segunda cosa: Este es el último capítulo y trata de párrafos que cuentan el estado de los personajes después de volver de la Celda del Crepúsculo. No hay acción y tampoco es muy largo. Eso era todo. Espero que disfrutéis de la lectura.


19º capítulo: La playa.

Los rayos del sol de la mañana encendían el rocío acumulado en las hojas del bosque y en las telas de las arañas. El viento mecía los arbustos y las ramas de los árboles creando una canción melodiosa que era acompañada por el piar de los pájaros y el correteo de las ardillas. Un goteo incesante se escuchaba de fondo. El rocío empezaba a caer. Un ciempiés se apartó de la trayectoria de una de aquellas perlas de agua justo a tiempo para evitar mojarse pero una pequeña liebre aprovechó la gota para refrescarse. Aquello era un paisaje de pura paz.

Un haz azul atravesó aquel bosque agitando la hierba y provocando el susto de una bandada de gorriones que tenían sus nidos en la copa de un roble. Las aves piaron molestas por cortarles su momento de tranquilidad pero el ser supersónico ignoró las quejas y siguió corriendo.

Sonic se detuvo en seco al llegar a la orilla de un lago de considerable tamaño. Sus aguas se movían al son de la brisa que soplaba en el lugar y hacían juego con el color del cielo. De vez en cuando una rana croaba en algún lugar o aparecía algún zorro para beber de su agua cristalina.

El erizo respiró hondo con los puños en la cadera y giró su cabeza hacia la orilla izquierda. Una grieta muy ancha caracterizaba aquel sitio y en ella había pequeños brotes de hierba naciendo. El erizo entrecerró los ojos y se dio la vuelta para correr por donde había venido. En su mente, dibujó una lejana pelea que tuvo lugar en aquel lago...

Abrió el microondas, cogió la taza de leche y se la llevó a la mesa. Después se sentó en una silla y mojó un trozo de bizcocho en el líquido blanco. Mientras se lo metía en la boca, Tails abrió su revista llamada "El Manual del Buen Inventor" por la sección de los inventos. Llevaba más de sesenta ediciones de retraso teniendo en cuenta que son mensuales. Al parecer, habían pasado cinco años en su mundo desde que ellos estuvieron dos meses en la Celda del Crepúsculo.

-Buenos días, Tails- saludó Emerl que salía del laboratorio.

-Buenos días, Emerl- acabó de masticar el bizcocho, lo tragó y continuó hablando- ¿Sabes quien ha ganado el concurso de "Inventos Revolucionarios"?

Emerl se sentó a su lado y apartó de la mesa unas miguitas de pan con la mano.

-¿Tú, como siempre?

-No, esta vez no me presenté. Necesitaba un descanso.

-¿Entonces quien ha ganado?

Levantó el dedo índice y sonrió de mejilla a mejilla. Como si estuviera orgulloso del supuesto ganador.

-El misterioso Yema. Debe de estar contento de conseguir por fin el primer puesto.

Emerl soltó una risita y apoyó sus brazos robóticos en la superficie del mueble.

-Vaya, que sorpresa. Ahora mismo, seguro que ese Yema está disfrutando del premio.

-Sí- unos golpecitos en la puerta interrumpieron la conversación- Oh, ese debe de ser Sonic. Emerl ¿puedes ir cogiendo la bolsa de baño?

-Por supuesto, Tails- y el gizoid se levantó y desapareció por el pasillo que daba a la habitación del zorro.

Tails bebió lo poco que le quedaba de leche y se apresuró a la entrada. Cuando llegó, abrió frenéticamente la puerta. Sonic estaba apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados y esbozando una sonrisa pícara. Aquella era su forma de presentarse habitualmente. Tails le saludó con su cálida voz infantil pero el erizo, como es de costumbre, le guiñó el ojo como respuesta.

-¿Ya estás listo para ir a la playa?- le preguntó mientras estiraba los músculos.

-Sí. Emerl fue a coger la bolsa de baño. Pronto estará aquí.

-No te olvides que después hay que recoger a los demás- dijo finalmente, cerrando los ojos.

Cortó la última hierba seca de su jardín y se puso a podar uno de los tres setos que poseía. Amy observó contenta como el sol avivaba el color de sus plantas. Antes de empezar su tarea, la eriza cogió una escalera y la colocó junto a su manzano. Subió por ella y cuando llegó a la copa arrancó uno de sus frutos y bajó despacio. Limpió la manzana con agua de la manguera y la estudió. Su color rojo resplandeciente indicaba que su carne estaría tierna y jugosa. Amy se sintió orgullosa de si misma. Aquel manzano fue de su madre y ella lo había cuidado desde que la eriza era una niña. Ahora le tocaba a Amy hacerse cargo de él y estaba feliz de ver que su trabajo era correcto y recompensado.

Le dio un mordisco a la fruta y se dirigió hacia el seto que iba a podar. La faena le llevó casi media hora pero el resultado fue magnífico. Sin darse cuenta, había creado una figura perfecta con la imagen de su querido Sonic. La eriza rió al darse cuenta de lo que había hecho pero en ningún momento se sintió decepcionada por la conclusión de su tarea.

Lanzando un largo suspiro, arrancó el último pedazo de manzana y tiro el hueso a la papelera. Después se quitó los guantes y el peto de jardinera que llevaba puesto y los guardó en el armario.

Subió las escaleras de su casa y se asomó por la puerta de la habitación de Cream y Cheese. Los dos pequeños estaban arrodillados en el suelo metiendo objetos en una mochila naranja. Las últimas cosas que guardaron fueron un pantalón corto, un bote de protector solar y una toalla. Al acabar cerraron la mochila y se levantaron poniéndosela Cream a la espalda. Se sobresaltó ligeramente cuando descubrió a Amy espiándola.

-Que susto, Amy. No sabía que estabas ahí- le dijo llevándose una mano al pecho.

-Perdona. No quería asustaros. Sólo venía para ver como ibais y si os podía ayudar a preparar las cosas- respondió pasando al interior de la estancia.

-Ya hemos acabado pero, gracias de todos modos. Ha sido muy amable por tu parte.

Amy asintió con la cabeza y salió de la habitación de la conejita en dirección a la suya. Solamente tuvo que subir unas cuantas escaleras más. Cuando llegó se sentó en su cama y sacó de debajo de ella otra mochila de color rosa. La abrió e inspeccionó su contenido con suma atención. Suspiró satisfecha. Todo estaba en su sitio. Justo en el momento en que corrió la cremallera, alguien llamó a la puerta. Amy saltó de la cama y se pasó los dedos por sus púas, peinándolas.

-Sonic ya está aquí- murmuró para si con unos ojos encendidos.

Rouge abrió el cofre que tenía delante de sus ojos, emocionada. Había pasado por muchas dificultades para llegar hasta él pero ahora era suyo y de nadie más. La murciélaga pensaba que los humanos eran idiotas por estar ciegos ya que nadie había descubierto el templo subterráneo en donde residía el cofre que ahora le pertenecía a ella. Orgullosa por su logro, agitó las alas. Sacó una cuerda de su kit de aventuras y la ató alrededor del cofre asegurándose que estuviese bien apretada para que cuando ella lo elevara volando no se desatara. Lo hizo en pocos segundos.

Levantó la cabeza y miró hacia el techo de la sala empedrada del templo. Arriba había un agujero lo suficientemente grande para que cupieran Rouge y el tesoro.

-Como si estuviera gorda...- pensó, ofendida por sus propios pensamientos.

Extendió al máximo sus enormes alas membranosas de murciélago y saltó dando el primer batir. Enseguida se elevó hasta la mitad de la altura de la habitación con el cofre colgando. Con tres sacudidas de sus articulaciones voladoras traspasó el agujero del techo y salió al exterior, a una selva de carácter ecuatorial con una densa niebla que la serpenteaba. El templo se encontraba casi en el centro de la masa de árboles.

La murciélaga plegó ligeramente las alas y comenzó a descender lentamente hacia un claro menos poblado de vegetación. La humedad allí la consideraba una carga más porque las pequeñas partículas de agua se le acumulaban en el traje y en la membrana de las alas. En consecuencia le costaba más volar.

En el momento en que ya era capaz de tocar las copas de los árboles, tensó las alas y se mantuvo dos segundos en el aire. Después, las cerró y descendió bruscamente hasta tocar la mojada hierba. El cofre produjo un sonido sordo al chocar con el acolchado suelo pero no le pasó nada. Mientras Rouge se sacudía el polvo de las piernas, una breve corriente de aire pasó por su derecha pero la murciélaga se quedó impasible. Cuando se incorporó, Rouge se encontró frente a frente con un sonriente y siniestro Shadow. Ella sólo le saludo con un lascivo guiño pero al erizo negro no le afectó su táctica. Miró el cofre tendido sobre la hierba y lanzó una risotada.

-No se por qué te has preocupado tanto por conseguir esa caja de madera roída por termitas.

-Como veo que nunca has leído historias de piratas te diré que esto es un cofre. Y los cofres contienen joyas, monedas de oro, diamantes...también llamados tesoros.

-Al final, ese tipo de cosas no sirven para nada- reprochó Shadow dirigiendo una rápida mirada al cofre.

-A mi me complacen.

Shadow se acercó a Rouge y la agarró de la mano. Su cara se había transformado de repente. Estaba serio y aparentemente sin ninguna emoción en el cuerpo pero su mano temblorosa le delataba ¿Qué escondía Shadow? Rouge acarició el antebrazo del erizo un poco preocupada pero este en respuesta sonrió cálidamente y acercó su rostro al de la murciélaga. Ambos alientos se mezclaron creando un aroma irresistible y los labios de cada uno ya casi se rozaban pero en el último momento, Shadow se apartó bruscamente y se dio la vuelta dándole la espalda.

-Deberíamos irnos. Sonic debe de estar a punto de llegar a la playa- dijo fríamente.

Rouge, algo conmocionada, parpadeó y sacudió la cabeza.

-Sí, sí, tienes razón ¿Dónde está Omega?

Shadow rió brevemente. Rouge no sabía que lo que trataba de esconderle era su delatador brillo de ojos.

-Ese robot es demasiado terco. Le he dicho millones de veces que todo ha acabado pero sólo responde "Mi misión es proteger a mis amigos" y se ha quedado en la entrada de la selva vigilando. No me hace ni puto caso.

-Vaya- el tono de la voz de Rouge pasó a ser burlón- que mal queda ese taco en ti.

-Déjame en paz- Shadow se volteó y en un abrir y cerrar los ojos se situó al lado de la murciélaga, le agarró el brazo y echó a correr- Es tarde. Nos tenemos que ir y ya vendrás por esa caja de madera después- le dijo mientras corría.

-Esto aquí, esto allá... ¡Ah! ¡Estoy a punto de terminarlo!- gritaba Eggman encajando su llave en distintas partes de lo que parecía una lámina de acero de quince centímetros de grosor con un extraño motor en la parte posterior.

Un robot redondo con piernas y brazos y de color marrón se aproximó hasta su creador con andar inseguro. Otros dos iguales le seguían caminando de la misma forma. Los tres portaban distintas herramientas mecánicas.

-Señor- pronunció el que iba en cabeza- ¿Qué se supone que hace?

Eggman dio unos cuantos arreglos más a su supuesta creación y se incorporó de rodillas llevándose los puños a las caderas.

-Esto, mi querido robot, no es más ni menos que una tabla de surf con propulsor. Lo he construido con las piezas que regalaron en el concurso de la revista, "El Manual del Buen Inventor".

El segundo robot marrón alzó un dedo y dijo:

-¡Ah! Ese concurso en el que usted se hace llamar "Yema".

-Sí, exacto. Ese mismo.

Ahora fue el tercer robot el que habló adelantándose a sus compañeros maquinizados.

-¿Y por qué se hace llamar así, señor?

Eggman esbozó una sonrisa y, por debajo de sus gafas redondas, cerró los ojos. Relajó los brazos y respiró hondo. Que bien le haría responder aquella pregunta.

-Mi sueño es conquistar el mundo, como bien sabéis. Ser el rey de todo este planeta. Ver a sus habitantes postrados ante mí. Remoderarlo a mi gusto- expulsó sonoramente el aire por su descomunal nariz- Pero hay veces que sólo quiero vivir como una persona normal. Me apunté a ese concurso con otro nombre porque sabía que Tails participaba y ¿qué hubiera pasado si ese zorro peludo hubiese leído mi nombre en la revista? Llamaría a Sonic alarmado para decirle que estaba planeando algo cuando no es verdad. Participo en ese concurso porque me gusta inventar. Nada más- finalizó lanzando un largo suspiro.

A continuación hubo un largo silencio de diez minutos. Eggman se preguntó si sus robots habían entendido como se sentía pero, pensó, eso era imposible porque sólo son máquinas hechas para servirle. La única máquina que conocía y que poseía sentimientos y emociones era Emerl. Recordarlo lo reconfortó. Algún día sería capaz de crear un robot con dolores y alegrías psicológicas y esa sería su mejor invención. Con un gruñido dejó a un lado sus imaginaciones y volvió con su tabla de surf.

Bostezó contento ahora que ya había acabado su invento. Le sorprendió ver que sólo le llevó tres cuartos de hora hacerlo. Con un ejemplar de "El Manual del Buen Inventor" se sentó en un sillón de la sala de estar de su base y se dispuso a leerla pero no le dio tiempo ni de abrir la revista. Alguien llamaba desde el piso cero por el telefonillo. Se dirigió a la pared contraria de la sala donde estaba colgado un pequeño botón rojo y un altavoz. Eggman pulsó el botón y preguntó:

-Aquí base supersecreta del Dr. Eggman. Si aprecia su vida más le vale largarse ¿Quién es?

-Vamos, Eggman, déjate de rollitos y baja. Te estamos esperando- la voz adolescente de Sonic sonó por el altavoz.

-Oh, eres tú, erizo. Enseguida estoy ahí. Escucha, vais a flipar con mi tabla de surf a propulsión. Por supuesto, no se la presto a nadie.

-Que amable por tu parte. Lo que nos vamos a reír viéndote surfear. Vete bajando, que queremos irnos.

Colocó su mano sobre la lisa superficie de la esmeralda gigante. Otra vez estaba donde tenía que estar. La Master Emerald brillaba incansablemente y titiló cuando Knuckles la acarició. Su guardián sonrió y entrecerró los ojos cuando una brisa levantó sus púas en el aire y las agitó. Se dio la vuelta y se sentó utilizando la enorme joya como respaldo. Estaba feliz y tranquilo porque ya se encontraba en casa. En su maravillosa isla flotante arrastrada por el cálido viento de verano ¿Existía otro lugar con tanta paz? Definitivamente no, pensaba Knuckles.

Colocó los brazos por detrás de su cabeza y miró hacia el bosque que se encontraba a los pies del templo de la Master Emerald. Allí, un gran número de cabañas de madera soltaba por sus chimeneas humo blanco. Señal de que alguien vivía en ellas pero al equidna no parecía importarle ver como unos forasteros acogían sus viviendas en Angel Island.

Se dispuso a dormir disfrutando del aire fresco que aliviaba el sofocante calor de aquella mañana. Cuando estuvo a punto de sumergirse en el interminable mar de los sueños, unos pasos lo alertaron y se despertó. Sin moverse del sitio, esperó que el individuo que subía llegara hasta la cima. El personaje resultó ser un equidna con las púas repeinadas hacia atrás. Vestía una túnica verde con bordados amarillos y poseía en la mano derecha un bastón de madera y una bandeja con un vaso lleno de extraño líquido granate en la izquierda.

El equidna hizo una reverencia a Knuckles y este se levantó por educación.

-Hola, Krinos ¿Qué tal va todo por el pueblo Nocturnus?- le preguntó cruzándose de brazos y llevando el peso de su cuerpo a la pierna izquierda.

-Hola, líder Knuckles. Todo va perfectamente- cogió el vaso con su contenido- Acabo de hacer té de frutas y me preguntaba si le apetecería un poco.

Knuckles cogió el recipiente y olió el líquido. Tenía un cierto aroma a naranja, manzana y kiwi. El fluído emanaba humo. Dio un pequeño sorbo, se agitó al sentir el calor en su lengua y asintió con la cabeza.

-Su sabor es magnífico. Muchas gracias por molestarte en traérmelo- dio otro trago.

-Lo que sea por usted, mi líder- contestó realizando otra reverencia.

Knuckles extendió una mano y cerró los ojos en señal de que se detuviera.

-Os he dicho que me tratéis como una persona normal. No soy superior a vosotros- con el dedo índice empezó a dar golpecitos juguetonamente al vaso de madera- ¿Qué tal tu familia, Krinos? ¿Se siente a gusto aquí? ¿Hay algo que pueda hacer para mejorar vuestra comodidad?

No lo preguntaba por curiosidad sino por preocupación. Krinos era un equidna que le caía bien porque desde que trajo a los Nocturnus él fue el que más le ayudó a establecer al clan en su mundo. Krinos también era muy buena persona. Cada mañana, el equidna recorría el bosque desde su cabaña hasta el templo para traerle una insignificante infusión. No era un camino peligroso pero sí cansino y Krinos lo hacía diariamente. Muchas veces, Knuckles le decía que no tenía por que hacerlo pero él le contestaba que le complacía ir hasta ahí y llevarle un vasito de té. Una vez le dijo que lo hacía para agradecerle lo que hacía Knuckles por ellos pero él no veía la ayuda que les prestaba.

-Mi familia se encuentra muy bien, eh, Knuckles- le costaba tutearle- Mi mujer, Laria, está muy feliz aquí, se relaciona mucho con las demás madres. Mi hijo Aroon y mi pequeña Hila juegan todo el rato con el resto de los niños y parecen estar muy contentos. Pero me siento alagado de que te preocupes tanto por nosotros. No nos lo merecemos.

-Claro que os lo merecéis- el ruido de una avioneta sobresaltó a los dos equidnas. Miraron hacia el cielo y vieron una avioneta parecida al Tornado pero mucho más ancha y con más plazas. Knuckles sonrió y saludó al piloto con la mano- Allí llega Sonic. Me tengo que marchar, Krinos, volveré a la tarde. Dale saludos a tu familia de mi parte.

-Lo haré y muchas gracias, Knuckles. Que te lo pases bien. Yo vigilaré la Master Emerald hasta que regreses.

-Te lo agradezco. Me quitas un peso de encima- y dio un tremendo salto hasta las alas del avión donde el erizo azul le recibió con una palmada en la espalda.

Un viento procedente del norte trajo consigo el olor marino del océano, fresco y salado. Sonic se untó la última capa de crema protectora en el torso y se tumbó sobre la toalla respirando ese aroma. Knuckles lo imitó a su lado. Observaban como el resto del grupo chapoteaba en el agua, jugaba en la arena o simplemente paseaba por la orilla. Lo más gracioso del momento fue ver a Eggman intentando mantener el equilibrio encima de su tabla de surf mientras esta escapaba de su control con el propulsor encendido. Al final, abandonó el esfuerzo y se dedicó a nadar.

Un pájaro verde parecido a Sonic, sólo que no tenía púas sino plumas erizadas, surfeaba con su tabla de aspecto macarra a juego con su color de piel. Ese sí que se manejaba bien. No tenía punto de comparación con Eggman.

Una ola rompió al llegar a la orilla y fue lo bastante grande para que salpicara al erizo y a Knuckles que se encontraban al fondo de la playa. Sonic gruñó al sentir el agua salada en su cara. Odiaba el mar porque no sabía nadar pero sin embargo adoraba la playa y su brisa relajante. Knuckles rió por la reacción de su amigo y por como se levantaba y se sacudía las gotas de líquido de su cuerpo, parecía que estuviera a punto de morir.

-¡Deja ya de reírte! ¡No tiene nada de gracia!- le riñó Sonic dando pataletas en la arena.

-¡No se ha visto cosa igual! ¡El erizo más heroico del mundo muerto de miedo por unas simples gotitas!

-¡Completo mentecato!- y se dejó caer de nuevo en la toalla.

Pasaron unos minutos de calma. Las voces de los niños pequeños y las olas del mar invadieron los oídos de ambos compañeros. Al rato, se les sumó las llamadas de los padres para que fueran a merendar. Más tarde, los graznidos de las gaviotas hambrientas sobrevolaron el lugar. Y por último se oyeron el chapoteo de los adolescentes iniciando carreras o partidos de waterpolo.

Knuckles abrió los ojos y, aún tumbado, giró la cabeza para mirar a Sonic, que se había puesto unas gafas de sol.

-¿Qué tal estarán?- le preguntó con un extraño tono de melancolía.

Sonic se encogió hombros y le contestó:

-Supongo que bien, no sé.

-Que pena que se hubieran quedado allí en la celda ¿verdad?

-Fue su decisión. Ellos eligieron quedarse allí. Aún así, a veces soy capaz de comunicarme con Thebes y él me dice que todas los Kron, Voxai, N´rrgal y Zoah están bien pero cuando nos comunicamos es como si allí hubieran pasado varios años porque noto la mente de Thebes muy cambiada.

El equidna volvió a girar la cabeza y cambió de postura para estar más cómodo.

-El ciclo del tiempo ha vuelto a cambiar- dijo.

-¿Y tú? ¿Cómo te encuentras?

-¿Yo? Perfectamente. La verdad es que dirigir a los Nocturnus es muy entretenido y...reconfortante. Ver que los haces felices y que después ellos te lo hacen ver me produce unas sensaciones muy agradables.

El erizo bostezó y se colocó de perfil preparándose para tomar un sueñecito.

-Ella estará orgullosa de ti, Knuckles- le dijo antes de dormirse.

El equidna miró hacia el cielo con los ojos iluminados. Una única lágrima se le deslizo por una mejilla. Parpadeó dos veces y suspiró.

-Supongo que lo estaría...-susurró y algo así como un beso invisible aterrizó en frente seguido por una caricia en su pecho- Shade, no sabes lo agradecido que estoy. Cada mañana cuando me levanto digo "gracias". Cada mañana cuando pongo los pies en el suelo digo "gracias". Y luego, mientras miro a tu pueblo y a tus hermanos, empiezo a recordar todas las cosas por las que he de sentirme agradecido. La primera es que el destino hubiera elegido conocernos porque tú, Shade, has sido una compañera y amiga fiel e inimitable. Tú me has hecho conocer la felicidad y el amor...Confía en mí, cariño, llevo tu legado y no lo destruiré. Lideraré a los Nocturnus con justicia y paz, como me pediste. Lo haré, Shade. Te quiero y nunca te olvidaré.

Entonces sintió una fina mano como la tela recorriendo sus pómulos y otro beso que se posaba ahora en sus labios. Un beso que traía con él el aliento de Shade de Nocturnia.

FIN


Finalmente, he aquí el último capítulo de mi fanfic. Me da mucha pena porque para mí ha sido un largo camino muy emocionante. Se me ocurrió la idea de esta historia porque cuando acabé el juego de Sonic Chronicles, el final me desilusionó totalmente. Me pareció muy inconcluso. Así que decidí hacer mi versión de la continuación del juego. Espero que os haya gustado. Pero el gran mérito lo tenéis vosotros: los que me comentáis, los que lo leéis...Sin vosotros no podría haber acabado esta historia. Por eso os agradezco de corazón lo que habéis hecho por esta historia. Gracias, Kamiase y Kira-writer. Los dos me comentastéis desde el principio del fanfic. Vuestro apoyo me ha sido realmente necesario para su continuación. Gracias, AJcosmo, tú me comentas cada ciertos capítulos pero tus reviews siempre me han sido muy satisfactorios. Gracias, Rashter, te incorporaste hace poquito pero tu presencia ha sido realmente bienvenida para mí. Ojalá nos sigamos leyendo en el futuro. En mis historias o en las tuyas. Gracias, también, a las amigas de Kira-writer que sé que leeis mi historia y gracias, además, al resto de los lectores. Repito. Sin vuestra ayuda no hubiese sido posible esta historia. Ahora escribiré otro proyecto que tenía en mente desde...calculemos...mitad de este fanfic. Sólo puedo deciros que se titulará "Firebreath" y que habrá TailsXCream. Advertiros que tardaré un tiempo en colgarlo ya que necesito un descanso y además me vienen ya los exámenes finales...¡Pero lo colgaré! Bueno, termino ya. Gracias de verdad, gracias. Vuestro apoyo ha sido irremplazable. Ojalá nos sigamos leyendo, da igual en donde. Os veré en el futuro, amigos. Muchos besos y abrazos. Feliz fin de semana. MUCHAS GRACIAS.

Wings-Dragon

PD: Vuelvo a decir que tardaré en colgar mi segundo fanfic. Así que no os asustéis si próximamente no hay actualizaciones.