Ginny: Bueno, Harry, te vi muy excitado con tu último deseo, ¿en quién pensabas?, ¿en Fleur Delacour? Ya fue ella.
Harry: Debemos irnos ya, al cumplir 17 años ya no estoy más protegido bajo el lazo Evans.
Petunia: Hablando de eso (ella sólo escuchó la última parte) quiero hacerles una pequeña despedida.
Vernon: ¿Qué cosas dices, Petunia?
Petunia: ¿Nunca más vendrán?
Harry: Nunca.
Petunia: ¿Ni a tomar un té?
Harry: ¿Qué quieres, tía?
Petunia: Bueno, hacerles una pequeñita despedida.
Esther: Eso es ser una buena madre y una excelente tutora. Después de todo, si Harry salió hombre es gracias a la tía.
Vernon: Cállate, madre.
Petunia: Brindemos por los que se van.
Harry: Está bien, si esa es tu manera de festejar. Nunca te he importado.
Petunia: No lo creas, tonto. Fueron años y años que te cuidé.
Vernon: ¡Y años que me los debes a mí!
Dudley: Y a mí, que te cuidé de mi pandilla.
Harry se echó a reír.
Ginny: No te rías.
Esther: Te quiero mucho. Yo te voy a extrañar, como las veces que jugábamos de chico.
Vernon: Sí, cómo cuando te hizo la dieta especial.
Petunia: Todas las comidas que te preparé desde pequeño.
Dudley: Todas las veces que te pegué.
Ginny: Y por eso salió tan fuerte (lo besó en la boca a Harry).
Vernon: ¡Eso no está permitido bajo este techo!
Harry: Gracias, tíos y abuelastra por tanta dureza. Me hice hombre gracias a ustedes, sin que fuera su intención. Dud, sos lo más, a ti sí que te mandaré fotos con mi novia en las Bahamas.
Dudley: No tengo mail.
Harry: Te lo pierdes.
Petunia: Nunca te he comprado un celular, por cierto.
Harry: No me importa, de veras, tía.
Petunia: No seas duro conmigo, Potter, al fin de cuentas te crié, te di hogar…
Harry: Lo menos que puedes hacer.
Vernon: Y gracias a mi guita pudiste tener todas tus cosas básicas.
Harry: Qué básicos, qué básico que sos, qué básicos que son, que son todos ustedes. Y aunque tengas Alzheimer, abuela, no olvidaré todos tus maltratos. Si estás renovada no es más que gracias a mi mérito.
Esther: ¿Qué cosas dice este chicato? Ah, me olvidé, es de lo más bueno que existe en occidente.
Harry: Basta de hipocresía, basta de humillación. Vamos, Ginny.
Ginny: Vamos, mi amor.
Petunia: Chicos, los quiero despedir.
Harry: Di ahora todo lo que quieras decir y chau.
Petunia: Suerte, suerte en todo lo que emprendan.
Harry: La verdad no es de gran ayuda lo que me estás diciendo, pensé que ibas a decir algo más interesante. Pero es de esperar.
Petunia: Los mortífagos están en lo de ese señor que vino y su desagradable amante.
Harry: al Al una cosa razonable que dices, Petunia. Esa no es más que una infiltrada en la familia Malfoy.
Petunia: Qué apellido apestoso.
Harry: No eres quién para opinar en el mundo de la Magia.
Vernon: ¿Malfoy? Parece de una pelicula payasa de mal gusto.
Harry: Por primera vez tienes razón. Aunque en realidad se trate de un cretino, y no de un desalineado como dices tú. Gracias, tía Petunia, por primera vez y adiós para siempre.
Ginny: Adiós, suegra.
A Petunia se le llenaron los ojos de lagrimas.
Vernon (con irritación): ¡¡No lamentes sus cariños, Petunia!! Es una malcriada.
Esther: No me acuerdo dónde estoy. Si en casa o en Paraguay.
Harry: Adiós señora Dursley, ojalá sea cariñosa de aquí en más.
Ginny: Adiós, un gusto. Chau, suegro.
Vernon: ¡¡No haga llorar a mi esposa con sus falsos lamentos!!
Harry: ¡Y no le hable así a mi novia!
Dudley: Vaya novia que tienes.
Petunia lo agarró a su hijo del brazo.
Petunia: ¡Hijo, no vuelvas a decir una cosa así! Tú ya tienes novia y no se mira la mujer del prójimo.
Harry: Por ser fiel, te perdiste de RJLupin, él me dijo que te quería mucho.
Vernon se dio vuelta en dirección a Petunia.
Vernon: ¡QUIÉN ES ESE CRETINO!
Petunia se largó a llorar y se escapó a su cuarto. Se encerró.
Vernon: ¡La pagarás, Harry! Sabía que esto iba a terminar mal.
Harry alzó su varita.
Harry: Puedo hacerte lo mismo que a tu madre.
Vernon salió corriendo al cuarto.
Vernon: ¡¡Petuny, te perdono, volvé, defendeme de Harry cómo Ginny lo defiende a él de mí!!
Ginny: Qué estúpido, la verdad, si yo jamás te defendí, fue puro mérito tuyo.
Harry: Tu presencia me salvó de todo.
Dudley: Vaya…
Esther: Cuidadito con lo que vas a decir, mocoso.
Dudley: Vaya despedida.
Esther: Mi hijo le tiene miedo a su papá. Adiós y que tengas una buena vida.
Harry: Su marido la obligó a maltratarme cuando a mis tres años me quizo dar torta, ¿no? Contésteme.
Ginny: Harry, no seas cruel.
Esther: Le tengo miedo, me tengo miedo a mí misma. El señor Dursley era muy temperamental. Me esclavizó por años y me obligó a que trate mal a todo el mundo.
Ginny: Yo la comprendo, señora, si quiere la llevo a un lugar seguro de Narnia.
Esther: ¿El lugar de los locos hambrientos que sólo comen fruta por miedo a los animales? ¡No señorita, de ninguna manera! (cruzó los brazos y volvió a su temperamento de siempre).
Ginny: Está bien, se lo pierde.
Esther: ¡Adiós! (le hizo un gesto con la mano y le esquivó la mirada).
Harry: Adiós, esto le pasa por sumisa.
Ginny: Sí, tienes razón. Ella será víctima, pero no acepta las ayudas que Dios le da.
Esther: Me voy a ver qué tal están mis hijos (se levantó). Margie, no le pegues a tu hermano (se dirigió al cuarto de Vernon y Petunia), Margie, no le digas eso de mí a papá.
Dudley: Perdón por todo lo que te hice pasar.
Harry: ¡Al fin alguien razonable!
Dudley: Y perdón por todo lo que mami y papi te hicieron pasar.
Harry: Bueno, tampoco para que te hagas cargo de lo que me hicieron otros.
Ginny: Estás perdonado.
Harry: ¡Eso lo tengo que decir yo!
Dudley: Estoy perdonado.
Harry: Tu eras un chico y desde hace un mes, un recien mayor de edad. Haré de cuenta que eras impune. En un año si te veo en tu propia casa, sin tu mami y papi cómo te gusta decirles, y me tocas medio pelo, no me verás nunca más. Me tratas bien y hasta seremos grandes amigos.
Ginny: ¿Y si me toca el pelo a mí?
Harry: Le bajaré los dientes de una buena trompada.
Ginny: Ese es mi hombre. Seguro que tu esposa es una gorda, ¿no?
Dudley: Tiene la cara redondita y los ojos achinaditos.
Ginny: Me suena a alguien que jamás quiero recordar (miró a Harry y le acarició el pelo).
Dudley: ¡Adiós, Harry!
Harry: ¡Chau, dudón!
Dudley se fue a su cuarto.
Ginny: Y se fue sin saludarme el pequeño patán.
Luego llegó Petunia.
Petunia: Gracias por entenderme, los dos.
Ginny: De nada, suegra.
Harry: No sé qué tengo que entenderte.
Petunia: Mi marido es un tanto complicado y lo fue toda la vida, como su padre con su madre.
Harry: Está bien, si lo que intentas es disculparte…
Petunia: Yo de ahora en más te ayudaré con esa tarea con el lord…, lord…
Ginny: ¡Dilo, no pasa nada!
Petunia: Revisa mis cartas.
Harry: Está bien, Ginny, no hacía falta. Okey, tia, lo tendré en cuenta.
Petunia: Les doy unos regalos de noviazgo: una almohada naranja para Ginny.
Ginny: ¡Combina con mi pelo, gracias!
Petunia: Y una bola de cristal para Harry, mi sobrino (sonrió).
Harry: de seguro que te la dio Dumbledore.
Petunia: No, no (se dio vuelta y volvió a enfocar en los dos), me la dio tu madre y yo te la guardé para cuando seas mayor de edad.
Los abrazó a Ginny y a Harry.
Petunia: cuéntenme de sus aventuras cuando quieran. Si no contesto es porque estoy muy orgullosa y no tengo tiempo. Adiós.
Harry: Chau.
Ginny: Hasta luego.
