Sra. Granger: Hola, Harry, mi hija siempre me ha hablado de vos.

Ginny: ¿Y qué tenía que hablarle de mi Harry?

Sr. Granger: Su inteligencia, su valentía, su capacidad.

Ginny: Mhm, en fin. Harry, ¿dónde vamos a dormir?

Sr. Granger: Eso en todo caso me lo deben preguntar a mí, que soy el anfitrión.

Sra. Granger: O a mí.

Sr. Granger: Mhm, callate un poco, ¿quieres?

Ginny se rió y se tapó la boca.

Sr. Granger: Dormirán en el entretecho.

Ginny (susurrando a Harry): Al menos estaremos bien lejos de mi cuñada, tal para cuál con mi hermano el perdedor.

Harry: Sí, tan aparata, ¿no?

Sr. Granger: ¿De qué hablan?

Harry: Nada, nada, mi lord.

Subieron las escaleras y Harry vio en la puerta abierta de una habitación a Hermione de espalda, con pantalón y torso desnudo.

Harry: Ya iré para allá Ginny, tú sube.

Ginny: Ya estoy arriba, voy a darme un baño.

Hermione lloraba. Harry se acercó y le acarició la espalda. Hermione inspiró aire y olió un perfume que le resultó muy rico. Dio vuelta su cabeza esbozando una sonrisa y se asustó al ver a Harry.