Corrí tras la espalda de mi madre en un vano intentó de detenerla. Ella corría por toda la casa mientras metía ropa varia a una maleta que cargaba consigo.
Solía salir mucho de viaje debido a su trabajo, y este era uno de esos casos.
No me molestaba, de hecho, me hacía muy feliz tener la casa sola.
Como un adulto responsable que se carga veinte años encima era bastante obvió.
Sin embargo...
Sólo había una cuestión; ¡¿POR QUÉ MIERDA MI MADRE CONSEGUÍA A ALGUIEN PARA TENER QUE CUIDARME SABIENDO QUE YO PUEDO SÓLO?!
—¡Mamaaaá! ¿Por qué tienes que dejarme bajo el cuidado de alguien?— Corrí hasta colocarme frente a ella, deteniéndola al instante para luego recibir una mirada asesina de su parte, me valía tres hectáreas de verga que me diera un putazo por entrometerme donde no. Le tenía que dejar bien claro que yo ya no era un niño pequeño.—. ¿Acaso olvidas que ya soy mayor de edad y no necesitó ningún niñero?
—¿Acaso quieres que te recuerde el como terminó la casa la última vez que te deje sólo?— Me respondió ella con aquella tétrica mirada de la que temí por años. De hecho sigo temiendo.
Patético.
—Pero no hice mucho, sólo invité a unos amigos.— Alegue con seguridad.
—Amigos que vomitaron mis masetas, que dejaron condones usados en la sala, metieron la pantalla a la pecera y metieron una gallina a la casa.
Sin pensarlo mucho, reí al recordar todo aquello.
Eran noches y días realmente locos en los cuales la bebida era la dueña de la noche y nuestros instintos más bajos.
Aunque, ¿Cómo mierda hicimos para conseguir una gallina?
En la cuidad no hay ni una sola de ellas... No lo sé, misterios sin resolver.
Sólo sé que estuvo realmente deliciosa, pues a la mañana siguiente la desayunamos.
—Pero ya no vuelve a pasar, lo juró.
—¿Y te debo de creer?
—Jefaaaa, ande, no sea así de culera y quiera un poquito a su niño.— Entonces, mi madre me soltó un pequeño golpe en la cabeza debido a mi tono de hablar. Me quejé de forma inmediata.
—¡Ja! ¿Mi niño dices? Bakugō, eres incluso más viejo que yo, si tan hombre grande te dices ser, entonces ve, consigue un departamento y trabaja.
Fue entonces donde me quedé totalmente callado.
Pues había dado totalmente en el clavo.
Odiaba cuando esa vieja bruja se tomaba el tiempo de decir mis verdades o me comenzaba a echar lo poco que he logrado en la vida justamente en la cara.
Porque siempre ganaba.
¡Mierda!
—¿Cuándo vendrá ella? ¿De menos está buena?— Alegue rendido, refiriéndome a mi niñera luego de unos segundos.
Me senté en el suelo mirando hacía su habitación, lentamente comencé a balancearme con mis piernas cruzadas en mariposa.
Era bastante agradable estar así.
—Es un hombre, llegará aquí mañana en la mañana.— Ella suspiró.—. Es sólo un año mayor que tú, además es hijo de una de mis amigas más cercanas. Tratalo bien.
Oh, genial. Lo único que me faltaba.
Mamá de verdad no conoce el significado de la discreción.
¿Mira que hablar de mis verdades con sus amigas?
No, no y no. Eso era muy bajo de su parte.
—¿Sabías que me estás avergonzando?
—Entonces ve y consigue trabajo.
¡Ahí está de nuevo! ¡Por eso la odió!
—Lo trataré bien, lo juró.
¡Já! Como si pudiera cumplir una promesa tan estúpida como esa.
Tal vez podría escaparme a la casa del estúpido Kaminari, era la más cercana que tenía a mi disposición después de todo y sé que él jamás me pondría un pero para quedarme con él todo el tiempo que sea necesario.
Sí, eso era lo mejor que podría hacer...
...Al menos hasta que lo pensé con más detenimiento...
Si me quedaba, ese pequeño bastardo de verdad no sabía lo que le esperaba, le haré una estadía imposible el tiempo que este aquí.
Tal vez hasta pueda convertirlo en un esclavo que bien merecido lo tenía por meterse en donde no le llamaban.
Oh si, eso suena mil veces mejor que ir y soportar los ronquidos del estúpido Kaminari mientras recibo sus patadas porque el idiota no se acomoda para dormir.
Haré que ese imbécil que se hizo llamar "Mi niñero" Se largué y yo felizmente disfrutaré de una larga estadía sin ridículos cuidadores.
Sería jodidamente genial.
—Y, ¿Cuándo regresarás?— Está vez me volví a poner de pie mientras caminaba hacía la vieja bruja.
—En una semana.
¡Por la santa mierda!
Ella usualmente se iba tan sólo dos días, y eso con esfuerzos ya que hacía su trabajo al pie de la letra y no le quedaba nada más pendiente.
Así que casi inmediatamente regresaba a casa sólo para descansar.
Pero ahora; ¡Se trataba de un viaje de una semana entera!
¿Tienen idea de que podía hacer yo en un tiempo tan extenso como ese?
Exacto;
¡Puras pendejadas!
Me golpeé de forma mental unas cuantas veces y finalmente me dirigí a mi habitación dejando sola a mi madre.
Dejé que ella terminará de acomodar sus cosas para mañana partir y me encerré lo que quedó hasta el tiempo de la cena.
Sinceramente ya deseaba conocer a la pequeña basura con la que tenía que tratar.
•
•
•
•
•
Por la mañana, me despedí de la vieja bruja como era debido.
Como todo un buen hijo que no es capaz de matar ni a una mosca en su ausencia.
Ella partió y me dijo que la persona que me cuidaría llegaría en unas horas más.
Respondí que todo estaría bien y entonces desapareció finalmente por la entrada de la casa con un boleto de viaje en manos.
Sonreí con malicia, me lancé al sillón con un cómic en mis manos y leí hasta que por nueva cuenta el timbre sonó llamando mi atención.
Lo cual, no paso mucho después de que mi madre partiera. Tan sólo treinta minutos después.
Más rápido de lo que pensé. Genial.
Lamí mis labios mientras me levantaba teniendo la ligera sospecha de saber de quién se trataba.
Y en efecto.
Al abrir la puerta me halle con un chico de revoltoso cabello verde como pasto o un arbusto mejor dicho, con ojeras más grandes que la chingada además de que tenía algunos piercings en el labio, nariz y ceja.
Nada discretos a decir verdad.
También noté un pequeño tatuaje en su brazo derecho de un no sé qué gracias a su manga arremangada.
¿Este vato de verdad era mi niñero o yo lo estaba confundiendo y en verdad era un asaltante a plena luz del día?
—¿Es la residencia de Mitsuki Bakugō?— Habló él sacandome de mi ensoñación. Asentí.—. Y supongo que tú has de ser Bakugō Katsuki, ¿Me equivocó? El pequeño niño de veinte años que tendré que cuidar.— Río tontamente debido a su comentario.
Oh, mierda.
¡Este hijo de puta de verdad me estaba viendo con superioridad aún cuando es más bajo de que yo!
—Soy Izuku Midoriya.— Comentó cuando paso a la casa sin que yo le diera permiso o si quiera una indicación.
—Si claro, muy gracioso de tu parte.— Argumente cerrando la puerta tras de mí con molestia.—. Verás, podemos hacer esto por las buenas o por la malas, tú decides.
—¿De qué hablas?— Él no se veía confundido en lo absoluto. De hecho parecía bastante divertido.
¿Por qué mierda siento que se está burlando en mi jeta y yo aquí de idiota sin notarlo hasta ahora?
—De que te largas o te largas, ¿Qué decides?
—Me quedó.
Oh, porque de verdad se está intentando hacer el gracioso. Es un idiota.
—Escucha pequeño cabello de pasto andante, yo tengo mis planes para está semana, son muy buenos y no pienso dejar que alguien como tú venga a arruinarmelos. ¿Entiendes? Así que ahora lárgate antes de que en verdad te saqué a patadas de mi hogar.
Amenazante, me acerque a él dispuesto a echarlo de mi hogar, sin embargo, rápidamente me evitó y tomó de mi mano antes de que pudiera tomar de sus prendas para halarlo hasta la salida.
¡¿Acaso era un puto ninja?!
—Tú también escúchame ricitos de oro.— Ahora él era quien se veía amenazante de verdad.—. Tú mamá amablemente me va a pagar por venir y cuidar a un bueno para nada como tú debido a que eres capaz de incendiar la casa si te deja tanto tiempo sólo, yo necesitó ese dinero y tú, a pesar de ser el engreído que eres, no vas a evitar que me lo gané. ¿Lo has entendido?
¡Mamá, esa perra está loca!
Inmediatamente sentí un terrible escalofrío que corrió hasta la parte de mi entrepierna.
Joder, me habían dado tremendas ganas de orinar.
Me solté de su firme agarré y pase frente a él sin poder decir nada más.
¿Se supone que este hijo de puta era retoño de la mejor amiga de mi madre? ¿Qué clase de amigas tiene entonces?
Definitivamente no me lo imaginó.
Pero... Ahg, este chico me iba a dar dolor de cabeza, aunque tampoco dejaría que me tratará así tan fácil y luego se saliera con la suya.
Y aunque por más que lo pienso, definitivamente no había manera de que esto acabará bien a su lado.
Gran metedura de pata habíamos metido desde el inicio.
