Dos días pasaron desde que ese chico peliverde llegó. También, capte tres cosas muy extrañas de él;
• No dejaba de darme órdenes.
• El gusano cocinaba de maravilla.
• Se llamaba Izuku, pero a la mierda, era un arbolito andante.
Y sinceramente no sé como, ¡Pero mierda! Sus tatuajes iban más allá de lo que a simple vista se ve, tiene uno en la pierna y dos más en sus brazos.
Sigo sin verle forma a ninguno, pero según él, son especiales. Ni puta idea realmente.
Es gracioso, ya que si no se hubiese rayado hasta el culo y tampoco se hubiera colocado los piercings, podría jurar que el maldito seria como un puto osito cariñosito.
Pero bien...
Aquel día era miércoles, y mientras ese extraño chico cabello de pasto se hallaba en la cocina, yo me encontraba leyendo cómodamente en la sala mientras él se encargaba de todo el desayuno.
Al menos tenía que salir algo bueno de todo esto. Yo descansaba las mañanas mientras él se encargaba de todo el quehacer matutino.
Luego, en la tarde me tocaba a mí prácticamente todo.
Genial.
El chico cabeza de pasto se encontraba tan metido en lo que hacía, —Cocinaba no sé que mierda, su obeso cuerpo me tapaba toda la maldita vista— Que ni siquiera yo noté cuando sin querer miré hacía él y vi esos dos manjares traídos desde el cielo.
¿Cómo es que ese idiota se cargaba tan buen culo?
¡PAPASITO, QUISIERA SER TU BÓXER PARA QUE TUS COSAS ME ROCEN!
—¡¿Qué dijiste?!— Él volteó inmediatamente a mirarme con su gesto fruncido.
Maldición, creí que de verdad sólo lo había pensado.
—¿Qué dije que?— Hable como si nada hubiese pasado y seguí leyendo mi cómic cubriendo mi rostro.
Sin embargo, pronto escuche sus duras pisadas y cuando menos lo sentí, ya se encontraba prácticamente frente a mí con una espátula entre manos.
—¡Te escuche! ¡No puedes negarlo!
—¿Negar qué?
—¡No te hagas el idiota!
—¿Hacerme el qué?
Levanté mi mirada sólo para ver su expresión enojada.
Y mierda, si que estaba emperrado.
—¿Acaso crees que es gracioso?
—¿Qué cosa?
Bufo tratando de calmarse y se acercó a mí.
Creo que hasta pude ver un poco de vapor salir de la espátula, ¿Acaso la había dejado abierta al fuego o que estaba haciendo?
Sea lo que sea, no quiero saberlo.
—No harás que me exaspere, ricitos de oro.— Argumento tratando de lucir como un chico malo. Demonios, que mal se le daba ese papel.—. Pero si vuelves a lanzarme piropos así, no dudaré en meterte esto por el ojete.— Con sus ojos señaló el mango de la espátula.
Tampoco le quedaba el papel de activo.
—Es mejor si yo te meto el mío.— Exclamé sonriente.—. Es más grande y grueso que esa mierda que cargas. Te aseguró que lo disfrutarás mil veces más.
—Deja de hacer chistes...
—No es ningún chiste.— Le interrumpí.
—...O te aplastaré esto en la cara hasta que quedes marcado.
—Mejor dejo de hacer chistes, tienes razón.
Él suspiro profundamente y finalmente me dejó para ir a hacer lo que sea que estuviera haciendo.
Mejor no molestar a la reina, porque se convierte en bestia. Eso ya me ha quedado bastante claro.
Aunque, ¿Qué clase de reina era esa?
Una con el culo muy grande, eso es claro.
Aunque... ¿También se habrá tatuado en esa parte?
Demonios, más dudas existenciales que no me dejarán dormir.
A veces su actitud me cansaba, —Lo cual ocurría siempre en realidad.— Pero el bastardo tenía carácter y era algo que de cierta forma me agradaba.
Izuku era raro. Y estaba jodidamente bueno.
Era un maníaco con un falso papel de activo, pero ya quería ver mi pene dentro de su culito.
Ah... ¿Por qué no soy poeta?
A veces veo talentos que ni siquiera yo sabía que tenía.
Cansado y entre risas silenciosas, me levanté de mi lugar y comencé a caminar hacía mi habitación.
Necesitaba salir, y ya tenía a alguien con quién acudir.
Me hartaba quedarme encerrado, dios, soy un adulto responsable...
...Bien, tal vez no, pero igual quiero salir y al menos eso es algo que no me puede prohibir.
Al llegar a mi cuarto, tome una chaqueta de cuero negra, mis pantalones negros pegados al cuerpo se quedaron conmigo al igual que la camisa gris de manga larga que llevaba debajo.
Despeine un poco mi cabello rubio frente al espejo y sonreí para mí mismo.
Yo tampoco estaba nada mal.
A puesto a que Izuku también se enamoraría de mí si tan sólo me ve tal y como soy. Un increíble macho azotador.
Una vez que estuve listo, volví a la sala y me dirigí a la salida.
El chico cabello de pasto pareció notarlo casi de inmediato, pues se asomó desde la entrada de la cocina.
—¿A dónde vas? El desayuno está casi listo.
—Comeré con un amigo.— Le miré con picardía.—. A menos que quieras que me quedé, no sólo para comer. Podemos aprovechar para hacer más cosas.— Aquello último intenté decirlo con un tono seductor, jamás me fallaba y está vez estaba seguro de que tampoco lo haría.
Si... Ese gusano ya debe de haber caído a mis pies...
Es seguro...
O eso pienso...
—Bien, adiós.
O eso creí...
¿En serio...?
¡¿Es en serio?! ¡¿Dónde quedó la parte en donde se queda pasmado por mi belleza y tímidamente me pide que me quedé para no abandonarlo?!
¡¿Dónde quedó la parte en donde se sonroja y me comienza a llamar Daddy?!
¡Por la puta madre, esto no es igual a una novela!
¡Este resultado no fue el que Wattpad me prometió!
¡Y es que, ese cabello de pasto sólo se metió y me ignoró totalmente, ni siquiera vi algún gesto de su parte!
¡¿Acaso no importó?!
Estaba enojado, muy enojado.
—¡Bien, adiós!— Grite, abrí y cerré la puerta tras de mí de un azotón.
¡Lo peor es que ni siquiera sé porque estoy tan molestó!
Jamás me habían rechazado de está manera. Y aún más mal, ¡¿Por qué mierda le doy tanta importancia?!
Comencé a caminar dando fuertes pisadas, y conforme avanzaba, busqué mi celular en los bolsillos de mi chaqueta...
¡Genial, no lo traía!
La molestia aún podía conmigo, así que no le di tanta importancia.
Busqué mis llaves, tal vez aún podría regresar por él y avisarle a Kaminari que iré a su casa... Pero...
Ah... Tampoco encontré mis llaves.
—Ah pero si nomas de huevos no me dicen el pendejo.
