Me paseaba por la casa de Kaminari, afortunadamente el imbécil casi no ponía seguro a nada y eso era lo mejor.
Había pasado por la ventana y ahora muy felizmente me hallaba en su sala.
Después del mal rato que pase, ya estaba tranquilo.
Tomando lugar en uno de los sofás y comenzando a jugar con las lonjas de mi estómago que a todos se nos forman cuando nos sentamos.
Reí unas cuantas veces mientras las tomaba y las hacía hablar.
Las masajeaba e incluso les creaba voces con nombres. Creo que hasta teníamos una trama de telenovela.
Ya íbamos por el capítulo veinte, creo.
Reí altamente por mis estupideces y poco después escuche la puerta principal siendo abierta.
Posteriormente se escucharon unas risas, estaba seguro de que era el idiota de Kaminari.
La otra voz realmente no la diferencie.
Probablemente estaba con uno de sus amores de la semana.
Yo por mi parte estaba feliz, pues le acabo de arruinar su mañana de pasión.
—¿Estás seguro de querer hacerlo aquí?
—Claro, en mi casa jamás hay nadie a estás horas.
Claramente aquella primera voz era una de sus amantes, estaban planeando demasiado rápido.
Los escuche caminar hasta donde yo estaba, Kaminari río y encendió la luz.
Claro, yo fui lo primero que vieron.
—Hola.— Dije.
—¡¿Qué mierda estás haciendo aquí?!— Kaminari me grito al caer en cuenta de que yo estaba ahí, me lanzó lo primero que vio.
Una caja de discos vacía que dio contra su pared.
—Hey, di no a la violencia.— Argumente ignorando a su acompañante.—. Y tú... ¿Qué haces aquí?
—¡¿Eres idiota?! ¡Está es mi casa, Bakugō! ¡¿Cómo mierda entraste?
—Por la ventana.— Me mantuve sereno y conteste lo más casual del mundo.
Kaminari dio un alto suspiro de rendición y volteo hacía la mujer de cabellos negros que hasta ahora parecía sacada de onda.
No la culpo realmente.
—Cariño... Lamentó decirte esto, pero hoy no será posible...
—¿Qué?— Dijo ella, claramente decepcionada.—. Pero tú ya me lo habías prometido.
—Sí, sé lo que hice, pero por favor... Luego yo te marcó, ¿Está bien?
La chica bufo, asintió levemente y terminó por dar un rápido beso en la mejilla de Kaminari, luego ni siquiera me vio y se fue.
Cerró la puerta de un azotón.
—Espero que estés contento. Acabas de arruinar mi mañana.— Posteriormente, el rubio me regañó.
—De hecho sí, estoy feliz.
—¡Eres un descarado!
Con furia tomó otra caja de discos y me la lanzó, volviendo a dar en el mismo lugar, sin embargo está vez sí dejo una marca en su pared.
Tomó otras dos que me lanzó y claro, falló igualmente.
—Vamos, no seas así.— Dije llamando su atención.—. Salí de casa sin llaves y sin nada. No tengo como volver y mi niñero me odia.
—¡A mí no me importa!— Parecía querer decir algo más, pero al captar bien mis palabras se detuvo de golpe.—. ¿Qué? ¿Niñero?
Ah, mierda.
Me maldije repetidas veces por haber dicho esa palabra. O sea, yo, el gran e inalcanzable Katsuki Bakugō, ¿Con un niñero?
Joder, yo mismo me había echado de cabeza.
Al principio Kaminari me vio con extrañes, como si lo que hubiera dicho se tratara sólo de una broma.
Ojalá hubiese sido así.
Pero al ver mi seriedad con el asunto, tras unos segundos se lanzó a reír estrepitosamente.
—¡No me jodas, Bakugō! ¡¿En serio?! ¡¿Un niñero?!— Sacó aquellas palabras entre carcajadas, incluso tomaba de su estómago para tratar de aguantarse.
Por mi parte, tomé una de las cajas de los discos que me había lanzado anteriormente e hice yo lo mismo, sin embargo, yo sí le di.
Tenía la mejor puntería.
La caja dio contra su cabeza, y Kaminari desesperado soltó un quejido de dolor, pero sin parar de reír.
Lo odiaba, de verdad lo hacía.
—¡Deja de burlarte!— Le grité.
—¡Ay, perdón!— Dijo de vuelta, limpiándose lágrimas falsas y finalmente parando.—. Pero es que es extrañó, cuando escuche a tu madre decir que te pondría un niñero de verdad creí que lo hacía en joda.
—Pues ya vez que no. A la vieja bruja le gusta hacerme sufrir.
De nuevo me senté de mala gana en el sofá, Kaminari me siguió y se sentó a mi lado.
—Vamos, Bakugō. No creo que sea tan malo. Dime; ¿Cómo es él?
—¿Él...?— Me mostré pensativo por unos momentos.—. Es un idiota tatuado. Pasivo. Que cree ser activo con una falsa actitud mala. Creo que es menor que yo incluso.
—Vaya, si que te han pasado a joder.
—Ya ni lo menciones. En la mañana tuve una pelea con él. ¡Ni siquiera sé por qué mierda peleamos!
De repente, azote mi cabeza contra la recargadera, sin tomar en cuenta la pared que estaba justo detrás.
Tremedo putazo me había metido por imbécil.
—Hermano, tu vida parece muy difícil. Pero yo me refiero a que si al menos está bueno.— Casi juré que sus palabras eran las exactas de un pervertido.
Solamente asentí.
—¿En serio?— Replicó él.
—Sí, ahora cállate.
—Vamos~ No seas así y cuéntame más.
De alguna forma siento que a este tipo no le importa con qué ni con quién.
Sólo quiere coger lo primero que se mueva.
Já, mierda. Eso definitivamente es algo que me perturba demasiado.
—No te voy a contar nada. No si lo único que quieres es tratar de coger con él.
—¿Qué? ¿De dónde sacaste el hecho de que yo quiero algo así?
—Porque te conozco muy bien, idiota.
En ese momento, Kaminari colocó sus manos en su pecho, como si alguna bala le hubiera atravesado.
Claro, con dramatismo realista incluido.
—Sabes que eso duele, ¿Cierto?
—Tampoco es como si me interesara.
—Tus palabras me dañan mucho.— Renegó.—. O no será...— De repente, sus gestos cambiaron a unos de duda.—. ¿...Qué tú ya le hechaste el ojo y es por eso que...?
—¡No digas idioteces!— De inmediato tomé una almohada y la lancé a su cara para que se detuviera.
También para que no viera el sonrojo que me había atacado tras caer en cuenta de lo que dijo.
—¡Yo jamás me acostaría con alguien así!— Él me miró, no muy convencido.
Pues claramente estaba mintiendo.
Muy en el fondo, de verdad deseaba tirarme al estúpido cabeza de pasto.
