—¡Que te vengas a mi lado, pendejo, y no dispares porque nos van a cachar y si nos matan, va a ser tu culpa!— Le grite al idiota de Kaminari que estaba con su dedos llenos de boronas de cheetos tratando de manejar los botones de su celular para esconderse atrás de mí en el Call Of Duty.
Estábamos en un Battle Royal, quedaban veinte personas y el wey nada más disparaba a lo imbécil. Ya me lo habían bajado tres veces en donde corrí para salvar sus plaquitas.
—¡No mames ya me morí!
Y está era la cuarta.
—Pues ahí te vez porque yo me voy, ni de coña me voy a enfrentar a estos weyes de aquí.— Y corrí victorioso mientras Kaminari se lamentaba en el suelo por haber muerto.
Llevábamos más o menos diez partidas, las cuales habíamos perdido y habíamos quedado hasta profesional uno, cuando a mí ya me faltaban menos de cien puntos para llegar a leyenda.
Y es que Kaminari solamente se lanzaba a lo pendejo, ni sabía disparar y mucho menos sabía usar su habilidad.
Bien manco el wey.
—¡Maldito seas!— Grite eufórico y lance el celular que me había prestado cuando me mataron, Kaminari se levantó en seguida.—. Era hacker.
—¡No jodas Bakugou, ese era el celular de Jirou, me matará si se entera que lo lanzaste!
—El muerto serás tú, no yo.
Me levanté y crucé mis brazos detrás de mi cabeza, a decir verdad, ya era un poco tarde, más o menos las cinco y treinta. No lo sabía con certeza, pero el sol ya casi en la puesta me hacía suponerlo.
Debía de volver a casa. Aunque no quisiera.
Me estire un poco y vi a Kaminari aún checando que el celular estuviera en buenas condiciones, en verdad parecía asustado.
Meh, ni me importa.
—Oye, creo que ya me iré.– Dije aquello, en el fondo, deseando que de menos el cabeza de pasto se estuviese preguntando dónde estaba. O al menos lamentándose por haberme dejado ir así como así.
Algo como; ¡Dios santo! ¡¿Por qué deje ir al sensual y hermoso Bakugou Katsuki?! ¡Lo necesito conmigo! ¡Como me odio por ser tan imbécil!
Lo que sea seria realmente genial a decir verdad.
—¡¿Qué?! ¡No! Primero checa conmigo que el celular esté bien, Bakugo.— Le miré un poco molesto, pero sabía también que estaba exagerando. Gruñi.
—Déjate de mamadas, si no lo avente con tanta fuerza. Adiós.
Tomando los cheetos que quedaban en la bolsa sobre el sofá, me salí comiendolos tranquilamente y sin prisa alguna.
Ya ansiaba ver la cara de preocupación del idiota de Izuku al ver la hora tan tarde que es y yo sin aparecer. Espero que de mínimo se sienta culpable por echarme de mi propia casa.
"Aunque él ni siquiera me hecho."
Mierda, ¡Cállate cerebro! Agarre un puñado de cheetos y los metí a mi boca masticandolos con agresividad mientras caminaba más y más rápido.
Porque, no era invierno, pero joder, alto frío que hacía a éstas horas.
Aunque el hecho de que aún no tuviera mis llaves era algo que aún me preocupaba, ya sabría yo que hacer una vez que estuviera frente a mi casa...
Rayos, desearía de mínimo tener mi celular para llamar a mi madre y acusar de lo mala niñera que resultó ser el estupido cabeza de pasto.
Camine con un poco más de tranquilidad hasta que di vuelta en la esquina donde yacía mi casa.
Divisando mi puerta a lo lejos...
Abierta...
Con dos personas delante de ella...
—Ay madre santa...
"¡¿POR QUÉ MIERDA, EL ESTÚPIDO CABEZA DE PASTO YACE HABLANDO CON UN EXTRAÑO MITAD, MITAD A LA SALIDA DE MI CASA?!"
¡Lo peor era que no sabía ni por qué me sentía tan celoso!
Desafortunadamente, y con el frío llegando hasta mis huevos, me mantuve detrás en la esquina para que ninguno notara que yo estaba ahí.
Cuando de pronto, mil y un preguntas comenzaron a llegar a mi cabeza.
¿Quién mierda era ese tipo?
¿Por qué justo ahora?
Y lo más importante... ¡¿POR QUÉ PARECIA ESTAR COQUETEANDO CON EL CABEZA DE PASTO?!
¡AHG! Ganas de golpearlo no me faltaban, ganas de ir y gritarles a ambos era lo que más carcomia mis nervios justo en ese momento.
Y lo peor era que pasaban los minutos y su charla no tenía final. Diablos, me estaba congelando.
"¡Que se largue ya!"
Grite en mi mente, pero pareciera que se lo hubiera gritado de frente, pues inmediatamente se terminaron de decir unas cuantas palabras y el mitad/mitad finalmente se despidió de Izuku y partió, por fortuna, hacía el lado contrario de donde yo venía.
Agradeci y observé el como el cabeza de pasto se quedó embobado mirando al camino de ese extraño chico.
Aproveche y decidí salir. Con la duda al borde y sin ganas de querer quedarmela. Me acerque.
—Y bien... ¿Quién era ese?
El chico cabeza de pasto brinco algo asustado y volteó a verme.
Pensé que estaría enojado por interrumpir su momento de novela, pero al contrario...
...Por primera vez, lo vi de una forma que jamás imaginé hacerlo en estos cortos días...
Él estaba sonrojado, sus pecas estaban notoriamente resaltadas con aquel bello color rojizo y sus ojos brillaban con dulzura y sumisión junto a la luz del atardecer. Su boquita estaba levemente abierta, sorprendido, pero se veía tan... Lindo. Tenía un aura tan hermosa...
Joder, como quisiera follarmelo.
Pero entonces, él balbuceo;
—Perdón por eso...— Dijo, y fue aún más extraño, porque pensé que me diría algo como; "No es tu incumbencia." O "Vete a la mierda." ¡Pero no...! ¿Entonces... Qué...? ¡Santo cielo, está embrujado!.—. Él es Todoroki... Un amigo de mi ex secundaria... Ah... Nunca se lo había dicho a nadie... Pero es quién me gusta...
¡AY DIOS, NO ME JODAS! ¡ESO ERA MUCHÍSIMO PEOR DE LO QUE LLEGUÉ A IMAGINAR!
En ese momento sentí el como algo me explotó por dentro. Esperaba que fuera mi riñón y no mi corazón, ¡Pues presencie el momento exacto en donde me quitaban a mi futuro ligue!
Quede pasmado, Izuku aún no quitaba esa mirada de mis ojos perdidos a la nada. No sabia si estaba enojado, pero estaba llorando por dentro, eso sí. Ni siquiera sabía el como me sentía exactamente.
¡Ahg! ¿Qué se supone que debo de hacer ahora?
—Ehmm... Estaré dentro... Te veré luego, rizos de oro.
Y me dejó ahí, como si lo que hubiera dicho fuera lo más natural del mundo. Y claro que lo era. Pero rayos... Ya planeaba cogermelo y todo el rodeo. Para que ahora me saliera con la mierda de que en realidad ya tiene un príncipe a quien amar.
Quedé.
Creía que mi vida no podía ser más mierda... Pero vaya que me equivoque, pues aquella noche me quedé haciéndome pajas, pero no como a mí me gustaría, sino unas mentales ya que me sentía totalmente derrotado por un chico al que ni siquiera conocía.
Era un idiota.
¡Pues ni siquiera debería de haberme fijado en ese mocoso de cabellos verdes!
¡Ahora mismo ni siquiera me debería de importar algo como eso, igualmente a penas y nos conocemos, joder!
Mi corazón latía con furia. Todo me daba asco.
Ni siquiera pude cenar bien y me rugian las tripas.
