Era consciente de que debía enfrentar sola a aquello que acabó con su felicidad la noche anterior. Los adultos no creerían en sus palabras, no siendo ella una niña de doce años que quedó huérfana. Mucho menos iban a creer en la existencia de esas criaturas, no en la era Taishō.

Según lo que las personas comunicaron esa mañana a los hermanos Sasaki, su madre murió a causa de un animal salvaje que se instaló en los alrededores del pueblo. Sin embargo, Isao vio el cuerpo despedazado de la mujer y a pesar del dolor que sentía, vio extrañas marcas en el cuerpo de su madre que no eran propias de un animal.

Recordó, entonces, todas las veces en las que su padre negó la existencia de animales salvajes en los alrededores. Después, se acordó de su madre y de los relatos que acostumbraba a narrarle de niña.

—Los únicos que pueden llegar al pueblo para matarnos son...

Los demonios. Sí. Pero si llegara a contar sus suposiciones a los mayores, entonces ellos pensarían que Isao se había vuelto loca tras la muerte de su pariente.

Quién diría que esos relatos, de los cuales se burlaba a los siete años por creerlos tontos, resultarían reales.

Ya no podría reírse con gusto cada vez que los escuchara. Ahora solamente podía cuestionarse el cómo podría proteger a sus hermanos si el oni llegara a atacarlos.

Se sentía convencida con respecto a la existencia de los demonios como la causa del asesinato de su madre, y por eso mismo no podía descuidar el caso.

La presión de dedos y de uñas marcados fuertemente en el cuerpo de la víctima pertenecían a un humano o a algo físicamente similar a este. La primera idea que se le cruzó fue que se trataba de un caso de canibalismo, pero la rechazó casi de inmediato, después de todo, la fuerza de un humano promedio no sería suficiente para separar brazos y piernas de un cuerpo con tanta facilidad como, suponía, el demonio en cuestión lo había hecho.

Hace unas horas, el sol se ocultó y dio paso a la noche, el momento perfecto en que esos monstruos salían a alimentarse.

¿Entonces qué? De confirmar su teoría, sus hermanos y ella estarían en peligro mortal, al menos si llegase a ser el caso en que los eligieran para el festín.

¿Cómo continuar? La idea es proteger a los niños, sea como sea, pero la realidad insiste en abofetearla. Los oni, como se dijo con anterioridad,se caracterizan por una fuerza que supera por mucho a la de los humanos, e Isao solamente tiene doce y los demás no pasan de los diez años.

Pero incluso así, no iba a rendirse.

Lo primero que hizo, fue juntar a sus hermanos en un solo dormitorio. Al arroparlos, le pareció que los más grandes buscaban estar solos con su dolor, por lo que solamente les deseó buenas noches. En cuanto a los más pequeños, los consoló y los mimó tanto como quisieron. Lloraron hasta quedar dormidos.

Se sentó sola en un rincón de la habitación, sosteniendo fuertemente su hoz con ambas manos. Confió en su habilidad con la herramienta, después de todo trabajó con ella desde los seis, ayudando a su padre en sus labores, y siguió utilizándola incluso después de la muerte del mayor.

Se convenció de que todo estaría bien, de que si estuviera al borde de la muerte arrastraría al demonio con ella.

La muerte de su madre dio un giro completo a sus vidas. Algo estaba cambiando en estos cinco hermanos, y lo que sucediera esa noche solo iba a ser un paso más en el proceso.