CLAIR DE LUNE

Ciudad de Mitras, año 850.

Se convocó a una reunión a los miembros de la Legión de Reconocimiento junto a los altos mandos de la milicia y la reina. En ella se emitió el informe acerca de la última expedición a Shiganshina (lo que incluía la muerte de la mayoría de los soldados y el Comandante Erwin), los libros encontrados en el sótano de Eren Jaeger y la confirmación de existencia humana más allá de los muros. Esto último fue particularmente un aspecto que nadie esperaba y sorprendió a todos en igual o menor magnitud, pero también era un dato importante ya que podría explicar el origen de los titanes en la Isla Paradis.

La reunión se extendió por algunas horas hasta que Historia les otorgó un reconocimiento por su valentía y buenos resultados en la misión. Luego de ello les agradeció por todo y anunció a los presentes que podían retirarse, no sin antes recibir, para su sorpresa, una carta de Ymir.

Adicionalmente, y como un modo de recompensa, se les invitó a un banquete compartido con algunos miembros de la Policía Militar. El festín tenía de todo, por lo que tuvieron que frenar a Sasha antes de que se lo aventara ella sola.

Fue un momento bastante ameno que disfrutaron hasta que llegó la noche. Cada uno se dirigió a sus habitaciones pensando en el plan del día siguiente, aunque estaban realmente felices por haber llegado tan lejos, lo que significaba que las muertes de sus compañeros no habían sido en vano.

Mikasa fue de las últimas en subir al segundo piso. Luego de despedirse de Eren y Armin caminó por el largo pasillo con parsimonia, pero cuando volteó a ver a una de las ventanas notó que alguien estaba sentado en el filo de la terraza del cuarto piso mirando el cielo. Detuvo su andar y, al vislumbrar mejor, supo que se trataba del Capitán Levi.

Ladeó la cabeza. ¿Entonces a ese lugar había ido? Eso explicaba por qué se retiró temprano del banquete.

Tuvo la intención de seguir su camino, pero tras pensarlo mejor, decidió cambiar de dirección e ir hacia donde él estaba haciendo el menor ruido posible para no importunar a sus demás compañeros.

Abrió la puerta de la terraza, salió a la misma y se acercó sigilosamente tras cerrarla con cuidado.

—¿Capitán?

Él no se inmutó ante su presencia, ya que había sentido cuando llegó.

—Deberías estar descansando.

—Estaba por ir a mi habitación, pero quise darme una vuelta por aquí antes —se detuvo a su lado.

—¿Ocurre algo? —preguntó al percibirla ligeramente inquieta.

—Bueno… —agachó un poco la cabeza—. No hemos hablado mucho desde que regresamos de Shiganshina, por lo que no me he podido disculpar por mi comportamiento en… ya sabe.

Levi volteó a verla, recordando enseguida aquel arrebato que la empujó a amenazarlo con las cuchillas de su equipo en la pelea por el suero titán. Por supuesto eso le costó algunos días en prisión por desacato a la autoridad, pero era algo entendible al ver la vida de su amigo en riesgo.

—Tranquila —alzó la mano izquierda y le acarició la cabeza—. Eso ya pasó. Olvídalo.

Mikasa dejó que continuara con aquel gesto cariñoso y sonrió con alivio. No era novedad para nadie la buena relación que tenía con el Capitán, y aunque había aspectos en los que se diferenciaban considerablemente, eso no era impedimento para poder comprenderse el uno al otro.

—Oh, sí. Es la primera vez que lo veo en este lugar —Levi bajó la mano—. ¿Viene muy seguido?

—Se podría decir que sí —alzó la mirada hacia la luna y sus ojos brillaron con su luz—. Estando aquí recuerdo algunos momentos de mi juventud, cuando recién entré a la Legión de Reconocimiento —suspiró, pero la pequeña sonrisa que adornaba su rostro se borró—. Aunque ello también trae anécdotas malas.

—Ahora que lo menciona —se sentó muy cerca de él—, ¿qué lo motivó a entrar a la Legión?

El azabache permaneció unos segundos en silencio. Confiaba en ella, así que no tenía ningún sentido no ser honesto con aquella historia de su pasado que muy pocos conocían.

Con ello en mente, dio inicio a su relato.

—Viví toda mi niñez y adolescencia en la Ciudad Subterránea —bajó la vista al frente—. Mi mamá era una prostituta que trabajaba día y noche para poder llevar algo de comida a casa. De muy pequeño no tenía noción acerca de lo que ella hacía, pero a medida que fui creciendo comprendí la situación y decidí ayudar de alguna forma, aunque eso significara robar a otros —Mikasa lo miró con una mezcla de desconcierto y asombro—. Así es. Yo antes era un delincuente, quizá el más buscado en toda la Ciudad Subterránea —sonrió apenas—. Cuando cumplí 21 años conocí a los que serían mis mejores amigos antes que Hange y Erwin. Éramos polos completamente opuestos, pero eso de alguna forma creó un lazo muy fuerte entre nosotros.

—¿Eran? —la ojigris reparó en el tiempo del verbo—. ¿Qué pasó con ellos?

Levi exhaló, tomándose algunos segundos para responder.

—En una ocasión llegaron miembros de la Legión de Reconocimiento, y entre ellos estaba Erwin. Esa fue la primera vez que lo vi, y aunque no me pareció una persona de fiar, nos propuso tanto a Farlan, Isabel y a mí formar parte de los soldados del exterior ya que reconoció nuestras habilidades con el equipo tridimensional —continuó, modificando un poco el tono de su voz—. También nos ofrecieron un sueldo, y si bien tuve mis dudas al respecto, acepté por una simple razón.

—¿Cuál?

—Quería sacar a mi mamá de ese infierno asqueroso al que llamaba vida.

Mikasa comprendió de inmediato y asintió, señalándole que prosiguiera.

—A ella no le gustaba en lo absoluto que robara, por lo que aceptó de buena manera que me uniera a la Legión a pesar del alto riesgo de muerte inminente —recordó el momento en que se separaron—. Con el dinero que le daba no tuvo que volver más al burdel y pudo vivir una vida más tranquila. Junto con Isabel y Farlan la visitábamos periódicamente. Ellos eran como sus otros hijos y eso la hacía feliz hasta que…

—Hasta que, ¿qué?

Suspiró: —Un día salimos de expedición fuera de los muros. La niebla espesa cubría todo el panorama, imposibilitando ver con claridad. Farlan e Isabel fueron a un escuadrón mientras yo a otro, y aunque ellos me dijeron que todo estaría bien, sentía una corazonada que me decía lo contrario —hizo una mueca de disgusto—. Y no me equivoqué ya que, cuando regresé, los encontré comidos por un titán excéntrico.

—Qué horrible —Mikasa se llevó ambas manos a la boca, estupefacta.

—Y eso no fue todo —negó levemente—. Por si no fuera poco, luego de que acabara con ese titán, me enteré que la Ciudad Subterránea fue invadida y destruida —Mikasa, con su rostro perplejo, imaginó lo peor—. Busqué a mi mamá incansablemente por varios días, incluso meses, pero no pude encontrarla —se mantuvo serio, aunque se le había formado un nudo en la garganta—. Alguna vez le ofrecí venir a vivir a la superficie, pero ella se negó y ahí está el resultado: desapareció. Es más, estoy convencido de que está muerta —la luz de sus ojos se opacó—. Perdí a las tres personas más importantes de mi vida al mismo tiempo. Fue un dolor insoportable, pero aprendí a superarlo porque sé que no les gustaría verme devastado —volvió a mirar el cielo—. Por eso siempre vengo a este lugar, para recordarlos y contarles las hazañas de la humanidad.

Mikasa lo observó, su perfil iluminado por la luna. Lo entendía; comprendía perfectamente lo que se sentía perder a tus seres queridos, ya que ella misma fue testigo cuando asesinaron a sus padres y a su hermanito que venía en camino.

Estaba muy impresionada con aquella historia, y aunque no se esperaba algo trágico, también creció la admiración por aquel hombre que había demostrado fortaleza sin dejar de lado sus memorias.

Curioso, ya que, en su momento, creyó que no tenía corazón.

—Espero no haberte aburrido con mi letanía.

—Para nada —agitó su mano en el aire—. Es bueno que comparta sus vivencias.

—Sí… —volvió a verla—. Aunque es más especial cuando eres tú a quien se las cuento.

La azabache ladeó la cabeza, sin comprender del todo a qué se refería con eso.

—En fin. Creo que es momento de que vayas a descansar.

—¿Y usted?

—Me quedaré un rato más. No tengo sueño.

—Podría acompañarlo hasta que eso pase.

—Ni hablar. Debes dormir el tiempo mínimo. Y no te preocupes por mí —acotó cuando ella iba a reprochar—. Mañana estaré listo para la próxima misión.

—Está bien —mencionó resignada y se levantó. Dio media vuelta y posó su mano sobre su hombro—. Buenas noches, Capitán.

—Buenas noches, Mikasa.

Esta se alejó hacia la puerta, la abrió, echó un último vistazo hacia donde estaba Levi y volvió a cerrarla. Bajó silenciosamente las escaleras mientras pensaba en él. Bueno, no era ningún misterio que sufría de insomnio, aunque sí era sorprendente que su rendimiento no se viera afectado por las pocas horas de sueño.

"Desearía que pudiera descansar como los demás".

Entre tantos pensamientos llegó al piso donde estaba su habitación, pero antes de entrar a la misma miró aleatoriamente a la ventana al frente de la puerta y descubrió una sombra de pie frente a la entrada del cuartel. Frunció el ceño y se acercó; las penumbras eran espesas, pero un par de faroles ayudaron a que reconociera que se trataba de una persona cubierta por una larga capa con capucha.

Intrigada, estuvo a punto de bajar a ver quién era, pero esa persona se esfumó en un abrir y cerrar de ojos.

—Qué raro —susurró—. ¿Sería acaso un fantasma?

Permaneció algunos segundos observando el lugar en el cual había visto a ese misterioso ser, pero luego dejó de darle importancia e ingresó a sus aposentos. Se cambió de ropa, se puso un vestido ligero como pijama y se acostó, sin demorar mucho en quedarse dormida.

Al día siguiente, junto con sus compañeros, se levantó temprano para la que sería una de las más largas misiones en todo el tiempo que llevaba en la Legión. Luego de desayunar, todos los soldados salieron de las murallas para acabar con los titanes que aún circulaban en algunas partes de Paradis. No fue una tarea fácil, por lo que les tomó ese y varios meses más hasta estar completamente seguros de que no quedaba ni una sola de esas criaturas. Cuando finalmente sucedió, pudieron viajar a aquel lugar que Armin había mencionado innumerables veces: el mar.

El recorrido en caballo fue bastante extenso, pero valió enteramente la pena cuando lograron visualizar aquella masa infinita de agua que se agitaba con una suave brisa frente a sus ojos. Dejaron a sus equinos amarrados a unos árboles cercanos y se sacaron las botas de combate para caminar en las orillas, todos a excepción de Levi, quien prefirió quedarse a una distancia prudente mientras observaba a los otros chapotear y jugar como si fueran niños.

—¡Woah! Pero ¿qué es eso? —exclamó Hange al ver un ser lleno de espinas al filo de la arena.

—Ni se te ocurra tocarlo. Podría ser venenoso.

La castaña asintió y se le quedó mirando con sus ojos brillando de curiosidad. El azabache suspiró y volteó a ver hacia donde estaba su escuadrón, deteniendo su mirada sobre Mikasa quien, tras algunos segundos de duda, decidió meter sus piecitos en el agua salada mientras sostenía sus botas y daba pequeños saltitos con el movimiento de las olas.

A sus ojos, era una imagen muy agraciada que no podía dejar de observar, y fue bastante obvio ya que la ojigris lo percibió y giró para verlo. Con una sonrisa y un leve movimiento de cabeza lo invitó a que se uniera, pero él se negó cortésmente y le motivó a que siguiera disfrutando de aquel momento único en su vida.

Se la pasaron un buen rato entre risas y bromas hasta que decidieron retornar al cuartel. La nueva experiencia renovó las energías de todos, por lo que, algunos días después, Hange aprovechó para llamar a los soldados a una reunión de carácter obligatorio en su oficina por una simple razón: se acercaba una fecha especial.

—Bien, ya estamos todos —dijo la castaña tras cerrar la puerta.

—¿Para qué nos mandó a llamar, Comandante? —preguntó Jean.

—Bueno —se sentó en la silla detrás de su escritorio—. Como saben, en cinco días es Navidad, pero no solo eso, sino que también es el cumpleaños de Levi.

Los presentes se miraron los unos a los otros, sorprendidos. Ahora entendían por qué el Capitán no estaba en aquella convocatoria.

—¿Entonces planea hacerle una fiesta sorpresa? —inquirió Armin.

—Así es, y para eso necesito de su ayuda —observó a cada uno de los seis—. Conozco a Levi y no son de su agrado las grandes celebraciones, mucho menos las festividades por temporada. Es más, estoy segura de que si estuviera aquí se negaría rotundamente.

—Si es así, ¿por qué…?

—¿Insisto en hacerlo? Sencillo —se recargó sobre el respaldo de su silla—. En los últimos años no hemos podido darnos el lujo de celebrarlo como se debe, pero ahora que la amenaza de los titanes ya no existe considero que es el momento adecuado, además de que quiero que sepa que tiene una familia con nosotros a pesar de todas las pérdidas irreparables.

—Viéndolo de ese modo… es un bonito gesto —dijo Sasha.

—¿Verdad que sí? Y será más especial viniendo de ustedes como su escuadrón —sonrió.

—¿Ya tiene una idea en mente? —preguntó Eren.

—Sí. De hecho, Historia también va a participar, aunque el papel distractor principal estará en manos de Mikasa.

La aludida dio un respingo al escuchar su nombre. Andaba un poco distraída con sus pensamientos en otro planeta.

—¿Yo?

—Por supuesto. Todos saben sobre tu buena relación con Levi, así que te será más fácil mantenerlo ocupado mientras nosotros nos encargamos de lo demás.

—Hum… —en un inicio dudó, pero tras pensarlo mejor, supo que sería muy interesante y emocionante ver la cara que pondría—. Está bien. Haré todo lo posible para que no sospeche nada.

—¡Excelente! La primera parte del plan está lista. Ahora solo falta la fase dos que es la siguiente…

Brevemente explicó los detalles restantes e incluyó algunos aportes novedosos que cada uno iba diciendo. Lo discutieron sin hacer excesivo escándalo por varios minutos hasta que, con todo listo, salieron satisfechos y regresaron a sus actividades como si no hubiera pasado nada.

Al día siguiente comenzaron los preparativos, y si bien ahora estaban enfocados en asuntos como la construcción del puerto y los entrenamientos especiales con armas de fuego, se daban modos para sacar un tiempo libre y así continuar con la elaboración de la sorpresa sin dejar de ser discretos.

En una mañana de esas, Mikasa salió junto a Sasha y Armin aprovechando que era día de descanso para realizar algunas compras. Visitaron varias tiendas, adquirieron los insumos para la comida, uno que otro adorno para resaltar también el espíritu navideño y los regalos que no podían faltar.

—Bien, creo que ya tenemos todo —Armin revisó la lista mientras vigilaba de cerca a Sasha para que no sustrajera nada de las bolsas—. Oh, cierto. Solo falta tu regalo, Mikasa. ¿Ya decidiste qué vas a darle?

—Todavía no —suspiró derrotada—. No hay nada que me convenza.

—Conoces sus gustos. ¿Por qué no le das algo de eso? —le dijo Sasha.

—¿Qué sentido tendría? Lo que quiero es obsequiarle algo que realmente lo sorprenda, algo diferente.

—Se ve que estás muy empeñada en que así sea —la miró Armin curioso.

—No lo voy a negar —se encogió de hombros—. Creo que por hoy ha sido suficiente. Mañana volveré a salir.

—¿Y si no encuentras lo que buscas? ¿Vas a salir de la ciudad?

—Si no hay otra alternativa pues…

Armin elevó ambas cejas en señal de asombro. Aquello lo había dicho en son de broma, pero al parecer su amiga se lo tomó muy en serio.

—Bueno, regresemos al cuartel entonces.

Caminaron por las ajetreadas calles hasta vislumbrar la entrada del cuartel a unos cuantos metros de distancia. Continuaron su andar tranquilamente, pero justo antes de ingresar, Mikasa miró hacia el lado izquierdo y reconoció a la misma figura que vio hace algunos días y que, de hecho, seguía apareciendo en la oscuridad de cada noche.

Se detuvo en seco, sin quitarle los ojos de encima. Se encontraba a una distancia considerable, con la cabeza ligeramente alzada y la vista dirigida, supuso, hacia la fortaleza.

—¿Sucede algo? —preguntó Sasha al ver que no la seguía.

—Olvidé que tengo que resolver un asunto —dijo la azabache y le entregó las bolsas que cargaba—. ¿Puedes llevar esto por mí? Ya regreso.

—De acuerdo. No te tardes.

La castaña desapareció tras la puerta y Mikasa se acercó a paso lento hacia aquella persona que parecía absorta en su lugar.

—¿Disculpe?

La persona pegó un brinco y volteó con los ojos tapados por la capucha. Mikasa dio un paso hacia delante, pero eso fue suficiente para que el desconocido (o desconocida) se asustara y empezara a correr. La ojigris se sorprendió por ello, pero no dudó en ir detrás suyo mientras esquivaba ágilmente a los transeúntes de la zona.

Recorrieron varios metros hasta que, en una intersección, logró alcanzarlo.

—Oiga. Deténgase —lo tomó de la muñeca.

—Suéltame, por favor —musitó con la cabeza gacha.

—¿Quién es usted? No es la primera vez que lo veo en las afueras del cuartel. ¿Busca algo?

—Te dije que me sueltes —forcejeó, pero Mikasa no aflojó el agarre y tiró hacia sí.

Aquella acción hizo que la capucha saltara hacia atrás, descubriendo su rostro que expresaba algo de miedo.

Frunció el ceño al encontrarse con sus ojos. ¿Por qué se les hacía extrañamente familiares?

—Déjame ir —la voz de una mujer la sacó de su trance.

—¿Necesita algo? Yo pertenezco a la Legión de Reconocimiento, así que quizás podría…

—¿A la Legión? —abrió los ojos desmesuradamente al escuchar eso—. ¿De verdad?

—Sí.

—Entonces puedes ayudarme —agarró a Mikasa repentinamente de ambos brazos—. Busco a…

En ese instante una carroza pasó a toda velocidad haciendo estruendo, pero ello no fue impedimento para que la ojigris escuchara lo que la mujer dijo.

—¿Qué?

—Sé que está en el cuerpo de soldados de la Legión. ¿Lo conoces?

—Sí… —respondió recelosa, pero luego cayó en cuenta de algo—. No me diga que usted es…

Rápidamente la mujer le explicó todo, confirmando sus sospechas y dejándola en completo estado de shock. ¿Realmente era eso posible? ¿De verdad estaba viendo a aquella persona que se mostraba un tanto ansiosa y desesperada?

—No puedo creerlo… —tuvo que hacer un esfuerzo enorme para asimilar aquella nueva información.

—Sé que apenas nos conocemos, pero quiero pedirte que me dejes verlo.

—Eh…

—Te lo suplico. Lo entiendes, ¿no es así? Quiero que sepa que estoy aquí —sus ojos se llenaron de lágrimas—. Por favor.

Mikasa se quedó un rato pensando. Rayos, había pasado tantas cosas en unas pocas horas, tantas revelaciones que se arremolinaron en su cabeza y no le permitían salir de la impresión.

Bueno, no podía negarse a una petición tan seria e importante, pero antes de que se decidiera a actuar, una brillante idea surgió y se abrió paso en su mente.

—De acuerdo —observó cómo la mujer suspiraba aliviada—. Pero ¿qué le parece si hacemos esto…?

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Llegó el tan esperado 24 de diciembre.

Todos en la Legión de Reconocimiento estaban listos, y aunque el cumpleaños del Capitán era al día siguiente, la intención era celebrarlo justo a la medianoche en un evento sencillo y especial.

Las actividades durante la mañana y la tarde se desarrollaron con normalidad. Ya cuando cayó la noche fue el turno de Mikasa de actuar, invitando a Levi a dar un paseo por toda la ciudad.

—¿A qué se debe tal invitación?

—Estamos en Noche Buena y vísperas de Navidad. ¿No cree que sería entretenido salir a ver las decoraciones de las casas, tiendas y plazas ahora que tenemos la oportunidad luego de tantas desgracias?

El azabache lo pensó y, tras algunos segundos de análisis, aceptó. Mikasa creyó que su argumento había resultado muy convincente, pero la verdad era que él quería pasar tiempo de calidad con ella a solas luego de mucho tiempo.

Desaprovecharlo sería un total desperdicio.

A las ocho se encontraron en las afueras del edificio principal. Levi vestía de traje, mientras que Mikasa llevaba puesto un vestido azul sencillo y un abrigo largo a juego con sus zapatos de taco. Cada uno le dio el visto bueno a las prendas del otro y, sin más, salieron del cuartel, adentrándose en las calles llenas de gente.

En cada rincón del distrito se evidenciaba la felicidad por poder celebrar una fecha que, para muchos, había perdido sentido luego de tantos acontecimientos. Las guirnaldas adornaban los balcones de la casa, luces multicolores brillaban en las ventanas y niños correteaban puestos unos gorros rojos peculiares al igual que uno que otro adulto.

—Todos en la ciudad están muy contentos —comentó Mikasa—. Ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que se respiraba tanta paz.

—Sí. Los tiempos han cambiado, aunque…

—¿Aunque?

El ojiazul hizo un gesto pensativo: —Por lo general, en estas fechas, Hange siempre suele poner un árbol en la entrada al cuartel, pero me resulta extraño que este año no lo haya hecho. Ni eso, ni sus alocadas reuniones en el comedor.

—Oh —la azabache se mantuvo serena ante aquel comentario. "Qué observador"—. Supongo que es por sus nuevas obligaciones. Ya sabe; como comandante ahora pasa más ocupada.

—Puede ser. ¿Y tú?

—¿Yo qué?

—Creí que harías algo con tus amigos los mocosos.

—Ah, eso —miró un rato el cielo parcialmente nublado mientras pensaba en una buena explicación—. Algunos estaban ocupados y otros cansados por los entrenamientos. Tal vez mañana.

—¿Mañana?

—Sí. ¿Por qué?

—Por nada —respondió estoico y desvió un poco la vista. Mikasa lo miró y sonrió sin que lo notara. El plan estaba saliendo a la perfección.

Continuaron su paseo en medio de una suave y fría brisa. Conversaron sobre otras cosas más, se detuvieron algunos minutos frente a un árbol decorado en una de las plazas y miraron a una banda de música tocar instrumentos que en su vida habían visto.

Estaban muy entretenidos y disfrutando de la compañía mutua que, cuando se dieron cuenta, ya eran las once de la noche.

—Es tarde. ¿Quieres algo de comer?

—¿Eh? No, gracias. Comí algo antes de salir del cuartel.

—Pero eso fue hace mucho. No creo que tu estómago siga lleno.

—No se preocupe por mí. Estoy bien. Es más, todavía…

En ese momento un carruaje impulsado por dos caballos pasó al lado suyo hasta detenerse. De él se bajó un miembro de la Policía Militar y se le acercó para decirle algo rápidamente. Luego volvió a subirse.

—¿Pasó algo?

—Un mensaje urgente de la reina. Quiere que vayamos enseguida.

—¿Qué? ¿Justo ahora?

—Sí.

—Tsk —Levi no se veía muy contento con aquella interrupción, pero órdenes eran órdenes—. De acuerdo. Vamos.

Ambos subieron al carruaje y los caballos empezaron a correr a la orden del jinete que les guiaba. Durante todo el trayecto se mantuvieron en silencio hasta que, una hora después, arribaron a una de las propiedades de la reina. Se apearon, Mikasa agradeció por el transporte y luego ingresaron, caminando por un largo pasillo hasta llegar al segundo piso.

Todo a su alrededor estaba en relativa oscuridad. Solo unas pocas velas iluminaban por donde iban.

—Qué silencio tan extraño —comentó Levi y se detuvieron frente a una gran puerta de madera pulida. Sin demorar, prosiguió a abrirla—. Mas vale que sea algo importante, porque no estoy para...

—¡Sorpresa!

Ni bien puso un pie en la sala las luces se encendieron y fue recibido por confeti y una serie de globos que cayeron sobre su cabeza.

—Una, dos, tres... ¡Feliz Navidad y feliz cumpleaños, Capitán!

La exclamación y los aplausos de extendieron por todo el lugar. El azabache parpadeó varias veces, sin poder creer lo que estaba viendo: había un árbol enorme decorado con luces y bombillos, algunas guirnaldas y globos colgaban de las paredes, un pastel de dos pisos reposaba sobre una mesa junto a un par de botellas y algunas bandejas... pero lo que más llamó su atención fue ver a su tropa, a Hange y a Historia vestidos elegantemente y con gorros navideños adornando sus cabezas.

No tenía por qué mentir; estaba realmente asombrado.

—Al parecer la sorpresa te dejó sin habla, amigo mío —dijo la Comandante.

—Tch —negó levemente y sonrió—. Fue inesperado. Lo admito.

—Esa era la intención —habló Mikasa detrás suyo.

—Oh... —volteó a verla—. Entonces tú también formaste parte de esto.

—Solo queríamos darle un pequeño detalle de nuestra parte —dijo Armin.

—De todo corazón —sonrió Sasha.

Levi miró a cada uno de ellos y no pudo evitar volver a sonreír.

—Gracias.

Pasaron a tomar asiento en los sillones, repartieron los bocaditos y luego el pastel junto a copas de champagne mientras un gramófono reproducía un poco de música.

—¡Hora de los regalos!

Uno a uno le fueron dando un presente. Algunos eran pequeños, otros más grandes, pero el concepto era el mismo: lo hacían con mucho cariño.

—Bien, ahora es mi turno —Mikasa fue la última en acercarse con las manos detrás de su espalda—. Cierre los ojos.

—No es necesario tanto misterio.

—Solo hágalo, por favor.

Levi la miró con curiosidad, por lo que ella misma tuvo que taparle los ojos con sus manos y guiarlo fuera de los muebles.

—Estás actuando muy raro, mocosa.

—Tengo mis motivos. Confíe en mí.

Ambos se detuvieron, se escuchó el abrir y cerrar sigiloso de la puerta y luego silencio.

—Ahora puede verlo.

Mikasa retiró sus manos y él abrió lentamente sus orbes, posándolos en la figura que se encontraba a su delante.

Sus miradas azules se encontraron y el tiempo dejó de existir. Cada uno, con los ojos abiertos de par en par, miraba al otro como si fuera producto de su imaginación o, quizás, de un sueño, uno que esperaron por tantos años pero que dadas las circunstancias y la maldad del mundo creyeron imposible que sucediera.

El azabache sintió cómo algo dentro de su pecho se detenía y los colores de su rostro desaparecían. ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso se había golpeado la cabeza y estaba alucinando?

—Levi…

Pero aquella dulce, añorada e inigualable voz le dijo que todo eso era auténticamente real.

—Mamá…

La mujer, con los ojos llenos de lágrimas y las emociones a flor de piel, corrió hacia él y lo estrechó entre sus brazos. Levi seguía en completo estado de shock, pero al escuchar los sollozos en su hombro volvió en sí y correspondió al abrazo mientras sus ojos se cristalizaban sin poder evitarlo.

—Mi hijo. Mi niño adorado. Mi Levi —susurró tratando de contener el llanto. Su calidez, su indiscutible aroma y sus emotivas palabras fueron suficiente para que el azabache, con su corazón inundado de felicidad, derramara unas cuantas lágrimas silenciosas.

A su alrededor, los presentes miraban la escena conmovidos, aunque quien estaba particularmente feliz por aquel reencuentro era Mikasa. Reconocía que le sorprendió mucho ver al Capitán consternado ya que eran muy pocas las veces en las que expresaba lo que sentía, pero también era humano, así que tenía todo el derecho de emocionarse por ver a su mamá luego de años de absoluta separación.

Estaba muy satisfecha con lo que había conseguido.

Tras aquel momento que se antojó eterno para madre e hijo, la primera pasó a relatar lo sucedido hace 14 años. Resulta que, luego de la invasión a la Ciudad Subterránea, ella había quedado atrapada entre los escombros de su casa y, producto de un severo golpe en la cabeza, perdió la memoria. Un grupo de sobrevivientes la encontró y la llevó hacia la superficie donde migraron a un pueblo ubicado en las montañas. Allí pudo rehacer su vida trabajando en el campo, pero algo en su interior siempre le decía que estaba olvidándose de alguien importante. Pasaron algunos años hasta que, producto de un encuentro fortuito con un miembro de la Legión de Reconocimiento, logró recuperar la memoria. Al saber quién era y lo que tenía, quiso ir rápido a ver a su hijo, pero le tomó mucho tiempo descubrir dónde estaba el cuartel y, además, lograr ahorrar para irse a vivir a la ciudad. Tuvo miedo, como se esperaba, de la posibilidad de que Levi estuviera muerto, pero cuando escuchó entre los pobladores que él era capitán y el soldado más fuerte de la humanidad, se quitó un gran peso de encima. Visitaba todas las noches el cuartel esperando el momento oportuno, pero no fue sino hasta su encuentro con Mikasa que pudo cumplir su sueño, y qué mejor que en un día tan especial.

Ambos azabaches se enfrascaron en una larga conversación mientras los demás seguían tomando champagne y algo de vino y escuchaban música. En el caso de Mikasa, ella salió al balcón, se apoyó en la barandilla y alzó la vista hacia el cielo que ya se había despejado y que mostraba a la luna plateada resplandeciendo con fulgor.

—Sé que están viendo esto, Farlan, Isabel —susurró y sonrió—. No los conozco, pero me basta con saber que fueron y siguen siendo personas muy importantes para el Capitán. Él creyó haber perdido a su mamá, pero la vida le dio la oportunidad de volver a verla —suspiró y cerró sus ojos—. Estoy muy feliz por él.

Una juguetona brisa acarició su rostro y alborotó un poco su cabello. Podía sentir la presencia de ellos cobijándola con ternura.

—¿Mikasa?

Ella volteó a ver y se encontró a Levi acercándose con un semblante que nunca antes había visto.

—Hola —esperó a que él se colocara a su lado—. ¿Le gustó mi regalo?

Ni bien terminó de decir eso sintió cómo la abrazaba con fuerza, acto que no vio venir pero que tampoco la incomodó.

—Es lo mejor que me has podido dar —susurró cerca de su oído—. No sé cómo agradecerte.

—Descuide. Lo importante es que usted y la señora Kuchel estén juntos de nuevo.

—Ay, Mikasa —se separó y le sonrió—. Eres realmente un ángel.

—Para nada. Yo solo hice lo que tenía que…

No pudo terminar la frase ya que, en un veloz movimiento, Levi acortó distancias y selló sus labios en un casto y tierno beso.

Su pulso se disparó abruptamente, quedándose petrificada y perpleja en su lugar.

El contacto duró unos pocos segundos, los suficientes como para que Hange y los demás lograran verlo con la boca abierta.

Una vez separados, Mikasa pudo volver a respirar, y Levi cayó en la cuenta de lo que había hecho.

—D-Discúlpame —dijo un tanto nervioso, con miedo de haberla asustado—. Me dejé llevar por la emoción. Lo siento.

—No… Está bien —sonrió para reconfortarlo.

Ambos se quedaron en silencio, mirando a cualquier lado menos a los ojos del otro y con un leve sonrojo adornando sus mejillas.

La música se seguía reproduciendo fuerte en el gramófono hasta que cambió a una balada lenta.

—Em… —el azabache fue el primero en hablar—. ¿Te gustaría bailar un poco?

—Claro.

Levi le tendió la mano y ella, lentamente, la tomó. Caminaron de regreso a la sala y se detuvieron en el centro de la misma para luego empezar a moverse al son de la melodía. Los demás no interfirieron en aquel momento; solo de vez en cuando les lanzaban fugaces miradas, fingiendo que no habían visto lo sucedido en el balcón.

Mikasa le seguía el paso al ojiazul muy bien, aunque era de forma mecánica ya que su mente divagaba en una sola cosa.

"Me besó. El Capitán me besó…".

Estaba demás decir que seguía asombrada. Había sido su primer beso, y aunque no imaginó que sería con él, al recordarlo sentía cómo las mariposas revoloteaban en su estómago sin cesar.

Era una sensación curiosamente agradable.

—¿En qué piensas? —la pregunta de Levi la sacó de su trance.

—En nada —respondió luego de darse cuenta de que bailaban entrelazados, con sus brazos alrededor de su cuello y las manos de él sobre su cintura.

—Mmm… —la miró no muy convencido, pero lo dejó pasar—. Hay algo que no te he contado.

—¿Sobre qué?

—¿Recuerdas la conversación que tuvimos esa noche en la terraza?

La azabache asintió.

—Es cierto que mencioné que perdí a las personas más importantes —volteó a ver a su mamá, quien no dejaba de sonreírle—. Pero eso no es verdad.

—¿Ah no?

Él negó y volvió a clavar sus ojos en los de ella.

—Porque tú estás aquí y siempre lo estuviste.

No fue directo, pero Mikasa logró descifrar el verdadero significado detrás de aquella frase implícita, el cual despertó una emoción desconocida en lo más profundo de su ser.

Y, producto de ello, le regaló una de sus más grandes y sinceras sonrisas, la misma que él no dudó en devolver.

Era 25 de diciembre. Una fecha que había dejado olvidada, pero que volvió a cobrar sentido con sus colegas y, sobre todo, con las dos mujeres más importantes de su vida.

¿Qué más podía pedir?


Hola!

Bueno, esta es mi primera vez en esta plataforma, así que paulatinamente iré subiendo algunos de mis fics para compartirlos con los seguidores de la hermosa OTP.