CAPÍTULO 3
Sakura no pudo dormir mucho en lo que restó de la noche. La expresión del rostro de Sasuke al enterarse de la segura razón por la que ella había ido a Londres le cortaba la respiración. Dios, qué furioso se había puesto. Por mucho que trató, no pudo borrar la imagen de esa ira, aunque sólo fuera por un rato, para poder seguir durmiendo.
Y todo en nombre de la honestidad, pensó. Decir la verdad no le había servido de mucho. Debió haber cerrado la boca. Sakura soltó un suspiro sonoro. No, tenía que decir siempre la verdad. La madre superiora no había dejado de repetírselo una y otra vez.
Los pensamientos de Sakura retornaron a la expresión de furia de Sasuke. ¿Cómo podía ser que un hombre, con un hoyuelo tan adorable en la mejilla, pudiera tener ojos tan fríos? Sasuke podía tornarse peligroso cuando lo irritaban. Ojalá el duque de Uchiha hubiera mencionado ese hecho tan importante antes que Sakura se abochornara tan rotundamente frente a él y lo enfureciera a ese extremo.
Tenía terror de volver a encontrarse con él. Se tomó su tiempo para vestirse. Buntan la ayudó. La criada tenía el hábito de hablar sin parar mientras le cepillaba el cabello. Quería saber todos los detalles del día de la princesa. ¿Tenía pensado salir? ¿Querría que su dama de compañía la escoltara? Sakura contestó todas las preguntas lo mejor que pudo.
-Es probable que tengamos que buscarnos otro lugar donde vivir después de hoy -señaló Sakura-. Compartiré mis planes contigo una vez que los haya formulado, Buntan.
La muchacha terminó de abotonar la parte posterior del vestido matinal de Sakura, en color azul cobalto, cuando escucharon la llamada a la puerta.
Katazu solicitó que la princesa se reuniera con su señor en el salón, lo antes posible.
Sakura no creyó que fuera buena idea hacerlo esperar. No había tiempo para trenzarse el cabello y tampoco quería pasar por ese molesto proceso. Mientras estuvo viviendo en el convento, no tenía dama de compañía y consideraba que esa formalidad era un contratiempo. Por lo tanto, había tenido que aprender a trenzárselo sola.
Pidió a Buntan que se retirase, dijo a Katazu que bajaría al salón en un momento y se acercó a su maleta. Tomó la nota que su tutor le había escrito, se cepilló el cabello hacia atrás, sobre los hombros, y salió del cuarto.
Estaba lista para enfrentar al dragón. Sasuke la aguardaba en el salón. Estaba parado frente a la chimenea, mirando hacia la puerta, con las manos entrelazadas en la espalda. Sakura se alivió al ver que no tenía el entrecejo fruncido. Sólo parecía ligeramente irritado.
Sakura se quedó en la entrada, esperando a que él la invitara a entrar. Pero Sasuke no pronunció ni una sola palabra durante un largo rato. Simplemente, se quedó parado allí, mirándola. Ella creyó que tal vez él estaba tratando de controlar sus pensamientos. O sus nervios. La joven se dio cuenta de que estaba ruborizándose por el insolente escrutinio de Sasuke, pero poco después notó que ella estaba siendo tan insolente como él, pues lo observaba de la misma manera.
Era un hombre que difícilmente pasaría inadvertido. Tan atractivo, con un físico tan atlético y fuerte. Llevaba unos ceñidos pantalones de montar en cuero de ante, color cervato, con botas marrones de caña alta y una camisa blanca. Su personalidad se evidenciaba en el modo en que lucía su ropa, pues había dejado abierto el primer botón de su camisa y no llevaba esas horrendas corbatas almidonadas que los hombres solían ponerse. Obviamente, era un rebelde que vivía en una sociedad de conservadores. Tampoco tenía el corte de cabello de moda. Más bien lo llevaba bastante largo, hasta los hombros por lo menos, aventuró Sakura, aunque no podía decirlo con seguridad porque lo había sujetado en la nuca con un cordón de cuero. Definitivamente, Sasuke era un hombre independiente, de imponente estatura y musculosos hombros y muslos. Sakura le halló similitud con esos feroces hombres de frontera, cuyos retratos, en carboncillo había visto ilustrados en los periódicos. Sasuke era maravillosamente hermoso, sí, pero también se le veía ajado. Sakura decidió que lo que lo salvaba de ser totalmente inaccesible era la calidez de su sonrisa cada vez que estaba de buen humor.
Y ahora no lo estaba.
-Pase y siéntese, Sakura. Tenemos que hablar.
-Claro -respondió ella de inmediato.
Repentinamente, Katazu apareció a su lado. La tomó por el codo para ayudarla a entrar al salón.
-Eso no es necesario -le gritó Sasuke-. Sakura puede caminar sin que la ayuden.
-Pero ella es una princesa -recordó Katazu a su señor-. Debemos rendirle honores.
La furibunda mirada de Sasuke indicó al sirviente que tenía que dejar de hacer comentarios. De mala gana soltó el codo de Sakura.
Su expresión fue de rotunda desolación. Sakura trató de sanar sus sentimientos heridos.
-Es usted un hombre muy considerado, Katazu -lo elogió.
El mayordomo volvió a tomarle el codo al instante. Ella permitió que la guiara hasta el sillón tapizado en brocado. Una vez que se sentó, Katazu se arrodilló y trató de alisarle las faldas. Pero ella se lo impidió.
-¿Necesita algo más, princesa? -preguntó-. La cocinera le tendrá listo el desayuno en cuestión de minutos -agregó, asintiendo con la cabeza-. ¿Le agradaría una taza de chocolate mientras espera?
-No, gracias -respondió ella-. Sólo necesito una pluma y tinta -dijo-. ¿Tendría la amabilidad de conseguírmelas?
Katazu salió corriendo del salón para cumplir con el trámite.
-Me sorprende que no haya hecho su genuflexión -gruñó Sasuke.
Su mofa la hizo sonreír.
-Tiene suerte al contar con un sirviente de tan noble corazón, Sasuke.
Él no le respondió. Katazu reapareció a toda carrera con los elementos que Sakura había solicitado. Colocó el tintero y la pluma sobre una angosta mesita y luego la levantó para acercarla a la princesa.
Sakura, por supuesto, le agradeció y su gesto lo hizo ruborizar de placer.
-Cierre las puertas cuando se retire, Katazu -le ordenó Sasuke-. No quiero interrupciones.
Otra vez tenía un tono de irritación. Sakura suspiró. Estaba en presencia de un hombre muy difícil.
Devolvió toda su atención al anfitrión.
-Lo he perturbado. Realmente, lamento muchísimo...
Sasuke no le permitió terminar la disculpa.
-No me ha perturbado –le gruñó.
Sakura se habría reído si hubiera estado sola. Estaba totalmente perturbado y alterado. No cabían dudas. Tenía las mandíbulas apretadas y si eso no delataba sus verdaderos sentimientos, pensó Sakura, entonces no sabía a qué atribuirlo.
-Oh -dijo ella, sólo para aplacarlo.
-Sin embargo -comenzó él, con voz entrecortada, que indicaba que no estaba bromeando-, creo que cabe establecer algunos puntos en esta situación. ¿Por qué, en nombre de Dios, creyó usted que me casaría con usted?
-Su padre dijo que lo haría.
Ni siquiera trató de ocultar su exasperación.
-Soy un hombre adulto, Sakura. Tomo mis propias decisiones.
-Sí, por supuesto que es un hombre adulto -coincidió ella-. Pero no por eso dejará de ser hijo del conde, Sasuke. Es su obligación hacer lo que él quiera. Los hijos deben obediencia a sus padres, independientemente de la edad que tengan.
-Es una ridiculez.
Sakura encogió los hombros con elegancia. Sasuke mantuvo su paciencia.
-No sé qué clase de trato ha hecho usted con mi padre y lamento que le haya hecho promesas en mi nombre. Pero quiero que entienda que no tengo ninguna intención de casarme con usted.
Ella bajó la cabeza y miró la nota que tenía entre las manos.
-De acuerdo -contestó ella.
Su consentimiento inmediato, sin oponer objeción alguna y con un tono de voz de lo más casual, despertó las sospechas de Sasuke.
-¿No está enojada por mi rechazo?
-No, por supuesto que no.
Ella levantó la vista y sonrió. Sasuke parecía confundido.
-Estoy decepcionada -admitió ella-. Pero no enojada, por cierto. Apenas lo conozco. No sería razonable que me ofendiera por su negativa a casarse conmigo.
-Exactamente -coincidió él, asintiendo con la cabeza-. No me conoce. ¿Por qué querría casarse conmigo si...?
-Creo que ya se lo he explicado. Su padre me dio instrucciones de que me casara con usted.
-Sakura, quiero que entienda...
Ella no lo dejó terminar.
-Acepto su decisión, señor.
Sasuke sonrió a su pesar. La princesa Sakura parecía tan cabizbaja…
-No tendrá dificultades en bailar a la persona correcta. Es usted una mujer hermosa, princesa.
Ella se encogió de hombros. Obviamente, no le importó en absoluto el elogio.
-Me imagino que debe de haberle resultado difícil pedírmelo -comentó él.
Ella se encogió los hombros.
-Yo no se lo pedí -lo corrigió-. Simplemente, le expliqué cuál era el objetivo primario de su padre.
-¿Su objetivo primario?
Sasuke parecía estar riéndose de ella. Sakura sintió que sus mejillas se ruborizaban de la vergüenza.
-No se burle de mí, señor. Sin su sorna, esta conversación ya me resulta bastante difícil.
Sasuke meneó la cabeza. Cuando volvió a hablar, empleó un tono muy suave.
-No estaba burlándome de usted -le dijo-. Me doy cuenta de que esto es difícil para usted. Mi padre es el responsable de que los dos estemos en esta situación tan embarazosa. Nunca dejará de buscarme una esposa.
-El sugirió que lo mejor era no mencionarle nada respecto de la boda. Dijo que usted se ponía furioso cada vez que le mencionaban la palabra «matrimonio». Quería que yo le diera un poco más de tiempo y la oportunidad de conocerme mejor, antes de explicarle cuál era su plan. Pensó... que tal vez aprendería a apreciarme.
-Mire, de verdad me agrada usted -dijo él-. Pero en este momento, no estoy en posición de casarme con nadie. Según mis cálculos, dentro de cinco años tendré una situación financiera lo suficientemente estable como para procurarme una esposa y poder mantenerla.
-A la madre superiora le caería muy en gracia, Sasuke -anunció Sakura-. A ella le encanta calcular todo. Dice que la vida sería caótica sin un orden previsto.
-¿Cuánto tiempo vivió en el convento? -le preguntó, ansioso por tocar un tema que nada tuviera que ver con el matrimonio.
-Bastante -le respondió ella-. Sasuke, lo siento, pero no puedo esperar. De verdad debo casarme de inmediato. Es una lástima -agregó con un suspiro-. Creo que habría sido un esposo aceptable.
-¿Y cómo lo sabe?
-Su padre me lo dijo.
Sasuke se rió. No pudo evitarlo. Dios, qué inocente era ella. Advirtió que la joven estrujaba la nota entre las manos y entonces se detuvo. Ya se sentía lo suficientemente avergonzada como para tener que soportar que él se mofara de ella.
-Yo hablaré con mi padre y la salvaré de esa prueba -le prometió-. Sé que él le puso estas ideas en la cabeza.. Puede ser muy convincente, ¿verdad?
Ella no le respondió. Mantuvo la mirada fija en su falda. Sasuke se sintió como un cretino por haberla decepcionado. Rayos, pensó. No estaba actuando con sensatez.
-Sakura, este trato que usted ha hecho con mi padre, seguramente debe incluir un beneficio. ¿De cuánto?
Sasuke soltó un agudo silbido de admiración al escuchar la cifra exacta. Se apoyó contra la repisa de la chimenea y meneó la cabeza. Estaba furioso con su padre.
-Bien, por Dios juro que no se quedará sólo con la promesa. Si él le habló de entregarle esa fortuna, entonces tendrá que pagarla. Usted cumplió con su parte del trato...
Sakura levantó la mano para hacerlo callar, inconscientemente imitando el gesto de la madre superiora.
Sasuke obedeció sin darse cuenta.
-No entendió bien, señor. Su padre no me prometió nada. Yo le prometí a él. Sin embargo, él rechazó mi oferta. De hecho, se asombró sobremanera por mi sugerencia de pagar por un esposo.
Sasuke volvió a reírse. Estaba seguro de que ella estaba tomándole el pelo.
-Esto no tiene nada de gracioso, Sasuke. Debo casarme en tres semanas y su padre está ayudándome. Después de todo, es mi tutor.
Sasuke necesitaba tomar asiento. Se dirigió hacia la silla de cuero que estaba frente a la que Sakura ocupaba y se dejó caer en ella.
-¿Va a casarse en tres semanas?
-Sí -contestó ella-. Y por eso he pedido ayuda a su padre.
Agitó en el aire la nota que tenía en la mano.
-Le pedí ayuda para hacer esta lista.
-¿Una lista de qué?
-De posibles candidatos.
-¿Y? -la urgió.
-Me dijo que me casara con usted.
Sasuke se inclinó hacia adelante, colocó los codos sobre las rodillas y frunció el entrecejo.
-Escuche cuidadosamente -le ordenó-. Yo no voy a casarme con usted.
De inmediato, Sakura tomó la pluma, la mojó en la tinta y trazó una línea en la parte superior de la nota.
-¿Qué ha hecho?
-Lo he tachado.
-¿De dónde?
Sakura se mostró exasperada.
-De mi lista. ¿Por casualidad conote al conde de Oniyuzu?
-Sí.
-¿Es un buen hombre?
-Rayos, no -masculló él-. Es un cerdo. Usó la dote de su hermana para pagar unas cuantas deudas de juego, pero todavía insiste en seguir apostando todas las noches.
De inmediato, Sakura mojó la pluma en la tinta otra vez y tachó el segundo nombre de la lista.
-Qué raro que su padre no supiera que el conde tenía el vicio del juego.
-Papá ya no frecuenta los clubes.
-Eso lo explica -respondió ella-. Por Dios, esto va a ser más difícil de lo que suponía.
-Sakura, ¿Por qué está tan apurada en casarse?
Ella sostenía la pluma en el aire.
-¿Cómo? -Toda su concentración estaba en la nota.
Sasuke le repitió la pregunta.
-Me dijo que tenía que casarse en tres semanas y yo quiero saber por qué.
-La iglesia -explicó asintiendo con la cabeza-. Sasuke, ¿conoce al marqués de Yuino por casualidad? ¿Tiene algún vicio terrible?
Sasuke terminó con, su paciencia.
-Baje esa lista, Sakura, y comience por contestar mis preguntas. ¿Qué rayos tiene que ver la iglesia con...?
Ella lo interrumpió.
-Su madre ya la reservó. También hizo todos los arreglos. Es una dama de lo más maravillosa y organizada. Será una boda hermosa. Ojalá pueda asistir. En contraposición a lo que sus padres querían, me he negado a una boda pomposa. Preferí algo sencillo, más íntimo.
Sasuke se preguntó si su padre se habría dado cuenta de que su pupila estaba loca.
-Déjeme ver... -comenzó él-. Se ha encargado de arreglar todo sin un hombre para...
-Yo no puedo llevarme los laureles por eso -lo interrumpió-. Como ya le he explicado, su madre se encargó de todo.
-¿No cree que está encarando todo esto desde el ángulo equivocado, Sakura? Por lo general, se busca al novio en primer término.
-Estoy de acuerdo con usted, pero esta circunstancia es de lo más inusual. Simplemente, debo casarme enseguida.
-¿Por qué?
-Por favor, no crea que soy grosera, pero como se ha negado a casarse conmigo, me parece que lo mejor será que no sepa nada más. Sin embargo, me agradaría mucho recibir su colaboración, si usted estuviera dispuesto a dármela.
Sasuke no tenía ninguna intención de dejar las cosas como estaban. Tenía que averiguar la razón por la que Sakura tenía tanta urgencia en casarse y lo haría antes de que el día llegara a su fin. Decidió que tendría que recurrir a alguna trampa y dejar las preguntas para más tarde.
-Será un placer ayudarla -dijo él-. ¿Qué necesita?
-¿Sería tan amable de darme los nombres de cinco... no, digamos, seis, hombres convenientes? Los entrevistaré a todos esta semana y para el próximo lunes ya habré hecho mi elección.
Dios, cómo lo exasperaba.
-¿Cuáles son sus requisitos? -le preguntó sumisamente.
-Primero, debe ser honorable -comenzó ella-. Segundo, tiene que tener título. Mi padre se retorcería en su tumba si yo me casara con un plebeyo.
-Yo no tengo título -le recordó él.
-Pero fue nombrado caballero y eso tiene valor.
Sasuke rió.
-Descartó el requisito más importante, ¿verdad? Tiene que ser acaudalado.
Sakura frunció el ceño.
-Creo que acaba de insultarme -le dijo-. Pero de todas maneras, le perdono el cinismo porque todavía no me conoce bien.
-Sakura, la mayoría de las mujeres que buscan esposo, quieren tener una vida sin sobresaltos -le explicó.
-La riqueza no es importante para mí -le contestó ella-. Usted no tiene un centavo en los bolsillos y de todas maneras, yo quería casarme con usted, ¿lo recuerda?
Él se inquietó por tanta honestidad.
-¿Cómo sabe si soy rico o pobre?
-Su padre me lo dijo. ¿Sabe, Sasuke? Cuando frunce el entrecejo me recuerda a un dragón. Yo solía, pensar que sor Chiyo era un dragón, aunque no tenía las agallas suficientes para decírselo en la cara. Su ceño es así de feroz y creo que el apodo le sienta mejor a usted que a ella.
Sasuke no permitiría que ella lo hiciera morder el anzuelo, ni que ella cambiara de tema.
-¿Qué otros requisitos tiene para un esposo?
-Tendrá que dejarme en paz -le respondió después de un momento de consideración-. No quiero un hombre que esté... revoloteando todo el tiempo.
Sasuke volvió a reír. Pero se arrepintió en cuanto vio la expresión de la joven. Había herido sus sentimientos. Oh, Dios, hasta tenía los ojos llenos de lágrimas.
-Particularmente, a mí tampoco me gustaría tener una esposa que estuviera revoloteando a mi alrededor todo el tiempo -comentó, en un intento por aliviarla.
Pero Sakura ni lo miró.
-¿Una mujer rica lo atraería? -le preguntó.
-No -admitió él-. Hace mucho tomé la determinación de hacer mi propia fortuna sin ninguna ayuda exterior. Y quiero cumplir la promesa. Mi hermano me ofreció un préstamo para mí y mi socio. Por supuesto, también mi padre lo lizo.
-Pero usted rechazó las ofertas de ambos -dijo ella-. Su padre lo cree demasiado independiente.
Sasuke decidió cambiar el tema.
-¿Su esposo podrá compartir su cama?
Ella se negó a contestarle. Volvió a alzar la pluma.
-Empiece con su lista, por favor.
-No.
-Pero dijo que me ayudaría.
-Eso fue antes de que me diera cuenta de que usted está loca.
Sakura dejó la pluma sobre la mesa y se puso de pie.
-Por favor, discúlpeme.
-¿Adónde va?
-A recoger mis cosas.
Sasuke la siguió hasta la puerta, la tomó de un brazo y la hizo dar la vuelta para que lo mirase. Caramba, vaya que la había ofendido. Odió ver lágrimas en sus ojos, especialmente, sabiendo que él era el motivo de su desesperación.
-Va a quedarse aquí hasta que yo decida qué haré con usted -dijo con tono áspero.
-Yo decido mi futuro, no usted, Sasuke. Suélteme. No voy a quedarme donde no soy bien recibida.
-Se quedará.
A la orden, Sasuke agregó una mirada furiosa, para ver si ella cedía. No funcionó. Sakura no se dejaba intimidar. Es más, le devolvió la misma mirada.
-Usted no me quiere, ¿lo recuerda? -lo desafió.
Sasuke sonrió.
-Oh, claro que la quiero. Lo que no quiero es casarme con usted. Estoy siendo totalmente sincero con usted y por el rubor de sus mejillas me doy cuenta de que la he abochornado. Es demasiado joven e inocente para meterse en este ridículo juego en el que se ha embarcado. Deje que mi padre...
-Su padre está, demasiado enfermo para ayudarme -lo interrumpió. Tiró con fuerza de su brazo para liberarse de la mano de Sasuke-. Pero hay otros que me ayudarán. No tiene por qué preocuparse.
Sasuke no podía explicar por qué se sentía insultado. Pero esa era la verdad.
-Ya que mi padre está demasiado enfermo para cuidar de usted, entonces esa responsabilidad pesa sobre mis hombros.
-No, se equivoca. Su hermano, Itachi, actuará como mi tutor. Es él el que sigue en la línea.
-Pero Itachi también está convenientemente enfermo, ¿lo ha olvidado?
-No me parece que esta enfermedad tenga nada de conveniente, Sasuke.
No discutió ese punto con ella. De hecho, prefirió hacer como que no la había escuchado.
-Como su tutor temporal durante la enfermedad de mis familiares, seré yo quien decida adónde irá y cuándo. Y no me mire con esa expresión desafiante, jovencita -le ordenó-. Siempre me salgo con la mía y, para cuando caiga la noche, me habré enterado por qué tiene tanta prisa en casarse.
Sakura meneó la cabeza. Sasuke le tomó el mentón para mantenerle quieta la cabeza.
-Dios, qué obstinada que es. -Le apretó la nariz y luego la soltó.- Regresaré en unas horas. Compórtese, Sakura. Si se marcha, iré detrás de usted.
Ebisu y Genma esperaban en el vestíbulo. Sasuke pasó junto a ambos y luego se detuvo.
-No permitan que se vaya -les ordenó.
Ebisu asintió de inmediato. Sakura abrió los ojos desmesuradamente.
-Ellos son mis guardias, Sasuke -le gritó. Maldito, la había tratado como a una niñita cuando le apretó la nariz y cuando le habló con ese tono tan condescendiente. Y ahora ella estaba comportándose así.
-Sí, son sus guardias -coincidió Sasuke. Abrió la puerta principal de la casa y se volvió hacia ella-. Pero deben responder ante mí, ¿no es así, muchachos?
Lis dos guardias asintieron en silencio de inmediato. Sakura estaba tan furiosa que por poco gritó a los cuatro vientos su opinión sobre los arrogantes métodos de Sasuke.
Dignidad y decoro. Las palabras hacían eco en su mente. Sentía que la madre superiora estaba de pie, detrás de ella, mirándola por encima del hombro. Era una ridiculez, por supuesto, porque la monja estaba a años luz de distancia. Sin embargo, sus lecciones habían echado raíces en ella. Sakura se obligó a asumir una expresión serena y, simplemente, asintió.
-¿Estará fuera mucho tiempo, Sasuke? -le preguntó con bastante calma.
Él no creyó en su aparente serenidad. Sabía que lo que más deseaba era gritarle a viva voz. Sasuke sonrió.
-Tal vez -le contestó-. ¿Me echará de menos?
Ella le imitó la sonrisa.
-Tal vez no.
La puerta se cerró con sus carcajadas.
