CAPÍTULO 4
Y no lo echó para nada de menos. Sasuke no regresó sino hasta pasada la hora de la cena. Sakura se sintió agradecida de que hubiera estado fuera, porque no quería interferencias y ese hombre no sabía hacer otra cosa.
Se mantuvo ocupada con todos sus compromisos. El resto de la mañana y durante toda la tarde, recibió a los viejos amigos de su padre. Llegaron, uno tras otro, para presentarle sus respetos y ofrecerle su ayuda en lo que pudieran mientras Sakura permaneciera en la ciudad. La mayoría de la gente que vino de visita tenía su título de nobleza dentro de la respetada sociedad, pero también desfilaron artistas y trabajadores. El padre de Sakura había tenido una gran variedad de amistades. El hombre había sabido juzgar muy bien el carácter de las personas, una cualidad que la princesa creía haber heredado. Ese día descubrió que todos los amigos de su padre eran de su agrado también.
Hiruzen Sarutobi fue su último visitante. El hombre anciano y barrigón había sido el representante de su padre en Londres y todavía manejaba algunos bienes de Sakura. Sarutobi había ocupado el honorable cargo de suscriptor del Lloyd's de Londres durante más de veintitrés años. Su reputación como agente era de lo más calificada. No solo era ético sino también muy inteligente. El padre de Sakura había ordenado a su esposa, quien, a la vez, había hecho lo propio con su hija, que en caso de su muerte, Sarutobi sería la persona a quien cualquiera de las dos debía consultar en materia financiera.
Sakura lo invitó a cenar. Katazu y Buntan sirvieron la cena. Claro que la dama de compañía fue la que tuvo el mayor trabajo, pues el mayordomo se dedicó a escuchar la conversación de la mesa. Estaba asombrado de que una mujer supiera tanto sobre el mercado financiero, y en silencio, se prometió que más tarde informaría a su señor sobre lo que había escuchado.
Sarutobi pasó más de dos horas dándole recomendaciones varias. Sakura agregó una propia y luego completó las transacciones. El agente sólo utilizaba las iniciales de la muchacha cuando presentaba los valores ante los suscriptores del Lloyd's, porque era inconcebible que una mujer pudiera invertir en la bolsa. Hasta el mismo Sarutobi se habría sorprendido si hubiera sabido que las sugerencias de Sakura habían sido propias. Pero ella entendía los prejuicios que el hombre podía tener contra las mujeres. Durante todo ese tiempo la princesa había superado el escollo inventando un viejo amigo de la familia, a quien llamaba tío Heki. Le dijo a Sarutobi que, en realidad, no los unía ningún lazo sanguíneo, pero que por el afecto que se había ganado a lo largo de todos esos años, ella lo consideraba como un pariente. Para asegurarse de que Sarutobi no lo investigara, mencionó que tío Heki había sido íntimo amigo de su padre.
Y Sarutobi pareció sosegar su curiosidad con la explicación de Sakura. No oponía objeciones a aceptar órdenes financieras de un hombre, aunque en más de una oportunidad comentó lo extraño que le resultaba que tío Heki le permitiera firmar con sus iniciales. De inmediato quiso conocer personalmente al consejero y honorable pariente, pero al instante Sakura le dijo que tío Heki había optado por recluirse últimamente y que se negaba a recibir o estar acompañado. Completó la mentira diciendo que los visitantes habían perturbado su tranquila rutina desde que se había mudado a Inglaterra. Como Sarutobi recibía una jugosa comisión por cada oferta que hacía a los suscriptores, y como hasta el momento, tío Heki nunca se había equivocado en sus cálculos, no le convenía contravenir a la princesa. Si Heki no quería conocerlo personalmente, había que darle el gusto. Lo último que deseaba en el mundo era apartar a su cliente. Entonces concluyó en que Heki no era más que un excéntrico.
Después de la cena, regresaron al salón, donde Katazu sirvió a Sarutobi una copa de oporto. Sakura se sentó sobre el sillón, frente a su invitado, y escuchó varias anécdotas divertidas sobre los suscriptores que se agolpaban, en los pisos del Royal Exchange. Le habría encantado ver en persona los relucientes pisos de madera, atiborrados de cabinas de madera, a las que llamaban casillas, donde los suscriptores llevaban a cabo sus operaciones. Sarutobi le contó una historia muy peculiar que había comenzado por el año 1710 a la que se denominaba como un Visitante en la Sala. Un camarero, le explicó, conocido como el Riñón, subía a una especie de púlpito y leía los periódicos en voz alta y clara, mientras la audiencia de caballeros permanecía sentada en sus respectivas mesas, bebiendo sus tragos. Sakura tuvo que contentarse con imaginarse la escena mentalmente, pues no estaba permitida la entrada a las mujeres en el Royal Exchange.
Sasuke volvió a la casa justo cuando Sarutobi terminaba su copa. Arrojó la capa en dirección a Katazu y luego se dirigió al salón. Se detuvo de inmediato al ver que había visitas.
Sakura y Sarutobi se pusieron de pie. Ella presentó al invitado con su anfitrión. Sasuke ya sabía quién era Sarutobi. También se quedó impresionado, porque la reputación del hombre era muy famosa en el negocio de los astilleros. Muchos consideraban que ese agente era un genio financiero. Sasuke lo admiraba. En la bolsa de comercio, Sarutobi era uno de los contadísimos individuos que siempre anteponía los intereses de sus clientes a los propios. Se le consideraba honorable en el más amplio sentido de la palabra y para Sasuke, esa era una cualidad esencial en un agente.
-¿He interrumpido alguna reunión importante? -preguntó.
-Estábamos terminando nuestros negocios -respondió Sarutobi-. Es un placer conocerlo, señor -continuó el agente-. He seguido el desarrollo de su empresa y debo felicitarlo. De poseer sólo tres barcos a tener más de veinte en sólo cinco años, es muy impresionante, señor.
Sasuke asintió.
-Mi socio y yo tratamos de mantenernos siempre muy competitivos -dijo.
-¿Ha considerado la posibilidad de ofrecer a la venta acciones de su empresa a terceros, señor? Vaya, pero si hasta yo mismo estaría interesado en invertir en una empresa tan estable.
A Sasuke le latía la pierna dolorosamente. Cambiaba de posición constantemente, hacía gestos de sufrimiento y, finalmente, meneó la cabeza. Deseaba sentarse, mantener la pierna en alto y beber coñac hasta que el dolor lo abandonase. Sin embargo, no se daría el gusto. Siguió cambiando de posición una y otra vez, hasta que terminó por apoyarse en el sillón, tratando de concentrarse en la conversación que mantenía con el agente.
-No -anunció-. Las acciones del astillero Esmeralda pertenecen a medias a Deidara y a mí. No nos interesa que terceros posean ningún porcentaje de ellas.
-Si alguna vez cambia de parecer...
-No lo haré.
Sarutobi asintió.
-La princesa Sakura me ha comentado que usted es su tutor temporal mientras el resto de sus familiares se reponen de la enfermedad que los aqueja.
-Correcto.
-Vaya honor el que ha recibido -le dijo Sarutobi. Hizo una pausa para sonreír a Sakura-. Protéjala bien, señor. Esta joven es un exótico tesoro.
Sakura se sintió avergonzada por el elogio de Sarutobi. Sin embargo, distrajo su atención cuando su agente preguntó a Sasuke por su padre.
-Acabo de verlo -contestó Sasuke-. Ha estado bastante mal, pero ya está mejorando.
Sakura no pudo disimular su sorpresa. Se volvió a Sasuke.
-No me... -Se detuvo justo a tiempo. Estuvo a punto de echarle en cara que no le hubiera creído y que hubiera ido a ver a su padre para ver si la pescaba en una mentira. A Sakura le resultó vergonzosa la actitud de Sasuke. No obstante, los asuntos privados jamás debían discutirse frente a socios comerciales. Y estaba dispuesta a respetar ese principio, por irritada que estuviera.
-¿No qué? -preguntó Sasuke. Su sonrisa le indicó que sabía perfec- tamente lo que ella había querido preguntarle.
Sakura asumió una expresión de serenidad, pero sus ojos denotaban mucha frialdad.
-¿No me dirá que ha estado demasiado cerca de sus padres, verdad? -preguntó a Sasuke por fin-. La enfermedad que tienen podría ser contagiosa -explicó a Sarutobi.
-¿Podría serlo? -Sasuke apenas podía hablar de tanto que se reía.
Sakura lo ignoró. Tenía los ojos fijos en su agente.
-El hermano mayor de Sasuke visitó a sus padres hace varios días. Sólo se quedó allí durante una o dos horas y ahora él, tanto como su querida esposa, están enfermos también. Por supuesto que yo lo habría puesto sobre aviso, pero no estaba en casa. Había salido a cabalgar. Cuando volví, me enteré de que Itachi había estado allí y que ya se había marchado.
Sarutobi expresó su pesar por el mal que padecía la familia en esos momentos. Sakura y Sasuke acompañaron al agente hacia la entrada.
-Regresaré dentro de tres días, si le parece bien, princesa Sakura, con los papeles listos para que usted los firme con sus iniciales.
Poco después Sarutobi se marchó. Sasuke cerró la puerta detrás de él. Cuando se volvió, notó que Sakura estaba a escasos treinta centímetros de él, furiosa, con ambas manos plantadas en las caderas.
-Me debe una disculpa -declaró.
-Sí.
-Cuando pienso cómo usted... ¿Es cierto?
Seguía furiosa. Sasuke sonrió.
-Sí -admitió él-. No le creí cuando me dijo que mi padre y mi hermano estaban demasiado enfermos como para encargarse de usted.
-Tuvo que comprobarlo por sus propios medios, ¿no?
Sasuke ignoró la ira de la muchacha.
-Admito que creí que todo esto era una mentira -le dijo-. Y pensé que podría traer a mi padre conmigo.
-¿Para qué?
Sasuke decidió ser totalmente honesto.
-Para que me quitara la responsabilidad que ahora tengo hacia usted, Sakura.
Sakura trató de disimular sus sentimientos heridos.
-Lamento que mi estancia en esta casa sea un contratiempo tan relevante para usted, señor.
Sasuke soltó un suspiro.
-No debe tomar esto como algo personal. Sucede que en estos momentos tengo asuntos de negocios muy importantes que resolver y no tengo tiempo para andar jugando al tutor.
Sasuke se dirigió a su mayordomo antes de que Sakura pudiera decirle que sí estaba tomando las cosas como algo muy personal.
-Katazu, consígame algo para beber. Caliente, por favor. He pasado un frío tremendo hoy en el camino a caballo.
-Se lo merece -gruñó Sakura-. Algún día su naturaleza suspicaz lo meterá en serios problemas.
Sasuke se agachó hasta que su rostro estuvo a muy pocos centímetros del de ella.
-Mi naturaleza suspicaz es la que me ha mantenido vivo, princesa.
Sakura no entendió qué quiso decirle con esa frase. Pero no le agradó el modo en que estaba frunciendo el entrecejo, por lo que decidió que lo mejor era dejarlo en paz. Se volvió para dirigirse a las escaleras. Sasuke la siguió. Oyó que ella iba barbullando algo entre dientes, pero no pudo entenderle ni una sola palabra. De todas maneras, estaba demasiado distraído como para concentrarse en eso. Todo lo que le preocupaba en ese momento era no quedarse embobado con el sutil movimiento de sus caderas ni con lo cautivante y atractiva que le resultaba su espalda.
Sakura escuchó un suspiro detrás de sí y advirtió que él la seguía. No se volvió para preguntarle:
-¿También fue a casa de Itachi paró corroborar que él también está enfermo o la palabra de su padre le bastó?
-Fui a verlo.
Entonces sí se volvió para mirarlo cara a cara y fruncirle el entrecejo. Casi se lo llevó por delante. Como estaba un escalón más arriba que él, pudo mirarlo a los ojos sin necesidad de levantar la cabeza.
Advirtió qué bronceado estaba, cuán dura se veía su boca y cómo brillaba el negro de sus ojos con aquella increíble sonrisa.
Sasuke notó las sensuales pecas que le pintaban la nariz.
A Sakura no le gustó el rumbo que habían tomado sus pensamientos.
-Está cubierto de tierra, Sasuke, y probablemente, huele igual que su caballo. Creo que necesita un baño.
A Sasuke no le agradó ese tono de voz.
-Tiene que dejar de hablarme y mirarme con tanta altanería -le ordenó, con una voz tan tajante como la de ella-. Una pupila no debe tratar a su tutor de esa manera tan irrespetuosa.
Sakura no tuvo una respuesta adecuada a mano para contestar esa verdad. Por el momento, Sasuke era su tutor y, probablemente, ella le debía respeto. Sin embargo, no quería admitirlo, porque él le había expresado claramente que no deseaba su presencia en esa casa.
-¿Su hermano se siente mejor?
-Está medio muerto -le respondió, pero con un tono de voz casi divertido.
-¿No quiere a Itachi?
Sasuke se echó a reír.
-Por supuesto que quiero a mi hermano.
-¿Entonces por qué dice con tanta alegría que está medio muerto?
-Porque está realmente enfermo y no se ha puesto de acuerdo con mi padre en todo este plan.
Sakura meneó la cabeza, se volvió y subió corriendo lo que le quedaba de las escaleras.
-¿Su esposa está mejor? -gritó por encima de su hombro.
-Está tan verde como Itachi -respondió Sasuke-. Gracias a Dios, la pequeña hija de ambos se ha salvado. Ella y Jūgo se quedaron en el campo.
-¿Quién es Jūgo?
-El mayordomo, ahora niñera, de la familia -explicó Sasuke-. Itachi y Izumi se quedarán en Londres hasta que se repongan. Mi madre se siente mejor, pero mis hermanas todavía no toleran nada en el estómago. ¿No es raro, Sakura, que usted no haya enfermado como ellos también?
Ella ni lo miró. Sabía que era responsable y detestaba tener que admitirlo.
-En realidad, ahora que lo pienso, he estado un poco indispuesta en mi viaje a Inglaterra -señaló, restándole importancia.
Sasuke rió.
-Itachi la llama La Plaga.
Ella se volvió para mirarlo.
-No fue mi intención que todos enfermaran. ¿De verdad él me echa la culpa?
-Sí. -Sasuke mintió deliberadamente para molestarla.
Los hombros de Sakura se hundieron.
-Y yo que tenía la esperanza de mudarme a casa de su hermano mañana.
-No puede.
-De modo que cree que tendrá que cargar conmigo ahora, ¿verdad?
Ella esperó la negativa de Sasuke. Un caballero, después de todo, habría tenido una respuesta galante, aunque no fuera cierta, sólo para ser cortés.
-Sakura, tengo que cargar con usted.
Lo miró furiosa por la franqueza.
-Podría resignarse y tratar de ser un poco más agradable, ¿no?
Sakura recorrió a toda prisa el corredor y fue al estudio de Sasuke. El se apoyó contra el marco de la puerta y la observó mientras ella recogía los papeles que estaban sobre la mesa, junto a la chimenea.
-No estará ofendida porque no le creí lo de la enfermedad de mi familia, ¿verdad?
La princesa no le contestó.
-¿Su padre habló con usted respecto de las circunstancias en las que me encuentro?
El temor de sus ojos lo sorprendió.
-No estaba como para hablar demasiado esta noche.
Sakura se relajó notablemente.
-Pero usted me hablará de ellas, ¿no?
Sasuke mantuvo la voz baja y serena, pero Sakura seguía reaccionando como si él le hablara a gritos.
-Preferiría que se lo explique su padre.
-Él no puede. Usted lo hará.
-Sí -aceptó ella, por fin-. Seré yo quien se lo diga. No deja pasar a Katazu -agregó, contenta por la interrupción.
-Princesa Sakura, tiene visitas. Chishima Yoshiro, el conde de Hargrave, está esperando en el salón para hablar con usted.
-¿Qué quiere? -le preguntó Sasuke.
-Chishima es el hermano mayor de Kaede -explicó ella-. Esta mañana le envié un mensaje pidiéndole que viniera de visita.
Sasuke caminó hacia el escritorio y se apoyó contra este.
-¿Sabe que desea interrogarlo en relación con su hermana?
Sakura entregó sus papeles a Katazu, le pidió que tuviera la gentileza de llevarlos a su cuarto y luego se dirigió a Sasuke.
-No le comenté exactamente el motivo de mi solicitud.
Salió a toda prisa del estudio para que Sasuke no tuviera oportunidad de reprocharle que se había valido de esas artimañas para conseguir sus propósitos. Ignoró las órdenes que le dio para que volviera y fue a su alcoba. Había confeccionado una lista de preguntas que quería formular a Chishima y no quería olvidarse de ninguna. La hoja de papel estaba sobre su mesa de noche. La dobló, sonrió a Katazu, quien estaba acomodando su ropa de cama y bajó a toda prisa.
Katazu quería anunciarla. Pero ella no se lo permitió. Chishima estaba de pie, en el salón. Se volvió cuando Sakura llegó al vestíbulo e hizo una profunda reverencia para recibirla.
-Realmente, le agradezco mucho que haya venido tan pronto -comenzó Sakura, una vez cumplida su propia reverencia.
-En su nota mencionó que el asunto que quería discutir conmigo revestía gran importancia, princesa. ¿Nos hemos conocido antes? Estoy seguro de que, de haber sido así, ciertamente no lo habría olvidado.
Sakura supuso que el hermano de Kaede trataba de ser galante, pero su sonrisa indicaba cierto desdén. El conde de Hargrave apenas le llevaría entre tres y cinco centímetros de estatura. Estaba tan rígido que parecía tener la ropa almidonada hasta las orejas. Sakura no encontró ningún parecido físico entre el y su hermana a excepción del color de ojos. Eran del mismo tono castaño. Pero Kaede había heredado las facciones más agradables de la familia. Tenía una nariz corta y recta. La de Chishima era larga, más bien aguileña y extremadamente angosta. A Sakura le resultaba feo y, además, la alteraba su voz nasal.
Las apariencias, recordó, engañan. Rogaba para que Chishima tuviera una disposición tan dulce como la de su hermana. Parecía quisquilloso. Sakura deseaba equivocarse.
-Por favor, siéntese. Quería hablarle de un tema que me concierne y le ruego indulgencia con algunas preguntas que deseo formularle.
Chishima asintió y se volvió para dirigirse al otro lado del salón. Aguardó a que Sakura tomara asiento en el sillón y luego hizo lo propio en la silla adyacente. Cruzó una pierna sobre la otra y colocó las manos sobre una rodilla. La princesa advirtió que tenía las uñas demasiado largas para ser hombre y con una perfecta manicura.
-Jamás había estado en el interior de esta casa -señaló Chishima. Miró a su alrededor. Hubo sorna en su voz al agregar-. La ubicación es excelente, pero tengo entendido que la casa es alquilada.
-Sí, lo es -afirmó ella.
-Es terriblemente pequeña, ¿no? Creo que una princesa debe tener un ambiente mucho más apropiado.
Chishima era un presuntuoso. Sakura trataba de no despreciarlo, pero sus comentarios le dificultaban los esfuerzos. Sin embargo, era el hermano de Kaede y lo necesitaba para localizar a su amiga.
-Soy muy feliz aquí -declaró ella, forzándose por esgrimir un tono amable-. Bien, señor, quería hablar con usted con referencia a su hermana.
A Chishima no le gustó el anuncio. Su sonrisa se desvaneció de inmediato.
-Mi hermana no es un tema de conversación, princesa Sakura.
-Espero hacerlo cambiar de parecer -contravino ella-. Conocí a Kaede el año pasado. Se quedó en el convento de la Sagrada Cruz cuando enfermó durante su viaje. ¿Por casualidad, ella no mencionó haberme conocido?
Chishima meneó la cabeza.
-Mi hermana y yo rara vez hablábamos.
-¿De verdad? -Sakura no pudo disimular su sorpresa.
Chishima soltó un exasperado suspiro, bastante exagerado, por cierto.
-Kaede vivía con nuestra madre. Yo tengo mi propia casa -agregó con cierto tono jactancioso-. Por supuesto que ahora que se ha ido vaya Dios a saber adónde, mamá ha venido a vivir conmigo.
Empezó a tamborilear con los dedos sobre la rodilla con aparente impaciencia.
-Le pido disculpas si este tema le resulta difícil de tratar, pero estoy preocupada por Kaede. No creo que haya sido capaz de huir para casarse.
-No se preocupe -la contradijo él-. No vale la pena que nadie se preocupe por ella. Hizo la cama...
-No entiendo su actitud necia. Kaede podría estar en dificultades.
-Y yo no entiendo su actitud, princesa -le dijo Chishima-. No ha estado en Inglaterra el tiempo suficiente como para entender lo que puede hacer un escándalo en la posición social de una persona. Mi madre quedó prácticamente destruida por la insensatez de Kaede. Vaya, si por primera vez en quince años no fue invitada a la fiesta de Senju. La humillación la tuvo en cama durante un mes. Mi hermana lo echó todo a perder. Es y siempre ha sido una tonta. Pudo haberse casado con el que se le antojara. Conozco al menos a tres caballeros con título que ella rechazó. Sólo pensaba en sí misma., por supuesto. Mientras mi madre se preocupaba y trataba de buscarle un buen partido, ella se escabullía por la puerta de atrás para encontrarse con su amante.
Sakura luchó por contener sus nervios.
-No puede saber eso con certeza -discutió-. En cuanto a lo del escándalo...
Pero no pudo terminar la frase.
-Obviamente, a usted tampoco le interesa el escándalo -murmuró Chishima-. Con razón se llevaba tan bien con mi hermana.
-¿Exactamente, qué es lo que quiere insinuar? -le preguntó ella.
-Está viviendo en la misma casa de un hombre libre -dijo-. Ya corren rumores.
Sakura inspiró profundamente para mantener la calma.
-¿Y cuáles son esos rumores?
-Algunos dicen que sir Sasuke Uchiha es su primo. Otros, que es su amante.
Sakura dejó caer la lista sobre su falda y se puso de pie.
-Su hermana me habló muy poco de usted y ahora entiendo por qué. Es un hombre despreciable, Chishima Yoshino. Si no estuviera tan preocupada por lo que puede estar pasándole a Kaede, lo echaría de esta casa en este mismo instante.
-Yo me encargaré de eso personalmente.
El anuncio de Sasuke se oyó desde la entrada. Estaba apoyado contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho. Parecía tranquilo, pero sus ojos... Oh, Dios, sus ojos lanzaban llamas. Sakura nunca lo había visto tan enojado. Se estremeció.
Chishima pareció asombrado por la interrupción. Rápidamente se recuperó, descruzó torpemente las piernas y se puso de pie.
-De haber sabido el verdadero motivo por el que me citó, jamás habría venido, princesa Sakura. Buenos días.
Sakura no pudo quitar los ojos de Sasuke el tiempo suficiente como para responder a Chishima. Tenía la sensación de que Sasuke estaba agazapado y dispuesto a atacar en cualquier momento.
Y su sensación fue certera. Katazu mantuvo la puerta abierta para el visitante. Sasuke se desplazó para quedar junto al mayordomo. Su expresión no era auténtica, de modo que Chishima no tenía idea de que realmente Sasuke lo arrojaría literalmente a la calle.
Si Sakura hubiera parpadeado una sola vez, se lo habría perdido. Chishima apenas pudo soltar un chillido de indignación parecido al de un cerdo. Sasuke lo tomó del cuello de la camisa y de la cintura de los pantalones, lo levantó en el aire y lo arrojó al exterior. Chishima aterrizó en el arroyo.
Sakura se quedó boquiabierta. Recogió sus faldas y corrió hacia la puerta principal. Katazu le permitió ver al conde de Hargrave tirado en la calle antes de cerrar la puerta.
Se volvió bruscamente para enfrentar a Sasuke.
-¿Y ahora qué voy a hacer? Dudo que quiera volver a esta casa después del modo en que usted lo arrojó de aquí.
-Ese hombre la insultó. Y yo no puedo permitirlo.
-Pero necesitaba que me respondiera unas cuantas preguntas.
El se encogió de hombros. Ella hundió los dedos en su cabellera en un gesto de agitación. Trataba de decidir si se sentía halagada por el comportamiento de Sasuke o si estaba furiosa con él.
-¿Qué he hecho con mi lista?
-¿Qué lista, princesa? -preguntó Katazu.
-La lista de preguntas que iba a formularle a Chishima.
Regresó corriendo al salón, se agachó y encontró la hoja de papel debajo del sillón.
Katazu y Sasuke la observaron.
-La princesa Sakura cree firmemente en la utilidad de confeccionar listas para todo, milord -comentó Katazu.
Sasuke no hizo comentarios al respecto. Le dirigió una mirada ceñuda cuando ella pasó junto a él para dirigirse a las escaleras.
-No le permitiré que vuelva a invitar a Yoshino a esta casa, Sakura -le gritó, aún ardiendo de ira por los comentarios ásperos de aquel hombre.
-No dude que volveré a invitarlo -contestó ella por encima del hombro-. Mientras usted sea mi tutor, esta casa es tan mía como suya. Estoy decidida a averiguar qué pasó con Kaede y si eso implica tener que soportar a su desagradable hermano, bueno, lo haré.
Sasuke se dirigió a su mayordomo.
-No lo deje entrar, ¿entendido?
-Perfectamente, milord. Es nuestra obligación proteger a nuestra princesa de gentuza como él.
Sakura ya había doblado la esquina del pasillo de la planta superior, de modo que no oyó la orden que Sasuke impartió a Katazu ni el acatamiento de este. Estaba rotundamente cansada de los hombres, en general, y de Chishima Yoshino, en particular. Decidió olvidar por el momento al hermano de Kaede. Al día siguiente se le ocurriría algo.
Buntan esperaba a su señora en el cuarto. Ella y Katazu ya habían trasladado las pertenencias de la princesa desde la alcoba de Sasuke a la habitación contigua.
Sakura se sentó en el borde de la cama y se quitó los zapatos de un puntapié.
-Parece que tendremos que quedarnos aquí unos pocos días más, Buntan.
-Han llegado sus baúles, princesa. ¿Desea que empiece a deshacer el equipaje?
-Mañana estará bien. Sé que todavía es un poco temprano, pero creo que me acostaré. No es necesario que te quedes aquí para ayudarme.
Buntan la dejó sola. Sakura se tomó su tiempo para acostarse. Estaba cansada de todas las reuniones que había tenido durante el día. El haber hablado con tantos amigos de su padre y escuchado tantas historias maravillosas sobre él, hizo que lo echara de menos, y a su madre también, más que nunca. Sakura pudo haberse controlado si el desagradable de Chishima no hubiera sido tan descarado y duro. Habría querido gritarle que debía sentirse agradecido por tener una madre y una hermana a quien amar. Chishima no lo entendería, ni le importaría, se imaginó, porque era demasiado parecido a otra gente que Sakura había conocido, para quienes la familia era algo permanente y seguro.
Sakura se sumió en la autocompasión en cuestión de minutos. No tenía a nadie en el mundo que la quisiera realmente. Sasuke le había dicho claramente que para él era una carga y su verdadero tutor, que por cierto era mucho más amable y comprensivo que el hijo, probablemente opinaría lo mismo.
Sakura quería a su madre. Los recuerdos de su vida familiar no le servían de consuelo. La soledad la angustiaba. Se acostó pocos minutos después, se metió debajo de las mantas y lloró hasta quedarse dormida. Despertó en la mitad de la noche. Como seguía sintiéndose del mismo modo, comenzó a llorar otra vez.
Sasuke la oyó. El también estaba acostado, pero no podía dormir. Los latidos de la pierna lo mantenían bien despierto. Sakura no estaba haciendo mucho ruido, pero Sasuke estaba alerta al menor sonido de la casa. Inmediatamente, apartó las mantas y se levantó. Estaba en la mitad del cuarto cuando se dio cuenta de que estaba completamente desnudo. Se puso los pantalones y tomó el picaporte de la puerta, en su mano. Se detuvo.
Quería reconfortarla, pero al mismo tiempo, sabía que se sentiría incómoda por haberla oído llorar. Los sonidos eran apenas audibles, lo que indicaba que ella quería sollozar en el mayor silencio posible. No quería que la oyeran y Sasuke sabía que debía respetar su intimidad.
-Demonios -murmuró. Ya no sabía ni qué pensaba. Por lo general, no era tan indeciso. Sus instintos le indicaban que debía poner distancia entre él y Sakura. La joven era una complicación a la que él no estaba preparado para enfrentar.
Se volvió y regresó a su cama. Finalmente, admitió la verdad. No estaba protegiendo a Sakura del bochorno. No, estaba protegiéndose de sus libidinosas ideas. La joven estaba en la cama, probablemente, sólo con un camisón puesto y, maldita sea; Sasuke sabía que si se acercaba a ella no podría evitar tocarla.
Apretó los dientes y cerró los ojos. Si esa pequeña inocente hubiera sospechado siquiera lo que estaba pensando su vecino de alcoba, probablemente habría enviado a los custodios a hacer guardia alrededor de su cama durante toda la noche.
Dios, cómo la deseaba.
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Mató a una prostituta. Error. No había sido para nada satisfactorio, pues faltaba la sensación de absoluto poder y excitación. Le llevó unos cuantos días de reflexión poder llegar a la explicación adecuada. La satisfacción era consecuencia de una cacería propicia, exclusivamente. La prostituta había sido muy fácil y aunque sus gritos lo habían excitado, no fue lo mismo. No, no, era la inteligencia que debía emplear para hacer que la víctima mordiera el anzuelo. Era la seducción de la inocente llevada a cabo por el amo. En esos elementos radicaba la diferencia. La prostituta había estado sucia. No se merecía descansar en paz, como las otras. La arrojó por un barranco para que se la comieran los animales salvajes.
Necesitaba una dama.
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Sasuke ya se había marchado cuando Sakura bajó la mañana siguiente. Katazu y Ebisu estaban sentados con ella a la enorme mesa del comedor, revisando una pila de invitaciones que acababan de llegar. Genma dormía porque había hecho la guardia de la noche. Sakura no creía que fuera necesario que alguien tuviera que quedarse levantado vigilando toda la noche, pero Ebisu, el jefe de los dos guardias, no quiso escucharla. Ebisu sostenía que alguien siempre debía mantenerse alerta, por si algo sucedía y como la princesa lo había puesto al mando de esa situación, debía dejarlo hacer las cosas a su modo.
-Pero ahora estamos en Inglaterra -insistió ella una vez más.
-El general no es un hombre para tomar a la ligera –contravino Ebisu-. Llegamos aquí, ¿no es verdad? Él bien pudo haber mandado a sus hombres en el siguiente barco disponible.
Sakura dejó de discutir el asunto y siguió con la tarea que tenía entre manos.
-Es asombroso que tanta gente se haya enterado ya de que estoy en Londres -señaló ella.
-No me sorprende -contestó Katazu-. Me enteré por la cocinera, que se enteró por el carnicero, que usted está causando sensación. Me temo que también ha despertado ciertos chismes por vivir en esta casa. Claro que el hecho de que haya venido con su dama de compañía y dos guardias, dejan sin efecto las insinuaciones mal intencionadas. También hubo un comentario gracioso ...una tontería, nada más...
Sakura estaba a punto de extraer una de las tarjetas de su sobre correspondiente. Se detuvo para mirar a Katazu.
-¿Qué tontería?
-Se cree que usted y mi señor son parientes -explicó-. Creen que Sasuke es su primo.
-Chishima Yoshino también lo mencionó -dijo ella-. Pero agregó que otros piensan que es mi amante.
Katazu se quedó boquiabierto. Ella le dio unas palmadas en la mano.
-No hay cuidado. La gente siempre cree lo que quiere creer. Pobre Sasuke. Apenas si me soporta tal como están las cosas, como para tener que aguantar que comenten que somos primos. Sólo Dios sabe cómo reaccionaría si se enterase.
-¿Cómo puede decir semejante cosa? -preguntó Katazu-. A milord le encanta, tenerla aquí.
-Estoy impresionada, Katazu.
-¿Por qué, princesa?
-Porque acaba de decirme una mentira enorme y en mi propia cara.
Katazu no se rió hasta que la vio sonreír.
-Bueno, le encantaría tenerla aquí si no estuviera tan preocupado con sus asuntos de contabilidad.
Katazu estaba tratando de salvar la situación, pensó Sakura. Asintió en silencio, como coincidiendo con él. Katazu le suplicó que le permitiera ayudarla. Ella le indicó la tarea de pegar su sello en los sobres. El símbolo de su sello era de lo más extraño. Katazu jamás había visto nada parecido. Se delineaba claramente la silueta de un castillo y de lo que aparentaba ser un águila o un halcón a lo alto de una torrecilla.
-¿Ese castillo tiene nombre, princesa?
-Sí, se llama Stone Haven, el refugio de piedra, en nuestro idioma. Mis padres se casaron allí.
Sakura contestó cada pregunta que le formuló. El jovial humor de Katazu la renovaba. No pudo creer que ella fuera dueña no sólo de uno sino dedos castillos y su expresión le resultó de lo más cómica. Realmente, el mayordomo era un hombre delicioso.
Trabajaron juntos toda la mañana, pero cuando el reloj dio la una de la tarde, Sakura fue arriba a cambiarse el vestido. Sólo dijo a Katazu que recibiría gente esa tarde y que deseaba estar radiante.
Katazu creyó que la princesa no necesitaba hacer ningún cambió. Simplemente, era imposible ponerse más bella de lo que ya era.
Sasuke llegó a la casa alrededor de las siete esa tarde. Estaba entumecido y de pésimo humor por haber pasado largas horas sentado al escritorio de sus oficinas en el astillero. Llevaba los libros de contabilidad debajo del brazo.
Encontró a su mayordomo sentado en los escalones de la escalera que conducía al primer piso. Fue Ebisu el que le abrió la puerta principal. Ebisu parecía exhausto.
-¿Qué le ha sucedido? -preguntó Sasuke.
El mayordomo salió de su estupor y se puso de pie.
-Otra vez hemos tenido compañía hoy, señor. La princesa no me avisó nada. Bueno, no estoy culpándola, por supuesto, porque me dijo que vendría visita, pero no me especificó de quién se trataba. Y entonces él se presentó aquí, con sus ayudantes y yo derramé el té que la cocinera había preparado. Cuando se fue, apareció un estibador en la puerta. Yo pensé que se trataba de un mendigo y le dije que fuera por la puerta de atrás para que la cocinera le diera algo de comer. Pero la princesa Sakura me oyó e intervino. ¡Vaya! Estaba esperando a ese hombre y ¿sabe qué? Lo trató con el mismo respeto que al otro.
-¿Qué otro? -preguntó Sasuke, tratando de descifrar los códigos de la insólita explicación del sirviente.
-El príncipe regente .
-¿Estuvo aquí? Que un rayo me parta.
Katazu volvió a sentarse en los escalones.
-Si mi tío, Jūgo llega a enterarse de la desgracia, me dejará las orejas coloradas.
-¿Qué desgracia?
-Derramé el té sobre la chaqueta del príncipe regente.
-Estupendo -respondió Sasuke-. Cuando pueda, le aumentaré el sueldo.
Katazu sonrió. Había olvidado lo mucho que su señor detestaba al príncipe regente.
-Yo me alteré bastante por su presencia, pera la princesa Sakura actuaba como sí nada extraordinario estuviera pasando. Fue muy digna. Claro que el príncipe regente tampoco se mostró tan presuntuoso como siempre. Parecía más bien un niño de escuela. Creo que le tiene gran cariño a la princesa.
Sakura apareció en lo alto de la escalera. Sasuke alzó la vista y de inmediato frunció el entrecejo. Un escozor en el pecho lo hizo caer en cuenta de que había dejado de respirar.
Estaba absolutamente hermosa, con un vestido plateado y blanco que brillaba a la luz cada vez que se movía. Si bien la prenda no era muy atrevida, se veía bastante de su pecho por encima del escote.
Tenía el cabello recogido con una fina cinta blanca que se confundía entre su cabello. Algunos mechones le rozaban la nuca.
Estaba tan hermosa que nadie podía dejar de mirarla. Cada fibra del cuerpo de Sasuke reaccionó ante aquella imagen de femineidad. Quería estrecharla entre sus brazos, besarla, saborearla...
-¿Adónde rayos cree que va? -le gruñó con la aspereza de un general. La ira disimuló su deseo, o al menos, eso creyó él.
Ella abrió los ojos desmesuradamente ante tanta hostilidad.
-A la ópera -contestó-. El príncipe regente insistió en que ocupara su palco esta noche. Ebisu vendrá conmigo.
-Usted se quedará en casa, Sakura -declaró Sasuke.
-Princesa, no pretenderá que entre a la ópera y me siente cerca del príncipe regente, ¿verdad? -preguntó Ebisu, algo quejumbroso, una actitud que no cuadraba con su físico robusto y su aspecto temerario.
-Él no estará allí, Ebisu -explicó ella.
-De todas maneras, no puedo entrar allí. No sería bien visto. Esperaré en el vehículo.
-Usted no irá a ninguna parte sin mí -anunció Sasuke. La miró con tenacidad, para que ella se diera cuenta de que no estaba bromeando.
Sakura tenía una sonrisa radiante. Entonces, Sasuke se dio cuenta de que no tenía intenciones de arrastrar a Ebisu al interior del teatro. Con gran astucia, había planeado esa trampa para hacerlo caer.
-Entonces suba rápido a cambiarse, Sasuke. No querrá llegar tarde, ¿verdad?
-Detesto la ópera.
Sasuke parecía un niñito quejándose por tener que comer sus verduras. Pero Sakura no le tuvo lástima ni en lo más mínima. A ella tampoco le gustaba la ópera, pero no estaba dispuesta a reconocérselo. Si lo hacía, Sasuke insistiría en quedarse en casa y ella no podía darse el lujo de insultar al príncipe regente al no utilizar su palco.
-Qué pena, Sasuke. Ya me prometió que iría. Venga.
Sakura levantó sus faldas y bajó la escalera. Katazu la miró boquiabierto. Ella le sonrió al pasar a su lado.
-Se mueve como una princesa. -murmuró a su señor.
Sasuke sonrió.
-Es una princesa, Katazu.
De repente, Sasuke dejó de sonreír. El vestido de Sakura era un poquito más escotado de lo que había creído. De cerca, le veía la elevación de los senos.
-Tendrá que cambiarse el vestido antes de salir -declaró.
-¿Y por qué tendría que cambiarme?
Sasuke murmuró algo entre dientes.
-Este vestido es demasiado... excitante. ¿Quiere que todos los hombres se queden mirándola con insolencia?
-¿Cree que eso harían?
-Rayos, claro.
Ella sonrió.
-Bien.
-¿Quiere llamarles la atención? -Sasuke pareció incrédulo.
Ella, exasperada.
-Por supuesta que quiero llamarles la atención. Estoy tratando de encontrar un esposo, ¿lo recuerda?
-Se cambiará ese vestido.
-Me dejaré la capa puesta.
-Cámbiese.
Katazu empezaba a experimentar dolor de cuello de tanto girarlo de un rostro al otro en medio de tan acalorada discusión.
-Se está comportando de un modo terriblemente anticuado.
-Soy su tutor. Y me comporto como se me antoja.
-Sasuke, sea razonable en esto. Buntan se tomó mucho trabajo tratando de quitar todas, las arrugas que tenía esta prenda.
Sasuke ni la dejó terminar.
-Está perdiendo su tiempo.
Ella le meneó la cabeza. No iba a ceder, por intimidante que fuera su mirada.
Él se acercó. Antes de que Sakura pudiera adivinar sus intenciones, Sasuke cogió la parte superior del escote y trató de llevar el género del vestido hasta el mentón de la muchacha.
-Cada vez que crea que su vestido necesita algún arreglo, lo haré personalmente, no me importa dónde estemos.
-Me cambiaré.
-Eso pensé.
No bien la soltó, Sakura se volvió y subió corriendo las escaleras.
-Es usted un hombre horrible, Sasuke.
A Sasuke le resbalaron sus insultos. Se había salido con la suya y eso era todo la que contaba. Preferiría morir antes que permitir que los depredadores la acorralaran.
No se tomó mucho tiempo para bañarse y ponerse ropa adecuada. En menos de quince minutos, estuvo listo abajo.
A Sakura le tomó mucho más tiempo. Estaba bajando las escaleras nuevamente, cuando Sasuke salía del comedor comiendo una manzana verde. Se detuvo al verla en la escalera. Se quedó mirando fijamente el escote del segundo vestido, hasta que asintió en silencio, dando su aprobación. Sonrió satisfecho. Sakura pensó que estaría regodeándose por su victoria. Evidentemente, había pensado que ese vestido verde esmeralda era el adecuado. Pero en realidad, no lo era. El escote era muy profundo, en «V», pero ella, astutamente, había colocado un trozo de encaje por debajo para contentar a su tutor.
No escogió el vestido para provocarlo deliberadamente, sino porque era la única opción que le quedaba. Los demás estaban demasiado arrugados para ponérselos y Buntan sólo se había dedicado a alisar ese.
Sasuke estaba impactante. El negro le sentaba muy bien. Mientras se acomodaba su almidonada corbata, seguía devorando la manzana.
Aún parecía increíblemente atractivo. La chaqueta ceñía sus anchos hombros. Los pantalones también le quedaban indecentemente apretados. Sakura no pudo evitar reparar en la abultada musculatura de sus muslos.
Sasuke se mostró preocupado durante gran parte del trayecto. Sakura se sentó frente a él en el vehículo, con ambas manos sobre la falda. Sasuke tenía las piernas tan largas que la acorralaba contra un rincón. En la oscuridad, su tamaño era mucho más intimidarte. Al igual que su silencio.
-No sabía que fuera amiga del príncipe regente.
-No es mi amigo. Lo conocí hoy.
-Katazu me dijo que el príncipe estaba impresionado con usted.
Ella meneó la cabeza.
-Estaba impresionado con lo que soy, no por quién soy.
-¿Qué quiere decir?
Ella soltó un suspirillo antes de responder.
-Fue una visita oficial. El príncipe regente vino porque yo soy una princesa. No me conoce personalmente. ¿Lo entiende?
El asintió.
-La mayor parte de la sociedad la apreciará por lo que es, Sakura. Me alegra que entienda la superficialidad que puede existir en las amistades que le ofrezcan. Eso demuestra que tiene madurez.
-¿Madurez? No, cinismo.
Él sonrió.
-Eso también.
Pasaron varios minutos en silencio y luego él volvió a hablar.
-¿Le cayó en gracia?
-¿Quién?
-El príncipe.
-No lo conozco lo suficiente como para abrir un juicio.
-Se está yendo por la tangente, Sakura. Dígame la verdad.
-Estaba siendo diplomática -le contestó-. Pero le hablaré con franqueza. No, no me agradó particularmente. ¿Está contento ahora?
-Sí. Su respuesta me confirma que juzga muy bien el carácter de las personas.
-Tal vez, él príncipe tenga un corazón tierno -señaló ella, un tanto culpable por haber reconocido que el príncipe no le caía bien.
-No lo tiene.
-¿Por qué no le cae bien a usted?
-Porque no cumplió con su palabra... Con una promesa que le hizo a mi socio -explicó Sasuke-. El príncipe regente tenía un tesoro importante que pertenecía a la esposa de Deidara, Karin, y después de un tiempo, decidió quedárselo. Fue un gesto deshonesto.
-Vergonzoso -coincidió ella.
-¿Por qué no le gustó a usted?
-Parecía muy... orgulloso -admitió.
Sasuke resopló.
-Está lleno de... -Se detuvo para no usar la palabra que tenía en la punta de la lengua. Trató de encontrarle un sustituto-. vinagre.
El carruaje se detuvo ruidosamente frente al Teatro Real de la Opera. Sakura se acomodó sus guantes blancos y fijó su atención en Sasuke.
-Jamás le habría permitido la entrada a su casa si hubiera sabido lo que le había hecho a su socio. Le ofrezco mis disculpas, Sasuke. Su casa es su castillo, donde sólo los amigos pueden ser invitados.
-¿Lo habría rechazado?
Ella asintió. Él le guiñó un ojo. El corazón de Sakura empezó a palpitar de inmediato. Dios querido, era un conquistador.
Ebisu había viajado en el pescante, junto al cochero. Se bajó para abrirles la puerta.
Sasuke descendió primero y se volvió para ayudar a Sakura. La capa de ella se abrió cuando le tendió la mano. El pañuelo de encaje que había puesto debajo del escote se movió y cuando la joven pisó el pavimento, se cayó al suelo.
Sasuke lo recogió. Miró una sola vez su escote provocativo y le lanzó dardos con los ojos.
Estaba furioso con ella. Sakura trató de evadirse de aquella mirada ceñuda y por poco cae sobre la acera. Sasuke la tomó y luego la giró hasta que estuvo frente al carruaje. Volvió a meterle el encaje en su lugar.
Sakura se sintió tan humillada que le devolvió la misma mirada ceñuda. Se miraron fijamente a los ojos durante varios minutos, hasta que por fin, fue ella la primera en ceder y bajar la cabeza.
Sasuke le acomodó la capa sobre los hombros, la dispuso a su lado y se volvió hacia los peldaños de la entrada. Sakura supuso que debía sentirse agradecida de que Sasuke no hubiera hecho una escena. Por otra parte, sospechaba que nadie los había visto en aquel pequeño enfrentamiento. Al entrar al teatro, la tapó con el cuerpo para que los demás no la vieran. Sí, la joven debía sentirse agradecida. Pero no lo estaba. Sasuke se comportaba como un viejo.
-Pasa demasiado tiempo entre sus libros de contabilidad, señor. Francamente, tendría que salir con un poco más de frecuencia. Así se daría cuenta de que mi vestido no es inapropiado, sino más bien bastante remilgado.
No le agradó el resoplido de descreimiento de Sasuke. Sentía ganas de darle un puntapié.
-Se ha tomado esto de ser mi tutor muy a pecho, ¿verdad?
Sasuke mantuvo su brazo alrededor de los hombros de la muchacha mientras subían. Y ella trató de liberarse de él todo el tiempo. Sin embargo, Sasuke estaba decidido a ser posesivo y ella tuvo que ceder.
-Sakura, mi padre me encomendó esta responsabilidad: No importa si me gusta o no. Yo soy su tutor y usted hará lo que se le ordene.
-Es una pena que no sea como su padre. El es un hombre tan dulce y comprensivo. Podría aprender muchas cosas de él.
-Cuando deje de vestirse como una golfa, seré más comprensivo -le prometió.
Sakura se quedó pasmada y soltó una especie de gemido.
-Nunca nadie se ha atrevido a llamarme golfa.
Sasuke no hizo comentarios al respecto. Sólo sonrió.
Ninguno de los dos volvió a dirigirse la palabra durante un largo rato. Los condujeron hacia el palco del príncipe y se sentaron uno junto al otro.
El teatro estaba lleno a rebosar, pero Sasuke estaba seguro de que solo Sakura miraba la actuación. Todos los demás, se dedicaban a mirarla a ella.
Ella fingía no darse cuenta de todas esas miradas. También había impresionado a Sasuke. Estaba hermosamente modesta, con la postura bastante erguida. En ningún momento despegó los ojos del escenario. Sin embargo, Sasuke le miró las manos. Las tenía entrelazadas, muy apretadas, sobre la falda.
Se le acercó un poco más. Luego extendió el brazo y le cubrió ambas manos con una suya. Ella no lo miró, pero se aferró a esa mano con todas sus fuerzas. Se quedaron así durante el resto de la ópera.
La corbata blanca almidonada lo estaba volviendo loco. Quería arrancársela, poner los pies sobre la baranda del palco y cerrar los ojos. Pero si lo hubiera hecho, Sakura habría tenido palpitaciones, sin duda. No la avergonzaría, por supuesto, pero cómo odiaba tener que cuidar las apariencias frente a la gente de la alta sociedad.
También odiaba tener que ocupar el palco del príncipe regente. Deidara estaría furioso con él durante una semana entera si se enteraba. Su socio detestaba al príncipe mucho más que él, porque había sido su esposa la que había tenido que perder su herencia por culpa del no tan noble magistrado.
La horrenda ópera con la que fue castigado no mejoró su pésima predisposición. Entonces, cerró los ojos y trató de no escuchar los alaridos que provenían del escenario.
Sakura no se dio cuenta de que Sasuke se había quedado dormido hasta que la ópera terminó. Se volvió para preguntarle si había disfrutado de la música tanto como ella, pero cuando estuvo a punto de hablarle, Sasuke empezó a roncar. Sakura a punto estuvo de echarse a reír. Debió esforzarse sobremanera para controlar su expresión. La ópera, en realidad, había sido espantosa, Ojalá ella hubiera podido dormir durante todo el espectáculo para salvarse del sufrimiento. Sin embargo, jamás lo admitiría ante Sasuke, por la simple y sencilla razón de que él se mofaría de ella.
Le propinó un fuerte codazo y Sasuke se despertó sobresaltado.
-Realmente, es usted imposible -le murmuró.
Sasuke sonrió con ojos somnolientos.
-Me gusta saber que lo soy. -Simplemente, no era posible ofenderlo. Sakura dejó de intentarlo. Se puso de pie, tomó su capa y se volvió para irse del palco. Sasuke la siguió.
Había un tumulto en el vestíbulo de la planta baja. La mayoría de los presentes esperaba para mirarla más de cerca. Sakura se encontró rodeada de caballeros que le imploraban una presentación. En la confusión, perdió de vista a Sasuke y cuando por fin logró localizarlo nuevamente, lo vio rodeado de damas. Una de ellas, una despampanante pelirroja, con un escote que le llegaba a las rodillas, estaba colgada de su brazo. La mujer no hacía más que lamerse el labio superior. A Sakura le recordaba un gato hambriento que acababa de descubrir un recipiente lleno de leche.
Aparentemente, Sasuke era la cena de la dama. Sakura trataba de concentrarse en lo que estaba diciéndole un caballero que se había presentado como el conde de no sé dónde, pero no podía dejar de mirar a Sasuke. El parecía muy contento con toda la atención que estaba recibiendo y por alguna extraña razón, Sakura se puso furiosa al verlo así.
El ataque de celos la tomó por sorpresa. Oh, Dios, era la sensación horrenda. No podía soportar ver la mano de aquella mujer en el brazo de Sasuke. Estaba más disgustada consigo misma que con él. Desde que pisó suelo inglés, no había hecho más que comportarse como una princesa debía hacerlo.. Las santificadas palabras de la madre superiora hacían eco en su mente: dignidad y decoro. También recordaba la advertencia que la monja le había hecho sobre las acciones espontáneas. Le había mencionado al menos diez ejemplos de problemas que había tenido que pasar por culpa de sus reacciones impulsivas.
Sakura suspiró. Supuso que acercarse a Sasuke para arrancarle del brazo la mano de aquella horrible mujer habría sido considerado como una reacción impulsiva. Además, sabía que los comentarios del día siguiente la harían arrepentirse de esa acción.
Tenía la sensación de que el vestíbulo se achicaba cada vez más a su alrededor. Nadie parecía tener prisa por marcharse. Cada vez más personas se acercaban a aquella reducida sala para ver quién se había hecho presente.
Necesitaba aire fresco desesperadamente. Se excusó con el caballero que estaba pidiéndole una entrevista, permitiéndole enviarle una nota para tal fin y se abrió paso entre la multitud, hacia las puertas de salida.
No le importaba si Sasuke la seguía o no. Salió. Se detuvo ante las escalinatas, aspiró profundamente el aire impuro de la ciudad y se puso la capa. El carruaje de Sasuke estaba abajo, directamente frente adonde ella estaba. Ebisu la vio de inmediato. Saltó del pescante, donde había estado esperándola junto al cochero.
Sakura recogió sus faldas y empezó a bajar. Alguien la tomó del brazo. Pensó que se trataba de Sasuke, que por fin la había alcanzado. Cada vez la apretaba más fuerte. Trató de zafarse y luego se volvió para decirle que le estaba haciendo daño.
No era Sasuke. El desconocido que la asía del brazo estaba vestido de negro de la cabeza a los pies. Llevaba un sombrero que le cubría hasta las cejas. Sakura prácticamente no podía verle el rostro.
-Suélteme -le ordenó ella.
-Debe venir conmigo ahora, princesa Sakura.
Sintió un escalofrío en el pecho. El hombre le había hablado en el idioma de la tierra natal dé su padre. Entonces comprendió qué estaba sucediendo. Trató de no ser presa del pánico. Se retiró hacia atrás e intentó correr, pero otro hombre la atrapó por la espalda. La lastimaba de tanto que la apretaba. Pero Sakura estaba demasiado furiosa como para pensar en el dolor. Con la ayuda de su amigo, el hombre comenzó a arrastrarla hacia un lado del edificio. Un tercer hombre apareció entre las sombras de las columnas de piedra que estaban frente al teatro y bajó corriendo las escalinatas para impedir la intervención de Ebisu. El guardia subía a toda prisa para protegerla. Ebisu atinó su primer puñetazo, pero su blanco sólo se tambaleó ligeramente hacia atrás. Luego atacó ferozmente al guardia con un objeto afilado. Sakura vio que la sangre corría por el rostro de Ebisu y empezó a gritar.
Alguien le tapó la boca con la mano. Ella lo mordió lo más fuerte que pudo. El hombre esgrimió un grito de dolor y cambió la posición.
Ahora estaba ahogándola. No hacía más que repetirle que, si no dejaba de forcejear, tendría que lastimarla de verdad.
Sakura estaba aterrada. No podía respirar. Siguió luchando, determinada a liberarse de esos hombres horribles y a correr hacia Ebisu. Tenía que ayudarlo. Podía desangrarse hasta morir y, Dios Santo, sería culpa de ella. Debió haber escuchado a Ebisu, cuando este insistía en que los hombres del general podrían ir tras ella. Debió haberse quedado en casa... debió haber...
Oyó a Sasuke antes de verlo. Un rugido furibundo, distinto a todos los que había escuchado antes, estalló en la oscuridad. El hombre que la sujetaba desde atrás fue el primero en desaparecer de la escena. Cayó de cabeza contra los pilares de piedra. Se desplomó en el suelo como un muñeco.
Sakura empezó a toser, tratando de respirar. El desconocido que la tomaba por el brazo trató de interponerla entre él y Sasuke, a modo de escudo protector pero no se lo permitieron. Sasuke se movió con tanta rapidez que Sakura no tuvo tiempo siquiera de ayudarlo. Dio un fuerte puñetazo en el rostro al hombre. El sombrero del atacante salió volando en una dirección y él cayó sobre las escaleras, junto a los pies de Ebisu. El guardia de Sakura estaba totalmente concentrado, sitiando a su adversario, con la mente fija en el brillante cuchillo que tenía en la mano.
Sasuke apareció por detrás. El hombre se volvió para asestarle una puñalada. Sasuke lo desarmó de un puntapié y lo asió por el brazo. Se lo retorció a una posición muy antinatural. El hueso crujió, seguido por un horrendo grito de dolor. Sin embargo, Sasuke no había terminado con su víctima. Lo arrojó de cabeza contra la parte posterior del carruaje.
Sakura bajó corriendo las escaleras. Utilizó el pañuelo de encaje que tenía en el escote de su vestido para parar la hemorragia de la mejilla derecha de Ebisu.
Sasuke ignoraba si habría más atacantes escondidos en las sombras dispuestos a entrar en escena. Lo único que sabía era que Sakura no estaría segura hasta que llegaran a la casa.
-Entre al carruaje, Sakura. Ya.
Tenía la voz cargada de ira. La joven pensó que estaba furioso con ella. Se apresuró a acatar su orden, pero tratando de llevarse a Ebisu consigo. Le rodeó los hombros con el brazo e intentó levantarlo, murmurándole que se apoyara contra ella.
-Yo estaré bien, princesa -le dijo Ebisu-. Suba al carruaje. No está segura aquí.
Sasuke la apartó violentamente del guardia. Medio la levantó, medió la empujó hacia el vehículo. Luego, se volvió para ayudar al guardia.
Si el guardia hubiera estado en condiciones de cuidar de Sakura, Sasuke se habría quedado allí para interrogar a los bastardos y averiguar por qué se habían atrevido a tocarla. Pero Ebisu había perdido bastante sangre y estaba a punto de perder el conocimiento.
Sasuke profirió un insulto y subió al vehículo. De inmediato, el cochero chifló a los caballos para que emprendieran un rápido trote.
Sakura estaba sentada junto al guardia.
-No entiendo por qué nadie nos ayudó -susurró ella-. ¿Acaso no se daban cuenta de que estábamos en problemas?
-Usted era la única que estaba fuera, princesa -contestó Ebisu. Estaba acurrucado en un rincón del carruaje-. Todo sucedió muy rápido. ¿Por qué no estaba su escolta con usted?
Ebisu giró la cabeza para mirar furioso a Sasuke mientras formulaba la pregunta. El pañuelo que sostenía contra su mejilla estaba poniéndose cada vez más colorado. Lo acomodó contra la herida y se volvió para mirar a la princesa.
Ella tenía las manos cruzadas sobre la falda y bajó la mirada.
-Es todo culpa mía -dijo ella-. Me impacienté porque había demasiada gente junta. Quería tomar un poco de aire fresco. Debí haber esperado.
-¡Caramba! Claro que debió haber esperado.
-Por favor, no se enoje conmigo, Sasuke.
-¿Dónde rayos estaba Tōno?
-¿El conde que me presentó antes de que me dejara?
-Yo no la dejé -masculló-. Tōno estaba presentándole algunos de sus amigos y yo le volví la espalda por un minuto para saludar a algunos conocidos. Maldita sea, Sakura, si quería irse, ¿por qué no pidió a Tōno que viniera a buscarme?
-No le servirá de nada levantarme la voz. Ya dije que acepto toda la responsabilidad por lo que pasó.
Se volvió a su guardia.
-Ebisu, ¿puede perdonarme? Debí haberme quedado en casa. Lo he puesto en peligro...
Sasuke interrumpió.
-No tiene que quedarse encerrada bajo llave, Sakura. Simplemente, no debió haber salido sin mí.
-Me habrían atacado aunque usted hubiera estado conmigo -contravino ella.
Él la miró especulativamente.
-Explíquese -le ordenó.
-Lo haré cuando usted deje de gritarme.
Sasuke no había gritado, pero obviamente, Sakura estaba demasiado sensible como para advertirlo. Se había quitado los guantes blancos. Sasuke la observó mientras los doblaba en un cuadrado y se volvía hacia Ebisu. Le ordenó que los usara como venda, porque el pañuelo ya estaba completamente empapado en sangre.
-Maldición, Sakura. Pudo haber resultado herida.
-Y usted también, Sasuke -le dijo ella-. Ebisu necesita un médico.
-Enviaré a Katazu que vaya por Bansai en cuanto lleguemos a casa
-¿Bansai es su médico de cabecera?
-Sí. Sakura, ¿conocía a los hombres que la atacaron?
-No -respondió ella-. Por lo menos, no por su nombre. Sé de dónde son, sin embargo.
-Son fanáticos -intervino Ebisu.
Sakura no podía tolerar la mirada ceñuda de Sasuke. Se apoyó contra los cojines del vehículo y cerró los ojos.
-Los hombres son de mi tierra natal y quieren llevarme de vuelta.
-¿Para qué?
-Para que se case con el bastardo de su general -respondió Ebisu-. Le pido disculpas, princesa, por usar ese término en su presencia, pero Garō es un bastardo con todas las letras.
Sasuke tuvo que esperar para seguir con el interrogatorio, pues ya habían llegado a la casa. No iba a dejar que Sakura bajara del carruaje hasta que la puerta de la residencia estuviera abierta y Genma, alerta. El guardia salió a ayudar a Ebisu y Sasuke se encargó de Sakura.
Pasaron más de una hora atendiendo a Ebisu. Gracias a Dios, el médico de Sasuke vivía a sólo tres calles de allí y se encontraba en su casa esa noche. Katazu lo trajo en el coche de Sasuke.
Bansai era un hombre de voz suave y gran sabiduría en su materia.
Creía que la multitud había sido la responsable del ataque. Nadie pudo convencerlo de que estaba equivocado.
-Ya no es seguro pasear por Londres, con todos esos rufianes merodeando por las calles. Hay que tomar medidas urgentes, antes que algún ciudadano decente muera en manos de esos delincuentes.
El doctor estaba parado en medio del vestíbulo, con la mano apoyada en la mejilla de Ebisu mientras estudiaba la seriedad de la herida y se quejaba de las condiciones actuales de las calles londinenses.
Sasuke sugirió que Ebisu se sentara a la mesa del comedor. Katazu trajo más candelabros para que el médico tuviera mejor luz.
El corte se limpió con un líquido de olor muy penetrante y se cosió con hilo negro. Pero Ebisu ni cambió la expresión con cada puntada de la se retorcía por él. Se quedó sentada todo el tiempo a su lado y, cada vez que el médico le clavaba la aguja en la carne, ella tomaba la mano del guardia y se la apretaba con fuerza.
Sasuke estaba parado en la puerta mirando. Estaba con toda su atención concentrada en Sakura. Advirtió cuán apenada estaba. Tenía los ojos llenos de lágrimas y los hombros le temblaban. Sasuke debió contenerse para no correr a su lado a reconfortarla.
Sakura era una mujer dulce y compasiva. Sasuke también advirtió su vulnerabilidad en ella. Estaba murmurando algo a su guardia, pero él no llegó a entenderle las palabras precisas. Avanzó, pero se detuvo bruscamente al escuchar lo que ella estaba diciendo.
Sakura estaba prometiendo que nada más pasaría por su culpa. Según ella, Garō, después de todo, no sería tan mal marido. Decía al guardia que ya lo había pensado bien y que había decidido regresar a su tierra natal.
Ebisu no pareció para nada feliz con sus promesas. Sasuke se puso furioso.
-No tomará ninguna decisión esta noche, Sakura -le ordenó.
Ella se volvió para mirarlo. La ira en su voz la sorprendió. ¿Por qué le importaba tanto lo que ella decidiera?
-Sí, princesa -dijo Ebisu, atrayendo su atención-. Mañana podrá tomar la decisión que desee.
Sakura fingió estar de acuerdo. Pero de todas maneras, ya lo tenía bien decidido. No permitiría que nadie más resultara herido por culpa suya. Hasta esa noche, no se había dado cuenta de lo que serían capaces de hacer los seguidores del general con tal de cumplir su objetivo. Y si Sasuke no hubiera intervenido, Ebisu hubiera podido resultar muerto.
Y Sasuke también pudo haber resultado herido. Oh, sí, claro que la decisión ya estaba tomada.
Bansai terminó con su trabajo, dio las instrucciones necesarias y se marchó. Sasuke sirvió a Ebisu una copa grande de coñac. El guardia vació el contenido sin respirar.
En cuanto Ebisu se retiró a su cuarto, Katazu asumió su tarea nocturna habitual de revisar todas las ventanas y puertas de la casa para asegurarse de que estuvieran cerradas debidamente.
Sakura quiso irse a su cuarto, pero Sasuke la interceptó justo cuando tocó el picaporte con la mano. Sasuke la tomó y la llevó con él de vuelta a su estudio. No le dijo ni una sola palabra. Sólo la metió en el interior del recinto y cerró la puerta detrás de él.
Sakura supuso que había llegado el momento de explicar la extraña situación en la que estaba involucrada. Caminó hacia la chimenea y se calentó las manos con el fuego que Katazu, inteligentemente, había encendido.
Sasuke la observó, pero no articuló palabra. Finalmente, la princesa se volvió para mirarlo. Sasuke estaba apoyado contra la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho. No estaba frunciendo el entrecejo y tampoco parecía enojado. Solo pensativo.
-Le puse en peligro esta noche -susurró ella-. Debí haberle explicado todo claramente desde un principio.
Sakura esperó a que asintiera. Pero él la sorprendió, al menear la cabeza en gesto de negación.
-Esto fue tan culpa mía como suya, Sakura. Debí haber insistido en que me contara todo. Pero estaba demasiado ocupado con mis propios asuntos como para prestarle atención. He sido negligente como tutor. Sin embargo, eso ha cambiado. Va a contármelo todo, ¿verdad?
Ella apretó las manos.
-Nada de esto es culpa suya, señor. No creí que estaría aquí el tiempo suficiente como para perturbarlo con mis problemas personales, especialmente después que me explicó claramente que no tenía intenciones de casarse en un tiempo bastante prolongado. También creí que el general enviaría a un embajador para solicitar mi regreso. Como ha visto, me equivoqué. Pensé que era un hombre civilizado. No lo es. Obviamente está decidido... y desesperado.
Las lágrimas acudieron a sus ojos. Respiró profundamente para controlar sus emociones.
-Lamento mucho lo que ha sucedió esta noche.
A Sasuke le dio pena.
-No fue responsable de esto.
-Ellos andaban detrás de mí -contravino ella-. No de Ebisu ni de usted.
Sasuke finalmente se movió. Avanzó hacia la silla que estaba detrás del escritorio se sentó y apoyó los pies en el taburete más cercano.
-¿Por qué quiere el general que usted regrese a su tierra natal?
-No es mi tierra natal -lo corrigió ella-, porque ni siquiera nací allí. Verá, mi padre era rey, hasta que se casó con mi madre. Ella era inglesa, por lo que se la consideraba extranjera. Mi padre renunció para poder desposarla y su hermano Burami quedó en el trono. Todo fue muy civilizado.
Sasuke no hizo comentario alguno, de modo que Sakura no tenía ni la menor idea de lo que estaba pasando por su mente.
-¿Quiere que continúe? -preguntó, obviamente preocupada.
-Quiero que me explique por qué el general quiere que vuelva -repitió.
-Mi padre era un hombre muy apreciado entre sus súbditos. Nadie lo condenó por haberse casado con mi madre. De hecho, a todos les pareció algo muy romántico. Renunció a reinar por ella y todos los que conocieron a mi madre también aprendieron a adorarla. Ella era una mujer muy querida, de corazón muy tierno.
-¿Usted se parece a ella físicamente?
-Sí.
-Entonces también era una mujer muy bella, ¿no?
Sasuke acababa de hacerle un cumplido, pero ella tuvo dificultades para aceptarlo. Su madre había sido mucho más que bella.
-Un elogio no tendría que hacerla fruncir el ceño, ¿verdad?
-Mi madre era hermosa. Pero también tenía pureza en el corazón. Ojalá hubiera sido más parecida a ella, Sasuke. Mis pensamientos rara vez son puros. Esta noche me puse tan furiosa, que tenía deseos de atacar a esos hombres.
Sasuke sonrió por primera vez.
-Yo sí los ataqué -le recordó-. Ahora, por favor, continúe con la explicación. Estoy ansioso por escucharla.
-El hermano de mi padre falleció el año pasado y el país está hecho un caos nuevamente. Al parecer, algunos piensan que yo debería volver. El general quiere casarse y cree que podrá asegurarse el poder si me convierte en su esposa.
-¿Por qué cree eso?
Ella suspiró.
-Porque soy la única heredera al trono que sobrevive. Todos han olvidado convenientemente que mi padre abdicó. Como ya le dije, todos sus súbditos lo amaban y ese amor...
Ella no prosiguió. Sasuke se intrigó por el rubor de sus mejillas.
-¿Y ese amor qué? -le preguntó.
-Ha sido transferido a mi persona -declaró ella-. Por lo menos eso es lo que sir Morino, de su Departamento de Guerra, me ha explicado, al igual que todas las cartas que he recibido durante todos estos años de los fieles que confirman sus sospechas.
Sasuke se irguió en su silla.
-¿Conoce a sir Morino?
-Sí -contestó ella-. Me ha ayudado mucho. ¿Por qué se sorprende? ¿Sucede algo malo? Prácticamente se sobresaltó cuando mencioné su nombre.
Sasuke meneó la cabeza.
-¿Cómo es que el responsable de la seguridad de Inglaterra está involucrado en todo esto?
-¿Entonces también conoce a sir Morino?
-Trabajo para él.
Fue ella quien se sorprendió entonces. Y sobremanera.
-Pero él tiene un secreto... Sasuke, si usted trabaja para él, entonces cebe de estar involucrado en un trabajo peligroso. ¿Qué piensan sus padres de la doble vida que lleva? Oh, señor, con razón no quiere casarse. Su esposa viviría preocupada. Claro que sí.
Sasuke se arrepintió de haberle confesado la verdad.
-Trabajaba para él -especificó.
Sakura se dio cuenta de que le estaba mintiendo. La prueba estaba en su mirada, que se habían puesto... fría, dura. Decidió no discutir con él. Si deseaba que ella pensara que ya no tenía nada que ver con el Servicio de Seguridad, le haría creer que la había convencido.
-¿Cómo y cuándo se involucró sir Morino?
El tono irritado de Sasuke la retrotrajo al tema anterior.
-Vino a verme justo el día antes de que su padre enfermara. Él y sus ayudantes (o superiores, como suele llamarlos), desean que me case con el general Garō.
-Entones ¿conoce al general?
Sakura meneó la cabeza.
-Ha oído de él -explicó-. Sir Morino considera que el general Garō es el menor de los dos males.
Sasuke soltó un insulto. Ella fingió no haberlo escuchado.
-Sir Morino dijo a su padre que el general Garō sería fácil de controlar. Inglaterra quiere que continúen las importaciones y el general miraría su país como un aliado si sus líderes me convencieran de que me case con él. Hay otro hombre que desea arrebatarle el trono de las manos y sir Morino lo considera más peligroso. Además, opina que no cooperaría con los arreglos comerciales.
-De modo que usted sería el cordero ofrecido en sacrificio, ¿no es así?
Ella no le contestó.
-¿Qué le dijo mi padre a sir Morino?
Sakura empezó a retorcerse las manos.
-El director puede ser muy persuasivo. Su padre escuchó sus argumentos cuidadosamente y prometió que pensaría el asunto. Después que Morino se marchó, decidió en contra de la boda.
-¿Por qué?
Sakura bajó la cabeza y se miró las manos. Al ver lo coloradas que las tenía, dejó de estrujarlas.
-Me puse a llorar -confesó ella-. Me avergüenza admitirlo, pero lo hice. Estaba tan deprimida… Su madre se puso furiosa con su padre y yo fui la causa de esa horrenda riña entre ellos. Eso me hizo sentir más triste. Pensé que estaba amargando a todos por mi egoísmo. Mi única excusa es que mis padres tuvieron una vida tan feliz, que yo deseaba encontrar la misma dicha par mí. No creí encontrar amor ni felicidad si me casaba con un hombre que sólo me quiere por conveniencia política. Nunca he visto al general, pero Ebisu y Genma me han contado historias sobre él. Si la mitad de lo que me han dicho es cierto, entonces debe de ser muy desenfrenado.
Sakura se detuvo para respirar profundamente.
-Su padre tiene un corazón muy tierno. No soportaría verme triste. Y había prometido a mi padre cuidar de mí.
-Por eso decidió que tendría que casarse conmigo.
-Sí -contestó ella-. Esa era su esperanza, pero no contaba con ello. De haber sido así, su madre habría mandado a escribir su nombre en las invitaciones. Entienda, señor, que yo fui un poco fantasiosa al decirle a su padre que quería casarme por amor. Ahora me doy cuenta de que eso es imposible, dada la urgencia que requiere hallar un esposo adecuado. Por lo tanto, decidí ver esta boda como una transacción comercial. A cambio de permitirle hacer uso de mi cuantiosa herencia, mi esposo tendrá que hacer su vida y yo la mía. Pensé que tal vez podría viajar... y en cierto tiempo, quizá, regresaría a la Sagrada Cruz. Todo era muy tranquilo en el convento.
-Demonios.
Sakura no supo cómo tomar la blasfemia. Frunció el entrecejo y dijo:
-También tenía la esperanza de que, al final, mi esposo y yo fuéramos amigos.
-¿Y amantes? -preguntó Sasuke.
Ella se encogió de hombros.
-Todo es posible, Sasuke, con el tiempo y la paciencia necesaria. Sin embargo, he tenido tiempo para examinar de nuevo mi posición. Claro que los caballeros ingleses parecen ser más civilizados, y yo tenía la esperanza de encontrar a alguien que fuera honesto, pero esta noche me he dado cuenta de que nada de eso importa ya. Voy a cooperar. Me casaré con el general. Ya he causado bastantes inconvenientes. Tal vez este hombre aprenda a... suavizar su carácter.
Sasuke resopló.
-Una serpiente jamás deja de arrastrarse. No cambiará y usted no se casará con él. ¿Lo ha entendido?
Ella se estremeció por la aspereza de su voz.
-Quiero su consentimiento, Sakura.
Ella no se lo dio. Solo podía recordar la sangre que corría por la mejilla de Ebisu.
-Ya no volveré a ser la causa de...
-Venga aquí.
Sakura se acercó para detenerse ante el escritorio. Él le indicó con un dedo que se acercará. Sakura se aproximó por un lateral del escritorio y se detuvo solo cuando estuvo a unos treinta centímetros de él.
-El general abandonaría sus planes y me dejaría en paz si yo tuviera, esposo ya... ¿No es cierto?
La combinación de temor y esperanza que se oyó en su voz lo volvió loco. Era demasiado joven como para preocuparse por esas cosas. Sakura tendría que ser tan despreocupada y feliz como sus hermanas.
Maldición, necesitaba ayuda. Sasuke extendió el brazo y le tomó las manos. Sakura se dio cuenta de que estaba retorciéndolas otra vez. Quiso controlarse. No pudo.
-La boda con el general está fuera de discusión. ¿Estamos de acuerdo en eso?
Sasuke le apretó las manos hasta que la vio asentir con la cabeza.
-Bien -dijo entonces-. ¿Ha olvidado mencionar algo en su explicación?
-No.
Sasuke sonrió.
-Nadie resiste ante el responsable del Servicio de Seguridad, ¿no?
-Su padre lo hizo.
-Sí, ¿verdad? -Se sentía terriblemente complacido con su padre-. Hablaré con Morino mañana y veré si logro su apoyo.
-Gracias.
Sasuke asintió rápidamente con la cabeza.
-Como mi padre es el responsable de usted, concertaré una reunión con él y con mi hermano no bien se recuperen de la enfermedad.
-¿Para qué?
-Para determinar qué rayos haremos con usted.
Sasuke hizo el comentario sin pensarlo, pero Sakura se lo tomó a pechó. Arrancó sus manos de la de él. Esa franqueza la ofendió, porque era extremadamente sensible por naturaleza. Sasuke pensó en aconsejarle que debía endurecerse un poco para no sufrir tanto, pero luego se arrepintió por temor a que tomara el consejo como otro insulto.
-No seré una carga para nadie.
-Yo no he dicho que lo fuera.
-Lo ha dado a entender.
-Nunca doy a entender nada. Siempre digo las cosas directamente.
Sakura se volvió y caminó hacia la puerta.
-Creo que ha llegado el momento de examinar de nuevo la situación.
-Ya lo ha hecho.
-Lo haré otra vez.
Sasuke, repentinamente, sintió náuseas. Cerró los ojos y respiró profundamente. El estómago le hacía ruidos y pensó que esa condición de debilidad se debía a que había omitido la cena.
Sé obligó a pensar en el último comentario de Sakura.
-¿Y qué es lo que va a pensar de nuevo ahora?
-Nuestro trato -explicó ella-. No está dando los resultados esperados. Realmente creo que mañana tendré que buscarme otro sitio donde vivir.
-Sakura.
Aunque Sasuke no había levantado la voz, la amenaza estuvo presente en su tono. Sakura se detuvo en la entrada y se volvió para mirarlo. Se preparó para la próxima puñalada de sinceridad.
Sasuke se sintió terriblemente mal cuando vio que la muchacha tenía los ojos llenos de lágrimas.
-Lo siento -masculló-. Usted no es una carga para nadie. Sin embargo, la situación en la que se encuentra es un caos. ¿No está de acuerdo en eso? -le preguntó.
-Claro.
Sin pensarlo, Sasuke se rascó una ceja y se sorprendió al advertir que estaba sudando. Tiró de su corbata. Demonios, qué calor hacía en ese estudio. El fuego de la chimenea daba más calor del necesario. Pensó en quitarse la chaqueta, pero estaba demasiado fatigado como para tomarse ese trabajo.
-Es una situación muy seria, Sasuke, -agregó, al ver que él no había hecho comentario alguno sobre lo que ella le había dicho antes.
-Pero tampoco es el fin del mundo, ¿no? Usted está demasiado preocupada por todo.
-Lo estoy -gritó-. Ebisu resultó herido esta noche. ¿Ya lo ha olvidado? Podían haberlo matado. Y usted... usted también pudo ser herido.
Sasuke estaba frunciendo el ceño otra vez. Sakura lamentó haberle recordado el incidente nuevamente. Decidió no terminar la noche con un tema tan triste.
-He olvidado mis modales -exclamó ella-. Debería agradecérselo.
-¿Debería? ¿Por qué?
-Porque usted se disculpó -le explicó-. Sé que ha sido difícil para usted.
-¿Y cómo lo sabe?
-Porque rezongaba y parecía lanzarme dardos con la mirada. Sí, fue muy difícil. Sin embargo, se disculpó. Por eso el hecho de que me haya pido perdón fue doblemente grato para mí.
Sakura se acercó nuevamente a Sasuke. Antes de perder el coraje, se inclinó hacia él y plantó un tierno beso en su mejilla.
-Pero aún sigo prefiriendo que su padre sea mi tutor -le dijo, con la esperanza de ganarse una sonrisa-. Él es mucho más fácil de...
Sakura estaba buscando la palabra adecuada. Él ayudó:
-¿Manipular?
Sakura rió.
-Sí.
-Mis cuatro hermanitas lo han echado a perder. Con tantas mujeres; ha perdido la noción de la firmeza.
Sasuke soltó un suspiro de cansancio y se frotó una ceja otra vez. En los últimos minutos había padecido de un dolor de cabeza tan grande que apenas podía concentrarse en la conversación.
-Vaya a acostarse, Sakura. Ya es tarde y ha tenido un día terrible.
Sakura comenzó a retirarse, pero se detuvo.
-¿Se siente bien? Creo que está muy pálido.
-Me siento bien -le dijo él-. Vaya a acostarse.
Sasuke le mintió con facilidad. Pero no se sentía nada bien. Como el demonio, para ser preciso. Le ardían las vísceras. Tenía la sensación de haberse tragado una brasa al rojo vivo. Su piel también ardía. Tenía calambres. Suerte que no había cenado esa noche. Con solo pensar en la comida sentía deseos de vomitar.
Estaba seguro de que se sentiría mucho mejor después de dormir. Pero a la una de la mañana, deseó poder cerrar los ojos y morir.
A las tres, se creyó muerto directamente.
Estaba ardiendo, y ya había vomitado como veinte veces la miserable manzana que se había comido antes de ir a la ópera.
Por fin, su estómago aceptó la idea de que ya no había nada más que sacar y se quedó quieto, en un apretado nudo de nervios. Sasuke se tumbó en la cama, boca abajo, con los brazos completamente extendidos.
Oh, sin duda la muerte habría sido preferible a ese malestar.
