CAPÍTULO 5
Sakura no lo dejaría morir. Tampoco lo dejaría solo. Nada más escuchar los vómitos de Sasuke desde el otro lado de la puerta de su recámara, apartó las mantas de la cama y se levantó.
A Sakura no le interesaban las apariencias. No le importaba si el hecho de que acudiera a su cuarto era visto como un comportamiento inadecuado para una joven soltera. Sasuke la necesitaba y ella iba a ayudarle.
Cuando se puso la bata y fue a la habitación, Sasuke ya había regresado a su cama. Estaba tumbado boca abajo sobre las mantas; completamente desnudo. Sakura trató de no reparar en el detalle. Sasuke había abierto ambas ventanas y el cuarto estaba tan helado que la muchacha podía materializar su propia respiración. Las cortinas se inflaban como gigantescos globos por el intenso viento y lluvia que provenían del exterior.
-Dios Santo. ¿Está tratando de suicidarse? -le preguntó ella.
Él no le contestó. Ella se apresuró a cerrar las ventanas antes de dirigirse a la cama. Sólo podía ver una parte del rostro de Sasuke, pero eso le bastó para determinar que, por su expresión tortuosa, debía de sentirse terriblemente mal.
Fue una verdadera lucha, pero por fin, a tirones, logró sacar la colcha de debajo de su cuerpo para taparlo debidamente. Sasuke le dijo que lo dejara en paz de un modo no muy atento. Pero ella ignoró la orden. Tocó su frente y al sentir la fiebre, fue de inmediato a buscar unos paños y agua bien fría.
Sasuke se sentía demasiado débil como para enfrentarla. Sakura se quedó el resto de la noche a su lado, secándole cada cinco minutos aproximadamente y alcanzándole el orinal casi con la misma frecuencia. Aunque ya no podía vomitar nada más porque tenía el estómago totalmente vacío, le daban tremendas arcadas por el intento en vano.
Sasuke quería agua, pero ella no le permitía beber nada. Trataba de hacerlo entrar en razones, pero él no estaba de humor para escucharla. Afortunadamente, estaba demasiado exhausto como para ir a buscar agua por sus propios medios.
-Si traga algo, lo que fuera, lo vomitará de inmediato. Ya he tenido esta enfermedad, Sasuke. Sé lo que le digo. Ahora cierre los ojos y trate de descansar. Mañana se sentirá mejor.
Quería transmitirle un poco de esperanzas, y por esa razón le mintió deliberadamente. Si Sasuke repetía el mismo episodio que el resto de la familia, se sentiría en el infierno durante una semana más.
Y las predicciones de Sakura resultaron correctas. Al día siguiente, Sasuke no se sintió mejor, ni al segundo tampoco. Ella era su enfermera personal. No permitió que Katazu ni Buntan entraran en la alcoba por temor a que ellos también se contagiaran de la enfermedad si se acercaban demasiado a Sasuke. Katazu trató de convencerla, pues creía que Sasuke era responsabilidad suya después de todo, y a él le cabía la obligación de atenderlo. Era una noble obligación, explicó el mayordomo, ponerse en peligro por cuidarlo.
Pero Sakura rebatió su teoría diciéndole que, como ella ya había padecido la enfermedad, sabía exactamente qué era lo que Sasuke necesitaba. Era altamente improbable que ella contrajera el mal nuevamente. Katazu corría mucho mayor riesgo de contagio, y si él enfermaba, ¿cómo funcionaría toda la casa si él no estaba en condiciones de realizar su trabajo?
Así pudo persuadirlo. Estuvo muy ocupado con el manejo de toda la casa y, además, Sakura le delegó la tarea de responder toda la correspondencia en su lugar. La casa estaba cerrada a todos los visitantes. El médico, sir Bansai regresó para revisar a Ebisu, y mientras estuvo allí, Sakura aprovechó la oportunidad para preguntarle por la enfermedad de Sasuke. Si bien el doctor no entró al cuarto de Sasuke para no contagiarse, le recetó un tónico para aliviar el malestar estomacal y sugirió baños con paños de agua fría para bajar la fiebre.
Sasuke era muy difícil como paciente. Esa noche, cuando su temperatura volvió a elevarse, Sakura intentó darle un baño, tal como el médico había recomendado. Restregó su pecho y brazos con el paño frío primero y luego hizo lo propio con las piernas. Aparentemente, Sasuke estaba dormido, pero cuando ella le tocó la pierna lastimada casi se levantó de un salto.
-Preferiría morirme en paz, Sakura. Largo de aquí.
El gruñido del hombre no la perturbó en absoluto, pues todavía estaba impresionada ante la imagen de la pierna lesionada. La pantorrilla estaba llena de cicatrices, desde la cara posterior de la rodilla hasta el talón. Sakura no sabía cómo se habría herido de ese modo, pero supuso que el sufrimiento que debió de haber pasado entonces debió de haber sido una tortura.
Le pareció un milagro que pudiera caminar. Sasuke tiró de las mantas para taparse las piernas y le repitió, aunque en un tono mucho más suave, que se retirase del cuarto.
Los ojos de Sakura estaban llenos de lágrimas. Pensó que Sasuke pudo haberlas visto. No quería que se enterase de que el sólo ver brevemente la lesión había provocado esas lágrimas. Sasuke era un hombre muy orgulloso e inflexible. Sakura sabía que no apreciaría su compasión y, obviamente, tendría ciertos complejos por esa cicatriz.
Sakura decidió distraerle la atención con otra cosa.
-Sus gritos me resultan irritantes, Sasuke, y si sigue dándome esas órdenes tan groseras, lo más probable es que me ponga a llorar desconsoladamente como si fuera una criatura. Pero no me iré de aquí, por más que me diga lo que me diga. Ahora, tenga la amabilidad de dejarme que lave su pierna.
-Sakura, le juro por Dios que voy a arrojarla por la ventana si no se marcha ahora mismo de mi alcoba.
-Sasuke, el baño con paños fríos no le molestó para nada anoche. ¿Por qué se ha puesto tan irritable ahora? ¿La temperatura es más elevada que la de ayer?
-¿Anoche me lavó las piernas?
-Sí -le contestó ella con toda honestidad.
-¿Qué rayos más me lavó?
Sakura se dio cuenta a qué se refería Sasuke. Trató de no ponerse colorada al responderle.
-Los brazos, el pecho y las piernas -dijo-. Omití la parte central. Deje de reñir conmigo, señor -le ordenó, mientras sacaba violentamente la pierna de debajo de las mantas.
Sasuke cedió, pero mascullando maldiciones entre dientes. Sakura embebió el paño en el agua fría y con mucha suavidad lavó ambas piernas.
En ningún momento abandonó su expresión seria, y no se dio cuenta hasta que volvió a taparlo debidamente de que Sasuke había estado observándola durante todo el proceso.
-¿Y bien? -le preguntó-. ¿No se siente mejor ahora?
La mirada furiosa de Sasuke fue su única respuesta. Sakura se puso de pie y se alejó del lecho para que él no la viera sonreír. Dejó el recipiente en el palanganero y llevó un vaso de agua lleno solo hasta la mitad.
Se lo entregó y le dijo que lo dejaría solo un momento nada más. Intentó irse, pero él le tomó la mano y se la apretó.
-¿Tiene sueño? -le preguntó él, con la voz aún ronca por la irritación.
-No mucho.
-Entonces quédese a conversar conmigo.
Apartó las piernas a un lado y dio suaves golpes en la cama para indicarle que se sentara. Sakura obedeció. Puso una mano sobre la otra y las dejó sobre su falda, tratando desesperadamente de no fijar la vista en el pecho de Sasuke.
-¿No tiene camisones? -le preguntó ella.
-No.
-Cúbrase, Sasuke -le sugirió entonces. No esperó a que él acatara la orden y lo tapó ella misma.
Sasuke, de inmediato, se destapó. Se sentó, apoyó la espalda sobre el respaldo y bostezó sonoramente.
-Dios, me siento fatal.
-¿Por qué lleva el cabello tan largo? Ya le llega hasta los hombros. Parece un bárbaro -agregó, aunque con una sonrisa, para que no lo tomara como un insulto-. De verdad, le da un aspecto de pirata.
Sasuke se encogió de hombros.
-Me hace recordar -le dijo él.
-¿Recordar qué?
-La libertad.
Sakura no sabía de qué estaba hablando, pero aparentemente él no quería dar mayores explicaciones. Sasuke cambió de tema entonces. Prefirió ponerse al tanto de los negocios.
-¿Katazu le ha enviado la nota a Borders?
-¿Se refiere a su socio?
-Borders no es un socio. Se ha retirado del negocio de los astilleros, pero ayuda cada vez que lo necesito.
-Sí -contestó ella-. Katazu envió a un mensajero y Borders está haciéndose cargo de todo. Cada noche trae un informe completo del día. Están todos sobre el escritorio de su estudio, para que los revise cuando se sienta mejor. También recibió una carta de su socio -agregó la joven-. No sabía que habían abierto otra oficina al otro lado del océano. Muy pronto se convertirán en una empresa internacional, ¿no es así?
-Tal vez. Ahora dígame qué ha estado haciendo usted. No ha salido, ¿verdad?
Ella meneó la cabeza.
-He estado cuidándolo. Escribí otra nota al hermano de Kaede implorándole una segunda entrevista. Chishima respondió con una carta muy amable, pero rechazando mi petición. Ojalá no lo hubiera echado de aquí como lo hizo aquel día.
-Yo no quiero que ese sujeto vuelva a esta casa, Sakura.
Ella suspiró y él la miró con el entrecejo fruncido.
-Está revolviendo un pasado dudoso innecesariamente.
-Prometí ser discreta. Estoy preocupada por Kaede -agregó.
-Solo usted se preocupa -dijo él.
-Sí, ya lo sé -murmuró ella-. Sasuke, si usted estuviera en problemas, yo haría cualquier cosa para ayudarlo.
Le complació tan ferviente promesa de sus labios.
-¿De verdad?
Ella asintió con la cabeza.
-Ahora somos como de la familia, ¿verdad? Su padre es mi tutor y yo trato de considerarlo a usted como a un hermano...
-Al diablo con eso.
Ella abrió los ojos desmesuradamente. Sasuke parecía furioso con ella.
-¿No desea que lo considere como a un hermano?
-Desde luego que no.
Ella pareció desolada.
Sasuke la miró con expresión incrédula. La fiebre no había calmado el deseo que sentía por ella en lo más mínimo. Demonios, tendría que estar muerto y enterrado para poder liberarse de esa creciente necesidad de tocarla.
Y ella no tenía ni idea de lo atractiva que le resultaba. Estaba sentada a su lado, tan cándidamente, con ese vestido blanco tan sencillo y virginal, que si bien no era para nada provocativo, a él le parecía así. Estaba abotonado hasta el mentón de la muchacha, pero a Sasuke le resultaba muy sexy. Igual que su cabello. No lo llevaba recogido como siempre, sino libre, suelto sobre los hombros. Sakura no hacía más que apartárselos de allí, en un gesto que para Sasuke era insoportablemente exquisito.
Prefería estar muerto antes de que ella lo considerara como a un hermano.
-Hace menos de una semana pensaba en mí como su futuro esposo, ¿lo recuerda?
El irracional enojo de Sasuke alimentó el de ella.
-Pero usted me rechazó, ¿lo recuerda?
-No me hable en ese tono tan duro, Sakura.
-No me levante la voz, Sasuke.
Él suspiró. Ambos estaban agotados, pensó, y seguramente, esa era la razón por la que los dos estaban de un humor demasiado sensible esa noche.
-Usted es una princesa -le dijo entonces-. Y yo soy...
Ella terminó la oración por él.
-Un dragón.
-Bien -gruñó-. Un dragón. Y las princesas no se casan con los dragones.
-Qué irritable está esta noche.
-Siempre estoy irritable.
-Entonces es una bendición que no nos casemos. Me haría muy infeliz.
Sasuke volvió a bostezar.
-Probablemente -aceptó.
Ella se puso de pie.
-Necesita dormir -anunció. Se inclinó sobre él para tocarle la frente-. Todavía tiene fiebre, aunque no tanta como anoche. Sasuke, ¿le desagradan las mujeres que dicen: «Ya te lo dije»?
-Demonios, las detesto.
Ella sonrió.
-Bien. Recuerdo haberle dicho que su naturaleza suspicaz le traería dificultades y tenía razón, ¿no?
Sasuke no le contestó. A ella no le importó. Estaba demasiado ocupada jactándose. Se volvió y fue hacia la puerta que comunicaba ambos cuartos. Pero todavía no había terminado de mofarse de él.
-Tenía que ir a ver con sus propios ojos si Itachi estaba realmente enfermo; mírese ahora.
Abrió las puertas de par en par.
-Buenas noches, dragón.
-¿Sakura?
-¿Sí?
-Estaba equivocado.
-¿Sí? -Estaba atónita por su admisión y esperó a escuchar el resto de la disculpa. Después de todo, el hombre no era tan ogro-. ¿Y? -lo presionó, al ver que no continuaba.
-Todavía sigue siendo una malcriada mocosa.
Sasuke tuvo fiebre durante siete largos días y noches más. La octava noche despertó sintiéndose un ser humano nuevamente y se dio cuenta de que la fiebre ya había desaparecido. Se sorprendió al encontrar a Sakura en su lecho. Estaba completamente vestida y dormida sentada, con la espalda apoyada en el respaldo de la cama. Tenía el cabello sobre el rostro y ni se movió cuando él se levantó. Sasuke se aseó, se puso unos pantalones limpios y regresó a la cama. Levantó a Sakura en sus brazos y, a pesar de su débil condición, no le costó ningún trabajo. Era tan liviana como el aire para él. Sonrió al ver que se acurrucaba contra su hombro y suspiraba con un gesto muy femenino. La tendió sobre la cama de su cuarto y la tapó con la colcha de satén.
Se quedó allí, de pie, mirándola, durante un largo rato. Sakura no abrió los ojos en ningún momento. Obviamente estaba agotada por tantas horas de no dormir. Sasuke sabía que no lo había abandonado en ningún momento durante su agonía. Lo había cuidado celosamente y, rayos, no sabía cómo se sentía por eso.
Aceptó el hecho de estar en deuda con ella, pero que un mal rayo lo partiera si sus sentimientos iban más allá de una simple gratitud. Sakura empezaba a importarle. Nada más admitir esa realidad, trató de hallar un modo para suavizar el impacto que causaba en él. No era el momento de relacionarse sentimentalmente con ninguna mujer. Por supuesto que no era el momento oportuno y no dejaría sus sueños y objetivos de lado por ninguna mujer.
Pero Sakura no era cualquier mujer. Sasuke sabía que si no ponía distancia de inmediato, sería demasiado tarde para él. Caramba, cómo se implicaba todo. Se sentía muy confundido emocionalmente. No la quería, se repetía una y otra vez, pero la sola idea de que otro pudiera tomarla le revolvía el estómago.
No estaba pensando con sensatez. Finalmente, se obligó a alejarse de la cama de Sakura. Entró en su cuarto y se dirigió al estudio. Tenía acumulado un mes de trabajo sobre el escritorio como mínimo, y le llevaría aproximadamente ese tiempo transferir todas las cifras a los libros contables. Enterrarse en el trabajo era lo único que lo haría dejar de pensar en Sakura.
Alguien había hecho el trabajo. Sasuke no podía creerlo cuando examinó los libros contables. Todo estaba perfectamente actualizado, finalizando con las cifras de los embarques que se habían realizado en el día de la fecha. Pasó una hora revisando que los importes fueran los correctas, que los totales fueran los precisos y luego se reclinó en el respaldo de la silla para leer las notas que le habían dejado.
Itachi, obviamente, se había hecho cargo, decidió Sasuke. Tendría que agradecer a su hermano la colaboración recibida. Seguro que le habría llevado más de una semana de trabajo porque había más de cincuenta páginas completas anexadas al último trabajo que él había completado. Hacía más de un año que Sasuke no estaba tan al día.
Concentró su atención en los mensajes. Sasuke estuvo ocupado en su estudio desde el amanecer hasta última hora de la tarde. Katazu estaba muy contento de ver a su señor tan repuesto. Le subió una bandeja con el desayuno y otra llena de exquisiteces a la hora del almuerzo. Sasuke se había bañado y se había puesto una camisa blanca y pantalones negros. Katazu lo elogió, diciéndole que los colores le sentaban bien. El mayordomo revoloteaba a su alrededor como una gallina tratando de proteger a sus polluelos, de modo que pronto atrajo la atención de Sasuke.
Katazu volvió a interrumpirlo alrededor de las tres de la tarde para darle los mensajes de su padre y hermano.
La nota del duque de Uchiha transmitía su honda preocupación por la seguridad de la princesa Sakura. Obviamente se había enterado del ataque del que habían sido víctimas después de finalizada la ópera. Solicitaba concertar una fecha cierta para una reunión familiar y, además, que Sasuke llevara a Sakura a su casa de la ciudad en cuanto se sintiera mejor.
La nota de Itachi fue similar -confusa, también, porque no hacía referencia a la ayuda que había brindado con los libros contables-. Sasuke pensó que la omisión de Itachi solo se debía a su humildad.
-Son buenas noticias, ¿verdad? -preguntó Katazu-. Su familia se ha recuperado por completo. La cocinera habló con el jardinero de su padre y él le dijo que todos se sentían en forma otra vez. Su padre ya dio la orden de que se abriera su casa de la ciudad, de modo que todos se instalarán allí cuando caiga la noche. La duquesa ha venido con él, pero sus hermanas recibieron órdenes de quedarse en el campo una o dos semanas más. ¿Desea que envíe algún mensajero para informar sobre su recuperación?
Sasuke no estaba sorprendido por los datos que el mayordomo le dio. Los sirvientes siempre estaban al tanto de las últimas noticias de cualquier casa.
-Mi padre desea una reunión familiar. ¿También averiguó eso por el jardinero? -preguntó secamente.
Katazu asintió.
-Sí, pero no sé la fecha precisa.
Sasuke meneó la cabeza sin poder creerlo.
-Concierte la reunión para mañana por la tarde.
-¿A qué hora?
-A las dos.
-¿Y su hermano? -preguntó Katazu-. ¿Desea que le mande un mensaje a él también?
-Sí -respondió Sasuke-. Estoy seguro de que no querrá perderse la reunión.
Katazu salió corriendo hacia la puerta a cumplir sus obligaciones. Cuando llegó a la puerta, se detuvo.
-Milord, ¿todavía sigue nuestra casa cerrada a los visitantes? Los pretendientes de la princesa Sakura han implorado la entrada durante toda la semana.
Sasuke frunció el entrecejo.
-¿Me está diciendo que esos patanes ya están merodeando en la puerta de mi casa?
Katazu se estremeció por la ira de su señor.
-Se ha corrido la noticia de que tenemos a una hermosa princesa soltera y sin compromiso viviendo en esta casa con nosotros.
-Demonios.
-Precisamente, milord.
-A nadie se le permitirá la entrada sino hasta después de la reunión -anunció Sasuke. Entonces sonrió-. Parece tan irritado como yo por los pretendientes de la princesa Sakura. ¿Por qué, Katazu?
El sirviente no fingió indiferencia.
-Estoy irritado, tanto como usted -confesó-. Ella nos pertenece, Sasuke -exclamó, volviendo al trato informal de antes, en el que ambos se llamaban por sus nombres de pila-. Y es nuestra obligación apartarle esas moscas pegajosas de encima.
Sasuke asintió en silencio. Katazu desvió el tema de conversación.
-¿Qué debo hacer entonces con el amigo comercial del padre de la princesa? Sarutobi ha mandado una nota cada mañana implorando una audiencia. Tiene papeles que requieren la firma de la princesa -agregó-. Pero en una de las notas, que por casualidad leí por encima del hombro de la princesa Sakura, Sarutobi le decía que tenía noticias alarmantes que darle.
Sasuke se recostó en la silla.
-¿Cómo reaccionó Sakura ante esa nota?
-No se perturbó en lo más mínimo -respondió Katazu-. Yo, por supuesto, le hice algunas preguntas. Le pregunté si no debía sentirse un poco preocupada. Ella dijo que, probablemente, las noticias alarmantes de Sarutobi se referían a la baja producción en el mercado. Yo no entendí de qué estaba hablando.
-De pérdidas financieras -explicó él-. Envíe otra nota a Sarutobi. Dígale que está invitado a visitar a Sakura en casa de mi padre. Arréglelo para las tres de la tarde, Katazu. Para entonces, habremos terminado con la reunión familiar.
El sirviente seguía allí.
-¿Desea algo más?
-¿La princesa Sakura nos dejará? -La preocupación de la voz del mayordomo fue evidente.
-Es muy posible que se mude a la casa de la ciudad con mis padres.
-Pero milord...
-Mi padre es su tutor, Katazu.
-Eso puede ser -contravino el mayordomo-. Pero usted es el único que tiene las condiciones físicas necesarias para defenderla. Discúlpeme la insolencia, señor, pero su padre ya está entrado en años y su hermano tiene mucho de qué preocuparse con su esposa e hija. De modo que solo queda usted, milord. La verdad es que me sentiría muy mal si algo le pasara a nuestra princesa.
-Nada le sucederá.
La convicción de la voz de Sasuke aquietó las preocupaciones de Katazu. Sasuke actuaba como un protector. Por naturaleza, era un hombre posesivo, obcecado y un poquito obtuso, según Katazu, porque Sasuke tardaba demasiado en darse cuenta de que él y la princesa Sakura habían nacido el uno para el otro.
Sasuke volvió a concentrarse en sus libros de contabilidad. Katazu tosió para enterarlo de que todavía no había finalizado con su interrupción.
-¿Qué más tiene en mente?
-Solo pensé en mencionar... es decir, lo del incidente en la puerta del teatro...
Sasuke cerró su libro.
-¿Sí? -lo urgió.
-La ha afectado. No me hizo ningún comentario al respecto, pero sé que no lo ha superado totalmente. Todavía sigue culpándose por lo que le sucedió a Ebisu.
-Es una ridiculez.
Katazu asintió.
-No deja de disculparse con el guardia y esta mañana, cuando bajó, era evidente que había estado llorando. Yo creo que tendría que hablar con ella, milord. Una princesa no debe llorar.
Katazu hablaba como si hubiera sido toda una autoridad en materia de realeza. Sasuke asintió.
-De acuerdo. Tendré una charla con ella más tarde. Ahora déjeme solo. Por primera vez en meses, estoy a punto de hallarme al día y quiero ingresar los totales de hoy. No quiero que se me interrumpa hasta la hora de cenar.
Katazu pasó por alto la hostilidad de su señor. Sasuke cuidaría de la princesa y eso era todo lo que realmente importaba.
El buen humor del mayordomo debió pasar una dura prueba esa tarde. Se pasó todo el tiempo cerrando la puerta principal en las narices de los posibles pretendientes de la princesa. Y vaya si fue molesto.
A las siete de la tarde sir Morino llegó a la casa. No pidió autorización para pasar. El líder del Servicio de Seguridad de Inglaterra exigió ser recibido.
Katazu condujo a sir Morino hacia la planta alta, donde se encontraba el estudio de Sasuke. El caballero de aire distinguido esperó a que el mayordomo se retirara para empezar a conversar con Sasuke.
-Tiene buen aspecto -anunció-. Quería pasar a ver personalmente cómo estaba, por supuesto, y a felicitarlo por lo bien que ha hecho el trabajo. El tema de Ryūdōin pudo haber pasado a mayores. Pero usted lo manejó con inteligencia.
Sasuke se reclinó en la silla.
-Y pasó a mayores -le recordó al director.
-Sí, pero supo llevar las cosas con el tacto de siempre.
Sasuke tuvo que esforzarse para no lanzar una carcajada. ¿Con el tacto de siempre? Qué típico en él era resumir en términos de caballero la matanza necesaria de uno de los enemigos de Inglaterra.
-¿Cuál es el verdadero motivo de su visita, sir Morino?
-Felicitarlo, por supuesto.
Sasuke rió entonces. Morino sonrió.
-Me vendría bien un poco de coñac -anunció, gesticulando en dirección al bar que estaba a un lado contra la pared-. ¿Desea acompañarme?
Sasuke rechazó la propuesta. Intentó ponerse de pie para servir al director, pero Morino, con la mano, le indicó que lo haría él mismo.
-Yo puedo.
Sir Morino se sirvió una copa de coñac y luego tomó asiento en la silla de cuero que estaba frente al escritorio.
-Hidan vendrá dentro de pocos minutos. Sin embargo, yo quería hablar a solas primero con usted. Ha surgido otro pequeño problema y pensé que Hidan sería la persona ideal para solucionarlo. Una oportunidad para él para empaparse en esto.
-¿Quiere decir que va a unirse a las filas?
-A él le agradaría estar al servicio de este país -le dijo el director-. ¿Qué opinión le merece a usted, Sasuke? Deje de lado la diplomacia y dígame con toda franqueza lo que piensa de ese hombre.
Sasuke se encogió de hombros. Tenía el cuello tenso por haber estado tantas horas sentado trabajando en sus libros de contabilidad. Movió los hombros hacia atrás, tratando de relajarse.
-Tengo entendido que hace unos años heredó las tierras y el título de su padre. Ahora es el conde de Oakmount, ¿verdad?
-Sí -contestó sir Morino-. Pero solo está en lo cierto a medias. El título y las tierras los heredó de su tío. El padre de Hidan huyó hace muchos años. El muchacho pasó de un pariente a otro mientras crecía. Se corrió el rumor de que era ilegítimo y que por eso su padre lo había abandonado. La madre falleció cuando Hidan tenía cuatro o cinco años.
-Una infancia difícil -señaló Sasuke.
El director coincidió.
-Lo hizo el hombre que es hoy. Aprendió a ser inteligente desde pequeño, como verá.
-Usted sabe mucho más sobre su pasado que yo -dijo Sasuke-. Todo lo que yo puedo agregar es muy superficial. Lo he visto en diferentes funciones. La gente de la alta sociedad le tiene mucho aprecio.
El director bebió un gran sorbo de coñac antes de continuar.
-Todavía no me ha dado su opinión -le recordó a Sasuke.
-No me voy por la tangente -le respondió Sasuke-. Honestamente, no lo conozco lo suficiente como para emitir un juicio. Sin embargo, a Deidara no le cae muy bien. Recuerdo que hizo ese comentario.
El director sonrió.
-A su socio, nadie le cae bien.
-Eso es cierto.
-¿Tuvo algunas razones específicas para decir eso de Hidan?
-No. Comentó que era un niño bonito. Hidan es apuesto, o eso se comenta, según las opiniones femeninas.
-¿Y a Deidara no le gusta por su aspecto físico?
Sasuke se rió. Sir Morino parecía incrédulo.
-A mi socio no le agradan los simpáticos. Dice que uno nunca sabe lo que piensan.
El director registró esa información en su mente.
-Hidan tiene casi tantos contactos como usted. Sería una importante adquisición para nuestro departamento. Aun así, estoy decidido a andar con pie de plomo en todo esto. No sé cómo se desenvolvería en caso de crisis. Lo he invitado a que venga aquí para hablar con usted, Sasuke. Hay otro asunto delicado que usted podría tener en consideración para nosotros. Si decide en favor de tomar la designación, me gustaría que Hidan estuviera involucrado. Podría aprender mucho de usted.
-Estoy retirado. ¿Lo recuerda?
El director sonrió.
-También yo -dijo-. Hace años que trato de pasar a otro las riendas de todo esto. Ya estoy poniéndome muy viejo para estas cosas.
-Usted jamás renunciará.
-Y tampoco usted -vaticinó Morino-. Por lo menos, hasta que su empresa pueda sobrevivir sin sus aportes. Dígame una cosa, hijo. ¿Su socio todavía no se ha dado cuenta de dónde provienen los aportes extras que usted hace? Sé que no quiso decirle que había empezado a trabajar para nuestro departamento otra vez.
Sasuke entrelazó las manos sobre su nuca.
-No lo sabe -explicó-. Deidara ha estado muy ocupado con la inauguración de la segunda oficina. Su esposa, Karin, está a punto de dar a luz el primer hijo de ambos en cualquier momento. Dudo que Deidara haya tenido tiempo para sospechar nada.
-¿Y cuando se dé cuenta?
-Le diré la verdad.
-Podríamos volver a servirnos a Deidara -dijo el director.
-Eso queda fuera de discusión. Ahora tiene familia.
Sir Morino coincidió, aunque de mala gana. Volvió al tema de la designación que deseaba que Sasuke aceptara.
-En cuanto a esta nueva operación -comenzó-, no es más peligrosa que la última, pero... eh, buenas noches, princesa Sakura. Qué placer volver a verla.
Ella estaba de pie en la puerta del estudio. Sasuke se preguntó hasta dónde habría escuchado la conversación.
Sakura sonrió al director.
-Es un placer volver a verlo a usted también, señor -respondió en un suave murmullo-. Espero no haber interrumpido. La puerta estaba entreabierta, pero si están hablando de algún asunto, puedo regresar más tarde.
Sir Morino se puso de pie de inmediato y fue hacia la puerta. Le tomó la mano e hizo una profunda reverencia.
-No ha interrumpido -le aseguró-. Venga a sentarse. Quería hablar con usted antes de irme.
La tomó por el codo y la condujo hacia una silla. Sakura se sentó y alisó sus faldas mientras aguardaba a que sir Morino se sentara también.
-Me enteré del infortunado incidente que tuvo lugar en la puerta del teatro -señaló el director, ceñudo. Se sentó, miró a Sasuke y luego a la princesa-. ¿Se ha recuperado del susto?
-No hubo nada de lo que tuviera que recuperarme, sir Morino. Mi guardia resultó herido. Tuvieron que darle ocho puntos, pero se los quitaron ayer. Ahora se siente mucho mejor, ¿no es verdad, Sasuke?
Sakura tenía la vista fija en sir Morino cuando formuló la pregunta a Sasuke para integrarlo en la conversación. Pero a él no le importó la falta de atención de la joven. Estaba demasiado ocupado tratando de disimular su diversión. Sir Morino estaba poniéndose colorado. Sasuke no podía creerlo. El director de operaciones tan audaces, con su nariz angulosa y su corazón de hierro, se ruborizaba como un muchachito de escuela.
Sakura estaba cautivando a ese hombre. Sasuke se preguntaba si ella se daría cuenta del efecto que producía o si todo era deliberado. Su sonrisa era inocentemente dulce; su mirada, directa, inalterable y si empezaba a pestañear, entonces Sasuke tendría la certeza de que la seducción no era tan inocente después de todo.
-¿Ha tenido oportunidad de indagar en el otro asunto que conversamos? -preguntó ella-. Sé que ha sido muy insolente de mi parte pedir algo a un hombre tan importante, sir Morino, y quiero que sepa que le estoy profundamente agradecida por haber enviado a un mensajero a Gretna Green.
-Ya me he hecho cargo de eso -respondió el director-. Mi hombre, Gai, llegó de allí anoche. Tenía usted razón, princesa. No hay ningún registro, ni en los libros de Ereki Kaminarimon ni en los de su rival, Iwana Akame.
-Lo sabía -comentó Sakura. Juntó las manos, como si hubiera estado a punto de rezar y se dirigió a Sasuke-. ¿No se lo dije?
El entusiasmo de la muchacha lo hizo sonreír.
-¿Decirme qué?
-Que lady Kaede no huyó para casarse. Su director acaba de confirmar mis sospechas.
-Bien, princesa, todavía existe la posibilidad «remota, claro», de que ella no se haya casado allí. Tanto Kaminarimon como Akame llevan registros precisos como para saber el número de bodas que se llevaron a cabo allí. Es un método muy competente. Sin embargo, no son los únicos hombres con autoridad para casar en Gretna Green. Algunos sujetos, no tan famosos por su reputación, ni siquiera llevan registros de las bodas. Sólo elaboran un certificado que entregan al esposó. Como verá, querida, todavía existe la posibilidad de que esa muchacha sí haya escapado para casarse.
-No lo hizo.
Sakura ponía especial énfasis en ello. Sasuke meneó la cabeza.
-Está revolviendo un avispero, sir Morino. Ya se lo dije, pero no me quiere escuchar.
Sakura miró a Sasuke, ceñuda.
-Yo no estoy revolviendo ningún avispero.
-Sí, claro que sí -contestó Sasuke-. Lo único que conseguirá es que la familia de Kaede tenga que seguir sufriendo si sigue acosándolos con tantas preguntas.
Sus críticas la hirieron. Bajó la cabeza.
-Debe de tener un concepto muy bajo de mí si cree que deliberadamente me dispondría a hacer daño a alguien.
-No tenía por qué ser tan duro con ella, hijo.
Sasuke estaba exasperado.
-No fui duro, simplemente honesto.
Sir Morino meneó la cabeza. Sakura sonrió al director. Estaba complacida de tenerlo de su lado.
-Si sólo escuchara las razones que tengo para preocuparme tanto, no llamaría interferencia a mis inquietudes con tanta facilidad.
El director miró furioso a Sasuke.
-¿Que no quiso escuchar sus razones? Ella tiene un argumento muy valedero, Sasuke. No debería juzgarla desconociendo los hechos.
-Gracias, sir Morino -resopló Sasuke.
Sakura decidió pasar por alto su rudeza.
-¿Cuál es nuestro siguiente paso en la investigación? -preguntó al director.
Sir Morino pareció un tanto confundido.
-¿Investigación? No había pensado en el problema desde ese punto...
-Dijo que me ayudaría -recordó Sakura al director-. No deb desalentarse tan pronto.
Sir Morino buscó ayuda en Sasuke. Este sonrió.
-No es una cuestión de rendirse -dijo sir Morino- Simplemente, no estoy seguro de qué es lo que estoy investigando. Para mí es un hecho evidente que su amiga huyó con alguien y creo que Sasuke tiene razón cuando sugiere que lo mejor que puede hacerse es dejar las cosas como están.
-¿Por qué es un hecho evidente?
-Kaede dejó una nota -explicó sir Morino.
Ella meneó la cabeza.
-Cualquiera puede haber escrito una nota.
-Sí, pero...
-Había tenido tantas esperanzas de que usted me ayudara, sir Morino -lo interrumpió. Había mucha congoja en su voz-. Usted era mi última esperanza. Kaede podría estar en peligro y sólo nos tiene a usted y a mí para que la ayudemos. Si alguien puede descubrir la verdad, ese es usted. Es tan inteligente y astuto.
Sir Morino no hacía más que resoplar. Sasuke meneaba la cabeza. Un solo elogio había bastado para que el hombre se derritiera como el hielo.
-¿Se quedará satisfecha si logro encontrar un registro de la boda?
-No lo encontrará.
-Pero si lo encuentro...
-Entonces dejaré todo como está.
Sir Morino asintió.
-Muy bien -dijo-. Empezaré con su familia. Mañana enviaré a alguien para que hable con su hermano. De un modo u otro, averiguaré qué pasó.
El rostro de la muchacha se iluminó.
-Se lo agradezco mucho -murmuró-. Pero debo advertirle. Yo ya he enviado una nota al hermano de Kaede y él se negó a concederme otra entrevista. Verá, Sasuke fue bastante grosero con Chishima y él no lo ha perdonado.
-Pero no se negará a un requerimiento mío -anunció sir Morino.
Sasuke ya había escuchado lo suficiente de lo que él consideraba un tema ridículo. No le agradaba en absoluto la idea de que el líder del Departamento de Seguridad de Inglaterra se degradara al punto de husmear en asuntos privados de familia.
Estuvo a punto de cambiar de tema cuando el siguiente comentario de sir Morino le llamó la atención.
-Princesa Sakura, después de toda la cooperación que nos ha brindado, atender este delicado asunto es lo menos que puedo hacer por usted. Quédese tranquila, querida, pues le conseguiré las respuestas que busca para antes de que se marche de Inglaterra.
Sasuke se inclinó hacia adelante.
-Un momento, Sir Morino retroceda -le exigió, con voz dura-. ¿De qué manera exactamente ha cooperado la princesa Sakura?
El director pareció sorprendido por la pregunta.
-¿Ella no le explicó...?
-No creí que fuera necesario -intervino Sakura de inmediato poniéndose de pie-. Si me disculpan ahora, caballeros, los dejaré a solas para que atiendan tranquilos sus cuestiones de negocios.
-Sakura, siéntese.
El tono de Sasuke le sugirió que no debía contradecirlo. Sakura suspiró y obedeció. Sin embargo, se negó a mirarlo. Mantuvo la vista fija en su falda. Tenía deseos de salir corriendo y esconderse en lugar de discutir la determinación que había tomado. Pero eso habría sido cobardía e irresponsabilidad, y Sasuke merecía enterarse de lo que se había decidido.
Dignidad y decoro, pensó. Sasuke nunca sabría cuán amargada estaba ella y en eso había un cierto triunfo, ¿no?
-Explíqueme por qué sir Morino está tan complacido por su cooperación.
-He decidido regresar a la tierra natal de mi padre -explicó apenas en un susurro-. Me casaré con el general. Su padre ya me ha dado su consentimiento.
Sasuke no pronunció palabra durante un largo rato. Sólo contemplaba a Sakura cabizbaja.
-¿Todo esto se decidió mientras yo estuve enfermo?
-Sí.
-Míreme -le ordenó.
Ella estaba a punto de echarse a llorar. Respiró profundamente y por fin lo miró.
Sasuke sabía que estaba desesperada, pues se retorcía las manos y se contenía para no llorar.
-Nadie la forzó -comentó sir Morino.
-Al diablo con eso.
-Fue una decisión mía -insistió ella.
Sasuke meneó la cabeza.
-Morino, aquí no se ha decidido nada, ¿entendido? Sakura todavía reacciona así por el incidente del otro día. Su guardia resultó herido y ella se cree responsable.
-Soy responsable -corrigió.
-No -contradijo él con énfasis-. Estaba asustada.
-¿Importa cuáles eran mis motivos?
-Rayos, claro que importa -gruñó él. Devolvió su atención al director-. Obviamente, Sakura ha olvidado la promesa que me hizo la semana pasada.
-Sasuke…
-Silencio.
Ella abrió los ojos desmesuradamente, sin poder creerlo.
-¿Silencio? Es mi futuro el qué está en juego, no el suyo.
-Yo soy su tutor -se opuso Sasuke-. Yo decido sobre su futuro y usted parece haber olvidado ese detalle.
Su resoplido fue tan caliente como el fuego que sale por la boca de un dragón. Sakura decidió no contradecirlo. Sasuke no actuaba con sensatez en esos momentos y, si seguía mirándola de ese modo autoritario, la muchacha se pondría de pie y se retiraría de la sala.
Sasuke devolvió su atención al director.
-Sakura y yo hemos hablado de este problema la semana pasada -explicó-. Decidimos que no se casaría con el general, de modo que puede decirle a sus colegas financieros que el trato ha quedado sin efecto.
Sasuke estaba tan furioso que ni siquiera advirtió que el director asintió en silencio mientras él continuaba.
-Sakura no se casará con él. Parece que el general tiene un tierno corazoncito, ¿no? Mandó a una banda de asesinos a secuestrar a la novia para que se case con él. Vaya forma de hacer la corte a una mujer, ¿no cree? Cómo me gustaría que viniera a Inglaterra. Me gustaría estar unos pocos minutos a solas con ese bastardo.
Sakura no podía entender por qué Sasuke cada vez se alteraba más. Jamás lo había visto tan enojado. Estaba demasiado asombrada como para asustarse. No sabía qué decir ni qué hacer para calmarlo.
-Él no renunciará, Sasuke -susurró ella, haciendo un gesto de desaprobación por lo temblorosa que sonó su voz-. Enviará a otros.
-Ese es mi problema, no el suyo.
-¿Lo es?
El temor que Sasuke advirtió en los ojos de Sakura sirvió para calmarle los nervios en cierta medida. No quería que ella le tuviera miedo. Deliberadamente, bajó el tono de voz para contestarle.
-Sí, lo es.
Se quedaron mirándose a los ojos durante un largo rato. Ella vio tanta ternura en su expresión que sintió deseos de llorar por el alivio que experimentó. Sasuke no iba a permitir que ella se marchase de Inglaterra.
Sakura se obligó a desviar la mirada para que Sasuke no advirtiera las lágrimas que habían acudido a sus ojos. Contempló su falda otra vez, inspiró profundamente para controlar sus emociones y dijo:
-Sólo trataba de ser noble. No quería que nadie más resultase lastimado y sir Morino comentó que existía la posibilidad de que hubiera una mejora en los pactos comerciales...
-Mis colegas opinan que el general cooperaría -intervino Morino-. Personalmente, no estoy de acuerdo con esa bobada. Pienso lo mismo que Sasuke -agregó, asintiendo con la cabeza-. El general no es hombre de fiar. Así que como ve, querida Sakura, no hay razones para ser noble.
-¿Y si Sasuke resulta herido? -exclamó.
Tanto Sasuke como sir Morino se mostraron sorprendidos por la pregunta. El temor había regresado a los ojos de Sakura. Sasuke se reclinó contra el respaldo de su silla y la contempló. La muchacha no temía por su propia seguridad sino por la de él. Probablemente, Sasuke tendría que haberse enfadado con ella. Él sabía cuidarse sólo y por lo tanto, tendría que haberle resultado insultante que la princesa se preocupase por su bienestar.
Sin embargo, le pareció un elogio.
Sir Morino arqueó una ceja y miró a Sasuke esperando a que le contestara.
-Puedo cuidarme solo -dijo Sasuke-. No quiero que se preocupe, ¿entendido?
-Sí, Sasuke.
La inmediata aceptación de la muchacha lo complació.
-Déjenos a solas ahora, Sakura. Sir Morino y yo tenemos otros asuntos pendientes.
Sakura tenía la sensación de que los pies le pesaban tanto que no podia marcharse de allí con la rapidez que deseaba. Ni siquiera se despidió del director. Su conducta fue de lo más grosera para una dama., pero no le importó. Estaba temblando tan violentamente que ni siquiera pudo cerrar bien la puerta.
Su alivio le debilitó las rodillas. Se desplomó contra una pared y cerró los ojos. Una lágrima rodó por su rostro. Inspiró profundamente en un intento por calmarse.
Después de todo, no tenía por qué ser noble y casarse con ese hombre monstruoso. Sasuke le había arrebatado la decisión de las manos y ella se sentía tan agradecida que ni siquiera le importó que él se hubiera enfadado tanto. Por algún motivo que Sakura aún no había podido determinar, Sasuke, se había tomado a pecho su responsabilidad de tutor. Había actuado como su protector y Sakura se sentía tan agradecida de tener a alguien de su lado, que rezó una oración.
-Princesa Sakura, ¿se encuentra bien?
Se sobresaltó tanto que se despegó casi treinta centímetros del piso. Luego se echó a reír a carcajadas. Katazu y otro hombre, al que nunca antes había visto, estaban a pocos metros de distancia. Ni siquiera los había oído acercarse.
Sakura notó que se ruborizaba. El desconocido que estaba detrás del mayordomo le sonrió. La joven pensó que el hombre la creería loca. Se alejó de la pared, dejó de reírse y dijo:
-Estoy bien.
-¿Qué está haciendo?
-Reflexionando -contestó. Y rezando, agregó en silencio.
Katazu no entendió a qué se refería. Siguió mirándola perplejo. La muchacha se volvió al invitado.
-Buenas noches, señor.
El mayordomo por fin recordó los buenos modales.
-Princesa Sakura, permítame presentarle a Hidan Jashin, conde de Oakmount.
Sakura sonrió.
-Es un placer conocerlo.
El hombre avanzó y le tomó la mano.
-El placer es todo mío, princesa. He estado muy ansioso por conocerla.
-¿De verdad?
Él sonrió al ver la sorpresa en sus ojos.
-Sí -le aseguró-. Es el co- mentarlo de todo Londres, pero imagino que ya se habrá dado cuenta de ello.
Sakura meneó la cabeza.
-No, no lo sabía.
-El príncipe regente no ha escatimado elogios para usted -explicó Hidan-. No debe sorprenderse, princesa. Solo he oído cosas maravillosas sobre usted.
-¿Qué cosas maravillosas? -se atrevió a preguntar Katazu.
Hidan no apartó la mirada de Sakura cuando respondió al mayordomo.
-Me dijeron que era muy hermosa, y ahora que la veo, me doy cuenta de que la historia es cierta: Ella es hermosa... exquisita, por cierto.
Sakura se sintió avergonzada por los elogios. Trató de apartar la mano de la de él, pero Hidan no se lo permitió.
-Cuando se ruboriza es deliciosa, princesa -la alabó. Se le aproximó y, a la luz de las velas, la muchacha advirtió las apuestas canas que plateaban sus cabellos. Sus ojos, intensos se encendían cuando sonreía. No era mucho más alto que Katazu, pero parecía hacer sombra al mayordomo con su sola presencia. Sakura supuso que ese halo de poder que lo rodeaba derivaría, indudablemente, de la posición que ocupaba en la sociedad. Su título le permitía ser arrogante y presumido.
Sin embargo, el hombre era un seductor y tenía plena conciencia de su propio atractivo. También sabía que estaba incomodándola ante tan descarado escrutinio.
-¿Disfruta de su estancia en Inglaterra? -le preguntó.
-Oh, sí, gracias.
Sasuke abrió la puerta del estudio, justo en el momento en que Hidan pedía autorización a la princesa para visitarla la tarde siguiente. De inmediato advirtió las mejillas arreboladas de Sakura y que Hidan la tomaba de la mano.
Reaccionó antes de darse tiempo para controlarse. Extendió la mano, cogió a Sakura del brazo y la llevó a su lado. Luego le rodeó los hombros con el brazo en una actitud tan posesiva que la joven se sintió incómoda frente al invitado.
-Sakura estará ocupada mañana -anunció-. Entre, Hidan. Sir Morino está dentro esperándolo para hablar con usted.
Aparentemente, Hidan no notó la irritación en la voz de Sasuke y si la notó, optó por ignorarla. Asintió en silencio y se volvió a Sakura.
-Con su permiso, princesa, seguiré tratando de convencer a su primo para que me permita visitarla.
Nada más asentir ella con la cabeza, Hidan le hizo una reverencia y entró al estudio.
-Deje de estrujarme ya, primo -murmuró Sakura.
Sasuke advirtió la burla en la voz de ella y la miró.
-¿De dónde rayos ha sacado la idea de que somos primos? ¿Usted se lo dijo?
-No, por supuesto que no -contestó ella-. ¿Va a soltarme ahora? Debo ir a mi cuarto para buscar mi libreta.
Pero Sasuke no la soltó.
-Sakura, ¿por qué está tan terriblemente contenta?
-Estoy contenta porque, aparentemente, no tendré que casarme con el general -dijo ella. Se zafó como pudo del brazo de Sasuke y salió corriendo por el pasillo-. Y -gritó por encima del hombro-, porque tengo un nuevo nombre que agregar a la lista.
Mientras ella corría por el pasillo, Hidan se asomó a la puerta y la contempló -con una sonrisa diabólica en los labios-, hasta que la voz tajante de Sasuke lo obligó a regresar al estudio.
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Todas las mujeres casadas son criaturas infelices. Todas esas perras se sienten ignoradas por sus esposos. Chillan, se quejan, nada las conforma. Oh, él observa, vigila. Y, por cierto, los esposos las ignoran, pero él no los culpa. Todos saben que las atenciones y el afecto son para las amantes. Las esposas sólo son males necesarios para la reproducción de herederos. Uno se procura una esposa cuando le llega la inevitable hora, se acuesta con ella con la suficiente frecuencia para hacerle un hijo y después la deja en el olvido.
Él había descartado deliberadamente a las casadas porque consideraba que la cacería no le produciría demasiados beneficios. No había satisfacción al perseguir a un perro que no quería correr. Sin embargo, esta lo intrigó. Parecía tan infeliz. Hacía más de una hora que la vigilaba. Estaba colgada del brazo de su marido, tratando, de vez en cuando, de decir o hacer algo que le llamara la atención. Fue un esfuerzo en vano. El galante esposo estaba completamente ocupado charlando con sus amigos del club. No prestaba ninguna atención a su bonita y pequeña esposa.
Pobre estúpida. Era obvio, para cualquiera que se detuviera a observarla, que amaba a su marido. Se la veía penosamente infeliz. Y él estaba apunto de cambiar todo. Sonrió. Ya había tomado su decisión. La cacería estaba en marcha otra vez. Pronto, muy pronto, sacaría a su mascota de su infelicidad.
