CAPÍTULO 6

Sasuke estuvo reunido en conferencia con sir Morino y Hidan durante varias horas. Sakura cenó sola en el comedor. Se quedó abajo todo el tiempo que pudo, sin quedarse dormida, con la esperanza de que Sasuke apareciera. Quería agradecerle el haber demostrado tanto interés por su futuro y formularle algunas preguntas sobre el conde de Oakmount.

Abandonó la espera alrededor de la medianoche y subió a su cuarto. Buntan golpeó su puerta quince minutos después.

-Se ha decidido que salga mañana por la mañana, princesa. Debe estar lista para las diez en punto.

Sakura se metió en la cama y se tapó.

-¿Sasuke dijo a dónde iríamos?

La dama de compañía asintió.

-A la casa de sir Morino -contestó-. Está en la calle Bowers, número doce.

Sakura sonrió.

-¿Te ha dado la dirección?

-Sí, princesa. Fue muy preciso en las instrucciones que me dio. Quería que le avisara que no quiere esperar -dijo, ceñuda-. Había algo más que quería que... oh, sí, ahora recuerdo. La reunión de la tarde con el duque y la duquesa de Uchiha ha sido cancelada.

-¿Sasuke te ha dicho por qué?

-No, princesa.

Buntan bostezó dramáticamente y se excusó con su señora.

-Estoy muy cansada esta noche -murmuró.

-Por supuesto que estás cansada -dijo Sakura-. Es muy tarde y has tenido un día muy arduo de trabajo, Buntan. Vete a la cama. Que descanses -gritó, pues la muchacha ya había salido corriendo.

Sakura se quedó dormida pocos minutos después. Estaba tan agotada después de haber pasado tantas malas noches por cuidar de Sasuke que durmió de corrido. A la mañana siguiente, despertó poco después de las ocho y se apresuró a vestirse. Se puso un vestido rosa pálido, que Sasuke sin duda aprobaría porque el escote cuadrado era alto y muy recatado.

Sakura estuvo abajo más de veinte minutos antes de la hora señalada para salir. Sasuke no apareció sino hasta pocos minutos después de las diez. Cuando lo vio bajar por las escaleras, ella le dijo:

-Ya vamos con retraso, Sasuke. Apresúrese.

-Ha habido un cambio en los planes, Sakura -dijo Sasuke. Le guiñó el ojo cuando pasó junto a ella rumbo al comedor.

Ella salió corriendo detrás de él.

-¿Qué cambio de planes?

-La reunión ha sido cancelada.

-¿La reunión con sir Morino o la reunión de esta tarde? Buntan dijo...

Sasuke apartó una silla e hizo un ademán para que Sakura se sentara a la mesa.

-Las dos -contestó.

-¿Prefiere chocolate o té caliente, princesa? -preguntó Katazu desde la entrada.

-Té, gracias. ¿Sasuke, cómo se enteró de que la reunión ha sido cancelada? He estado esperando en el vestíbulo y no ha venido ningún mensajero a avisar nada.

Sasuke no le respondió. Se sentó, cogió el periódico y empezó a leer. Katazu apareció a su lado con un plato lleno de galletas que colocó delante de Sasuke.

Sakura estaba muy irritada y confundida.

-¿Por qué exactamente sir Morino quería que nos reuniéramos? Ayer hablamos los dos con él.

-Desayune, Sakura.

-No va a darme explicaciones, ¿verdad?

-No.

-Sasuke. No está bien ser grosero a primera hora de la mañana.

Sasuke bajó el periódico y le sonrió. Entonces ella se dio cuenta de que acababa de decirle una tontería.

-Quise decir, que no está bien ser grosero en ningún momento.

Sasuke volvió a desaparecer detrás del periódico. Sakura tamborileó con los dedos sobre la mesa. Entonces, entró Ebisu. Sakura le hizo un gesto para que se le acercara.

-¿Algún mensajero...?

Sasuke la interrumpió.

-¿Está desconfiando de mi palabra?

-No -contestó ella-. Sólo estoy tratando de entender. ¿Va a dejar de esconderse detrás de ese periódico?

-¿Siempre se levanta de tan mal humor?

Sakura desistió de llevar una conversación decente con él. Comió media galleta y luego pidió permiso para retirarse de la mesa. Ebisu la miró condolente cuando pasó a su lado.

Sakura regresó a su cuarto y el restó de la mañana se dedicó a trabajar con su correspondencia. Escribió una larga carta a la madre superiora hablándole de su viaje a Inglaterra. Describió a su tutor y a la familia, y dedicó tres hojas a explicar cómo había terminado viviendo en casa de Sasuke.

Estaba sellando el sobre cuando Genma llamó a la puerta.

-Requieren su presencia abajo, princesa Sakura.

-¿Tenemos compañía, Genma?

El guardia meneó la cabeza.

-Vamos a salir. Necesitará su capa. El viento está muy violento hoy.

-¿A dónde vamos?

-A una reunión, princesa.

-Que se hace, que se cancela, que se hace otra vez -señaló.

-¿Cómo ha dicho, princesa?

Sakura tapó el tintero, acomodó las cosas del escritorio y se puso de pie.

-Sólo estaba quejándome -admitió con una sonrisa-. ¿La reunión es con el padre de Sasuke o con sir Morino?

-No estoy seguro -contestó Genma-. Pero Sasuke está aguardando en el vestíbulo, aparentemente impaciente por salir.

Sakura prometió al guardia que bajaría enseguida. Genma hizo su reverencia y se marchó. Ella se apresuró a cepillarse el cabello y luego cogió la capa del guardarropas. Iba por el pasillo cuando recordó su lista. Si iba a casa del duque de Uchiha, necesitaría su libreta de anotaciones para poder discutir los nombres que había escrito en su lista con el duque y su esposa. Regresó rápidamente a su cuarto a buscar la lista y la guardó en el bolsillo.

Sasuke aguardaba en el vestíbulo. Sakura se detuvo en las escaleras para colocar su capa sobre el brazo.

-¿Sasuke? ¿Vamos a ver a su padre o a sir Morino?

Él no le contestó. Sakura bajó corriendo las escaleras y repitió la pregunta.

-Vamos a ver a sir Morino -explicó.

-¿Por qué quiere vernos con tanta urgencia? Estuvo aquí anoche -le recordó ella.

-Tiene sus razones.

Buntan estaba parada junto a Ebisu y Genma cerca de la entrada al salón. La muchacha avanzó rápidamente para ayudar a su señora con la capa.

Sasuke le ahorró la molestia, pues él se encargó de ponerla alrededor de los hombros de la princesa. Le tomó la mano y salió, llevándola prácticamente a rastras. Sakura tuvo que correr para seguirle el paso.

Ebisu y Genma los siguieron. Los dos guardias subieron al pescante y se situaron junto al cochero. Sasuke y Sakura se sentaron enfrente uno del otro en el interior del vehículo.

Él cerró las puertas y se apoyó contra los cojines. Le sonrió.

-¿Por qué frunce el ceño?

-¿Por qué actúa de esta manera tan extraña?

-No me gustan las sorpresas.

-¿Lo ve? Es una respuesta extraña.

Sasuke extendió sus largas piernas. Ella acomodó sus faldas y se acurrucó más contra el rincón para hacerle más sitio.

-¿Sabe de qué quiere hablarnos sir Morino? -preguntó ella.

-No iremos a verlo a él -explicó Sasuke.

-Pero usted dijo...

-Mentí.

Sakura se quedó tan pasmada que él sonrió.

-¿Me mintió?

Parecía incrédula. Sasuke asintió.

-Sí, le mentí.

-¿Por qué?

La ira de la muchacha le dio risa. Se ponía tan deliciosa cuando a enojaba. Y vaya que estaba furiosa. Tenía las mejillas muy enrojecidas Sasuke pensó que si erguía más la espalda se le quebraría en dos.

-Más tarde daré las explicaciones pertinentes -le dijo él-. Deje de fruncir él entrecejo, mocosa. Es un día muy bello para enfadarse.

Finalmente, Sakura cayó en la cuenta de lo alegre que estaba él.

-¿Por qué está tan contento?

Sasuke se encogió de hombros. Ella suspiró. Decididamente, el hombre estaba dispuesto a confundirla.

-¿Adónde vamos exactamente?

-A una reunión con mi familia para decidir qué hacer...

Sakura terminó la explicación por él.

-¿...conmigo?

Él asintió. Sakura bajó la vista, pero Sasuke advirtió su expresión. Parecía desolada. Sabía que tenía los sentimientos heridos, pero ignoraba qué había dicho como para que reaccionara de ese modo.

-¿Y ahora qué le pasa? -gruñó.

-Nada.

-No me mienta.

-Usted me mintió.

-Dije que se lo explicaría después -Trató de disimular su enfado al agregar-: Ahora dígame por qué está a punto de llorar.

-Se lo explicaré después.

Sasuke se inclinó hacia adelante. Le tomó el mentón y la obligó a mirarlo.

-No use mis palabras en mi contra -le ordenó.

Ella le apartó.

-Muy bien -anunció-. Me molesté un poco cuando me di cuenta de por qué está tan contento.

-No la entiendo, maldita sea.

El carruaje se detuvo frente a la casa de la ciudad del duque de Uchiha.

Sasuke quitó el cerrojo de la puerta, pero mantuvo la vista fija en ella.

-¿Y bien? -preguntó.

Sakura se acomodó la capa sobre los hombros.

-Yo entiendo perfectamente -le dijo, asintiendo con la cabeza.

Ebisu abrió la puerta y extendió la mano para ayudar a la princesa. Inmediatamente, bajó, pero se volvió para dirigir una mirada ceñuda a Sasuke.

-Está contento porque por fin va a liberarse de mí.

Sasuke abrió la boca para discutir. Ella levantó la mano dándole en silencio la orden de que se callara.

-No tiene por qué preocuparse, señor. Ya me he recuperado de mi desazón. ¿Entramos ya?

Sakura trataba de comportarse con dignidad. Pero Sasuke no se lo permitió. Se echó a reír. Ella se volvió y subió las escalinatas de la entrada. Ebisu y Genma la escoltaron uno a cada lado.

-Aún parece molesta, mocosa malcriada.

El mayordomo abrió la puerta principal justo en el momento en que ella se volvía bruscamente para decir a Sasuke lo que pensaba de ese comentario grosero.

-Si vuelve a llamarme mocosa malcriada, o algo por el estilo, le juro que haré algo de lo más indigno. Y no estoy molesta -agregó con una voz que la delataba-. Sólo creí que usted y yo nos habíamos hecho amigos. Y por mi parte, fue así. Para mí es una especie de primo...

Sasuke se acercó tanto a ella que apenas les separaban unos centímetros.

-No soy su primo -refunfuñó.

El hermano de Sasuke tomó el lugar el mayordomo y sostuvo la puerta abierta esperando que alguien advirtiera su existencia. Sólo podía ver la espalda de la princesa Sakura. Era muy menuda y, pensó, bastante valiente. Sasuke estaba apuñalándola con esa mirada tan intensa suya, pero aparentemente, ella no se intimidaba. No era una cobarde.

-Todos creen que somos primos -gruñó ella.

-Me importa un cuerno lo que la gente piense.

Ella inspiró profundamente.

-Esta conversación es ridícula. Si no quiere tener parentesco alguno conmigo, está bien.

-Yo no soy pariente suyo.

-No tiene por qué gritar, Sasuke.

-Es que me vuelve loco, Sakura.

-Buenas tardes.

Itachi casi gritó el saludo para asegurarse de que lo escucharan. Y Sakura se sobresaltó tanto por la interrupción que se aferró a Sasuke.

Pero se recuperó de inmediato. Se zafó de sus brazos y se dio media vuelta. Se esforzó por demostrar una expresión serena y digna. El hombre que estaba parado en la puerta, increíblemente apuesto, por cierto, tenía que ser el hermano de Sasuke. Las sonrisas de ambos eran casi idénticas. Sin embargo, el cabello de Itachi era más largo. Sakura trató de hacer una reverencia. Pero Sasuke no la dejó. La tomó por el brazo y prácticamente la empujó al interior de la casa.

Ella lo pellizcó para que la soltara. Cuando Sasuke trató de quitarle la capa, se desató la guerra. La princesa no paró de golpearle en la mano para poder extraer la famosa lista del bolsillo de la prenda.

Itachi estaba de pie, detrás de su hermano. Tenía las manos entrelazadas por detrás de la cintura y trataba desesperadamente de no echarse a reír Hacía mucho tiempo que no veía a su hermano tan exaltado.

Por fin, Sakura logró su cometido.

-Ahora sí puede quitarme la capa, gracias.

Sasuke volvió los ojos hacia el cielo. Arrojó la capa en dirección a Itachi. Su hermano la atrapó en el aire mientras Sasuke observaba la nota que la joven apretaba en el puño.

-¿Porqué, en nombre de Dios, ha traído esa cosa?

-Porque la necesitaré -explicó-. Simplemente, no puedo entender por qué tiene tanta aversión a esa lista, Sasuke. Su hostilidad es de lo más irrazonable.

Dirigió su atención a Itachi.

-Tendrá que disculpar la grosería de su hermano. Ha estado enfermo.

Itachi sonrió. Sasuke meneó la cabeza.

-No tiene que disculparse por mí -declaró-. Itachi esta es la mujer a la que bautizaste como La Plaga. Sakura, le presento a mi hermano Itachi.

Otra vez, Sakura trató de hacer su reverencia y Sasuke se lo impidió. La princesa estaba inclinándose ligeramente para tomar la falda de su vestido cuando él la asió bruscamente y la arrastró hacia el salón.

-¿Dónde esta tu esposa, Itachi? -preguntó Sasuke por encima del hombro.

-Arriba, con mamá -contestó.

Sakura tiraba de la mano de Sasuke tratando de soltarse.

-¿Por qué no me arroja en una silla y se va directamente? Obviamente está apurado por liberarse de mí.

-¿Qué silla prefiere?

Finalmente la soltó. De inmediato, Sakura retrocedió un paso y se topó con Itachi. Se dio media vuelta, implorando que la disculpara por su torpeza y luego le preguntó por su padre. Le explicó que realmente tenía prisa por hablar con él.

Como se la veía tan seria y preocupada, Itachi no se atrevió a sonreír. Pensó que la princesa Sakura era hermosa. Sus ojos tenían un brillante tono verde y las simpáticas pecas de la nariz le recordaban el rostro de su esposa, Izumi. En realidad, era bellísima.

-Jimei subió a avisar a mi padre de su llegada, princesa Sakura. ¿Por qué no se pone cómoda mientras espera?

Sakura creyó que era una idea espléndida. Al parecer, Itachi sí había heredado los buenos modales de la familia. Era muy solícito y gentil. Una agradable diferencia, comparado con hermano.

Sasuke estaba junto a la chimenea, observándola. Ella no lo miró. No había prestado atención al exterior de la casa de su tutor, pero seguramente sería tan majestuosa como por dentro. El salón era por lo menos, cuatro veces más grande que el de Sasuke. Había tres sillones ubicados en semicírculo, alrededor de la chimenea de mármol, color marfil. Era una sala encantadora, llena de los tesoros que el duque de Uchiha había recogido en sus viajes por el mundo. Sakura miró su entorno y se detuvo en el brillante objeto que estaba en el centro de la repisa de la chimenea. Después de todo, habían encontrado una excelente ubicación a la réplica en oro del castillo de su padre. La reproducción del hogar de su niñez tenía el tamaño de una copa de coñac y era exacta, al detalle, al castillo auténtico.

La expresión de dicha en los ojos de Sakura cortó la respiración de Sasuke.

-¿Sakura? -le preguntó, curioso por conocer los motivos de aquella reacción.

Ella se volvió y le sonrió. Luego se dirigió a toda prisa hacia la repisa. Le tembló la mano cuando la acercó al brillante objeto para acariciar su torre lateral.

-Es una réplica de mi hogar, Sasuke. Se llama Stone Haven. Yo vivía allí con mis padres.

-Pensé que su padre había renunciado a su reino para casarse con su madre -señaló Sasuke.

Ella asintió.

-Sí, lo hizo. Pero compró Stone Haven antes de casarse con ella. El general no puede tocarlo tampoco. Está situado en Austria y allí no tiene jurisdicción aunque llegue al trono. El castillo seguirá estando seguro.

-¿Quién es el propietario ahora? -preguntó Itachi.

Ella no le contestó. Él pensó que Sakura no había escuchado la pregunta. Estaba tan intrigado por el castillo como Sasuke. Ambos hermanos se acercaron a la muchacha, uno a cada lado, para admirar el objeto de oro.

-El detalle es impresionante -remarcó Itachi.

-Mi padre se lo regaló al suyo -explicó ella-. Fue una broma, bienintencionada, por supuesto. Yo lo busqué por todas partes mientras estuve en la casa de campo de la familia, pero no pude encontrarlo. Pensé que se habría extraviado. Me complace descubrir que le han dado un lugar de honor.

Sasuke estaba a punto de preguntarle por qué había dicho que el regale de su padre fue una broma, cuando los interrumpieron.

-Por supuesto que ocupa un sitio de honor -exclamó el duque de Uchiha desde la entrada-. Tu padre era mi amigo, Sakura.

Ella se volvió al escuchar la voz de su tutor y sonrió para recibirlo. El duque de Uchiha era un hombre de aspecto distinguido, algunos cabellos canos y ojos negros. Sus hijos habían heredado las facciones apuestas y la altura de él, por supuesto.

-Buenas tardes, padre -dijo Sasuke.

Su padre correspondió el saludo y luego entró al salón. Se detuvo en el medio y abrió los brazos a Sakura.

Ella no vaciló. Corrió hacia él y lo abrazó. El duque la estrechó y le besó la coronilla de la cabeza.

Sasuke y Itachi compartieron una mirada de descreimiento. Estaban atónitos ante la muestra de afecto de su padre hacia la pupila. El anciano, por lo general, era bastante reservado, pero trataba a Sakura como si hubiera sido una hija que había perdido hacía mucho tiempo.

-¿Sasuke te ha tratado bien?

-Sí, tío Fugaku.

-¿Tío Fugaku? -Sasuke y Itachi repitieron el nombre al unísono.

Sakura se apartó de los brazos de su tutor y se volvió para mirar furiosa a Sasuke.

-Al tío Fugaku no le importa ser pariente mío.

-Pero no lo es -le recordó Sasuke obcecadamente.

Su padre sonrió.

-Yo le he pedido que me llamara tío -explicó-, Sakura es parte de nuestra familia ahora, hijo.

Se volvió hacia su pupila.

-Siéntate y hablaremos del tema del matrimonio.

Ella obedeció sin dilación. Advirtió que su libreta estaba en el suelo y de inmediato corrió a buscarla. Sasuke esperó a que ella se acomodara en el sofá de brocado y se sentó a su lado.

Era tan voluminoso que la obligó a apartarse hacia uno de los extremos del mismo. Sakura empujó su pesado muslo para poder extraer las faldas que le habían quedado debajo de este.

-Hay muchos asientos libres -murmuró para que su tío Fugaku no la escuchara criticando a hijo-. Siéntese en otro lado, primo.

-Si vuelve a llamarme primo, le juro que la ahorco -la amenazó Sasuke por lo bajo-. Y deje de moverse como una serpiente.

-La estás incomodando, hijo. Cámbiate de lugar.

Sasuke no cedió. Su padre frunció el ceño y luego se sentó en el más grande junto a Itachi frente a ambos.

-¿Y cómo os habéis llevado? -preguntó el duque.

-Sasuke ha estado enfermo toda la semana -anunció ella-. ¿Me mudaré a esta casa hoy, tío?

-No. -La negativa de Sasuke fue abrupta... grosera, también.

Su padre le dirigió una mirada ceñuda antes de volver a concentrarse en Sakura.

-¿Te gustaría venir aquí a vivir? -preguntó.

-Pensé que eso era lo que Sasuke quería -contestó ella. Su confusión se evidenció en su expresión-. Tener que cuidarme fue como una imposición para él. Hoy ha estado muy irritable. Y creo que yo soy la causa de esa ansiedad.

Sasuke volvió los ojos al cielo.

-Volvamos al tema principal -masculló.

Su padre ignoró la orden.

-¿Que Sasuke estuvo ansioso? -preguntó a Sakura.

-Sí, tío -respondió ella. Puso una mano encima de la otra sobre la falda-. Está ansioso por liberarse de mí. De modo que se puede entender el motivo de mi confusión, ¿no? Hace pocos minutos estuvo a punto de arrojarme en este sofá y marcharse, y ahora dice que quiere que me quede con él en su casa.

-Eso es una contradicción -comentó Itachi.

Sasuke se inclinó hacia adelante. Apoyó los codos sobre las rodillas y miró a su padre.

-No creo que sea una buena idea mudarla justamente ahora. Hubo un incidente en la puerta del teatro el día de la ópera -agregó.

Sakura lo interrumpió con un codazo. Él se volvió para mirarla.

-No tiene por qué entrar en detalles -murmuró-. Sólo conseguirá, preocuparlo.

-Hay que preocuparlo -le dijo Sasuke-. Si va a asumir la responsabilidad de cuidarla, tiene que saber a qué deberá enfrentarse.

Sasuke no le dio oportunidad de rebatirle nada. Siguió hablando con su padre. Rápidamente le explicó lo sucedido, agregó ciertos detalles pertinentes que había recabado durante su charla con sir Morino y terminó dando su opinión de que las amenazas contra la princesa Sakura no cesarían sino hasta que la joven estuviera casada.

-O hasta que el general haya ganado o perdido su campaña por conseguir el trono -comentó Itachi.

-Demonios, eso podría llevar un año -calculó Sasuke.

-Tal vez -coincidió su hermano. Se volvió hacia su padre y luego dijo-: Me parece que Sasuke tiene razón. Sakura tendría que quedarse en su casa porque él tiene más experiencia en este tipo de cosas. Por otra parte, sería más seguro para ti y para mamá.

-Tonterías -los contradijo el duque-. Sé lo suficiente respecto de cómo hay que proteger a una familia. Yo puedo enfrentarme a cualquier peligro que se interponga en mi camino. Además, los chismes son algo que no debemos pasar por alto. Ahora que mamá y yo estamos repuestos, Sakura debe venir a vivir con nosotros. No es aceptable que un hombre y una mujer solteros, sin compromiso, vivan bajo el mismo techo.

-Fue el comentario de todos la semana pasada -recordó Itachi a su padre.

-Por nuestra enfermedad -contestó el duque de Uchiha-. Seguramente la gente comprenderá.

Sasuke no podía creerlo. No sabía qué decir al inocente comentario de su padre. Se dirigió a su hermano para buscar apoyo en contra de la mudanza de Sakura, pero Itachi estaba tan incrédulo como él.

-¿Has oído algún chisme? -preguntó el duque a Itachi, preocupado.

Itachi meneó la cabeza. Sasuke trató de contener la impaciencia.

-Padre, los chismes de la gente es lo que menos importa en todo esto -dijo-. No puedes poner a la misma altura el peligro al que expondrías a tu familia y lo que murmura la gente. Por supuesto que hay rumores. Pero a Sakura y a mí no nos interesan.

-No permitiré que discutáis mi decisión -insistió el padre, obcecado-. Me insultas si crees que no estoy capacitado para cuidar debídamente de mi pupila. He velado por mi esposa y por mis seis hijos durante todos estos años y no me detendré justamente ahora.

-Pero nadie nunca ha querido secuestrar a mamá ni...-comenzó Itachi.

-Basta -ordenó el duque de Uchiha-. El tema queda concluido aquí y ahora. -Suavizó el tono al añadir-: Mamá tenía razón cuando dijo que Sakura tenía que casarse lo antes posible. Con eso terminaremos todas estas tonterías.

Sasuke miró a Itachi.

-Ella tiene esa maldita lista.

-Yo se la di, hijo.

Sasuke no supo qué responder a eso.

-¿Una lista de qué? -preguntó Itachi.

-¿Tiene necesidad de explicárselo a Itachi? -preguntó ella, con las mejillas coloradas de vergüenza-. Él ya está casado.

-Ya sé que está casado -contestó Sasuke con una sonrisa.

Itachi fingió no haber escuchado la protesta de Sakura.

-¿Una lista de qué? -repitió su hermano.

-De hombres -respondió Sasuke-. Ella y papá han confeccionado una lista de posibles candidatos para casarse.

Sasuke no exteriorizó reacción alguna a esa explicación. Por la expresión de la princesa, se dio cuenta de que ella estaba bastante incómoda por el tema de la conversación. Decidió tratar de serenarla.

-Me parece razonable -anunció.

-¿Razonable? Es una barbaridad -le dijo Sasuke.

Itachi no pudo reprimir su sonrisa.

-No me parece divertido –se quejó Sasuke.

-No -coincidió Itachi-. No es divertido.

-Es de lo más serio -dijo Sakura.

Itachi se irguió más en su asiento.

-¿De modo que el propósito de esta reunión es escoger uno de los hombres de esa lista? ¿Es correcto?

-Sí -contestó Sakura-. Yo quería entrevistar a los candidatos la semana pasada, pero Sasuke enfermó y yo estuve muy ocupada cuidándolo.

-¿Usted lo cuidó? -le preguntó Itachi con una sonrisa.

Ella asintió.

-Día y noche he hecho de enfermera -dijo-, porque me necesitaba.

Sasuke estaba exasperado.

-No la necesitaba.

Ella hizo caso omiso de sus gruñones modales. Se reclinó contra el respaldo del sofá.

-Es muy desagradecido -murmuró.

Sasuke la ignoró. Asintió en dirección a Itachi.

-Eso me recuerda -dijo- que quiero agradecerte tu ayuda. Mis libros de contabilidad nunca estuvieron tan organizados en más de un año.

-¿Qué libros de contabilidad?

-Los libros de contabilidad del astillero -explicó Sasuke-. Te agradezco mucho tu ayuda.

Itachi meneó la cabeza. Sakura codeó a Sasuke para atraer su atención.

-¿No podemos seguir con el tema de antes? Quiero solucionar esto lo antes posible.

-Yo ni toqué tus libros de contabilidad -dijo Itachi a su hermano.

-¿Entonces quién...?

Nadie dijo ni una palabra durante un largo rato. Sakura se dedicó a acomodar los pliegues de su falda. Sasuke, lentamente, se volvió hacia ella.

-¿Usted contrató a Sarutobi o a otra persona para que hiciera mi trabajo?

-Por supuesto que no. Sus libros son algo muy privado. No habría permitido que ningún extraño tuviera acceso a ellos. Por otra parte, mientras estuvo enfermo, nadie podía entrar a la casa, ¿lo recuerda?

-¿Entonces quién rayos hizo el trabajo?

-Yo.

Sasuke meneó la cabeza. Ella asintió.

-No me tome el pelo, Sakura. No estoy de humor para bromas.

-No estoy tomándole el pelo. También organicé sus diarios de navegación y los archivé.

-¿Quién la ayudó?

Ella se sintió profundamente insultada por esa pregunta.

-Nadie me ayudó. Soy muy buena para los números -le dijo ella-. Tiene mi permiso para escribir a la madre superiora si no me cree. Yo hice un segundo juego de libros de contabilidad para ella con el fin de que el banquero le otorgara... Oh, Dios. Probablemente no debí haber mencionado eso. Para la madre superiora fue un pecado, pero yo no lo consideré de ese modo. Tampoco fue latrocinio. Simplemente, alteré algunas cifras para que le otorgaran el crédito.

Sasuke tenía una expresión de rotunda sorpresa en el rostro. Sakura supuso que para él, la confesión habría sido vergonzosa. Abandonó sus intentos por explicarse y suspiró.

-En cuanto a sus libros de contabilidad -continuó ella-,quiero que sepa que pasar ciertos importes a las columnas correspondientes y sacar el total, no se necesita un estudio muy avanzado. No fue difícil. Sólo tedioso.

-¿Y los porcentajes? -preguntó Sasuke, aún no tan seguro de creerla.

Ella se encogió de hombros.

-Cualquiera que tenga dos dedos de frente puede sacar los porcentajes.

Sasuke meneó la cabeza.

-Pero usted es una mujer...

Sasuke iba a agregar que no podía imaginar dónde había aprendido contabilidad, pero ella no le permitió terminar.

-Sabía que eso saldría a la luz -gruñó ella-. Sólo por el hecho de que soy una mujer a usted no le cabe en la cabeza que yo pueda tener otras cosas en mente, además de lo que hay que usar para estar a la moda, ¿verdad? Bueno, señor, me temo que va a sorprenderse, porque me importa un rábano lo que dicta la moda.

Sasuke nunca la había visto tan enfadada. Sus ojos parecían un fuego verde. Sasuke pensó en estrangularla, pero decidió que primero preferiría besarla.

Itachi salió a su ayuda.

-¿Y a la madre superiora le dieron su crédito, Sakura?

-Por supuesto -contestó ella, llena de orgullo-. Claro que la madre no sabía que el banquero estaba investigando el juego de libros falso, porque de lo contrario, por sus votos, se habría visto obligada a confesar la verdad. Las monjas siguen reglas muy estrictas. No se enteró hasta que fue muy tarde. Ya había gastado el dinero en la nueva capilla. Entonces, todo salió bien.

Sasuke resopló.

-Apuesto a que habrá lamentado que usted se haya ido del convento -dijo secamente.

-¿Qué tal si regresamos al motivo por el que nos reunimos aquí? -sugirió Itachi. Se puso de pie y caminó hacia Sakura-. ¿Podría ver su lista?

-Sí, por supuesto.

Itachi tomó la hoja de papel y volvió a su asiento.

-No está completa -explicó Sakura-. En este momento, hay diez nombres anotados, pero si usted cree conveniente agregar uno o dos más, hágalo, por favor.

-Yo creo que podríamos empezar sin Gweneth -anunció el tutor-. Itachi, lee el primer nombre para que podamos discutirlo como presunto candidato.

Itachi desdobló la hoja de papel, leyó rápidamente el contenido y luego miró a su hermano.

-Empieza, hijo -insistió el conde.

-El primer nombre de la lista es Sasuke -anunció Itachi, con la vista fija en su hermano.

-Sí, pero yo lo taché -explicó Sakura-. ¿No ve la raya que le puse encima? Por favor, continúe con los nombres que todavía no he tachado.

-Un momento -dijo Itachi-. Yo quiero saber por qué mi hermano quedó descartado, Sakura. ¿Usted lo incluyó o fue idea de mi padre?

-Yo le sugerí el nombre de Sasuke -contestó el duque-. Sakura ni siquiera conocía a tu hermano cuando hicimos esa lista. En un momento creí que podrían hacer una buena pareja, pero ahora veo que no daría resultado. No están hechos el uno para el otro.

Itachi tenía otra opinión. Las chispas que volaban entre Sakura y Sasuke estaban a punto de encenderse vivamente en cualquier momento. Por otro lado, cada uno de ellos se negaba desesperadamente a reconocer la razón que se ocultaba detrás de las frustraciones personales de ambos.

-¿Cómo has llegado a la conclusión de que no están hechos el uno para el otro? -preguntó Itachi a su padre.

-Sólo míralos cuando están juntos, hijo. Es evidente. Sakura parece terriblemente incómoda y Sasuke no ha dejado de fruncir el entrecejo desde que se sentó. Es obvio que no se llevan bien. Y como sabrás, ese es un ingrediente fundamental para lograr un buen matrimonio.

-¿Podemos seguir, Itachi? -preguntó Sasuke.

-¿Sasuke, tiene que ser tan impaciente? -preguntó Sakura.

Él no le contestó. Ella dirigió su atención a Itachi.

-Ha estado muy enfermo -le dijo, refiriéndose a Sasuke, como ofreciendo una excusa por su mal humor.

-Sigamos -intervino el duque de Uchiha frunciendo el entrecejo en dirección a Sasuke.

-Si Sasuke aceptara casarse con usted, Sakura, ¿estaría de acuerdo? -quiso saber Itachi.

-Él ya me ha rechazado -explicó Sakura-. Y de todas maneras, no sería aceptable.

-¿Por qué no? -preguntó Itachi.

-¿Lo dejamos así? -exigió Sasuke.

Itachi desoyó la protesta de su hermano. También Sakura. Ella frunció el entrecejo mientras lo pensaba. No quería confundir a Itachi, pero tampoco quería dar muchas explicaciones.

-No sería aceptable porque no tocaría mi herencia.

-Por supuesto que ni la tocaría, caramba.

-¿Ve? ¿Entiende ahora?

Itachi no entendía nada. Sin embargo, la expresión en el rostro de su hermano le indicó que lo prudente era no seguir insistiendo en el asunto. La mirada de Sasuke decía que tenía ganas de estrangular a alguien y Itachi no quería ser la víctima.

-¿No hay una mejor manera de arreglar esta situación? -preguntó Itachi-. Sakura debería tener la oportunidad de tomarse su tiempo para...

-Pero no hay tiempo -intervino su padre.

-Realmente le agradezco su preocupación -dijo Sakura.

-Vamos, hijo, pasa al segundo nombre de la lista.

Itachi cedió. El segundo nombre también había sido tachado. Itachi siguió con el tercero.

-Kisuke -leyó-. El conde de Maboroshi.

-Tuve oportunidad de verlo una vez -dijo el duque de Uchiha -. Me pareció un individuo bastante decente.

Itachi también aprobaba en silencio mientras Sasuke negaba con la cabeza.

-¿Qué hay de malo en él, Sasuke? -preguntó su hermano.

-Le gusta beber. No servirá.

-¿Bebe? -preguntó su padre-. No sabía eso de Kisuke. Táchalo Itachi -agregó resoplando-. No la dejaré casarse con un borracho.

-Gracias, tío Fugaku.

Sasuke se sentía a punto de explotar en cualquier momento. Necesitó, todas sus fuerzas para controlar su temperamento. La verdad era que ignoraba por qué estaba tan agitado. Él había tomado la decisión de no casarse con Sakura, pero, demonios, la sola idea de que otro hombre la tocara le ponía los pelos de punta.

Como si hubiera sido la cosa más natural del mundo, Sasuke se reclinó contra los cojines del sofá y rodeó los hombros de Sakura con su brazo. Instintivamente, ella se le acercó más. Sasuke la sintió temblar y se dio cuenta de que detestaba tener que pasar por ese suplicio tanto como él.

Itachi tenía razón. Tenía que haber otra salida.

Itachi atrajo su atención al leer el próximo nombre.

-Kingsford, conde de Lockwood.

-Mikoto sugirió a Kingsford -anunció el duque-. Estaba fascinada con los modales del hombre.

Sasuke negó con la cabeza.

-Puede tener muy buenos modales, pero también tiene fama de sádico.

-Por Dios -esgrimió el anciano-. ¿Sádico, dices hijo? Táchalo de la lista, Itachi.

-Sí, padre -coincidió Itachi. Prosiguió-. Williams, marqués de Coringham.

-Fue sugerencia mía -dijo el duque. Su voz expresó un gran entusiasmo-. Es una buena persona. Yo he conocido a su familia durante años. Harry es de buena sangre.

A Itachi cada vez le costaba más trabajo contener la risa, pues Sasuke ya estaba descartándolo con la cabeza.

-Harry es un mujeriego -anunció Sasuke.

-No sabía eso de Harry -declaró el duque de Uchiha-. Creo que Mikoto y yo tenemos que salir más seguido. Me daría cuenta de esas pequeñeces si tuviera más roce con la sociedad. De acuerdo, él tampoco. No la casaremos con un futuro adúltero.

Itachi miró a Sasuke al pronunciar el siguiente nombre de la lista.

-Johnson, conde de Wentzhill.

Ni siquiera había terminado de pronunciar el título completo del individuo cuando Sasuke empezó a menear la cabeza.

Y así continuó. Sasuke encontraba algo malo en todos los hombres de la lista. Cuando Itachi llegó al último nombre de la lista, el duque de Uchiha estaba hundido en el sofá, con la mano en la frente y una expresión de total desasosiego. Itachi no podía contener la risa. A Sasuke le resultaba terriblemente difícil encontrar un vicio para el último nombre de la lista, Hidan Jashin, conde de Oakmount. Itachi se moría por saber qué tendría Sasuke para criticar a ese pobre hombre.

-Conocí a Hidan -confesó Sakura-. Fue a casa de Sasuke a discutir un asunto de negocios. Me pareció muy agradable.

La voz de Sakura careció de convicción. Le costaba mucho disimular su tristeza. Detestaba esa situación. Sentía que no podía controlar su futuro ni su destino. Por horrenda que fuera la verdad, tenía la sensación de que la ofrecían en caridad.

-No puedo emitir un juicio sobre Hidan -comentó Itachi-. No lo conozco.

-Yo sí -dijo el duque-. Me resulta agradable. Quizá podríamos invitarlo para... ¿Y por qué rayos estás sacudiendo la cabeza ahora, Sasuke?

-Sí, hermano -intervino Itachi-. ¿Qué tiene de malo Hidan?

Sasuke suspiró. No se le ocurría ningún defecto que achacar a Hidan. Y Itachi no lo dejaba concentrar. Estaba riéndose a carcajadas.

-No le veo la gracia -gruñó Sasuke.

-Yo sí -le contradijo Itachi-. Veamos -dijo-, hasta el momento hemos descartado nueve posibles candidatos por bebida, avaricia, gula, celos, perversión, codicia, lujuria, etcétera, etcétera. Ahora quiero que me expliques qué es lo que tiene Hidan de malo. Creo que ya has echado mano de los siete pecados capitales, hermano.

-¿Qué quieres decir, Itachi? -preguntó Sasuke.

-Que no te agrada ninguno de ellos.

-Por supuesto que no. Estoy pensando en la felicidad de Sakura. Ella es una princesa. Se merece algo mejor.

El último comentario reveló a Itachi lo que necesitaba saber. Ahora entendía por qué Sasuke estaba de tan pésimo humor. Obviamente, según Itachi, Sasuke quería a Sakura, pero consideraba que no tenía el dinero suficiente para merecerla. Oh, sí, era eso precisamente. Sasuke era el segundo hijo, por lo que no había heredado tierras ni títulos. Su obsesión por hacerse un lugar en la sociedad por medios propios se debía a su imperiosa necesidad de ganarse el público reconocimiento de todos. Itachi estaba orgulloso de que su hermano fuera un hombre independiente, pero maldición, ese orgullo sería el responsable de que Sakura se le escapara de las manos.

A menos que estuviera obligado a casarse, por supuesto.

-¿Pero y qué hay con Hidan? -preguntó el padre otra vez-. ¿Qué defecto tiene?

-Ninguno -protestó Sasuke.

El duque de Uchiha empezaba a sonreír cuando Sasuke añadió:

-Si a Alesandra no le importa tener hijos patizambos...

-Pero por amor de... -El duque se echó hacia atrás contra los cojines en un gesto de total derrota.

-¿Hidan es patizambo? -preguntó Itachi a Sakura. Empezaba a sentirse orgulloso de sí, pues por primera vez, había podido preguntarle algo sin sonreír.

-Debo admitir que no reparé en sus piernas, pero si Sasuke dice que es patizambo, entonces será así. ¿Es necesario que tenga hijos?

-Sí -le dijo Sasuke.

-Entonces lo descartamos. Yo no quiero tener hijos patizambos.

Sakura se volvió para mirar a Sasuke.

-¿Es doloroso? -le preguntó en voz baja.

-Sí -mintió Sasuke.

La discusión se prolongó durante una hora más. Itachi y su padre se turnaban para decir nombres de posibles candidatos y Sasuke los rechazaba a todos inventando un defecto distinto para cada uno de ellos.

Itachi estaba muy divertido. Acomodó el taburete para apoyar los pies y extendió las piernas sobre este para estar más cómodo.

Sasuke estaba cada vez más agitado. Apartó el brazo de los hombros de Sakura y apoyó los codos sobre las rodillas mientras aguardaba a que su padre se le ocurriera otro posible esposo para la princesa.

Cuanto más se prolongaba la charla, más decepcionada estaba Sakura. Se ocultó tras una fabricada máscara de serenidad, pero tenía los puños muy apretados sobre la falda.

Justo en el momento en que la joven pensó que ya no podría soportar escuchar otro nombre, Sasuke se reclinó hacia atrás y le cubrió ambas manos con una de él.

Si bien la muchacha no quería su consuelo, se aferró a él.

-Sakura, ¿qué quiere hacer?

Itachi fue quien formuló la pregunta. Ella estaba demasiado abochornada para decirle la verdad, para admitir que lo que más deseaba en el mundo era casarse con el hombre que amaba. Quería el mismo matrimonio que sus padres, pero no era posible.

-Pensé que quería ser monja, pero la madre superiora no me lo permitió.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, por lo que nadie se rió de su deseo.

-¿Y por qué no se lo permitió? -preguntó Itachi.

-Porque no soy católica -explicó Sakura-. Es un requisito importante.

Entonces sí sonrió; no pudo evitarlo.

-No habría sido feliz como monja -vaticinó.

Tampoco lo era en ese momento, pero consideró que sería una grosería admitir su infelicidad.

-Sakura, ¿por qué no vas a buscar a Mikoto? -le sugirió el tutor-. Todavía no te han presentado a Izumi, ¿verdad? Preséntate tú misma a la encantadora esposa de Itachi.

Sakura se comportó como si acabara de recibir una recompensa. Su expresión de alivio no pasó inadvertida para nadie.

Sakura se puso de pie sin darse cuenta de que aún seguía de la mano de Sasuke. Entonces, la retiró bruscamente y se marchó.

Los tres hombres se pusieron de pie hasta que la princesa desapareció y luego volvieron a sentarse. Sasuke arrastró el taburete con los pies y los apoyó en él.

-Esto es muy difícil para ella, demonios -masculló.

-Sí -coincidió su padre-. Ojalá hubiera tiempo para que la muchacha pudiera adaptarse a las circunstancias, pero no lo hay, Sasuke.

Sasuke decidió cambiar el tema.

-Por curiosidad, padre -dijo-. ¿Cómo conociste al padre de Sakura?

-Fue en la fiesta anual de Senju -explicó el padre-. Kizashi y yo nos llevábamos bastante bien. Era un hombre excelente -agregó, asintiendo con la cabeza.

-Y también tú por haber asumido la responsabilidad de cuidar de su hija -señaló Sasuke.

La expresión del duque operó un dramático cambio. Estaba inmensamente triste.

-No, estás equivocado. Hay algo que ninguno de vosotros dos sabe y creo que ha llegado la hora de confesar mis pecados. Tarde o temprano, tenéis que enteraros.

La seriedad en la voz del duque de Uchiha indicó que el asunto revestía gran importancia. Le prestaron su más concentrada atención y esperaron a que ordenara sus pensamientos.

Pasaron varios minutos antes de que el hombre volviera a hablar.

-Me metí en problemas justo después que tu madre muriera, Itachi -explicó-. Todavía no había conocido a Mikoto y había empezado a beber... bastante, por cierto.

-¿Tú? Pero si jamás bebes -comentó Sasuke.

-Ahora no bebo -coincidió el padre-. Pero entonces, sí. Y también jugaba. Las deudas, por supuesto, iban acumulándose y yo me mentía, pensando que algún día ganaría el dinero suficiente como para recuperar lo perdido.

Sasuke y Itachi estaban demasiado sorprendidos como para hacer alguna acotación. Se quedaron contemplando a su padre, como si de pronto se hubiera convertido en un extraño.

-Es muy difícil para mí hacer esta confesión -continuó-. A ningún padre le gusta ventilar los pecados frente a sus hijos.

-El pasado, pasado -le dijo Sasuke-. Déjalo donde está.

El duque meneó la cabeza.

-No es tan sencillo -explicó-. Quiero que lo entendáis. Estaba prácticamente en la ruina y aún estaría en esa condición de no haber sido por el padre de Sakura. Todo lo que había heredado y lo que me había dado tanto trabajo construir estaba en manos de los prestamistas, en calidad de garantes de los préstamos que me habían otorgado. Sí, estaría en la ruina ahora.

-¿Y qué pasó entonces? -preguntó Itachi, cuando su padre guardó silencio.

-Kizashi vino en mi rescate. En un momento estaba en White's y al siguiente, de vuelta a casa. Me dijeron que había perdido el conocimiento en una de las mesas por tanto alcohol. Cuando abrí los ojos, Kizashi estaba a mi lado y Dios, vaya si estaba furioso. Yo me sentía tan mal que lo único que quería era estar solo. Pero no se quería marchar. Hasta me amenazó y todo.

-¿Con qué? -preguntó Itachi. Estaba tan azorado con la confesión de su padre que se inclinó hacia adelante, entrelazó las manos y esperó a que su padre prosiguiera.

-Me dijo que tú estabas abajo -dijo el duque-. Eras tan pequeño entonces y tan impresionable… Kizashi me amenazó con ir a buscarte para que vieras en qué estado se encontraba tu padre. No me hace falta aclarar que la amenaza me hizo recuperar la sobriedad al instante. Habría preferido morir antes de que me vieras en esa condición tan humillante.

Nadie dijo ni una palabra al respecto. Itachi no recordaba nada de la época en que su padre se había dado a la bebida.

-¿Cuántos años tenía yo?

-Casi cinco.

-Si era tan pequeño, probablemente no recordaría haberte visto ebrio -declaró.

-Kizashi sabía lo mucho qué te quería -dijo su padre-. Oh, era muy astuto. Fue mi peor momento, el punto de regreso, también.

-¿Y qué pasó con las deudas? -preguntó Sasuke.

Su padre sonrió. Qué típico en Sasuke formular todas las preguntas. Su hijo menor era el miembro más práctico de la familia y el más disciplinado también.

-Kizashi fue a ver a todos los prestamistas y canceló las deudas. En menos de un día, ya no debía ni un centavo. Trató de entregarme los documentos que recuperó, pero yo rehusé su caridad. Tampoco le permití que los rompiera. Quise que los retuviera hasta que pudiera devolverle todo el dinero. Incluso, insistí en que me cobrara un interés.

-¿Y la deuda quedó saldada? -preguntó Itachi.

-No. Kizashi regresó con su esposa a Stone Haven. Y me entregó ese hermoso tesoro antes de marcharse. -Hizo un ademán en dirección a la réplica en oro del castillo, que estaba sobre la repisa de la chimenea-. ¿Podéis creerlo? Después de todo lo que hizo por mí, me hizo un regalo. Seguíamos comunicándonos por carta. La vez siguiente que visitaron Inglaterra, trajeron a Sakura con ellos. Yo traté de darle la mitad de lo que tenía, pero él no quiso aceptarlo. Fue una situación muy incómoda para mí, porque después de la honorabilidad que había demostrado hacia mí, no podía preguntarle dónde estaban los documentos. Falleció al invierno siguiente. Dios, aún lamento terriblemente su muerte. Era mi mejor amigo.

Ambos hijos coincidieron. Kizashi había sido un excelente amigo.

-¿Quién tiene esos documentos ahora? -preguntó Itachi.

-Esa es la cuestión, hijo. No lo sé.

-¿Le has preguntado a Sakura? -lo interrogó Sasuke.

-No -respondió el duque-. Dudo que ella esté al tanto de la transacción. Como tutor de la muchacha, yo tengo acceso a ciertos papeles. Sarutobi, su agente, se encarga de sus inversiones, pero no creo que él sepa donde están esos documentos.

-¿Podrías pagar esas cedas y los intereses correspondientes si hoy te exigieran la cancelación inmediata de los mismos? -preguntó Itachi.

-No en su totalidad -respondió el padre-. Pero ahora tengo una sólida posición financiera. Si presentaran esos pagarés, podría pedir un crédito por lo que me falta. No quiero que ninguno de vosotros dos se lleve la impresión de que estoy preocupado. Kizashi era un hombre muy metódico y cuidadoso. Colocó esos documentos en un lugar seguro. Sólo tengo curiosidad por saber dónde están.

-Yo también -coincidió Itachi.

-Mi confesión tiene un doble propósito -continuó el duque de Uchiha-. Primero, que conozcáis la clase de hombre que fue el padre de Sakura y cuánto le debo. Segundo, que sepáis qué siento por su hija. Está sola en el mundo y es mi deber velar por su seguridad y protegerla de cualquier daño que pudieran querer causarle.

-También es nuestra obligación -intervino Itachi.

Sasuke coincidió. Los tres hombres volvieron a guardar silencio, cada uno de ellos, sumidos en sus propios pensamientos.

Sasuke trató de considerar todas las posibilidades.

Él no tenía nada que ofrecer a Sakura. Tenía un imperio que construir, maldita sea y además, no había lugar ni tiempo para una esposa en su vida.

Ella lo distraería.

Pero había que pagar la deuda y el honor comprometía a los tres hombres a cuidar de la princesa Sakura.

Su padre ya estaba demasiado viejo coma para asumir esa responsabilidad personalmente. Tampoco tenía experiencia en el trato con esa clase de bastardos, decidió Sasuke.

Por otro lado, estaba Itachi, quien tenía muchas ocupaciones con sus propios negocios. Estaba casado también y tenía que pensar en su familia

Sólo quedaba un hijo.

Sasuke alzó la vista y advirtió que su padre y hermano lo observaban. Él suspiró. Por supuesto que ellos ya sabían lo que estaba pensando y sólo aguardaban a que Sasuke llegara a una conclusión lógica.

-Carajo. Voy a casarme con ella, ¿verdad?