CAPÍTULO 7
El padre de Sasuke quiso ser el que anunciara la buena nueva a Sakura. Pero Sasuke no se lo permitió, pues pensó que debía ser él quien hablara con ella del tema.
-¿Puedo darte un consejo, hermano? -preguntó Itachi.
Esperó a que su hermano lo autorizara y luego dijo:
-No creo que debas decirle...
Su padre lo interrumpió.
-Ella tendrá que saberlo, Itachi.
Su hijo sonrió.
-Sí, por supuesto que tendrá que saberlo -coincidió-. Sin embargo, por mi limitada experiencia con las mujeres, he llegado a la conclusión de que no les gusta que les digan nada. Sasuke debe pedirle que se case con él.
-Hazlo a la mesa, durante la cena entonces -sugirió el duque.
Sasuke sonrió,
-Yo decidiré dónde y cuándo -anunció.
-¿Me prometes que lo solucionarás antes de esta noche? – preguntó su padre -. No puedo decir ni una palabra hasta que tú se lo hayas propuesto y Mikoto tiene que empezar con todos los arreglos.
-Mamá ya se ha encargado de todo -respondió Sasuke.
El duque se puso de pie y se frotó las manos.
-No puedo decirte lo contento que me siento y estoy seguro de que Sakura estará encantada también.
Por lo orgulloso que se veía el hombre, ninguno de sus dos hijos se atrevió a recordarle que, menos de una hora atrás, se había opuesto rotundamente a la boda de Sasuke con su pupila, pues pensaba que eran totalmente incompatibles.
Itachi quería tener una conversación a solas con su hermano, pero su madre irrumpió en el salón muy apurada, exigiendo la atención de todos.
La duquesa de Uchiha era una mujer menuda, de pelo y ojos negro. Su esposo e hijos eran mucho más altos que ella. Los años habían sido muy sutiles con la encantadora mujer. Apenas tenía algunas arrugas y unas pocas canas en el cabello.
En realidad, Mikoto era madrastra de Itachi, pero nadie hacía ningún tipo de distinciones. Ella lo trataba como a un hijo propio y Itachi la había aceptado hacía mucho ya como su madre legítima.
-Izumi y Sakura bajarán en cualquier momento. Pasad al comedor. La cena se enfriará. Muchachos, dad un beso a mamá. Santo Cielo, hay adelgazado, Itachi, ¿no es verdad? Sasuke, cariño, ¿cómo está tu pierna? ¿Te duele ahora?
Los muchachos sabían que la duquesa no esperaba respuestas en realidad. Lo que le encantaba era mimarlos y hacer un espectáculo de sus preocupaciones maternales, sin recordar siquiera que sus hijos hacía rato que habían dejado de ser niños.
Mikoto era la única que se atrevía a preguntarle a Sasuke por el estado de su pierna. Todos los demás sabían que debían olvidar la lesión.
-Itachi, la princesa Sakura es la muchacha más encantadora que he conocido.
Su esposa hizo ese comentario al entrar al salón. Se detuvo para saludar a su suegro con un beso y luego se acercó a su esposo para plantarle otro en la mejilla.
-¿Te ha gustado Sakura, Delfin? -preguntó a Sasuke, usando el apodo que le habían puesto desde sus épocas de navegante.
-¿Dónde está? -preguntó Sasuke.
-En la biblioteca de tu padre -respondió Izumi. Sus ojos avellana brillaban divertidos-. Al ver todos los libros que había allí se quedó boquiabierta. Cuando la dejé, estaba mirando el diario de sus últimas innovaciones en astillería.
Mikoto se volvió de inmediato al mayordomo y le solicitó que subiera a avisarle a Sakura que la cena estaba lista.
Izumi cogió a su esposo del brazo. Se moría por preguntarle qué habían decidido durante la conferencia familiar, pero no podía porque Sasuke y sus suegros estaban demasiado cerca.
Itachi apartó la cabellera de Izumi de sus hombros y se agachó para, besarla.
-Creo que debemos pasar -dijo Mikoto. Tomó el brazo de su esposo y salió del salón. Sasuke los siguió hasta que Itachi lo llamó.
-Después quiero hablar contigo en privado.
-No hay nada más de qué hablar -expresó Sasuke, pues a juzgar por la expresión de su hermano, se dio cuenta de que quería volver a hablar de Sakura.
-Creo que sí -le contradijo Itachi.
-Perdonadme por la interrupción -dijo Izumi-. Pero se me acaba de ocurrir un hombre que sería estupendo como esposo de Sakura. ¿Han pensado en Gaara? Tú lo recuerdas, Sasuke. Es el buen amigo de Naruto -comentó a su cuñado.
-Sí, lo recuerdo -contestó Sasuke.
-¿Y? -insistió Izumi, urgiéndolo a continuar.
-Pues que no -respondió Itachi.
-¿Por qué no? -preguntó Izumi-. A mí me agrada.
-A mí también -dijo Itachi-. Pero Sasuke ya le ha encontrado algún defecto. Además, el asunto ya se ha arreglado.
Itachi meneó la cabeza cuando se dio cuenta de que su esposa estaba a punto de protestar. Le guiñó un ojo para no herir sus sentimientos y luego le susurró:
-Más tarde -para que comprendiera que le explicaría todo cuando estuvieran a solas.
Sasuke se volvió y salió del salón. Pero no entró al comedor. Subió las escaleras.
-Id sin mi -dijo a Itachi-. Tengo que hablar con Sakura unos minutos.
Sasuke creyó que no le llevaría mucho tiempo explicar a la princesa que se casaría con ella. No, el anuncio no le llevaría más de un minuto. El resto del tiempo, tendría que pasarlo en expectativas. Las de él.
La biblioteca estaba al final del pasillo. Sakura estaba de pie junto a la ventana mirando hacia afuera. Tenía un pesado libro entre las manos y se volvió al oír que Sasuke había llegado.
Sasuke cerró la puerta y se apoyó contra ella. Le frunció el entrecejo. Ella le sonrió.
-¿Ha terminado con la reunión? -le preguntó.
-Sí.
-Ya veo -murmuró, al ver que él no continuaba. Fue hacia el escritorio y dejó el libro-. ¿Qué se ha decidido? -preguntó entonces, tratando desesperadamente de aparentar un ligero interés.
Sasuke tuvo intención de decirle directamente que se había decidido la boda entre ambos cuando recordó el consejo de Itachi y optó por preguntárselo.
-¿Te casarías conmigo, Sakura? -le preguntó, dejando ya de lado el trato tan formal.
-No -contestó ella en un murmullo-. Pero le agradezco la propuesta.
-Después de la boda, tú y yo podemos... ¿Cómo que no? Yo voy a casarme contigo. Ya se ha decidido.
-No, no se va a casar conmigo -le contradijo ella-. Ya deje esa, mirada ceñuda. Relájese. Me lo ha pedido y yo lo he rechazado. Puede respirar tranquilo otra vez.
-Sakura... -comenzó con un tono amenazante que ella ignoró por completo.
-Sé perfectamente lo que ha sucedido allí abajo después de que yo me marchara -gritó ella-. Su padre, astutamente, fue manejándolo hasta que lo obligó a que me propusiera el matrimonio. Le habló del regalo que mi padre le hizo, ¿verdad?
Sasuke sonrió. Sakura era realmente muy inteligente.
-Sí -contestó él-, pero no fue un regalo, sino un préstamo.
Sasuke se apartó de la puerta y caminó hacia ella. Sakura, instintivamente, empezó a retroceder.
-Fue un préstamo sólo ante los ojos de su padre.
Sasuke negó con la cabeza.
-Olvida lo de préstamo -le ordenó-. Y empieza a usar la cabeza. Tienes que casarte, maldita sea, y yo he consentido en ser tu esposo- ¿Por qué te pones tan difícil?
-Porque usted no me ama.
Sakura gritó la verdad antes de detenerse a analizarla. Sasuke parecía atónito. La princesa se sentía tan avergonzada que deseó poder abrir la ventana y saltar al vacío. Esa ridiculez le dio ganas de gritar. Se convenció de que debería aprender a controlar mejor sus emociones.
-¿Y qué tiene que ver el amor en todo esto? ¿Honestamente crees que alguno de los hombres que habías incluido en esa lista te habría amado de verdad? Rayos, hubieras escogido a quien hubieras escogido, no te habría conocido lo suficiente ni como para formarse una opinión de ti...
Ella lo interrumpió.
-No, por supuesto que no me habría amado. Y yo tampoco habría querido que me amase. Sería exclusivamente un acuerdo financiero. En cambio, usted me dejó muy claro que no tocaría mi dinero. Me dijo que quería construir solo su fortuna, ¿lo recuerda?
-Lo recuerdo.
-¿Y ha cambiado de opinión en los últimos cinco minutos?
-No.
-Bien. ¿Entiende por fin? Como no gana nada casándose conmigo y como tampoco me ama, que sería la única razón por la que debiera contraer matrimonio conmigo, no tiene sentido que haga tan noble sacrificio.
Sasuke se apoyó sobre el borde del escritorio y la miró fijamente.
-Déjame entender bien esto -masculló-. ¿De verdad creías que podrías comprarte un esposo?
-Por supuesto -gritó exasperada-. Las mujeres lo hacen todo el tiempo.
-Tú no me comprarás.
Sasuke parecía furioso. Sakura suspiró y trató de ser paciente.
-Sé que no lo compraré -coincidió ella-. Y por eso, quedaría como la parte débil de este trato. No puedo permitir quedar en esa posición frente a usted.
Sasuke sentía deseos de zarandearla para hacerla entrar en razón.
-Estamos hablando de matrimonio, no de un contrato de trabajo -gruñó-. ¿Estaba en tus planes acostarte con tu esposo? ¿Y qué me dices de los hijos?
Sasuke le hacía preguntas que ella no quería contestar.
-Tal vez... en un tiempo. Oh, no lo sé -murmuró-. No es asunto suyo.
De pronto, Sasuke se acercó. Antes que Sakura tuviera tiempo de reaccionar, él la estrechó en sus brazos.
Con un brazo la sostuvo fuertemente por la cintura mientras que con la mano libre le alzó el mentón para obligarla a mirarlo.
Había pensado en discutir con ella, pero al ver las lágrimas en sus ojos descartó todo reproche.
-Yo voy a tocarte todo el tiempo -anunció en un tosco murmullo.
-¿Por qué?
Sasuke hizo caso omiso de su sorpresa.
-Tómalo como un beneficio en mi favor -declaró.
Probablemente Sasuke solo le habría dado un beso casto como para sellar su promesa nupcial, pero Sakura volvió a encolerizarlo cuando le susurró su negativa.
-Sí -murmuró él, apenas segundos antes de que su boca descendiera sobré la de ella. La intención del beso fue someterla. Fue duro, exigente, posesivo. En cuanto la tocó, Sakura empezó a luchar por liberarse de él, pero Sasuke se lo impidió, abrazándola cada vez con más fuerza. Ejerció presión en su mentón con la mano que lo sostenía para obligarla a abrir la boca. Y con la lengua intento disuadirla de que ofreciera resistencia.
El beso no fue suave en absoluto. Pero si muy ardiente. Sakura no sabía si estaba luchando o no. Tenía problemas para pensar con claridad. La boca de Sasuke le pareció tan maravillosamente deliciosa que no quería que se detuviera jamás. Nunca antes la habían besado, de modo que ignoraba el significado de la pasión. Estaba desolada. Sin embargo, Sasuke parecía muy experimentado. Su boca se apoyaba sobre la de ella, primero en un ángulo y luego en otro, restregando lengua con lengua en un íntimo juego de amor.
Sasuke se dio cuenta de que debía detenerse cuando oyó el atractivo y femenino plañido. Gimió él también y volvió a besarla. Maldición, cómo la deseaba. Le rozó el seno con la mano y al sentirlo tan cálido y turgente, experimentó el impulso de hacerle el amor en aquel preciso instante.
Pero se obligó a poner distancia entre ambos. Sakura se dejó caer contra su cuerpo. No había advertido que lo rodeaba por la cintura con sus brazos sino hasta que cl le indicó que lo soltara.
Estaba tan confundida por lo que acababa de pasar que no sabía qué decir ni qué hacer. Trató de retroceder, pero le temblaban tanto las piernas que apenas podían sostenerle el peso del cuerpo.
Sasuke sabía que la había confundido. Su amplia sonrisa fue extremadamente elocuente y arrogante también.
-Es mi primer beso -le confesó, tartamudeando, como una excusa por su lamentable condición.
Sasuke no pudo resistirse. Volvió a estrecharla en sus brazos y a besarla.
-Y este, el segundo -murmuró.
-Perdón -dijo Jimei desde la puerta-. La duquesa insiste particularmente en que se reúnan con el resto de la familia en el comedor.
Sakura se apartó violentamente de Sasuke. Actuó como si acabara de quemarse. Tenía las mejillas muy coloradas por la vergüenza. Espió detrás de Sasuke al mayordomo. Este le sonrió.
-Ya vamos, Jimei -dijo Sasuke, sin apartar la vista de Sakura y sonriendo ante la timidez de la joven.
La princesa trató de eludirlo, pero él la tomó de la mano y no se lo permitió.
-Lo anunciaré durante la cena -le dijo, mientras la conducía hacia la puerta.
-No -se opuso ella-. Sasuke, sus besos nada han cambiado. No voy a casarme con usted para arruinar sus planes tan cuidadosamente trazados.
-Sakura, yo siempre gano, ¿me entiendes?
Ella resopló de un modo muy poco femenino. Sasuke le apretó la mano y comenzó a bajar las escaleras. Ella tuvo que correr para alcanzarlo.
-Odio a esos hombres arrogantes que creen saberlo todo y tener siempre la razón -masculló ella.
-Yo también.
-Me estaba refiriendo a usted. -Dios, qué ganas de gritar tenía-. No me casaré con usted.
-Eso está por verse.
Sasuke no iba a ceder. Era pecaminosamente obstinado. Pero ella también. Su tutor le había jurado que le permitiría a ella escoger su esposo y no le importarían las tácticas intimidatorias de Sasuke.
La cena fue exasperante. Sakura tenía el estómago tan anudado que apenas pudo probar bocado. Debió haber tenido apetito, pero no fue así. No hizo más que aguardar a que Sasuke anunciara la boda, pero al mismo tiempo rogaba para que no abriera la boca.
Izumi le dio tema de conversación.
-Tengo entendido que el príncipe regente ha ido a visitarte -dijo ella.
-Sí -confirmó Sakura-. Claro que no le habría permitido la entrada a la casa de Sasuke de haber sabido que defraudó a la esposa de su socio con una herencia que le pertenecía a ella.
Izumi sonrió.
-Su socio es mi hermano -dijo ella. Se volvió hacia la duquesa para explicarle de qué habían estado hablando-. El príncipe regente tenía la custodia de la herencia de mi cuñada mientras se resolvía la contienda entre las familias. Pero cuando todo se arregló, decidió quedarse con toda la herencia. Era una suma cuantiosa.
-¿De verdad le habría negado la entrada al príncipe regente? -preguntó Itachi.
-Por supuesto -contestó ella-. ¿De qué se sorprende? La casa de Sasuke es su castillo. Solo los amigos pueden ser recibidos en ella.
Sakura miró a Izumi, de modo que no advirtió la sonrisa que compartieron los hermanos.
-¿Por casualidad conoces a una dama llamada Kaede Yoshino? -preguntó.
Izumi negó con la cabeza.
-El nombre no me resulta familiar. ¿Por qué lo preguntas?
-Porque estoy preocupada por ella -confesó Sakura. Le explicó cómo la había conocido y lo que había oído sobre ella desde que recibió su última carta.
-Querida, no me parece una buena idea seguir insistiendo en ese asunto -intervino la duquesa-. Su madre debe de estar destrozada. Sería una crueldad sacar todo esto a la luz otra vez.
-Sasuke me ha dicho lo mismo -dijo Sakura-. Tal vez tengáis razón y yo deba dejar de insistir en esto. Es solo que no puedo evitar preocuparme.
Entonces, la duquesa cambió de conversación para referirse a su hija mayor. En ese año Hinata debía presentarse en sociedad y tenía muchos planes para su primer baile.
Itachi no pronunció ni una palabra durante toda la comida. Mantuvo la vista fija en su hermano.
Sasuke no transmitía nada. Su expresión bien pudo haber estado tallada en piedra.
Sakura logró relajarse cuando llegó el postre, pues Sasuke todavía no había hecho comentario alguno sobre la inminente boda. La muchacha creyó que, tal vez, Sasuke había pensado mejor las cosas. Sí, había entrado en razones por fin.
-¿Has tenido tiempo de hablar con Sakura, hijo? -preguntó el duque de Uchiha.
-Sí -contestó Sasuke-. Hemos decidido...
-No casarnos -exclamó ella.
-¿Pero qué es todo esto? Sasuke, pensé que ya estaba todo decidido -protestó el duque.
-Y está decidido -dijo Sasuke. Extendió la mano para cubrir con ella la de Sakura-. Nos casaremos, Sakura me ha dado su palabra.
Ella comenzó a negar con la cabeza, pero nadie pareció prestarle atención.
-Felicidades -declaró el tutor-. Mikoto, debemos hacer un brindis.
-¿No les parece qué primero Sakura tendría que aceptar casarse? -preguntó Izumi, justo en el momento en que su suegro se ponía de pie con la copa de agua en la mano.
Volvió a sentarse.
-Sí, por supuesto.
-Ella se casará conmigo -intervino Sasuke con la voz dura e inflexible.
Sakura se volvió a él.
-No permitiré que haga este noble sacrificio. No quería casarse hasta dentro de cinco años, ¿lo recuerda? ¿Qué me dice de sus planes?
No esperó a que Sasuke le contestara, sino que se volvió hacia su tío Fugaku.
-Yo no quiero casarme con él, tío Fugaku, y usted prometió que me permitiría escoger a mi esposo.
Su tutor asintió lentamente con la cabeza.
-Es cierto que prometí dejarte escoger a tu esposo. ¿Existe alguna razón específica por la que has decidido rechazar a Sasuke?
-Él no está de acuerdo con el pacto financiero -explicó-. Quiere otra clase de beneficios.
-¿Beneficios? -preguntó Itachi con suma curiosidad-. ¿Por ejemplo?
Sakura empezó a ruborizarse. Miró a Sasuke con la esperanza de que él explicara la situación. Pero él se negó.
-Tú empezaste esto. Tú lo terminarás -le ordenó.
El brillo de sus ojos delató su diversión. Ella se irguió.
-Muy bien -exclamó. No obstante, no pudo mirar a Itachi mientras daba las explicaciones pertinentes, por lo que optó clavar la vista en la pared-. Sasuke exige... intimidad.
Nadie supo qué decir ante semejante confesión. El tutor parecía totalmente perplejo. Abrió la boca, como para decir algo, pero cambió de opinión.
-¿Y acaso la mayoría de los matrimonios no son íntimos? -preguntó Itachi-. Está refiriéndose al lecho conyugal, ¿verdad, Sakura?
-Sí.
-¿Y? -la instó.
-Mi matrimonio no será íntimo -anunció, con gran énfasis en la voz. Trató de cambiar de tema al añadir-: Sasuke no quería casarse conmigo hasta que habló con su padre. Ahora se siente como en una obligación de honor. Obviamente, se casa conmigo por deber.
El tutor suspiró.
-Yo te di mi palabra -admitió el duque-. Si no quieres casarte con Sasuke, no voy a obligarte.
La duquesa se abanicaba con la servilleta.
-Izumi, querida, creo que debes ser tú la que hable en privado con Sakura. Eres más joven y no tan anticuada como yo. Y tiene que ser una mujer la que hable de este tema. Sakura parece tener ciertos temores con... el lecho conyugal... Yo no me siento... calificada para explicar... o sea...
No pudo terminar su petición. Estaba abanicándose violentamente con la servilleta, pues parecía tener el rostro hecho un fuego.
-Mamá, tú has tenido hijos -dijo Sasuke-. Creo que por eso estás calificada.
Izumi codeó a su marido para que dejara de reírse.
-Yo creo que Hidan sería el indicado -declaró Sakura-. Si necesita mi dinero, aceptará mis términos. Y a mí no me importa tener hijos patizambos. No, no me importa en lo más mínimo.
-Si no vas a tener intimidad con tu esposo, ¿cómo rayos harás para tener hijos? -preguntó Sasuke.
-Estaba pensando en el futuro -balbuceó Sakura. Se daba cuenta de que sus argumentos eran contradictorios, pero no sabía cómo arreglar las cosas. ¿Por qué querría compartir intimidad con un hombre al que no conocía? La sola idea le hacía retorcer el estómago.
-Izumi, creo que deberías hablar con ella directamente después de la cena -insistió la duquesa.
-Sí, mamá -aceptó Izumi.
-¿Alguna vez alguien te ha hablado de la vida matrimonial? -le preguntó Itachi.
Sakura estaba tan colorada que con el calor de sus mejillas habría podido incendiar el mantel.
-Sí, por supuesto. La madre superiora me dijo todo lo que necesito saber. ¿Podríamos cambiar de tema ahora, por favor?
Su tutor sintió pena por ella.
-¿De modo que has elegido a Hidan? -preguntó. Cuando ella asintió, él continuó-. Muy bien. Lo invitaremos a cenar y hablaremos del tema.
-Yo también quiero hablar con él -dijo Sasuke-. Él tendrá que saber, por supuesto.
-¿Saber qué? -preguntó su padre.
Itachi sonrió. Sabía que su hermano estaba tramando algo, pero no podía adivinar qué. Solo una cosa tenía bien clara: Sasuke había tomado la decisión de casarse con Sakura y nada en el mundo lo haría retroceder.
-Sí, hijo -comentó la madre-. ¿Qué es lo que Hidan tiene que saber?
-Que Sakura y yo dormimos juntos.
La duquesa soltó la servilleta y pegó un alarido. Izumi se quedó bo- quiabierta. Itachi empezó a reírse a carcajadas. El duque de Uchiha acababa de beber un sorbo de agua cuando escuchó la confesión. Se atragantó.
Sakura cerró los ojos y luchó desesperadamente por no ponerse a gritar.
-¿Que has dormido con ella? -gruñó el duque, a quien casi no le salían las palabras.
-Sí -contestó Sasuke. Su voz fue muy agradable, alegre, de hecho. Parecía totalmente indiferente a la ira de su padre-. Varias veces, para ser franco.
-¿Cómo puede deliberadamente...? -Sakura estaba tan mortificada que no podía retener un pensamiento lo suficiente en su mente como para expresarlo.
-¿Cómo puedo deliberadamente… mentir? -le preguntó Sasuke-. Sabes que nunca miento. Dormimos juntos, ¿no es verdad?
Todos la miraban a ella, esperando a que lo negara.
-Sí -susurró-, pero...
-Por el amor de Dios -gritó el tutor.
-Fugaku, cálmate. Te hará daño -le aconsejó su esposa al ver el color que había tomado su rostro. Nuevamente, la duquesa había empezado a abanicarse en un esfuerzo por tranquilizarse.
Sasuke se reclinó contra el respaldo de la silla y dejó que todo pasara. Parecía aburrido. Itachi, muy divertido, por el contrario. Izumi seguía dando codazos a su marido en las costillas, tratando de que tomara las cosas con más seriedad.
-Sasuke. ¿No tiene nada más que decir para aclarar todo este mal entendido? -casi grito Sakura para que su voz se oyera por encima de las carcajadas de Itachi.
-Sí -contestó Sasuke.
Sakura se relajó, de alivio y gratitud. Sin embargo, la sensación le duró poco.
-Si Hidan te acepta después de que le cuente cómo hemos pasado la última semana tú y yo, entonces es mejor hombre de lo que pienso.
-No tiene por qué decirle nada. -Sakura intentó controlar su ira. No quería perder su dignidad, pero, por Dios, Sasuke estaba dificultándole terriblemente la tarea. Su compostura pendía de un hilo y le dolía la garganta por los deseos de gritar que tenía.
-Oh, pero tengo la obligación de explicar la situación a Hidan -dijo Sasuke-. El honor lo exige, ¿no es cierto, Itachi?
-Absolutamente -asintió Itachi-. El honor lo exige.
Itachi se volvió hacia su esposa entonces.
-Cariño, creo que ya no es necesario que mantengas esa conversación en privado con Sakura respecto de la vida conyugal.
Sakura pareció apuñalar a Itachi con la mirada, pues por su amplia sonrisa se dio cuenta de que estaba burlándose.
-Dios santo, ¿qué debe de estar pensando Kizashi? Seguramente, debe de estar mirándonos desde el cielo, arrepintiéndose por haber dejado a su hija en mis manos.
-Tío Fugaku, mi padre no se arrepentiría -anunció Sakura. Estaba tan furiosa con Sasuke por haber irritado a su padre de ese modo, que la voz se le quebraba de tensión-. Nada pecaminoso ha sucedido. Es cierto que fui a su cuarto y que dormí con él, pero sólo porque estaba muy pesado y yo, tan agotada que...
El duque de Uchiha se tapó la frente con ambas manos y se quejó. Sakura advirtió que con la explicación sólo estaba empeorando más las cosas y trató de iniciarla de nuevo.
-Me dejé la ropa puesta -exclamó- y él...
Iba a explicar que Sasuke estaba enfermo y que necesitaba ayuda, pero la interrumpieron antes de que pudiera terminar.
-Yo no tenía nada puesto -informó Sasuke a su familia con desfachatez.
-Basta -gritó el duque y estrelló el puño contra la mesa. Las copas de cristal se chocaron entre sí por el impacto.
Sakura se sobresaltó y luego se volvió, hecha una furia, para mirar a Sasuke. Jamás se había enojado tanto en toda su vida. Deliberadamente había tergiversado la verdad en su provecho y ahora su tutor la creía una golfa. Decidió no quedarse sentada a esa mesa ni un solo segundo más. Arrojó su servilleta sobre la mesa y trató de marcharse, pero Sasuke la atrapó antes de que pudiera retirar la silla de la mesa. Le rodeó los hombros con el brazo y la atrajo hacia su lado.
-Vosotros dos os casaréis exactamente en tres días. Itachi, encargate de la licencia especial. Sasuke, guarda silencio sobre lo sucedido. No dejaré que la reputación de Sakura quede manchada por tu lujuria.
-¿Tres días, Fugaku? -preguntó Mikoto-. La iglesia está reservada para dentro de dos sábados. ¿No podrías reconsiderar las cosas?
El duque de Uchiha meneó la cabeza.
-Tres días -repitió. Notó que Sasuke cogía a Sakura por los hombros-. ¿No te das cuenta de que no puede quitarle las manos de encima?
-Pero, Fugaku… -suplicó la esposa.
-Decisión tomada, Mikoto. Puedes invitar a algunos amigos íntimos, si quieres, pero no permitiré más que eso.
-No, padre, no quiero que se corra la noticia de la boda hasta que todo haya terminado. Será más seguro para Sakura.
El padre asintió.
-Lo había olvidado -admitió-. Sí, será más seguro. Está bien, entonces. Sólo los parientes más cercanos estarán aquí.
Concentró toda su atención en Sakura.
-Quiero tu consentimiento para casarte con Sasuke -le ordenó-. Y lo quiero ahora mismo.
-¿Estás de acuerdo? -preguntó Sasuke.
Había ganado y lo sabía. Lentamente, la princesa asintió en silencio. Sasuke bajó la cabeza y la besó. Sakura se asombró tanto ante esa muestra de afecto en público que no lo rechazó.
-Suficiente -gruñó Fugaku-. No volverás a tocarla hasta que estéis casados.
Sakura se volvió hacia Sasuke.
-Se arrepentirá de casarse conmigo.
Sasuke no parecía muy preocupado por la posibilidad. No le habría guiñado un ojo si hubiera estado verdaderamente inquieto.
Jimei apareció en la puerta.
-Le pido me disculpe, Vuestra Alteza, pero hay alguien aguardando en la puerta. Sir Morino solicita entrevistarse de inmediato con su hijo Sasuke.
-Hágalo pasar al salón, Jimei -dijo Sasuke.
-¿Y para qué desea verte el director del Departamento de Seguridad? -preguntó el duque-. Me dijiste que te habías retirado.
La preocupación de su voz confundió a Sakura. Abrió la boca para preguntar a su tutor por qué lo inquietaba tanto la visita, cuando Sasuke le apretó con fuerza los hombros. Ella se volvió para mirarlo. Su expresión nada revelaba y la joven supo que ninguno de los presentes advirtió que Sasuke estaba ordenándole guardar silencio.
-Después de lo que te sucedió en la pierna, no puedo imaginar por qué seguirías trabajando para el director -intervino su madre.
Sasuke trató de ser paciente.
-El director nada tiene que ver con mi lesión.
-Fue hace mucho tiempo -recordó Izumi a la duquesa.
-Por Dios, él ya ha terminado con ese negocio de capa y espada -anunció el padre.
Itachi se inclinó hacia adelante atrayendo la atención de Sasuke.
-¿A qué ha venido sir Morino exactamente? -preguntó.
-Yo le pedí ayuda -respondió Sasuke-. Además iba a recabar cierta información para mí.
-¿Sobre qué? -preguntó Itachi.
-Sakura.
El padre se mostró aliviado.
-Bueno, en ese caso, está todo bien. Sí, Morino es el hombre indicado para hacer averiguaciones sobre el general. ¿Vamos al salón para ver qué tiene que decirnos?
-Nosotras no nos quedaremos afuera, Fugaku -declaró la esposa. Se puso de pie y miró a su marido-. Vamos, Izumi. Y tú también, Sakura. Si el asunto concierne a uno de nosotros, entonces nos concierne a todos. ¿No es cierto, Fugaku? -Todos salieron del salón.
Sasuke soltó a Sakura. La princesa se puso de pie entonces. Le tomó la mano para impedirle que se fuera.
-Su padre ahora me cree una golfa -le susurró-. Le agradecería que aclare las cosas con él.
Sasuke se le acercó para decirle algo al oído.
-Explicaré todo después que estemos casados.
Su aliento cálido le produjo placenteras cosquillas en el cuello, dificultándole la concentración. Hasta hacía una hora, cuando Sasuke la besó tan apasionadamente, había tratado con desesperación de pensar en él como en un amigo... o en un primo. Por supuesto que eso era una mentira para sí, pero, demonios, le daba resultados. Sin embargo, Sasuke dio la vuelta a toda la situación al tocarla. Ahora, con solo estar de pie cerca de él, sentía que el corazón le latía a toda velocidad. Tenía una fragancia tan masculina, tan maravillosa... Oh, Dios, realmente necesitaba imperiosamente controlar sus pensamientos.
-Eres un canalla, Sasuke.
-Me gusta pensar que lo soy.
Sakura abandonó sus intentos de irritarlo.
-¿Por qué no quieres que tu familia se entere de que estás trabajando para...?
No la dejó terminar. Cubrió su boca con la de él en un beso rápido y posesivo. La muchacha suspiró cuando él se retiró y le repitió la pregunta. Sasuke la besó otra vez.
Por fin, Sakura captó el mensaje y dejó de preguntar.
-¿Me lo explicarás después de que nos casemos?
-Sí.
Izumi regresó al comedor.
-Sasuke me gustaría charlar a solas con Sakura. Estaremos con vosotros en un momento.
Sakura esperó a que Sasuke se saliera del comedor y luego rodeó toda la mesa hasta detenerse junto a Izumi.
-¿De verdad te desagrada la idea de casarte con Sasuke?
-No -respondió Sakura-. Y como verás, ese es justamente el problema.
-¿Por qué?
-Sasuke fue obligado a proponerme matrimonio. Actuó por compromiso. Y yo no puedo controlar esa situación.
-No lo comprendo.
En un gesto nervioso, Sakura echó su cabello por detrás de los hombros.
-Yo quería ser la que dominara la situación -murmuró-. Cuando me enteré de que tendría que casarme obligatoriamente, me enojé mucho. Me sentí tan... indefensa. No me pareció justo. No obstante, empecé a acostumbrarme a la idea y a encontrarle el lado positivo, cuando consideré el matrimonio como una transacción comercial y no como una relación personal. Decidí que, si yo escogía a mi esposo e imponía mis propios términos y condiciones, entonces no me importaría si él me amaba o no. Habría sido un convenio de negocios y nada más.
-Pero Sasuke no aceptará tus términos, ¿verdad? No me sorprende -dijo Izumi-. Es un hombre muy independiente. Se siente orgulloso de estar construyendo su imperio por medios propios, sin ayuda de parientes ni amigos. No se dejará dominar, pero llegará el momento, creo, en que te sentirás feliz por ello. Tenle un poco de fe en él, Sakura. Él cuidará de ti.
Sí, admitió Sakura para sí. Él va a cuidarme.
Y ella se convertiría en una carga para él.
Sasuke no estaba interesado en los bienes de ella y, de hecho, le había dejado muy claro que ni los tocaría.
Tampoco estaba impresionado por el título de princesa. El hecho de estar casado con una, le representaría una molestia, pues debería sufrir durante el año los compromisos oficiales. Tendría que relacionarse con el príncipe regente y Sakura sabía cuánto lo detestaba Sasuke.
Él había rechazado todas y cada una de las cosas que ella podía ofrecerle.
No, no era un trato justo.
