CAPÍTULO 8

Sir Morino había terminado de saludar a todos los presentes cuando Izumi y Sakura entraron en el salón. El director se volvió hacia ambas damas. Ya conocía a Izumi y, después de comentarle el placer que le producía volver a verla, se concentró totalmente en Sakura.

-Fugaku me ha contado la buena noticia. Felicidades, princesa. Ha escogido a un buen hombre.

Sakura le ofreció una sonrisa forzada. Dio las gracias al director, coincidió con él en que Sasuke era un buen hombre y le preguntó si acudiría a la boda.

-Sí -respondió sir Morino-. No me la perdería. Es una pena que tenga que mantenerse en secreto, pero me temo que usted ya conoce las razones. Siéntese. Tengo cierta información que le interesará.

Sir Morino hizo un ademán para que se sentara en uno de los sofás. Izumi y Itachi estaban sentados frente a ella y el duque y la duquesa en un tercer sofá.

Sasuke estaba de pie ante la chimenea. No prestaba atención alguna al director ni al resto de su familia. Estaba de espaldas a los presentes, estudiando minuciosamente la miniatura que estaba sobré la repisa de la chimenea. Sakura lo observó cuando él levantó el castillo de oro para examinarlo mejor. No pudo leer nada en su expresión. Sé preguntó en que estaría pensando.

La duquesa hablaba de sus planes para la boda. Había decidido hace la íntima recepción lo más cálida posible. La interrumpió su esposo cuando se dirigió a Sasuke en voz alta.

-Ten cuidado con eso, hijo, pues para mí tiene un valor incalculable

Sasuke asintió pero no se volvió. Acababa de detectar el diminuto puente levadizo, sujetado a la pieza por una cadenita aparentemente muy frágil.

-Realmente, esto es obra de un artesano -comentó, mientras que con mucha delicadeza, desenganchaba la cadena del puente. La pequeña puerta se bajó de inmediato. Sasuke levantó más el castillo para poder ver el interior

Sakura advirtió la expresión de sorpresa en sus ojos. Él sonrió. Ella también. Acababa de descubrir la broma que Kizashi le había jugado a su padre tantos años atrás.

Sasuke se volvió hacia su hermano y le hizo un gesto con la cabeza para que se acercara. Itachi se puso de pie y se dirigió hacia la chimenea. Sasuke no dijo ni una palabra. Simplemente, colocó el castillo en manos de su hermano y fue a sentarse al sofá, junto a Sakura.

La duquesa acababa de empezar a detallar todos sus planes para boda. Tanto el director como su esposo la escuchaban pacientemente.

Itachi, de repente, se echó a reír. Por supuesto, atrajo la atención todo el mundo.

Itachi se volvió hacia Sakura.

-¿Sabía algo de esto?

Ella asintió.

-Mi madre me contó la historia.

-Después, cuando esté a solas con mi padre, ¿se lo mostrará? -preguntó Itachi.

-Sí, claro.

-Deja eso en su sitio -ordenó el duque-. Me pongo nervioso viéndoos manipularlo. ¿Tienes idea de lo que vale, Itachi?

Su hijo se rió.

-Sí, padre, tengo idea de lo que vale. -Cerró el puente levadizo y dejó el objeto en su lugar.

-Mamá, no creo que sir Morino esté interesado en los planes para la boda -dijo Sasuke-. Ya ha tenido la cortesía suficiente como para escucharte hasta esta hora. Déjalo explicar el motivo de su visita.

Mikoto se volvió al director.

-¿Sólo me ha escuchado por cortesía?

-Por supuesto que sí, Mikoto -le dijo su esposo. Suavizó su franqueza dando unas palmadas sobre la mano de su esposa.

Itachi ya había regresado a su asiento, junto a Izumi. Le rodeó los hombros con el brazo y la atrajo hacia sí.

Sakura notó que tanto el duque como su hijo mayor no ponían reparos en demostrar en público el afecto que sentían hacia sus respectivas cónyuges. Itachi acariciaba un brazo de Izumi en un gesto natural y su tío Fugaku no había soltado la mano de la duquesa en ningún momento. Sakura envidiaba a esas parejas que tanto se amaban. Se dio cuenta de que entre su tutor y la duquesa existía verdadero amor y, a juzgar por el comportamiento de Itachi y Izumi, era obvio que ellos también se habían enamorado antes de casarse.

Ella y Sasuke estaban en una situación totalmente distinta. Se preguntaba si él habría advertido todo lo que perdería al casarse con ella, y estuvo a punto de preguntárselo allí mismo, en presencia de todos.

Sir Morino la salvó inconscientemente del bochorno al tomar la palabra.

-Sasuke me ha pedido mi colaboración en un pequeño experimento. Tiene razones para creer que la dama de compañía de la princesa, Buntan, está asociada con los rufianes que trataron de secuestrarla el otro día.

Sakura se quedó atónita ante la explicación del director. Se volvió hacia Sasuke.

-¿Qué razones tienes para desconfiar de esa dulce...?

Sasuke la interrumpió.

-Déjalo terminar, Sakura.

-Sasuke tenía razón -anunció sir Morino. Sonrió a su anfitrión-. Sus dos hijos son los hombres más intuitivos que he conocido desde que trabajo para el departamento.

Fugaku estaba radiante de placer.

-Es una cualidad que han heredado de mí -comentó.

-Sí -coincidió Mikoto. La lealtad hacia su esposo era absoluta-. Fugaku siempre ha sido muy astuto, como un lobo al acecho.

Sasuke trató de no sonreír. Consideraba a su padre más como a un cordero que como a un lobo, pero no creía que fuera un defecto. La verdad era que envidiaba su inocencia. Él había perdido su candor hacía muchos años. Su padre era un hombre muy peculiar. Parecía inmune al lado oscuro de la vida. Y el hecho de confesar el mal período que debió soportar en su juventud, lo convertía en un hombre mucho más íntegro ante los ojos de Sasuke. Siempre actuaba de corazón y Sasuke sabía que, si él tenía algo de ternura, era porque la había heredado de su padre.

-Bueno, como iba diciendo -continuó el director-. Sasuke dijo a la criada que informara a la princesa que habría una reunión en mi casa, a las diez de la mañana del día siguiente. Durante la noche, Buntan se escapó para poner sobre aviso a sus amigos. Sasuke mandó a uno de los guardias de Sakura que la siguiera. Y tal como era previsible, a la mañana siguiente allí estaban. Eran cuatro, escondiéndose por las cercanías de mi casa, aguardando a la princesa para atacarla otra vez.

-¿De modo que eran cuatro en total? -preguntó Sasuke. No estaba sorprendido por las noticias. Sakura, en cambio, no podía articular palabra. Siempre había creído saber juzgar a las personas, pero ahora debía reconocer que con Buntan se había equivocado rotundamente. Los pensamientos de la muchacha se concentraron de inmediato en Kaede y se preguntó si no se habría equivocado con ella también.

-Dios Santo, yo contraté a Buntan -exclamó la duquesa-. Fue ella quien vino a verme y yo debí haber sospechado de esa actitud. Pero estaba tan contenta por saber que había nacido cerca de la tierra natal del padre de Sakura... Pensé que a nuestra princesa le habría gustado tener cerca a alguien que le trajera recuerdos de su infancia. Buntan también hablaba su idioma. Si bien investigué sus referencias laborales, debí haberme esmerado más en esa tarea.

-Nadie te culpa a ti, mamá -le dijo Sasuke.

-¿Por qué no me comentaste nada de tus sospechas? -le preguntó Sakura.

A Sasuke le sorprendió la pregunta.

-Porque era un problema que yo tenía que resolver yo, no tú.

Aparentemente estaba convencido de eso. Sakura no supo cómo responder a tanta arrogancia.

-Pero ¿cómo te enteraste? ¿Qué te hizo despertar sospechas?

-El seguro de una de las ventanas estaba abierto una hora después de que Ebisu lo hubiera revisado -explicó-. Y alguien tuvo que haber avisado a esos hombres de que acudiríamos a la ópera.

-El príncipe regente pudo haberlo mencionado a...

Sasuke la interrumpió.

-Sí, pudo -coincidió-. Pero no pudo haber abierto el seguro de la ventana.

-¿Los atrapó a todos? -preguntó Fugaku al director.

-Sí -contestó sir Morino-. Están encerrados, por suerte.

-Mañana a primera hora los interrogaré -anunció Sasuke.

-¿Puedo ir contigo? -preguntó Sakura.

-No.

La voz de Sasuke dio a entender que no debía insistir. El duque también avaló la decisión de su hijo.

-Queda fuera de discusión, Sakura.

El debate había terminado. Sir Morino se marchó pocos minutos después. Sasuke lo acompañó a la puerta. Izumi y Itachi se despidieron en el mismo momento. El duque y la duquesa despidieron a la visita. Sakura se quedó de pie junto a la chimenea, observando el modo en que los miembros de la familia compartían charlas y risas. De pronto, la sobrecogió una imperiosa necesidad de formar parte de ese afectuoso núcleo cerrado que tenía frente a sus ojos. Sasuke no se casaba con ella por amor. No tenía que olvidarlo en ningún momento, se dijo.

La puerta se cerró detrás de Itachi y Izumi, y entonces, Sakura se dio cuenta de que Sasuke también se había ido.

Ni siquiera se había molestado en despedirse de ella. Sakura se sintió tan herida por su descortesía que se dio la vuelta en dirección al fuego de la chimenea para que su tutor no advirtiera las lágrimas que habían acudido a sus ojos.

Dignidad y decoro, se repitió en silencio. Pasaría por el protocolo de la boda con una máscara de serenidad que no se quitaría en ningún momento. Si Sasuke estaba decidido a ser estúpidamente noble, que así fuera.

El castillo llamó su atención. La ira contra la que trataba de luchar por los métodos mal intencionados de Sasuke no podía caer en el olvido. Sintió añoranza por su tierra natal, por su padre y por su madre.

Santo Dios, estaba tan deprimida... Nunca debió haberse ido del convento. Justo ahora se daba cuenta del error que había cometido. Allí estaba segura y, por alguna razón, los recuerdos de su madre eran mucho más reconfortantes.

Sakura inspiró profundamente, tratando de eliminar el pánico que empezaba a sentir. Entendió por qué tenía tanto miedo. Dios la ayudara, pero estaba enamorándose del Dragón.

Para ella era inaceptable. Sasuke nunca debía conocer sus verdaderos sentimientos. No iba a terminar como un perrito faldero, persiguiendo a un hombre que no la amaba. Tampoco revolotearía a su alrededor, por mucho que lo deseara y se obligaría a pensar en ese matrimonio como una cuestión solo económica. Sasuke tenía sus razones para casarse con ella, por tontas que fueran, y a cambio de su apellido y protección, Sakura le permitiría hacer lo que quisiera. No interferiría en nada en sus planes. Y a cambio de la consideración de ella, Sasuke la dejaría tranquila para que ella siguiera su destino.

Sakura se secó las lágrimas de los ojos. Se sentía un poco más tranquila, ahora que había descubierto un nuevo plan de acción viable. Solicitaría una audiencia con Sasuke para el día siguiente a fin de informarle su determinación.

Hasta le concedería la posibilidad de negociar, pero en los aspectos menos importantes, por supuesto.

-Sakura, tus guardias traerán tus cosas a la casa dentro de un rato.

Su tutor le dio la información cuando volvió a entrar en el salón. Ella se volvió para darle las gracias y el duque frunció el entrecejo al ver las lágrimas en sus ojos.

-¿Qué pasa? -le preguntó-. ¿Estás tan disconforme con el esposo que te he escogido que...?

Ella meneó la cabeza.

-Estaba mirando el castillo y sentí nostalgia.

El duque de Uchiha se mostró aliviado. Se acercó a ella.

-Creo que me lo llevaré de vuelta a nuestra casa de campo. No me agrada ver que lo tocan. Sasuke y Itachi no podían quitarle las manos de encima, ¿he? -añadió con una sonrisa-. A veces están inquietos como chiquillos revoltosos. No me agradaría nada que me rompieran este tesoro.

Se volvió para mirar la réplica.

-¿Conoces la historia que hay detrás de este regalo? -le preguntó él.

-Mi madre me dijo que mi padre se lo había entregado a usted -contestó Sakura.

-El castillo fue un obsequio -explicó tío Fugaku-. Pero yo te preguntaba si te contaron lo del préstamo que tu padre me hizo. Tienes todo derecho del mundo a saberlo y también a conocer los motivos por los que tu padre me ayudó.

La voz había cambiado por la emoción. Sakura meneó la cabeza.

-No fue un préstamo, tío, y sí, sé lo que sucedió. Mamá me contó la historia porque pensó que mi padre lo había engañado de una manera muy inteligente y graciosa.

-¿Que Kizashi me engañó? ¿Cómo?

Sakura se volvió y levantó la miniatura de la repisa, asintiendo cuando su tutor, instintivamente, le aconsejó ser cuidadosa con la pieza. Mientras él observaba, la princesa extrajo la cadena del puente levadizo del seguro y luego entregó el castillo a Fugaku.

-Han estado aquí todo el tiempo -le explicó ella, con la voz suave como un murmullo-. Mírelos, tío Fugaku. Los pagarés están aquí.

El duque no parecía comprender lo que ella le decía. La miró atónito.

-Todos estos años... -Su voz se quebró y los ojos se le humedecieron.

-A papá le gustaba actuar de este modo -explicó Sakura-. Él insistía en que era un regalo y usted, en que era un préstamo. Mamá contó que usted exigía que se firmaran documentos pertinentes y mi padre le dio el gusto. Pero él fue el último en reír, tío, cuando le obsequió este castillo.

-Con los pagarés.

Ella le puso la mano en el brazo.

-Usted tiene esos pagarés -le dijo-. Por lo tanto, debe aceptar que la deuda fue cancelada.

El tutor mantuvo el castillo en el aire mientras miraba en su interior. Vio de inmediato las hojas de papel dobladas cuidadosamente.

-La deuda quedará cancelada cuando tú te cases con mi hijo.

El duque no tenía idea de cómo afectaron esas palabras a Sakura. Como estaba exclusivamente concentrado en la pieza de oro, no pudo ver la expresión de la muchacha.

Ella se volvió y salió del salón. Pasó junto a tía Mikoto en el vestíbulo, pero no confió en la estabilidad de su voz para hablarle.

Mikoto entró a toda prisa en el salón mientras Sakura subía corriendo las escaleras.

-Fugaku, ¿qué le has dicho a esa niña? -le preguntó.

Fugaku le hizo un gesto para que se acercara.

-Sakura está bien, Mikoto. Se siente un poco nostálgica por su tierra. Eso es todo. Mira esto -ordenó, sin apartar la vista de los documentos que estaban ocultos en el interior de la pieza de oro.

Sakura quedó en el olvido por el momento. Se sintió agradecida de que nadie hubiera subido tras ella. Entró en el estudio de su tío, cerró la puerta y se puso a llorar desconsoladamente. Dio rienda suelta a su llanto durante veinte minutos, por lo menos, y todo porque sentía una horrenda compasión por sí misma. Sabía que estaba comportándose como una criatura, pero no le importó.

No se sintió mejor cuando terminó de llorar. Todavía estaba totalmente alterada, con los nervios hechos trizas por la confusión y la preocupación.

Sarutobi apareció una hora después. La princesa firmó todos los papeles que él le había preparado y luego escuchó cuidadosamente su explicación referente a cómo habían sido transferidos sus fondos desde la tierra de su padre al Banco de Inglaterra. El agente que Sarutobi había contratado para llevar a cabo la operación tuvo algunas dificultades para conseguir que le dieran el dinero, pero Sarutobi le aseguró que no había nada de qué preocuparse. Sólo se requería tiempo y paciencia.

Sakura no podía concentrarse en cuestiones financieras. Esa noche se acostó temprano y rezó para tener las fuerzas necesarias para enfrentar los tres duros días que la esperaban.

Sin embargo, las horas no se le pasaron con lentitud. Tía Mikoto la mantuvo ocupada con los preparativos de la boda. Sin que su esposo ni el resto de la familia supiera nada, Mikoto había invitado algunos amigos íntimos para la celebración -treinta y ocho, de hecho- y hubo tanto que hacer antes de la boda que Sakura apenas tuvo tiempo para llevar a cabo todas las tareas que se había anotado en la lista. Había que encargarse de los arreglos florales para las mesas, comida para la cena formal y, además, conseguir que la no muy solícita pero increíblemente creativa Millicent Norton le cosiera el vestido. La modista y sus tres ayudantes habían ocupado una de las habitaciones más grandes del tercer piso para trabajar contra reloj en los metros y metros de encaje que Millicent Norton había estado atesorando para una ocasión tan importante como esa.

Cuando Sakura no estaba ocupada con las pruebas, trabajaba en la tarea que su tía le había encomendado: escribir los anuncios. Había más de doscientos nombres en su lista. Por supuesto, también había que escribir los sobres y Mikoto insistió en que estuvieran listos para enviarlos con el mensajero en cuanto Sasuke y Sakura estuvieran casados.

Sakura no comprendía la necesidad de tomarse tantas molestias. Creía que sólo los parientes más cercanos, sir Morino y el funcionario público asistirían a la boda. Lo comentó a su tía y ella le contestó que era lo menos que podía hacer en honor a la memoria de Kizashi y a toda la bondad que este había demostrado con su familia.

Y por fin llegó el día de la boda. Hacia buen tiempo, para alivio de Mikoto. Por suerte podían estar en el jardín. El sol brillaba y la temperatura era bastante agradable y primaveral. La duquesa pensó que los invitados ni siquiera tendrían necesidad de ponerse sus capas. Ordenó que se abrieran las puertaventanas y ocupó a todos los sirvientes de la casa e limpiar y pulir las piedras.

La ceremonia estaba prevista para las cuatro de la tarde. Las flores comenzaron a llegar al mediodía. El desfile de mensajeros parecía interminable. Sakura se quedó en el comedor, fuera del paso de todos. Su tía Mikoto ya se había encargado de atenderlos, pensó, al ver los dos gigantescos floreros que llevaban arriba. Imaginó que hasta la biblioteca decorarían. Tal vez, el duque de Uchiha tendría pensado atender allí a sir Morino.

Sakura estaba a punto de subir a su cuarto a prepararse para ceremonia cuando las hermanas de Sasuke llegaron. La más pequeña, Amino, sólo tenía diez años y estaba tan excitada por participar en la fiesta que apenas podía estarse quieta. Amino había sido una grata sorpresa sus padres, pues casi cuatro años después que la última hija de los duques había nacido, pensaron que los años fértiles de Mikoto habían llegado a su fin. Por supuesto que la pequeña estaba malcriada por sus hermanos mayores y sus padres, pero afortunadamente, el hecho de tener hermanas mayores la salvaba de ser una caprichosa incorregible. Tenten tenía catorce, Hanabi quince y Hinata acababa de cumplir los dieciséis.

A Sakura le habían caído muy bien todas las hermanas de Sasuke, pero su favorita era la mayor. Sin embargo, fue muy cuidadosa de no expresar sus sentimientos para que ninguna se sintiera herida.

Hinata era una delicia. Era el polo opuesto de Sakura y, tal vez, esa era la razón por la que tanto la apreciaba. Admitió que envidiaba a la hermana de Sasuke. Hinata era terriblemente extrovertida. Uno nunca tenía que adivinar lo que estaba pensando. Expresaba en voz alta cada una de sus ideas. Y también era muy dramática. Siempre se metía en líos con su queridísima amiga, lady Ino Yamanaka. Hinata nunca se reprimía. Sakura dudaba mucho de que conociera el significado de las palabras decoro y dignidad, aunque era la persona más maravillosamente honesta que la princesa habla conocido en su vida.

También estaba convirtiéndose en una señorita hermosa. Hinata tenía el cabello negro azulado y los ojos color plateados. Era más alta que Sakura, pues le llevaba unos cinco centímetros de estatura aproximadamente.

Ninguna de las hermanas de Sasuke había sido informada respecto de por qué habían tenido que viajar a Londres con tanta urgencia. Cuando la duquesa las reunió a todas para darles la noticia, fue Hinata la que gritó primero de entusiasmo y corrió a dar un fuerte abrazo a Sakura.

-Ino querrá matarte por haberle arruinado los planes -le comentó alegremente a Sakura-. Ella cree que se casará con Sasuke. Lo ha estado planeando durante años y años.

Mikoto meneó la cabeza exasperada.

-Sasuke ni siquiera conoce a tu amiga. ¿De dónde sacó que él querría casarse con ella? Tiene tu edad, Hinata, y Sasuke es demasiado mayor para ella. Vaya, si casi le dobla la edad.

Tenten y Hanabi también corrieron a abrazar a Sakura. Las tres hermanas se abalanzaron sobre la princesa, quien apenas logró mantener el equilibrio para no caerse. Además, hablaban todas a la vez. Fue una especie de caos, demasiado para Sakura.

No hubo lugar para Amino. Se quedó atrás, pero no por mucho tiempo. Golpeó los pies violentamente contra el piso para llamar la atención, pero al comprobar que su táctica no dio resultados, soltó un grito de lo más aterrador. De inmediato, todos se dieron la vuelta para ver qué sucedía y entonces, Amino aprovechó la oportunidad para abrazar a Sakura.

Ebisu y Genma oyeron el grito y vinieron corriendo. Mikoto se disculpó con ellos por el comportamiento de su hija e indicó a la pequeña que se callara. Luego pidió a los guardias que ayudaran a subir los cajones con copas para vino que faltaban y que aún estaban en el sótano.

Ebisu hizo un gesto a Sakura. Ella se excusó ante la familia de Sasuke y sé aproximó a él.

-La duquesa no hace más que abrir las puertaventanas, princesa, y nosotros nada más que cerrarlas. No es seguro que la parte trasera de la casa esté abierta. ¿Tendría la amabilidad de hablar con ella? Sasuke se pondrá furioso si entra aquí y ve que todas las puertas y ventanas de la casa están abiertas.

-Trataré de hablar con ella -le prometió Sakura-. Dudo que me escuche. Supongo que tendremos que tener fe en que todo salga bien. Sólo unas pocas horas más y la preocupación habrá terminado.

Ebisu hizo una reverencia ante la princesa. No estaba dispuesto a quedarse de brazos cruzados rezando para que todo saliera bien. Tanto él como Genma estaban con los pelos de punta por la innumerable cantidad de desconocidos que habían irrumpido desde temprano en la casa, trayendo flores, bandejas y regalos. Había sido casi imposible individualizar la identidad de cada uno. Ebisu fue a la cocina, se dirigió a uno de los sirvientes y le ordenó llevar un mensaje a Sasuke. La duquesa no prestaría atención al guardia, por supuesto, pero sí le haría caso a su hijo.

Sin embargo, Ebisu no se detuvo allí. Subió a buscar al duque de Uchiha para alertarlo sobre el posible peligro

El tiempo pasó volando para Sakura. Millicent Norton y sus ayudantes bajaron y atajaron a la princesa justo cuando ella iba a subir. La modista explicó que el vestido de novia estaba colgado en el frente del guardarropas de su cuarto y que, indudablemente, era la prenda más exquisita que había creado en toda su vida. Sakura estaba totalmente de acuerdo. Pasó un buen rato elogiando la habilidad de la costurera y otro tanto asegurándole qué tendría mucho cuidado al ponerse el delicado traje.

Mikoto entró corriendo al vestíbulo justo cuando Millicent Norton y sus ayudantes se marchaban.

-Por Dios, Sakura. Ya son las tres y no has empezado a prepararte. ¿Todavía no te has bañado?

-Sí, tía.

-Las muchachas empezarán a prepararse ya -le dijo Mikoto. La tomó de la mano y la llevó arriba-. Janet vendrá a colaborar en cuanto termine de trenzar el cabello de Amino. ¿No sientes el estómago hecho un manojo de nervios, Sakura? Sé que debes de estar de lo más excitada. Pero no tienes que preocuparte. Todo está listo. Será una bella boda. Apresúrate o te la perderás.

La duquesa se rió de su propia broma. Apretó suavemente la mano de Sakura cuando llegaron a la puerta de la alcoba. Luego la abrió y entró. Sakura escuchó las súplicas de Amino para que la criada le dejara el cabello suelto y también la orden de Mikoto para que se sentara con la boca cerrada.

El cuarto de Sakura era el último del pasillo. Abrió la puerta entró. Estaba tan apresurada que no prestó atención a nada. Sólo quería quitarse el vestido que llevaba puesto. De abotonaba por la parte delantera, de modo que desabrochó los botones aun antes de cerrar totalmente la puerta. Se desnudó, se lavó nuevamente de la cabeza a los pies y se puso su bata blanca de algodón. Estaba asegurándose el cinturón cuando la puerta se abrió. Sakura pensó que se trataba de la criada que venía a ayudarle. Iba a darse la vuelta cuando alguien la sujetó por la espalda. Una mano le apretó la boca para cerrar el grito instintivo que llegó a su garganta.

Oyó un portazo y se dio cuenta de que había al menos dos hombres en su alcoba.

Debió echar mano de todas sus fuerzas para no perder el control. Se obligó a no forcejear. Por dentro estaba aterrada, pero no permitiría que su miedo interfiriera en su capacidad para pensar. Podría dejar la histeria para más tarde, cuando se deshiciera de esos hombres horribles.

Tendría que ser paciente, se dijo, y esperar el momento oportuno para escapar. No gritaría, por mucho que lo deseara. Cualquiera de las hermanas de Sasuke podrían venir a socorrerla y, Dios querido, Sakura no que ninguna resultara dañada.

Sakura se serenó en cuanto trazó su plan de acción. Coopera hasta que estuviera bien lejos de la casa de la ciudad. Así, el resto de la familia estaría a salvo. Entonces sí, gritaría, pelearía y mordería, para hacer que esos malvados se arrepintieran de haberse atrevido a tocarla.

Alguien llamó a la puerta. El canalla que la tenía asida por detrás la apretó con más fuerza. Le ordenó, con un murmullo, que le dijera a quien estuviera en la puerta que se marchara.

Ella asintió con la cabeza antes que él le quitara la mano de la boca. El segundo hombre quitó el seguro de la puerta. Sakura le miró bien el rostro. Era un individuo de cabellos oscuros, cejas espesas y piel grasienta. Su siniestra expresión la hizo estremecer de miedo. Por su aspecto, la muchacha advirtió que no le afectaría en absoluto herir a quien fuera.

El que estaba detrás de ella blandió un cuchillo en el aire, frente a su rostro, y le dijo que si se atrevía a abrir la boca, la mataría.

Sakura no se preocupó por esa posibilidad porque sabía que estaba mintiéndole. El general necesitaba una esposa viva, no muerta. Pensó en decirle a ese canalla que no le tenía miedo, pero cambió de opinión. Sería más inteligente no discutir. Si ellos creían que ella colaboraba, tal vez bajarían la guardia.

A Sakura se le permitió abrir la puerta unos pocos centímetros. Izumi estaba en el pasillo sonriéndole.

-Dios mío, Sakura. Pero si ni siquiera te has vestido. ¿Quieres que te ayude?

Sakura meneó la cabeza.

-No necesito tu ayuda, Hinata. Pero te agradezco el ofrecimiento. ¿Por qué no te vas abajo a esperar con tu esposo? Estoy segura de que tu Fugaku querrá que estés parada a su lado cuando lleguen los invitados.

La expresión de Izumi ni se alteró. Siguió sonriendo hasta que la puerta volvió a cerrarse. Escuchó el ruido del cerrojo y entonces salió corriendo por el pasillo.

Sasuke acababa de entrar al vestíbulo cuando Izumi llegó a las escaleras. Amino venía a toda prisa del salón y se echó en brazos de su hermano. Sasuke la levantó, le dio un beso en la mejilla y luego se agachó para tomar a Mikoto, la hija de Itachi, en su brazo libre. La pequeñita de cuatro años dio a su tío un beso húmedo.

Izumi bajó corriendo las escaleras. Itachi la atajó al pie de las mismas.

-Despacio, cariño. Vas a quebrarte...

El temor que vio en los ojos de su esposa lo hizo interrumpirse. ¿Qué sucede? -le preguntó.

-Sakura me llamó Hinata.

Sasuke escuchó el preocupado comentario de su cuñada. Bajó a ambas niñas y se acercó. Entonces advirtió que las enormes puertaventanas que daban al jardín estaban abiertas de par en par y resopló a modo de queja. ¿Acaso sus padres no entendían que era imperioso ser cautos?

-Sólo se confundió -sugirió Itachi a su esposa-. Es el día de boda y, lógicamente, estará muy nerviosa.

Izumi meneó la cabeza. Se volvió para seguir la explicación con Sasuke.

-Sakura me dijo que bajara y que me quedara esperando a los invitados, junto a mi esposo Fugaku. Alguien está en su cuarto. Estoy segura. Ella trataba de advertirme.

Sasuke ya estaba avanzando hacia las escaleras.

-Que Ebisu y Genma se queden debajo de la ventana de Sakura montando guardia -ordenó Sasuke-. Itachi, tú ve por las escaleras de atrás. Es factible que quieran sacarla por allí.

Llegó a lo alto de las escaleras antes de terminar de impartir las instrucciones. Pasó junto a sus padres, quienes se disponían a bajar y siguió por el pasillo.

Estaba muy seguro de lo que haría. La ira ardía en sus venas, pero no estaba dispuesto a permitir que las emociones dominaran sus pensamientos. Después que Sakura estuviera a salvo, daría rienda suelta a su furia.

Llegó al cuarto de la princesa. Con mucho cuidado, verificó si estaba cerrada con llave. Cuando advirtió que sí, con todas sus fuerzas embistió con el hombro la puerta, y esta se astilló por las bisagras. La cerradura se salió de su lugar y lo que quedaba de la puerta voló hacia el interior de la alcoba.

Sakura trató de gritar para prevenir a Sasuke, pero uno de sus raptores le tapaba la boca con la mano.

El segundo hombre se abalanzó sobre Sasuke con el cuchillo en la mano. Sasuke se movió con tanta velocidad, que el malhechor no comprendió que estaba sucediendo sino hasta que fue demasiado tarde, pues ya lo había desarmado. Sin embargo, Sasuke no le soltó la mano. Se la llevó hacia la espalda y allí le retorció el brazo, hacia arriba, hasta que le descolocó el hombro. El rufián gritaba de dolor, pero Sasuke no tuvo piedad. Lo arrojó, de cabeza, contra la pared.

La furia le daba la fuerza de cuatro hombres juntos. Estaba casi ciego por los nervios, ya que al mirar a Sakura, se dio cuenta de que la muchacha era presa del pánico y de ese cerdo que había osado ponerle las manos encima. La bata que tenía puesta se había abierto lo suficiente como para que Sasuke advirtiera que no llevaba ninguna otra prenda debajo.

-Quita las manos de encima de mi novia.

Sasuke dio la orden a gritos y empezó a avanzar. El captor de Sakura se dio cuenta de que estaba atrapado. Esperó a que Sasuke estuviera casi encima de él y luego arrojó a Sakura hacia adelante para intentar huir del cuarto.

En un solo movimiento, Sasuke lanzó a Sakura sobre la cama, para que estuviera fuera de peligro y se volvió para coger al sujeto por el cuello.

En un primer momento, pensó en quebrárselo a ese hijo de puta, allí mismo y sin demoras. Pero Sakura estaba presenciando todo y él no quería asustarla más de lo que ya estaba.

-Hay una forma más rápida para bajar que por las escaleras -gruñó Sasuke entre dientes.

Como su voz sonó tan serena y razonable, Sakura no sospechó cuál sería su próximo paso. Sasuke cogió al individuo de los pantalones y lo arrojó de cabeza por la ventana.

No estaba abierta. Los cristales saltaron hacia las paredes y el piso y las pocas astillas que no se habían clavado en los hombros del malhechor cayeron sobre el alféizar de la ventana.

Sasuke parecía imperturbable.

-Carajo -barbulló, al notar que sus pantalones se habían manchado de tierra. Suspiró y luego se volvió hacia ella.

Sakura no sabía, qué pensar. Un momento antes, Sasuke se había comportado como una bestia enfurecida y ahora actuaba como si nada extraordinario hubiera pasado.

¿No se daba cuenta de que pudo haber matado a ese hombre? ¿No se daba cuenta, o simplemente no le importaba?

Sakura estaba decidida a averiguarlo por sus propios medios. Se levantó de la cama de un salto y corrió hacia la ventana. Sasuke fue hacia ella antes que llegara descalza a donde estaban los cristales rotos. Volvió a llevarla a la cama a rastras y repentinamente, la estrechó entre sus brazos.

-Dios Santo, Sasuke, ¿crees que lo has matado?

El pánico que detectó en su voz lo hizo lamentar que Sakura hubiera sido testigo de la pelea. Era demasiado joven e inocente para comprender que, en realidad, ciertos hombres estaban mejor en el infierno que en la tierra. Por el modo en que la sintió temblar entre sus brazos, Sasuke advirtió que tenía miedo de él.

-No, no lo he matado -le dijo en un tosco murmullo-. Estoy seguro de que Ebisu lo atrapó.

Sasuke se sentía muy orgulloso de sí. Había dicho esa rotunda mentira sin reírse.

Sakura no podía creer que Sasuke pensara que ella se tragaría esa estupidez. Advirtió que él también temblaba, por los nervios del enfrentamiento, y decidió que era mejor aplacarlo.

-Si tú lo dices -aceptó ella y suspiró profundamente. Luego se relajó contra él-. Olvidaste abrir la ventana, ¿no?

-Sí -mintió, contento de que ella, sin darse cuenta, hubiera comenzado a tratarlo con más familiaridad-. Lo olvidé.

Sakura levantó la vista, por encima del hombro de Sasuke.

-¿Seguro de que Ebisu lo atrapó?

Él no escuchó su tono de picardía.

-Absolutamente seguro.

La estrechó con más fuerza entre sus brazos y le besó la coronilla.

-¿Te han lastimado? -le preguntó, preocupado ante la posibilidad.

Sakura se sintió aliviada por su preocupación.

-No -susurró contra su pecho.

De reojo, vio que se producía un movimiento en un rincón y miró Sasuke.

-El otro está tratando de escapar gateando.

-Itachi está esperándolo -contestó Sasuke. Se agachó para besarla otra vez. En ese mismo momento, ella levantó el rostro. La tentación fue demasiado grande como para resistirla. Sasuke le cubrió la boca con la suya en una caricia muy suave, pero no le bastó. Profundizó el beso, feliz de no tener que forcejear para que ella abriera la boca. Deslizó su lengua en el interior, para rozar la de ella. Sakura le oyó gemir de un modo lento y primitivo.

El beso la consumió. Por lo inexperta que era, no pudo controlar su respuesta a las mágicas caricias de Sasuke. Tampoco se saciaba de saborearlo y, santo Dios, su perfume... tan puro, tan maravillosamente masculino... le resultaba extremadamente excitante.

La insolente respuesta de Sakura destruyó el control de Sasuke. Pero supo que debía detenerse. Trató de retirarse, pero Sakura en nada cooperó con su noble plan. Le rodeó el cuello con las manos y hundió los dedos en su cabellera, urgiéndolo a que siguiera besándola.

Él accedió. La joven suspiró contra sus labios, segundos antes que se atreviera a rozarle tímidamente la lengua con la suya. Sasuke sintió que su autodisciplina se le escurría de las manos. Sus labios demandaron los de ella una y otra vez.

-¿Todo está...? Por amor de... deja eso para después de la ceremonia, Sasuke.

La voz de Itachi interrumpió bruscamente el hechizo que había cautivado a Sakura y Sasuke. Entonces él, lentamente, se apartó de la princesa. Ella, en cambio, necesito un poco más de tiempo volver a la realidad. Sasuke tuvo que ayudarla para que le quitara los brazos del cuello. También, le ajustó el cinturón de la bata. Ella no hizo nada. Sólo se quedó contemplándolo hasta que él acomodó la prenda, de tal modo que le cubriera cada centímetro de su piel.

-Ahora debes vestirte -le sugirió en un susurro sonriendo, por la expresión embobada de su rostro. Todavía no se había recuperado del contacto y eso lo complacía sobremanera.

-¿No me has escuchado? -le preguntó, al ver que no se movía.

Sakura se dio cuenta de que tenía que controlarse. Retrocedió un paso a ante el objeto de su embelesamiento.

-Sí, tengo que vestirme -coincidió. Inmediatamente negó con la cabeza-. No puedo vestirme. Ellos...

-Será un placer para mí ayudarte -se ofreció Izumi. La cuñada de Sasuke tenía el entrecejo fruncido por la preocupación y la pena por Sakura-. No nos llevará más que un momento -prometió.

Sakura se volvió y esbozó una sonrisa forzada. Se sorprendió al ver a Itachi y Izumi tan cerca de ella. No había oído a ninguno de los dos entrar en la alcoba.

El beso de Sasuke le había hecho desaparecer el mundo y... Oh, ¿habrían visto el modo en que estaba abrazándolo? Se puso colorada al pensar en eso.

De pronto se sintió tan aturdida que no pudo pensar. Había algo que quería decir, pero no pudo recordar qué. Se pasó los dedos por el cabello en un gesto distraído. La bata se le abrió ligeramente con su movimiento. Sasuke avanzó de inmediato para acomodársela. Actuaba como un esposo posesivo. Sakura pudo haberlo considerado un gesto de afecto de no haber sido por su mirada ceñuda.

-No tendrías que recibir gente estando en bata -le dijo él-. ¿Esas monjas no te enseñaron nada?

Sasuke no estaba bromeando. Ella le golpeó la mano para quitársela del cuello y retrocedió un paso.

-¿Atrapaste al hombre que huía a gatas por las escaleras? -preguntó a Itachi.

-Sí.

-Bien -susurró ella-. Ellos entraron aquí con las flores -agregó asintiendo con la cabeza-. Debí haberme dado cuenta... cuando subieron los floreros, pero...

Todos esperaban a que terminara la explicación, pero después de breves minutos advirtieron que no acotarían nada más.

-¿Qué pasó con el otro? -preguntó Itachi.

-Sasuke lo arrojó por la ventana.

-Ebisu lo atrapó -dijo Sasuke.

Itachi estuvo a punto de soltar una carcajada, pero su hermano le hizo un gesto con la cabeza, en dirección a Sakura. Entonces, al instante, asintió en silencio a pesar de la ridiculez de la mentira.

-Qué suerte.

-¿Es posible que haya más esperando en las otras habitaciones? -preguntó Sakura.

Sasuke le contestó:

-No.

-Sus guardias han revisado cuidadosamente toda la casa. -Itachi hizo el comentario en un intento por quitarle el temor-. No queda ninguno más.

Izumi atrajo la atención de su esposo con un suspiro. Se volvió hacia ella y vio las lágrimas en sus ojos.

-¿Qué pasa, cariño? -le preguntó con ternura.

Izumi señaló al piso, frente al guardarropas. Itachi se volvió, vio el traje de novia y soltó un improperio.

Sakura no prestaba atención a nadie, excepto a Sasuke. Acababa de decidir que había algo diferente en él, pero no podía acertar qué era.

-Nos casamos en diez minutos, Sakura. Si todavía sigues con esa bata puesta, nos casaremos así. Itachi, por favor, cambiémonos las chaquetas. La mía se ha rasgado.

-No creo que sea una buena idea casarnos hoy -murmuró Sakura.

-En diez minutos -repitió Sasuke.

El temblor de su mandíbula le advirtió que no atendería otras razones. Sin embargo, ella hizo un último intento.

-No -dijo, con una expresión ilegible.

Sasuke se le acercó hasta que quedó a escasos centímetros de su rostro.

-Sí.

Sakura suspiró. Luego asintió. Sasuke estaba tan contento por su cooperación, que plantó un rápido beso en sus labios. Luego se volvió y caminó hacia la puerta.

-Han destruido su vestido de novia, Sasuke.

Fue Izumi la que dio la noticia. Sakura se puso a llorar desconsoladamente. Todos creyeron que estaba deprimida por el traje, por supuesto, pero esa no fue la verdadera razón de su angustia. Se había dado cuenta de la diferencia que se manifestaba en Sasuke.

-Te has cortado el cabello.

La furia de su voz asombró a Sasuke. Se volvió, advirtió las lágrimas que rodaban por sus mejillas y fue hacia ella a reconfortarla. A medida que avanzaba, ella retrocedía. Sasuke se detuvo para que ella hiciera lo propio No quería que, accidentalmente, pisara algún trozo de cristal roto, ni que cayera presa del pánico.

Sakura había pasado por un momento muy trágico, que, sumado a la histeria que todas las novias experimentan el día de su boda, la hacían comportarse con insensatez.

Sasuke se dio cuenta de que jamás lograría hacerla bajar para que casara con él si antes no la tranquilizaba. Decidió que si ella deseaba tocar el tema del corte de cabello en ese momento, en lugar de tratar lo que realmente importaba, se lo permitiría.

-Sí -dijo él con una voz muy serena-. Me he cortado el cabello ¿Te desagrada?

Sakura asintió.

-Oh, sí, claro que me desagrada -dijo, con la voz temblorosa de ira-. De hecho, me pone furiosa.

Sakura advirtió, por la expresión de Sasuke, que él no entendía por qué estaba tan enfadada con él. Obviamente, no recordaba lo que había contestado cuando ella le preguntó por qué llevaba el cabello, largo.

Libertad. Sí, de eso le había hablado él. Recordaba cada palaba de su explicación. El cabello largo hasta los hombros le recordaba haber sido un hombre libre.

Sakura concentró su atención a los pies de Sasuke.

-¿Por qué no llevas grilletes, Sasuke?

-¿De qué estás hablando? -Sasuke no pudo disimular su exasperación al hablar.

-Sakura está amargada por lo del vestido -explicó Itachi.

-Métete en tus cosas -ordenó Sakura.

Itachi arqueó una ceja ante semejante orden. Sakura actuaba como una verdadera princesa ahora, tratando a Itachi como si hubiera sido uno de sus súbditos. Él no se atrevió a sonreír por miedo a que su diversión enfadara aun más a la muchacha. Aparentemente, estaba furiosa y amargada.

-Oh, Dios, mira lo que me has hecho hacer -gruñó a Sasuke. Se cruzó de brazos y lo miró furiosa antes de dirigirse a su hermano-. Por favor, ruego que me disculpes por mi grosería. Por lo general no permito que nadie se dé cuenta de cuándo estoy irritada, pero este hombre me hace olvidar los preceptos sagrados de la madre superiora. Yo no estaría en este estado si él no se hubiera cortado el cabello.

-¿Ese hombre? -repitió Itachi con una sonrisa.

-¿Qué preceptos sagrados? -preguntó Izumi.

-¿No estás disgustada por el traje de novia?

-Dignidad y decoro -explicó Sakura a Izumi, antes de volverse hacia Sasuke-. No, no es por el traje de novia -anunció. Inspiró profundamente, decidida a calmarse. Supuso que Sasuke no podía evitar ser un zoquete insensible y, además, estaba renunciando a su libertad-. Oh, no importa. Sí, por supuesto que estoy amargada por el traje de novia. Tu madre se afligirá terriblemente. Pagó una fortuna por ese encaje. Se le romperá el corazón si descubre que se ha roto.

-Entonces ¿estás preocupada por los sentimientos de mi madre? -preguntó Sasuke, con la esperanza de llegar al corazón de la cuestión.

-¿No acabo de decirlo? Sasuke ¿cómo puedes sonreír en una situación corno esta? No tengo qué ponerme.

-Seguramente...

Ella no lo dejó terminar.

-Prométeme que no se lo dirás a tu madre -exigió Sakura-. Quiero tu palabra. Echarás a perder su boda si lo haces.

-Es tu boda, Sakura. No la de ella.

Ella no quiso entrar en razones.

-Prométemelo.

Sasuke suspiró.

-No se lo diré. -Ni se molestó en añadir que su madre, por supuesto, advertiría enseguida que no llevaba el vestido. Sakura estaba demasiado aturdida como para reparar en ese detalle y no sería Sasuke quien se lo recordara.

Arrancó la misma promesa de labios de Itachi y Izumi. Todos aceptaron de inmediato con tal de calmarla. Sasuke meneó la cabeza por el extraño comportamiento de su futura esposa. La tomó por los hombros, la abrazó y la besó. Luego la soltó y salió del cuarto. Su hermano lo siguió.

-Parece un poquito nerviosa, ¿verdad? -comentó Sasuke a su hermano.

Itachi se echó a reír.

-No me imagino por qué -le contestó-. La han atacado, casi la secuestran los bastardos más horribles que he visto en mi vida y, ciertamente, la han aterrado. También ha dejado bien claro que no quiere casarse contigo y, por otra parte, han hecho trizas su vestido de novia. No, realmente, no veo razón para que esté un poquito nerviosa.

Sasuke dejó caer los hombros.

-Ha sido un día muy difícil – murmuró.

-Puede mejorar -predijo Itachi. Tenía la esperanza, de que así fuera.

Ninguno de los dos volvió a hablar sino hasta que llegaron al vestíbulo. Se intercambiaron las chaquetas mientras bajaban las escaleras. La talla era prácticamente la misma, pues en los últimos años, Sasuke había incrementando la masa muscular de sus hombros de modo que eran prácticamente iguales a los de su hermano mayor.

Sasuke advirtió la multitud que comenzaba a reunirse en el salón y decidió entrar. Pero se detuvo súbitamente y se dirigió a Itachi.

-Te equivocas.

-¿No va a mejorar?

Sasuke meneó la cabeza.

-Dijiste que Sakura no se quiere casar conmigo. Te equivocas. Sí que quiere.

Itachi sonrió.

-¿De modo que te has dado cuenta de que está enamorada de ti?

Él lo daba por hecho, pero Sasuke lo tomó como una pregunta.

-No, todavía no me ama. Pero lo hará. Dentro de cinco años, después que yo haya hecho mi fortuna, se dará cuenta de que no cometió ningún error.

Itachi no podía creer que su hermano fuera tan obtuso.

-Ella ya tiene una fortuna, Sasuke. Necesita...

-Casarse -terminó Sasuke por él-. ¿Qué está haciendo toda esta gente aquí?

Cambió de tema a propósito, por supuesto. Sasuke no quería entrar en una acalorada discusión sobre los motivos de Sakura. Tampoco quería pensar en las razones particulares que tenía para casarse con ella.

La ceremonia tuvo lugar una hora más tarde. Sasuke está de pie junto a su hermano frente al funcionario del registro civil. La espera estaba inquietándolo al punto tal que casi no pudo controlar su agitación. Hasta él mismo se asombró de su alteración, pues prefería pensar que era una persona que podía dominarse bajo cualquier circunstancia. Nada lo perturbaba, recordó. Demonios, admitió con un suspiro, ahora sí que estaba perturbado y la sensación era tan extraña a su naturaleza que no sabía cómo luchar contra ella. Culpaba a Sakura por su falta de disciplina. Hasta que ella apareció en su vida, la sola idea de casarse le producía náuseas. Y ahora, no obstante, su inquietud se debía exactamente a lo opuesto. Quería terminar con eso de una vez por todas, antes que algo saliera mal.

Todavía podía perderla.

-Por amor de Dios, Sasuke. Esto es una boda no un entierro. Deja de resoplar.

Sasuke no estaba de humor para complacer a su hermano. Estaba demasiado ocupado pensando en todas las cosas que todavía podrían salir mal.

Y después, el duque de Uchiha escoltó a Sakura hacia el salón. Ella tomaba del brazo al padre de Sasuke, pero él no prestó atención alguna al duque. Todas sus miradas eran para la novia. Cuanto más se le acercaba, más se tranquilizaba. Una sensación de dicha borró sus preocupaciones, y cuando la princesa llegó a su lado, dejó de fruncir el entrecejo.

Sakura estaba a punto de ser suya.

Estaba tan nerviosa que temblaba. Llevaba un vestido de satén de color marfil. Sencillo, pero elegante. Si bien el escote no revelaba demasiado, era muy provocativo. No llevaba ninguna joya, ni flores en la mano. Tampoco el pelo recogido. Los mechones lisos que se movían con tanta gracilidad sobre los hombros, a cada paso que avanzaba fueron el único adorno que necesitó.

Dios santo, cómo le gustaba. Sasuke sonrió por la timidez de la muchacha. No se atrevía a mirarlo, mantenía la vista gacha en todo momento, aun cuando su tutor la besó en la mejilla. Pero se negaba a soltarlo. El duque tuvo que quitarle la mano de su brazo para colocarla en el de Sasuke.

Los familiares y amigos los rodearon. Sakura tenía deseos de salir corriendo. Se sentía atrapada, devastada y aterrada ante la sola idea de que ambos estuvieran cometiendo un error. Cada vez temblaba más. No podía quedarse quieta y le faltaba el aire. Entonces, Sasuke la tomó de la mano y se la apretó ligeramente. Fue extraño, pero el gesto logró tranquilizarla un poco.

La pequeña hija de Itachi ayudó a Sakura a disipar por completo su temor. Como no podía ver la ceremonia porque los mayores le obstaculizaban la visión fue escurriéndose entre todos los presentes hasta que por fin logró llegar junto a Sakura. Fingió no ver a su madre, que desesperadamente le negaba con la cabeza, y extendió su bracito para tomar la mano de la princesa.

El ministro acababa de abrir su libro cuando bajó la vista y advirtió la presencia de la niña. De inmediato, empezó a toser como advertencia.

Pero Sakura no fue tan cauta. Miró a la pequeñita de cabellos y ojos negros y se echó a reír. Obviamente, Mikoto había estado pasando el mejor momento de su vida y quienquiera que hubiera tenido la responsabilidad de cuidarla, no había cumplido debidamente con sus obligaciones. La niña era un desastre. La parte de abajo de su vestido es muy sucia, claro indicio que de la niña había estado corriendo y jugando en el jardín. Una mancha colorada sobre la pechera delataba que muy pilla también se había metido en la cocina para probar el ponche rojo que su abuela pensaba hacer servir después de la ceremonia. El cinturón le caía sobre las caderas, pero lo que descontroló totalmente la compostura de Sakura fue el lazo rosa del cabello. Seguía precariamente sujeto a él, y las cintas le caían sobre el ojo derecho, de modo que cada vez que la niña levantaba la vista para sonreír a Sakura tenía que apartárselas de la cara.

Probablemente, la aparición inesperada de Mikoto había dado palpitaciones a su madre. Itachi se agachó y trató de pasar por detrás de Sasuke y Sakura para tomar a su hija. Pero la pequeña se le escapó y empezó reírse divertida.

Sakura se hizo cargo. Nada podía hacer por las manchas de su vestido, pero sí por mejorar un poco su aspecto. Soltó la mano de Sasuke, le aseguró el cinturón en el lugar correspondiente y volvió a atarle el lazo en la cabeza. Mikoto debió soportar el proceso y, cuando Sakura terminó con la tarea, la niña volvió a tomarla de la mano.

La princesa se irguió y se concentró en el ministro. Todavía no se atrevía a mirar a Sasuke, pero le rozó los dedos con los de ella. Sasuke captó el mensaje y volvió a tomarla de la mano.

Ahora estaba totalmente controlada. La voz apenas le tembló al responder las preguntas del ministro. Advirtió que cuando dio su consentimiento para convertirse en la esposa de Sasuke, él se relajó por completo. Entonces sí lo miró y lo vio sonriente. El brillo de sus ojos le aceleró los latidos de su corazón.

Por fin todo había terminado. Sasuke, suavemente, le volvió la cabeza y se inclinó para besarla. Todos celebraron. Sasuke apenas tuvo la oportunidad de rozar la boca de su esposa cuando alguien lo tomó por detrás y lo alejó ella para felicitarlo.

No obstante llevó a Sakura con él. No la perdería de vista... ni dejaría de tocarla. Le rodeó la cintura con el brazo y la atrajo hacia sí.

Sakura no recordaba mucho de la fiesta que siguió a la ceremonia. Creía flotar en medio de una espesa bruma en lugar de caminar. Hubo brindis antes, durante y después de la cena, pero ella no recordaba nada de lo que se dijo. La rodearon los familiares y amigos de Sasuke y el modo en que la aceptaron fue muy placentero para ella.

Sir Morino insistió en hablar en privado con Itachi y Sasuke en la biblioteca, pero Sasuke no hizo más que posponer el compromiso. Sin embargo, el director no aceptó la negativa y finalmente, después que Sakura prometió no separarse de sus guardias, Sasuke accedió. Ambos hermanos subieron con sir Morino. Tuvieron su charla y bajaron en menos de quince minutos.

Sasuke halló a su flamante esposa en el salón. Trataba de escuchar tres conversaciones distintas a la vez. Amino solicitaba permiso para ir a la casa con ella, Hinata le preguntaba cuándo volvería a verla y el duque contaba una anécdota divertida de la niñez de sus hijos varones.

Sakura parecía un poco abrumada y Sasuke decidió que había llegado el momento de llevársela a su casa. La princesa no discutió la decisión. Por el contrario, se mostró aliviada.

Les llevó veinte minutos despedirse de todos y agradecerles su presencia. Cuando la paciencia de Sasuke ya se había agotado, subieron por fin al carruaje que los conduciría a su casa de la ciudad.

El silencio del vehículo fue un severo contraste con el caos que acababan de abandonar. Sasuke extendió sus largas piernas, cerró los ojos y sonrió.

Estaba pensando en la noche de bodas.

Sakura estaba frente a él, con una postura rígida y las manos fuertemente entrelazadas sobre la falda.

También ella pensaba en la noche de bodas.

Sasuke abrió los ojos y la vio con la mirada ceñuda. También notó que se retorcía las manos.

-¿Pasa algo malo? -preguntó, aunque ya sospechaba de qué se trataba.

-Esta noche...

-¿Sí?

-¿Insistirás en que comparta tu cama?

-Sí.

Al instante, Sakura dejó caer los hombros hacia adelante. Palideció por completo y parecía angustiada. Sasuke casi soltó una carcajada, pero se detuvo a tiempo. Se sentía como un cretino por burlarse de la preocupación de Sakura. Ella era completamente inocente y, lógicamente, temía a lo desconocido. La función de Sasuke era ayudarla para hacer desaparecer esos temores, no incrementarlos.

Se inclinó hacia adelante y le tomó ambas manos.

-Todo saldrá bien -le aseguró en un murmullo.

Por la forma en que ella lo miró, Sasuke se dio cuenta de que no le creyó.

-¿Entonces no estás interesado en renegociar?

-¿Renegociar qué?

-Tus beneficios.

Sasuke meneó la cabeza lentamente. Ella retiró las manos.

-Sakura, todo saldrá bien -repitió él.

-Como digas -comentó desalentada-. Pero no tengo ninguna información que demuestre que tienes razón. ¿Tienes algún libro sobre el tema para que yo pueda leer antes de acostarme contigo?

Sasuke se reclinó hacia atrás, apoyó el pie en el asiento opuesto y la miró con seriedad.

-¿Qué clase de material?

-Pensé que tal vez tendrías un manual... -explicó. Trataba de no retorcerse las manos para que él no advirtiera lo nerviosa que estaba-. Cualquier cosa que me explique lo que sucederá -agregó, encogiéndose de hombros-. Simplemente, tengo curiosidad.

Sasuke notó que ella estaba completamente aterrada. Asintió para que ella pensara que él había creído esa mentira y después le preguntó tono indiferente:

-¿No dijiste que la madre superiora te había enseñado todo lo que necesitabas saber?

Ella no le contestó en un largo rato. Sasuke esperó pacientemente. Sakura volvió el rostro y miró por la ventana. Ya estaba muy oscuro, pero la luna brillaba tanto que esa luz le bastó para reconocer la calle por la que circulaban. Estaban casi llegando a su destino. Pensó que caería presa del pánico. Ya era una mujer adulta, le parecía ridículo tener miedo.

-Sakura, contéstame -le ordenó Sasuke.

La joven trató de disimular su vergüenza y procuró aparentar indiferencia al responder.

-La madre superiora tuvo una charla en privado conmigo, pero ahora me doy cuenta de que no me brindó una información muy completa.

-¿Qué te dijo ella exactamente?

Sakura no quería continuar con el tema. De hecho estaba arrepentida de haberlo sacado.

-Oh, un poco de esto, un poco de aquello... -murmuró, encogiéndose de hombros.

Sasuke no podía dejar las cosas como estaban.

-¿Qué es exactamente, un poco de esto y un poco de aquello?

El carruaje se detuvo ante la puerta de la casa. Todo lo que Sakura atinó a hacer fue a abrir el cerrojo sin demora alguna. Sasuke la tomó de la mano y se la sostuvo.

-Todavía no me has respondido -le recordó.

Sakura miró la mano de Sasuke sobre la de ella. Dios, era casi el doble en tamaño. ¿Pero por qué rayos no habría reparado antes en ese detalle? Porque no había pensado en que tendría que compartir el lecho con él, recordó, por lo menos, durante años y años, hasta que se acostumbrase a la idea... Oh, que concepto tan cándido e ignorante. Se sintió repentinamente como una estúpida.

La verdad, debió haber insistido en ser monja, decidió.

-La madre superiora me dijo que yo no tenía la sagrada vocación -estalló, en voz alta y luego suspiró-. No tengo la humildad suficiente. Eso me dijo.

Deliberadamente, Sakura trataba de cambiar el tema de conversación y Sasuke, por supuesto, sabía cuál era su objetivo.

-¿Y qué te dijo del lecho conyugal?

Sakura volvió a mirarle la mano para responder.

-Dijo que el cuerpo de una mujer es como un templo. Listo. Ya lo dije. ¿Ahora me vas a soltar? Quiero bajar.

-Todavía no -se opuso él. La ternura de su voz mitigó parte de su vergüenza.

-Harás que te lo diga, ¿no?

Sasuke sonrió por lo confundida que parecía.

-Sí. Haré que me lo cuentes todo.

-Sasuke, tal vez no te has dado cuenta, pero este tema me avergüenza mucho.

-Me he dado cuenta.

Sakura advirtió por su voz que estaba divirtiéndose. Pero se negó a mirarlo, pues si lo hacía y lo hallaba sonriendo, sentiría deseos de gritar como una loca.

-¿Tú estás avergonzado? -preguntó ella.

-No.

Una vez más, la princesa trató de retirar la mano. Él se la apretó. Dios, qué cabeza dura era. Entonces cayó en la cuenta de que Sasuke no le permitiría bajarse del vehículo hasta que ella le explicara todo.

-Los hombres quieren rendir su culto allí -exclamó.

-¿Dónde? -preguntó Sasuke, obviamente confundido.

-En el templo -le dijo, casi en un grito.

Sasuke no se rió. Le soltó la mano y se echó hacia atrás. De todas maneras, con la pierna bloqueaba efectivamente la puerta en caso de que ella intentara salir.

-Entiendo -contestó. Trató de mantener la voz lo más neutra posible con la esperanza de que aquella actitud la liberara del bochorno.

El color había retornado al rostro de la muchacha a modo de venganza. Parecía que había permanecido horas bajo el sol. A Sasuke le encantó tanta inocencia.

-¿Qué más te dijo?

-Que yo no debo dejarlos.

-¿Rendir su culto?

Ella asintió.

-Que no debo dejar que nadie me toque hasta que me case. Después, según la madre superiora, todo está bien porque el resultado de la unión es noble y válido.

Sakura alzó la vista para ver su reacción, advirtió una expresión de incredulidad y pensó que Sasuke no había comprendido.

-Un hijo es el resultado válido.

-Eso imaginé.

Sakura se sentó y se ocupó diligentemente de arreglar los pliegues de su falda. Pasó un largo minuto de silencio antes que Sasuke volviera hablar.

-Omitió unos cuantos detalles, ¿no?

-Sí -murmuró Sakura. Se sintió aliviada de que su esposo por fin hubiera comprendido su ignorancia en la materia-. Si hubiera algún libro o manual que yo pudiera leer...

-No tengo nada sobre ese tema en mi biblioteca -le dijo él-. Ni siquiera estoy seguro de que haya algo impreso al respecto.

-Pero seguramente...

-Oh, claro que hay libros dando vueltas por ahí, pero no de la clase que yo te permitiría leer -comentó-. Tampoco se venden en el mercado, libre.

Sasuke se inclinó, quitó el seguro de la puerta y la abrió sin dejar de mirar a su ruborizada esposa en ningún momento.

-¿Qué sugieres que haga?

Sakura hizo esa pregunta a su falda. Sasuke le levantó el mentón con el dedo para obligarla a mirarlo. Sus ojos verdes estaban atormentados por la preocupación.

-Te sugiero que confíes en mí.

Para ella, fue una orden más que una sugerencia. No obstante, decidió que confiaría en él, por la simple y sencilla razón de que no le quedaba alternativa. Asintió en silencio.

-Está bien. Confiaré en ti.

Sasuke se sintió complacido al ver que ella accedía de inmediato. Entendía también por qué su insistencia de leer algo al respecto. Era una manera de controlar la situación. Cuanto más supiera sobre lo que iba a sucederle menos temor tendría.

La tradición indicaba que una joven que llegaba al matrimonio recibía toda la información del caso por medio de su madre, por supuesto. Al menos, Sasuke pensaba que eso era lo habitual. Suponía que su madre ya habría hablado con Hinata en relación con los actos maritales. Pero la madre de Sakura había fallecido mucho antes de que ella tuviera la edad necesaria como para informarse al respecto.

Por eso, una de las monjas había tratado de asumir la responsabilidad.

-¿Cuántos años exactamente tiene la madre superiora? –preguntó Sasuke.

-Parece que tiene ochenta, pero seguramente, debe de ser más joven -contestó Sakura-. Nunca me atreví a preguntarle. ¿Por qué quieres saberlo?

-No tiene importancia. Sakura, yo voy a explicarte todo lo tienes que saber.

La ternura de su voz le produjo la misma sensación agradable que una caricia suya sobre la mejilla.

-¿De verdad?

-Sí –le prometió casi distraído. Pero lo cierto era que estaba muy ocupado tratando de imaginarse a la vieja monja explicando la realidad de la vida a Sakura, utilizando términos descriptivos tales como «templo» y «rendir culto». Dios, cómo le habría gustado escuchar semejante conversación.

Sakura vio picardía en la mirada de Sasuke y de inmediato advirtió que su candidez le hacía gracia.

-Lamento actuar con tanta... inexperiencia.

-Eres inexperta.- le recordó él con dulzura.

-Sí y lo siento.

Sasuke rió.

-Yo no -le aseguró.

-¿De verdad vas a contestar a todas mis preguntas? -le preguntó, aún insegura de si debía o no creerle-. No omitirás nada, ¿verdad? No me agradan las sorpresas.

-No omitiré nada.

Ella suspiró. También dejó de alisar las arrugas de su vestido. La promesa de Sasuke le había bastado para recuperar el control de sus emociones. Ni siquiera le importó que a él le resultara divertida su vergüenza., pues estaba dispuesto a darle los datos necesarios y eso era lo único que interesaba. Sintió una enorme gratitud.

-Bueno, entonces todo saldrá bien -anunció Sakura-. ¿Podemos bajar del carruaje ahora?

Sasuke aceptó. Bajó primero y se volvió para ayudarla. Ambos guardias tenían la mirada ceñuda, preocupados por su princesa. La querían encerrada bajo llave.

Katazu estaba en la puerta, ansioso por saludar a su flamante señora. Tomó la capa de la muchacha, la dobló cuidadosamente sobre su brazo y le dio sus más sentidas felicitaciones.

-Si desea subir ahora, princesa, le prepararé el agua para el baño -le sugirió.

La idea de un largo baño caliente, después del día que había tenido, la atrajo sobremanera. Sería el segundo baño del día para ella, pero la madre superiora le había dicho que su pulcritud era loable, por lo que no se sintió decadente en lo más mínimo,

-Sasuke va a conversar conmigo en el estudio -dijo Sakura a Katazu-. Después tomaré el baño.

-Báñate primero -le sugirió Sasuke-. Tengo algunos papeles que revisar.

Era mentira, por supuesto. Sasuke no tenía intenciones de ponerse a trabajar en su noche de bodas, pero pensó que un baño la ayudaría a relajarse. Era obvio que necesitaba un poco de distracción.

Para ella, había sido una boda terrible y, aunque aparentemente, estaba más serena y controlaba más sus emociones, Sasuke sabía que sus nervios estaban alterados.

-Como quieras -dijo Sakura. Se volvió para subir las escaleras del mayordomo. Sasuke los seguía a la zaga.

-¿Fue una boda hermosa? -preguntó Katazu.

-Oh, sí -respondió Sakura con la voz llena de entusiasmo-. Todo salió bastante bien, ¿verdad, Sasuke?

-Casi te secuestran -le recordó él.

-Sí, pero descontando eso, fue maravillosa, ¿no?

-Y aterradora.

-Sí, pero...

-Rompieron tu traje de novia.

Sakura se detuvo en lo alto de las escaleras y se volvió bruscamente, para mirarlo furiosa. Evidentemente, no quería que le recordara ese incidentes.

-Toda novia desea creer que su boda fue perfecta -anunció.

Él le guiñó el ojo.

-Entonces lo fue -anunció.

Ella sonrió satisfecha.

Katazu esperó hasta que él y la princesa estuvieron a solas en cuarto para preguntarle sobre todos los detalles. Ebisu y Genma traían más cubos con agua caliente para llenar la tina ovalada. En un gesto muy considerado, Katazu había acomodado la ropa de la dama y había colocado un camisón blanco y una bata sobre la cama.

Sakura se quedó un largo rato en la tina de baño. El agua caliente la ayudó a aliviar tensiones y contracturas musculares. Se lavó el cabello con jabón de rosas y luego se sentó junto al fuego para secárselo. No se apresuró en lo más mínimo porque sabía que Sasuke estaba trabajando y cada vez que lo hacía solía perder la noción del tiempo.

Pasó casi una hora antes que decidiera interrumpirlo. El cabello ya se le había secado, pero después de ponerse la bata, se tomó otros diez minutos para cepillarlo. Bostezaba de vez en cuando. El baño caliente y el fuego la chimenea le habían dado sueño, pero no quería quedarse dormida durante la explicación de Sasuke.

Salió al pasillo rumbo al estudio. Llamó a la puerta y entró. Sasuke no estaba en su escritorio. Sakura no sabía si habría ido abajo o subido a su alcoba. Decidió aguardarlo en el estudio; pensando que él querría conversar allí con ella. Se acercó al escritorio para tomar una hoja de papel. Estaba tomando la pluma y el tintero cuando Sasuke apareció en la puerta que daba a su cuarto.

Su imagen le cortó la respiración. Obviamente, él también a de bañarse, porque tenía el cabello húmedo todavía. Sólo llevaba unos pantalones puestos. Y desabrochados.

Tenía una complexión fuerte y la piel bellamente bronceada. Sus formas sinuosas ocultas bajo su exterior cauteloso le recordaron una pantera. Cada vez que se movía, sus músculos se contraían poderosamente. Un manto de vello, rizado y oscuro, cubría su pecho, formando una «V» en su cintura.

Sakura no quiso mirar más abajo.

Sasuke se apoyó contra el marco de la puerta, se cruzó de brazos y le sonrió. Un pálido rubor arrebolaba sus mejillas. No hacía más que doblar y desdoblar la hoja de papel que tenía en las manos, y trataba de aparentar desesperadamente la mayor indiferencia posible. Sasuke supo que tendría que progresar muy lentamente con ella para que no temiera. Claro que no le resultaría una tarea para nada sencilla. Nunca antes se había llevado una virgen a su cama y el solo hecho de verla allí, con su camisón blanco y su bata, bastaba para que la pasión lo abrasara. Se excitaba con sólo mirarla. No podía quitarle los ojos de la boca, mientras pensaba en las cosas que le gustaría que ella le hiciera con esos labios dulces y carnosos.

-Sasuke, ¿en qué estás pensando?

No le pareció una buena idea contestarle la verdad.

-Me preguntaba qué estás haciendo con ese papel -mintió.

Sakura estaba tan desconcentrada por los nervios, que debió mirarse las manos para entender de qué hablaba su esposo.

-Notas -contestó al instante.

Sasuke arqueó una ceja.

-¿Notas?

-Sí. Pensé que sería bueno tomar algunas notas durante tu explicación para no olvidar nada importante. ¿Te parece bien, Sasuke?

La preocupación de su voz terminó con la diversión de Sasuke.

-Qué organizada eres -le dijo.

Ella sonrió.

-Gracias. Mi padre fue el primero en enseñarme las ventajas de la organización. Luego, la madre superiora terminó con mi formación en ese sentido.

Por Dios, cómo deseaba poder dejar de decir tonterías.

-¿Cuántos años tenías cuando tu padre murió?

-Once.

-Y todavía recuerdas…

-Oh, sí, recuerdo todo lo que me enseñó -contestó la muchacha-. Era mi manera de complacerlo, Sasuke; yo disfrutaba plenamente de los momentos que pasaba con él. A él lo hacía feliz hablar de sus negocios, y a mí, ser tomada en cuenta.

Sakura convirtió la hoja de papel en una bola arrugada. Sasuke dudaba que hubiera advertido lo que acababa de hacer.

-Solo anotaré las palabras claves -prometió ella.

Lentamente, él meneó la cabeza.

-No necesitarás tomar ningún apunte -le aseguró-. Recordarás cada cosa que te diga.

Sasuke se sentía muy orgulloso de sí mismo. Casi no aguantaba la risa, pero afortunadamente, logró contenerse.

-Muy bien, entonces. -Regresó al escritorio con la intención de devolver la hoja de papel a su lugar y fue entonces cuando se dio cuenta del lío que había hecho. La arrojó en la papelera y se volvió para contemplar a Sasuke.

El cálido brillo de sus ojos la estremeció. Aquella maravillosa media sonrisa le aceleró el corazón. Sakura inspiró profundamente y se ordenó serenarse.

Dios Santo, qué hermoso era Sasuke. Inconscientemente expresó ese pensamiento en voz alta.

Y él se echó a reír por el elogio. Pero su diversión no la molestó. Muy, por el contrario, le devolvió la sonrisa.

-Para ser un dragón... -añadió.

Por el modo en que Sasuke la miraba, Sakura tuvo la sensación de que decenas de mariposas pequeñas volaban enloquecidas dentro de su estómago. Desesperadamente pensó que necesitaba poner algo en sus manos para entretenerlas y optó por entrelazarlas.

-¿Hablaremos ahora?

-Lo primero es lo primero -anunció él-. Acabo de darme cuenta de que no te he dado un beso de casados como normalmente hace la gente.

-¿No?

Sasuke meneó la cabeza. Luego la llamó con el dedo. Lentamente, princesa fue acercándose hasta que se detuvo justo frente a él.

-¿Vas a besarme ahora? -le preguntó, con la voz hecha apenas murmullo.

-Sí.

Muy despacio, Sasuke se apartó del marco de la puerta para aproximarse a su esposa. Instintivamente ella retrocedió un paso. De inmediato se detuvo. Recordó que no tenía miedo de Sasuke y que realmente deseaba que la besara. Volvió a avanzar.

-Me gusta cómo me besas -susurró.

-Ya lo sé.

Su sonrisa fue arrogante. Sabía que estaba nerviosa. No le cabían dudas al respecto. Y también disfrutaba de la vergüenza de Sakura.

-¿Cómo lo sabes? -preguntó, pensando en darle una respuesta inteligente cuando él le contestara.

-El modo en que me respondes me dice que te agrada que te toque.

En realidad, a Sakura no se le ocurrió ninguna salida inteligente para esa respuesta. A decir verdad, le resultaba difícil pensar hasta en la cosa más simple. Por supuesto que Sasuke era el único responsable de que ella estuviera en esas condiciones. La calidez de su mirada le cerraba el estómago.

Sintió las manos de él en su cintura, bajó la vista y lo observó mientras él le desataba el cinturón de la bata. Trató de detenerlo, pero antes que tuviera tiempo de apoyar las manos sobre las de él, Sasuke le deslizó la bata por los hombros.

-¿Por qué has hecho eso?

-Parece que tienes calor.

-Oh.

La bata cayó al piso. El camisón que llevaba era lo suficientemente transparente como para que él pudiera ver sus delicadas curvas. Sakura trató de cubrirse con la prenda, la parte superior del cuerpo, pero Sasuke no le dio tiempo a taparse. La atrajo con fuerza hacia él.

-Rodéame con tus brazos, Sakura. Estréchame con fuerza mientras te beso.

Ella le rodeó el cuello con los brazos, en el momento en que él comenzaba a besarla. Delineó con la punta de la lengua su labio inferior haciéndola estremecer. Ella lo abrazó con más fuerza y se puso de puntillas para profundizar el beso. Restregó sus senos contra el fuerte pecho de Sasuke y soltó un suspiro quebradizo ante la extraña sensación que le produjo su piel contra la de ella. No fue una sensación desagradable; sólo extraña y maravillosa. A propósito, volvió a restregarse contra él, pero siempre con mucha delicadeza, como para que él no advirtiera sus intenciones. No quería que pensara que era una descarada. Sin embargo, quería serlo, pues el calor que Sasuke irradiaba la afectaba como un afrodisíaco. Era como si no pudiera acercarse a él lo suficiente.

Estaba volviéndola loca con la lengua y los dientes. Ya no podría soportar ese suave tormento durante mucho tiempo más. Tiró delicadamente de su cabello con un gesto impaciente informándole que quería más.

Por fin, la boca de Sasuke se posó sobre la de ella y su lengua, buscó el interior de la cavidad para acariciar la de Sakura. Sasuke actuaba como si tuviera todo el tiempo del mundo. Era lento, deliberado, y apenas ejercía presión cuando inyectaba el fuego de la pasión en su boca.

El ronco gemido de la princesa, le informó lo mucho que le agradaba lo que él estaba haciéndole. Se retiró ligeramente y leyó pasión en sus ojos, espejo de los propios. También él gimió entonces.

-Tan dulce -susurró contra sus labios-. Ábrete a mí -le ordenó, con un tosco murmullo.

Ni siquiera le dio tiempo a acatar la orden. Con el dedo pulgar, tiró de su mentón hacia abajo. Incursionó con la lengua, se retiró y volvió a entrar. Ella se mostró muy bien dispuesta y su inocente respuesta, le hizo olvidar que debía progresar lentamente. De pronto se sintió tan hambriento por ella que no pudo controlarse. Su boca se tornó implacable y exigente. El juego del amor entre las lenguas -el de ella tímido, el de él, insolente-, los hizo temblar de deseo. La muchacha se había dejado llevar por el fuego de su pasión hasta tal punto que ya no temía por lo que vendría. No podía pensar; sólo reaccionar. Empezó a moverse contra él instintivamente, sin saber qué hacía, qué estaba haciéndole a Sasuke. No dejaba de despeinarlo con los dedos y Sasuke creyó que el dominio se le iba de las manos cuando Sakura empezó a moverse, en una danza cautivante, sobre su erecto miembro. El beso se tornó carnal, abrasador. La pasión llegaba a la cumbre. Su apetito despertaba el de ella.

El beso pareció eterno y, al mismo tiempo, demasiado fugaz. Cuando Sasuke se retiró, Sakura tenía la boca húmeda y rosada por el contacto. Si bien aún perduraba el sabor de ella en sus labios, no suficiente para Sasuke.

Ella se reclinó contra su pecho y acomodó la cabeza debajo de su mentón. Sasuke sintió la respiración agitada contra su garganta.

La levantó en sus brazos y la llevó a su cuarto. Suavemente la colocó en el centro de la cama y se paró a un lado de esta para mirarla.

Sakura se sentía aturdida por sus besos. Se le despejó la mente ver que Sasuke introducía ambos pulgares en la cintura de su pantalón y tiraba de ellos hacia abajo para quitárselos. Sakura cerró los ojos y trató de escaparse. Pero Sasuke fue más rápido que ella. Se quitó los pantalones y se acostó junto a ella antes de que la muchacha tuviera tiempo de llegar al otro extremo del lecho.

La tomó por el camisón. El delicado género se rasgó cuando Sasuke tiró de él. Sakura sólo tuvo tiempo de abrir la boca, despavorida, antes que la prenda quedara descartada por completo y Sasuke, desnudo, sobre su cuerpo.

La muchacha estaba tan rígida como una tabla. Suavemente, le separó las piernas con la rodilla y se extendió completamente sobre ella, como tantas veces había soñado hacerlo desde el día en que la conoció. Su miembro erecto se presionó contra los suaves vellos rizados del pubis femenino y la sensación fue tan grata que gruñó en voz alta, sumamente satisfecho.

Sin embargo, la realidad resultó ser mucho mejor que la fantasía pues él jamás había podido llegar a imaginar lo suave que sentiría su piel contra la de él. Tenía los pechos mucho más voluminosos de lo que había creído y aún no había podido capturar la intensidad de su temblor, debajo de su masculino cuerpo. Era lo más cercano al paraíso que había vivido.

-Sasuke, ¿no crees que tendríamos que hablar ahora?

Sasuke se incorporó sobre los codos, para contemplarla. La preocupación se evidenciaba en los ojos de ella y la victoria en los de él.

-Absolutamente. -Le tomó el rostro erre las manos, se lo mantuvo quieto y luego la besó prolongadamente.

La hizo estremecer de deseo. Sakura no pudo resistir la tentación de abrazarlo con fuerza, para gozar mejor de su calidez. Tenía los dedos de los pies arrollados contra sus piernas y de pronto, no le bastó con solo abrazarlo. Necesitaba tocarlo, acariciarlo de otra manera. Sus manos ascendieron por la espalda de Sasuke, para descender luego por los musculosos brazos.

Los escarceos de Sakura fueron tan delicados como el aleteo de una mariposa, y sin embargo, Sasuke supo que se trataba de la caricia más erótica que jamás hubiera recibido. Concentró toda su atención en el cuello de la muchacha. Ella giró la cabeza para permitirle un mejor acceso. Sasuke mordió con delicadeza el lóbulo de su oreja, haciéndola estremecer hasta los dedos de los pies. Dios Santo, la lengua de Sasuke le impedía pensar.

Sakura comenzó a moverse, exigiendo más, en silencio. Sasuke cambió de posición y trazó una delicada línea de besos en su cuello. Descendió más para besar el valle entre sus senos. Olía a rosas, a mujer. Fue una combinación devastadora. Sasuke aspiró la dulce fragancia y luego se dedicó a saborearla.

Estaba tomándose demasiadas libertades con su cuerpo. Pero Sakura pensó que moriría si se detenía. Tomó un seno en cada mano e, inmediatamente, estos ansiaron más. La princesa no comprendía por qué comenzaba a sentirse frustrada por dentro. Tenía la sospecha de estar confeccionada enteramente con costuras múltiples y que estas estaban abriéndose por completo. Fue entonces cuando Sasuke le pasó la lengua por el pezón. Sakura casi cayó de la cama. Gritó de temor y de placer. La experiencia fue demasiado intensa para soportarla y a la vez exquisitamente maravillosa. Dejó caer ambas manos a los costados de su cuerpo y se agarró de las sábanas, como para defenderse de la tormenta de emociones que amenazaba con envolverla.

-¡Sasuke!

Pronunció su nombre en un sollozo y empezó a contorsionarse contra él cuando advirtió que había tomado el pezón entre sus labios para succionarlo. Hacía que ella perdiera el control. La acariciaba por todas partes. Sakura respiró profundamente y comenzó a gemir. La boca de Sasuke atrapó la de ella en el mismo instante que con la mano buscó los suaves vellos rizados que protegían su virginidad. Ella trató de detenerlo, pero él no iba a aceptar un rechazo. Sus dedos penetraron lentamente en el estrecho canal y luego retrocedieron. Con la yema del pulgar, tocó el sitio preciso que la volvería loca indudablemente.

Le hizo el amor con los dedos hasta que Sakura perdió la razón al punto de no desear otra cosa más que la plena satisfacción. Sasuke nunca había estado con una mujer que respondiera con tanta honestidad. Fue imposible mantener su disciplina.

-Cariño, eres tan estrecha -murmuró, con la voz áspera.

La joven casi no podía concentrarse en lo que él le decía.

-Estás haciéndome sufrir. Por favor...

Sakura no sabía qué más pretendía de él. Sólo que se volvería loca si Sasuke no tomaba alguna medida urgente para rescatarla de ese dulce tormento.

Sasuke rezó para que ella ya estuviera lista para recibirlo. Le quitó las manos de las sábanas y las puso alrededor de su cuello. Le separó más las piernas con la rodilla y pasó las manos por debajo de sus caderas, para acercársela más. El extremo de su miembro se vio rodeado por el calor líquido de la muchacha. Lentamente, presionó hacia el interior, pero se detuvo al detectar la barrera de la virginidad. Después, siempre paso a paso, trató de pasar el escollo. La barrera no cedía. Sasuke apretaba muy fuerte sus mandíbulas y tenía la respiración tan agitada como si hubiera corrido dos kilómetros sin parar, pues el placer era tan inmenso que ya no podía mantener el poco control sobre sí que le quedaba. Sabía que estaba lastimándola. Sakura gritaba contra su boca y trataba de apartarlo al mismo tiempo.

Sasuke la aquietaba con palabras tiernas.

-Cariño, todo saldrá bien. El dolor no durará mucho. Abrázame. Oh, niña, no te muevas así... no todavía.

Tratar de ser amable sólo prolongaba el dolor de la joven... y a. él, estaba matándolo. Tenía la frente cubierta de transpiración y supo que perdería totalmente los estribos si no penetraba de inmediato en ella.

Entonces cambió de táctica. Elevó las caderas de Sakura y penetró en ella con un solo movimiento. Ella gritó, pues su dolor fue tan intenso como el placer de Sasuke. Otra vez intentó alejarlo. Pero le resultaba tan pesado que no lo movió. La posesión estaba completa y, Dios, Sakura estaba hecha a a su medida. Debió contener la necesidad de retirarse ligeramente hacia atrás, para luego volver a penetrar, pues quería darle tiempo a que se adaptara a él. Sentía que ella le clavaba las uñas en los omóplatos tratando de que la dejara. Sasuke intentó besar su boca una vez más, pero ella, giró el rostro. Entonces le besó la oreja, luego la mejilla, esforzándose al máximo por controlar su cuerpo a fin de volver a encender en ella la misma pasión del principio. Las lágrimas bañaron el rostro de Sakura y soltó sollozo de angustia.

-Cariño, no llores. Lo lamento. Dios Santo, te he lastimado. Será mejor en pocos minutos más. Me produces una sensación tan bella. Abrázame, niña. Abrázame.

La preocupación de su voz la calmó más que sus palabras. El placer entró en guerra con el dolor. Estaba tan confundida por sus contradictorias emociones que no sabía qué hacer. Sintió el aliento caliente de Sasuke contra su oreja. Agitado, también. El sonido la excitó. No entendía que estaba pasándole. Su cuerpo exigía liberación, ¿pero liberación de qué? No lo sabía. Sintió urgencia por moverse.

-Quiero moverme -su voz fue apenas un susurro de confusión.

Sasuke se apoyó sobre los codos para mirarla. Los ojos de ella brillaban de pasión pero lo más importante para él era que había dejado de llorar.

-Yo también quiero moverme. Quiero sacarlo, para hundirlo profundamente en ti otra vez.

Su voz denotó una gran emoción. Instintivamente ella lo estrechó con todas sus fuerzas. Decidió probar, sólo para asegurarse de que mejoraba Hacía un minuto tenía la sensación de que Sasuke la había partido en dos, pero ahora el dolor no era tan fuerte. Más aun, cuando se movía contra él, ya no sentía dolor. Se sorprendió.

-Empiezo a sentirlo... agradable.

Fue todo el permiso que Sasuke necesitó. El control se le escapó manos. Cubrió la boca de Sakura con un beso desesperado. El apetito que sentía por ella le hizo perder los estribos. Se retiró lentamente de su interior, para volver a incursionar con mayor profundidad. El ritual de la unión lo consumió y, al sentir que ella elevaba más aun las caderas para que ambos órganos calzaran a la perfección, Sasuke hundió el rostro en su cuello y emitió un audible gemido. La presión que crecía en su interior le resultó intolerablemente hermosa. Sasuke nunca había experimentado algo así antes. Sakura parecía de fuego entre sus brazos. Su reacción salvaje y desinhibida le llegó hasta el alma. No se guardó nada para sí, y esa falta de egoísmo lo obligó a imitarla. La cama crujía a modo de protesta, pues él pujaba una y otra vez: No le importaba otra cosa más que alcanzar la satisfacción mutua.

Y esta llegó con la violencia y sorpresa de una erupción. Primero se produjo en Sakura, que al apretarse y arquearse contra él, lo urgió a dar rienda suelta a su orgasmo.

La muchacha necesitó un largo rato para volver a la realidad. Abrazó con fuerza a su esposo y dejó que las olas de la bendita sumisión la envolvieran por completo. Una parte de sí comprendía que, mientras estuviera aferrada a él, estaría a salvo. No tendría que preocuparse por su control. Él la cuidaría. Sakura cerró los ojos y se dejó llevar por la maravilla de aquel sublime acto de amor.

Nunca se había sentido tan protegida, tan libre.

Sasuke experimentaba la sensación opuesta. Estaba alterado por lo que acababa de sucederle, pues nunca antes se había permitido abandonar completamente el control de sí. Nunca. Lo asustó terriblemente su comportamiento. Las piernas de seda de Sakura habían exprimido hasta la última de sus ideas coherentes. Ella era la inocente y él el experimentado, y sin embargo, había sido Sakura la que terminó con su sistema de defensas. No había logrado contenerse y hacia el final, cuando ambos iban a alcanzar el clímax, se había encontrado tan a merced de ella como Sakura de él. Y.. Dios lo amparase, pero nunca antes se había sentido tan bien. Estaba muy asustado.

Por primera vez en la vida se sentía vulnerable, atrapado.

Todavía eran uno solo. Muy despacio, Sasuke se retiró de su cuerpo, antes de que ella lo excitara otra vez. Apretó los dientes ante el placer que le causó ese simple movimiento. Aún no tenía fuerzas para abandonarla, pero tenía conciencia de que con su peso estaría aplastándola. Sakura tenía los brazos alrededor de su cuello. Sasuke se levantó y, con ternura, se los quitó. Volvió a agacharse para besarle el cuello y sintió los veloces latidos de su corazón. Halló arrogante satisfacción en ello, pues se dio cuenta que ella tampoco se había recuperado por completo.

Un minuto después, se volvió de espaldas, alejándose de ella. Inspiró profundamente y cerró los ojos. El olor del acto de amor que acababan de vivir flotaba en el aire, alrededor de ambos. Todavía tenía el sabor de Sakura en la boca y, por Dios, sintió que el pene se erguía otra vez.

Sakura por fin despertó de su ensueño y se volvió hacia él apoyó sobre un codo para mirarlo.

La mirada ceñuda de Sasuke la asombró.

-¿Sasuke? -murmuró-. ¿Estás bien?

Volvió la cabeza para mirarla. En una cuestión de segundos, su expresión se modificó. No estaba dispuesto a permitir que ella advirtiera su vulnerabilidad. Le sonrió y le acarició una mejilla con el dorso de la mano. Ella disfrutó del gesto.

-Se supone que tengo que preguntarte si tú estás bien -explicó.

Pero a simple vista, se notaba que estaba mucho más que bien. En sus ojos aún quedaba alguna chispa de pasión. Tenía la boca hinchada por sus besos .y todo el cabello sobre un hombro. Sasuke la consideró la mujer más atractiva del mundo.

-Te hice daño, ¿no es cierto?

Lentamente Sakura asintió. Pero notó que a él no le preocupaba la confesión.

-Estaba...

-¿Caliente?

Ella se puso colorada. Él se rió. Entonces la estrechó entre sus brazos para darle el gusto de poder esconder el rostro en su pecho.

-Es un poquito tarde para que te hagas la vergonzosa, ¿no? ¿O ya has olvidado lo salvaje que estabas pocos minutos atrás?

Claro que no lo había olvidado. Se puso colorada hasta las raíces del cabello al recordar lo insolente que había sido su reacción. Sasuke ronroneaba divertido. Pero a Sakura poco le importó que estuviera riéndose de ella. Acababa de sucederle la cosa más maravillosa del mundo y no permitiría que nada se la echara a perder. Un cálido resplandor todavía la tenía acogida en su seno, haciéndola sentir dichosa y somnolienta a la vez.

-No fui muy digna, ¿verdad?

-¿Te refieres a que no fuiste muy digna cuando me suplicaste que no me detuviera?

Sasuke le acarició la espalda con gran ternura mientras esperaba la respuesta.

-Hice eso, ¿verdad?

El tono de sorpresa de su voz lo hizo sonreír.

-Sí –respondió-. Eso has hecho.

Sakura suspiró.

-¿Fue bello, no?

Sasuke rió.

-Es mucho mejor que bello.

Pasaron largos minutos en silencio. Sasuke rompió el apacible interludio con un sonoro bostezo.

-¿Sasuke? ¿Yo...? ¿Fui...?

No podía terminar la pregunta. Su propia vulnerabilidad la tornaba demasiado tímida como para averiguar si había logrado satisfacerlo.

Sasuke sabía qué era exactamente lo que ella necesitaba de él en ese momento.

-¿Sakura?

El modo en que pronunció su nombre pareció una caricia.

-¿Sí?

-Estuviste perfecta.

-Gracias por decirlo.

La muchacha se relajó contra él y cerró los ojos. El sonido de los latidos de su corazón, combinados con sus risas, le daban una inmensa sensación de paz. Con una mano le masajeaba la espalda, mientras que con la otra, le acariciaba el cuello. Iba a quedarse dormida cuando él pronunció nuevamente su nombre.

-¿Hmmm?

-¿Quieres que empiece con la explicación ahora?

Sasuke esperó varios minutos, hasta que por fin se dio cuenta de que la muchacha se había quedado dormida. Le acarició el cabello y se acomodó mejor, para poder besarle la cabeza.

-El cuerpo de una mujer es como un templo -susurró.

No esperaba respuesta a su comentario, aunque tampoco la obtuvo. Tapó a ambos con las mantas, abrazó a su flamante esposa y cerró los ojos. Lo último que pensó antes de quedarse dormido lo hizo sonreír. La monja había estado en lo cierto cuando comentó a Sakura que los hombres querrían rendir culto allí.

Él lo había hecho, sin ninguna duda.

.

.

.

No estaba loco ni descontrolado. Todavía tenía conciencia. Simplemente, decidió hacer oídos sordos. Sí, sabía que lo que estaba haciendo no era correcto. Aún le importaba, o al menos, la primera vez le había importado. Ella lo había rechazado, por lo que mereció la muerte. La ira había guiado sus manos, su daga. Sólo había querido matarla. No sospechó el embate, sin embargo. No imaginó lo poderoso que se sentiría, cuán invencible.

Podía detenerse. Levantó su copa y bebió un largo sorbo. Se detendría, juró.

Sus botas viejas estaban en el rincón. Las contemplo durante un largo rato y decidió deshacerse de ellas al día siguiente. Había flores sobre la mesa... esperando... listas... hechizándolo.

Arrojó la copa contra la chimenea. Los cristales saltaron sobre el suelo. Fue por la botella mientras canturreaba su promesa.

Se detendría.