CAPÍTULO 9
A la mañana siguiente Sakura despertó muy tarde. Sasuke ya se había ido de la habitación. Le pareció bien, pues no quería que la viera en esa lamentable condición. Estaba tan tensa y dolorida, que se quejó como una viejecita al levantarse de la cama. Y con razón, se dijo, al ver las manchas de sangre en las sábanas. Nadie le había advertido que al hacer el amor sangraría. Frunció el entrecejo, preocupada e irritada, porque era un hecho de la vida sobre el cual nadie le había comentado ni una palabra. ¿Sería normal la sangre? ¿Y si Sasuke había rasgado otra cosa que no tenía solución?
Trató de no caer presa del pánico y lo logró hasta que se bañó. La mancha de sangre sobre la esponja la asustó. También estaba avergonzada. No quería que Katazu viera las manchas de sangre cuando cambiara las sábanas, de modo que ella misma se encargó de la tarea.
Sakura siguió preocupándose mientras se vestía. Se puso un vestido celeste y unos zapatos de badana a juego. La prenda tenía un ribete blanco alrededor del escote cuadrado, motivo que se repetía en los puños de las mangas largas. El vestido era muy femenino y uno de los favoritos de Sakura. Se cepilló el cabello y salió a buscar a su esposo.
El primer encuentro con él, a plena luz del día, después de la intimidad que habían compartido la noche anterior, iba a ser muy difícil para ella, de modo que quería afrontarlo y terminarlo lo antes posible. Si lo intentaba estaba segura de que lograría disimular su vergüenza.
Sasuke estaba sentado al escritorio de su estudio. La puerta que daba al corredor estaba abierta. Sakura se quedó allí, debatiendo si debía o no interrumpirlo. Sasuke debió de presentir su mirada porque de repente, levantó la vista. Todavía estaba frunciendo el entrecejo, concentrado en su lectura, pero de inmediato le cambió la expresión. Hubo ternura en sus ojos cuando le sonrió.
Sakura pensó que debía corresponderle la sonrisa. No podía estar segura. Dios Santo. ¿Algún día se acostumbraría a tenerlo cerca.? Era un hombre muy apuesto. Ese día, sus hombros parecían más anchos, su cabello más oscuro y su piel más bronceada. La camisa blanca que llevaba acentuaba su atractivo. Era un imponente contraste con su colorido natural. Ella posó la mirada en su boca, pues de pronto recordó lo bien que se había sentido cuando él la besó... por todas partes.
Se apresuró a desviar la mirada a su mentón. No permitiría que descubriera su bochorno. Tenía que ser digna y sofisticada.
-Buenos días, Sasuke. -Cuando habló, pareció una rana croando. Sentía el rostro hecho un fuego. Irse le pareció la única alternativa. Lo intentaría más tarde, cuando estuviera más serena-. Veo que estás ocupado -le dijo de forma apurada y retrocedió-. Me iré abajo.
Se volvió y comenzó a alejarse.
-Sakura.
-¿Sí?
-Ven aquí.
Sakura regresó a la entrada. Sasuke se inclinó hacia adelante, flexionó el índice y le hizo un gesto con él para que se le acercara. Ella irguió la espalda, esbozó una sonrisa forzada y entró. Se detuvo al llegar a su escritorio. Eso no fue suficiente para él. Volvió a gesticular para que se pusiera a su lado. Sakura mantuvo su aire indiferente y dio la vuelta alrededor del escritorio. Sasuke nunca sabría lo incómoda que estaba sintiéndose en ese momento.
La miró durante un largo rato.
-¿Vas a decirme qué pasa contigo?
La joven dejó caer los hombros.
-Es difícil engañarte -le dijo.
Sasuke frunció el entrecejo.
-Como nunca tratarás de engañarme, ese hecho carece de toda importancia, ¿no?
-No.
Esperó uno o dos minutos más y al ver que ella no daba explicaciones, volvió a preguntar.
-Dime qué te perturba.
Ella miró el piso.
-Es... difícil para mí, verte después de...
-¿Después de qué?
-De anoche.
Un pálido rubor tiñó levemente sus mejillas. A Sasuke le resultó una reacción deliciosa... excitante, también. La sentó en su regazo, le levantó el mentón y le sonrió.
-¿Y?
-A la luz del día, el recuerdo de lo que hicimos anoche me hace sentir avergonzada.
-El recuerdo me hace desearte otra vez.
Sakura abrió los ojos desmesuradamente al escuchar la confesión.
-Pero no puedes.
-Seguro que puedo -le dijo él contento.
Ella negó con la cabeza.
-Yo no puedo -murmuró.
Él frunció el entrecejo.
-¿Por qué no puedes tú?
Estaba tan colorada que sentía que le quemaba la piel.
-¿No te basta con que te diga que no puedo?
-Rayos, no, no me basta.
Posó la mirada en su falda.
-Tú me dificultas las cosas -le dijo-. Si mi madre estuviera aquí, yo podría hablar con ella, pero...
No siguió. La tristeza de su voz lo hizo olvidar su irritación. Sakura estaba preocupada por algo, y él, decidido a averiguar por qué.
-Puedes hablar conmigo -murmuró-. Soy tu esposo, ¿lo recuerdas? No debe haber ningún secreto entre los dos. Te gustó hacer el amor -agregó.
Sasuke le pareció terriblemente arrogante.
-Tal vez -contestó, sólo para molestarlo.
Él le demostró su exasperación.
-¿Tal vez? Viviste la gloria entre mis brazos -susurró. El solo recuerdo le cambiaba la voz-. ¿Lo has olvidado tan pronto?
-No, no lo he olvidado. Sasuke, me lastimaste.
Exclamó esa verdad con todas las letras y esperó a que se disculpara. Entonces, le contaría lo de su lesión y él entendería por qué no podía volver a tocarla.
-Niña, sé que te he lastimado.
El calor de su voz, tan tosco, tan masculino, la estremeció. Se movió sobre el regazo de Sasuke. De inmediato, él la tomó por las caderas y le dijo que se quedara quieta. Sakura no tenía idea del efecto que estaba produciendo en él esa conversación, por supuesto... El tener su dulce trasero restregándose tan íntimamente sobre su miembro lo hacía arder de deseo una vez más.
Sakura ya no tenía vergüenza.. Estaba irritada porque su esposo no actuaba con delicadeza. No parecía para nada arrepentido.
Esa expresión confusa de sus ojos lo hizo sonreír.
-Cariño -comenzó él con voz tersa-. No volveré a lastimarte así.
Ella meneó la cabeza. Como no quería mirarlo a los ojos, posó la mirada en su mentón.
-No entiendes -susurró-. Pasó... algo.
-¿Qué pasó? -preguntó, tratando de ser paciente.
-Sangré. Había manchas por toda la cama y...
Por fin, Sasuke comprendió. La abrazó y la atrajo hacia su pecho dos motivos. Primero, porque quería tenerla entre sus brazos, y segundo porque no quería que lo viera sonreír. Podría pensar que se estaba burlando de ella.
Sakura no quería su abrazo, pero él era mucho más fuerte que ella y había tomado su determinación. Iba a tranquilizarla, le gustara o no. Cual ella por fin se rindió y se relajó contra él, Sasuke suspiró y masajeó la cabeza de la muchacha con su mentón.
-Y pensaste que fue algo malo, ¿no? Debí habértelo explicado. Lo lamento. Te has preocupado injustificadamente.
La ternura de su voz la tranquilizó levemente. Sin embargo, todavía no estaba segura de creerle.
-¿Me estás diciendo que es natural que sangre?
Parecía incrédula y asombrada al mismo tiempo. Sasuke no se rió.
-Sí -anunció-. Era natural que sangraras.
-Pero eso es... una barbaridad.
Sasuke no estuvo de acuerdo con esa opinión. Le dijo que a él le parecía tan agradable como excitante, a lo que ella respondió que eso era otra barbaridad.
Sakura había vivido en un capullo de seda con las monjas. Llegó al convento cuando era una niñita y se fue de allí hecha una mujer. No se le había permitido hablar con nadie sobre los cambios que se operaban en su cuerpo, ni de los sentimientos que esos cambios involucraban. Sasuke se consideraba muy afortunado, porque la sensualidad de su esposa no se había destruido ni dañado. Tal vez la madre superiora no quiso hablarle de sexo, pero tampoco le había llenado la cabeza de temores tontos. La monja había elevado el concepto del acto matrimonial, usando eufemismos tales como «templo» y «rendir culto», e incluso, los términos «noble» y «válido», y por la actitud de Sakura, para ella no había sido degradante.
Su dulce esposa era como una mariposa que salía de su aislado refugio. Era probable que su propia sensualidad y respuesta apasionada la aterraran..
-Me siento afortunado porque esas monjas no te hayan llenado la cabeza de temores -señaló él.
-¿Y por qué habrían de hacerlo? -preguntó, obviamente confundida-. Los votos nupciales que hemos pronunciado son sagrados. Habría sido un pecado burlarse de un sacramento.
Sasuke se sentía tan complacido con ella que la estrechó fuerte entre sus brazos. Volvió a disculparse por omitir la explicación que hizo ella se preocupara inútilmente y después le contó exactamente por qué era natural que hubiera sangrado. No se detuvo allí. La madre superiora le había contado que un hijo era el resultado valioso y noble de tal unión. Sasuke le explicó cómo tenía lugar la concepción. Le habló de las diferencias cuerpo masculino y el femenino mientras le frotaba la espalda en un gesto espontáneo. La lección duró aproximadamente veinte minutos. Cuando Sasuke comenzó con la clase Sakura se sintió un poco avergonzada, pero al verlo hablar con tanta naturalidad sobre el tema fue perdiendo su timidez. Las referencias al cuerpo de un hombre despertaron tanta curiosidad en ella, que lo abrumó con preguntas. Pero él respondió a todas y cada una de ellas.
La princesa se alivió enormemente cuando Sasuke terminó. Se alejó un poco de él, pensando en darle las gracias por la conferencia, pero al ver el cálido brillo de sus ojos, olvidó lo que iba a decir. Entonces, lo besó.
-¿De verdad creíste que nosotros nunca...?
Sakura no lo dejó terminar.
-Estaba preocupada porque no pudiéramos.
-Te deseo ahora.
-Todavía estoy muy sensible -murmuró-. Y tú acabas de decirme que tardaría algunos días en sentirme mejor.
-Hay otras maneras de llegar al orgasmo.
El comentario llamó la atención de Sakura.
-Sí? -preguntó, y Sasuke asintió.
-Muchas maneras.
Por el modo en que él estaba mirándola, sintió un deseo incontenible. Experimentó un extraño cosquilleo en la boca del estómago y una urgencia inexplicable por acercarse más a él. Le rodeó el cuello con los brazos, pasó los dedos por su cabellera y le sonrió.
-¿Cuántas maneras?
-Cientas -exageró él.
Su sonrisa le indicó que estaba mintiendo. Ella le respondió de igual modo.
-Entonces tal vez tenga que tomar apuntes mientras tú me las explicas. No me gustaría olvidarme ninguna de ellas.
Sasuke rió.
-Las demostraciones prácticas son mucho más divertidas que tomar apuntes.
-Perdón milord, pero tiene visitas.
Sakura casi se levantó de un salto del regazo de Sasuke al escuchar la voz de Katazu. Sasuke no la dejó ir. Siguió mirando a su esposa mientras preguntaba al mayordomo.
-¿Quién es?
-Sir Morino.
-Caramba.
-¿No te agrada? -preguntó Sakura.
Sasuke suspiró. Levantó a Sakura de su regazo y se puso de pie.
-Claro que me agrada -contestó-. Dije eso porque no puedo posponer la entrevista con él. Tendré que atenderlo ahora. Katazu, hágalo subir.
El mayordomo se marchó para transmitir el mensaje al director. Sakura se volvió para irse, pero Sasuke le tomó la mano y la trajo de nuevo. La abrazó, inclinó la cabeza y le dio un prolongado beso. Tenía la boca caliente, mojada, exigente y cuando se retiró, ella estaba temblando de deseo. Esa respuesta tan desinhibida lo complacía terriblemente.
-Después -susurró, antes de dejarla ir.
La promesa de sus ojos no dejó dudas respecto de lo que sucedería entre ellos después. Sakura no confiaba en que le saliera la voz, por lo que simplemente asintió en silencio. Se volvió y salió del estudio. Le temblaron las manos cuando apartó su cabello del rostro, echándolo por detrás de los hombros, y se chocó contra la pared, mientras regresaba al pasillo. Suspiró por su estado lamentable. Todo lo que Sasuke tenía que hacer era mirarla para que ella se derritiera. Un beso y caía rendida a sus pies.
Era un pensamiento un poco excéntrico, pero muy real también. Tal vez, cuando tener esposo dejara de ser una novedad para ella, se acostumbraría a Sasuke. Ciertamente, tenía esa esperanza, pues no deseaba pasar el resto de sus días chocando con las paredes ni caminando como un zombi.
Tampoco quería dar todo por sentado en cuanto a él concernía. Esa idea la hizo sonreír. Sasuke nunca le permitiría ser negligente. Era un hombre exigente y lujurioso y si la noche anterior se tomaba como ejemplo, ella también poseía las mismas cualidades.
Sakura regresó al cuarto de Sasuke y se detuvo a mirar por una de las ventanas. Era un día glorioso y todo porque Sasuke la deseaba. Debió de haber estado perfecta la noche anterior, pensó. No había sido un elogio por compromiso, pues de ser así, no sentiría apetito por tenerla otra vez, tan pronto, ¿verdad?
Desear y amar no era lo mismo. Sakura comprendía la diferencia, pues se consideraba una mujer realista. Sí. Sasuke se había casado con ella por obligación. Ella no podía cambiar ese hecho. Tampoco podría lograr, que se enamorara de ella, por supuesto, pero creía que, con el tiempo, su corazón le pertenecería. Ya se habían hecho amigos, ¿no?
Sería un matrimonio sólido y fuerte. Ambos habían jurado ante Dios y los hombres ser marido y mujer hasta que la muerte los separara. Sasuke, era demasiado honesto para violar su promesa y, seguramente, en los años venideros, aprendería a quererla.
Sakura ya estaba enamorándose de él. De inmediato meneó la cabeza. No estaba preparada para pensar en sus sentimientos.
Su propia vulnerabilidad la asustaba. El matrimonio, decidió, era mucho más complejo de lo que jamás había imaginado.
-Princesa Sakura, ¿la molesto mucho si cambio las sábanas?
Ella se volvió y sonrió a Katazu.
-Será un placer ayudarlo.
El mayordomo reaccionó como si ella acabara de insultarlo. Pareció atónito. Ella se echó a reír.
-Sé cómo se cambian las sábanas, Katazu.
-Realmente ha...
Estaba demasiado asombrado para continuar. Y su comportamiento resultó desconcertante a los ojos de Sakura.
-En el sitio donde vivía antes de venir a Inglaterra, yo era responsable de mi ropa y de mi cuarto. Si quería darme el lujo de tener las sábanas limpias, yo misma tenía que cambiarlas.
-¿Quién exigiría semejante cosa a una princesa?
-La madre superiora -contestó-. Yo vivía en un convento y no recibía ningún trato especial. Me sentía feliz de que no me consideraran diferente.
Katazu asintió.
-Ahora comprendo por qué no está malcriada -señaló-. Lo dije como un... cumplido -agregó, tartamudeando.
-Gracias -contestó ella.
El mayordomo se precipitó hacia la cama y empezó a desdoblar las sábanas.
-Ya he cambiado las de su cama, princesa. Se la abriré después de la cena.
Su explicación la confundió.
-¿Y por qué va a tomarse esa molestia? Voy a dormir en esta cama, con mi esposo.
Katazu no advirtió la preocupación en su tono de voz. Estaba muy ocupado colocando perfectamente la sábana de abajo.
-Milord me dijo que dormiría en su cuarto.
Esa explicación ambigua la confundió más todavía. Sakura se dio la vuelta y fingió mirar por la ventana para que Katazu no pudiera leer su expresión. Dudaba poder disimular el dolor que se translucía en sus ojos.
-Entiendo -dijo, pues no se le ocurrió nada más inteligente-. ¿Sasuke explicó por qué?
-No -respondió Katazu. Se enderezó y se dirigió al otro lado de la cama-. En Inglaterra, la mayoría de los matrimonios duermen separados. Y en esta casa se sigue la tradición.
Sakura empezó a sentirse mejor. Luego, Katazu continuó con la explicación.
-Por supuesto, el hermano de Sasuke, Itachi, no sigue esas reglas. Jūgo es el mayordomo del marqués y también mi tío -agregó con una nota, de orgullo en su voz-. Una vez se le escapó, sin querer, que su señor y su esposa jamás duermen separados.
Al instante volvió a deprimirse. Era lógico que Itachi y Izumi durmieran en la misma cama, pues se amaban. Apostaba a que los duques también compartirían la misma cama, pues ellos también tenían un gran afecto mutuo.
Irguió los hombros. No le preguntaría a Sasuke por qué no la deseaba en su lecho. Después de todo, ella también tenía su orgullo. Sasuke dejaba entender a las claras lo que pensaba del matrimonio. Primero, se cortó el cabello y ahora, la dejaría dormir sola. Que así fuera, decidió ella. Ciertamente, no se sentiría herida. No, por supuesto que no. Sería una incomodidad compartir la cama. No necesitaba de su calor por las noches y tampoco echaría de menos dormir entre sus brazos.
Las mentiras no estaban dándole resultado. Por fin, Sakura dejó de consolarse. Decidió que tendría que ocuparse de algo para distraer su mente.
Katazu terminó de hacer la cama. Ella lo siguió hasta el vestíbulo. La puerta del estudio estaba cerrada. Sakura esperó hasta haber pasado la entrada para preguntarle al mayordomo cuánto tiempo estimaba que Sasuke estaría en esa conferencia.
-El director llegó con un montón de papeles -dijo Katazu-. Seguramente pasara más de una hora antes que terminen.
Katazu se equivocó en el cálculo por varias horas. Eran más de las dos de la tarde cuando subió la bandeja con la comida que la cocinera había preparado. Volvió a bajar y dijo a Sakura que los hombres aún estaban revisando la documentación.
Sarutobi había programado entrevistarla a las tres y Sakura estaba apresurándose a leer la correspondencia que ella y su esposo habían recibido esa mañana. Había más de cincuenta cartas de felicitaciones y otras tantas invitaciones que debía seleccionar. Sakura las había dividido en distintas pilas y había confeccionado listas para cada una de ellas. Entregó a Katazu la pila de invitaciones que rechazaría, mientras escribía otra nota a Chishima Yoshino, rogándole le concediera una hora de su tiempo para conversar sobre su hermana.
-Debo hablar con milord para solicitarle permiso para contratarle una dama de compañía y una secretaria para todo el día -señaló Katazu.
-No -se opuso Sakura-. No necesito a ninguna de las dos, a menos que a usted no le agrade ayudarme de vez en cuando, Katazu. Sasuke está muy ocupado construyendo su empresa propia y no tenemos que ocasionarle gastos innecesarios.
La vehemencia de su voz informó al mayordomo que se enfadaría bastante si decidía hablar con Sasuke al respecto a sus espaldas. Asintió en silencio.
-Qué bueno que sea tan comprensiva por el estado financiero de su esposo. No seremos pobres por mucho tiempo -agregó con una sonrisa.
No lo eran en ese momento tampoco, pensó Sakura. Si Sasuke aceptara usar el dinero de ella.
-Su señor es muy obstinado -murmuró.
Katazu no entendió el por qué de ese comentario. Llamaron a la puerta. El mayordomo se excusó para ir a atender.
Hidan Jashin entró en el vestíbulo. Vio a Sakura en el comedor y se volvió para sonreírle.
-Felicidades, princesa. Acabo de enterarme de su boda. .Les deseo una inmensa dicha.
Sakura hizo ademán de ponerse de pie, pero Hidan le indicó que se quedara sentada, explicando que ya llegaba tarde para reunirse con Sasuke y el director.
En realidad era un caballero encantador. Hizo una reverencia y se volvió hacia el mayordomo para seguirlo hasta el estudio. Sakura lo observó hasta que desapareció de su vista y meneó la cabeza. Sasuke se había equivocado. Hidan Jashin no era patizambo.
Pasaron otros veinte minutos más y luego sir Morino y Hidan bajaron juntos. Intercambiaron algunos saludos formales con Sakura y se marcharon. Sarutobi entraba justo en el momento en que los dos hombres se iban.
-Estoy casi alarmado, princesa -anunció Sarutobi, nada más pasar por los saludos pertinentes-. ¿Hay algún lugar donde podamos conversar en privado?
Ebisu y Genma estaban parados en el vestíbulo con Katazu. Los guardias aparecían a toda prisa cada vez que entraba una visita en la casa. Sakura creía que la custodia ya no era necesaria, pues al ser una mujer casada, estaba fuera del alcance del general. Pero sabía que los guardias seguirían cumpliendo sus funciones hasta que los despidieran. Sin embargo, ella no les permitiría irse de su casa hasta que no les encontrara un puesto adecuado en Londres. Ebisu y Genma le habían dicho claramente que su deseo era el de permanecer en Inglaterra y Sakura estaba decidida a acomodarlos de alguna, manera. Era lo menos que podía hacer por hombres tan leales como ellos.
-¿Entramos al salón? -sugirió Sakura al agente.
Sarutobi asintió. Esperó a que la princesa pasara a su lado y luego se dirigió a Katazu.
-¿Sir Uchiha está en casa hoy? -preguntó.
Katazu asintió. Sarutobi pareció aliviado.
-¿Le importaría ir a buscarlo por mí? Creo que querrá escuchar estas importantes noticias.
El mayordomo se volvió y subió corriendo las escaleras para cumplir el requerimiento. Sarutobi entró en el salón y se sentó frente a Sakura.
-Su expresión denota gravedad -dijo ella. Puso las manos sobre su falda, y sonrió al agente-. ¿Tan terribles son las novedades, señor?
-Tengo dos malas noticias -admitió Sarutobi-. Lamento mucho tener que molestarla el segundo día tras su boda. -Suspiró antes de continuar.- Mi contacto acaba de informarme que una parte sustanciosa de su dinero, mejor dicho, todo lo que tiene en la cuenta en su tierra natal, no será transferida, princesa. Al parecer, un general llamado Garō ha hallado la manera de confiscar su fortuna.
Sakura casi no reaccionó ante la noticia. Estaba ligeramente confundida por la explicación de Sarutobi.
-Tenía entendido que el dinero ya había sido transferido al banco en Austria -dijo ella-. ¿Entendí mal?
-Sí, fue transferido -respondió Sarutobi.
-El general Garō no tiene jurisdicción allí.
-Sus tentáculos tienen gran alcance, princesa.
-¿Realmente extrajo el dinero de la cuenta o la congeló?
-¿Qué diferencia hay?
-Por favor, contésteme y después le explicaré mis motivos.
-La cuenta fue congelada. El banco no dejaría a Garō tocar el dinero, pero como este individuo, tan falto de moral, intimidó a los funcionarios, se decidió rechazar la transferencia al banco de Inglaterra.
-Vaya problema -dijo Sakura.
-¿Problema? Princesa, yo lo llamaría desastre. ¿No tiene idea de la cantidad de dinero que está muerto en esa cuenta bancaria? La mayor parte de su fortuna.
Sarutobi parecía estar a punto de echarse a llorar y ella trató de tranquilizarlo.
-Todavía tengo lo suficiente como para vivir cómodamente -le recordó-. Gracias a sus inteligentes inversiones, nunca, seré una carga para nadie y menos para mi esposo. Sin embargo,, estas noticias me confunden. Si el general creía que me casaría con él, ¿por qué habría de...?
-Sabía que usted abandonaría el convento -explicó Sarutobi-. Y me imagino que también sospecharía que trataría de huir de él. Busca castigarla, princesa, por haberlo desafiado.
-La venganza siempre es un grato motivo.
Sasuke hizo el comentario desde la entrada. Sakura y Sarutobi volvieron para mirarlo. El agente se puso de pie. Sasuke se volvió, cerró las puertas y fue a sentarse junto a Sakura en el sofá. Hizo un gesto a Sarutobi para que volviera a ocupar su lugar.
-No hay nada de grato en una venganza, Sasuke -le contravino Sakura.
Volvió a mirar al agente.
-Creo que sé cómo podríamos hacer para extraer esos fondos. Escribiré a la madre superiora dándole un cheque a nombre por la cantidad total. Los banqueros pueden estar muy intimidados por el general, pero la superiora los aterrará cuando se presente a cobrar. Oh, sí, realmente creo que esa es la salida, Sarutobi. La Sagrada Cruz necesita ese dinero. Yo no.
Sasuke meneó la cabeza.
-Tu padre trabajó mucho para hacer su fortuna. No quiero que la regales.
-¿Para qué la necesito? -preguntó ella.
Sarutobi dijo de cuánto dinero se trataba. Sasuke se quedó sin habla. Sakura se encogió de hombros.
-Se destinará a una buena causa. Mi padre estaría de acuerdo. La madre superiora y las otras monjas cuidaron de mi madre cuando estuvo enferma. Fueron muy cariñosas conmigo. Sí, mi padre estaría de acuerdo. Escribiré la carta y firmaré ese cheque antes usted se vaya, Sarutobi.
Sakura se volvió a su esposo Sin embargo él no estaba para nada complacido con la determinación que ella había tomado, pero ella le agradeció secretamente que no discutiera el asunto.
-En cuanto al barco, princesa -prosiguió Sarutobi-. Han aceptado sus términos y la fecha de llegada.
-¿Qué barco? -preguntó Sasuke.
Sakura se apresuró a cambiar de tema.
-Dijo que había otra mala noticia, Sarutobi. ¿Cuál es?
-Primero explicará lo del barco -insistió Sasuke.
-Se suponía que sería una sorpresa -murmuró ella.
-¿Sakura? -Sasuke no iba a conformarse con evasivas.
-Cuando estuve en la biblioteca de tu padre, por casualidad, leí algo sobre una maravillosa invención nueva. Se llama barco a vapor, Sasuke, y puede cruzar el Atlántico en sólo veintiséis días. ¿No es sorprendente? -añadió-. Vaya, si mi carta para la madre superiora llegará en tres meses, si no más.
Sasuke asintió. Por supuesto que ya sabía lo de la nueva invención. Él y su socio ya habían discutido la posibilidad de comprar uno para agregarlo a la flota. Sin embargo, el importe les resultó prohibitivo y la idea quedó en suspenso.
-Y tú compraste uno, ¿verdad? -gritó Sasuke con enfado. No dio tiempo a Sakura para contestar, volvió su mirada ceñuda y su enfado al agente-. Cancele el pedido -le ordenó.
-No puedes decirlo en serio -gritó Sakura con evidente desazón. De pronto se enojó tanto con Sasuke que tuvo ganas de golpearle. El barco a vapor incrementaría considerablemente sus ganancias y él, obcecadamente, estaba rechazándolo sólo porque el dinero para comprarlo provenía de la herencia de Sakura.
-Lo digo muy en serio -gruñó. Estaba furioso con ella porque le había dicho ya, muy claramente, que no tocaría ni un penique de su fortuna y ella, abiertamente, había desoído su determinación.
El modo en que apretó la mandíbula le indicó que no aceptaría discusiones. Sakura estaba a punto de decir al agente que cancelara el pedido cuando Sarutobi intervino.
-Me resulta difícil entender –señaló. Sir Uchiha, ¿está diciéndome que rechazará el regalo de bodas del tío Heki de la princesa? Creo que es habitual recibir obsequios.
-¿Y quién es tío Heki?
Sasuke le formuló la pregunta a Sakura. No sabía qué hacer. Si le decía la verdad, que tío Heki no existía, Sarutobi se sentiría insultado. Probablemente, también se negaría a seguir haciendo negocios con ella y no quería echar a perder una relación tan buena como la que mantenían.
Pero tampoco quería engañar a su esposo.
La verdad triunfó.
-No es mi tío -comenzó.
Sarutobi, entusiasta la interrumpió.
-Pero le agrada creer que lo es -intervino-. Es un amigo de la familia. Vaya, hace años que lo conozco y, además, he hecho muchas ganancias gracias a sus inversiones. Verá, Heki maneja parte de los bienes de su esposa y creo que se sentiría ofendido si usted no aceptara su obsequio.
La mirada de Sasuke se posó en Sakura. Su expresión no le dijo nada. Parecía muy serena. Sin embargo, sus manos contaban una historia diferente. Las tenía muy apretadas en la falda. Algo no estaba del todo bien, pero Sasuke no podía acertar qué era.
-¿Por qué no me has mencionado a este tío Heki? ¿Y por qué no ha sido invitado a la boda?
Después de todo, Sakura tendría que mentir. La verdad no haría bien a nadie.
Sakura imaginó a la madre superiora meneando la cabeza disgustada. Trató de borrar esas imágenes. Más tarde tendría mucho tiempo para sentirse culpable.
-Pensé que te había hablado de tío Heki -dijo ella, mirándole el mentón mientras le mentía-. No habría venido a la boda porque nunca va a ninguna parte. Tampoco recibe visitas -agregó.
-Es un ermitaño, como verá -intervino Sarutobi-. Sakura es la única conexión que tiene con el mundo exterior. No tiene familia, ¿verdad, princesa? Si su preocupación es por el importe del regalo, quédese tranquilo. Puede pagarlo, sir Uchiha.
-¿Hace años que conoce a ese hombre, Sarutobi? -preguntó Sasuke.
-Sí, por supuesto.
Sasuke se reclinó en los cojines del respaldo. Sabía que probablemente, debía una disculpa a Sakura por haber llegado a una conclusión errónea. Decidió hacerlo más tarde, cuando estuvieran a solas.
-Dale las gracias de mi parte, en tu próxima carta -dijo Sasuke a Sakura.
-Entonces, aceptas...
Sakura interrumpió la pregunta al ver que Sasuke meneaba la cabeza.
-Fue muy considerado de su parte, pero demasiado extravagante. Yo, o mejor dicho, nosotros, no podemos aceptarlo. Sugiérele alguna otra cosa.
-¿Como por ejemplo?
Sasuke se encogió de hombros.
-Ya se te ocurrirá algo -le dijo-. ¿Cuál era el otro tema que había que tratar?
Sarutobi parecía incómodo. Comenzó a hablar y de pronto se detuvo. Mientras se pasaba los dedos por la cabellera cana, carraspeó. Luego continuó
-Ha surgido una situación muy delicada -anunció-. Se trata de algo muy desagradable.
-¿Sí? -urgió Sasuke al ver que no continuaba.
-¿Alguno de ustedes está familiarizado con la Ley de Vida del año 1774?
No dio tiempo a que ninguno de los dos contestara.
-Nadie presta mucha atención a la legislación en estos días. Se dictó hace mucho ya.
-¿Con qué propósito? -preguntó Sakura sin entender.
-Se ha descubierto algo vergonzoso -explicó Sarutobi-. Ciertos individuos sin moral aseguraron la vida de una persona y luego contrataron a alguien para que la asesinara. De ese modo, se hicieron acreedores a los beneficios del seguro. Sí, es vergonzoso pero cierto, princesa.
-¿Pero qué tiene esto que...?
Sasuke la interrumpió.
-Dale tiempo para que se explique, Sakura.
Ella asintió.
-Sí, por supuesto -murmuró.
Sarutobi miró a Sasuke.
-No muchas firmas prestan atención a esa ley ya. Tuvo sus propósitos, verá... por un tiempo. Sin embargo, me llama la atención que se haya hecho un seguro de vida sobre la persona de su esposa. La póliza tiene fecha de ayer, en horas de la tarde y el importe del seguro es bastante alto.
Sasuke soltó una maldición. Sakura se apoyó en él.
-¿Quién haría algo así? ¿Y por qué?
-Hay estipulaciones -añadió Sarutobi, asintiendo-. Y un tiempo de cumplimiento, también.
-Escuché que se pagó un seguro de vida por Napoleón, pero sólo por un mes -dijo Sakura-. Y el duque de Westminster también aseguró su caballo. ¿A eso se refiere cuando habla de un tiempo de cumplimiento, Hiruzen?
El corredor de bolsa asintió.
-Sí, princesa. A eso, precisamente.
-¿Quien suscribió la póliza? -preguntó Sasuke, exasperado.
-¿Fue el Lloyd's de Londres? -aventuró Sakura.
-No -contestó Sarutobi-. Tienen demasiada fama como para involucrarse en operaciones tan vulgares. Morton e Hijos se encargaron de la suscripción. Ellos son los culpables, claro. Aceptan cualquier contrato con tal de que la suma sea sustanciosa. Yo no hago negocios con ellos -agregó-. Pero un amigo mío opera con ellos y fue el que me dio la noticia. Gracias a Dios me encontré con él por casualidad.
-Hábleme de los detalles -demandó Sasuke-. ¿Cuál es el límite de tiempo?
-Un mes.
-¿Quién se beneficia si ella muere?
-El hombre que contrató la póliza quiere permanecer en el anonimato.
-¿Y puede hacerlo? -preguntó Sakura.
-Sí -contestó Sarutobi-. Su tío Heki hace exactamente lo mismo al firmar con sus iniciales y no tendría que hacerlo si no quisiera, princesa. A los suscriptores se les hace jurar que guardarán el secreto.
El agente siguió hablando con Sasuke.
-Hasta el momento, amigo mío, no he podido saber quién está detrás de esta perversa maniobra. Sin embargo, apuesto a que se trata del mismo canalla que bloqueó los fondos de la cuenta bancaria.
-¿El general Garō? No puede ser -contradijo Sakura-. Hace un día que Sasuke y yo nos casamos. No puede haberse enterado tan pronto.
-Precauciones -especuló Sarutobi.
Sasuke entendió lo que Sarutobi trataba de explicar a Sakura. Rodeó a su esposa con el brazo, la apretó cariñosamente y dijo.
-Probablemente, dio órdenes a uno de los hombres que mandó por ti. Está divirtiéndose, esposa. Es un maldito perdedor. Obviamente sabía que no querías casarte con él. Te escapaste a plena noche de ese convento.
-Es muy cruel, ¿verdad?
A Sasuke se le ocurrieron un centenar de descripciones más adecuadas.
-Sí, es cruel -coincidió para complacerla.
-Hiruzen, ¿hablaba en serio cuando dijo que Morton e Hijos son capaces de suscribir cualquier tipo de póliza?
-No me refería a pólizas, princesa, sino a contratos -corrigió Sarutobi.
-¿Cuál es la diferencia?
-Su esposo podría asegurar el barco -contestó-. Concertaría una póliza para protegerlo contra cualquier catástrofe. Pero un contrato es una operación completamente diferente. Por lo menos, los documentos que Morton e Hijos suscriben son diferentes -agregó en un murmullo-. No es más que una especie de apuesta, oculta bajo el disfraz de un seguro, que toma esa forma para no violar los requisitos de la Ley de 1774. Ahora, como respuesta a su pregunta, sí, hacen todo tipo de apuestas. Recuerdo una en particular. Todo Londres habló de esa operación. La esposa del marqués de Covingham le dio un hijo y de inmediato se hizo un contrato asegurando la vida del bebé durante un año. La cantidad era elevada, y sólo se podía pagar en caso de muerte del niño.
-¿Quiere decir que el contrato pudo haberse redactado justamente por lo opuesto? ¿Pagar si el niño vivía?
-Sí, Princesa -contestó Sarutobi-. Todos se quedaron asombrados, por supuesto. El marqués estaba furioso. Las especulaciones fueron in crescendo a lo largo de ese año, pues si bien la persona que suscribe el contrato puede permanecer en el anonimato en el momento de la redacción del mismo, su identidad se conoce cuando se presenta a cobrar el dinero. Debe acudir personalmente a Morton e Hijos y firmar el documento. No puede mandar un representante.
-Entonces sabremos, dentro de un mes, si el general Garō está detrás de este contrato -dijo Sakura.
Sasuke meneó la cabeza.
-Se pagará sólo si tú mueres, ¿lo recuerdas? Y como permanecerás sana y salva, el general no cobrará nada. No tendrá motivos para venir a Inglaterra.
Ella asintió.
-Sí, por supuesto. ¿Sarutobi? ¿El niño murió o no? -preguntó, con la idea fija aún en la historia que había escuchado sobre el marqués de Covingham.
-Vivió.
-¿Y qué pasó con el contrato?
-Hasta el día de hoy, nadie sabe -contestó-. Princesa, me alegra saber que toma esta noticia con tanta calma. -agregó.
Sasuke esbozó una sonrisa. Sakura realmente sabía ocultar muy bien sus emociones. Pero a él no lograba engañarlo, pues la sentía temblar entre sus brazos. Sin embargo, la expresión de la muchacha se mantuvo inalterable, serena.
Sasuke sabía cómo se sentía en realidad.
-Ella no tiene razones para preocuparse -dijo él-, pues sabe que yo la protegeré. Hiruzen quiero que siga indagando hasta averiguar quién está detrás de todo esto -le ordenó-. Pensamos que se trata del general, pero quiero pruebas concretas.
-Sí, por supuesto.
-Me pregunto si alguien en Londres se habrá enterado de este contrato -dijo Sakura-. De haber sido así, se podría haber hecho alarde de...
-De haber sido así, yo me habría enterado -le aseguró Hiruzen -. Sin embargo, yo no me haría muchas ilusiones con que alguien se haya percatado de la existencia del contrato, sobre todo, con el escándalo fresquito que está corriendo por allí.
-¿De qué escándalo habla? -preguntó Sakura, con curiosidad.
-Vaya, de la cuestión en la que está involucrado el vizconde de Talbot, por supuesto. Fue su esposa la que originó todo este escándalo. Lo abandonó. Impresionante, ¿no?
Sasuke nunca había escuchado semejante barbaridad. Por lo que él sabía, los maridos y sus esposas permanecían juntos hasta que la muerte los separara, por mala que fuera la relación entre ellos.
-Tiene que haber otra explicación -dijo.
-¿Conoces al vizconde? -preguntó la princesa a su esposo.
-Sí, fue con mi hermano a Oxford. Es un buen hombre. Lo más probable es que lady Roberta se haya ido a su casa de campo unos días. Ya sabemos que la alta sociedad siempre está a la pesca de algo que les dé motivos para chismorrear.
Sarutobi estuvo de acuerdo.
-Yo me enteré por lord Thornton y soy el primero en reconocer que al hombre le encantan los chismes. Sin embargo, la verdad está a la vista de todos. Lady Roberta parece haberse esfumado. El vizconde está muerto de preocupación.
Sakura sintió un escalofrío.
-¿Que se esfumó? -murmuró.
-Volverá -dijo Sarutobi de inmediato, cuando vio la creciente preocupación de la princesa-. Apuesto a que han tenido una de esas riñas conyugales y que ella decidió castigarlo de este modo. En un par de días, saldrá de su escondite.
Se puso de pie. Sasuke lo acompañó hasta el vestíbulo. Pero la voz de Sakura los detuvo.
-Hiruzen, Morton e Hijos son capaces de suscribir cualquier contrato, siempre y cuando la suma sea lo suficientemente alta, ¿verdad?
-Sí, princesa.
Sakura sonrió a Sasuke.
-Mi querido esposo, quiero que me demuestres que tienes intenciones de protegerme.
Se atrevió a mantener la sonrisa en los labios, aun después de haberlo insultado de esa manera. Sasuke se dio cuenta de que estaba tramando algo, pero no tenía ni la menor idea de lo que era.
-Solicita que se celebre un contrato sobre mi persona, y siendo tú el beneficiario. La suma y el plazo tienen que ser exactos a los del otro.
Sasuke ya había empezado a negar con la cabeza antes de que ella terminara la frase.
-Es un plan muy inteligente -contradijo ella-. Y deja ya de sacudir la cabeza.
-¿Y la póliza cubrirá tu vida o tu muerte, Sakura?
Ella lo miró disgustada.
-Mi vida, por supuesto.
Volvió su atención a Sarutobi.
-Sé que no le agrada hacer operaciones comerciales con Morton e Hijos, pero le ruego que esta vez se encargue de esta transacción en particular.
-Todavía no he dado mi consentimiento a esta...
-Por favor, Hiruzen -insistió Sakura, desatendiendo las protestas de su esposo.
-Entonces quiere que aparezca el nombre de su marido en ese contrato, ¿para que se entere todo el mundo? -preguntó Sarutobi.
-Sí, por supuesto.
-Tendrá que pagar una prima muy alta y dudo que haya alguien que quiera firmar con sus iniciales junto a las suyas -dijo Sarutobi a Sasuke.
-Una vez me dijo que el Lloyd's de Londres sería capaz de asegurar un barco que se hunde en cualquier momento, siempre y cuando la suma de dinero involucrada sea lo suficientemente interesante -le recordó Sakura-. Estoy segura de que Morton e Hijos, que tienen fama de apostadores, se abalanzarían para aprovechar una oportunidad como esta, que dejaría una jugosa ganancia.
-Tal vez... si estuviera casada con cualquier otro hombre que no fuera sir Uchiha, eso sería verdad. Sin embargo, su esposo se ha ganado una fama que desbaratará sus planes, princesa. Nadie apostará contra él.
-¿Por qué? -preguntó ella.
Sarutobi sonrió.
-Su esposo se ha convertido en una especie de leyenda. Le temen en todos los círculos de nuestra sociedad. Verá, su trabajo, para el Departamento de Guerra...
-Suficiente, Sarutobi -lo interrumpió Sasuke-. Está preocupando a mi esposa.
El agente se disculpó de inmediato.
-¿Entonces trato de encontrar a alguien que sea capaz de suscribir el contrato, sir Uchiha?
-Llámelo por su nombre -dijo Sasuke-. Una apuesta.
-Si tuvieras dudas con respecto a tu capacidad para protegerme, entonces comprendería por qué te niegas a arriesgar por mí el dinero que te has ganado con el sudor de tu frente...
-Sabes perfectamente bien que puedo protegerte, maldita sea -gruñó Sasuke-. Para ser totalmente sincero, Sakura, te diré que cualquier otra mujer en tu lugar estaría llorando desesperadamente al saber que alguien ha apostado a por su muerte, pero tú...
-¿Sí?
Sasuke meneó la cabeza y finalmente admitió su derrota, aunque no de buen talante.
-Hágalo, entonces -barbulló a Sarutobi-. Si mi esposa desea que todo Londres se entere de que existen dos contratos en circulación, pues démosle el gusto.
Sakura sonrió.
-¿Sabes, Sasuke? En realidad, estás apostando en favor de tus propias habilidades para protegerme. Es divertido y, a la vez, creo que te beneficiaría económicamente. No tendrías que mostrarte tan obstinado en esto. De todas maneras, tengo fe en ti y por lo tanto, no veo razones para preocuparse.
Sakura no esperó a oír la respuesta de su esposo sobre sus opiniones. Se despidió de su agente y subió.
Katazu apareció entre las sombras. Esperó a que Sarutobi se marchara de la casa y se apresuró hacia su señor.
-¿No está demasiado preocupada, verdad?
-¿Qué ha oído?
-Todo.
Sasuke meneó la cabeza.
-Su tío estaría complacido. Ha heredado todos sus malos hábitos.
-Gracias, milord. La lealtad de su princesa debe de ser un halago para usted.
Sasuke sonrió. No contestó a su sirviente y se dirigió hacia las escaleras. Mientras subía, las palabras de Katazu hicieron eco en su mente. Mi princesa, pensó. Sí, Sakura era su princesa ahora y, Dios, cuánto lo complacía esa idea.
