CAPÍTULO 10

Sasuke la enfurecía. Tuvieron la primera pelea esa misma noche. Sakura se había acostado temprano, pero como no podía dormir, se había puesto a trabajar en la lista de actividades que tendría que cumplir al día siguiente. Estaba en su propio cuarto, por supuesto, porque según Katazu, era allí donde Sasuke quería que ella durmiera. Desesperadamente, trataba de no molestarse por el hecho de que su esposo fuera un cerdo insensible. No podía hacer nada para cambiarlo, ¿no? Después de todo, el matrimonio entre ellos no había sido por amor y si Sasuke quería que durmieran separados, bueno, tenía que darle el gusto. Sin embargo, no estaba contenta. Se sentía vulnerable -y asustada también-, aunque no podía adivinar por qué se sentía de ese modo.

Intentó comprender lo que estaba sucediéndole. Por fin decidió que su inseguridad se debía a que Sasuke la había dejado en una situación muy débil en cuanto al pacto que habían acordado. Pero después negó la teoría con un movimiento de la cabeza. ¿Y qué tenía que negociar ella con él? Si su esposo había rechazado todo lo que ella tenía para ofrecer.

Dios la ayudara, pero comenzaba a autocompadecerse. La madre superiora, en una de sus clases cotidianas, le había enseñado que, en ocasiones, los hombres y las mujeres desean tener cosas que no pueden alcanzar. La envidia, según ella, era seguida de los celos y una vez que esa pecaminosa emoción tomaba las riendas de la situación, todo lo que podía esperarse era angustia y desesperación. Los celos quemaban, ardían, consumían, hasta el punto en que ya no quedaba espacio para el amor, ni la dicha ni la felicidad de ningún tipo.

-Pero yo no estoy celosa -murmuró para sí. Aunque sí sentía envidia y suspiró suavemente al admitir esa verdad. Ya estaba envidiosa del matrimonio feliz que unía al hermano de Sasuke y a su esposa. Y, Dios Santo, ¿eso implicaba que pronto se convertiría en una regañona celosa y que sería desgraciada el resto de sus días?

Decidió entonces que el matrimonio era un asunto complicado.

Sasuke no tenía tiempo para eso. Inmediatamente después de la cena se había metido en su estudio para trabajar con sus cuentas. Tener una esposa no le cambiaría los hábitos. Estaba construyendo su imperio y nadie, mucho menos una esposa no deseada, iba a interferir en sus planes. Sasuke no había tenido que molestarse en sentarse con ella para explicárselo todo. Sus acciones hablaban por él.

Sakura no estaba irritada por su actitud. De hecho, aprobaba que estuviera tan dedicado a su trabajo. Tampoco tenía dudas. Sasuke lograría alcanzar sus objetivos laborales y económicos. Era fuerte, terriblemente inteligente y maravillosamente disciplinado.

Ella no tenía intenciones de interponerse en su camino. Tampoco lo distraería. Lo único que le faltaba a Sasuke era una esposa pesada que lo persiguiera por todas partes. Sin embargo... por las noches, cuando el trabajo del día estaba terminado, la princesa deseaba que él sintiera la necesidad de estar con ella. Sería bello quedarse dormida entre sus brazos, sentirlo presionado contra su cuerpo durante las oscuras horas de la noche. Le agradaba el modo en que la besaba, la manera en que la tocaba...

Sakura suspiró a modo de queja. Jamás lograría concentrarse en su lista si no dejaba de soñar despierta con su esposo. Trató de zafarse de las garras del hechizo y de concentrarse en su tarea.

Ya era casi medianoche cuando Sasuke entró en la habitación de su esposa por la puerta que comunicaba ambos cuartos. Llevaba puestos pantalones negros, pero se los quitó, aun antes de llegar a un lateral de cama.

Se desenvolvía con mucha naturalidad ante su propia desnudez. Ella trató de actuar de la misma manera.

-¿Has terminado de trabajar con tus cuentas?

Sakura hizo esa pregunta sin mirarle. Tenía las mejillas muy coloradas y su voz sonó entrecortada, como si alguien estuviera estrangulándola mientras hablaba.

Sasuke sonrió.

-Sí -contestó-. Estoy completamente al día ahora.

-¿Al día con qué?

Sasuke trató de no reírse.

-Sakura, no hay razón para sentirse avergonzada.

-No estoy avergonzada.

Sakura logró mirarlo a los ojos mientras le mentía. Sasuke pensó que era un adelanto. Retiró las mantas y se acostó. Ella se apresuró a quitar los papeles que había en el lecho.

Sasuke se recostó en el respaldo de la cama y suspiró. Estaba dándole tiempo, deliberadamente, para tranquilizarse. Pensó que si Sakura se ponía aun más colorada se encendería como una mecha. Le temblaban las manos mientras recogía los papeles. El no sabía por qué ella reaccionaba con tanto nerviosismo ante su presencia, pero sí advirtió que tendría que esperar para hacerle esa pregunta. Los interrogatorios sólo empeorarían la situación.

-¿Tienes frío?

-No.

-Te tiemblan las manos.

-Bueno, tal vez tenga un poco de frío. Todavía tengo el cabello mojado por el baño que he tomado, no me lo he secado.

Sasuke extendió la mano para colocarla sobre la nuca de su esposa. Al sentir la tensión en ella, comenzó a darle masajes para relajarla. Sakura cerró los ojos y suspiró de placer.

-¿En qué estabas trabajando? -le preguntó él.

-En las listas de mis actividades para mañana. Hice una para Katazu, otra para la cocinera, una para Genma, una para Ebisu y varias para mí. Oh, y la lista maestra, por supuesto. Acabo de concluirla.

Cometió entonces el error de volverse para mirarlo, pues el hilo de sus pensamientos salió volando por la ventana. Ni siquiera podía recordar si había terminado o no con la explicación que estaba dándole.

Y todo era culpa de Sasuke. Si no hubiera tenido unos ojos tan hermosos, si no hubiera sido dueño de una sonrisa maravillosa y si sus dientes no hubieran sido tan blancos como indudablemente serían los de Dios, ella no se habría detenido a contemplar esos detalles y tampoco se habría olvidado de lo que estaba diciendo y pensando. Cerrar los ojos de nada le serviría. Todavía seguiría percibiendo el calor de su cuerpo cerca del suyo, su fragancia limpia y masculina. Todavía...

-¿Cuál es la lista maestra?

-¿Qué?

Sasuke sonrió.

-Una lista maestra -repitió.

Sasuke sabía que ella estaba en otro mundo y él disfrutaba de su trastorno, como indicaba su amplia sonrisa. Eso ayudó a Sakura a recuperar un poco su compostura.

-Es una lista de todas mis listas -le explicó.

-¿Haces una lista de todas tus listas?

-Sí, por supuesto.

Él se echó a reír. La cama empezó a sacudirse por sus carcajadas. Al instante, ella se molestó por semejante actitud.

-Sasuke, las listas son la clave de una buena organización.

Su voz se oyó cargada de autoridad. Como hablaba con tanta sinceridad, Sasuke trató de controlar su ataque de risa.

-Entiendo -le dijo-. ¿Y dónde aprendiste esa cosa tan importante?

-La madre superiora me enseñó todo lo que necesitaba saber para lograr una buena organización.

-¿Y fue tan detallista como cuando te explicó lo de la intimidad...!

Ella no le permitió terminar.

-Fue mucho más que detallista. Le resultó muy difícil hablar de... lo otro. Después de todo, es monja e hizo votos de castidad hace años. Puedes comprender su reticencia, ¿verdad? Ella no tenía mucha experiencia.

-No, me imagino que no tendría experiencia alguna.

Sasuke ocupaba toda la cama. Sakura se iba apartando cada vez más hacia un lado para dejarle más lugar a sus piernas y él seguía... invadiendo hasta hallar una posición cómoda. Se desperezó, bostezó y muy pronto ocupó todo el lecho.

También tomó los papeles de Sakura. Los colocó sobre la mesa de noche, sopló las velas y se volvió hacia ella.

La princesa puso ambas manos sobre su falda y se ordenó tranquilizarse.

-Sin organización, viviríamos en la anarquía.

Fue una estupidez decirlo, pero no se le ocurrió hacer ningún otro comentario mejor. Se moría por preguntarle por qué se había metido en su cama. ¿Se quedaría a dormir en su cuarto toda la noche? No, se contestó. Eso no tenía ningún sentido. Su cama era mucho más grande y más cómoda también.

Entonces decidió sacar el tema de cómo dormirían en lo sucesivo. Ya estaba más tranquila y dominaba completamente la situación. Después de todo, Sasuke era su esposo y ella podía preguntarle cualquier cosa, por personal que fuera el tema.

Un trueno retumbó a lo lejos. Sakura estuvo a punto de caerse de la cama. Sasuke la sujetó a tiempo y la atrajo hacia sí.

-¿Los truenos te ponen nerviosa?

-No -contestó ella-. Sasuke, estaba pensando...

-Quítate el camisón, cariño -le dijo él al mismo tiempo. Esa orden obtuvo la concentrada atención de la muchacha.

-¿Para qué?

-Quiero tocarte.

-Oh.

Ella no se movió.

-¿Sakura? ¿Qué sucede?

-Me confundes -murmuró-. Pensé que te gustaba... y cuando Katazu me dijo que... bueno, no.

Sakura sabía que estaba hablando en chino. Olvidó sus intentos de explicarse y trató de reconsiderar la orden de él. Deseaba que no la mirara, y también, que el cuarto estuviera más oscuro. Pero el fuego que ardía en la chimenea emitía una luz cobriza sobre la cama. Sakura sabía que no debía sentirse avergonzada. Sasuke era su marido y ya conocía cada recoveco de su cuerpo. Detestaba ser tan tímida. Le habría gustado ser tan desinhibida como él.

Pero por otro lado, sólo hacía dos días que se habían casado. Por eso, decidió confesarle lo incómoda que se sentía y tal vez, de ese modo, él la ayudaría a vencer su timidez. Pero en ese momento, Sasuke le llamó la atención, pues le bajó el camisón hasta las caderas. Ella debió luchar para no apartarle las manos de una bofetada.

-¿Qué estás haciendo? -Parecía agitada y se sentía como una completa estúpida. Sabía exactamente qué estaba haciendo Sasuke.

-Estoy ayudándote.

-¿Te das cuenta de lo nerviosa que estoy esta noche?

-Sí, me doy cuenta -contestó él. Ella advirtió risa en su voz, pero también calor. La ansiedad por tocarla había estado atormentándolo todo el día, destruyendo su concentración en los momentos más insólitos, y ahora, por fin, iba a satisfacer el creciente deseo que ardía dentro de él-: Todavía te da un poco de vergüenza estar frente a mí, ¿verdad?

Ella miró hacia arriba. ¿Un poco de vergüenza? Tenía la sensación de que estallaría en cualquier momento por lo abochornada que estaba.

Sasuke le quitó el camisón haciéndoselo pasar por la cabeza y lo arrojó a un lado de la cama. De inmediato, Sakura trató de taparse con las mantas. Sin embargo, él no iba a permitirle que lo privara de una imagen tan bella, por lo que suavemente volvió a descubrirla hasta la cintura.

Tenía unas formas perfectas. Sus senos eran generosos, lujuriosos, bellos. Los rosados pezones ya se habían endurecido, estaban listos y Sasuke, con arrogancia, pensó que él era el causante de tal reacción. Tampoco creyó que la piel de gallina en sus brazos se debiera a que la habitación estaba un poco fría. El cuerpo de Sakura ya comenzaba a responderle y él aún no la había tocado siquiera.

Se tomó su tiempo para contemplarla. La princesa, en cambio, tenía la vista fija en las mantas.

-No estoy acostumbrada a dormir sin camisón.

-No vamos a dormir, cariño.

Fue entonces cuando Sakura vio su primera sonrisa.

-Lo sé -murmuró. Decidió que ya había soportado su timidez un tiempo más que suficiente. Aunque debió recurrir a su máxima fuerza de voluntad, se volvió hacia él. La expresión de sus ojos -tan cálida, tan afectuosa-, le dio más coraje. Le rodeó el cuello con los brazos y se presionó contra él.

Experimentó una sensación maravillosa al tenerlo tan cerca en esa postura tan íntima. El vello de su pecho le hacía cosquillas en los senos. Suspiró de placer y deliberadamente se restregó nuevamente contra él. Sasuke gimió. Apoyó ambas manos en la espalda de la muchacha y la atrajo con fuerza, contra su miembro erecto. Sakura tenía el rostro oculto bajo mentón. Él se lo levantó y luego bajó la cabeza hacia la de ella.

Primero le besó la frente, luego el tabique de la nariz y después urgió a abrir la boca mordiéndole suavemente el labio inferior. Posó la boca sobre la de ella, que se sentía tan maravillosamente suave contra la de él, con un sabor tan dulce que lo hizo desearla más todavía. La lenta penetración de su lengua la estremeció. Se quejó sutilmente, cuando Sasuke la retiró aunque sólo para volver a incursionar un segundo después, más profundamente. El perezoso juego de amor continuó indefinidamente, pues el beso pareció interminable. Los suspiros entrecortados de Sakura intensificaron los de Sasuke. Nunca había tenido entre sus brazos a ninguna mujer que le respondiera con ese abandono. La sensualidad de la joven lo embriagaba. Dios, justo la noche anterior, cuando la había hecho suya por primera vez, cayó en la cuenta de que esa pasión era posible entre un hombre y una mujer. Sakura no se guardaba nada para sí y esa respuesta desenfrenada lo obligaba a él a bajar la guardia, a pasar sus propias barreras.

La hizo volver sobre la espalda, volvió a besarla y se concentró luego en un lado de su cuello. Su respiración era agitada.

-Me haces arder –le murmuró al oído-. Te calientas tanto y tan rápido que me enloqueces.

Sasuke parecía casi enfadado al confesarle cómo lo hacía sentir, pero de todas maneras, Sakura lo tomó como un cumplido.

-Es la manera en que me tocas, Sasuke -susurró la muchacha-. No puedo evitar...

Las últimas palabras de Sakura murieron en sus labios, pues Sasuke había capturado uno de sus pezones entre los dientes para comenzar a succionarlo suavemente. Deslizó una mano entre sus muslos y comenzó a intensificar con el fuego que ardía entre sus piernas. Lentamente, penetró con los dedos en el cálido refugio. Ella gritó de dolor y de placer y se inclinó para quitarle la mano. Quería apartarlo, porque sentía que esa zona de su cuerpo aún estaba demasiado sensible. Sin embargo no podía cumplir la orden qué le daba su cerebro. Tampoco podía dejar de retorcerse entre sus brazos. Con la yema del pulgar, dibujaba interminables círculos sobre los rizos del vello que le cubría el pubis. Sasuke metió el dedo a mayor profundidad, mientras acariciaba la ardiente protuberancia que se escondía entre los pliegues de su piel. Sakura pronunció el nombre de su esposo entre gemidos.

-Sasuke, no deberíamos... no puedo... No hagas eso -gritó, al sentir que volvía a penetrarla con los dedos-. Duele. Ay, Dios. No te detengas.

Se aferraba a Sasuke mientras le impartía órdenes contradictorias. Sabía que estaba diciendo incoherencias, pero al parecer, no hallaba las palabras precisas para explicarle lo que sentía. Sasuke interrumpió las protestas de la muchacha tapándole la boca con la suya. El beso fue exigente, infinito, agotador. Cuando él se retiró, Sakura estaba tan avasallada con su propio deseo que ya no pudo pensar en el dolor.

Ni siquiera podía pensar en nada.

Sasuke se quedó contemplando la bella mujer que tenía entre sus brazos y creyó que se derrumbaba al leer tanta pasión en su mirada. Sus labios, rosados por los besos, le urgían que prosiguiera con los juegos amorosos. Sasuke cedió ante la silenciosa súplica y la besó una vez más.

-¿Recuerdas que te dije que había más de una manera de hacer el amor? -le preguntó con la voz grave por la emoción.

Sakura estaba tratando de concentrarse en lo que Sasuke le preguntaba, pero le resultó terriblemente difícil. Todo en él la perturbaba. Su piel se sentía tan caliente contra la de ella, que no podía dejar de moverse contra su cuerpo, tratando de acercársele cada vez más. Su fragancia, una mezcla erótica de hombre y sexo, la excitaba tanto como sus mágicas caricias. Acarició con los pies el vello de las musculosas piernas de Sasuke, mientras sus senos no dejaban de apretarse contra los rizos que le cubrían el pecho. Con las manos le acariciaba los musculosos brazos. Sasuke era un hombre tan fuerte y a la vez la trataba con tanta suavidad...

Sasuke no esperó respuesta a su pregunta. La necesidad de saberlo todo sobre ella borraba los demás pensamientos. Le besó el vientre, delineó los contornos de su ombligo con la punta de la lengua y luego, antes de que ella pudiera adivinar sus intenciones, le separó las piernas con las manos y bajó para saborear el dulce y ardiente flujo femenino.

-No, no debes -protestó ella, porque lo que Sasuke estaba haciéndole era algo prohibido, sin duda. Era extraño... y maravilloso. El dominio sobre su cuerpo fue desvaneciéndose más y más, con cada roce de la lengua contra aquella zona tan privada. El placer iba acrecentándose en su interior. Sabía que moriría por tan dulce agonía. Su deseo estaba enloqueciéndola. Trató de decirle que se detuviera, aunque no podía dejar de arquearse contra su boca y de mantenerlo allí, para que siguiera acariciándola de ese modo.

Esa sensual respuesta enloqueció a Sasuke. Él quería satisfacerla primero y luego enseñarle cómo hacerlo gozar a él, pero Sakura se movía tan desinhibidamente que lo hizo perder el control. Esos gemidos tan sensuales lo obligaban a penetrarla de inmediato. Casi no sabía que estaba haciendo. La necesidad lo atormentaba, lo dominaba. Sus movimientos tenían autonomía propia. Se hincó entre las piernas de seda de su esposa y colocándole los brazos alrededor de su cuello entró en ella con un solo movimiento. Su frente se humedeció de sudor. La respiración se tornó más agitada que nunca. Apretó los dientes para saborear la increíble sensación que le producía aquel estrecho canal, comprimiendo cada centímetro de su erecto órgano. Encajaban a la perfección. Sasuke se estremecía de placer. La oyó gritar. Dejó de moverse, haciendo una mueca ante tan dulce tormento.

-¿Te hago daño, cariño?

Aunque hubiera querido, Sakura no habría podido responderle porque la boca de Sasuke cubrió la suya, interrumpiendo las palabras y pensamientos. La preocupación de su voz quebró el erótico hechizo y ella quiso decirle que sí, que la lastimaba, pero no importó. El placer que le brindaba era mucho más intenso; más exigente, también. Sakura ansiaba disfrutar del momento final, pero Sasuke no se movía con la suficiente rapidez para complacerla. Lo envolvió con las piernas, se arqueó contra él y, sin palabras, le dijo que quería más, más y más.

Sasuke comprendió el mensaje. Hundió el rostro debajo de su cuello y empezó a moverse dentro de ella. Sus movimientos eran medidos, pero potentes y rápidos, porque ya le resultaba imposible controlar sus instintos. El fuego interior lo consumía. Quería y necesitaba más de ella.

Sin embargo, al mismo tiempo deseaba que la agonía y el éxtasis no acabaran jamás. Se hundió en ella repetidas veces. Sakura se tensó aún más y cuando gritó el nombre de su esposo Sasuke advirtió que había alcanzado el clímax. Empujó por última vez, con más fuerza y gimió mientras dejaba su semilla en el interior de la muchacha.

Pensó que había muerto y que había ido directamente al paraíso. Se dejó caer pesadamente sobre ella, inspiró una enorme bocanada de aire y la exhaló con otro gemido. Estaba tan satisfecho que tenía ganas de sonreír. Pero no pudo hacerlo, pues le faltaron las fuerzas.

Sakura necesitó unos cuantos minutos para recuperarse. Se sentía segura y tan abrigada entre los brazos de su esposo... El terror que había experimentado segundos atrás se desvanecía con cada respiración agitada de su marido.

-Maldita sea, eres fantástica -le dijo, y rodó sobre su espalda.

El comentario no era muy romántico, pensó Sakura. Pero no importaba. Se sentía arrogantemente orgullosa porque había conseguido complacerlo. Tal vez ella también debía elogiarlo. Se colocó de lado para quedar frente a él y le puso la mano en el pecho, directamente sobre el corazón, que latía aceleradamente. Murmuró:

-Tú también eres fantástico. La verdad es que eres lo mejor que he tenido.

Sasuke abrió los ojos para mirarla.

-Soy el único que has tenido, ¿lo recuerdas? –Su voz sonó ronca y afectuosa.

-Lo recuerdo.

-Ningún hombre te tocará jamás, Sakura. Eres mía.

A la muchacha no le molestó su expresión posesiva. De hecho le agradó esa actitud, pues la hizo pensar que a él le importaba. Ahora pertenecía a Sasuke y sólo pensar que podía hacer con otro hombre lo que acababa de hacer con él le producía repulsión. Sólo había un Sasuke y le pertenecía a ella.

Sakura apoyó la mejilla sobre el hombro de Sasuke.

-No querría a otro que no fueras tú.

A él le agradó tan ferviente confesión y le besó la frente para expresarle lo complacido que se sentía.

Largos minutos transcurrieron en silencio. Sakura se detuvo a pensar en lo que había vivido recientemente y trató de hallar cierta, lógica para su comportamiento. Pero le resultó imposible, porque las reacciones con su esposo eran de lo más absurdas.

-¿Sasuke?

-¿Sí?

-Cuando me tocas pierdo el control sobre mí misma. Es como si la mente se me separara del cuerpo. No tiene sentido, ¿verdad?

No esperó a que él le contestara.

-Es aterrador, devastador, también, pero además... espléndido.

Sasuke sonrió en la oscuridad. Su esposa parecía completamente confundida y preocupada.

-Se supone que debe hacerte sentir muy bien, cariño -le murmuró.

-La madre superiora no mencionó eso.

-No, me imagino que no lo habrá hecho.

-Me gustaría hallarle el sentido a este extraño ritual de la unión.

-¿Por qué?

-Para poder entender -contestó. Se inclinó para mirarlo. Sasuke tenía los ojos cerrados y parecía estar sumido en una profunda paz. Pensó que iba a quedarse dormido. Sakura decidió dejar el tema. Se acurrucó contra su esposo y cerró los ojos. Pero su mente no coopereba. Surgía una pregunta tras otra.

-¿Sasuke?

Sasuke gruñó su respuesta.

-¿Has llevado a otras mujeres a tú cama?

Sasuke no le respondió de inmediato. Ella lo codeó. Él suspiró.

-Sí.

-¿Muchas?

Estuvo a punto de apartarla de su lado.

-Eso depende de quién lleve la cuenta.

A Sakura le disgustó profundamente esa respuesta. ¿Habría habido dos más o veinte más? El solo pensar que Sasuke había compartido esa intimidad con una sola mujer que no fuera ella le revolvió el estómago. Esa reacción era totalmente descabellada, pues el pasado de su esposo no debía interesarle. Pero le importaba mucho.

-¿Fue amor o simple deseo carnal lo que te hizo acostarte con ellas?

-Sakura, ¿por qué me haces todas estas preguntas?

Sasuke parecía irritado, y al advertirlo, ella también se molestó. Se sentía vulnerable, pero su insensible esposo era demasiado obtuso para entender.

La ira de la joven desapareció con la misma espontaneidad con la que había surgido. ¿Cómo podría entenderla Sasuke si ni siquiera ella misma entendía? No era justa ni lógica con él.

-Sólo tengo curiosidad -murmuró-. ¿Amaste a alguna de ellas?

-No.

-Entonces ¿fue simple lujuria?

Sasuke volvió a suspirar.

-Sí.

-¿También lo fue conmigo?

¿O es amor?, quiso agregar. Pero tuvo demasiado miedo de preguntarle eso, pues temió que la respuesta no fuera lo que ella quería escuchar. Oh, Dios, estaba comportándose como una loca. Sabía que Sasuke no la amaba. ¿Entonces por qué tenía esa absoluta necesidad de escuchárselo decir?

¿Qué rayos estaba sucediéndole?

Sasuke quería poner fin al interrogatorio. Ella estaba urgiéndolo a contestar preguntas que ni siquiera él estaba preparado todavía pensar. Demonios, claro que había sido lujuria lo que sintió al llevársela a la cama. Desde el primer momento en que la vio, la había deseado su lecho.

Sin embargo, meter a Sakura en la misma categoría que el resto de las mujeres con las que se había acostado, le pareció una atrocidad. Hacerle el amor a ella había sido muy diferente que en los demás casos y mucho, mucho más satisfactorio. Ninguna otra mujer lo había hecho arder como ella; ninguna otra había logrado que perdiera los estribos de ese modo.

Había más que lujuria en todo eso, admitió Sasuke para sí. Él quería a Sakura. Ahora le pertenecía, y era una actitud normal de un buen esposo querer proteger a su esposa.

¿Pero amor? Honestamente, Sasuke ignoraba si la amaba. Después de todo, no había tenido mucha experiencia en el tema como para reconocer ese sentimiento. Su reacción inmediata ante esa pregunta punzante era que no se había permitido amar a nadie con auténtica intensidad. Recordaba la agonía que había vivido cuando su amigo y socio, Deidara, se había enamorado de su esposa. Sasuke no podía admitir no ser más fuerte, emocionalmente hablando, de lo que había sido su amigo. En su momento, se había negado a creer que un gigantón tan duro pudiera caer tan bajo. Pero Deidara había sucumbido tornándose demasiado vulnerable.

Sasuke se despojó de esos pensamientos amargos y trató de alcanzar a su esposa, que trataba de escaparse al otro lado de la cama para separarse de él. Pero Sasuke no se lo permitió. La atrajo hacia su lado, la tendió boca arriba y luego la cubrió, de la cabeza a los pies, con su cuerpo. Apoyó todo su peso en los codos y la miró. Frunció el entrecejo, preocupado, al ver lágrimas en los ojos de la muchacha.

-¿Te he lastimado otra vez, cariño? Cuando estoy dentro de ti, me pongo un poco loco. Yo...

Tenía la voz cargada de emoción. Ella extendió la mano para acariciarle la mejilla.

-Yo también me pongo un poco loca -confesó-. Me haces olvidar lo sensible que estoy aún en esa zona.

-Entonces ¿por qué estás molesta?

-No lo estoy. Sólo trataba de poner un poco de orden en mis pensamientos.

-¿Ordenar conceptos como amor y lujuria?

Ella asintió y él sonrió.

-Cariño, he tenido esa clase de apetito por ti durante mucho tiempo y tú, por mí -agregó, asintiendo con la cabeza.

Pensó que eso la complacería, pero Sakura lo sorprendió al mirarlo ceñuda.

-La lujuria es un pecado -susurró-. Debo admitir que me resultabas muy atractivo, pero no dudes que no he deseado tenerte en mi cama.

-¿Y por qué no?

Sakura no podía creer que él se hubiera molestado por esa confesión. Supuso que se trataría de su ego masculino y que ella, sin darse cuenta, lo había atacado.

-Porque no sabía lo que sucedería allí. Nadie me contó lo maravilloso que es hacer el amor. ¿Ahora me entiendes?

Él sonrió.

-¿Sabes una, cosa, Sasuke? Acabo de darme cuenta de todo -anunció-. Hasta hace un rato, no podía entender por qué me sentía tan vulnerable, pero ahora he descubierto la razón y me siento mucho mejor.

-Explícamelo -le ordenó.

-Porque esta intimidad es algo nuevo para mí, por supuesto. Yo no tenía idea de lo magnífico que sería todo esto y tampoco me había dado cuenta de que me involucraría tanto emocionalmente. -Hizo una pausa Para sonreírle-. Si yo hubiera tenido tu experiencia, probablemente no me habría sentido tan vulnerable.

-No es pecado que una esposa se sienta vulnerable -anunció-. Pero en tu situación no tiene ningún sentido.

-¿Por qué no?

-Porque sabes que yo cuidaré de ti y no tienes razón alguna para sentirte vulnerable.

-Eso es un comentario muy arrogante, esposo.

Sasuke se encogió de hombros.

-Soy un hombre arrogante.

-¿Alguna vez los maridos se sienten vulnerables?

-No.

-Pero, Sasuke, si...

El no le permitió terminar la frase. Posó su boca sobre la de ella para ahogar las palabras. Su intención sólo había sido la de distraerla de esa conversación tan extraña. Pero Sakura abrió la boca y buscó su lengua con la de ella. Le rodeó el cuello con los brazos y Sasuke, de repente, se sintió envuelto en una pasión inédita.

Volvió a hacerle el amor. Trató de ser suave e ir lentamente, pero ella desbarató sus nobles intenciones al responderle con tanto abandono. Aunque a Sasuke no le pareció posible, cada vez era mejor, hasta más satisfactorio. Su orgasmo fue agotador, pero al sentir las lágrimas de Sakura sobre su hombro, pensó que la había lastimado de verdad.

Sasuke encendió las velas. La tomó entre sus brazos y la tranquilizó con palabras dulces. Ella le juró que no la había lastimado, pero no pudo explicarle por qué se había puesto a llorar.

Él no insistió demasiado, pues los bostezos de la muchacha evidenciaron a las claras que estaba exhausta. Era extraño, pero él se había despabilado por completo. El temor ante la posibilidad de haberla lastimado de verdad lo puso muy nervioso. Sabía que le llevaría un rato serenarse. Las listas que Sakura había confeccionado le llamaron la atención cuando se volvió para apagar las velas. En la página superior alcanzó a leer dos nombres, lady Kaede y lady Roberta. Sakura había colocado signos de interrogación al lado de cada nombre.

Naturalmente, Sasuke sintió mucha curiosidad. Sakura estaba a punto de quedarse dormida cuando él le dio un codazo.

-¿Qué es esto?

Ella no abrió los ojos. Sasuke le leyó los nombres y le pidió que se explicara.

-¿No podemos hablar de esto mañana por la mañana?

Sasuke estuvo a punto de darle el gusto, cuando ella, entre murmullos, agregó:

-Podría existir una relación entre ambas mujeres. Al fin y al cabo, las dos han desaparecido. Después que hable con el esposo de lady Roberta, te explicaré todo. Buenas noches, Sasuke.

-Tú no hablarás con el vizconde.

El tono de su voz le quitó el sueño.

-¿No?

-No. El hombre ya tiene bastantes problemas en estos días. Lo único que le falta es que tú vayas a formularle estas preguntas odiosas.

-Sasuke, yo...

No la dejó terminar.

-Te lo prohíbo, Sakura. Dame tu palabra que no lo molestarás.

Sakura estaba azorada por esa actitud tan altanera y enojada también. Ya no era una niña que tenía que pedir la autorización de sus padres para perseguir un objetivo o disipar una preocupación. Lo mejor era que Sasuke comprendiera de una vez por todas que ella tenía una inteligencia propia e independiente y que la usaría cuando lo creyera pertinente.

-Prométemelo, Sakura -exigió una vez más.

-No.

Sasuke no podía creer lo que acababa de escuchar.

-¿No?

Como ella aún tenía el rostro bajo el mentón de su esposo y él no podía ver su expresión, se sintió con toda libertad de hacer las muecas que quiso. Dios, parecía tan implacable. La apretó con el brazo. Sakura supuso que una buena esposa debería tratar de aplacar a su marido.

Pero también supuso que no estaba en su naturaleza ser una buena esposa, porque ningún hombre, ni siquiera Sasuke, podía dirigir sus actos.

¡Pedirle permiso! Se alejó de él y se sentó. El cabello le tapó la mitad del rostro. Se lo apartó hacia atrás; sobre los hombros, para responder a su mirada iracunda con otra de ella.

-El matrimonio es algo nuevo para ti, Sasuke, y por eso tendrás que escucharme cuando te digo...

-Corrígeme si me equivoco pero ¿no nos hemos casado los dos al mismo tiempo?

-Sí...

-Entonces el matrimonio es igualmente nuevo para ti, ¿no?

Sakura asintió.

-Nuevo o viejo, Sakura, los votos no cambian. Las esposas deben obediencia a sus esposos.

-Pero el nuestro no es un matrimonio convencional -contradijo ella-. Tú y yo hemos hecho un trato antes de pasar por los votos matrimoniales. Obviamente, te has olvidado de ese detalle y, por esa razón, haré caso omiso de tu ultrajante orden. Además, voy a recordarte que hemos convenido en no estar revoloteando uno alrededor del otro.

-No es cierto.

-Fue una promesa tácita que nos hemos hecho mutuamente. Yo te dije que no me gustaría un esposo que estuviera todo el tiempo encima de mí y tú admitiste que tampoco querías eso de una esposa.

-¿Pero qué rayos tiene eso que ver con...?

-Cuando yo hablo de «revolotear», me refiero a una persona que interfiere en todo -le dijo ella-. En varias ocasiones, me has dicho muy claramente que no querías mi ayuda ni mi interferencia en tus asuntos comerciales. Ahora, yo quiero aprovechar esta oportunidad para insistir en que tú tampoco interfieras en mis cosas.

Sakura no podía mirarlo directamente a los ojos. La incrédula expresión de Sasuke la ponía nerviosa. Fijó la vista en su mentón.

-Mi padre jamás habría prohibido nada a mi madre, pues el matrimonio de ellos se había edificado sobre una base de confianza y respeto mutuos. Espero que con el tiempo nosotros podamos llegar al mismo arreglo.

-¿Has terminado?

La princesa estaba contenta de que Sasuke no pareciera estar enfadado con ella. Después de todo, Sasuke sería razonable en ese aspecto: Le había permitido explayarse sin dejar que su arrogante naturaleza se interpusiera.

-Sí, gracias.

-Mírame.

De inmediato, la joven levantó la vista para mirarlo a los ojos. Si bien Sasuke no pronunció ni una sola palabra durante un largo rato, su mirada la preocupó. Su expresión no le dio indicios respecto de lo que estaba pensando. Esa increíble habilidad que tenía para disimular sus sentimientos la impresionaba.

-¿Querías decirme algo? -preguntó Sakura cuando creyó que ya no podría tolerar el silencio ni un momento más.

Él asintió. Ella sonrió.

-No hablarás con el vizconde sobre su esposa.

Estaban exactamente en el punto de partida. Obviamente, Sasuke no había escuchado ni una sola palabra del sermón. Tenía ganas de darle puntapiés por lo obcecado que era. Pero por supuesto no lo hizo, porque era una dama. Claro que, de ese modo, su imposible marido jamás se daría cuenta de lo furiosa que estaba.

Para ser totalmente franca, Sasuke habría insultado hasta a la madre superiora.

Sasuke se obligó a no sonreír, porque el asunto era demasiado serio para que se tomara a risa. Sin embargo la expresión de Sakura le resultó divertidísima. Parecía que quería matarlo.

-Quiero tu promesa, esposa.

-Oh, está bien -gritó-. Tú ganas. No molestaré al vizconde.

-No se trata aquí de ganar o perder -le dijo él-. El vizconde está demasiado amargado como para que tú vayas a ponerle el dedo en llaga con tus preguntas.

-No crees para nada en mi buen juicio, ¿verdad?

-No.

Esa respuesta la hirió mucho más que la orden que le había dado anteriormente. Trató de volver el rostro, pero él se lo impidió tomándola por el mentón.

-¿Tú crees en mi buen juicio?

Esperaba escuchar la misma negativa por parte de ella. Sakura aún no lo conocía lo suficiente como para depositar en él toda su confianza.

-Sí, por supuesto que confío en tu buen juicio.

Sasuke no pudo contener su sorpresa ni su placer. La tomó por el cuello, la atrajo hacia sí con fuerza y la besó fervientemente.

-Me complace mucho saber que instintivamente ya has depositado tu confianza en mí.

Sakura se retiró hacia atrás y lo miró con el entrecejo fruncido.

-No ha sido instintivo -dijo ella-. Ya me has demostrado que en ocasiones puedes usar tu buen juicio.

-¿Cuándo?

-Cuando te casaste conmigo. Allí usaste tu buen juicio. Ahora comprendo, por supuesto, que sabías algo que yo ignoraba.

-¿Y qué es lo que sabía?

-Que nadie más te tendría.

Deliberadamente trató de irritarlo con ese comentario, porque ella aún estaba enfadada con él, pero Sasuke no se ofendió en lo más mínimo. La bofetada que recibió su arrogancia pasó totalmente inadvertida. Cuando se echó a reír, Sakura pensó que él o bien no se había enterado de que acababa de insultarlo, o que no le importaba.

-Tú me complaces, Sakura.

-Por supuesto que te complazco. Acabo de ceder.

Sakura se acomodó la almohada y se metió debajo de las mantas para dedicarse a descansar a su lado.

-El matrimonio es mucho más complicado de lo que había imaginado -susurró-. ¿Siempre tendré que ser yo la que ceda en todo?

Dios, qué triste era el tono de su voz. -

-No, no siempre tendrás que ser tú.

El resoplido tan poco femenino que soltó Sakura le dio a entender que no le había creído.

-En el matrimonio se da y se toma constantemente -especuló Sasuke.

-Es decir, que es la esposa la que da constantemente y el marido el que toma invariablemente, ¿no?

Sasuke no contestó. Se puso de lado y atrajo a Sakura contra su cuerpo. Sus hombros quedaron sobre el pecho de Sasuke y sus nalgas, contra el órgano viril. La parte posterior de sus piernas, tan suaves como la seda, le cubrían los muslos. Dios lo protegiera, pero cómo le gustaba sentirla sobre su piel. Le rodeó las caderas con un brazo, apoyó el mentón sobre la coronilla de su cabeza y cerró los ojos.

Pasaron largos minutos en silencio. Sasuke pensó que Sakura se había dormido ya, y empezaba a retirarse ligeramente de ella cuando la oyó murmurar.

-No me agrada la palabra obedecer, Sasuke.

-Eso supuse -le dijo él secamente.

-En realidad, una princesa no debe obedecer a nadie.

Fue un comentario balido.

-Pero tú eres mi princesa -le recordó- y, consecuentemente, harás lo que yo crea que es mejor. Ambos tendremos que someternos a la tradición un tiempo. Ninguno de los dos tiene experiencia en la vida conyugal. Yo no soy un ogro, pero el hecho es que tú juraste obediencia. Específicamente recuerdo que tú lo prometías mientras recitabas tus votos.

-Ojalá fueras más razonable.

-Siempre lo soy.

-¿Sasuke?

-¿Sí?

-Vete a dormir.

La dejó quedarse con la última palabra. Esperó un buen rato hasta asegurarse de que ya se había quedado dormida para levantarse de la cama e ir a su propio cuarto.

Sakura lo escuchó marcharse. Estuvo a punto de llamarle para preguntarle por qué no quería dormir toda la noche con ella, pero el orgullo la detuvo. Las lágrimas acudieron a sus ojos. Se sentía rechazada por su esposo. Esa reacción no tenía ningún sentido, especialmente, después que Sasuke le había hecho el amor de una manera tan ardiente. Sin embargo, estaba demasiado, cansada como para ponerse a meditar.

Pero el sueño de la princesa no fue profundo. Una hora después, se despertó por un ruido extraño, como si alguien estuviera rasgando algo, que provenía del cuarto de Sasuke. De inmediato se levantó para investigar. No tenía intenciones de entrar, y por lo tanto, no se molestó en ponerse la bata ni las pantuflas.

Escuchó un insulto justo cuando abrió apenas la puerta para espiar en el interior de la habitación. Sasuke estaba frente a la chimenea. Se había acercado el taburete para apoyar los pies y mientras ella lo contemplaba, colocó un pie sobre los cojines, para masajearse la pierna lesionada con ambas manos.

Sasuke no advirtió que Sakura estaba allí observándolo. Estaba segura de ello por la expresión de su rostro. No estaba alerta como siempre y, aunque la princesa sólo podía verle una parte de la cara, le bastó para darse cuenta de que estaba viviendo una tortura.

Debió recurrir a todas sus fuerzas para no entrar corriendo al cuarto y ofrecerle toda la ayuda que pudiera brindarle. Pero el orgullo de su esposo estaba en juego y ella sabía que, si Sasuke se enteraba de que había estado espiándolo, se enfurecería.

El masaje muscular no lo ayudó para aliviar el dolor. Sasuke se enderezó, se puso de pie y empezó a caminar de aquí para allá frente a la chimenea. Trataba de relajar las contracturas que tenía en lo que le había quedado de pantorrilla en la pierna izquierda. Cuando pasó todo el peso de su cuerpo sobre esa pierna, el espasmo de dolor le llegó hasta el pecho. Tuvo la sensación de que un rayo lo había partido, y ciertamente, casi lo dobló en dos. Sin embargo, se negó a sucumbir ante el dolor. Apretó la mandíbula, respiró profundamente y siguió caminando. Por experiencias anteriores, sabía que finalmente lograría hacer desaparecer el calambre si seguía caminando. Algunas noches, sólo le llevaba una hora. Otras, mucho, mucho más.

Sasuke se acercó a la puerta que comunicaba su habitación con la de Sakura. Hizo ademán de tocar el picaporte, pero se arrepintió. Tenía deseos ir a ver si estaba descansando bien, pero temió despertarla, porque sabía que tenía un sueño muy liviano. Se había dado cuenta de ello cuando estuvo enfermo y ella dormía con él.

Sakura necesitaba descansar. Él se volvió y siguió caminando. De pronto, se sorprendió pensando en ciertos fragmentos de la conversación que habían mantenido respecto de la orden que él le había dado y el modo en que ella le había obedecido. Recordó el tono de su voz cuando le confesó que no le agradaba la palabra obedecer. Rayos, no podía culparla. Sabía que era una barbaridad obligar a una esposa a prometer obediencia a su marido por el resto de su vida. Esas opiniones tan radicales lo llevarían derechito a la prisión de Newgate si los conservadores se enteraban de sus pensamientos subversivos. Por otro lado, Sasuke tenía la honestidad suficiente como para admitir que una parte de sí -una parte muy pequeña, por cierto-, se sentía muy atraída ante la sola idea de tener una mujer que obedeciera cada una de sus órdenes. Sin embargó, esa atracción no sería muy duradera. Había sirvientes a los que se pagaba para que se encargaran de obedecer órdenes. Y tal vez, existiera esa clase de esposas que se sometían a cualquier cosa. Pero Sakura no entraba dentro de esa categoría. Gracias a Dios era así, pensó Sasuke. Era independiente y con una personalidad propia. A Sasuke no le habría gustado que fuera de otro modo. Era muy apasionada para todo.

Su princesa, pensó, había sido tallada a la perfección.

Sakura no hizo ni un solo ruido al retirarse de la puerta y volver a la cama. Pero no podía borrarse de la mente la expresión de dolor de Sasuke. Le dolía el corazón por el sufrimiento de su esposo. Hasta esa noche, no se había dado cuenta de lo intenso que era ese dolor, pero ahora que lo sabía juró tratar de buscar la manera para ayudarlo.

De pronto se encontró con una misión que cumplir. Encendió las velas y comenzó a escribir una lista de las cosas que tenía que hacer. Primero, se dedicaría a leer toda la literatura que hallara disponible. Segundo, visitaría al médico, sir Bansai. Lo acosaría a preguntas y le pediría sugerencias. No se le ocurrió ninguna otra cosa que agregar a su lista, pero estaba muy cansada. Seguramente, después de dormir unas cuantas horas, encontraría otros planes de acción.

Colocó la lista sobre la mesa de noche y sopló las velas. Tenía las mejillas mojadas por las lágrimas. Se las secó con la colcha de la cama. Cerró los ojos y trató de seguir durmiendo.

Inesperadamente se dio cuenta de algo muy importante justo en el momento en que estaba quedándose dormida: Sasuke no quería dormir con ella por la pierna. No quería que ella se enterara de su agonía. Sí, era eso. Por supuesto era por orgullo, pero probablemente, también le demostraba cierta consideración. Si necesitaba ponerse a caminar todas las noche, la despertaría. Eso tenía sentido. Sakura suspiró aliviada.

Después de todo, Sasuke no la había rechazado.