CAPÍTULO 11
Sasuke sacudió a Sakura hasta despertarla a la mañana siguiente.
-Cariño, abre los ojos. Quiero hablar contigo antes de irme.
Ella se esforzó por sentarse.
-¿Adónde vas?
-A trabajar -le contestó.
Sakura comenzó a deslizarse nuevamente debajo de las mantas. Sasuke se inclinó y la tomó por los hombros. No podía saber si tenía los ojos abiertos o no, porque su cabello le tapaba la cara. Sasuke la sostuvo sentada con una mano, mientras que con la otra le apartaba el cabello. Estaba exasperado, pero también le causaba gracia la situación.
-¿Todavía no te has despertado?
-Creo que sí.
-Quiero que te quedes en casa hasta que yo vuelva. Ya he dado instrucciones a Genma y a Ebisu.
-¿Por qué tengo que quedarme dentro?
-¿Acaso ya te has olvidado de esa póliza de seguro que rige treinta días?
Sakura bostezó audiblemente. Supuso que ya lo había olvidado.
-¿Te refieres a que tendré que quedarme encerrada bajo llave durante todo un mes?
-Así es.
-Sasuke, ¿qué hora es?
-Hace poco ha amanecido.
-Dios mío.
-¿Has escuchado mis instrucciones? -le preguntó.
Ella no le contestó. Se levantó de la cama, se puso la bata y fue al cuarto de Sasuke. Él la siguió.
-¿Qué estás haciendo?
-Me estoy acostando en tu cama.
-¿Por qué?
-Porque este es mi lugar.
Se arrebujó entre las mantas y, al instante, volvió a quedarse dormida. Sasuke la arropó, se agachó y le besó la ceja.
Katazu esperaba en el vestíbulo. Sasuke dio las instrucciones pertinentes al mayordomo. La casa de la ciudad habría de convertirse en un fuerte durante los próximos treinta días y nadie tendría permitida la entrada a ella, excepto los parientes más cercanos.
-Será muy difícil impedir que vengan visitas, milord, pero mantener a la princesa adentro resultará mucho más difícil todavía.
El vaticinio de Katazu resultó muy cierto. La batalla empezó esa misma mañana pocas horas después. El mayordomo encontró a la princesa, sentada en el piso, en el cuarto de Sasuke. Estaba rodeada por una pila zapatos de su esposo.
-¿Qué está haciendo, princesa?
-Sasuke necesita botas nuevas -contestó ella.
-Pero si tiene por lo menos cinco pares que nunca usa. Es un fanático de las viejas Hessianas, aunque las Wellington se han puesto más de moda.
Sakura estaba contemplando las suelas de los diferentes calzados.
-Katazu, ¿se da cuenta de que el tacón de la bota izquierda está apenas gastado?
El mayordomo se arrodilló junto a su señora y miró la bota que sostenía en el aire.
-Parece nueva -comentó Katazu-. Pero sé que las usó...
-Sí, ya usó estas botas -lo interrumpió. Levantó entonces la derecha-. El tacón de esta está muy gastado, ¿no?
-¿Qué deduce de todo esto, princesa?
-Guárdame el secreto, Katazu. No quiero que esta conversación llegue a oídos de Sasuke. Está bastante acomplejado con su pierna.
-No diré ni una palabra.
Ella asintió.
-Parece que la pierna lesionada de Sasuke es un poco más corta que la otra. Me gustaría que un buen zapatero mirase estas botas para hacerles algunas modificaciones.
-¿Se refiere a que le pedirá que haga un tacón más alto que el otro, princesa?
Sasuke se dará cuenta.
Ella meneó la cabeza.
-Estaba pensando en introducir otra cosa de una manera diferente... tal vez, una almohadilla de cuero que equipare el largo. ¿Quién hace las botas de Sasuke?
-Hoby hizo ese par -contestó Katazu-. Todos los caballeros importantes acuden a él para estas cosas.
-Entonces no nos sirve -contravino ella-. No quiero que nadie más se entere de este experimento. Tenemos que encontrar otro.
-Está Curtis -señaló Katazu, después de pensarlo un poco-. Él solía hacer los zapatos del padre de Sasuke. Ahora ya se ha retirado, pero aún vive en Londres y tal vez podamos persuadirlo para que colabore con usted.
-Pues iré a verlo de inmediato. Sólo me llevaré un par de estos calzados. Si la suerte está de nuestro lado, Sasuke ni se dará cuenta de la falta.
Katazu meneaba la cabeza con vehemencia.
-Usted no puede salir de esta casa, pero yo me sentiré más que complacido en cumplir este trámite por usted -agregó sin demoras, al ver que Sakura tenía intenciones de iniciar una discusión-. Si usted me escribe en una hoja de papel lo que desea que Curtis haga...
-Sí -aceptó ella-. Haré una lista de sugerencias. Qué buena idea. ¿Podrá ir esta tarde?
El mayordomo aceptó de inmediato. Sakura le entregó el par de botas y se puso de pie.
-Si este plan nos da resultado, pediré a Curtís que me haga un par de botas de agua de media caña para Sasuke. Entonces podrá usarlas debajo de los pantalones. Bien, Katazu, tengo otra cosa más que pedirle.
-¿Sí, princesa?
-¿Sería tan amable de llevar una carta a sir Bansai? Me gustaría que venga a visitarme esta tarde.
-Sí, por supuesto -aceptó el mayordomo-. ¿Puedo atreverme a preguntarle por qué quiere ver al médico?
-Esta tarde estaré enferma,.
Katazu lo creyó.
-¿Sí? ¿Y cómo sabe que...?
Ella suspiró.
-Si yo le explico todo y le ruego que sea reservado, tendrá que mentir a su señor. No podemos permitir eso, ¿no?
-No, por supuesto que no.
-Como verá, Katazu. Lo mejor es que no se entere.
-Tiene que ver con Sasuke, ¿verdad?
Ella sonrió.
-Tal vez.
Sakura dejó que Katazu colocara todos los zapatos en su sitio mientras ella fue a su cuarto para confeccionar la lista que enviaría al zapatero Las botas que Sakura enviaba estaban hechas de una badana negra muy suave. En la nota escribió que deseaba que estirara el cuero de la caña muy suave. En la nota escribió que deseaba que estirara el cuero de la lo máximo posible para dar lugar a la inserción que ella esperaba que Curtis pudiera hacer.
Luego escribió la nota para sir Bansai solicitándole que se presentara a las cuatro de la tarde.
El médico fue muy puntual. Genma lo escoltó hasta el salón y se atrevió a echar una mirada de reproche a su señora por haber insistido en que se permitiera el ingreso del médico en la casa. Ella, en cambio, le sonrió.
-Sir Bansai es como de la familia -aseguró la princesa-. No me siento para nada bien, Genma. Necesito que me atienda.
El guardia se sintió apenado, y Sakura, un poco culpable por haberle mentido tan descaradamente. Sin embargo ella logró superarlo de inmediato al recordar que los intereses de Sasuke estaban en juego.
Prácticamente echó al guardia del salón y cerró ambas puertas. Sir Bansai permaneció de pie, junto a ella. Llevaba un maletín de cuero marrón debajo del brazo. Sakura le hizo un ademán para que se sentara en el sillón.
-Si está indispuesta, ¿no cree que debería estar en la cama, princesa?
Ella sonrió al médico.
-No estoy enferma -anunció-. Tengo un ligero picor en la garganta. Eso es todo.
-Entonces, con bastante té caliente solucionará su problema aconsejó sir Bansai-. Con un toque de coñac aliviará el picor.
Como él lle hablaba con tanta sinceridad y preocupación, Sakura no pudo seguir adelante con su mentira.
-Tuve otro propósito en mente cuando le pedí que viniera a verme -admitió-. Me gustaría hablarle de Sasuke.
Sakura se sentó frente al médico y puso ambas manos sobre falda.
-Tuve que recurrir a esa pequeña treta para hacerlo venir -confesó, comportándose como si hubiera cometido el peor de los pecados-. En realidad, no me duele la garganta. La verdad, sólo me duele cuando quiero gritar a mi obstinado marido y sé que no puedo.
Sir Bansai sonrió.
-Sasuke es obstinado, ¿no?
-Sí -contestó ella.
-¿Está enfermo, entonces? -preguntó el médico, tratando de enterarse del verdadero motivo por el que lo habían citado allí.
Ella meneó la cabeza.
-Es su pierna -explicó en un susurro-. No quiere hablar de su lesión, pero yo sé que le duele terriblemente. Me preguntaba si podía hacerse algo para aliviarle esa tortura.
El médico se reclinó sobre los almohadones. La expresión en los ojos de la princesa le indicó que tenía una verdadera preocupación.
-No le ha contado cómo se lastimó, ¿verdad?
-No.
-Un tiburón fue la causa, princesa. Yo le atendí y, por un momento, pensé que habría que cortársela. El socio de Sasuke, Deidara, no me lo permitió. Como verá, su esposo no estaba en condiciones de emitir su opinión. Afortunadamente perdió el conocimiento en lo peor del trance.
Llamaron a la puerta interrumpiendo la conversación. Katazu entró con una bandeja de plata. Ninguno de los dos volvió a pronunciar palabra hasta que el criado se marchó nuevamente después de haberles servido el té.
Sir Bansai dejó de lado su maletín para deleitarse con la variedad de galletas dulces que le habían servido en la bandeja. Se metió una en la boca y bebió un sorbo de té.
-Sasuke se irritaría terriblemente si se enterase de que estamos hablando de su lesión -admitió ella-. Y me siento culpable porque sé que se disgustará conmigo.
-Tonterías -contravino el doctor-. Usted sólo está pensando en el bien de Sasuke. Yo no le contaré nada respecto de esta charla. Bien, en cuanto a su pregunta. ¿Cómo puede ayudarle? Yo le sugeriría láudano o coñac cuando el dolor sea intenso, pero sé que Sasuke no aceptará ninguna de las dos cosas.
-¿Lo hace por orgullo? -le preguntó, tratando de entender.
Bansai meneó la cabeza.
-Por miedo a la dependencia. El láudano es adictivo, princesa, y dicen que algunas bebidas alcohólicas también pueden serlo. Independientemente de ello, Sasuke no se arriesgará.
-Entiendo -comentó ella, al ver que el médico no continuaba.
-También sugerí que se colocara un clavo de acero desde la rodillas hasta el tobillo. Pero su esposo pareció espantado con mi idea.
-Es muy orgulloso.
Bansai asintió.
-Y también es más inteligente que yo -comentó-. Nunca creí que pudiera volver a caminar sin ayuda. Él me demostró que estaba equivocado. Lo que le haya quedado de músculo, se fortaleció lo suficiente como para soportar el peso de su cuerpo. Ahora apenas renquea.
-Por la noche, cuando esta cansado, lo hace.
-Entonces tendría que aplicarse toallas calientes. No le fortalecerán la pierna, por supuesto, pero lo ayudarán a aliviar la incomodidad. Un buen masaje también podría servir.
Sakura se preguntaba cómo rayos haría para convencer a Sasuke de que siguiera todos esos consejos. Sin embargo, ese seria su problema, no el de Bansai. Se preocuparía al respecto después que el doctor se marchara.
-¿Algo más? -le preguntó ella.
-Tendría que acostarse o sentarse cuando el dolor se intensifique -dijo sir Bansai-. No tendría que esperar a que el dolor sea una tortura para hacerlo.
Sakura asintió. Estaba completamente desalentada, pero trató de mantener una expresión serena para que el hombre no se diera cuenta la desazón que estaba viviendo. Todas esas sugerencias eran muy superficiales para ser optimistas.
-Todas sus recomendaciones apuntan a aliviar los síntomas, sir Bansai, pero yo esperaba que me sugiriese algo para atacar las causas del mal.
-Eso sería esperar un milagro -respondió sir Bansai-. No puede hacerse nada para que su pierna esté completamente bien otra vez, princesa -le dijo, con una voz muy suave.
-Sí -murmuró-. Supongo que pretendía un milagro. No obstante, sus sugerencias me serán de utilidad. Si se le ocurre alguna otra cosa, ¿sería tan amable de enviarme una nota? Pondré en práctica todos los consejos que pueda darme.
Sir Bansai tomó la última galleta que quedaba sobre la bandeja. Estaba tan concentrado pensando en el estado de salud de Sasuke que ni siquiera se dio cuenta de que se había comido casi todo lo que habían servído en la bandeja. Sakura volvió a servirle más té.
-¿Todos los maridos son tan cabezotas? -preguntó al médico.
Sir Bansai sonrió.
-Parece ser una característica que todos los maridos comparten.
Le contó varias anécdotas de caballeros con título que se habían negado a reconocer que realmente necesitaban los servicios de un médico. Su favorita era la historia del marqués de Ackerman. El caballero había participado en un duelo en el que le habían dado un balazo en el hombro. Pero era tan obstinado que no dejaba que nadie le atendiera la herida. A Bansai lo había llamado el hermano del marqués.
-Lo encontramos en White's, sobre una de las mesas de juego -le dijo-. Tres de sus amigos tuvieron que sacarlo a rastras de allí, y cuando, por fin se quitó la chaqueta, oh, Dios, tenía sangre por todas partes.
-¿El marqués se recuperó?
Bansai asintió.
-Era demasiado obstinado para morirse. Se pasó la vida refiriéndose a su herida como una «cosita de nada». Yo aconsejé a su esposa que lo atara a los pies de la cama hasta que se recuperase por completo.
Sakura sonrió al imaginarse el cuadro.
-Sasuke es así de terco -declaró con un suspiro-. Le agradecería que esta conversación quedara entre nosotros, por favor. Como dije antes, Sasuke es muy sensible con lesión de su pierna.
Sir Bansai dejó la taza y el plato del té sobre la bandeja, tomó su maletín y se puso de pie para marcharse.
-No tiene que preocuparse, princesa. No comentaré una sola palabra de esta visita. Se sorprendería si contara cuántas esposas buscan mis consejos para cuidar del bienestar sus maridos.
La puerta del salón se abrió justo cuando Bansai iba a tocar el picaporte. Sasuke se hizo a un lado para dejar pasar al médico. Asintió rápidamente con la cabeza, a modo de saludo y de inmediato se dirigió a su esposa.
-Katazu me dijo que estabas enferma.
Sasuke no le dio tiempo a contestar, pues de inmediato miró al médico para preguntarle:
-¿Qué le sucede?
Sakura no quería que el médico tuviera que mentir por culpa de ella.
-Tenía un poco de carraspera, eso es todo. Pero ahora me siento mejor. Sir Bansai me sugirió que bebiera té caliente.
-Sí -convino Bansai.
Algo no cuadraba, pero Sasuke no podía adivinar de qué se trataba. Sakura no podía mirarlo a los ojos. Por eso se dio cuenta de que no estaba diciéndole la verdad. No parecía enferma. Tenía las mejillas rosadas, más de la cuenta, señal de que estaba avergonzada por algo. Sasuke decidió que lo mejor era esperar a que estuvieran solos para determinar qué estaba mal.
Sakura se quedó junto a Sasuke mientras conversaba con el médico. Por casualidad, miró por encima del hombro y vio que Katazu estaba de pie, a unos pocos metros de distancia. El sirviente le dirigió una expresión condolencia.
La princesa ya se sentía culpable por haberle mentido a su marido, pero la expresión de Katazu la hizo sentir peor todavía.
De inmediato se consoló asegurándose que sus motivos eran valederos y auténticos. Suspiró. Había dado el mismo pretexto a la madre superiora cuando fabricó el segundo juego de libros contables.
Un pecado siempre es un pecado, según las propias palabras de la monja cuando descubrió el engaño. Grande o pequeño, no importa. La madre superiora le había asegurado, con gran autoridad en su voz, que Dios llevaba una lista de todos los pecados que los hombres y las mujeres habían cometido en este mundo. Y según las especulaciones de la monja, la de Sakura sería tan larga que sin duda llegaría al fondo del océano.
Sakura no creía haber pecado tanto ni con tanta frecuencia. Se imaginaba que su lista sería tan grande como su sombra. Se preguntaba si el Creador habría confeccionado una lista con dos columnas en el caso de ella. Una, para las infracciones más insignificantes y la otra, para las ofensas más sustanciales.
Dé pronto, aterrizó nuevamente a la realidad, cuando sir Bansai dijo:
-Lamenté mucho enterarme de la pérdida del Diamante, Sasuke. Qué mala suerte.
- ¿Has perdido un diamante? -pregunto Sakura, tratando de entender.
Sasuke negó con la cabeza.
-Es un barco, Sakura. Se hundió con la carga completa. Bansai, ¿cómo se ha enterado tan pronto? A mí me avisaron justo ayer.
-Un amigo mío estuvo en el Lloyd's haciendo unos negocios hoy. Uno de sus agentes se lo mencionó. Ellos le aseguraron el siniestro, ¿no?
-Sí.
-¿Es cierto que se trata del segundo barco que usted y Deidara han perdido este año?
Sasuke asintió.
-¿Por qué no me lo contaste? -preguntó Sakura.
Trató de disimular el dolor que sentía. Le resultó una tarea difícil.
-No quise preocuparte -le explicó Sasuke.
Sakura no creyó que él le hubiera revelado todas las razones por las que decidió guardar silencio. Si bien pudo ser cierto que no había querido preocuparla, lo más importante era que no había querido compartir sus penas con ella. Sakura trató de no sentirse ofendida. Sasuke estaba habituado a guardarse sus cosas para sí, lo había hecho toda la vida. Tal vez le resultaba difícil confiar sus problemas a otra persona, aunque se tratara de su esposa.
La princesa decidió que tendría que atentar ser paciente con él. Primero Sasuke tendría que acostumbrarse a tenerla terca, antes de confiar en ella con toda naturalidad.
Sasuke todavía estaba charlando con el médico cuando ella se excusó paras subir. Fue a su cuarto a tomar nota de todas las sugerencias que sir Bansai le habla hecho para aliviar el dolor de Sasuke, pero su mente no estaba en eso. Sasuke debió haberle contado lo del barco, maldición. Si estaba preocupado, ella también tenía todo el derecho del mundo a estarlo. Se suponía que los esposos y sus mujeres debían compartir sus problemas, ¿no?
Katazu subió a buscarla para cenar. Mientras bajaban ella le pidió otro favor.
-¿Se ha enterado de lo sucedido con el vizconde de Talbot?
-Oh, si -contestó Katazu-. Todo el mundo habla de lo mismo. Lady Roberta abandonó a su esposo.
-Sasuke me ha prohibido hablar con el vizconde y yo tengo que obedecerle. Mi esposo cree que molestaría al pobre hombre.
-¿Por qué desea hablar con él?
-Porque creo que puede haber una relación entre la repentina desaparición de su esposa y la de mi amiga, lady Kaede. Ella también se esfumó, Katazu. Yo deseaba saber si usted estaría dispuesto a hablar con los sirvientes del vizconde en mi lugar para averiguar si lady Roberta recibió algunos obsequios de algún admirador secreto, ¿sabe?
-¿Qué clase de obsequios, princesa?
La joven se encogió de hombros.
-Flores... tal vez, -dijo ella-. ¿Las criadas no advertirían regalos de esa naturaleza?
Katazu afirmó con la cabeza.
-Sí, por supuesto que se darían cuenta. Hablarían entre ellas también, pero no conmigo. Claro que si la cocinera va al mercado mañana, tal vez se entere de un par de cosas. ¿Quiere que se lo pida a ella?
-Sí, por favor -contestó Sakura.
-¿Qué están murmurando vosotros dos?
Sasuke formuló la pregunta desde la entrada del comedor. Sonrió al ver que su esposa se sobresaltó por la pregunta. Se despegó casi treinta centímetros del piso.
-Pareces un poco nerviosa esta noche.
Sakura no tuvo una respuesta rápida para el comentario. Siguió a Katazu al comedor. Sasuke retiró la silla para que su esposa se sentara y luego ocupó la cabecera de la mesa junto a ella.
-¿Tendré que quedarme encerrada durante un unes entero? -preguntó ella.
-Sí.
Sasuke estaba muy ocupado revisando una pila de cartas que habían llegado y ni se molestó en mirar en dirección a ella cuando le contestó.
Ese hombre ni siquiera podía apartarse de su trabajo el tiempo suficiente como para disfrutar de una comida decente. Se preguntó si tendría problemas digestivos. Casi le formuló la pregunta, pero cambió de opinión y se dedicó a hablar de otro terna.
-¿Y qué me dices del primer baile de Hinata? Sólo falta una semana, Sasuke, y no quiero perdérmelo.
-Te contaré iodo lo que pase allí.
-¿Irías sin mi?
Sakura pareció herida. Él sonrió.
-Sí -contestó-. Yo tengo que ir y tú debes ser razonable.
Por el modo en que apretaba las mandíbulas, Sakura se dio cuenta de que la decisión ya estaba tomada. Tamborileó con los dedos sobre la superficie de la mesa.
-Es una grosería ponerte a leer la correspondencia mientras estás sentado a la mesa.
Sasuke estaba tan ocupado leyendo la carta de su socio que ni siquiera la escuchó. Terminó la larga misiva y luego apoyó los papeles sobre la mesa.
-La esposa de Deidara ha dado a luz a una niña. La han llamado Nora. Esta carta, tiene ya casi tres meses. En ella me dice que en cuanto Karin y la niña se sientan bien, volverán a Londres a hacernos una breve visita. Omoi se encargará de atender las oficinas mientras esté ausente.
-¿Quién es Omoi? -preguntó Sakura sonriendo por lo extraño que le resultaba ese nombre.
-Un muy buen amigo -respondió Sasuke-. Es capitán de uno de nuestros barcos, el Esmeralda. Pero como es realmente necesario realizar algunas reparaciones en ese buque, Omoi tendrá bastante tiempo libre.
-Esas son buenas noticias, Sasuke.
-Sí, por supuesto que lo son.
-¿Entonces por qué frunces el entrecejo?
Sasuke no se había dado cuenta de su gesto hasta que ella le hizo pregunta. Se reclinó contra el respaldo de la silla y le dedicó toda su atención.
-Deidara quiere ofrecer a la venta diez o veinte acciones. Detesto la idea, y sé que, en el fondo, Deidara siente lo mismo. Sin embargo, comprendo. Ahora tiene una familia y tiene que mantenerla. Él y Karin han vivido en casas alquiladas, pero ahora que la niña ha nacido quieren establecerse de forma permanente.
-¿Por qué los dos os oponéis tanto a la participación de terceros
-Porque queremos mantener el control de la empresa.
Sakura estaba exasperada con él.
-Pero si se venden diez o veinte acciones solamente, tú y Deidara seguiréis siendo los socios mayoritarios.
Sasuke no pareció impresionarse con la lógica de su esposa, pues seguía con el entrecejo fruncido. Entonces, Sakura optó por otro tipo de razonamiento.
-¿Qué pasa si vendes las acciones a miembros de la familia?
-No.
-¿Por qué no, por el amor de Dios?
Sasuke suspiró.
-Sería lo mismo que un préstamo.
-No. Al final Itachi y tu padre obtendrían sus buenas ganancias. Sería una excelente inversión.
-¿Por qué mandaste llamara a Bansai?
Sasuke cambió de tema a propósito. Pero ella no estaba dispuesta permitirle que se saliera con la suya.
-¿Deidara ha dado su consentimiento para que se haga esta venta?
-Sí.
-¿Y cuándo lo decidirás?
-Ya lo he decidido. Haré que Sarutobi se encargue de esta transacción. Ahora basta ya de hablar de este tema. Contesta mi pregunta. ¿Por qué has mandado llamar a sir Bansai?
-Ya te lo expliqué -le dijo-. Tengo una carrasp...
-Ya lo sé -dijo Sasuke-. Te raspa la garganta.
Sakura doblaba y desdoblaba la servilleta.
-En realidad fue una pequeña trampa.
-Sí, ya lo sé. Y ahora quiero que me cuentes toda la verdad y me mires a los ojos mientras lo haces.
Sakura dejó caer la servilleta sobre la falda y por fin lo miró.
-Es una grosería de tu parte insinuar que te he mentido.
-¿Lo has hecho?
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque si te contaba toda la verdad, te enfadarías conmigo.
-No volverás a mentirme en el futuro, esposa. Quiero tu palabra.
-Tú me mentiste.
-¿Cuándo?
-Cuando me dijiste que ya no trabajabas para sir Morino. He visto los ingresos en efectivo en tus libros de contabilidad, Sasuke, y también lo oí a él decir que tenías una nueva misión. Sí, me mentiste. Si tú me prometes que no me mentirás más, yo también me sentiré feliz de no faltarte a la verdad en lo sucesivo.
-Sakura, no es lo mismo.
-No, no lo es.
De pronto se enfureció con su esposo. Arrojó la servilleta violentamente sobre la mesa justo en el momento en que la puerta se abría para dar paso a Katazu, que entraba con una bandeja llena de comida entre las manos.
-Yo no me arriesgo, ú sí. Te importo un rábano, ¿no es verdad?
No le dio tiempo a contestar, sino que siguió con el sermón.
-Te relacionas con el peligro deliberadamente. Yo jamás haría semejante cosa. Ahora que estamos casados, no sólo pienso en lo que es mejor para mí, sino en tu bienestar. Si algo te sucediera, me sentiría desolada. Sin embargo, presiento que si algo me pasara a mí, tú sólo pensarías que fue una contrariedad. Mi funeral te obligaría a dejar de trabajar durante unas cuantas horas. Por favor, te ruego me permitas retirarme antes de decir algo de lo que pueda arrepentirme después.
Sakura no esperó la autorización. También desoyó la orden de su esposo de regresar a la mesa y sentarse, pues salió corriendo a hacia su cuarto. Habría deseado descargar toda su ira dando un fuerte portazo, pero no cedió a la tentación porque no habría sido digno.
Afortunadamente Sasuke no la siguió, porque necesitaba estar un rato sola para poder reorganizar sus alborotadas emociones. Estaba asombrada por haberse enfurecido con él de ese modo, tan repentinamente. No era la tutora de Sasuke, recordó, y si él deseaba trabajar para Morino, ella no podía ni debía disuadirlo.
Pero por otra parte, él tampoco debería desear arriesgarse de ese modo. Si ella le importaba un poquito, no debía herirla de esa forma.
Sakura trató de digerir su rabia. No hizo más que caminar de aquí Para allá frente a la chimenea mascullando todo el tiempo durante más de diez minutos.
-La madre superiora jamás se habría expuesto a ningún riesgo. Sabía cuánto dependía yo de ella y por eso nunca la sedujo el peligro. Ella me amaba, maldita sea.
A pesar de que Sakura no era católica, se hizo la señal de la cruz después de pronunciar la blasfemia.
-Dudo que Richards le hubiera pedido a esa monja que trabaje para él, Sakura.
Sasuke hizo el comentario desde la puerta. Sakura había estado tan enfurecida, despotricando continuamente, que ni siquiera había advertido que él había entrado. Se volvió y vio a su esposo apoyado contra, el marco. Estaba de brazos cruzados y sonriente. Pero fue la ternura de sus ojos lo que la desarmó.
-Tu diversión me desagrada.
-Tu comportamiento me desagrada -le contestó él-. ¿Por qué no me dijiste que estabas enfadada por el tema de Morino?
-No sabía que lo estaba.
Sasuke arqueó una ceja al escuchar el comentario tan descabellado
-¿Quieres que renuncie?
Empezó a afirmar con la cabeza, pero al segundo, se arrepintió e hizo el gesto opuesto.
-Quiero que tú quieras renunciar. Hay una diferencia Sasuke. Dios mediante, algún día lo entenderás.
-Ayúdame tú a entender ahora.
Sakura se volvió para mirar la chimenea antes de volver a hablar de nuevo.
-Yo jamás me habría arriesgado deliberadamente mientras viví en el convento «por lo menos, no después de la lección que aprendí». Hubo un incendio, ¿sabes? y yo quedé atrapada en el interior. Logré salir justo antes de que el tejado se derrumbara. La madre superiora estaba muerta de preocupación. Lloraba de verdad. Estaba muy agradecida porque yo estaba bien pero a la vez, furiosa conmigo porque yo había sacado una vela del candelabro para leer la carta de Kaede en lugar de ponerme a rezar, como, suponía que debía hacer... Y yo me sentía muy mal por haberle causado tantos problemas. Lo del incendio fue un accidente, pero yo me prometí no volver a comportarme como una tonta.
-¿Por qué dices que te comportaste como una tonta si fue un accidente?
-Porque no hice otra cosa que entrar y salir de allí para rescatar cuadros y las estatuillas que las monjas guardaban en ese cuarto.
-Eso fue una tontería.
-Sí.
-La madre superiora te quería como si hubieras sido su propia hija, ¿verdad?
Sakura asintió.
-Y tú a ella.
-Sí.
Transcurrió un largo minuto en silencio.
-Con el amor viene la responsabilidad -murmuró-. No me había dado cuenta de esa realidad hasta que vi lo mal que estaba la madre superiora por mi culpa.
-¿Tú me amas, Sakura?
Sasuke llegó justo al fondo de la cuestión con esa pregunta. Sakura se volvió para mirarlo en el momento en que él se apartaba del marco de la puerta para avanzar hacia ella. Enseguida la joven retrocedió.
-No quiero amarte.
El pánico de su voz no lo detuvo.
-¿Me amas? -volvió a preguntarle.
Fue una bendición que el fuego no hubiera estado encendido en la chimenea esa noche. De no haber sido así, se le habría encendido el vestido, pues ya estaba contra las piedras.
¿Trataba de huir de Sasuke o de su pregunta? Él no estaba seguro. Sin embargo, no descansaría hasta que ella le contestara. Quería..., no, necesitaba que ella admitiera la verdad.
-Contéstame, Sakura.
De pronto ella dejó de escapar. Se cruzó de brazos y avanzó hacia él. Hasta levantó el mentón para mirarlo directamente a los ojos.
-Sí.
-¿Sí, que?
-Sí, te amo.
La sonrisa satisfecha de Sasuke lo dijo todo. No pareció para nada sorprendido y eso la confundió.
-Ya sabías que te amaba, ¿no?
Él asintió lentamente. Ella meneó la cabeza.
-¿Y cómo podías saberlo tú cuando yo lo ignoraba?
Sasuke trató de tomarla entre sus brazos. Pero ella, enseguida, retrocedió un paso.
-Oh, no. Quieres besarme, ¿verdad? Y si lo haces, yo olvidaré todo lo que pienso. Primero vas a responderme, Sasuke.
Pero Sasuke no aceptó negativas. La estrechó entre sus brazos, le levantó el mentón y la besó prolongada, completamente. Deslizó la lengua en el interior de su boca para restregarla contra la de ella. Sakura suspiró profundamente cuando, por fin, Sasuke levantó la cabeza. La joven se recostó contra su pecho y cerró los ojos. Él la abrazaba por la cintura. La apretaba con fuerza y tenía el mentón apoyado en su cabeza.
Se sentía tan bien abrazándola. El final de su día de trabajo era algo a lo que ansiaba llegar, porque sabía que ella estaría en casa esperándolo.
Y de pronto se dio cuenta de que le agradaba tener una esposa. Mejor dicho, se corrigió, no cualquier esposa, sino a Sakura. Antes detestaba que cayera la noche y todo porque a esas horas el dolor de su pierna se tornaba insoportable. Sin embargo, su delicada y pequeña esposa había logrado borrar de su mente las horrendas huellas del dolor. Sakura lo exasperaba y lo encantaba a la vez, y Sasuke estaba tan ocupado reaccionando frente a sus diferentes actitudes que no le quedaba tiempo para pensar en otra cosa.
Y la princesa lo amaba.
-Ahora te contestaré a la pregunta -le dijo él, con un susurro ronco que a Sakura le resultó maravillosamente atractivo.
-¿Qué pregunta?
Él se rió.
-De verdad te olvidas de todo cuando te toco, ¿no es cierto?
-No tendrías que mostrarte tan feliz por algo tan vergonzoso como eso. Pero claro, tú estás por encima de ese comportamiento, ¿verdad? Seguro que piensas en muchas cosas mientras me besas.
-Sí.
-Oh.
-Y cada una de esas cosas se refiere a lo que quiero hacerte con la boca, con las manos, con...
Ella extendió el brazo y le tapó la boca con la mano para no tener que escuchar ninguna grosería. Esa reacción lo hizo reír otra vez.
Sasuke le quitó la mano.
-Querías saber cuándo me di cuenta de que me amabas.
-Sí, es cierto.
-Fue la noche de bodas -le explicó-. Por el modo en que me respondiste, me resultó evidente que me amabas.
Sakura meneó la cabeza.
-A mí no.
-Claro que sí, cariño -le dijo él-. No te guardaste nada. No pudiste, pues cada una de tus reacciones fue de lo más honesta. No hubieras podido someterte de esa manera si no me hubieras amado.
-¿Sasuke?
-¿Sí?
-Realmente deberías hacer algo para remediar tu arrogancia. Sé te va de las manos.
-A ti te agrada mi arrogancia.
Sakura no le contestó.
-No interferiré en tus planes, Sasuke. Te lo juro.
-Nunca creí que lo hicieras -le respondió sonriendo por el fervor de su voz.
-No has cambiado de planes, ¿verdad? Todavía necesitas cinco más para... -Se interrumpió.
-¿Para qué?
Para poder enamorarte, tonto, dijo Sakura en silencio. Y para tener hijos, agregó. Probablemente, en cinco años más, Sasuke se decidiría a tener uno o dos. Se preguntó si ya no sería demasiado vieja para ser madre en ese entonces.
Decididamente no podía tener un hijo ahora. Un bebé presionaría demasiado a Sasuke. El claro ejemplo era su socio, Deidara, que había cambiado tanto. Hasta estaba dispuesto a hacer algo que antes consideraba inaceptable. Vender las acciones había sido siempre una medida extrema y ahora se veía obligado a tomarla por el nacimiento de su hija.
-Sakura, ¿para qué? -volvió a preguntarle Sasuke, a quien le había picado la curiosidad.
-Para alcanzar tus objetivos -exclamó ella.
-Sí -respondió Sasuke-. Todavía faltan cinco años.
Sasuke hizo el comentario mientras se encaminaban hacia la cama. Se sentó en un lateral y se agachó para quitarse los zapatos.
-No me había dado cuenta de que estabas preocupada porque yo trabajaba para Morino -expresó, volviendo al tema anterior-. Debiste haberme dicho algo.
Arrojó los zapatos y los calcetines a un lado y se desabrochó la camisa.
-Y tenías razón cuando dijiste que somos responsables el uno del otro. No he tenido tiempo de considerar tus sentimientos. Lo lamento.
Sakura lo contempló mientras sacaba la camisa de la cintura del pantalón para quitársela pasándosela por la cabeza. No podía dejar de mirarlo. Escuchó detenidamente cada una de sus palabras con la esperanza de que él le confesara sus sentimientos por ella. No tenía las agallas para preguntarle si la amaba. Pensó que Sasuke no había tenido ningún problema en preguntárselo a ella. Pero claro, ya sabía la respuesta.
Sakura ignoraba la de él.
Debió esforzarse para no pensar más en eso. Los hombres no pensaban en cosas como el amor. O al menos, eso era lo que la princesa creía. Si Sasuke no había tenido tiempo para pensar que ella podría preocuparse por los trabajos que hacía para Morino, ¿por qué rayos iba a detenerse a meditar si la amaba o no? En su mente, sólo había espacio para planear el afianzamiento de su astillero, la formación de su imperio. Simplemente no había tiempo ni lugar para lo demás.
Sakura irguió los hombros y asumió una actitud valiente. Recordó que, después de todo, la dedicación de su esposo le resultaba admirable. Podía ser paciente. En cinco años, Sasuke estaría disponible para ella.
Sasuke la distrajo al decir:
-He dado a Morino mi palabra de que pasaría unos papeles por él. -Hizo una pausa para arrojar la camisa sobre una silla. Se puso de pie-. En cuanto a la otra misión que me encomendaron, se la pasaré a Hidan. A decir verdad, ya había pensado en rechazarla, porque de haberla aceptado, habría tenido que pasar dos semanas fuera de Londres. Tal vez tres. Borders habría podido hacerse cargo de la oficina, por supuesto, pero no quería dejarte sola.
Sakura pensó que era lo más dulce que Sasuke le había dicho en la vida. La habría echado de menos. Decidió que le habría gustado escuchárselo decir.
-¿Por qué no querías dejarme sola?
-Por lo de la póliza de seguro, por supuesto.
Los hombros de Sakura cayeron como si de pronto hubieran tenido que soportar una carga demasiado pesada.
-Genma y Ebisu podrían haber cuidado de mí.
-Tú eres mi responsabilidad, Sakura.
-Pero yo no deseo serlo -masculló-. Ya tienes suficientes cosas en qué pensar. No necesitas agregarme a tu lista.
Sasuke no hizo comentarios sobre su pequeño sermón. Se desabrochó los pantalones para quitarse el resto de la ropa.
Los pensamientos de Sakura se hicieron trizas. No podía dejar de observar a su esposo. Dios, era magnífico. Era la viva imagen de lo que siempre había imaginado que sería un guerrero de épocas pasadas. Sasuke era todo músculo, toda energía, con unas líneas tan finas, tan perfectas.
Lo siguió con la mirada, mientras él atravesaba todo el cuarto para echar el cerrojo a la puerta. Volvió a pasar junto a ella para acostarse. Retiró las mantas y la llamó con el dedo.
Sakura no vaciló. Se le acercó para pararse justo frente a él con las manos entrelazadas. Parecía tranquila, serena, pero no pudo engañar a Sasuke. El pulso de su cuello latía a una velocidad increíble. Lo advirtió cuando le corrió el cabello para besarla.
Sakura comenzó a desvestirse, pero Sasuke, suavemente, le apartó las manos del vestido.
-Déjame a mí -murmuró.
La princesa dejó que sus manos cayeran a los costados del cuerpo. Sasuke la desvestía mucho más rápido porque no era tan cuidadoso como ella. No se molestó en doblar las prendas y colocarlas prolijamente sobre la silla, sino que se limitó a arrojarlas sobre la camisa de él. Estaba ansioso por tenerla desnuda. Notó que las manos le temblaban cuando desató las cintas que cerraban la camisola de Sakura y sonrió por su falta de disciplina.
Se sorprendió por lo rápido que respondía ella. Tenía la respiración agitada, el corazón latiendo aceleradamente y todavía no la había tocado... Por lo menos, no del modo que quería. La anticipación lo excitó, lo llenó de deseo.
Los pensamientos de Sakura estaban un poquito más centrados. Había tomado la determinación de hacerle decir que la habría echado menos si hubiera aceptado la misión.
Cuando se liberó de la última de sus prendas, posó la mirada en el mentón de su esposo y susurró su nombre:
-¿Sasuke?
-¿Sí?
-Si te hubieras ausentado de Londres, ¿me habrías echado de menos?
Sasuke le levantó el mentón para que lo mirase a los ojos. Su sonrisa denotó una enorme ternura.
-Sí.
Sakura estaba tan contenta con esa respuesta que, suspiró aliviada. Sasuke se agachó y rozó sus labios con los de él.
-¿Te habría sorprendido que yo te echara de menos?
-No.
-¿Por qué no?
La distrajo cuando le tomó las manos para colocarlas alrededor de su cuello. Luego comenzó a morderle suavemente el lóbulo de la oreja.
-Porque ya sé que me echarías de menos. Me amas, ¿lo recuerdas?
Sakura no podía negar semejante razonamiento. Su esposo, por cierto, no tenía problema alguno de autoestima. Pensó en decírselo, y en cuanto él dejara de derretirle el cerebro con sus besos, lo haría.
Sasuke dibujó húmedos besos sobre el cuello de su esposa, a quien el corazón le latía aceleradamente. Ya temblaba entre sus brazos y a Sasuke le pareció un buen inicio.
Sabía que estaba enloqueciéndola lentamente con sus caricias. Y Sakura lo advirtió de inmediato. Se alejó de él. Sasuke se lo permitió, pero la expresión de sus ojos le comunicó su confusión.
-¿Qué sucede, cariño? ¿Por qué me has apartado de ti? Sé que me deseas, y seguramente, debes de haber imaginado que yo siento lo mismo.
Sakura estaba decidida a revertir la situación. Se metió en la cama, se colocó en el centro de esta y se arrodilló enfrentándolo. Sentía que estaba poniéndose colorada, pero se negó rotundamente a ceder ante su vergüenza. Sasuke era su esposo y amante y, sin duda, ella tendría todo el derecho del mundo de hacerle lo que quisiera.
Lo llamó con el dedo, como él siempre lo hacía con ella. Sasuke estaba tan sorprendido con su osadía que se echó a reír. Se metió en la cama y trató de abrazarla. Sakura meneó la cabeza y lo empujó por los hombros, dándole a entender que quería que se acostara boca arriba.
-¿Te agrada, mi insolencia?
-Sí -contestó-. Me agrada.
No fue lo que Sasuke le dijo, sino cómo se lo dijo, lo que la alentó a continuar con el juego. Le pasó los dedos por el pecho.
-Cuando me tocas, me vuelvo loca -murmuró-. Pero esta noche...
No siguió. Con las yemas de los dedos contorneó el ombligo de Sasuke. Sonrió cuando su esposo respiró profundamente, pues su mano ya había descendido un poco más.
-¿Sí? -preguntó él, obviamente presa del deseo.
-Vas a perder el control antes que yo pierda el mío. ¿Aceptas el desafío, esposo?
Por toda respuesta, Sasuke entrelazó ambas manos por detrás de la cabeza y cerró los ojos.
-Yo ganaré, Sakura. Tengo mucha más experiencia que tú.
Sakura se rió por su jactancia. Era extraño, pero el haber admitido que lo amaba la había liberado de toda inhibición. Se sentía salvaje, alocada, y no le importaba no actuar con dignidad. En realidad, pensaba que sería imposible mantener el decoro cuando estaba completamente desnuda.
-Gracias por decirme que te amo, Sasuke.
-De nada, cariño.
Sasuke estaba tenso, excitado.
-¿Has terminado con tu acto de valentía?
-Estoy planeando mi ataque -contestó.
Esa frase lo hizo sonreír. Sakura tenía mucha curiosidad por el cuerpo de su esposo. Quería probar su sabor, del mismo modo que él había probado el de ella. La idea que tenía en mente intensificó el rubor de sus mejillas, pero como Sasuke tenía los ojos cerrados no le importó demostrar su vergüenza.
-¿Sasuke? ¿Todo está permitido... o hay cosas que se suponen que no debo hacer?
-Nada esta prohibido -le contestó-. Nuestros cuerpos nos pertenecen mutuamente.
-Oh, qué bello.
Se sentó sobre los talones, mientras pensaba por dónde le agradaría empezar. El cuello de Sasuke la atraía, pero también todo su cuerpo.
-Cariño, voy a quedarme dormido si no comienzas -le dijo.
Sakura decidió que no perdería más tiempo en llegar al área que más la intrigaba.
Sasuke debió haber mantenido los ojos abiertos. Cuando sintió la boca de Sakura en el extremo de su erección, a punto estuvo de caer de la cama. Su gemido de placer fue casi un grito.
Su determinación se desvaneció. Necesitó todas sus fuerzas para no llegar al orgasmo en ese preciso instante. La transpiración humedeció sus cejas. La lengua tan dulce de Sakura pasó una y otra vez sobre su sensible piel, hasta que Sasuke agonizó por disfrutar de su clímax.
No podría soportar ese tormento mucho tiempo. Gimió de nuevo mientras la tomaba por los hombros para levantarla. Le separó las piernas con la rodilla para ponerla a horcajadas sobre sus caderas. La tomó por la nuca con una mano para atraerla hacia sí y besarla a la vez que entraba en su cuerpo con un solo movimiento. El fluido caliente que sintió en su miembro le dijo que ella ya estaba preparada para recibirlo. La tomó con fuerza de las caderas para permitirse un mejor acceso. Ya no podía razonar y cuando la sintió ponerse tensa instintivamente alrededor de su órgano, ya no pudo controlar la reacción de su cuerpo. Su clímax lo tomó de sorpresa. Volvió a gemir, mientras diseminaba su semilla en el interior de ella.
Tocar a su esposo de una manera tan íntima y observar su desinhibida respuesta enalteció el placer de Sakura. Si bien él llegó antes que ella, no dejó de moverse. El éxtasis fue demasiado intenso como para soportarlo. Sakura murmuró su nombre, una y otra vez, mientras sentía que la pasión encendía la sangre que corría por sus venas. Echó la cabeza hacia atrás en un gesto de total entrega. Sasuke advirtió los primeros temblores de su orgasmo y deslizó la mano hacia la unión de ambos cuerpos para tocarla. Ese escarceo la ayudó a alcanzar la satisfacción plena. Se arqueó contra él mientras el placer la dominaba.
Los temblores parecieron eternos, devastadores en intensidad. Pero Sakura no tenía miedo, porque Sasuke la abrazaba y la atraía hacia su pecho. La mantuvo muy cerca de sí hasta que la tormenta de pasión pasó.
La belleza del acto de amor compartido fue demasiado para ella. Estaba tan emocionada por lo que acababa de vivir que se puso a llorar desconsoladamente ahogando sus sollozos contra el pecho de Sasuke.
Sasuke estaba igualmente emocionado. Le acarició la espalda y le murmuró dulces palabras con una voz tan agitada como un viento invernal hasta que Sakura logró recomponerse un poco.
-Cada vez es mejor -murmuró ella.
-¿Y eso es tan terrible?
-Dentro de una semana estaré muerta -le dijo-. ¿No sientes cómo me golpea el corazón? Parecen martillazos más que latidos. Estoy segura de que no debe de ser algo tan positivo para mí.
-Si te mueres, cariño, te morirás feliz -le contestó él-. Te ha gustado estar arriba, ¿no?
Sakura asintió lentamente.
-Yo fui la ganadora del desafío, ¿verdad?
Sasuke se echó a reír.
-Sí -admitió.
Ella estaba feliz. Cerró los ojos y se cobijó en su esposo.
-Olvidamos cenar -susurró ella.
-Comeremos más tarde -contestó-. Después que yo tenga mi turno.
Sakura no entendió a qué se refería.
-¿Después que tengas tu turno para qué?
Sasuke la tendió de espaldas y la cubrió con su cuerpo. Apoyó su peso sobre los codos y le sonrió.
Cuando su boca estuvo a escasos dos centímetros de la de ella le contestó:
-Para ganar.
