CAPÍTULO 12

Amar a Sasuke era una cosa y estar conforme con su manera de ser era otra muy diferente. Era imposible razonar con él, aunque muy fácil besarlo. Sakura sabia que jamás habría aceptado que ella le diera lo que le había quedado de la herencia, por lo que se vio obligada a recurrir a un viejo truco para poder ayudarlo. Siguió el ejemplo de su padre, y en más de una oportunidad, se dijo que Dios la comprendería aunque Sasuke no. Al final su esposo podría superar su obstinación, pero la joven no estaba dispuesta a permitir que terceros compraran acciones en su empresa mientras se sentaba a esperar cruzada de brazos a que su esposo aceptara entrar en razones.

Las acciones salieron a la venta un miércoles a las diez de la mañana. Dos minutos después las transacciones se completaron con la venta de veinte acciones. El precio fue extremadamente alto.

Sasuke se sorprendió por el precio y desconfió. Exigió conocer los nombres de sus socios. Sarutobi sólo le dijo que un solo comprador había adquirido las veinte acciones, pero que no estaba autorizado a divulgar su identidad.

-Me responderá una pregunta -demandó Sasuke-. Quiero saber si mi esposa figura como propietaria de esas acciones.

Sarutobi meneó la cabeza de inmediato.

-No, sir Uchiha. -pudo admitir el hombre con toda honestidad-. La princesa Sakura no es la propietaria.

Sasuke se sintió satisfecho porque sabía que el agente estaba diciéndole la verdad. Pero de repente, se le ocurrió otra posibilidad.

-¿Y su consejero? ¿Ese hombre a quien ella llama tío Heki?¿El las compró?

-No -contestó Sarutobi de inmediato-. Estoy seguro de que el hombre se habría abalanzado sobre esas acciones, pero no tuvo oportunidad. La transacción se efectuó en un abrir y cerrar de ojos. No hubo tiempo para notificarlo.

Sasuke, por fin, decidió dejar las cosas como estaban. Sakura se sintió agradecida y elevó sus loas al Señor porque su esposo no seguiría indagando.

De todas maneras se sentía muy culpable porque había tenido que recurrir al engaño. Sabía que estaba mal manipular a su esposo, pero ella achacaba la culpa de su pecado a la obstinación de Sasuke. Incluso pensó que podría guardarse el engaño para sí, aunque sabía que, cuanto más tiempo llevara adelante la mentira, peor se sentiría consigo misma. Se hizo muchos reproches en voz baja. Afortunadamente, Sasuke no estaba allí para escucharla. Trabajaba doce horas diarias en el astillero. Katazu la escuchó despotricar, pero pensó que se trataba de un ataque de rabia por su prolongado encierro.

En realidad el mes pasó muy rápido. Todos comentaron que el baile de Hinata había sido un éxito rotundo. Sakura, se enteró de todos los detalles por la duquesa y su nuera, lady Izumi. Por supuesto que ambas lamentaron la ausencia de Sakura, pero entendieron las razones de Sasuke para mantenerla encerrada bajo llave.

Hinata fue de visita la tarde siguiente para agregar detalles a los relatos de su madre y de su cuñada. Dijo que ya se había enamorado de un marqués y de dos condes. Estaba ansiosa por recibir notas, por intermedio de su padre, solicitando permiso para visitarla.

Como Sasuke pasaba tantas horas fuera trabajando, Sakura aprovechaba hasta el último minuto del rato que pasaban juntos y no deseaba hablar de negocios. No obstante, había oportunidades en los que el tema era inevitable. Los representantes del arrendador de la casa informaron a Katazu que los propietarios de la misma habían decidido establecerse en el extranjero y que, por lo tanto, deseaban vender el inmueble. Sakura se había encariñado con ella y quería comprarla. Por eso, sacó el tema esa noche, durante la cena.

La actitud de Sasuke hacia la herencia de su esposa no se había modificado. Le dijo que no le importaba lo que ella hiciera con su dinero.

Luego, ella especificó el asunto.

-Me gustaría comprar esta casa de la ciudad -anunció.

No le dio tiempo a que rechazara la propuesta de inmediato, sino que se apresuró a darle una explicación.

-Por esta absurda legislación inglesa, es casi imposible que una mujer casada haga un contrato por sus medios. Yo no te habría molestado por esta tontería, pero necesito que firmes los papeles.

-La razón por la que se llevó a cabo esa ley es muy sencilla de comprender -le explicó-. Los esposos son legalmente responsables de todos y cada uno de los negocios que emprendan sus esposas.

-Sí, pero el tema en discusión...

-El tema es si puedo respaldarte -la interrumpió. Había levantado la voz-. ¿Dudas que pueda respaldarte?

-No, por supuesto que no -le contestó.

Sasuke asintió satisfecho. Ella suspiró. No sería razonable en ese tema. Por un instante Sakura consideró la posibilidad de firmar con las iniciales y decir que su tío Heki había comprado la propiedad, pero la descartó de inmediato. Sasuke pondría el grito en el cielo. Por otra parte, habría sido una, mentira abierta y descarada. Probablemente Dios no le perdonaría la transgresión por haberla hecho puramente por motivos egoístas. Una cosa era haber hecho una pequeña trampa en la compra de las acciones para que Sasuke y su socio mantuvieran la absoluta propiedad del astillero. Pero otra cosa muy diferente era manipular la compra de esa casa, sólo porque a ella le agradaba. Supuso que, desde que se había casado con Sasuke, su lista de pecados se había incrementado enormemente, aunque la mayoría de ellos estarían registrados en la columna de ofensas de menor envergadura. Una mentira contundente, sin duda, habría quedado en la columna de los pecados más serios.

Sakura no podía engañarlo.

-Como quieras, Sasuke. Me gustaría que sepas que para mí no estás actuando con sensatez en todo esto.

-Me doy por enterado -le contestó, secamente.

En esa ocasión, Sasuke ni siquiera le dio la oportunidad de quedarse con la última palabra. Aunque con frecuencia era muy insensible con las necesidades de su esposa, se comportaba de una manera opuesta con las demás personas. En ocasiones, se tornaba realmente considerado. Después que transcurrió el mes de reclusión de Sakura y los servicios de Ebisu y de Genma como guardias de la princesa ya no fueron necesarios, Sasuke les ofreció trabajo en su astillero. Los hombres se mostraron muy entusiastas con la perspectiva de trabajar en un barco y recorrer el mundo, pues ambos eran jóvenes y no tenían compromisos. Sasuke los puso bajo la supervisión de su amigo Omoi para que recibieran la preparación adecuada.

Sasuke se convirtió en un amante muy apasionado. Pasaba todas las noches en la cama de Sakura y, después de hacerle el amor, la tenía abrazada hasta que creía que se dormía. Luego regresaba a su alcoba. Sakura temía sacar el tema del ritual, porque su esposo le había dicho muy claramente que no quería hablar de su pierna lesionada. Quería aparentar que no tenía ningún problema. La muchacha no entendía los mecanismos de sus pensamientos. ¿Lo haría sentir un ser inferior si admitía que tenía defectos humanos? Y si la amaba, ¿no era su obligación compartir sus alegrías y sus penas con ella?

Pero Sasuke no la amaba -por lo menos, no todavía-, recordó Sakura, Sin embargo, no se sintió descorazonada porque confiaba plenamente en su marido. Después de todo era un hombre inteligente y llegaría el día en que se ablandaría y reconocería qué buena esposa tenía. Si no llegaba a esa conclusión en cinco años, bueno. Sakura podía esperar. Mantendría la promesa que le había hecho. No interferiría.

Sin embargo, las alzas que había hecho poner en el calzado de su esposo no entraban en la categoría de interferencia, según su criterio. Estaba muy contenta porque Sasuke usaba ese par de botas de agua especiales prácticamente todas las días. El zapatero le había hecho dos alzas de cuero. La primera fue demasiado gruesa, o al menos, eso dedujo Sakura, pues Sasuke, cuando se las puso, las soportó sólo unos pocos minutos y luego se las cambió por otras. La segunda pieza que hizo poner dio resultados mucho mejores. Sasuke creyó que las había roto por dentro, pero que suerte, ahora le resultaban cómodas. Por supuesto que ella conocía la verdad, pero no dijo ni una palabra. Tampoco Katazu. El mayordomo comentó a su señora que notaba que la cojera nocturna de Sasuke no era pronunciada como antes. Sakura pensaba lo mismo. Estaba tan feliz por el éxito logrado que mandó hacer dos inserciones más para que su marido tuviera calzados cómodos para caminar, y también para vestir cuando tuviera que salir.

Para el resto del mundo Sasuke aparentaba ser un hombre a quien no le importaba nada. Siempre tenía una sonrisa pícara en los labios y se había ganado bastante popularidad en todo Londres. Cada vez que entraba a algún salón, de inmediato se veía rodeado de amigos. Y las mujeres no quedaban excluidas. A la mayoría de ellas no les importaba que estuviera casado. Seguían acosándolo. Sasuke era un seductor, sin duda, pero no andaba flirteando por ahí. No era simplemente inteligente, sino muy astuto. La mayoría de sus negocios empresariales se realizaban en los salones de baile. Cuando Sakura se dio cuenta de ese hecho, no le importó que volviera tan tarde.

Aunque dormía la siesta. Durante dos meses enteros ella y Sasuke salieron prácticamente todas las noches. Estaba tan cansada de tantas fiestas que tenía náuseas.

Sin embargo, estaba ansiosa por concurrir a la reunión de esa noche porque también estaba invitada la familia de Sasuke al baile del conde de Allenborough. Los duques eran las escoltas de su hija Hinata y también se harían presentes Itachi y su esposa.

El conde había alquilado la mansión Harrison para el acontecimiento. La imponente propiedad de mármol y piedra era casi tan grande como el palacio del príncipe regente.

Sakura llevaba puesto su vestido color marfil. El escote no era terriblemente atrevido, pero Sasuke, de todas maneras, tuvo que hacer algún comentario negativo al respecto. Su única, joya fue un collar de oro y zafiros, que le quedaba tan justo como una gargantilla. Sólo había un zafiro en el centro de la cena. La preciosa alhaja era de por lo menos dos quilates en tamaño y al parecer, perfecta. Sasuke sabía que esa cosa debía de costar una fortuna, por lo que no le agradaba que su esposa se la pusiera.

-Esta joya me agrada especialmente -le dijo ella, una vez que se instalaron en el interior del carruaje, pues se dirigían al baile-. Pero por tu mirada ceñuda, sé que tú no estás conforme. ¿Por qué, Sasuke?

-¿Por qué te gusta?

Sakura rozó el collar con las yemas de los dedos.

-Porque era de mi madre. Cada vez que me lo pongo, la recuerdo. Mi padre se lo regaló.

La actitud de Sasuke cambió al instante.

-Entonces debes usarlo.

-¿Pero por qué te desagradaba? Vi cómo frunciste el entrecejo cuando lo viste por primera vez.

Sasuke se encogió de hombros.

-Porque no fui yo el que te lo compró.

Sakura no supo cómo reaccionar. Se llevó la mano a la nuca para desabrochar el collar. Sasuke se lo impidió.

-Déjatelo. Ha sido una estupidez de mi parte. Te vez hermosa con el.

Por la expresión del rostro de su esposo, Sakura advirtió que acababa de hacerle un cumplido y no una crítica. Colocó ambas manos sobre la falda, le sonrió y cambió de conversación.

-¿Tu socio no tiene que estar por venir en cualquier momento?

-Sí.

-¿Me caerá bien?

-Con el tiempo.

-¿Y su esposa?

-Sí.

Sakura no se molestó por tan escuetas respuestas. Por la expresión de su rostro, se dio cuenta de que estaba dolorido. Obviamente, la pierna había empezado a molestarle y, cuando Sasuke apoyó el pie sobre los almohadones, dio por confirmadas sus sospechas.

Debió ultimar esfuerzos para no tocarle la pierna.

-No tenemos que ir obligatoriamente a ese baile -le dijo-. Me parece que estás cansado.

-Estoy bien -le contestó él, con un tono tan extraño que decidió no contradecirlo.

Sakura volvió a cambiar de tema.

-Sería apropiado que hiciéramos un obsequio a Deidara y a Karin por el nacimiento de su pequeña.

Sasuke se había reclinado contra el respaldo del asiento y había cerrado los ojos. La joven no estaba segura de si la había escuchado o no. Bajó la vista y comenzó a acomodarse los pliegues del vestido.

-No quería molestarte con esos detalles tan superficiales, y por eso, me encargué yo. Como tú y Deidara sois propietarios de un astillero, pensé quesería agradable mandar construir una réplica de un barco. ¿Qué te parece la idea? Cuando se compren la casa, Karin podrá poner la réplica sobre la repisa de la chimenea.

-Estoy seguro de que le agradará -respondió Sasuke-. Lo que decidas estará bien para mí.

-Había varios dibujos de barcos en tu estudio -dijo ella entonces-. Espero que no te moleste que haya tomado uno del Esmeralda para dárselo al artesano.

El carruaje se detuvo de inmediato frente a la mansión Harrison. Sasuke parecía medio dormido hasta que el cochero abrió la puerta. Luego, su actitud cambió. Ayudó a Sakura a bajar, la tomó por el brazo y comenzaron a subir la escalinata. Advirtió que su hermano y su cuñada se les acercaban y les sonrió.

Sasuke no había podido recuperarse milagrosamente, pues su sonrisa era forzada. Sin embargo, Sakura sabía que era la única que se había percatado de su dolor. El médico le había dicho que lo mejor era que Sasuke no estuviera de pie cuando el dolor lo atormentara, pero por supuesto, él no hacía caso. Lo más probable era que se pusiera a bailar toda la noche, demostrando que estaba bien.

El aire de la noche estaba frío y húmedo. De pronto Sakura se sintió un poco mareada. Tenía el estómago un poco revuelto y se sintió satisfecha de no haber cenado demasiado. Se dijo que, sin duda, el motivo de su malestar era el cansancio.

Izumi advirtió lo pálida que estaba y lo mencionó frente a los maridos. Sasuke y Itachi se volvieron hacia ella.

-¿Por qué no me dijiste que no te sentías bien? -le preguntó Sasuke.

-Sólo estoy un poco cansada -le dijo ella-. Deja de mirarme con el entrecejo fruncido, Sasuke. No estoy acostumbrada a salir todas las, noches y por eso estoy un tanto fatigada. Es la verdad. Preferiría quedarme en casa de vez en cuando.

-¿No te agradan las fiestas?

Su esposo parecía sorprendido. Ella se encogió de hombros.

-Hacemos lo debido.

Pero él no estaba dispuesto a dejar las cosas así.

-Bueno, está bien -dijo ella-. No, no me gustan mucho las fiestas...

-¿Y por qué no lo has dicho?

Sasuke estaba exasperado con ella. Sakura meneó la cabeza.

-Porque cada reunión es una oportunidad comercial para ti y Deidara -explicó-. A ti tampoco te agrada salir -agregó-. Y por eso es que he dicho que hacemos lo que debemos. Al final habría hecho algún comentario.

Su esposa era una mujer extremadamente astuta. Había comprendido los motivos por los cuales él la había llevado a rastras a todas esas fiestas.

-¿Al final? -repitió él con una sonrisa-. ¿Y cuándo, precisamente, te habrías quejado?

-Nunca me quejaría y tú deberías disculparte por sugerir que lo haría. Al final sería, exactamente, dentro de cinco años. Entonces mencionaría mi preferencia por quedarme en casa.

Itachi sonrió a Sakura y dijo:

-Asegúrate de agradecer a tu amigo Heki su consejo con respecto a aquella inversión. Esas acciones ya se han triplicado.

Sakura asintió.

-¿Qué inversión? -preguntó Sasuke.

Itachi respondió.

-La última vez que estuve de visita en tu casa, mencioné que tenía interés en hacer una buena inversión. Sakura me dijo que Heki había recomendado adquirir acciones de Campton Glass. Acaban de salir a la venta.

-Pensé que estabas invirtiendo en la fábrica de ropa de Kent -intervino Izumi.

-Todavía estoy considerándolo -respondió Itachi.

Sakura meneó la cabeza.

-No creo que esa sea una buena inversión, Itachi. Creo que deberían pensarlo muy bien antes de invertir.

Sakura sentía que Sasuke tenía la vista clavada en ella, pero no se volvió para mirarlo.

-Heki también estuvo interesado en la fábrica de ropa. Envió a su agente, Sarutobi, a echar un vistazo. Sarutobi dijo que era una trampa mortal y que estaba muy mal administrada. Hay cientos de mujeres y niños que trabajan allí y en condiciones deplorables. Heki no estaba dispuesto a enriquecer al dueño, ni a sí mismo, en algo así. Vaya, estaría beneficiándose de la miseria ajena. Por lo menos, eso fue lo que me dijo en su última carta.

Itachi estuvo inmediatamente de acuerdo. Dejaron el tema cuando entraron al vestíbulo de la Mansión Harrison. El duque y la duquesa se hallaban junto a Hinata en un recinto cercano y de inmediato hicieron un ademán a sus hijos y nueras para que se les acercaran. Los negocios habían quedado de lado. Hinata estrechó a Izumi entre sus brazos y luego hizo lo propio con Sakura. Al segundo advirtió el collar que tenía su cuñada y declaró que se moría de envidia. Hinata llevaba un collar de perlas de una sola hilera. Sin darse cuenta, se lo tocó y comentó que su vestido violeta habría quedado mucho más bonito si su padre le hubiera regalado un collar de zafiros.

Sakura se rió por la falta de sutileza de la muchacha. Como nadie las estaba observando, se quitó la gargantilla de zafiros y se la dio a Hinata.

-Este collar perteneció a mi madre, y por eso, debes ser muy cuidadosa con él -le murmuró Sakura para que Sasuke no la escuchara-. El broche es muy seguro y mientras te lo dejes puesto, no lo perderás.

Hinata protestó mientras se sacaba el collar de perlas para dárselo a Sakura. Izumi leía la tarjeta con las peticiones para el baile de Hinata mientras esta se ponía el collar. Luego la hizo, volverse para asegurarse de que el broche estuviera firmemente cerrado.

-Ten mucho cuidado con esto -le ordenó.

Sasuke no se dio cuenta del cambio de joyas durante más de una hora. Sir Morino se acercó presuroso a saludar a la familia y, cuando advirtió que Itachi estaba ocupado conversando con su padre, hizo una señal a Sasuke para indicarle que quería hablar a solas con él. La expresión de su rostro indicó que se trataba de un asunto muy serio.

La oportunidad para la charla privada surgió cuando el duque sacó a bailar a Sakura. En cuanto ambos se dirigieron al centro del salón, Sasuke se acercó al director. Sir Morino estaba de pie en la entrada de un recinto triangular observando a los presentes.

Ambos hombres se quedaron de pie, uno junto al otro, aunque sin dirigirse la palabra durante varios minutos. Sasuke notó la presencia de Chishima Yoshino en la pista de baile y de inmediato frunció el entrecejo. Tenía la esperanza de que Sakura no advirtiera su presencia. De lo contrario, segura mente, acorralaría a ese hombre para arrancarle respuestas sobre su hermana. Por supuesto, Chishima terminaría con insultos, y Sasuke, a golpes.

La posibilidad hizo sonreír a Sasuke.

Entonces, su hermana atrajo su atención. Estaba bailando con Hidan. Sasuke entrelazó las manos detrás de la cintura y observó a la pareja. Hidan advirtió que Sasuke lo miraba y lo saludó asintiendo con la cabeza. Sasuke le respondió de igual modo.

Sir Morino también asintió al neófito. Y sonrió. Por ese motivo, Sasuke se sorprendió cuando le habló con tono iracundo.

-No debí haber encomendado la misión a Hidan -murmuró-. La echó a perder. ¿Recuerda a Devins?

Sasuke asintió. El hombre a quien Sir Morino se refería era un agente que se usaba, en ocasiones, para transferir información para el gobierno.

-Está muerto. Por lo que pude averiguar, quedó atrapado en una trifulca sangrienta. Hidan dijo que Devins se asustó. Estaba aguardando a su contacto cuando apareció la hija de Devins. Fue mala suerte. La muchacha resultó muerta en medio de un fuego cruzado. Maldición, Sasuke. Todo debió haber salido a la perfección, pero la ansiedad e inexperiencia, de Hidan convirtió esa operación tan simple en un rotundo fracaso. Mala suerte o no, ese hombre no sirve para este tipo de trabajo -agregó

-No vuelva a usarlo -dijo Sasuke, con la voz temblorosa por la ira-. Devins no era la clase de hombre que se asustaba por nada. Tenía su carácter, sí, pero uno siempre podía confiar en su buen juicio.

-Sí, en circunstancias normales yo estaría de acuerdo con su opinión. Sin embargo, el hombre también era un padre protector, Sasuke. No me resultaría extraño que el pánico lo haya consumido si creyó que su hija corría peligro.

-Yo creo que un padre reaccionaría exactamente del modo opuesto. Tenía razones más que suficientes para no caer presa del pánico.

Sir Morino asintió.

-Ya le he dicho a Hidan que ha quedado fuera. Por supuesto que se sintió muy mal por mi decisión. Se disculpó porque las cosas se hubieran malogrado y admitió haber reaccionado de forma exagerada. También lo culpó a usted, hijo, por no haber estado a su lado y enseñarle todos los secretos, por así decirlo, de esta clase de trabajo.

Sasuke meneó la cabeza. No aceptaba esa excusa. Y por la expresión del director, él tampoco.

-Tiene razón, Morino. Hidan no tiene instinto.

-Es una pena -dijo el director-. Está ansioso por complacernos y necesita el dinero. Me imagino que se casará bien. Es un seductor con las mujeres.

Sasuke volvió a mirar la pista de baile. Localizó a Hidan de inmediato. Sonreía a Hinata mientras la hacía girar por la pista. Su hermana estaba riéndose, y obviamente, disfrutando del mejor momento de su vida.

Fue entonces cuando notó qué collar tenía puesto Hinata. Inmediatamente, buscó a Sakura con la vista entre los presentes. Ella llevaba las perlas de Hinata. Sasuke frunció el entrecejo, preocupado. Sin embargo, el cambio de joyas no era la razón. El rostro de su esposa estiba tan pálido como su vestido. Parecía a punto de desmayarse en cualquier momento.

Sasuke se excusó con el director y se acercó a Sakura. Tocó el hombro de su padre y tomó a la princesa entre sus brazos. Ella forzó una sonrisa y se recostó contra su esposo.

El vals terminó justo cuando él se volvía para llevarla a la terraza.

-Te sientes realmente mal, ¿verdad, cariño?

Itachi estaba parado junto a su esposa cerca de las puertas que conducían al exterior. Miró el rostro de Sakura, y de inmediato, retrocedió un paso. Su cuñada estaba casi verde. Rezaba a Dios para que cualquiera que hubiera sido el mal que la aquejaba, no fuera contagioso.

Sakura no sabía si tenía ganas de vomitar o si se desvanecería en cualquier momento, pero rezaba para no hacer ninguna de las dos cosas hasta que llegaran a casa. Sin embargo, el aire fresco la ayudó. Después de unos minutos, la cabeza pareció dejar de darle vueltas.

-Fue por tanto girar y girar -dijo a su esposo.

Itachi soltó un suspiro de alivio y se acercó a ofrecer su ayuda. Sasuke dejó a Sakura apoyada contra su hermano, mientras él se despedía de todo el mundo y luego pasó a buscarla para marcharse. Como la muchacha no había llevado capa, Sasuke se quitó la chaqueta para ponérsela sobre los hombros mientras caminaban hacia el carruaje que les aguardaba.

Pero esa sensación de alivio fue muy breve. El bamboleo del carruaje le revolvió el estómago otra vez. Se apretó las manos sobre la falda e inspiró profundamente para tratar de calmarse.

Sasuke la tomó entre sus brazos y la sentó en su regazo. Le colocó la cabeza debajo del mentón y la estrechó con fuerza.

La entró a la casa y la subió a la habitación. La dejó sentada sobre un costado de la cama mientras fue a buscar un vaso de agua fría que ella le había pedido.

Sakura se acostó sobre la colcha, con las piernas bien extendidas y cerró los ojos. Un minuto después, estaba profundamente dormida.

Sasuke la desvistió. Katazu, hecho un manojo de nervios, caminaba de aquí para allá, por el pasillo, frente a la puerta de la alcoba. Pero Sasuke no le permitió ayudar. Después que le quitó toda la ropa, la metió debajo de las mantas. Debía de estar verdaderamente agotada, pues ni siquiera abrió los ojos cuando él la levantó para acomodarla en el interior del lecho. Dormía como un bebé.

Sasuke decidió pasar toda la noche con ella. Si empeoraba, quería estar cerca para ayudarla. Y Dios santo, de pronto él también se sintió exhausto. Se quitó la ropa y se acostó junto a su esposa. Instintivamente, ella rodó sobre sí para acomodarse entre sus brazos. Sasuke le besó la frente, la abrazó y cerró los ojos. El también se quedó dormido en menos de un minuto.

Se despertó poco antes del amanecer, cuando su esposa rozó la espalda contra él. Todavía estaba dormida. Sasuke no estaba despabilado en absoluto como para pensar con claridad qué estaba haciendo allí. Le hizo el amor y cuando ambos llegaron al orgasmo, él se quedó dormido cuando aún sus cuerpos estaban unidos.

Al día siguiente, Sakura se sintió tan bien como siempre. Hinata llegó a su casa a las dos de la tarde para devolverle el collar personalmente. También estaba llena de novedades.

Estaba disfrutando muchísimo de su temporada de presentación en sociedad y vino a contarle a Sakura todos las peticiones de mano que su padre ya había recibido.

Hinata tomó por el brazo a Sakura y la condujo hacia el salón.

-¿Dónde está mi hermano en esta hermosa tarde de domingo?

-Trabajando -respondió Sakura-. Regresará para la cena.

Hinata se sentó en la silla adyacente al sofá. Katazu estaba de pie cerca de la entrada esperando por si lo necesitaban.

-Apenas si puedo ordenar a tantos caballeros en mi mente-exageró Hinata.

-Debes hacer una lista de aquellos que te interesen -le aconsejó Sakura-. Entonces, no te confundirás.

A Hinata le pareció un plan de acción inteligente. Sakura pidió a Katazu que trajera una hoja de papel y una pluma.

-Ya he pedido a papá que rechace a varios caballeros y ha sido muy condescendiente. No tiene ninguna prisa por casarme.

-Tal vez debas hacer otra lista con todos los caballeros que rechazas -sugirió Sakura-. En ella, debes incluir las razones por las que los has descartado junto a cada nombre, por supuesto, por si cambias de opinión o te olvidas de por qué lo has hecho.

-Sí, esa es una idea estupenda -comentó Hinata-. Qué bueno que me ayudes.

Sakura estaba fascinada por poder colaborar.

-La organización es la clave, Hinata -anunció.

-¿La clave para qué?

Sakura abrió la boca para contestar, pero de pronto se dio cuenta de que no estaba muy segura de lo que iba a decir.

-Para una vida feliz y bien estructurada.

Katazu retornó con las cosas que ella había solicitado. Sakura le dio las gracias y luego se volvió a Hinata.

-¿Empezamos por los rechazos?

-Sí -aceptó Hinata-. Anota a Chishima Yoshino encabezando la lista. El pidió mi mano ayer, pero no me agrada en lo más mínimo.

Sakura anotó el título en la lista y luego el nombre de Chishima Yoshino.

-A mí tampoco me gusta. Has sido muy juiciosa al rechazarlo.

-Gracias -respondió Hinata.

-¿Qué razón específica quieres que anote junto a su nombre?

-Que es un asco.

Sakura se rió.

-Lo es -comentó-. Es totalmente opuesto a su hermana. Kaede es una dama estupenda.

Hinata no conocía a Kaede, y por lo tanto, no podía estar de acuerdo o en desacuerdo. Siguió con los nombres de los caballeros que le resultaban inaceptables. Se apresuró a terminar con esa lista para dedicarse a los que le resultaban atractivos. Además tenía novedades que se moría por compartir con Sakura.

-Bien, entonces comencemos con la segunda lista.

Hinata le dictó sus cuatro nombres. El último fue Hidan.

-Por supuesto que él no ha pedido mi mano porque nos conocimos justo anoche. Pero, oh, Sakura, es tan apuesto y encantador. Te juro que, cuando sonríe, siento que el corazón se me detiene. Sin embargo, dudo que tenga posibilidades con él. Es demasiado popular entre las mujeres. No obstante, sí mencionó que pediría permiso a papá para venir a visitarme.

-Conozco a Hidan -dijo Sakura-. Y estoy de acuerdo en que es muy agradable. Creo que a Sasuke también le cae muy bien.

-Me parece que sería un buen candidato -opinó Hinata-. Pero... hay otro caballero que me gustaría tener en cuenta.

-Dime su nombre y lo agregaré a la lista.

Hinata empezó a sonrojarse.

-Es de lo más romántico -murmuró-. Pero a papá no le parecerá bien. Debes prometerme que no se lo dirás a nadie.

-¿Decir qué?

-Primero, prométeme, y luego te explicaré todo. Ponte la mano en el corazón. Eso hace que tu promesa sea más efectiva.

Sakura no se atrevió a reír. Hinata parecía tan sincera que no quiso herirla en sus sentimientos. Hizo lo que le pidió y se puso la mano en el corazón mientras pronunció el juramento.

-¿Ahora me lo explicarás?

-Todavía no sé cuál es el nombre de este caballero -dijo Hinata-. Pero estaba anoche en el baile. Estoy segura. Y también estoy segura de que es maravilloso.

-¿Cómo puedes saber que es maravilloso sí no lo conoces? ¿O sí? Eso es, ¿verdad? Es sólo que no sabes su nombre. Dime ceno es. Tal vez ya lo conozca.

-Oh, todavía no lo he visto.

-Me confundes.

Hinata rió.

-Tiene un nombre que por ahora podemos anotar en la lista.

Sakura mojó la pluma en el tintero. Hinata esperó a que su cuñada terminara la tarea y luego susurró.

-Mi Admirador Secreto.

Hinata soltó un largo suspiro de felicidad cuando terminó de decir su nombre. Al mismo tiempo Sakura se quedó boquiabierta. Dejó caer la pluma sobre la falda y la tinta manchó su vestido rosa.

-¡Oh, Dios! Mira qué hecho -gritó Hinata-. Tu vestido...

Sakura meneó la cabeza.

-Olvida el vestido -le dijo con la voz temblorosa por la preocupación-. Quiero que me cuentes todo de este Admirador Secreto.

Hinata frunció el entrecejo.

-No he hecho nada malo, Sakura. ¿Por qué te has disgustado conmigo?

-No me he disgustado... Al menos, no contigo -aclaró Sakura.

-Me has gritado.

-No fue mi intención.

Entonces vio lágrimas en los ojos de Hinata. Su cuñada era muy sensible y cualquier cosa la lastimaba. Todavía era más niña que mujer, advirtió Sakura. Fue por ello por lo que tomó la determinación de no contarle nada sobre lo que la preocupaba. Primero hablaría con Sasuke. Él sí sabría qué hacer con ese Admirador Secreto.

-Lamento haberte molestado. Por favor, perdóname. -Se esforzó por emplear un tono de voz más suave.- Me interesa mucho este asunto de tu Admirador Secreto. ¿Me lo contarás?

Hinata parpadeó para liberarse de las lágrimas.

-No hay mucho que contar -dijo ella-. Esta mañana recibí una poesía muy encantadora con una nota adjunta. No había ningún mensaje. Sólo la firma.

-¿Qué decía?

-«Tu Admirador Secreto». Me pareció muy romántico. No entiendo por qué actúa de esta manera tan extraña.

-Santo Dios. -Sakura pronunció esas palabras y se dejó caer contra el respaldo del sofá. Estaba llena de temores. Decidió que Sasuke tendría que escucharla, aunque tuviera que atarlo para conseguirlo.

-Estás temblando, Sakura -dijo Hinata.

-Sólo tengo un poco de frío.

-Mamá le dijo a Izumi que cree que estás en estado.

-¿Que estoy qué?

Por supuesto que no había querido gritar, pero el comentario de Hinata prácticamente le arrancó un alarido.

-Ellos creen que puedes estar embarazada -le explicó Hinata-.¿Lo estás?

-No, por supuesto que no. Es imposible. Es demasiado pronto.

-Ya hace más de tres meses que te has casado -le recordó Hinata-. Mamá dijo a Izumi que tus náuseas podrían ser un síntoma. Se decepcionará si no estás en estado. ¿Estás segura, Sakura?

-Si, lo estoy.

No estaba diciéndole la verdad a Hinata. En realidad, no estaba segura de nada. Santo Dios, podría estar embarazada. Hacía mucho tiempo que le faltaba su periodo menstrual... casi tres meses. Contó hacia atrás para estar segura. Sí, cierto. Había tenido calambres dos semanas antes de casarse... y desde entonces, nada. ¿Sería posible que su malestar fuera por cansancio? Recordó que antes jamás dormía siesta, pero últimamente, no podía llegar al fin del día si no descansaba un rato por la tarde. Pero por otra parte, ella y Sasuke habían estado saliendo todas las noches y esas trasnochadas hacían imprescindibles las siestas.

Se posó la mano sobre el vientre en un gesto protector.

-Me encantaría tener hijos de Sasuke -dijo-. Pero él tiene planes muy importantes y yo prometí no interferir.

-¿Y qué tienen que ver los bebés con los planes?

Sakura trató de reordenar sus ideas. Se sentía como hipnotizada. No podía organizar sus pensamientos... ¿Por qué no se había dado cuenta de la... posibilidad de...? La única respuesta lógica era... Oh, sí, estaba embarazada.

-Sakura, explícate.

-Es un plan de cinco años -estalló Sakura-. Justo entonces tendré hijos.

Hinata pensó que su cuñada estaba tomándole el pelo y se echó a reír. Sakura logró mantener la calma hasta que su cuñada se marchó cinco minutos después. Entonces, subió corriendo a su cuarto, cerró la puerta y se puso a llorar.

La abrumaban las emociones más contradictorias. Por un lado, estaba maravillada por engendrar un hijo o una hija de Sasuke. Una preciosa vida creciendo en sus entrañas le parecían un verdadero milagro. La dicha la devastaba, pero también... la culpa.

Probablemente a Sasuke no le agradaría en lo más mínimo la idea de tener un bebé. Sakura no dudaba de su capacidad para ser un buen padre, ¿pero un hijo en ese momento no significaría hacerle la carga más pesada? Oh, Dios, ojalá la amara. Y ojalá no fuera tan obstinado con el tema de su herencia.

Sakura no quería sentirse culpable. ¿Y cómo era posible estar tan eufórica y asustada a la vez?

Katazu subió con una taza de té caliente para su señora. Estuvo a punto de llamar a la puerta cuando la oyó llorar. Se quedó parado allí, sin saber qué hacer. Por supuesto que quería conocer las causas, para ver si podía ayudar, pero como la puerta estaba cerrada sabía que la princesa deseaba intimidad.

Oyó que se abría la puerta principal y de inmediato se dirigió a la escalera. En ese momento, Sasuke entraba en la casa. Pero no estaba solo, sino con Deidara, su socio. El hombre era tan alto que tuvo que agachar la cabeza para no golpeársela contra el arco de la puerta de entrada.

Katazu sabía que no debía expresar su preocupación por la señora delante de las visitas. Bajó rápidamente las escaleras, hizo su reverencia a Sasuke y luego a Deidara.

-Iremos al salón, Katazu -dijo Sasuke-. Itachi y su esposa vendrán dentro de un rato. ¿Dónde está Sakura?

-Su princesa está arriba, descansando -contestó el mayordomo, tratando de actuar como un hombre digno de la casa. Por supuesto que ya conocía a Deidara, pero el hombre aún lo intimidaba un poco.

-Déjela descansar hasta que llegue mi hermano. -Se volvió hacia su socio y le dijo-: Tuvimos que salir todas esas malditas noches. Sakura está agotada.

-¿Y a ella le agrada salir todas las noches?

Sasuke sonrió.

-No.

Llamaron a la puerta justo cuando Sasuke y su socio entraban al salón. Katazu supuso que se trataría de la familia de su señor. Se apresuró a abrir y hasta estuvo a punto de hacer su reverencia cuando se dio cuenta de que se trataba sólo de un mensajero. Traía una caja blanca con una cinta roja. Prácticamente arrojó el paquete en manos de Katazu.

-Me han dado una moneda para que entregue esto a la princesa Sakura -anunció.

Katazu tomó la caja, asintió y luego cerró la puerta. Se volvió para subir, con una sonrisa ahora, porque tenía un pretexto agradable para interrumpirla. Y tal vez, con un poco de suerte, podría descubrir por qué estaba tan triste.

Volvieron a llamar a la puerta. Katazu dejó la caja sobre una mesa y fue a atender. Había transcurrido menos de un minuto, por lo que pensó que se trataba otra vez del mismo mensajero que habría vuelto por algún motivo.

El hermano de Itachi y su esposa estaban en la puerta. Lady Izumi saludó a Katazu con una sonrisa. Sin embargo, Itachi casi no vio al mayordomo, pues miraba a su esposa con una expresión muy ceñuda.

-Buenas tardes -dijo Katazu, mientras abría la puerta de par en par.

Izumi entró presurosa. Saludó al mayordomo. Itachi apenas asintió con la cabeza. Parecía preocupado.

-No hemos terminado con esta discusión -dijo a su esposa con un tono muy serio.

-Sí, ya hemos terminado -lo contradijo ella-. Eres extremadamente irracional, esposo. Katazu, ¿dónde están Sasuke y Deidara?

-Están aguardándolos en el salón, milady.

-Llegaré al fondo de todo esto, Izumi -masculló Itachi-. No me importa el tiempo que me lleve.

-Te estás comportando como un celoso irracional, Itachi.

-Y tengo razón, maldita sea.

Hizo esa eufórica aseveración mientras seguía a su esposa al interior del salón.

Sasuke y Deidara se levantaron de inmediato cuando Izumi entró en el salón. Deidara tomó a su hermana entre sus brazos y la estrechó con fuerza. Miró furioso a Itachi porque lo oyó gritar a Izumi, y comentó:

-Un esposo no debe levantarle la voz a su esposa.

Itachi rió y Sasuke también.

-Cómo has cambiado -señaló Itachi-. Creo recordar que no hacías más que gritar.

-Soy un hombre distinto -respondió Deidara con una voz serena-. Estoy contento.

-Apuesto a que tu Karin es la que grita ahora -dijo Sasuke.

Deidara sonrió.

-Esa mujercita tiene su carácter.

Izumi se sentó en una silla, junto a la de Deidara, quien también tomó asiento y miró a Itachi.

-¿Tenéis alguna diferencia de opiniones?

-No -dijo Izumi.

-Sí -la contradijo Itachi al mismo tiempo.

-No deseo hablar de esto ahora -declaró Izumi. Deliberadamente, cambió el tema de conversación-. Me muero por ver a la pequeña, Deidara. ¿Se parece a ti o a Karin?

-Tiene mis ojos y los pies de Karin, gracias a Dios -dijo Deidara.

-¿Dónde están ahora? -preguntó Sasuke.

-Dejé a Karin en casa de su madre para que pudiera presumir de su hija.

-¿Te quedarás con la familia de ella mientras estés en Londres? -preguntó Itachi.

-Demonios, no -contestó Deidara. Hubo un verdadero temblor en su voz-. Me volverían loco, y probablemente, terminaría matando a alguno de ellos. Nos quedaremos contigo.

Itachi asintió y también sonrió. Qué típico en Deidara era dar instrucciones en lugar de pedir favores. Izumi entrelazó sus manos llena de dicha obviamente fascinada con la noticia.

-¿Dónde está tu esposa? -preguntó Deidara a Sasuke.

-Katazu subió a buscarla. Seguramente bajará en un momento.

Un momento se convirtió en diez. Sakura se había quitado el vestido rosa manchado de tinta y se había puesto otro color violeta. Estaba sentada a su escritorio, absorta en su tarea de escribir una lista de obligaciones para Sasuke. Por supuesto que nunca se la mostraría, porque ninguna de las órdenes eran apropiadas. Estaba aprendiendo que era mejor que las esposas «sugirieran» las cosas a sus maridos. A la mayoría de ellos, entre los que estaba Sasuke, no les gustaba recibir órdenes de nadie.

Sin embargo, era bueno guardar las apariencias y la hacía sentir mejor anotar sus expectativas. Escribió el nombre de Sasuke a la cabeza de la lista y seguidamente, las órdenes.

Primero tendría que escuchar a su esposa mientras le explicaba sus preocupaciones respecto de las coincidencias que relacionaban a Kaede y a ese hombre que se denominaba Admirador Secreto. Entre paréntesis, escribió el nombre de Hinata.

Segundo, Sasuke debía hacer algo con respecto a la actitud que asumía por la herencia de Sakura. Entre paréntesis agregó: demasiado cabeza dura.

Tercero, Sasuke no debía esperar cinco años pará darse cuenta de que la amaba. Tenía que hacerlo ya y decírselo.

Cuarto, tendría que tratar de estar contento por el hecho de que sería padre. No debía culpar a Sakura por haber interferido en sus planes.

Sakura volvió a leer la lista y soltó un audible suspiro. Estaba tan emocionada porque iba a tener un hijo de Sasuke y a la vez tan asustada de que a él no le cayera bien la noticia, que sentía deseos de llorar y de gritar al mismo tiempo.

Volvió a suspirar. No era típico en ella ser tan desorganizada ni emotiva.

Agregó una pregunta a su lista: «¿Las esposas embarazadas pueden convertirse en monjas?».

No había terminado. Añadió otra más: «La madre superiora me ama».

Ya estaba. Ese importante detalle la hizo sentir mejor. Asintió más tranquila y levantó la hoja de papel entre sus manos con la intención de romperla.

Katazu la interrumpió. Llamó a la puerta. Cuando ella lo autorizó a entrar, él lo hizo de inmediato.

El mayordomo se alivió al comprobar que la princesa había dejado de llorar. Tenía los ojos un poquito hinchados, pero no hizo comentarios al respecto ni ella tampoco.

-Princesa, tenemos...

Ella no lo dejó terminar.

-Le pido me disculpe por la interrupción, pero no quiero olvidarme de la pregunta que quiero hacerle. ¿La cocinera todavía no ha podido hablar con nadie de la casa del vizconde? Sé que he estado abrumándolo con este tema y le ruego me perdone por ello, pero tengo muy buenas razones para querer esas respuestas de inmediato, Katazu. Por favor, tenga paciencia conmigo.

-Todavía no se ha encontrado con ningún criado del personal en el mercado -respondió Katazu-. ¿Puedo hacerle una sugerencia?

-Si, claro.

-¿Por qué no enviamos a la cocinera a casa del vizconde? Si ella entra por la puerta de atrás, el señor no se enterará de su visita. No creo que sus sirvientes se lo mencionen.

Sakura aceptó de inmediato.

-Es una buena idea -dijo ella elogiándolo-. Vea, esto es muy importante como para seguir posponiéndolo. Dígale a la cocinera que vaya ya mismo. Puede usar nuestro carruaje.

-Oh, no, princesa, ella no querrá usarlo. No sería apropiado. La residencia del vizconde queda sólo a unas calles de aquí -exageró-. Le agradará ir caminando.

-Si está seguro... -convino Sakura-. Bien, ¿de qué quería ha- blarme cuando lo interrumpí?

-Tenemos visitas -explicó-. El socio de su esposo está aquí y con él, el hermano de milord y su esposa.

Sakura iba a levantarse cuando cambió de opinión.

-Aguarde un momento y bajaré con usted. Le he hecho una lista nueva.

Katazu sonrió. Había aprendido a querer las listas de Sakura, pues en el fondo de su corazón, sabía que ella lo apreciaba lo suficiente como para ayudarlo a ser un hombre organizado. Cada vez que le hacía alguna sugerencia incluía en sus listas algún elogio con respecto a las tareas que deseaba que el mayordomo cumpliera ese día. Su princesa era siempre muy agradecida, también, y generosa en sus alabanzas.

Katazu la observó mientras ella buscaba la hoja entre las mu- chas que tenía. Por fin encontró la lista con el nombre de Katazu y se la entregó.

El mayordomo se metió la lista en el bolsillo y la escoltó por las escaleras. Advirtió el paquete que estaba sobre la mesa del vestíbulo y justo en ese momento recordó que debía habérselo entregado.

-Esa caja llegó hace unos minutos -le dijo-. ¿Le gustaría abrirla ahora o más tarde?

-Más tarde, por favor -contestó-. Tengo mucha curiosidad por conocer al socio de Sasuke.

Sasuke estaba a punto de levantarse e ir a buscar a su esposa personalmente cuando Sakura entró en el salón. Los hombres se pusieron de pie inmediatamente. Sakura se acercó a Izumi, le tomó la mano y le dijo lo mucho que le agradaba verla otra vez.

-Caramba, sí que has sabido escoger, Sasuke.

Deidara lo elogió en voz baja. Sakura no lo oyó. Finalmente, reunió el coraje necesario para dirigirse a él y sonreírle.

-¿Tengo que hacer alguna reverencia especial para una princesa? -preguntó Deidara.

-Si lo hace, podré besarle la mejilla en agradecimiento. Si no, necesitaré una escalera para cumplir con el ritual.

Deidara se rió. Recibió su beso en la mejilla y luego volvió a enderezarse.

-Ahora explíqueme eso del agradecimiento -indicó.

Dios, qué hombre más apuesto era. Y con una magnífica voz.

-Agradecimiento por tolerar a Sasuke, por supuesto. Ahora entiendo por qué la sociedad de ustedes ha funcionado tan bien. Sasuke es el cabeza dura y usted, quién pone la paz en la empresa.

Sasuke echó la cabeza hacia atrás y se echó a reír. Deidara pareció un poco tímido.

-Creo que tienes los conceptos cambiados, Sakura -comentó Itachi-. Deidara es el obstinado y Sasuke el pacífico.

-Ella me llama «dragón» -dijo Sasuke.

Sakura miró ceñuda a su esposo por haber revelado públicamente ese secreto íntimo y luego se sentó en el sofá junto a él.

-Itachi, deja de mirar furioso a tu esposa -ordenó Sasuke.

-Oh, pero está terriblemente enfadado conmigo –explicó Izumi-. Y por supuesto, eso es una ridiculez, porque yo no he alentado esa atracción.

-Nunca he dicho lo contrario -contravino Itachi.

Izumi se volvió hacia Sasuke.

-Tiró las flores... ¿Puedes creerlo?

Sasuke se encogió de hombros. Rodeó los hombros de Sakura con el brazo y extendió las piernas.

-No tengo ni la más remota idea de lo que estáis hablando.

-Será mejor que arregléis esta diferencia entre los dos antes que yo lleve a Karin y a Nori a su casa. Las hijas necesitan un entorno tranquilo.

Fue Deidara el que hizo la sugerencia. Sasuke y Itachi se volvieron para mirarlo. No podían creerlo. Deidara los ignoró.

-¿Se puso contento cuando se enteró de que iba a ser padre? -Sakura trató de mostrar indiferencia cuando hizo a Deidara esa pregunta tan capciosa. Entrelazó las manos sobre la falda.

Si Deidara pensó que era una pregunta rara, lo disimuló muy bien.

-Sí, muy contento.

-¿Y sus planes de cinco años? -preguntó Sakura.

-¿Qué hay con eso? -preguntó Deidara confundido.

-¿Acaso la pequeña no ha interferido en los planes de su empresa?

-No.

Sakura no le creyó. Deidara jamás habría vendido las acciones de la empresa si no hubiera sido por la pequeña. Sasuke le había dicho que su socio deseaba comprar una casa nueva para su familia.

Sin embargo no estaba dispuesta a sacar ese tema tan particular.

-Entiendo. Ha considerado ese hecho dentro de sus planes.

-Sasuke, ¿de qué habla tu esposa?

-Cuando conocí a Sakura, le dije que no me casaría hasta dentro de cinco años.

-Y que no tendrías familia hasta entonces -agregó ella.

-Que no tendría familia -repitió él, sólo para complacerla.

Itachi y Izumi se miraron.

-Qué organizados -dijo Itachi a su hermano.

Sakura creyó que el hermano de Sasuke acababa de decir un cumplido.

-Sí, él es muy organizado -aclaró entusiasta.

-Pero los planes suelen cambiar -intervino Izumi. Miraba a Sakura con expresión compasiva cuando hizo el comentario. De pronto, Sakura pareció angustiada. Izumi creía saber por qué.

-Un bebé es una bendición -exclamó.

-Sí -convino Deidara-. Y Izumi también tiene razón cuando dice que los planes suelen cambiar. Sasuke y yo contábamos con la herencia que mi esposa recibiría del rey para fortalecer el capital del astillero. Pero luego, cuando el príncipe regente decidió quedarse con el dinero, tuvimos que cambiar de planes y buscar soluciones por otra parte.

-De allí, los planes de aquí a cinco años más.

Sakura parecía estar a punto de romper a llorar y Itachi, a punto de estrangular a su hermano. Si Sasuke sólo se hubiera molestado en mirar el rostro de su esposa, se habría dado cuenta de que algo estaba realmente muy mal. Sin embargo, el hermano ni lo notó y Itachi creyó que no debía interferir... todavía.

Sakura estaba absorta en sus pensamientos. Sabía que le había molestado el comentario que Deidara había hecho con tanta indiferencia. Había sido muy claro al expresar que ni él ni Sasuke tenían reparos en aceptar el dinero de Karin. Entonces ¿por qué su esposo tan obcecadamente se negaba a utilizar el suyo?

Sasuke la devolvió a la realidad cuando volvió a hablar.

-Itachi, deja de mirar así a tu esposa.

-Me culpa a mí -se defendió Izumi.

-¿De qué? -preguntó Sasuke.

-Esta mañana recibí un ramo de flores. No tenía ninguna tarjeta. Sólo una firma.

Deidara y Sasuke fruncieron el ceño al unísono.

-¿Has recibido flores de otro hombre? -preguntó Deidara con evidente asombro.

-Sí.

Deidara se volvió furioso hacia su cuñado.

-Será mejor que tomes alguna decisión al respecto, Itachi. Es tu esposa. No puedes permitir que otro hombre le envíe flores. ¿Por qué rayos no has matado a ese bastardo?

Itachi estaba agradecido de tener a Deidara de su lado.

-Por supuesto que lo mataré, en cuanto me entere de quién se trata.

Sasuke meneó la cabeza.

-No puedes matar a nadie -anunció exasperado-. Tendrás que ser razonable en esto, Itachi. Enviar flores no es ningún delito. Probablemente debe de ser algún jovencito en plena pubertad.

-Para ti es normal ser razonable, Sasuke. Izumi no es tu esposa.

-Habría sido razonable si alguien le hubiera enviado flores a Sakura -dijo Sasuke.

Itachi meneó la cabeza.

-Dinos cómo se llama, Izumi -exigió Deidara.

Nadie prestaba atención a Sakura y ella se sintió agradecida de que así fuera. Su mente funcionaba a una velocidad increíble. Había negado con la cabeza ante la teoría de Sasuke de que se trataba de algún jovencito en plena pubertad.

-Sí -dijo Sasuke a Izumi-. ¿Quién es?

-Él firma todas sus notas con el seudónimo de Tu Admirador Secreto- contestó Sakura.

Todos sé volvieron para mirarla a la vez. Izumi se quedó pasmada.

-¿No es cierto, Izumi?

Su cuñada afirmó con la cabeza.

-¿Cómo lo sabes?

Deidara se reclinó en el respaldo de su silla.

-En esto hay algo más que admiración, ¿verdad?

Nadie dijo nada por un largo rato. De repente, Sakura recordó que Katazu le había mencionado la llegada de un paquete para ella. Trató de ir a buscarlo. Sasuke no la dejó moverse. Le apretó los hombros con el brazo.

-Creo que ese hombre puede haberme enviado algo -explicó-. Hay un paquete en el vestíbulo.

-¡Rayos! ¡Katazu!

Sasuke lo llamó a gritos. A Sakura le dolieron los oídos por el estruendo. Katazu vino corriendo. Traía el paquete en la mano, lo que indicaba que habla estado escuchando la conversación. Arrojó el objeto en manos de Sasuke.

Sakura iba a tomarlo, pero la mirada de Sasuke la hizo cambiar de opinión. Se reclinó en el respaldo y colocó ambas manos sobre la falda. Sasuke se inclinó hacia adelante para tomar la caja. Rompió la cinta murmurando insultos, arrancó la tapa y miró en el interior. Sakura espió por encima del hombro de su marido para ver qué contenía. Alcanzó a ver un abanico con diseños pintados, antes de que Sasuke volviera a tapar la caja con gran violencia.

-¡Hijo de puta! -gruñó Sasuke. Repitió el vergonzoso improperio una vez más. Según notó Sakura, Deidara asintió con la cabeza cada vez que Sasuke pronunciaba esas palabras. Al parecer, él opinaba lo mismo.

Sasuke sostuvo la tarjeta en la mana y la miró furioso.

-¿No serás razonable con esto? -se burló Itachi.

-Demonios, no.

-Exactamente -masculló Itachi.

-Un comentario más y haréis que lo linchen -declaró Izumi-. Pero mira a nuestros esposos, Sakura. Están exagerando todo esto mucho más de lo normal. Estos celos son totalmente infundados -agregó.

Esperaba que su cuñada le diera la razón, por la que se sorprendió al ver que la princesa, en cambio, negaba con la cabeza.

-Sasuke y Itachi no tendrían que estar celosos -murmuró Sakura-. Pero sí muy preocupados.

-¿Cómo sabía lo qué decía la tarjeta? -le preguntó Deidara-. ¿Ha recibido otros regalos como este ya?

Sasuke se volvió para mirarla. Su expresión fue escalofriante y también su tono de voz cuando dijo:

-Me lo habrías dicho si hubieras recibido otros regalos, ¿no es cierto, Sakura?

Sakura fue feliz de poder contestarle que sí. La furia de Sasuke era verdaderamente aterradora.

-Sí, te lo habría dicho y no, no he recibido regalos como este anteriormente.

Sasuke asintió. Se reclinó en el respaldo del sofá, rodeó nuevamente los hombros de su esposa con el brazo y la estrechó con fuerza. A ella le resultó muy tierno ese gesto posesivo, por lo que no le importó que la estuviera dejando sin aire prácticamente.

-Usted sabe más de lo que nos cuenta -dijo Deidara.

Sakura asintió.

-Sí -contestó-. Hace tiempo que intento que alguien me escuche. Hasta pedí a sir Morino que me ayudara.

Se volvió para mirar con el ceño fruncido a su marido.

-¿Estás listo para escuchar lo que tengo que decir?

Sasuke estaba un tanto sorprendido por los comentarios de su esposa, por supuesto, pero mucho más por el tono de irritación en su voz.

-¿Qué has tratado de decirme?

-Kaede recibió cartas y obsequios de un admirador secreto.

Sasuke se quedó sin palabras cuando Sakura se lo recordó. Ella había tratado de explicarle mil veces su preocupación por su amiga, pero él no se lo había permitido. Se daba cuenta de que debió haberla escuchado.

-¿Quién es Kaede? -preguntó Itachi.

Sakura le contestó explicándole cómo había conocido a Kaede.

-Después de que mi amiga regresara a Inglaterra, continuó escribiéndome por lo menos una vez al mes. Yo le contestaba de inmediato, por supuesto, porque me encantaba enterarme de sus historias. Tenía una vida tan interesante… Sin embargo, en sus últimas cartas, mencionó a un admirador que le enviaba regalos. A ella le parecía todo muy romántico. Yo recibí su última carta a principios de septiembre.

-¿Y qué te contaba en esa carta? -preguntó Itachi.

-Que había decidido conocer a ese hombre -respondió Sakura-. Yo estaba atónita, por supuesto, y le escribí sin demoras. Le aconsejé que fuera cauta y que, si tenía tanto interés en conocer a ese admirador, lo mejor era llevarse a su hermano para el encuentro.

Sakura empezó a temblar. Sasuke instintivamente la abrazó.

-Ignoro si Kaede recibió mi carta o no. Para entonces, tal vez ya había desaparecido.

-¿Desaparecido? ¿Cómo? -preguntó Izumi.

-Dijeron que Kaede había huido a Gretna Green -explicó Sasuke-. Pero Sakura no cree esa teoría.

-No hay registros de ningún matrimonio celebrado allí -comentó ella.

-¿Qué cree que le pasó? -preguntó Deidara.

Hasta ese momento, Sakura no había dejado translucir el temor en su voz, pero al contestar, respiró profundamente y miró al socio de su marido.

-Creo que la asesinaron.

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Él caminaba por la biblioteca de aquí para allá, hecho una furia. Nada de eso era culpa suya. Se había detenido. Había ignorado la terrible necesidad. No había cedido a sus impulsos. No era culpa suya. No, el responsable era ese bastardo. Nunca habría vuelto a matar... Jamás se habría sometido a su necesidad imperiosa.

Venganza. Eso le daría una lección. Así quedarían mano a mano. Lo destruiría. Comenzaría por destruir cada cosa que él valorase. Lo haría sufrir.

Sonrió entusiasmado. Empezaría por las mujeres.