CAPÍTULO 13
Esa frase produjo una inmediata reacción.
-Por Dios -exclamó Itachi.
-¿Puede ser posible? -preguntó Deidara.
-No me había dado cuenta... -murmuró Izumi, poniéndose la mano en el corazón.
Sasuke fue el último en reaccionar y lo hizo con más lógica que los demás.
-Explícame por qué lo crees -ordenó.
-Katazu, ¿podría subir a buscarme la lista, por favor?
-¿Tienes hecha una lista con las razones por las que crees que tu miga fue asesinada? -comentó Itachi sorprendido.
-Ella tiene listas para todo.
Fue Sasuke quien contestó, pero Sakura se sintió agradecida de que él no pareciera condescendiente.
-Sí, tengo una lista -dijo Sakura-. Quise ordenar mis pensamientos con respecto a la desaparición de Kaede y tratar de trazar un plan de acción. Me di cuenta de que algo no andaba bien en cuanto me enteré de que Kaede había huido con un amante. Kaede jamás habría hecho una cosa así. Para ella las apariencias eran mucho más importantes que el amor. Por otra parte, no creo que se hubiera permitido enamorarse de un hombre que social y económicamente fuera inferior a ella. A veces tenía la mente un poco estrecha y se comportaba como una esnob. Pero esos eran sus únicos defectos, pues también poseía un gran corazón.
-Ese hombre tiene que ser alguien de la alta sociedad -declaró Deidara.
-Sí, yo también pienso lo mismo -coincidió Sakura-. También creo que él la invitó a encontrarse en algún lado y la curiosidad la hizo olvidar la cautela. Ciertamente, se sentía muy alabada por las atenciones de ese hombre.
-Debió de haber sido terriblemente inocente -exclamó Izumi -También lo es Hinata.
-¿Hinata? ¿Y qué tiene que ver mi hermana con todo esto?
-Ella me hizo jurar que no lo comentaría con nadie, pero como su seguridad está en juego, debo romper mi promesa. Esta mañana también recibió flores.
-Rayos, necesito un coñac -dijo Itachi.
Katazu regresó al salón justo en ese momento. Entregó a Sasuke una pila de papeles para que se los pasara a Sakura. Como había escuchado las palabras de Itachi, anunció de inmediato que iría por el coñac.
-Traiga la botella -ordenó Itachi.
-Ruego a Dios que estemos llegando a la conclusión equivocada -dijo a Deidara.
-Es mejor que reaccionemos de este modo -contravino Itachi-. Tres de las mujeres de nuestra familia están siendo cortejadas por este bastardo. Pensemos lo peor y actuemos en consecuencia -añadió.
Sasuke estaba revisando la lista de papeles buscando la que correspondía al tema en discusión. Se detuvo cuando encontró una con su nombre como título.
Sakura no prestaba atención a su esposo, pues estaba muy concentrada en su cuñado.
-Itachi, no tienes información suficiente como para creer que son sólo tres -explicó-. Este hombre pudo haber mandado obsequios a docenas de mujeres en Londres.
-Ella tiene razón en ello -coincidió Deidara.
Itachi meneó la cabeza.
-Tengo el presentimiento que está detrás de las nuestras.
Sasuke acababa de terminar de leer la lista de Sakura. Debió recurrir a su máxima fuerza de voluntad para no exteriorizar su reacción. Le tembló la mano cuando volvió a colocar la hoja de papel sobre la pila.
De modo que sería padre. Estaba tan feliz que quería estrechar a Sakura entre sus brazos y besarla.
Y que momento para enterarse de la noticia, pensó. Por supuesto que no le diría que había leído la lista. Esperaría a que ella se lo contara. Le daría tiempo hasta esa noche, cuando estuvieran juntos en la cama...
-¿Por qué sonríes, Sasuke? Es una reacción estúpida y extraña frente a una situación tan delicada -protestó Itachi.
-Estaba pensando en otra cosa.
-Presta atención, por favor -solicitó Sakura.
Sasuke se volvió para mirarla. Ella vio ese brillo de ternura tan peculiar en sus ojos y se preguntó en qué habría estado pensando para que le provocara esa reacción. Antes que pudiera preguntárselo, él se le acercó y la besó.
Fue un beso breve, que terminó antes que ella pudiera reaccionar.
-Por el amor de Dios, Sasuke -masculló Itachi.
-Hace muy poco que estamos casados -exclamó Sakura, tratando de buscar alguna excusa que justificara la demostración de afecto de su marido.
Katazu apareció con una bandeja llena de copas y con una botella de coñac. La colocó sobre la mesa que estaba junto a Sakura y se le acercó para murmurarle algo al oído.
-La cocinera ha vuelto.
-¿Tiene novedades?
Katazu asintió ansioso. Itachi se sirvió una copa y la terminó de un solo trago. Deidara y Sasuke no quisieron beber.
-¿Puedo beber una copa, por favor? -preguntó Sakura. Si bien no le agradaba el sabor del coñac, creyó que un poco de alcohol le vendría bien para perder el frío. También sentía un poco de náuseas y estaba segura de que su malestar se debía al tema de conversación.
-Katazu, traiga a Sakura un vaso de agua, por favor -ordenó Sasuke.
-Yo prefiero coñac.
-No.
Sakura le miró asombrada.
-¿Por qué no?
Sasuke no tuvo una rápida respuesta a esa pregunta. Quería decirle que tal vez el coñac no le caería bien, dada su delicada condición. Pero, por supuesto, no pudo porque la princesa todavía no le había dicho lo del bebé.
-¿Por qué estás sonriendo? Realmente, Sasuke, debo decir que tu comportamiento es de lo más intrigante.
Sasuke se obligó a concentrarse en el tema de conversación.
-No me agrada que bebas -anunció.
-Si jamás lo hago.
-Claro -coincidió Sasuke-. Y no querrás empezar ahora.
Katazu dio un golpecito en el hombro de Sakura recordándole su mensaje.
-¿Me disculpan un momento? -preguntó. Entonces advirtió que sus listas estaban en manos de Sasuke-. ¿Qué estás haciendo con las listas?
-Te las guardo -contestó-. ¿Quieres que busque la que dice Kaede?
-No, gracias -contestó. Tomó la pila de listas y encontró la de Kaede en segundo lugar. Intentó ponerse de píe pero Sasuke se lo impidió.
-No irás a ninguna parte.
-Debo hablar con la cocinera.
-Katazu puede contestar a tus preguntas.
-No entiendes -le dijo Sakura-. Ella fue a hacerme un trámite y debo preguntarle cómo le ha ido.
-¿Qué trámite? -preguntó Sasuke.
Durante uno o dos minutos, Sakura se quedó pensando si debía contestarle o no.
-Te enfadarás -le murmuró.
-No, no lo haré.
La expresión de la princesa indicó que no le creía.
-¿Sakura?
Sasuke pronunció el nombre de su esposa en ese tono de amenaza que por lo general producía una inmediata respuesta por parte de ella. Pero cuando la joven sonrió, él advirtió que no había logrado impresionarla en absoluto.
-Por favor, dímelo.
Se lo pidió en lugar de ordenárselo y para ella, la diferencia tenía mucha importancia. Le respondió de inmediato.
-La envié a casa del vizconde Talbot. Antes de enfadarte por esto, Sasuke, recuerda que me ordenaste no hablar con el vizconde y yo te obedecí.
Sasuke estaba completamente confundido.
-Todavía no entiendo.
-Envié a la cocinera para que hablara con el personal de lady Roberta. Quería saber si la dama había recibido regalos antes de desaparecer. Esposo, los dos sabemos que esa mujer no abandonó a su marido. Esa excusa es impensable.
-Y ella había recibido regalos -estalló Katazu-. El vizconde se puso furioso por eso. El personal cree que ella huyó con el pretendiente. El vizconde no habla al respecto con los criados, pero él también cree lo mismo. La criada que trabaja en el primer piso dice que el hombre se ha dado a la bebida para ahogar sus penas y que se pasa encerrado día y noche en su biblioteca.
-¿Qué rayos está sucediendo aquí? -preguntó Itachi-. ¿Podría existir alguna conexión entre las dos mujeres?
-Ambas desaparecieron -recordó Izumi a su marido-. ¿No te parece conexión suficiente?
-No me refería a eso, cariño.
-Tal vez él hace sus elecciones al azar -sugirió Deidara.
-Siempre hay un motivo -dijo Sasuke.
-Tal vez para el primero -coincidió Deidara.
Sakura estaba confundida por ese comentario.
-¿Por qué habría un motivo para el primero y no para el segundo?
Deidara miró a Sasuke antes de responder.
-Tal vez hubo un motivo detrás del primer asesinato. Pero después, le tomó el gusto a matar.
-Algunos lo hacen -aclaró Itachi.
-Santo Dios -susurró Izumi.
Temblaba notoriamente. Itachi, de inmediato, acudió a su lado, la tomó del brazo y la levantó de la silla. Luego se sentó él en ella para acomodarla sobre su regazo. Izumi se recostó sobre su pecho.
-¿Se refiere a que a ese hombre le gusta matar-? -preguntó Sakura.
-Podría ser -contestó Deidara.
Sakura sintió el estómago revuelto otra vez. Se acercó más a su marido, como buscando refugio en él. Se sentía segura cuando percibía su proximidad... aliviada, también. De eso se trataba el amor, pensó.
-Tendremos que buscar más información -dijo Itachi.
-Yo he tratado de hablar con el hermano de Kaede, pero él no ha querido colaborar en absoluto -comentó Sakura.
-Lo hará en cuanto yo hable con él -declaró Sasuke l
-No sé por qué -replicó Sakura-. Recuerda que la última vez que hablaste con él lo arrojaste de narices a la calle.
-¿Y qué tal si pedimos la colaboración de sir Morino? -sugirió Deidara.
Sakura cerró los ojos y escuchó la discusión. Sasuke le acariciaba el brazo sin darse cuenta en un gesto muy natural que la tranquilizaba. Las voces masculinas eran bajas y, mientras formulaban sus planes de acción, la muchacha pensó lo bello que era tener, por fin, la cooperación de su marido. Sabía que se enteraría de lo que había sucedido con Kaede… y porqué. No dudaba de la habilidad de Sasuke para llegar al fondo de la cuestión, pues sabía que se había casado con el hombre más inteligente de Inglaterra. Probablemente, también era el más obstinado, pero ese defecto parecía insignificante. No se rendía hasta obtener las respuestas que buscaba.
-¿Qué rayos más hacemos? -preguntó Itachi.
Sakura miró su lista antes de contestar.
-Hay que averiguar quién se benefició con la desaparición de Kaede. Sasuke, podrías indagar si se obtuvo alguna póliza que la involucrara. A Sarutobi le gustará ayudarte.
Los tres hombres sonrieron al unísono.
-Pensé que te habías dormido -le dijo Sasuke.
Ella no l hizo caso.
-También podríais considerar todos los otros motivos... en sentido general -explicó-. Los celos y el rechazo son dos motivos. Chishima mencionó que su hermana había rechazado varias propuestas de matrimonio. Tal vez a alguno de sus pretendientes no le agradó recibir un no como respuesta.
Izumi pensó que Sakura era realmente muy astuta. Sasuke sonreía, sugiriendo a Izumi que él también se había percatado de la perspicacia de su esposa. Pero Deidara y Itachi todavía estaban en otra cosa.
-Sí, por supuesto, estudiaremos cada motivo -dijo Itachi-. Ojalá tuviéramos algunas pistas.
-Ah, pero si las tenéis -dijo Sakura-. El hecho de que tres de las mujeres de tu familia hayan recibido los regalos es una pista, Itachi. Se me ocurre que alguno de vosotros, los varones, o de nosotras, las mujeres, hemos ofendido de un modo u otro a ese sujeto.
Sasuke asintió.
-Eso es lo que yo pensé también -dijo-. Está tornándose demasiado descuidado.
-O más atrevido -intervino Deidara.
-¿No olvidáis algo muy importante? -preguntó Izumi.
-¿Qué? -preguntó Itachi a su esposa.
-De que no hay cuerpos. En realidad, podríamos estar trabajando sobre una teoría errónea.
-¿Eso crees? -le pregunto Sakura.
Izumi lo pensó un rato y luego respondió:
-No.
Sasuke se hizo cargo. Dio a todos una tarea, excepto a Sakura. Pidió a Izumi que hablara con todas las mujeres de la alta sociedad que le fuera posible para averiguar si alguien más había recibido los famosos regalos. Pero le advirtió que no alertara a ninguna de ellas sobre los regalos que ella, Hinata y Sakura habían recibido, porque algunas tontas podrían pensar que se trataba de una especie de juego de competencia.
Deidara recibió la orden de hacerse cargo del astillero el tiempo que Sasuke necesitara para hacer algunas averiguaciones pertinentes.
-Itachi, Sakura tiene razón. Chishima no querrá hablar conmigo, de modo que tendrás que hacerlo tú.
-Lo haré -aceptó Itachi-. También debo hablar con Talbot. Fuimos juntos a Oxford y tendrá que escucharme.
-Yo hablaré con papá -agregó Sasuke después-. Tendrá que vigilar de cerca a Hinata hasta que atrapemos a ese bastardo.
Sakura esperó a que Sasuke le dijera qué tenía que hacer. Pasaron unos breves minutos y su impaciencia fue más fuerte que ella. Dio un codazo a su esposo para llamarle la atención:
-¿No te has olvidado de mí?
-No.
-¿Cuál será mi tarea, Sasuke? ¿Qué quieres que haga?
-Descansar, cariño.
-¿Descansar?
Sakura se puso hecha una furia, pero él no le permitió discutir. Itachi estaba listo para marcharse. Levantó a su esposa de su regazo y se puso de pie. Deidara hizo lo propio y caminó hacia la puerta.
-Vamos, Sakura. Necesitas dormir una siesta -dijo Sasuke.
Por supuesto que no necesitaba ninguna siesta, pensó ella, y si no hubiera estado tan cansada, se lo habría dicho. Sin embargo, para reñir con Sasuke se necesitaba mucha fuerza y a ella ya no le quedaba. Esa sombría conversación la había dejado sin energías.
Itachi estaba sonriéndole. Sakura no quería que su cuñado la creyera una debilucha y sabía que había escuchado la sugerencia de Sasuke sobre la siesta. Le dio la lista.
-Aquí he escrito otros posibles motivos que tal vez te interese investigar -dijo.
Antes que Itachi pudiera agradecérselo ella exclamó:
-Estoy un poco cansada, pero sólo porque Sasuke y yo hemos trasnochado mucho últimamente. Él también lo está -comentó.
Itachi le guiñó el ojo. Sakura no supo cómo tomárselo. Sasuke le llamó la atención indicándole que subiera las escaleras. Katazu acompañó a los visitantes hasta la puerta.
-¿Por qué me tratas como si fuera una inválida?
Sakura le hizo esa pregunta cuando ya estaban en la alcoba. Sasuke estaba desabrochándole el vestido.
-Pareces fatigada -le contestó- y a mí me agrada desvestirte.
La trataba con mucha suavidad. Cuando le dejó sólo la camisola, le corrió el cabello hacia atrás y le besó el cuello.
Abrió las mantas y la acostó.
-Sólo descansaré unos pocos minutos -dijo ella-. No me atrevo a dormir.
Él se inclinó y la besó en la frente.
-¿Por qué no?
-Porque si duermo ahora, no podré hacerlo esta noche.
Sasuke se dirigió hacia la puerta.
-De acuerdo, cariño. Sólo descansa
-¿No te agradaría descansar a ti también?
Él rió.
-No. Tengo trabajo.
-Lo lamento, esposo.
Sasuke acababa de abrir la puerta.
-¿Y por qué lo lamentas?
-Parece que siempre interfiero en tu trabajo. Por eso lo lamento.
Sasuke asintió, hizo el ademán de irse, pero se arrepintió. Se volvió y se acercó a la cama. Era una ridiculez que ella se disculpara por interferir y él quería decírselo. Pero se sorprendió al ver lo rápido que Sakura se había dormido. Hasta se sintió un poco culpable por haberla hecho salir todas las noches. Rayos, le parecía tan delicada y vulnerable…
Sasuke no supo cuánto tiempo se quedó allí mirándola. Lo consumía la necesidad de protegerla. Nunca se había sentido tan posesivo... ni tan afortunado, se dio cuenta de inmediato.
Sakura lo amaba.
Y, Dios, cuánto la amaba él también. Esa realidad no lo sacudió, aunque descubrirlo fue suficientemente fantasioso como para hacerlo sonreír. Hacía mucho ya que había descubierto que la amaba, aunque obstinadamente se había negado abiertamente a admitirlo. Sólo Dios sabía que tenía todos los síntomas de un hombre enamorado. Desde la primera vez que la vio, no hizo más que poseerla y protegerla. Hacía mucho que no podía quitarle las manos de encima, creyendo que sólo se trataba de un simple caso de lujuria. Pero después de un tiempo, se dio cuenta de la realidad. No se trataba de eso solamente.
Oh, sí, hacía mucho ya que la amaba, aunque no podía determinar por qué ella lo amaba a él. Si Sakura hubiera estado despierta, se lo habría preguntado de inmediato. Una mujer con título... con tierras y una herencia... con un cuerpo bello y saludable.
Sasuke no se consideraba un romántico, sino un hombre lógico y práctico, que había aprendido que llegaría al éxito sólo mediante mucho trabajo. En un sombrío rincón de su corazón, pensaba que Dios le había dado la espalda. Era un concepto insensato que había echado raíces en él después que se le malograra la pierna en aquel terrible accidente. Recordaba la sugerencia del médico con relación a amputársela y también recordaba la vehemente negativa de su socio. Deidara no habría permitido a sor Bansai que le tocara la pierna, pero Sasuke había sentido terror de quedarse dormido y de despertar luego sin ser un hombre entero.
Si bien pudo conservar la pierna, el terrible dolor con el que tenía que convivir hacía de la victoria algo irrelevante.
Sasuke siempre creyó que los milagros eran para otros... hasta que apareció Sakura en su vida. Su princesa lo amaba de verdad. De corazón, Sasuke sabía que los sentimientos de la muchacha hacia él no conocían restricciones ni condiciones. Si ella lo hubiera conocido con una sola pierna, lo habría amado de la misma manera. Tal vez habría sido merecedor de su condolencia, pero no de su lástima. Cada uno de sus actos demostraban fortaleza y determinación.
Sakura siempre estaría con él, a su lado, discutiendo... y amándolo, por encima de todas las cosas.
Y eso, decidió Sasuke, era definitivamente milagroso.
Después de todo, Dios no se había olvidado de él.
.
.
.
Ella quería dejarlo. Sabía que no actuaba con sensatez, pero estaba tan enojada que no se le ocurría qué hacer. Ese comentario tan natural de Deidara sobre cómo él y Sasuke habían contado con el dinero de Karin para fortalecer el capital del astillero le dio vueltas en la cabeza hasta que tuvo deseos de llorar.
Según ella, Sasuke la había rechazado de todas las maneras imaginables. No quería que lo ayudara con los libros de contabilidad del astillero, no quería su herencia ni tampoco quería -ni necesitaba- su amor. Al parecer, tenía el corazón blindado y Sakura estaba segura de que jamás lograría hacer que la amara.
Sabía que estaba siendo muy autocompasiva, pero no le importaba. La carta de la madre superiora había llegado esa mañana y ya la había leído más de una docena de veces.
Quería volver a casa. Sentía tanta nostalgia por las monjas y aquella tierra que se puso a llorar. Estaba bien, decidió. Después de todo, estaba sola. Sasuke no hacía irás que trabajar en su estudio, a puerta cerrada, por supuesto. No la escucharía.
Por Dios, ojalá no hubiera estado tan sensible esos días. Era como si no pudiera pensar lógicamente en nada. Estaba de pie, junto a la ventana, mirando para afuera. Sólo llevaba puestos su camisón y la bata. Estaba tan absorta en sus preocupaciones que no oyó que se abría la puerta.
-¿Qué sucede, cariño? ¿Te sientes bien?
La voz de Sasuke sonó muy preocupada. Sakura respiró profundamente para calmarse y luego se volvió a mirarlo.
-Me gustaría irme a casa.
Sasuke no estaba preparado para semejante petición. Más bien, se quedó atónito, aunque se recuperó de inmediato. Cerró la puerta tras de sí y caminó hacia ella.
-Estás en casa.
Sakura quería discutir con él.
-Sí, por supuesto -accedió-. Pero me gustaría que me dieras tu permiso para ir a la Sagrada Cruz de visita. El convento queda muy cerca de Stone Haven y me agradaría volver a ver la casa de mis padres.
Sasuke se acercó al escritorio de la muchacha.
-¿De qué se trata todo esto, en realidad? -le preguntó.
Se apoyó en el borde del escritorio mientras le formulaba la pregunta.
-Esta mañana recibí una carta de la madre superiora y, de pronto, sentí mucha nostalgia.
Sasuke no exteriorizó reacción alguna frente a esa petición.
-En este momento no puedo tomarme tiempo para...
-Genma y Ebisu irán conmigo -lo interrumpió-. No pretendo que me acompañes. Ya sé cuán ocupado estás.
Sasuke notó que se estaba enojando. La idea de que su esposa emprendiera un viaje tan largo sin él lo desolaba. Sin embargo se esforzó para no negarle el permiso de inmediato, pues nunca la había visto tan amargada. De todas maneras estaba terriblemente preocupado por su delicada condición.
Sakura había perdido la razón si pensaba que la dejaría ir sin él a alguna parte. Pero tampoco se lo mencionó.
Optó por emplear la razón para hacerla entender.
-Sakura...
-Sasuke, tú no me necesitas.
El hombre se quedó azorado por ese comentario tan absurdo.
-Al diablo con que no te necesito -la contradijo, casi gritándole.
Ella negó con la cabeza. Él afirmó. Luego la princesa le volvió la espalda.
-Nunca me has necesitado -murmuró.
-Sakura, siéntate.
-No quiero sentarme.
-Quiero hablar contigo sobre... -Estuvo a punto de decirle que quería hablarle sobre su «ridícula idea» cuando se detuvo a tiempo.
Sakura lo ignoró y continuó mirando por la ventana.
Sasuke vio los papeles que había sobre el escritorio y de pronto se dio cuenta de lo que iba a hacer. Rápidamente revisó las listas de su esposa y se quedó con la que llevaba su nombre como título.
Ella no le prestaba atención. Sasuke dobló la hoja y se la metió en el bolsillo. Después volvió a ordenarle que se sentara con un tono más firme esta vez.
Ella se tomó su tiempo para obedecer. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano y finalmente se acercó al costado de la cama. Se sentó, colocó ambas manos sobre la falda y bajó la cabeza.
-¿Es que de pronto has dejado de amarme?
Sasuke no había podido borrar la preocupación de su voz. Sakura se sorprendió tanto por la pregunta que levantó la cabeza.
-No, por supuesto que no he dejado de amarte.
Sasuke asintió complacido y aliviado de escuchar la ferviente respuesta. Luego se alejó del escritorio y avanzó hacia su esposa para pararse justo frente a ella.
-No hay ningún tío Heki, ¿verdad?
El cambio de tema la confundió.
-¿Y qué tiene que ver Heki con mi petición de ir a casa?
-Maldición, esta es tu casa -la contradijo.
Sakura volvió a bajar la cabeza. Sasuke de inmediato se arrepintió de haber estallado de esa manera y respiró profundamente para calmarse.
-Por favor, Sakura, sígueme la conversación unos minutos y contéstame a la pregunta.
Ella se quedó pensando un rato si debía o no decirle la verdad.
-No, no existe ningún tío Heki.
-Eso me parecía.
-¿Por qué?
-Aquí nunca ha llegado ninguna carta enviada por ese hombre, a pesar de que tú dijiste a Itachi que te había mandado una. Tú lo inventaste y creo que sé por qué.
-Realmente no quiero hablar de esto. Estoy bastante cansada esta noche. Es tarde. Son casi las diez.
Pero Sasuke no estaba dispuesto a permitir que le rehuyera de ese modo.
-Hoy dormiste una siesta de cuatro horas -le recordó.
-Estaba recuperando horas de sueño perdidas -declaró ella.
-Sarutobi no habría aceptado órdenes para comprar acciones que provinieran de una mujer, ¿no es cierto? Entonces inventaste a Heki, un personaje conveniente, que por casualidad, tenía las mismas iniciales de tu apellido.
Sakura no iba a discutir con él.
-Sí.
Sasuke volvió a afirmar con la cabeza y entrelazó las manos en la espalda. Frunció el entrecejo al mirarla.
-Escondes tu inteligencia, ¿verdad, Sakura? Obviamente tienes un gran don para los negocios. pero en lugar de alardear con tu astucia para las inversiones, inventaste a un hombre para que se llevara todo el crédito.
Ella levantó la vista y vio el gesto ceñudo de su marido.
-Los hombres sólo escuchan a otros hombres -declaró-. No es aceptable que una mujer tenga esos intereses. No se considera femenino. Y no es ningún don, Sasuke. Leo los periódicos y escucho las sugerencias de Sarutobi. No se necesita tener una mente brillante para dejarse guiar por sus consejos.
-¿Entonces admitirás que eres bastante inteligente y que puedes razonar sobre la mayoría de las cosas usando la lógica?
Sakura, quería saber adónde rayos la llevaría esa conversación. Su esposo actuaba de una manera que la hacía sentir realmente muy incómoda. No se imaginaba por qué.
-Sí -le dijo-. Admitiré que soy bastante inteligente.
-Entonces, por el amor de Dios, ¿por qué no has empleado la lógica y la inteligencia que tienes para analizar los hechos y darte cuenta de que te amo?
Sakura abrió desmesuradamente los ojos y se echó hacia atrás. Abrió la boca para decir algo, pero olvidó las palabras.
-Te amo, Sakura.
Le había resultado muy difícil confesarle los sentimientos que ocultaba en su corazón, pero una vez que pronunció la frase, se sintió profundamente libre. Sonrió a su esposa y volvió a decírselo.
Ella se levantó de la cama de un salto y lo miró ceñuda.
-No me amas -le dijo.
-Puedes apostar a que sí -la contradijo él-. Si aplicaras un poco de lógica...
-La he aplicado -lo interrumpió-. Y he llegado exactamente a la conclusión opuesta.
-Cariño...
-Nada de «cariño» -le gritó:
Sasuke trató de abrazarla pero ella lo eludió volviéndose a sentar.
-Oh, claro que lo he pensado, una y otra vez. ¿Quieres que te diga a qué conclusiones he llegado?
No le dio tiempo para contestar.
-Has vuelto la espalda a todas las cosas que tenía para ofrecerte. Habría sido incoherente pensar que me amabas.
-¿Que yo qué? -preguntó, asombrado por la vehemencia de su voz.
-Que tú has rechazado todo -susurró ella.
-¿Qué es exactamente lo que he rechazado?
-Mi título, mi posición, mi castillo, mi herencia... hasta mi ayuda con tu empresa.
Sasuke por fin entendió. La hizo poner de pie para abrazarla. Ella trató de apartarse. Se cayeron sobre la cama. Sasuke la protegió, para no caer con todo el peso de su cuerpo sobre el de ella. Le sostuvo la parte inferior del cuerpo con los muslos, se apoyó sobre los codos y le sonrió.
Tenía la cabellera sobre las almohadas y los ojos nublados por las lágrimas que no trataba de disimular. Ese aspecto la tornaba más vulnerable ante él. Dios querido, era hermosa... aun cuando estaba furiosa con él.
-Te amo, Sakura -le murmuró-. Y he tomado todo lo que tenías para darme.
Sakura empezó a protestar. Él no la dejó. Le tapó la boca con la mano para que no pudiera interrumpirlo.
-No he rechazado nada que tuviera valor. Tú me has ofrecido todo lo que un hombre puede desear. Me diste tu amor, tu confianza, tu lealtad, tu inteligencia, tu corazón y tu cuerpo. Ninguna de esas cosas es material, cariño. Y si perdías todo el respaldo financiero que tenías, a mí no me importaba, porque tú eras todo lo que realmente quería. ¿Ahora me entiendes?
Estaba extasiada por esas palabras tan hermosas. Tenía los ojos húmedos y se dio cuenta de lo difícil que había sido para él confesarle esa verdad. Sasuke la amaba sinceramente. Se sintió tan dichosa que se echó a llorar.
-Amor, no llores -le rogó-. Me apena mucho verte así.
Sakura trató de dejar de llorar y a la vez de explicarle por que lo hacía. Sasuke le destapó la boca y suavemente empezó a secarle las lágrimas.
-No tenía nada que darte cuando me casé contigo -le confesó-. Y aun así... en nuestra noche de bodas me di cuenta de que me amabas. Al principio, tuve dificultades para aceptarlo. Me parecía tan injusto para ti. Debí haber recordado un comentario tuyo con respecto al príncipe regente. Eso nos habría ahorrado muchas preocupaciones.
-¿Qué comentario hice?
-Yo te dije que había escuchado por ahí que el príncipe regente se había quedado prendado de ti. ¿Recuerdas qué me contestaste tú?
Claro que Sakura lo recordaba.
-Te dije que estaba impresionado por lo que yo era y no por quién era.
-¿Y bien? -preguntó él, con voz ronca.
-¿Bien qué?
La sonrisa de ella fue radiante, pues al fin comprendió.
-Pensé que eras muy inteligente -declaró.
-Me amas.
-Sí.
Sasuke se agachó y la besó. Ella suspiró en su boca. Cuando él se apartó, se dio cuenta de que la había convencido.
-¿Y tú también estuviste pensando en esa frase? -le preguntó ella.
Sasuke no entendió a qué se refería, pues estaba ocupado desabrochándole el vestido.
-¿Si pensé en qué exactamente?
-Que me enamoré de quién eres y no de lo que eres -le contestó ella-. Fue tu fuerza y tu coraje lo que me llevó a ti, Sasuke. Yo necesitaba ambas cosas.
El hombre se sentía tan complacido con su esposa que volvió a besarla.
-Te necesitaba -admitió.
Él quería besarla otra vez. Ella, hablar.
-Sasuke, tú te muestras al mundo como un hombre que lucha por levantar una empresa.
-Soy un hombre que lucha por levantar su empresa.
Se apartó para poder quitarle el camisón y la bata con más facilidad.
-No estás en la miseria -le dijo ella. Se sentó y empezó a quitarse la bata. Él la ayudó.
-Estuve analizando tus libros, ¿lo recuerdas? Has hecho una buena diferencia, pero volviste a reinvertir y los resultados fueron asombrosos. Has tratado de construir un imperio, pero si te detuvieras un instante a retroceder un paso y analizar la realidad, te darías cuenta de que prácticamente has alcanzado tu objetivo. Vaya, si casi eres propietario de veinte barcos. Los pedidos de mercancías se extienden hasta el año próximo. Esas circunstancias deben convencerte de que tu empresa ya ha dejado de luchar para subsistir.
A Sasuke le costaba escuchar lo que ella tenía que decirle. Se había quitado la bata y estaba haciendo lo propio con el camisón. Sintió un nudo en la garganta. Ella por fin eliminó la barrera. De inmediato, Sasuke trató de abrazarla, pero ella se lo negó con la cabeza.
-Primero me gustaría que me contestases una pregunta, por favor.
Sasuke debió haber accedido, pero no estaba seguro. El fuego ardía en sus venas y lo único que deseaba hacer era entrar en ella. Estaba tan ansioso por tocarla que literalmente rompía el camisón mientras intentaba quitárselo.
-Sasuke, ¿cuándo basta es basta?
La pregunta de Sakura requería concentración. Pero Sasuke no la tenía.
-En cuanto a ti, nunca podrá ser basta para mí.
-A mí me sucede lo mismo en lo que a ti concierne -murmuró ella-, pero no era a eso a lo que me refería...
Sasuke la calló con sus labios. Sakura no pudo resistirlo más. Le rodeó el cuello con los brazos y se abandonó a la maravilla de su pasión... de su amor.
Sasuke era exigente e increíblemente suave con ella. Sus caricias eran mágicas y, mientras ella gozaba en su bendita sumisión, Sasuke le repetía una y otra vez cuanto la amaba.
Sakura debió haberle dicho que ella también lo amaba, pero Sasuke la había dejado tan exhausta que no tenía fuerzas para hablar. Rodó sobre su espalda, cerró los ojos y escuchó los acelerados latidos de su corazón mientras el aire fresco de la noche enfriaba su acalorada piel.
Sasuke se puso de costado. Apoyó la cabeza sobre una mano y le sonrió. Parecía totalmente satisfecho.
Con los dedos delineó un suave camino, desde el mentón de Sakura hasta su vientre. Allí se detuvo para acariciarla.
-Cariño, ¿hay algo que quieres decirme?
La princesa estaba demasiado feliz como para ponerse a pensar en otra cosa que no fuera lo que acababa de vivir.
Sasuke iba a empezar a presionarla hasta que le confesara lo del bebé, pero las insistentes llamadas de Katazu a la puerta interrumpieron su intención.
-Milord, su hermano está aquí. Lo he llevado al estudio.
-Ya voy para allá -gritó Sasuke.
Protestó por lo bajo diciendo algo del poco sentido de la oportunidad de Itachi. Sakura no se molestó en abrir los ojos para comentar.
-Habría sido mucho más inoportuno si hubiera venido diez minutos antes. Creo que más bien fue bastante considerado.
Sasuke estuvo de acuerdo. Comenzó a levantarse de la cama, pero volvió a ella. Sakura abrió los ojos justo a tiempo para verlo posar un tierno beso sobre su ombligo. Ella le acarició el hombro. El cabello de su nuca se erizó entre los dedos de la muchacha.
Sasuke se había vuelto a dejar crecer el cabello. Ese descubrimiento la sorprendió. Estaba tan feliz que por poco se puso a llorar nuevamente. Pero no lo hizo, claro, porque Sasuke le había dicho que lo entristecía verla llorar. Además, no la habría entendido. Pero ella sí comprendía y eso era todo lo que importaba. El matrimonio no se había convertido en una prisión para su marido.
Sasuke estaba confundido por la expresión en la mirada de Sakura.
-¿Cariño?
-Todavía eres libre, Sasuke.
Él abrió los ojos al escuchar el comentario.
-Dices las cosas más extrañas -comentó.
-Tu hermano está esperando.
Sasuke asintió.
-Quiero que pienses en mi pregunta mientras hablo con Itachi. ¿De acuerdo, cariño?
-¿Qué pregunta?
Sasuke se levantó de la cama y se puso los pantalones.
-Te pregunté si tenías algo que decirme -le recordó.
Se puso los zapatos y se encaminó hacia su cuarto a buscar una camisa limpia. Había roto la que traía puesta antes.
-Piénsalo.
Tomó su chaqueta, le guiñó el ojo y se marchó del cuarto.
Itachi estaba sentado en una silla de cuero frente a la chime- nea. Sasuke lo saludó con un gesto de la cabeza y se sentó a su escritorio. Tomó una hoja de papel y una pluma.
Itachi miró una sola vez a su hermano y sonrió ampliamente.
-Veo que te he interrumpido. Lo siento -comentó.
Sasuke hizo caso omiso de la diversión de su hermano. Sabía que estaba desaliñado. No se había molestado en ponerse una corbata. Ni en peinarse, tampoco.
-El matrimonio te sienta bien, Sasuke.
Sasuke no fingió indiferencia. Miró a su hermano y le transmitió la verdad de sus sentimientos. Los disimulos pertenecían al pasado ya.
-Soy un hombre enamorado.
Itachi rió.
-Te llevó bastante tiempo darte cuenta.
-No más del que te llevó a ti darte cuenta de que amabas a Izumi.
Itachi asintió. Sasuke siguió escribiendo.
-¿Qué estás haciendo?
La sonrisa de Sasuke expresó gran picardía al admitir que comenzaba una lista.
-Parece que se me ha pegado el hábito de mi esposa de obsesionarme por la organización. ¿Has hablado con el vizconde?
La sonrisa de Itachi desapareció. Se aflojó el nudo de la corbata mientras contestaba.
-Harold está destruido -dijo, refiriéndose al vizconde-. Casi no logra pensar con coherencia. La última vez que vio a su esposa tuvieron una riña. Desde entonces no hace más que reprocharse las duras palabras que le dijo. Da pena ver lo angustiado que está.
-Pobre diablo -dijo Sasuke, negando con la cabeza-. ¿Te contó por qué se pelearon?
-Estaba seguro de que ella tenía un amante -contestó Itachi-. Estaba recibiendo obsequios y Harold llegó a la conclusión de que se los enviaba un amante.
-Rayos.
-Él todavía no se ha dado cuenta de la situación, Sasuke. Yo le hablé de los regalos que están recibiendo nuestras esposas, pero estaba demasiado pasado de copas y no me entendió. No hacía más que repetir que, por su ira, Roberta lo dejó por otro hombre.
Sasuke se reclinó en la silla.
-¿Agregó alguna otra cosa que nos pueda ayudar?
-No.
Los hermanos guardaron silencio, pues cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos. Sasuke retiró la silla hacia atrás y se agachó para quitarse los zapatos. Arrojó el izquierdo y luego el derecho. Estaba a punto de enderezarse cuando advirtió el alza que había en el interior de su zapato izquierdo.
-Maldición -murmuró. Ya estaba gastándose el par de zapatos más cómodo que tenía. Lo recogió del piso para ver si tenía arreglo. Tocó la gruesa inserción con los dedos.
Nunca había visto algo así. De inmediato, tomó el otro zapato y lo miró. Katazu escogió ese momento para entrar en el estudio para llevar una bandeja con una botella de coñac y unas copas por si Itachi deseaba beber. Le bastó una sola mirada en dirección a Sasuke para darse cuenta de lo que estaba mirando. Sin demoras, se volvió para marcharse.
-Vuelva aquí, Katazu -ordenó Sasuke.
-¿Desea una copa, milord? -preguntó Katazu a Itachi.
-Sí -respondió Itachi-. Pero de agua, no de coñac. Después de haber visto el estado en el que estaba Harold por el alcohol, la sola idea de beber coñac me revuelve el estómago.
-Traeré el agua de inmediato.
Katazu trató de irse otra vez, pero Sasuke volvió a impedírselo.
-¿Desea agua también? -preguntó el mayordomo a su señor.
Sasuke sostuvo en alto el alza.
-Quiero que me diga si usted sabe algo de esto.
Katazu estaba en una encrucijada de lealtades. Era el sirviente de Sasuke, por supuesto, y por lo tanto, le debía lealtad a su señor. Pero por otra parte, había prometido a la princesa no decir una sola palabra del zapatero.
El silencio de Katazu fue insoportable. Itachi empezó a reírse.
-Por la expresión de su rostro, yo diría que sabe bastante al respecto. ¿Qué es lo que tienes ahí, Sasuke?
Arrojó la inserción de cuero a Itachi.
-Acabo de encontrar esto escondido debajo de la plantilla de mi zapato. Ha sido hecha específicamente para mi zapato izquierdo.
Volvió a mirar a su mayordomo.
-Sakura está detrás de todo esto, ¿verdad?
Katazu carraspeó.
-Ahora son sus zapatos predilectos, milord -se apresuró a mencionar-. Con esa alza el talón le resulta mucho más cómodo. Ojalá no se enfade mucho por esto.
Sasuke no estaba enfadado en absoluto, pero su mayordomo era demasiado joven y estaba demasiado preocupado para notarlo.
-Nuestra princesa se ha dado cuenta de que usted es un poco... sensible con su pierna izquierda -continuó Katazu- y por esa razón, decidió valerse de una pequeña trampa. Realmente, señor, espero que no la regañe.
Sasuke sonrió. El modo en que Katazu la había defendido lo complació.
-¿Puede pedir a «nuestra princesa» que venga aquí? Golpee suavemente a su puerta, Katazu, y si no le responde de inmediato, es porque se ha quedado dormida.
Katazu salió a toda prisa del estudio. Se dio cuenta de que aún tenía la botella de coñac entre las manos y volvió. La dejó sobre una mesa y salió nuevamente de la habitación.
Itachi arrojó el alza de cuero a su hermano para devolvérsela.
-¿Y da resultados esto?
-Sí -admitió Sasuke-. No me había dado cuenta...
Itachi vio la vulnerabilidad que había en la mirada de su hermano y se asombró. Nunca antes había dejado que otra persona pudiera ver más allá de su sonrisa. De pronto se sintió más cerca de su hermano y todo porque Sasuke ya no se cerraba como solía hacerlo. Se inclinó hacia adelante y apoyó los codos sobre las rodillas.
-¿De qué no te habías dado cuenta?
Sasuke observó el alza al responder.
-De que mi pierna izquierda es más corta que la derecha. Es lógico. Perdí músculo...
Se encogió de hombros; Itachi no supo qué decirle. Era la primera vez que Sasuke aceptaba públicamente su condición física y Itachi ignoraba cómo debía proceder. Si mostraba indiferencia, su hermano podría pensar que no le importaba. Pero por otra parte, si se ponía muy interesado y lo acosaba a preguntas, Sasuke podría cerrarle la puerta otra vez y permanecer encerrado durante cinco años más.
Era una situación muy difícil. Y, al final, no dijo ni una palabra. Cambió de tema.
-¿Has hablado con papá sobre Hinata?
-Sí -contestó Sasuke-. Prometió no dejarla ni a sol ni a sombra. También ha puesto al personal sobre aviso. Si le envían algo más, papá lo revisará primero.
-¿Le advertirá a Hinata?
-No quiere preocuparla -respondió Sasuke-. Yo insistí. Ella tiene que entender lo seria que es esta situación. Hinata es un poquito... caprichosa, ¿no crees?
Itachi sonrió.
-Todavía no es una adulta completamente, Sasuke. Dale un poco de tiempo.
-Y protejámosla hasta que crezca.
-Sí.
Sakura apareció en la puerta con Katazu a su lado. Llevaba puesta una bata azul que la cubría desde el mentón hasta los pies. Entró al estudio, sonrió a Itachi y luego se volvió hacia su marido. Sasuke sostuvo el alza en el aire para que la viera. Al instante, la princesa perdió la sonrisa y empezó a retroceder.
No parecía asustada. Sólo cautelosa.
-¿Sakura, sabes algo de esto?
Por la expresión de Sasuke, Sakura no pudo adivinar si estaba enojado o simplemente irritado con ella. Recordó que su marido, pocos minutos antes, le había jurado que la amaba. Se armó de valor y avanzó un paso.
-Sí.
-¿Sí, qué?
-Sí, sé algo sobre esa alza. Buenas noches, Itachi. Me alegra volver a verte -dijo apurada.
Sakura estaba comportándose como una tonta deliberadamente. Sasuke meneó la cabeza.
-Te he hecho una pregunta, esposa -dijo.
-Ahora entiendo tu pregunta -exclamó ella. Avanzó otro paso-. Justo antes de irte de mi habitación, me preguntaste si no tenía algo que decirte y ahora entiendo por qué. Habías descubierto el alza. Está bien, entonces. Te lo diré. He interferido. Sí, lo hice. Pero siempre pensando en tu bien, Sasuke. Lamento que seas tan sensible con el tema de tu pierna. Si no hubieras sido así, habría hablado contigo antes de enviar a Katazu al zapatero. Tuve que obligar a tu criado para que me hiciera el favor, pues te es muy leal -se apresuró a aclarar por temor a que Sasuke pensara que Katazu lo había traicionado de alguna manera.
-No, princesa -la contradijo Katazu-. Fui yo quien le imploré que me dejara hacerlo.
Sasuke lo miró.
-¿Cómo se te ocurrió? -preguntó Sasuke.
Sakura pareció sorprendida por la pregunta.
-Cojeas... por la noche, cuando estás cansado, sueles cojear un poco. Sasuke, sabías que te apoyas más sobre tu pierna derecha, ¿verdad?
Sasuke casi rió.
-Sí, claro que lo se.
-¿Admites que eres un hombre bastante inteligente?
Ella estaba usando sus propias palabras en su contra. Él frunció el entrecejo.
-Sí.
-Entonces ¿por qué no tratas de pensar qué es lo que origina la cojera?
Él encogió los hombros.
-Bueno, un tiburón se comió una parte de mi pierna. Llámame tonto si quieres, Sakura, pero yo creí que esa era la razón por la que cojeaba.
Ella meneó la cabeza.
-Esa fue la razón de la lesión -le explicó-. Yo miré las suelas de tus zapatos. En cada par vi que los tacones izquierdos parecían nuevos. Entonces, por supuesto, me di cuenta de lo que había que hacer. -Ella suspiró.
-Ojalá no fueran tan sensible con ese tema.
Sakura se volvió hacia Itachi.
-Pero lo es. ¿No te habías dado cuenta de ello, Itachi?
Itachi asintió.
La princesa sonrió porque se había ganado el consentimiento de su cuñado.
-Ni siquiera quiere hablar de eso.
-Pero ahora lo está haciendo -observó Itachi.
Ella se volvió hacia su esposo.
-Estás hablando del tema -gritó.
Sakura parecía entusiasmada y Sasuke no sabía cómo reaccionar.
-Sí.
-Entonces ¿me dejarás dormir toda la noche en tu cama?
Itachi rió. Sakura lo ignoró.
-Yo sé por qué te vuelves a tu cuarto. Es porque la pierna te duele mucho y necesitas caminar. Digo la verdad, ¿no es cierto, Sasuke?
Sasuke no le contestó.
-¿Podrías decir algo, por favor?
-Gracias.
Sakura estaba totalmente confundida.
-¿Por qué me das las gracias?
-Por el alza.
-¿No estás enojado?
-No.
Ella estaba azorada por su actitud.
Él, maravillado por su consideración.
Se quedaron contemplándose el uno al otro durante un largo rato.
-No estás enfadado con Katazu, ¿no?
-No.
-¿Por qué no estás enojado conmigo?
-Porque hiciste todo por mi bien.
-Me alegro que lo digas.
Sasuke rió. Ella sonrió. Katazu entró corriendo al estudio y entregó violentamente el vaso de agua a Itachi. Su atención se centraba en Sakura. Ella notó lo preocupado que estaba y le murmuró:
-No está enojado.
Itachi comentó que se marchaba a su casa. Sasuke se despidió de su hermano, pero no quitó los ojos de encima a su esposa.
-Sakura, quédate aquí. Katazu acompañará a Itachi hasta la puerta.
-Como quieras, esposo.
-Dios, me encanta cuando eres humilde.
-¿Por qué?
-Porque es tan extraño…
Ella se encogió de hombros. Él volvió a reírse.
-¿Hay otra cosa más que quieras decirme?
Sakura bajo los hombros como si de pronto hubiera tenido que llevar una carga muy pesada.
-Oh, de acuerdo. Hablé con sir Bansai para que me diera sugerencias con respecto a lo que podía hacerse por tu pierna. Hablamos en privado y muy en confianza, por supuesto.
Sasuke arqueó una ceja.
-¿Sugerencias para qué?
-Para saber de qué maneras se te puede aliviar el malestar. Hice una lista de ideas. ¿Quieres que la vaya a buscar?
-Después -le contestó él-. Bien, ¿hay alguna otra cosa más que querías contarme?
La pregunta cubría una amplia gama de temas. Sasuke decidió que, en el futuro, tendría que recordar formularle la misma pregunta una vez por semana, por lo menos, para enterarse tras qué aventuras habría estado Sakura.
La princesa no estaba dispuesta a hacer una nueva confesión hasta adivinar detrás de qué exactamente estaba su marido.
-¿Podrías ser más específico, por favor?
Su pregunta indicó a Sasuke que todavía existían más secretos.
-No. Soy yo quien pregunta, de modo que respóndeme.
Se pasó los dedos por el cabello y avanzó hacia su escritorio.
-Sarutobi te lo dijo, ¿verdad?
Sasuke meneó la cabeza.
-¿Y entonces cómo te enteraste?
-Te lo explicaré después que me lo digas -prometió.
-Ya lo sabes -le dijo ella-. Sólo quieres hacerme sentir culpable, ¿no? Bueno, de nada te servirá. No cancelé el pedido del barco a vapor, y es demasiado tarde para que interfieras. Además, me dijiste que podía hacer lo que quisiera con mi herencia. Yo pedí el barco para mí. Sí, eso hice. Siempre he querido uno. Pero si a ti y a Deidara os agradara usarlo de vez en cuando, yo me sentiría más que feliz de compartirlo con vosotros.
-Pedí a Sarutobi que cancelara la orden -le recordó Sasuke.
-Pero yo le dije que Heki lo quería.
-¿Qué rayos más me has ocultado?
-¿No lo sabías?
-Sakura...
-Me estás poniendo nerviosa, Sasuke. Todavía no entiendes cuánto me has herido -anunció-. ¿Te imaginas cómo me sentí cuando Deidara declaró que tanto él como tú estabais dispuestos a usar el dinero de Karin para fortalecer el capital de la empresa? Después que te habías negado tan rotundamente a aceptar la ayuda de mi herencia.
Sasuke la sentó en su regazo. De inmediato ella lo abrazó y le sonrió. Él frunció el entrecejo.
-Fue el rey el que destinó ese dinero para Deidara y Karin -explicó.
-Y mi padre destinó mi herencia para mí y para mi esposo.
Con eso lo atrapó, pensó Sasuke. Ella también lo sabía.
-Tu padre quiere saber porqué todavía él está a cargo de mi dinero, Sasuke. Para él es una situación muy engorrosa. Tú tendrías que tomar las riendas del caso. Te ayudaré.
La sonrisa de Sasuke denotó una inmensa ternura.
-¿Y qué tal si yo te ayudo a administrarlo?
-Eso estaría bien. -Sakura se apoyó contra él-. Te amo, Sasuke.
-Yo te amo también, cariño. ¿No querías decirme otra cosa más?
Ella no le contestó. Sasuke metió la mano en el bolsillo y extrajo la lista. Ella se acurrucó más cerca de él.
Sasuke abrió la hoja de papel.
-Quiero que seas capaz de hablarme de cualquier cosa -le explicó-. De ahora en adelante.
Sakura trató de apartarse de él, pero Sasuke se lo impidió.
-Yo fui el que te imposibilitó hablar sobre mi pierna, ¿no?
-Sí.
-Lamento eso, cariño. Ahora quédate quieta mientras te contesto todas las preguntas, ¿de acuerdo?
-No tengo preguntas.
-Shh, amor -le ordenó. La estrechó con un brazo mientras que con la mano libre sostenía la hoja de papel.
-He escuchado todas tus preocupaciones por Kaede, ¿no?
-Sí, pero ¿por qué...?
Sasuke la apretó más fuerte todavía.
-Sé paciente -le ordenó. Leyó la segunda orden-. Prometo no ser tan terco con tu herencia. -Entre paréntesis, Sakura había había escrito: demasiado cabezota. Sasuke suspiró-: Y no seré cabezota al respecto.
La tercera consigna lo hizo sonreír. Sakura había exigido que Sasuke no esperara cinco años para darse cuenta de que la amaba.
Como ya había cumplido ese punto decidió pasar al siguiente. Sasuke tenía que alegrarse porque pronto sería padre y no debía culparla por haber interferido en sus planes.
¿Las esposas embarazadas podían convertirse en monjas? Sasuke decidió responder esa pregunta en primer término.
-¿Sakura?
-¿Sí?
Sasuke le besó la cabeza.
-No -murmuró.
Su tono divertido la confundió. También la respuesta negativa.
-¿No, qué, esposo?
-Las esposas embarazadas no pueden convertirse en monjas.
Sakura se habría levantado de un salto de su regazo si él la hubiera dejado. La mantuvo quieta hasta que por fin se tranquilizó.
Pero no por eso dejó de hacer los reproches pertinentes.
-Lo sabías... todo el tiempo... Oh, Dios, fue por la lista. La encontraste y por eso me dijiste que me amabas.
Sasuke la obligó a mirarlo a los ojos y la besó.
-Supe que te amaba antes de encontrar esa lista. Tendrás que tener confianza en mí, Sakura. Y en tu corazón también.
-Pero...
Su boca silenció la protesta. Cuando se retiró, ella tenía los ojos llenos de lágrimas.
-Te lo preguntaré por última vez. ¿Tienes algo más que decirme?
Ella asintió lentamente. Sasuke parecía tan arrogantemente complacido… Dios, cuánto lo amaba. Por el modo en que él la miraba, se dio cuenta de que él sentía lo mismo por ella.
Oh, sí, estaba muy feliz por lo del bebé. Sakura no tuvo que preocuparse por eso. Sasuke le había puesto la mano en el vientre y lo acariciaba. La princesa creía que estaba haciéndolo sin darse cuenta siquiera. Pero la acción fue muy elocuente. Sasuke acariciaba a su hijo, o hija.
-Contéstame -le ordenó él.
Estaba tan decidido a obtener su respuesta. Ella le sonrió. Sasuke siempre había tratado de ser serio y disciplinado. A ella le encantaba eso, por supuesto, pero también le agradaba hacérselo olvidar de vez en cuando.
Sasuke ya no podía aguantar más.
-Contéstame, Sakura.
-Sí, Sasuke, tengo algo que decirte. He decidido ser monja.
Sasuke parecía a punto de estrangularla. Su mirada furibunda la hizo reír. La abrazó y le ocultó la cabeza debajo del mentón.
-Vamos a tener un bebé -susurró ella-. ¿No te lo había dicho?
