KINGDOM HEARTS ES UN VIDEOJUEGO DE SQUARE ENIX AND DISNEY

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS Y DEMÁS PERSONAJES QUE APARECEN Y SE MENCIONAN AQUÍ PERTENECEN A WALT DISNEY PICTURES (EN EL PRIMER CASO, UNA CREACIÓN DE LEWIS CARROLL)


El Gato Risón no había abierto los ojos por la mañana y ya estaba sonriendo. Era automático, como si los músculos de su cara no fueran capaces de hacer otra cosa. Seguía en estado etéreo. Un bostezo sin un cuerpo, ni siquiera una boca.

El sonido de un rascado: uñas invisibles que se clavaban en la corteza de una rama. Luego, una nube de polvo, algunos metros más abajo, seguida de las huellas de unas patas en la tierra. Aunque en aquella parte del bosque el sol no brillaba nunca, era de día, otro bonito día en opinión del Gato, y era hora de desayunar. Seguro que podría cazar alguna de esas deliciosas meriendaposas.

No tenía motivos para creer que aquél sería un buen día, ninguno hasta entonces, pero aun así se sentía bien. Siempre estaba de buen humor, aunque las cosas parecieran ir torcidas. Quizás fuera una de las ventajas de estar loco. No podía evitar sonreír por todo. Se sentía tan feliz esa mañana que sentía ganas de tararear. Así que eso mismo hizo. Una voz que tarareaba en la oscuridad.

Y los mome raths también...

Hasta que oyó un sonido extraño.

Extraño incluso para lo acostumbrado en el País de las Maravillas.

Sus ojos por fin se hicieron visibles, flotando en el aire sobre un árbol cercano para ver mejor. Y ciertamente pudo ver con todo detalle una criatura muy curiosa. Había visto mome raths, zamarrajos e incluso al rarísimo pájaro Jubjub, pero nunca había visto cosa igual: una criatura negra como la noche más oscura con ojos amarillos que brillaban entre las sombras, protegida con una armadura que hacía un ruido metálico a cada movimiento que hacía. Parecía vagar sin rumbo por el bosque, como si mirara por doquier, aquí y allá. Todos los demás habitantes del País de las Maravillas se quedaron callados y miraron a esta cosa con gran curiosidad. Las flores se apresuraron en juzgarla: «¡Qué alboroto! ¡Esa no es forma de despertar por la mañana!»

— Vaya, vaya, vaya...—murmuró el Gato para sí, ensanchando su sonrisa.

— No son muy espabilados, pero hacen su trabajo rápido y sin hacer preguntas.

El Gato volvió la cabeza de una forma imposible para la gran mayoría de los mortales para ver de dónde provenía esa voz que habló a sus espaldas. Bajo el árbol, mirándolo, se encontraba un sujeto grandote y corpulento, casualmente un gato como él, solo que con el pelaje negro y a ojos vista no tan avispado como él. La ropa que llevaba indicaba que era forastero...¡y de muy lejos, por cierto!

— ¡Un viajero de otro mundo! ¿Mucho me equivoco o Ciudad Disney?—el Gato Risón por fin se hizo completamente visible, cruzándose de brazos.

— Sobresaliente. Je. Ya me dijeron que eras un tipo listo que sabe lo que se cuece dentro y fuera del País de las Maravillas—dijo el extraño.

— Me gusta andar por ahí. Observar. Escuchar...—el Gato se encogió de hombros como si fuera algo muy natural.

— De modo que tú eres el Gato Risón, ¿no es así?

— Tú lo has dicho.

No dijo más. El extranjero pareció desear que lo hiciera. Risón lo examinó palmo a palmo sin pestañear y con esa sonrisa suya en la cara, algo que el grandullón no pareció encontrar nada encantador o alentador. Cuando ya no podía soportar más que aquel gato de aspecto raro lo diseccionara con la mirada sin dejar de sonreír, se aclaró la garganta.

— Entonces eres justo el tipo al que estaba buscando. Mi nombre es Pete. Vengo a traerte una oferta de parte de Maléfica.

— Maléfica...—el Gato Risón hizo rodar sus ojos y se dio golpecitos en el mentón con un dedo, pensativo—. Maléfica...—no parecía sonarle el nombre. O quizás estaba fingiendo que no lo conocía.

— Es la emperatriz del mal.

— ¡Una emperatriz! Qué curioso: si es tan importante, la Reina de Corazones la habría invitado a jugar al croquet...

— Sí, bueno, no la invitan muy a menudo a eventos sociales...El caso es que ha puesto su atención en ti.

Pete lo consideraba todo un honor, pero parecía que el Gato no le daba la menor importancia, porque siguió mirándolo sin cambiar en nada su sonrisa perenne, como si le estuviera rogando en silencio que siguiera hablando y se explicara.

De haber estado ella allí presente, pensó Pete, habría desollado a ese gato por ningunearla de esa forma...

Pero sé amable, le había dicho. Lo necesitamos, le había dicho, así que haz lo que tengas que hacer para ganarte su confianza. Aunque eso signifique que te insulte y te patee. (Exactamente lo que hizo Jafar en un principio, cuando lo tomó por un campesino que no tenía derecho a plantar sus sucios pies en el suelo que él pisaba.)

— Nunca la he visto. No tengo ni la menor idea de cómo se ha podido enterar de la existencia de este humilde gatito—admitió Cheshire, alzando el trasero hasta quedar sostenido sobre sus codos, sostenido en el aire.

— Sabe muchas cosas y qué ocurre en otros mundos sin tener que abandonar el suyo. Su poder es inmenso—respondió Pete—. Y sabe que tú también sabes muchas cosas que no muchos saben, incluso magos como ella. Todas las entradas secretas, todas las puertas, todos los escondites, el paradero de todo el mundo...

El Gato tenía los ojos fijos en él; Pete tenía la sensación de que se estaba ganando su confianza con sus adulaciones. Se estaba mostrando cada vez más receptivo. Bien. Eso era buena señal.

Dórales la píldora, esa fue la sugerencia de Maléfica (usando palabras distintas, claro). Hazles sentirse importantes. Algunos no necesitaban que un donnadie les adulara, de modo que tuvo que ser ella, la mismísima emperatriz del mal, quien tuvo que convencerlos de que eran lo suficientemente poderosos para unirse al club (de nuevo, el caso de Jafar.) Por otra parte, él había puesto en práctica esa táctica con Oogie Boogie y funcionó. Él y esos tres niñatos que tenía por secuaces le habían aterrorizado en su primer encuentro, y el saco de bichos lo había encontrado desternillante, pero consiguió que escuchara la oferta que le traía. «Tú eres el verdadero rey del mal», «ese Jack Skelleton no es rival para tí y todos lo sabemos, así que esta es tu oportunidad de demostrárselo», le había dicho, y así lo tuvo comiendo en su mano..., bueno, la de Maléfica. Él no era más que su mensajero. No sería distinto con este gato. Él también adoraba que le prestaran atención. A todo el mundo le encanta, aunque lo nieguen.

— Y porque lo sabe, quiere darte la oportunidad de convertirte en algo más que un vagabundo y llegar a la posición que realmente mereces. Quiere darte el poder de dominar todo el País de las Maravillas.

La única muestra de que estas palabras sorprendieron a Risón fue una casi imperceptible alzada de cejas.

Bueno, eso sí que había sido inesperado. Incluso para él, que estaba acostumbrado a lo más alocado e ilógico, como él mismo. Pero permaneció tranquilo enfrente de ese sujeto.

Había algo en él que no le gustaba mucho.

Instintos felinos, podría decirse.

— Mira, de gato a gato: es una pasada ser el amo y señor de tu redil, ¿no es cierto?—continuó Pete—. ¿Por qué perder el tiempo burlándote de esa vieja ballenata cuando puedes sentarte en su trono y disfrutar de todos sus juguetes?

— ¿Y cómo sabe Maléfica que a mí me podría interesar?—le preguntó el Gato, volviendo a su postura normal y cruzando de nuevo los brazos—. Si no es indiscrección.

— ¿Quién no quiere algo más de la vida? Como decía, está buscando a compañeros para su plan de controlar el poder de la oscuridad y usar los corazones...

— ¡Oscuridad! ¡Corazones!—el pelo de Cheshire se elevó como si fuera una tapa separada del resto de su cabeza. Rió—. ¿De veras cree que puede controlar la oscuridad y retorcer a voluntad los corazones? Esa es una ciencia peligrosa. Algunos rincones oscuros deben permanecer en la oscuridad...

— ...y...así...dominar todos los mundos—Peter tuvo que ejercitar su de normal pobre autocontrol. Tenía un discurso preparado desde hacía mucho tiempo y ese condenado gato le estaba haciendo perder el hilo.

Risón se sentó en el aire como si se encontrara tumbado sobre una hamaca invisible.

— ...El amo del País de las Maravillas...Tentador...Tentador...—murmuró.

— ¿Verdad que sí? Muchos mundos ya han desaparecido, te habrás dado cuenta. La oscuridad se está expandiendo rápido y lo está engullendo todo. Pero hay una posibilidad de salvar este mundo y adquirir el control sobre él. Si colaboras, no sólo salvarás el pellejo: también tendrás el País de las Maravillas en tus garras para siempre. ¿Qué opinas?

Risón achinó los ojos, mirando al infinito, aún sonriente. Entonces, ante los ojos de Pete, se desvaneció.

— ¡Ey! ¡E-Espera! ¡No te vayas!—exclamó Pete, dando un paso al frente.

— Aquí.

Pete se volvió y vio que el Gato estaba sentado sobre un letrero cercano. No había nada escrito.

— ...Ejem, como iba diciendo. Si aceptas, todas estas criaturas, los sincorazón, estarán a tu servicio, para ayudarte a tomar el control de tu mundo y eliminar todo y a todos los que se interpongan en tu camino.

— ¿Y qué quiere Maléfica a cambio, exactamente?—preguntó Risón—. Si es tan lista, no debería haber nada que yo sepa que ella no supiera ya...

— Cierto. Ella sabe muchas cosas, pero ya te lo he dicho: hay cosas que sólo sonrisas en el viento como tú saben. Lo oculto. Lo ancestral. Debes de ser bueno encontrando cosas.

— Lo soy.

— Quiere que encuentres las cerraduras ocultas. La puerta de entrada a los corazones de los mundos.

— ¿Y qué más?—sus ojos amarillos eran penetrantes. Seguramente sabía que había algo más.

— Y lo más importante, quiere que le traigas a la princesa del corazón que vive en tu mundo. Una niñita llamada Alicia.

No hubo ningún cambio aparente en el gesto de Risón. Su sonrisa no se torció. Pero Pete lo notó. Sus ojos. Miró hacia otro lado. A las profundidades del bosque. Probablemente hacia donde la niña se encontraba en ese preciso instante, deambulando, buscando la forma de salir de allí, o persiguiendo conejos. Sabía de quién estaba hablando. Lo sabía perfectamente.

Había algo en aquellos ojos. Pete también se dio cuenta. Toda la diversión se había esfumado. Había dado paso al cálculo. Sí, detrás de esa cara de bobo, el Gato estaba pensando mucho.

Pete sonrió.

— Debes de haberla visto por aquí.

— ¿Sí?—el Gato Risón volvió a sonreír—. Tenemos una reina y un rey, pero nunca he oído hablar de ninguna princesa de corazones.

— No intentes engañarme, gato. Conoces este mundo mejor que nadie. Sabes perfectamente de quién te estoy hablando. Esa rubita. La damita vestida de azul. Has debido de haberla visto y apuesto a que ya sabías que es una princesa del corazón.

— ¿Eso crees?—el Gato parecía divertido.

— Sí.

— Tienes razón. Sé muchas cosas...Tantas, tantas cosas...—dicho esto, comenzó a desvanecerse, dejando detrás únicamente su sonrisa blanca y perturbadora.

— ¡Eh! ¡Para ya de aparecer y desaparecer! ¡Me estás mareando!—protestó Pete.

El Gato reapareció frente a él, sobre una roca.

— Veamos...Conque esta Maléfica de la que me hablas, la emperatriz del mal, me ofrece el poder de controlar la oscuridad para dominar los mundos...¿a cambio de una niña?—preguntó.

— Eso es. Tan sólo una niña.

— ¿Y qué planea hacer con ella?

— Uhm...Eso ya no lo sé, pero tiene algo que ver con una cerradura enorme.

El Gato se quedó callado y Pete vio que la grieta en su calma aparente se estaba haciendo cada vez más grande. Sonrió satisfecho. Esa criatura se lo estaba pensando muy seriamente. Lo cual era bueno. Cuando los otros se quedaron quietos y adoptaron una postura como esa no tardaron en aceptar la oferta. Era realmente tentador. ¿Quién no quería eliminar a sus enemigos y dominar su mundo y quizás otros más?

— Una pequeña marisabidilla es un precio pequeño a pagar a cambio de poder infinito...—ayudó a que se decidiera.

La Reina de Corazones era famosa en su mundo y en los externos por su temperamento irascible que siempre terminaba con la cabeza de alguien rodando por los suelos, pero Maléfica había elegido al Gato Risón porque sabía que su debilidad era jugar con crueldad con todos los que acababan en sus garras, como los de su especie gustaban de hacer con los ratones que iban a devorar. No era una vieja loca como la Reina, sino un individuo taimado. Era capaz de enviar con toda la calma a alguien hacia su perdición con malas indicaciones mientras miraba con una sonrisa en su cara. No era distinto de la Reina o Maléfica. Siempre quería salirse con la suya y haría lo que fuera por conseguirlo, aunque eso significara que alguien terminara herido o muerto. Pete estaba seguro de que vendería a su propia madre (si la tuviera) a cambio de millones de criaturas con las que jugar.

Al final, el Gato miró a Pete.

— Dile esto a Maléfica.

— ¿Sí?

— Mi respuesta es NO.

— ¡De acuerdo! ¡Le diré...! ¿Eh?

Aunque no dejó de sonreír, algo decía a Pete que el Gato no estaba contento. Hizo desaparecer su cuerpo mientras que su cabeza flotó en dirección hacia Pete, quedándose tan cerca de él que tuvo que retroceder.

— El País de las Maravillas ya es mi patio de juegos—su voz se había vuelto ronca, su sonrisa nunca había resultado tan amenazadora—. Puedo ir y venir de donde se me antoje cuando yo quiera, y molestar a quien me dé la gana, y nunca perderé la cabeza. Maléfica no tiene nada que pueda interesarme—rio—. Y puede quedarse con esos sincorazones. No le allanaré el camino hacia las cerraduras. No le daré a la niña. Si la quiere, que venga ella misma a por ella.

La respiración de Pete se volvió pesada y comenzó a temer que lo atacara. Retrocedió tanto que terminó tropezando con las raíces de un árbol y cayó de culo. Ahogó un grito cuando la cabeza de Risón flotó sobre su cabeza.

Ahora que había dejado las cosas bien claras, y sintiendo que el buen humor con el que había empezado el día se estaba echando a perder, volvió a desvanecerse, reapareciendo sobre la rama donde Pete le había encontrado. Tenía la intención de continuar con su paseo, tratando de olvidar lo que acababa de ocurrir, cuando Pete se puso en pie de un salto.

— ¡Es una lástima, porque sólo hay un destino para aquellos que se oponen a nosotros!

Un par de sombras amenazadoras le cortó el paso a Risón. El Gato bufó y usó su magia para hacerlos explotar; desapareció al instante.

— ¡Puede que conozcas muy bien tu mundo, pero no puedes escapar!—bramó Pete, y se volvió hacia los sincorazón—. ¡Encontradlo y matadlo! ¡Id! ¡Buscad por todo el bosque, en el jardín! ¡Destruidlo todo a vuestro paso si queréis, pero acabad con ese gato y encontrad a la princesa del corazón!

A sus órdenes, muchos más sincorazón aparecieron, botando por aquí y por allá, sobre los árboles, sobre las piedras, buscando todo cuanto tuviera un soplo de vida.


El Gato Risón se sentó sobre un arbusto en los jardines de palacio a recobrar el aliento. Echó una mirada a un lado y al otro y cuando vio que sólo eran las cartas, que estaban haciendo el cambio de la guardia, suspiró aliviado y aprovechó la poca calma que le quedaba para pensar un poco.

Lo que acababa de hacer era inútil, era consciente de ello. Tan sólo había ganado un poco de tiempo. Aquellas criaturas ya estaban en su mundo para destruirlo todo siguiendo las órdenes de esa tal Maléfica; ella misma vendría pronto o mandaría a sus lacayos para borrarle la sonrisa de la cara y llevarse a Alicia.

Había mentido a Pete: sí que sabía dónde estaba y quién era. La Reina de Corazones la había hecho prisionera...y ahora que veía claro de qué iba todo ese asunto del ataque contra la Reina, ya no podía reír. Los hilarantes prontos de la Reina ahora cobraban sentido: probablemente el atacante que había tratado de robarle el corazón era una de esas criaturas que ese Pete había traído consigo. La pobre Alicia iba a perder la cabeza por un crimen que no había cometido. Una perspectiva que se le había antojado chistosa hacía tan sólo un rato. Ahora...no tanto. La alternativa para ella era ser libre para caer en manos de esa bruja, porque tarde o temprano lo haría. No había ningún lugar en el País de las Maravillas donde pudiera estar a salvo de esos sincorazón. De haber estado en su pellejo, él habría preferido que le decapitaran, sinceramente. Sabía algo sobre los corazones, sobre cerraduras. Si lo que sospechaba era cierto, cosas muy malas le esperaban a Alicia. Y a todas las demás criaturas vivientes, también.

¡Jugar con el poder de la oscuridad! ¡Y decían que él era el loco!

Lo veía claro: tenía que poner a Alicia a salvo. No sólo porque le cayera bien la niña, por lo divertido que era ponerla de los nervios, siendo tan educadita y llena de ese asombro infantil. Una niña a cuya costa se había divertido mucho, pero...no quería que sufriera un destino tan cruel. No, tenía que protegerla, sentimientos aparte, porque, de ser verdad que era una princesa del corazón, las consecuencias serían desastrosas para todos los mundos si aquella gente usaba su poder latente.

Por desgracia, no podía hacer nada solo. Conocía bien el lugar, sabía usar un poco de magia, pero eso no bastaba para hacer frente a las fuerzas que se habían desatado. Él no era un luchador: su especialidad era huir. Y, de acuerdo con sus conocimientos, se necesitaba algo mucho más específico para mantener a raya a los sincorazón y preservar los mundos. Simplemente, era una guerra que él no podía luchar. Era el trabajo de otros.

En ese momento, alzó la cabeza, aguzando su oído. Algo le decía que Picaporte estaba conversando con alguien. ¿Un nuevo visitante en el País de las Maravillas?

Hizo desaparecer su cuerpo y materializó sus ojos y su sonrisa en el cuarto, sobre la chimenea. Tres curiosos personajes estaban de rodillas frente a Picaporte, preguntándose cómo podrían atravesarlo. Un pato con un bastón de mago, un perro con un escudo y un chico no mucho más mayor que Alicia con...¡una llave espada!

La sonrisa de Risón se ensanchó cuanto le fue posible. ¡Oh, día fragnífico!


FIN