CAPÍTULO 14
Durante las dos semanas que siguieron, un sinfín de visitantes mantuvieron entretenido a Sasuke. Sir Morino vino con tanta frecuencia, que bien podrían haberle asignado un cuarto de la casa. Itachi pasaba todas las tardes y Deidara también. Sakura no veía mucho a su esposo durante el día, pero las noches eran para ella. Después de la cena, Sasuke la ponía al tanto sobre las últimas averiguaciones de la investigación.
Sarutobi resultó de gran ayuda. Descubrió que alguien había suscrito una póliza de seguro por Kaede pocos meses antes de su desaparición.
El beneficiario que aparecía en el contrato era su hermano Chishima y los que lo llevaron a cabo, Morton e Hijos.
Por otras fuentes Sasuke averiguó que Chishima heredaría la cuantiosa dote de su hermana, que había donado una tía distante de Kaede el día de su nacimiento.
Sir Morino se había reunido con ellos para la cena. Escuchó a Sasuke mientras explicaba a Sakura los datos que había recabado, y luego agregó algún comentario propio.
-Hasta que no aparezca el cuerpo, no podrá reclamar el dinero del seguro ni el de la herencia. Si él es el culpable y su móvil era el dinero, ¿por qué se habría molestado en esconder el cuerpo?
-No tiene mucho sentido -dijo Sasuke-. Su cuenta bancaria es bastante importante.
Sir Morino coincidió.
-Tal vez pensó que no era suficiente -dijo-. Sakura nos comentó que él no quería mucho a su hermana. Pero también hay otra evidencia que apunta a Chishima como culpable, aunque sólo sea circunstancial. Verán, hace unos seis años, propuso matrimonio a Roberta, pero ella lo rechazó para casarse con el vizconde. Se corrió el rumor de que Chishima la persiguió aun después de casada. Algunos creen que ella tuvo su romance con él. Y, como verán, de ahí la conexión entre ambas mujeres.
-No me imagino por qué una mujer querría estar con Chishima Yoshino -murmuró Sakura-. No es para nada... encantador.
-¿Ha recibido algún otro regalo? -le preguntó.
Ella meneó la cabeza.
-El regalo que mandé hacer para Deidara y Karin llegó esta mañana. Sasuke por poco lo destruye antes de recordar que yo había mandado hacer ese barco. Gracias a Dios, sólo rompió la caja.
-Omitiste mencionar que habías encargado la réplica con oro -comentó Sasuke-. Se habrían necesitado cinco hombres para destruirla.
Itachi interrumpió la conversación cuando irrumpió en el comedor.
-¡Han encontrado el cuerpo de Kaede!
Sasuke tomó la mano de Sakura.
-¿Dónde?
-En un descampado que está como a una hora de aquí. Un granjero encontró la tumba por casualidad. Los lobos habían ... -Itachi se detuvo a mitad de la frase. La expresión en el rostro de Sakura fue de una honda angustia. Itachi no iba a acentuar el dolor de su cuñada agregando mórbidos detalles.
-¿Las autoridades están seguras de que se trata de Kaede? -preguntó la princesa.
Tenía los ojos llenos de lágrimas, pero se obligó a mantener el control. Más tarde podría llorar por Kaede, y rezar por la paz de su alma también. Haría ambas cosas... una vez que atraparan al autor de esa atrocidad.
-Las joyas que llevaba puestas... ayudaron a identificarla -explicó Itachi.
Sir Morino quería ver dónde había sido hallado el cuerpo. Apartó la silla y comenzó a ponerse de pie.
-Es demasiado tarde para ver nada -dijo Itachi al director. Separó la silla que estaba junto a Sakura y se sentó-. Tendrá que esperar hasta mañana.
-¿De quién es el terreno donde fue encontrado el cuerpo? -preguntó Sasuke.
-De Chishima Yoshino.
-Qué coincidencia -dijo Sasuke.
-Demasiada -declaró Itachi.
-Tomaremos lo que se nos presenta -expresó Morino-. Luego iremos separando lo que no nos sirve para llegar a la verdad.
-¿Cuándo hará que sus hombres comiencen a cavar? -preguntó Sasuke
-Mañana en cuanto amanezca.
-¿A cavar? -preguntó Sakura-. Pero si el cuerpo de Kaede ya ha sido hallado. ¿Para qué...?
-Queremos ver qué más encontramos -explicó sir Morino.
-¿Cree que también Roberta pueda estar enterrada allí?
-Sí.
-Yo también -intervino Itachi.
-Chishima no sería tan estúpido como para enterrar a sus víctimas en sus propias tierras -dijo ella.
-Creemos que probablemente es el culpable -manifestó Itachi-. Nadie ha dicho que sea inteligente.
Sakura tomó a su cuñado por el brazo para que le dispensara toda su atención.
-Pero eso es justamente -se opuso-. Ha sido inteligente hasta ahora, ¿no? ¿Por qué habría de enterrar a alguna de las mujeres en sus propias tierras? No tiene sentido. Además, olvidáis algo.
-¿Qué?
-Todos pensáis que se trata sólo de dos mujeres. Pero pudo haber otras más. .
-Tiene razón, Itachi -dijo Sasuke-. Cariño, suelta a mi hermano.
Se dio cuenta de que le estaba estrujando la mano y de inmediato, lo soltó. Volvió a dirigirse al director.
-¿Cuáles son sus otros planes?
-Seguramente Chishima será arrestado bajo algún cargo -anunció-. Es sólo un comienzo, Sakura. Al igual que usted, no estoy completamente convencido de que sea nuestro hombre. No me gustan las coincidencias tan evidentes.
La princesa estaba satisfecha con la respuesta de sir Morino. Itachi se puso de pie y corrió la silla hacia ella. Se volvió para darle las gracias. Se sorprendió de que su cuñado le apoyara las manos sobre los hombros y se inclinara hacia ella. Antes que pudiera atinar a nada, le besó la frente.
-Felicidades, Sakura -le dijo-. Izumi y yo estamos muy contentos con la buena nueva.
-¿Qué buena nueva? -preguntó sir Morino.
Sakura dejó que fuera Sasuke quien diera la noticia. Ella sonrió a Itachi.
-Nosotros también estamos muy contentos -murmuró.
Sir Morino estaba estrechando la mano de Sasuke cuando ella se encaminó hacia la salida. Una idea repentina la hizo pararse. Se volvió y miró a Sasuke.
-¿No te has preguntado por qué han sido escogidas tres mujeres de tu familia? Tú echaste a Chishima de esta casa -le recordó-. ¿Eso no lo enfadaría lo suficiente como para desear vengarse?
Sasuke no lo creía. Lo dejó con Itachi y sir Morino pensando en todas las posibilidades del caso mientras subía. Katazu aguardaba en el estudio. Su hermana menor, Fuki, esperaba con él.
-Aquí está -anunció Katazu, cuando entró Sakura-. Princesa Sakura, le presento a Fuki -anunció-. Está ansiosa por complacerla en lo que necesite.
Katazu dio un codazo a su hermana para que se le acercara. De inmediato, la muchacha avanzó e hizo una torpe reverencia.
-Será un placer servirla, milady.
-No es milady -la corrigió Katazu-. Es princesa.
Fuki asintió. Se parecía mucho a su hermano. Tenía el mismo color de tez y las sonrisas de ambos eran casi idénticas. La muchachita miraba a su hermano con auténtica devoción, lo que emocionó a Sakura.
-Nos llevaremos muy bien -predijo la princesa.
-Yo le enseñaré lo que sea necesario -dijo Katazu.
Sakura asintió.
-¿Dónde está Kasume? Pensé que habíamos convenido en que empezaría a ayudarme con la correspondencia a partir de mañana.
-Todavía está preparando sus cosas -explicó Katazu-. ¿Aún no ha comentado nada sobre mis hermanas a su esposo?
No -contestó Sakura-. No se preocupe. Estará tan feliz como yo.
-He instalado a Fuki en el último cuarto del pasillo de arriba -dijo Katazu-. Kasume puede ocupar el que está junto al de Fuki, si le parece bien.
-Sí, por supuesto.
-Es un cuarto muy bello, milady -señaló Fuki-. Y el primero que tengo todo para mí sola.
-Princesa, no milady -corrigió Katazu otra vez.
Sakura no se atrevió a reírse. No quería quitarle autoridad a Katazu.
-Mañana empezaremos tu preparación, Fuki. Creo que ahora iré a acostarme. Si necesitas algo, pídelo a tu hermano. Él te cuidará bien. Por cierto, nos cuida muy bien a Sasuke y a mí. No sé qué haríamos sin él.
Katazu se puso colorado por el elogio. Fuki, parecía impresionada.
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Sasuke se rió cuando ella le contó que se había agrandado el personal doméstico. Pronto se recuperó, por supuesto, cuando se enteró de que el mayordomo, que estaba tan mal pagado, era el único sostén de sus dos hermanas. Sabía que los padres de Katazu habían fallecido, porque Jūgo se lo había dicho aquel día que le imploró que empleara a su sobrino. Pero había omitido mencionar a las dos muchachas. No, no lo sabía, por lo que se sintió agradecido de que Sakura hubiera decidido darles trabajo. La mañana siguiente, Sasuke aumentó el sueldo de su sirviente.
Esa tarde, llegaron flores para Sakura. Sarutobi las envió con una nota condolente por la trágica pérdida.
Sakura estaba arreglándolas en un florero de porcelana blanco cuando Sasuke comenzó a leer la nota con una mirada ceñuda.
-¿De qué se trata todo esto? -preguntó.
-Heki ha fallecido.
Sasuke se echó a reír a carcajadas. Ella sonrió.
-Pensé que te pondrías contento.
-Es una grosería que te rías, Sasuke.
Itachi estaba parado en la puerta del comedor con una mirada de reproche para su hermano. Se volvió hacia Sakura para presentarle sus condolencias y entonces notó que ella estaba sonriendo.
-¿Acaso Heki no es un buen amigo tuyo?
-Ya no -dijo Sasuke.
Itachi meneó la cabeza. Sasuke volvió a reírse.
-Nunca existió –le explicó-. Sakura lo inventó para que Sarutobi aceptara sus órdenes de compraventa de acciones.
-Pero él me dio un muy buen consejo. Rayos, voy a echarlo de menos... Yo...
-Sakura fue la que te dio el buen consejo. Pregúntale a ella en el futuro -sugirió Sasuke.
Itachi estaba atónito. Sakura miró a su esposo como diciéndole «te lo dije», y luego se dirigió a su cuñado.
-Sarutobi estaba mucho más que dispuesto a hablar conmigo sobre inversiones porque creía que yo transmitía toda esa información a Heki. Ahora sólo hablará con Sasuke cada vez que se entere de que hay una buena oportunidad. Se enfadaría mucho si se enterase de que Heki nunca existió, y por esa razón, os ruego que no digáis nada.
-¿Por qué molestarse con un intermediario? -preguntó Itachi, aún no del todo seguro sobre si debía creerle o no.
-Porque a los hombres les gusta hablar con otros hombres -explicó ella pacientemente.
-¿Por qué has venido? -preguntó Sasuke, cambiando de tema-. ¿Tienes novedades?
-Sí -contestó Itachi-. Hallaron el cuerpo de lady Roberta a unos cincuenta metros de la tumba de Kaede.
-Dios santo -murmuró Sakura.
Sasuke le rodeó los hombros con el brazo.
-¿Se han encontrado otros?
Itachi negó con la cabeza.
-No hasta el momento. Pero la búsqueda sigue. A Chishima lo acusan bajo el cargo de homicidio en segundo grado. A través de su abogado, solicitó una entrevista con Sakura.
-Queda fuera de discusión.
-Sasuke, yo creo que debo hablar con él.
-No.
-Por favor, sé razonable -imploró ella-. ¿No quieres estar seguro de que él es el culpable!
Sasuke suspiró.
-Entonces iré yo a hablar con él.
-A Chishima no le caes bien -le recordó la princesa.
-Me importa, un cuerno si le caigo bien o no -contestó Sasuke.
Sakura se volvió hacia Itachi.
-Sasuke lo echó literalmente de esta casa -le explicó-. No sería descabellado que Chishima no quisiera hablar con él ahora.
-Te sorprenderías al descubrir cómo puede cambiar un hombre en la prisión de Newgate -dijo Itachi-. Me imagino que será capaz de hablar con cualquiera que crea que puede ayudarlo.
-Tú no irás, Sakura -le dijo Sasuke-. Sin embargo -se apresuró a agregar, antes de que ella comenzara a discutir con él-, si escribes tus preguntas en una lista, yo se las haré a Chishima.
-Ya tengo una lista -contestó.
-Entonces ve a buscarla.
-Sasuke, iré contigo -anunció Itachi.
Sakura sabía que no tenía sentido seguir discutiendo con su esposo. Por la expresión de su mirada, sabía que estaba más terco que una mula. Subió a buscar la lista, agregó algunas preguntas más y luego volvió a bajar rápidamente.
-Usaremos mi carruaje -dijo Itachi a su hermano.
Él asintió. Tomó la lista de sus manos, se la metió en el bolsillo y dio un beso de despedida a Sakura.
-Quédate en casa -le ordenó-. No tardaré mucho.
-No puedes quedarte en casa -dijo Itachi-. Lo había olvidado. Deidara pasará a buscarte en una hora.
-¿Para qué? -preguntó Sasuke.
-Izumi quiere que tu esposa conozca a Karin -explicó-. Mamá y Hinata están en nuestra casa también.
-¿Deidara irá con Sakura? -preguntó Sasuke.
-Sí.
Sakura se volvió y subió las escaleras. Estaba apurada por cambiarse de vestido. Quería estar radiante para conocer a Karin.
-¿Debo llevar el regalo? -gritó a su esposo desde arriba.
Sasuke comenzaba a avanzar hacia la puerta. Le dijo que era una buena idea, pero por el modo en que se encogió de hombros, Sakura se dio cuenta de que prácticamente no le había prestado ninguna atención.
Fuki la ayudó a cambiarse. La hermana de Katazu estaba nerviosa -y también actuaba con torpeza-, pero el entusiasmo por complacer a su señora era patente.
Deidara pasó a buscarla un rato después. Sakura llevaba el obsequio que Katazu había envuelto, cuando bajó por las escaleras. Entregó a Deidara la caja para que se la llevara, pero no le explicó qué era.
El socio de Sasuke parecía preocupado y casi ni habló en el trayecto a la casa de la ciudad de Itachi.
Finalmente, Sakura le preguntó si algo malo sucedía.
-He estado revisando los libros -explicó- y traté de descubrir de dónde vienen los ingresos. Sasuke es el único que tiene cabeza para los números -agregó-. Yo trato de mantener las cuentas al día, pero me resulta difícil.
-Yo me encargué de pasar todas las facturas cuando Sasuke estuvo enfermo -dijo ella-. Tal vez cometí algún error. ¿Usted cree que los saldos no son correctos?
Deidara meneó la cabeza.
-Sasuke me dijo que usted lo puso al día -comentó. Deidara sonrió y estiró las piernas. Sakura apartó los pliegues de su falda para hacerle más sitio.
-No pude encontrar las facturas de algunos depósitos que se hicieron.
Por fin Sakura comprendió que estaba inquietándolo. El dinero que Sasuke había transferido a la cuenta de la empresa provenía de los servicios que él había prestado al Departamento de Guerra.
-No hay recibos para cuatro de los ingresos -dijo ella.
-Sí, cuatro exactamente. -coincidió Deidara-. ¿Sabe de dónde sacó el dinero Sasuke? No tiene sentido. El ingreso de los barcos ya está registrado y sé que no tiene otro por separado.
-¿Se lo ha preguntado?
Deidara meneó la cabeza.
-Justo esta mañana he descubierto esa incógnita.
-¿Usted y Sasuke... comparten todo? Quiero decir, ¿se cuentan todo 0 tienen secretos que no se confiesan mutuamente?
-Somos socios, Sakura. Si no podemos confiar el uno en el otro, ¿en quién demonios habríamos de hacerlo?
Deidara le dirigió una mirada penetrante.
-Usted sabe de dónde vino el dinero, ¿no?
Ella asintió lentamente con la cabeza.
-Sasuke probablemente se lo diría a usted... no a mí -razonó en voz alta.
-¿El dinero lo puso usted?
-No.
-¿Entonces quién?
No dejaría las cosas así. Como Deidara no era sólo el socio de Sasuke, sino que también era su mejor amigo, Sakura decidió que no habría sido una traición contarle la verdad.
-Debe prometerme que no dirá una sola palabra a Itachi, ni a ningún otro miembro de la familia de Sasuke -comenzó ella.
Deidara asintió. Estaba muerto de curiosidad, por supuesto.
-Lo prometo.
-Sasuke estuvo haciendo algunos trabajos extras para incrementar el capital.
Deidara se inclinó hacia adelante.
-¿Para quién trabajó?
-Para sir Morino.
El gruñido que emitió por poco lo hizo arrojar la caja con el regalo. Deidara se había mostrado un poco interesado en el asunto, por lo que la furiosa reacción resultó llamativa a los ojos de la muchacha. Ella dio un salto y también hizo un gesto de horror ante el vocabulario poco respetuoso de su acompañante.
Deidara se recuperó y se disculpó por haber empleado ese lenguaje. La expresión de sus ojos fue escalofriante.
-Creo que sería mejor si dejara a Sasuke que explicara todo -tartamudeó Sakura-. Ya no trabaja para Morino, Deidara.
-¿Segura?
La joven asintió.
-Estoy segura.
Deidara suspiró y se reclinó contra el respaldo del asiento.
-Gracias por decírmelo.
-Sasuke se lo habría dicho, ¿verdad?
La preocupación en la voz de Deidara era muy evidente y pensó que Sakura estaba arrepintiéndose de haberle confesado la verdad. Le sonrió.
-Sí, me lo habría dicho. De hecho, le preguntaré por esas facturas que me faltan esta misma noche.
Deliberadamente, Deidara cambió el tema de conversación para que la muchacha dejara de preocuparse. Llegaron a la casa de Itachi pocos minutos después.
Sakura conoció a Jūgo, el tío de Katazu, cuando les abrió la puerta. Era un hombre muy agrio, aparentemente, con modales almidonados, pero cuando le sonrió, sus ojos denotaron un brillo muy sincero. Al parecer, Katazu no había hecho más que elogiarla. Jūgo mencionó que acababa de enterarse de que Fuki y Kasume estaban trabajando también en casa de Sasuke.
Las puertas del salón estaban abiertas de par en par. La hija de Itachi fue la primera en verla y vino corriendo a la entrada. La pequeñita de cuatro años tomó la mano de Jūgo para no caerse mientras hacía su reverencia. Pero su comportamiento femenino duró poco. En cuanto terminó con la formalidad, se lanzó hacia las piernas de su tío Deidara. Gritó excitada cuando su tío la arrojó por el aire como si hubiera sido un sombrero.
-Gracias a Dios que tenemos los techos tan altos -señaló Jūgo. Deidara escuchó el comentario y rió. Colocó a su sobrina sobre el brazo y siguió a Sakura.
Izumi y Hinata estaban sentadas, una junto a la otra, en el sofá. La duquesa ocupaba una silla frente a sus hijas. Las tres mujeres se pusieron de pie enseguida y corrieron hacia Sakura.
-Nos hemos enterado de las maravillosas noticias -anunció la duquesa.
Sakura rió.
-Yo me enteré por Hinata -dijo Mikoto.
-Yo, por Izumi -comentó Hinata.
-Yo nunca... -comenzó Izumi a protestar.
-Yo escuché a mamá que especulaba con esa teoría -admitió entonces Hinata.
-¿Dónde está Karin? -preguntó Deidara.
-Dándole de comer a Nori -explico Izumi-. Bajará en unos minutos.
De inmediato Deidara se volvió para ir a buscar a su esposa. Trató de bajar a Mikoto, pero ella lo abrazó con más fuerza y le dijo que deseaba ir con él.
Sakura dejó la caja con el regalo sobre una mesa que estaba a un lado y siguió a sus parientes hacia los asientos. Se sentó junto a su suegra. La duquesa se secaba los ojos con un pañuelo de lino.
-Me siento tan dichosa -anunció-. Otro nieto. Es una bendición.
Sakura estaba radiante de placer. La charla giró en torno de los hijos un rato. Hinata se aburrió enseguida. Sakura lo advirtió y decidió cambiar de tema.
-¿Estás enfadada conmigo por haberle dicho a Sasuke lo de las flores que recibiste?
-Al principio sí, pero cuando papá me explicó todo, más que enojarme me asusté mucho. Ahora que Chishima Yoshino está en prisión, ya no tengo miedo y papá me dejará volver a salir. ¿Te das cuenta de que la temporada va a terminar ya? Me moriré de aburrimiento cuando vuelva al campo.
-No harás semejante cosa -dijo su madre.
-Hoy iré a cabalgar por el parque con Hidan Jashin.
-Hinata, pensé que habías aceptado rechazar la invitación para pasar la tarde con tu familia -le recordó su madre.
-Es sólo un corto paseo y todos se darán cuenta si no voy. Además, a la familia puedo verla cuando quiero.
-¿Hidan pasará a buscarte? -preguntó Izumi.
Hinata asintió.
-Es tan divino. A papá también le agrada.
Sakura estaba inquieta, pues no tenía deseos de que Hinata fuera a ninguna parte. Oh, claro que Hidan era amigo de Sasuke y que, seguramente, cuidaría de Hinata, pero de todas maneras, Sakura habría preferido que su cuñada se quedara en casa. No estaba convencida de que Chishima fuera el culpable. Pero no quería alarmar a sus parientes. Deseó que Sasuke hubiera estado allí. Él habría sabido qué hacer.
No le habría permitido salir. Sakura llegó a esa conclusión de inmediato. Pero Sasuke era demasiado precavido, pensó.
-Hinata, yo creo que deberías quedarte aquí con nosotros -comentó Sakura.
-¿Por qué?
La verdad. ¿Por qué? Sakura buscó desesperadamente una razón. Se volvió hacia Izumi implorando en silencio su ayuda.
La esposa de Itachi era muy astuta. Por la mirada de Sakura notó que estaba muy preocupada, e inmediatamente la respaldó.
-Sí, deberías quedarte con nosotros -dijo a Hinata-. Jūgo no tendrá inconveniente en llevar una nota a Hidan explicándole que ha surgido un asunto familiar y que por tal motivo no podrás acudir a la cita.
-Pero yo deseo concurrir a la cita -respondió Hinata-. Mamá, esto no es justo. Ino irá a cabalgar con el conde de Hampton. Sus hermanas no le dicen qué debe hacer.
-Nosotras no estamos diciéndote qué hacer -manifestó Sakura-. Simplemente no queremos que vayas.
-¿Por qué no?
La frustración de Hinata quebró su voz. Afortunadamente Sakura no tuvo que darle una respuesta, pues Deidara y su esposa entraron en el salón, atrayendo la atención de todo el mundo.
Sakura se puso de pie de un salto. Atravesó rápidamente el salón para presentarse a Karin.
La esposa de Deidara era una mujer hermosa. Tenía el cabello rojo, unos rasgos perfectos y los ojos del color carmín. Su sonrisa también era encantadora, llena de calidez.
Deidara presentó a su esposa con Sakura. La princesa no sabía si hacer una reverencia formal o estrechar la mano de Karin. Pero su dilema no fue muy duradero. La mujer era muy cariñosa. Inmediatamente, se le acercó y la abrazó.
Era imposible sentirse incómodo en presencia de Karin, pues trató a Sakura como si hubieran sido amigas de toda la vida.
-¿Donde está Nori? -preguntó Sakura.
-Mikoto la trae -explicó Karin.
-Con la ayuda de Jūgo -intervino Deidara. Entonces, se volvió hacia su esposa-. Cariño, subiré nuevamente para terminar con los libros de contabilidad.
Izumi llamó a Karin y golpeó los cojines del sofá que estaban junto a ella. Sakura no la siguió. Prefirió ir tras Deidara, a quien alcanzó á mitad de las escaleras.
-¿Podría hablar un minuto con usted en privado?
-Claro que sí -contestó Deidara-. ¿Le parece bien en el estudio?
Sakura asintió. Lo siguió mientras terminaban de subir las escaleras y luego hacia el estudió. Deidara hizo un ademán en dirección a la silla, pero ella declinó la invitación para sentarse.
La sala estaba llena de mapas y libros de contabilidad. Obviamente, Deidara había convertido el estudio de Itachi en una segunda oficina del astillero. Sakura se lo mencionó mientras miraba el recinto.
-La biblioteca de Itachi está abajo -explicó Deidara-. No me permite entrar. Pero él tampoco entra aquí -agregó con una sonrisa-. Mi cuñado es un fanático del orden. No soporta el lío. Siéntese, Sakura, y dígame qué la preocupa.
Nuevamente se negó a sentarse.
-Esto sólo me llevará un momento -le explicó-. Hinata desea salir a cabalgar con Hidan Jashin. Él vendrá aquí a buscarla. No me parece buena idea dejarla ir, Deidara, pero no se me ocurre ninguna buena razón para impedírselo. Está muy decidida.
-¿Por qué no quiere que vaya?
Sakura pudo haber entrado en detalladas explicaciones, que no habrían tenido demasiado sentido y que habrían confundido a Deidara. Por lo tanto, decidió que lo mejor era no hacerle perder su tiempo.
-Sólo me inquieta la idea de que salga -dijo-. Y sé que Sasuke no se lo permitiría. Ninguno de los dos estamos convencidos de que Chishima Yoshino sea el culpable y hasta que no lo estemos, no queremos que Hinata salga a ninguna parte. Sasuke no está aquí para decir que no a Hinata y su madre, es demasiado blanda. ¿Podría manejar esta situación, por favor? No creo que Hinata se atreva a contradecirlo.
Deidara comenzó a avanzar hacia la puerta.
-¿De modo que Sasuke no confía en Jashin?
-Oh, no, no fue mi intención dar a entender eso -dijo ella-. Hidan es amigo de Sasuke. -Bajó la voz al agregar-: Ahora ocupa el lugar que pertenecía a Sasuke en el Departamento de Guerra, bajo la supervisión de sir Morino.
-Pero usted cree que Sasuke no querría que ella saliera. Está bien. Yo manejaré este asuntó.
-¿Qué excusa va a darle? -le preguntó Sakura, mientras corría detrás del gigante.
-Ninguna -le contestó Deidara. Le sonrió con mucha picardía-. No necesito darle una razón. Simplemente le diré que tiene que quedarse aquí.
-¿Y si discute?
Deidara rió.
-No es lo que voy a decirle sino cómo se lo diré. Confíe en mí, Sakura. Hinata no se pondrá a discutir. Sólo hay dos mujeres en este mundo a las que no puedo intimidar, mi hermana y mi esposa. No se preocupe. Yo me encargaré.
-En realidad, Deidara, hay tres. No puede intimidar a Izumi, ni a Karin, ni a mí.
Sakura sonrió por la expresión de sorpresa en sus ojos, pero no se atrevió a reírse.
La duquesa estaba aguardando en el vestíbulo para despedirse de Deidara y Sakura. Dijo que tenía que prepararse para una importante cena. Besó a Sakura en la mejilla y luego hizo agachar a Deidara para poder besarlo también.
Sakura creyó que Hinata todavía estaba en el salón. Se volvió para ir allí primero, para que la jovencita no creyera que ella había mediado con Deidara. Hinata ya estaba un poco irritada con ella porque había quebrado su promesa de no decir nada a Sasuke, y Sakura no quería agregar otro motivo más a su enfado.
Karin esperaba en el sofá. La pequeña Mikoto estaba junto a ella, con la niña en su regazo.
-Espero que Nori sea tan bella como tú -dijo Karin a Mikoto.
-Seguro que no -contestó Mikoto-, porque no tiene tanto cabello como para ser tan bella como yo.
Izumi volvió los ojos al cielo. Karin sonrió.
-Todavía es muy pequeñita -le dijo-. Ya le crecerá.
-¿Dónde está Hinata? -preguntó Sakura cuando entró al salón-. Deidara quiere hablar con ella.
-Se fue hace unos minutos -contestó Izumi.
Sakura de inmediato llegó a la conclusión de que Hinata se había ido con su madre. Se sentó junto a Mikoto para mirar a la pequeña.
-¿Estaba muy enojada porque intervinimos en sus planes? Seguramente, en estos momentos debe estar enfurecida con su madre. Oh, Karin. Nori es tan bella. Tan pequeñita…
-Va a, crecer -anunció Mikoto-. Eso hacen los bebés. Mi mamá me lo dice siempre.
-Sakura, Hinata no se fue de su casa con su madre. Se fue con Hidan. Tratamos de hacerla cambiar de opinión, pero como no teníamos una razón valedera que darle, su madre por fin cedió. Hinata es capaz de ponerse a gritar como una loca por cualquier cosa y su madre no querría una escena.
La niñita comenzó a inquietarse. Karin la levantó en sus brazos y se puso de pie.
-Es hora de su siesta -anunció-. Enseguida bajo. Jūgo me la quitará de los brazos en cuanto pueda. Ese hombre es un encanto con los bebés, ¿verdad Izumi?
-Con todos los niños -respondió Izumi. Volvió a mirar a su hija-. También es hora de tu siesta, Mikoto.
La niña no quería irse, pero Izumi insistió. Tomó la mano de Mikoto y se la llevó.
-No soy un bebé, mamá.
-Ya sé que no lo eres, Mikoto -contestó Izumi-. Y por eso, sólo duermes una siesta al día, mientras que Nori duerme dos.
Sakura se sentó en el sofá y observó cómo Izumi se llevaba a Mikoto a rastras del salón. Deidara estaba de pie en la entrada.
-¿Quiere que vaya a buscar a Hinata? -preguntó Deidara.
Sakura meneó la cabeza:
-No. Sólo vivo preocupándome por cualquier cosa. Estoy segura de que no surgirán inconvenientes.
La puerta principal se abrió justo en ese momento y luego entraron Itachi y Sasuke. Itachi estaba en el vestíbulo, hablando con Deidara, pero Sasuke entró al salón de inmediato a saludar a su esposa. Se sentó junto a ella, la abrazó y la besó.
-¿Y bien? -le preguntó Sakura, cuando él comenzó a mimarle el cuello en lugar de contarle de inmediato las novedades.
-Probablemente él es el culpable -anunció Sasuke.
Itachi y Deidara entraron al salón. Sakura codeó a Sasuke para que dejara de hacerle cosquillas en el cuello. Su esposo suspiró y se apartó de ella. Sonrió al verla sonrojada.
-Tenía motivos y una oportunidad -señaló Sasuke.
Itachi escuchó el comentario de su hermano.
-Creo que estamos creyendo que este asunto es mucho más complicado de lo que realmente es. Admito que hay... coincidencias.
Sasuke asintió. Extrajo una lista.
-Muy bien, cariño. Aquí tienes tus respuestas. Primero, Chishima niega haber acompañado a su hermana al encuentro con el famoso admirador. Segundo, jura no saber nada sobre una póliza de seguro que lo beneficiaría. Y tercero, niega vehementemente haber tenido algo que ver con lady Roberta.
-Esperaba esas respuestas -declaró Sakura.
-No era un buen hermano con Kaede -comentó Itachi. Se sentó y soltó un audible bostezo.
-¿Y qué pasó con mi otra pregunta para Chishima?
-¿Cuál? -preguntó Sasuke.
-Quería los nombres de los pretendientes a los que Kaede rechazó. Cuando vino a visitarme, me dijo que eran tres. Yo pensé que esos rechazos podrían ser importantes. Honestamente, Sasuke, ¿olvidaste preguntárselo?
-No, no me olvidé. Fueron: Burke «que ahora está casado y por eso no cuenta» y Mazelton.
-Pronto se casará -intervino Itachi.
-¿Y? -preguntó Sakura, al ver que su esposo no continuaba-. ¿Quién fue el tercer pretendiente?
-Hidan Jashin -dijo Itachi.
Sasuke asintió.
Sakura miró a Deidara. Él estaba frunciendo el entrecejo.
-Sasuke, ¿Hidan no es amigo tuyo? -preguntó.
-Rayos, no -respondió Sasuke-. Actualmente debe de querer matarme. Me culpa por una situación que surgió y que él echó a perder.
Deidara avanzó un paso hacia él.
-¿Te echaría la culpa lo suficiente como para ir tras tu esposa?
La expresión de Sasuke cambió. Empezó anegar con la cabeza, pero se detuvo.
-Es una posibilidad -admitió-. Remota... ¿pero en qué estás pensando, Deidara?
Su socio se volvió hacia Sakura.
Pronunciaron la respuesta al unísono.
-En Hinata.
