CAPÍTULO 15

-No fuimos presa del pánico.

-Sí, lo fuimos -lo contradijo ella. Le sonrió mientras lo contradecía, y luego volvió a concentrar su atención en la tarea que tenía entre manos.

Ella y su esposo estaban acostados. Sasuke lo estaba boca arriba, con la cabeza apoyada en las almohadas. Sakura se sentó a los pies de la cama. Tomó otra tira de algodón y la aplicó sobre la pierna lesionada de Sasuke. El calor del agua le ponía los dedos colorados, pero la ligera molestia tenía su recompensa, pues su marido no dejaba de suspirar de alivio.

Sasuke casi no había protestado cuando Sakura le entregó la lista de sugerencias que había hecho sir Bansai. Se negó a tomar medicación o alcohol para aliviar el dolor, pero dio sus razones. No quería hacerse adicto a ninguna de las dos cosas y por eso no quería ingerirlas, por fuerte que fuera el dolor.

Los paños calientes le ayudaban a aliviar los calambres de la pantorrilla. Mientras que Sakura lo mantuviera ocupado con otras cosas, Sasuke lograba olvidar su sensibilidad y su vergüenza por las heridas.

Pero ciertamente no sentía vergüenza por ninguna otra parte de su cuerpo. Era un poco exhibicionista. Sakura llevaba un modesto camisón rosa, de cuello alto blanco y una bata haciendo juego. Sasuke estaba desnudo, con las manos entrelazadas debajo de la cabeza. Cuando volvió a suspirar, Sakura se dio cuenta de que se mostraba totalmente desinhibido frente a ella... y contento.

-Admitiré que Itachi corrió un poco, pero sólo porque existía una remota posibilidad de que Hidan estuviera involucrado.

-¿Que corrió un poco? Seguramente estarás bromeando, Sasuke. Tu hermano tomó a Izumi y la arrojó en el carruaje y luego salió corriendo a toda marcha hacia el parque.

Sasuke sonrió al imaginarse el cuadro.

-Está bien. Itachi estaba en estado de pánico, pero yo no.

Ella resopló de un modo muy poco elegante.

-¿Entonces me equivoqué cuando te vi saltar a un lado del vehículo para que no se fueran sin ti?

-Mejor prevenir que curar, Sakura.

-Y todo para nada -dijo ella-. Hinata se habría muerto de vergüenza si Itachi y tú la hubierais alcanzado. Gracias a Dios, Hidan la llevó a su casa antes de que sus hermanos del alma lo echaran todo a perder. Y todo por culpa mía.

-¿Por qué culpa tuya?

-Yo metí esa idea en su cabeza -admitió-. No debí haber preocupado a tu familia así.

-Son tu familia también -le recordó él.

Ella asintió.

-¿Por qué crees que Kaede rechazó a Hidan?

El cambio de tema tan inesperado no llamó la atención de Sasuke. Ya se había habituado a la idea de que la mente de su esposa corría rápidamente de un pensamiento a otro. Era una mujer extremadamente lógica -terriblemente inteligente, también- y por esas razones, Sasuke no desatendía sus preocupaciones. Si no estaba totalmente convencida de que Chishima era el culpable, entonces tampoco Sasuke estaba convencido.

-Hidan está endeudado hasta el cuello y es probable que pierda todas sus propiedades.

-¿Cómo lo sabes?

-Morino me lo dijo -contestó-. Tal vez, Kaede creyó que podría conseguir algo mejor.

-Sí -coincidió ella-. Es posible.

-Cariño, es mejor que nos acostemos.

Sakura bajó de la cama y dejó el recipiente de agua caliente sobre un banco que estaba cerca de la ventana. Luego quitó las tiras mojadas de la pierna de Sasuke, las dobló y las colocó junto al recipiente.

-Sasuke, ¿te sientes culpable porque no quisiste escucharme cuando te dije que estaba preocupada por Kaede?

-Rayos, claro que me siento culpable. Cada vez que sacabas el tema, te decía que dejaras las cosas como estaban.

-Bien.

Sasuke abrió un ojo para mirarla.

-¿Bien? ¿Quieres que me sienta culpable?

Ella sonrió.

-Sí -le dijo. Se quitó la bata y la colocó doblada sobre los pies de la cama. Comenzó a desabrocharse el camisón-. Es bueno porque llevo ventaja en las negociaciones.

Sasuke sonrió por la elección de palabras que había hecho y por su expresión. Sakura parecía tan seria.

-¿Qué es exactamente lo que quieres negociar?

-El modo en que dormimos. Dormiré toda la noche en tu cama, Sasuke. No te servirá de nada discutir.

Sakura abandonó sus intentos por quitarse el camisón y fue rápidamente hacia la cama. Pensó que a Sasuke le resultaría mucho más difícil rechazar la petición si se acomodaba junto a él. Se tapó, acomodó la almohada y luego dijo:

-Si la culpa no te inmuta, entonces tendré que recordarte el particular estado en el que me encuentro. No negarás nada á la madre de tu hijo.

Sasuke se rió. Se puso de costado y abrazó a su esposa.

-Vaya negociante que eres -dijo-. Amor, no se trata de que no quiera dormir contigo. El tema es que me levanto varias veces por las noches y no quiero despertarte. Tú necesitas descansar.

-No me despertarás -le contestó-. Hoy me ha llegado una bella y larga carta de la madre superiora -le comentó, cambiándole el tema bruscamente-. Te la dejé sobre el escritorio para que la leyeras. Las rosas han florecido alrededor de Stone Haven. Tal vez, el año próximo, cuando me lleves a ver nuestro castillo, todas las flores estarán hechas una maravilla. Es un espectáculo digno de ver, esposo.

-Dios, soy dueño de un castillo, ¿verdad?

Sakura se acurrucó a su lado.

-La madre superiora pudo retirar el dinero del banco. Por supuesto nunca dudé de que lo haría. Puede tornarse muy persuasiva cuando quiere.

Sasuke estaba muy complacido con las noticias. No quería que el general se quedara ni una fracción de la herencia de Sakura.

-Sarutobi dejará de preocuparse -señaló-. Una vez que el dinero esté seguro en el banco de aquí...

-Santo Dios, Sasuke, no creerás que la madre superiora nos enviará ese dinero a nosotros, ¿verdad?

-Yo creí...

Las carcajadas de Sakura lo interrumpieron.

-¿Qué te causa tanta gracia?

-No fue difícil arrebatar el dinero del poder del general, pero sacarlo de las arcas de la madre superiora será imposible.

-¿Por qué? -preguntó, todavía confundido.

-Porque ella es monja -contestó-. Y las monjas piden dinero. No lo dan. El general no fue obstáculo para la madre superiora y tampoco lo eres tú esposo. Dios quiere que se queden con ese dinero -agregó-. Además, fue un regalo, ¿recuerdas? Y pueden darle un muy buen uso. Sarutobi hará unos cuantos pucheros, pero luego se olvidará del asunto.

Sasuke se agachó para besarla.

-Te amo, Sakura.

Sakura había estado esperando esa declaración, por lo que cuando la escuchó, saltó como una tigre al acecho.

-Tal vez me amas un poco, pero sin duda, no como Deidara ama a Karin.

Ese comentario lo sorprendió. Se apoyó sobre un codo para poder verle la expresión. No sonreía, pero en sus ojos había un elocuente brillo. Era obvio que estaba tramando algo.

-¿Por qué lo dices?

Sakura no se sintió intimidada en absoluto por su tono de voz ni por su mirada ceñuda.

-Estoy negociando otra vez -le explicó.

-¿Qué quieres ahora?

A Sasuke le resultaba muy difícil no fruncir el entrecejo. Quería reírse.

-Tú y Deidara ibais a aceptar la herencia que Karin recibió del rey y yo pido..., no, exijo... que aceptéis la misma cantidad de mi herencia. Es justo, Sasuke.

-Sakura...

-No me gusta que me dejen de lado, esposo.

-¿Dejarte de lado? ¿De dónde has sacado esa idea, por el amor de Dios?

-Realmente ahora tengo mucho sueño. Piensa en lo justo de mi requerimiento y mañana comunícame tu resolución. Buenas noches, Sasuke.

¿Requerimiento? Sasuke resopló al recordar el término. Sakura se lo había exigido. Ya había tomado la decisión, y simplemente, era demasiado terca. Tampoco iba a dejar las cosas como estaban. Por el tono de voz que había empleado, Sasuke advirtió que se sentía herida en su orgullo, que consideraba que la habían dejado de lado.

-Lo pensaré -prometió él finalmente.

Ella no lo escuchó. Ya estaba profundamente dormida. Sasuke sopló las velas, abrazó con más fuerza a su esposa y, al minuto, se quedó dormido también.

Pero la casa no estaba completamente en silencio. Katazu seguía abajo, dando los toques finales al trabajo de su hermana. Había encomendado a Fuki que sacudiera la tierra del salón y estaba repasando los rincones que ella había pasado por alto. Katazu era quisquilloso, y perfeccionista. Hasta que sus hermanas no aprendieran al pie de la letra la rutina de la limpieza, él seguiría revisando el trabajo de las muchachas para asegurarse de que se hiciera como era debido.

Eran más de la una de la madrugada cuando por fin terminó con el salón y apagó las velas. Estaba llegando al vestíbulo cuando lo sorprendió que llamaran a la puerta.

Por la hora que era, Katazu no abrió para ver quién era. Primero espió por la ventana del lateral. Al reconocer al amigo de su patrón, quitó el seguro.

Hidan entró rápidamente. Antes que Katazu tuviera tiempo de explicarle que Sasuke y Sakura ya se habían retirado a dormir, Hidan dijo:

-Ya sé que es tarde, pero esta es una emergencia y debo hablar con Sasuke de inmediato. Sir Morino llegará en pocos minutos.

-Pero milord ya se ha acostado -tartamudeó Katazu.

-Despiértelo -gruñó Hidan. Luego suavizó el tono, para agregar-: Tenemos una crisis entre manos. El querrá saber todos los detalles. Apresúrese, hombre. Sir Morino llegará en cualquier momento.

Katazu no discutió con el conde. De inmediato, subió las escaleras. Hidan lo siguió. Katazu pensó que el conde había subido también para aguardar a Sasuke en el estudio. Se volvió a medias para pedirle que lo esperara en el salón.

Una luz cegadora explotó en su cabeza. El dolor fue tan intenso, tan agotador, que lo doblegó. No hubo tiempo suficiente para gritar en alerta, ni fuerzas para pelear. Katazu cayó redondo al piso, un instante después que le propinaran el golpe en la cabeza.

Cayó hacia atrás. Hidan lo tomó por detrás para que el mayordomo inconsciente no hiciera ruido al caer por las escaleras. Luego lo apoyó contra la baranda.

Se quedó allí un rato contemplando al sirviente, para asegurarse de que no lo había atontado simplemente. Luego, satisfecho de que no despertaría durante un largo rato, se concentró en la tarea más importante que tenía entre manos.

Subió las escaleras. En un bolsillo llevaba la daga que planeaba usar contra Sakura. En el otro, la pistola, con la que mataría a Sasuke.

Su ansiedad no lo hizo menos cauteloso. Mentalmente había repasado su plan una y otra vez para asegurarse de no tener errores.

Estaba contento de no haber cedido a sus impulsos de matarla antes. Había querido hacerlo... oh, sí, cuánto lo había deseado. Pero pudo contenerse. Vaya, si hasta había suscrito una póliza de seguro con Morton e Hijos, nombrando a Sasuke como único beneficiario, por supuesto, para que apuntaran a él como único culpable de su muerte. Oh, sí, había sido muy inteligente en sus planes. La princesa lo había intrigado desde el primer momento que la vio. ¿Se sentiría más emocionado al matar a alguien de la realeza?

Sonrió en anticipación. En pocos minutos más, tendría la respuesta.

Sabía cuál era la habitación de Sakura. Se había enterado de ese detalle tan interesante la primera vez que visitó a Sasuke. Había conocido a Sakura en el pasillo, justo en la puerta de la biblioteca. Cuando la escuchó mencionar que debía ir a buscar algo a su habitación, la siguió con la mirada. Sakura salió corriendo por el corredor, pasó la primera puerta y luego entró en la segunda. Oh, claro que era él el inteligente. Había archivado ese dato en su mente, por si lo necesitaba en el futuro y ahora le daría lo que necesitaba.

Quería matar a Sakura primero. Seguramente habría una puerta que comunicara ambos cuartos, pero si no, la puerta del pasillo le serviría igualmente para sus propósitos. Quería que Sakura gritara de terror y de dolor. Quería ver a Sasuke entrando a toda prisa, desesperado, para salvar a su amada esposa. Hidan esperaría a que Sasuke viera todo el cuadro, la sangre fluyendo del cuerpo sin vida de Sakura y una vez que se hubiera hecho un festín con el horror y la desolación de la escena, lo asesinaría de un solo balazo, que introduciría exactamente en su corazón.

En realidad, Sasuke merecía una muerte lenta y agónica. Pero Hidan no podía correr semejante riesgo. Sasuke era un hombre peligroso y sería mejor matarlo de inmediato.

Sin embargo, la expresión de sus ojos, al ver que la esposa estaba muerta o a punto de morir, quedaría grabada en la memoria de Hidan, durante mucho, mucho tiempo, para su profundo regocijo. Y eso tendría que bastarle, decidió, mientras recorría el oscuro pasillo.

Pasó por el estudio. Luego, por la puerta de la primera alcoba, que estaba en silencio como un cementerio. Casi no respiró hasta que llegó a la puerta que había visto abrir a Sakura en aquella oportunidad.

Estaba listo, tranquilo... ¡invencible! Y sin embargo, seguía esperando, más para regodearse con el triunfo que pronto sería suyo que por otro motivo. Se quedó escuchando el silencio durante largos minutos... esperando... dejando que la fiebre lo envolviera, lo quemara, lo fortaleciera.

Ambos merecían morir. Sakura, por ser mujer, por supuesto. Sasuke, por haber arruinado las posibilidades que había tenido en el Departamento de Guerra. Sir Morino ya no confiaba en él y había fracasado por culpa de Sasuke. Si este lo hubiera acompañado en la misión, lo habría contenido para que no cediera ante la necesidad imperiosa de matar al ver a la hermana del francés. No habría pensado en lo suave que era la piel de esa muchacha, ni habría notado la inocente vulnerabilidad de sus ojos. Habría podido controlar la necesidad de tocarla con el arma blanca que tenía en las manos... Pero Sasuke no lo había acompañado y la suerte no estuvo de su lado esa vez. El hermano volvió de la ciudad más temprano de lo previsto y lo sorprendió cuando el deslizaba la daga dentro y fuera, dentro y fuera, en ese ritual erótico que le producía tanto placer. Los gritos habían alertado al hombre -esos gritos espeluznantes y tan necesarios, que servían para alimentar su pasión-. Si Sasuke hubiera estado allí, ambos hermanos estarían aún con vida. Habría podido controlarse -sí, sí, habría podido- y, oh Dios, ella había sido tan dulce...

El cuerpo de esa muchacha parecía de mantequilla contra su erección de acero y sabía que el cuerpo de Sakura le produciría la misma sensación. Su sangre sería caliente y pegajosa cuando le corriera entre las manos, tan caliente y pegajosa como...

No se atrevió a esperar más. Después que sir Morino le dijo que tanto él como Sasuke opinaban que no era bueno para ese trabajo, Hidan aparentó estar decepcionado. Pero por dentro, ardía de furia. ¿Cómo se atrevían a creerlo inferior? ¿Cómo se atrevían?

En ese mismo momento se decidió a asesinar a los dos. Había sido muy inteligente con sus planes, también. Sasuke y Morino morirían accidentalmente, por supuesto, pero los planes sufrieron una modificación ese día, cuando al salir a pasear por el parque con Hinata se enteró de que Sakura había tratado de convencerla de que no lo hiciera.

La estúpida arpía le había contado todo. Así, Hidan supo que todos sospechaban de él. Pero no había ni media pista que lo conectara a él con todas esas mujeres, ¿verdad? No, no. Estaba muy mal que pensara que era un hombre vulnerable. Era demasiado astuto como para dudar de sí mismo.

Sin embargo, cambió todos sus planes sobre la marcha. Había estudiado cada detalle. Mataría primero a Sakura por puro placer; luego a Sasuke y antes de marcharse de esa casa, se aseguraría de que el mayordomo nunca más despertara.

Nadie podría acusarlo. Tenía la coartada perfecta. Estaba pasando la noche con la puta Lorraine, quien diría a todos los que le preguntaran que Hidan no se había movido de su cama en toda la noche. En su copa, Hidan había mezclado una gran dosis de láudano con el alcohol, de modo que, cuando ella se durmió profundamente, él escapó por la ventana de atrás. Cuando la prostituta despertara de su sueño inducido por la droga, Hidan estaría nuevamente a su lado.

Oh, sí. Había pensado en todo. Se permitió sonreír de satisfacción. Extrajo la daga del bolsillo y tomó el picaporte de la puerta.

Sasuke escuchó el crujido de la puerta que se abría. Ya estaba despierto, a punto de ponerse a caminar para aliviar los calambres de su pierna lesionada, cuando el ruido le llamó la atención.

No perdió tiempo en quedarse a escuchar más ruidos. Sus instintos le gritaban una seria advertencia. Alguien estaba dentro del cuarto de Sakura y él sabía que no era nadie del personal. Ninguno de los sirvientes se habría atrevido a entrar sin pedir permiso primero.

Sasuke se movió con la velocidad de un relámpago, pero sin hacer ruido. Extrajo la pistola cargada que tenía en el cajón de la mesa de noche y volvió con su esposa. Le tapó la boca con una mano y la arrastró con el otro brazo para sacarla de la cama. Su mirada y su pistola estaban fijas en la puerta que comunicaba su cuarto con el de Sakura.

La princesa se despertó sobresaltada. La luz de la luna que se filtraba por la ventana fue lo suficientemente intensa para ver la expresión del rostro de su marido. Era aterradora. Se despabiló en un segundo. Algo estaba muy mal. Por fin, Sasuke le destapó la boca y le hizo un gesto para que fuera al otro lado de la habitación. Nunca la miró directamente. Tenía toda la atención concentrada en la puerta que comunicaba los cuartos.

Sakura trató de ir delante de él. Sasuke no la dejó. La tomó por el brazo y la puso detrás de él. Mientras caminaban por la alcoba, Sasuke le dio la espalda todo el tiempo. Luego la empujó hacia un estrecho rincón, entre la pared y el pesado guardarropas. Estaba parado frente a ella, protegiéndola del ataque directo.

Sakura no tenía idea de cuánto tiempo estuvieron parados allí. Si bien le pareció una eternidad, sabía que sólo habían pasado unos pocos minutos.

Y luego, la puerta se abrió lentamente. Una sombra cayó en la alfombra, seguida de una imagen borrosa. El intruso no entró a hurtadillas, sino que corrió con la determinación y la velocidad del demonio.

Los gritos bajos y guturales que daba producían escalofríos en Sakura. Cerró muy fuerte los ojos y comenzó a rezar.

Hidan sostenía un cuchillo bien alto en el aire, con una mano, mientras que en la otra portaba una pistola. Como había entrado corriendo al cuarto, su mente casi no tuvo tiempo a registrar que la cama estaba vacía. El sonido que estaba haciendo y que evidentemente no podía controlar, similar al maullido de un gato del demonio, totalmente inhumano, se convirtió en un rugido de ira, como el de un animal salvaje al que le arrebatan la presa. Hidan supo, aun antes de darse la vuelta, que Sasuke estaba allí, esperándolo. También supo que, como mucho, tendría un segundo para salvarse, pero era tan inteligente, tan superior... que estaba seguro de que ese segundo le bastaría.

Después de todo, él era invencible. En un único y fluido movimiento, se volvió, con la pistola lista y el índice acariciando el gatillo...

Su muerte fue instantánea.. La bala que salió de la pistola de Sasuke entró por la sien izquierda de Hidan. Cayó al piso, con los ojos abiertos y las armas muy apretadas en las manos.

-No te muevas, Sakura.

La orden de Sasuke fue dura, dicha entre dientes. Ella asintió. Luego se dio cuenta de que él estaba dándole la espalda y que, por lo tanto, no podía verla aseverar con la cabeza. Las manos le dolían, pues había estado apretándolas con toda su fuerza contra el pecho. Se obligó a relajarse.

-Ten cuidado -le dijo ella, en una voz tan baja que dudó que Sasuke la hubiera oído.

Sasuke fue hacia el cuerpo, dio una patada a la pistola que Hidan tenía en la mano y luego se hincó sobre una rodilla para asegurarse de que estuviera muerto.

Suspiró violentamente. El corazón le latía a un ritmo muy veloz.

-Bastardo -masculló y se puso de pie. Se volvió a Sakura y le tendió la mano. Salió de su refugio con la vista fija en Hidan y lentamente avanzó hacia su marido. Sasuke la tomó entre sus brazos para que no siguiera, mirando ese horrendo cuadro.

-No lo mires -le ordenó.

-¿Está muerto?

-Sí.

-¿Querías matarlo?

-Rayos, sí.

Ella se recostó contra él. Sasuke la sitió temblar.

-Ya todo ha terminado, cariño. No puede lastimar a nadie.

-¿Estás seguro de que está muerto?

La voz de Sakura temblaba de preocupación.

-Estoy seguro -le respondió, con un tono áspero e iracundo.

-¿Por qué estás enfadado?

Sasuke inspiró profundamente para tranquilizarse y luego le respondió.

-Es sólo una reacción -le dijo-. Ese bastardo tenía unos planes horribles. Si tú hubieras estado durmiendo en tu cuarto...

Sasuke no pudo seguir. La idea de lo que le pudo haber sucedido a Sakura le resultó tan aterradora que no pudo ni siquiera pensar en ella.

Sakura tomó la mano de su esposo y lo llevó a la cama. Suavemente lo empujó por los hombros para que se sentara.

-Pero nada me ha sucedido, gracias a tu instinto. Lo escuchaste en la otra habitación, ¿no es verdad?

La voz de la muchacha fue un murmullo tranquilizador. Sasuke asintió con la cabeza. Su esposa realmente trataba de serenarlo... Y eso era justamente lo que él necesitaba.

-Ponte la bata, cariño -le dijo-. No quiero que te enfríes. ¿Estás bien?

Sasuke la había sentado sobre su falda para hacerle esa pregunta.

-Sí -contestó ella-. ¿Y tú?

-Sakura, si algo te sucediera, no sé qué haría. No puedo imaginarme la vida sin ti.

-Yo también te amo, Sasuke.

Su declaración de amor lo calmó. Expresó su placer con un sonido gutural, mientras quitaba a Sakura a la cama, junto a él.

Sasuke inspiró profundamente y luego se puso de pie.

-Voy a despertar a Katazu para que vaya por sir Morino. Quédate aquí hasta...

Sasuke se interrumpió cuando ella se puso de pie de inmediato.

-Voy contigo. No quiero quedarme aquí con... él.

-Está bien, amor mío. -Le rodeó los hombros con el brazo y se encaminaron hacia la puerta.

Sakura temblaba otra vez. Sasuke no quería que el pánico volviera a hacer presa de ella.

-¿Acaso no dijiste que para ti Hidan era un verdadero seductor?

Ella se quedó boquiabierta.

-Claro que yo no dije semejante cosa. Hinata pensaba que era encantador. Yo no.

Sasuke no quería contradecirla. Tampoco quiso comentar que ella había agregado el nombre de Hidan a su lista de posibles candidatos para casarse, pues sólo habría logrado perturbarla más de lo que estaba.

Sólo había hecho aquel comentario para hacerla olvidar el hombre muerto junto al cual debían pasar para salir de la alcoba. Y le dio resultado. Sakura casi ni miró a Hidan. Estaba totalmente concentrada en fruncir el entrecejo a su esposo. El color le había vuelto a la cara.

-Sospeché de Hidan desde el momento en que lo conocí -dijo ella-. Bueno, casi desde el momento en que lo conocí -agregó al ver la incrédula mirada de Sasuke.

No discutió con ella. Llegaron al pasillo y justo entonces Sasuke se dio cuenta de que estaba desnudo. Regresó al interior del cuarto, se puso unos pantalones y cubrió a Hidan con una manta que sacó del guardarropas. No quería que Sakura volviera a ver la cara de ese bastardo. Y él tampoco quería verla.

Katazu no estaba en su cuarto. Lo encontraron tirado en las escaleras, cerca del vestíbulo. Sakura estaba mucho más perturbada por lo que le había sucedido al mayordomo que por el fallecimiento de Hidan. Se puso a llorar desconsoladamente y se aferró de la mano de Katazu hasta que Sasuke la convenció de que sólo lo habían dejado inconsciente por un fuerte golpe. Cuando Katazu se quejó, la princesa comenzó a calmarse.

Una hora después, la casa se llenó de visitas. Sasuke había hecho señas a un vehículo que pasaba para que se detuviera. Entonces envió al cochero a buscar a sir Morino, Itachi y Deidara. Los tres hombres llegaron con escasos cinco minutos de diferencia.

Sir Morino interrogó primero a Katazu y luego lo mandó a la cama. Sakura estaba sentada en el sillón, acompañada por Itachi a un lado y Deidara al otro. Ambos hombres competían entre sí por el afán de reconfortar a la muchacha. Sakura pensó que la preocupación de los dos era terriblemente dulce, por lo que soportó pacientemente las constantes palmadas en el hombro de Deidara y las esporádicas palabras condolentes de Itachi, que no tenían mucho sentido.

Sasuke entró en el salón y meneó la cabeza al encontrarse con el insólito trío. Casi no podía ver a su esposa, pues Itachi y Deidara estaban estrujándola literalmente con sus anchos hombros.

-Deidara, mi esposa no puede ni respirar. Muévete. Tú también, Itachi.

-Estamos dándole todo nuestro apoyo en estos momentos que tanto lo necesita -dijo Itachi.

-Por supuesto que sí -lo respaldó Deidara.

-Debe de haber sido un susto terrible para usted, princesa.

Fue sir Morino quien llegó a esa conclusión desde la puerta del salón. Entró a toda prisa y ocupó la silla que estaba frente a ella.

El director apenas había podido recuperarse. Obviamente, estaba acostado cuando recibió la noticia, porque tenía los cabellos alborotados y apenas había terminado de calzarse los pantalones. Los zapatos tampoco eran del mismo par. Si bien eran los dos negros, sólo uno de ellos llevaba las borlas Wellington.

-Vaya susto -dijo Itachi.

Deidara volvió a darle unas palmadas, pero sobre la rodilla, para calmarla. Sakura miró a Sasuke. El brillo en sus ojos indicó que la muchacha estaba a punto de reírse a carcajadas. Sasuke pensó que estaba sonriendo, pero no pudo asegurarlo porque sólo veía una parte del rostro de su esposa. El resto estaba oculto tras los hombros de Itachi y de Deidara.

-Levántate, Deidara. Quiero sentarme junto a mi esposa.

Deidara le dio la última palmada antes de cambiarse de silla. Cuando Sasuke ocupó su lugar, estrechó con fuerza a Sakura.

-¿Cómo lo mataste? -le preguntó Deidara.

Itachi hizo un gesto en dirección a Sakura y negó con la cabeza a su cuñado como reprobándole la pregunta por la presencia de la joven. Pero ella no se dio cuenta. Como nadie le contestaba, decidió hacerlo ella.

-De un balazo limpito. Entró directamente por la sien izquierda -dijo ella.

-Sasuke siempre ha tenido una gran puntería -señaló sir Morino.

-¿Le sorprendió que fuera Hidan, sir Morino? -preguntó ella.

El director asintió.

-Jamás lo habría creído capaz de semejante atrocidad. Dios, ¡y pensar que le di trabajo en mi departamento! Por el modo en que echó a perder la única misión que le encomendé, me di cuenta de que le faltaban los instintos necesarios para esto. Dos hermanos fueron asesinados por su ineptitud.

-Tal vez no fue ineptitud -dijo Sasuke-. Morino, usted me dijo que esa muchacha se había interpuesto en el camino accidentalmente. Pero yo me pregunto si Hidan no la habría matado deliberadamente. Fue él quien hizo el informe, ¿no?

Morino se inclinó hacia adelante.

-Averiguaré la verdad -prometió sir Morino-. Juro por Dios que lo haré. Me pregunto qué lo habrá hecho reaccionar así esta noche. ¿Por qué habría decidido arriesgarse así para venir por Sakura? A las otras mujeres las llevó a un lugar apartado, pero por ella vino hasta aquí. Tal vez con el tiempo fue ganando coraje -agregó.

-Probablemente Hinata sea la razón por la que Hidan decidió arriesgarse -intervino Itachi-. Ella debió de haberle dicho que Sakura había tratado de disuadirla para que no fuera a cabalgar con él por el parque. A Hinata le encanta contar todo lo que sabe a todo el mundo. Tal vez, Hidan llegó a la conclusión que sospechábamos de él.

Deidara meneó la cabeza.

-Ese cretino estaba loco.

Sasuke estuvo de acuerdo.

-Por los sonidos que emitía cuando se metió en mi cuarto, me di cuenta de que estaba fuera de sus cabales.

-Realmente gozaba matando.

Fue Itachi quien hizo el comentario con tono enfático. Sakura sentía escalofríos al pensar que una persona podía gozar ante el dolor de otro ser humano.

-Tal vez nunca habríamos hallado la verdad si Hidan no hubiera venido por Sakura esta noche -dijo Deidara-. Chishima pudo haber ido a la horca por dos crímenes que no cometió.

-¿Qué relación tenía Hidan con lady Roberta? ¿Tuvo algún romance con ella o simplemente la escogió al azar? -preguntó Sakura.

Nadie tuvo una respuesta rápida para su pregunta. Morino decidió especular.

-Todo el mundo sabía que el vizconde y su esposa tenían problemas. Tal vez Hidan aprovechó la vulnerabilidad de lady Roberta. Quizá para ella fue un halago recibir regalos y notas de ese… Admirador Secreto.

-Al final habríamos atrapado a Hidan -dijo Itachi-. Él habría cometido otros errores. Estaba totalmente descontrolado.

-Hinata pensaba que era encantador.

Deidara hizo el comentario resoplando.

Itachi meneó la cabeza.

-Si –dijo Sasuke-. Le encantaba asesinar a las damas.