El maravilloso sin sentido de las cosas

My Hero Academia © Kohei Horikoshi

Sinopsis: Todos los héroes tienen anécdotas de sus días de escuela, algunas alegres y otras tristes.


El maravilloso sin sentido de las cosas.


Avanzó apresuradamente por la calle mientras un imponente edificio aparecía ante sus ojos. Consultó su celular y suspiró al ver la hora. Eran las cuatro de la tarde y aún no tenía sus apuntes.

—De acuerdo, intentemos esto una vez más —se dijo e ingresó a la biblioteca.

Siendo estudiante de la U.A a escasas semanas de graduarse, resultaba difícil conseguir todos los libros necesarios para las clases, especialmente cuando los profesores les exigían que buscarán los materiales por cuenta propia, recordándoles que ya no eran estudiantes de primer año. En poco tiempo, se convertiría en un héroe profesional y en un adulto.

En ese momento, Kirishima agradeció haber terminado con esa clase tan particular y estar rodeado de sus mejores amigos. La persona que era al inicio no se comparaba en nada a su yo actual.

La inseguridad, la vacilación y la cobardía eran solo resquicios del pasado. El espíritu, el coraje y la actitud forjaban su presente y encaminaban su futuro.

Sin embargo, el desafío de obtener ese libro, que además la necesitaban otras veinte personas, todas apresuradas por completar el trabajo, se interponía como un obstáculo. Aizawa había sido estricto respecto a la edición y al ejemplar que deseaba que utilizaran, dejando en claro que no aceptaría resúmenes ni versiones de años anteriores.

Recordó cómo Kaminari se lamentaba por haber pagado por una versión antigua del trabajo a un exestudiante, lo cual provocó un caos en toda la clase. Ahora, el libro no se encontraba en ninguna parte; los ejemplares entre sus compañeros eran escasos y prestarlo resultaba difícil debido a la escasez de tiempo y la inminente fecha de entrega.

—¿Y qué tal la librería? Supongo que allí deben tenerlos —comentó Sero durante el almuerzo.

—¿En serio crees que un libro de conceptos del héroe moderno se encuentra en una biblioteca local? Sería muy improbable, especialmente la versión específica que el profesor Aizawa solicita —respondió Mina.

Nadie más había mencionado nada al respecto, pero Kirishima quería despejar sus dudas. Había buscado en una librería sin éxito, por lo que supuso que el libro podría estar en alguna biblioteca. Por eso había pasado todo el día buscando, llegando incluso a ir al otro extremo de la ciudad en busca del material.

Esa era su última opción antes de rendirse y esperar su turno para el préstamo del libro de Bakugo, quien estaba enfocado en su propio trabajo, tratando de superar la cantidad de páginas que Deku había hecho.

Con eso en mente, se acercó a la bibliotecaria.

—Buenas tardes, ¿tienen algún ejemplar de Conceptos Complementarios del héroe moderno?

—Oh, buenas tardes. ¿Tienes tu identificación estudiantil? —preguntó la mujer. Él se la entregó—. Eijiro Kirishima, tercer año de la U.A, ¿verdad? —el joven asintió.

La mujer comenzó a teclear el pedido en la computadora cuando soltó un "Oh". Kirishima miró su rostro con preocupación.

—Solamente tenemos una copia y hace instantes la tomaron.

—¿Podría decirme quién lo tomó? —preguntó Kirishima. La bibliotecaria lo miró con confusión—. Necesito ese libro con urgencia, por favor. Es de suma importancia.

La mujer dudó por un momento, pensando que el joven estudiante estaba loco. Sin embargo, al observar su mirada determinada, accedió.

—Con esto estoy a punto de romper varias reglas, pero tengo un presentimiento contigo —le dijo—. La persona que adquirió el libro es un joven llamado Tomo Aiko y lo ha estado solicitando para su uso desde hace unos días. Por lo general, se sienta en las mesas junto a la ventana y…

—Espere, ¿se llama Tomo Aiko? —la interrumpió Kirishima—. Disculpe, pero ¿ese libro no es exclusivo para futuros héroes?

—Eh, no. Es un libro convencional, pero muy popular. Especialmente la edición especial que este chico ha estado solicitando —señaló la bibliotecaria con normalidad. Kirishima jadeó, inquieto—. ¿Te encuentras bien?

Ignorando a la bibliotecaria, Kirishima suspiró y reflexionó para sí mismo.

Su contacto con su amigo de la secundaria se había reducido desde que ingresó a la U.A, debido a la complejidad de la vida como futuro héroe. Sin embargo, eso no borraba los pensamientos de su mente en ningún momento, especialmente cuando la oscuridad parecía invadirlo de nuevo. Entonces, un rayo de luz, de esperanza, aparecía.

—¿Dónde dijo que se sentaba? —volvió a preguntar, serio.

—Cerca de las ventanas.

Eijiro volteó, Tomo estaba de espaldas, solo pudo ver que tenía el cabello negro con el mismo corte que en sus años de secundaria. No había cambiado.

—¡Oh, muchas gracias! —sonrió a la bibliotecaria antes de dirigirse hacia el chico. Al llegar, se colocó frente a él—. Hola —llamó su atención.

—¿Disculpa…? —preguntó Tomo sin girarse todavía hacia el llamado.

—Necesito ese libro para mi curso de héroe, ¿me lo podrías prestar? Lo leeré rápido, porque estoy seguro de que te demorarás —explicó Kirishima, yendo directo al punto.

Tomo dejó la cómoda posición en la que leía y miró al impetuoso chico. Jadeó al descubrir quién era.

—Ei-chan.

—Tomo.

Ambos se miraron incómodos.

—Ha pasado tiempo —dijo el moreno. Su expresión cansada, acentuada por sus rasgos, se volvió aún más evidente al darse cuenta de cuánto había cambiado Eijiro Kirishima. Brillaba más que antes—. ¿Por qué crees que soy lento, Ei-chan? Eso nunca pareció importante antes —indagó con tono de tristeza.

—Un héroe lento nunca podrá salvar a nadie —declaró Kirishima, resoplando. Su expresión era tan determinada como cuando decidió enterrar su antiguo yo para convertirse en un héroe, sin darse cuenta de que era parte fundamental de su crecimiento—. Alguien muy valioso para mí habría muerto a manos del peor villano del mundo, si yo hubiera sido lento —miró su mano con nostalgia y determinación—. Además, esas actitudes deberían quedar en el pasado y ahora sí me importa.

El otro chico soltó una risa vacía. Recuerdos de flores de sakura cayendo y una fotografía tomada por su madre vinieron a su mente. Recordó una dulce melodía que sonaba en su reproductor ese día.

Dos miradas que se encontraron y hablaron de cosas que los labios nunca pronunciaron, porque se dio cuenta de que ya no eran solo dos estudiantes.

Kirishima ya era un héroe y él un simple civil.

—Ser lento te hace daño, ¿verdad, Ei-chan? —sonrió con una falsa superioridad, una sonrisa rota. Sabía que no podía engañarlo.

—Para ser un héroe, sí. Pero también para ser una persona.

Jamás se dio cuenta de que su mejor amigo de la secundaria lo veía de manera diferente. Su mente estaba tan enfocada en convertirse en un héroe y superarse a sí mismo, en ser inquebrantable. No percibió que estaba causando daño a los demás, y ahora era demasiado tarde para dar marcha atrás, especialmente cuando se lo hizo notar Mina.

—¡¿Qué?! Tienes que estar bromeando… —exclamó Kirishima incrédulo.

—Es cierto. Era evidente que sentía algo por ti —insistió Mina. La conversación tuvo lugar un día en el que rememoraban su época de secundaria, poco después del incidente con Chisaki—. ¿Realmente nunca te diste cuenta…?

—No —confesó el pelirrojo, vacilando—. Estaba tan enfocado en convertirme en un héroe que no lo noté… —chasqueó la lengua, sintiéndose furioso consigo mismo. Había ignorado los sentimientos de su amigo de una manera cruel—. Ignorar de esa manera a Tomo no fue muy masculino ni heroico. ¿Cómo puede ser que un héroe no cumpla su función de proteger?

—Los héroes no siempre salvan a todos, Eijiro.

Mina… no, Tomo, dijo.

Kirishima volvió en sí. El recuerdo y la realidad atravesaron el momento como un amargo bálsamo, resaltando otra piedra que ni su mayor dureza podría romper. Porque sus errores formaban parte de su ser inquebrantable.

Aunque eran dolorosos, sellaban su camino como Red Riot, el héroe robusto que se había propuesto ser.

Tomo había decidido dejar de lado su enamoramiento para no ser un obstáculo en la búsqueda del mayor sueño de Kirishima. No podía salvarlo de su propia decisión.

—Lo sé —exclamó, sonriendo.

Todos los héroes debían aceptar su primer fracaso y seguir adelante. Eijiro Kirishima comprendió que no podía retroceder en el tiempo. El "hubiera" no existía en ese complejo mundo al que había decidido pertenecer, de hecho, para nadie existía.

Quizás era un concepto en el que, como futuro héroe, tendría que trabajar aún más.

—¿Por qué estabas leyendo un libro de héroes? —preguntó Kirishima.

—Supongo que quiero entender qué es lo que serás y si podrás lidiar con ello. Porque tú, Ei-chan, no puedes quedarte rezagado —dijo Tomo y le entregó el libro. El roce inevitable entre sus manos, aunque leve, lo hizo sentir un ardor—. No seas lento.

—Me importa que tampoco tú lo seas, Tomo-chan.

Eijiro Kirishima sonrió, haciendo que Tomo brillara y sintiera dolor al mismo tiempo. Era una crueldad maravillosa. Dolía no haber enterrado sus sentimientos por él.

Pero ya no deseaba ser salvado.

Una vez que la bibliotecaria fue informada de que el libro estaba en manos de Red Riot y que lo usaría durante unas semanas, salieron de la biblioteca. El celular del pelirrojo marcaba casi las siete de la tarde.

—El toque de queda me atrapará si no regreso ahora —indicó Kirishima, apenado—. Me encantaría poder hablar más, pero…

—Lo entiendo, ve —respondió Tomo, simplemente, con una pequeña sonrisa en su rostro—. Fue bueno verte en esta ocasión. Cuídate.

Kirishima asintió y se dio la vuelta. Tomo hizo lo mismo y siguió adelante con su propia vida y decisiones.

—¿Nos volveremos a ver?

La pregunta de Kirishima tenía un significado específico, pero…

—Iré a Hollywood, Ei-chan. Mi sueño es convertirme en actor, ¿recuerdas? —recordó Tomo. Su voz sonaba distante, al igual que su destino—. Tengo una beca en una escuela de actuación. Me iré en dos semanas.

Kirishima soltó una carcajada.

—Serás un gran actor.

—Y tú eres un gran héroe.

Nadie miró hacia atrás después de decir eso. Todo parecía maravilloso tal como estaba.


Nota de la autora: Nada en este one-shot tiene una explicación lógica, realmente. Aquí solo estoy manifestando algo que salió de la nada y quería plasmar.

No tengo nada más que decir.