Cuando abrió los ojos de nuevo, lo primero que notó es que su cuerpo ya no se sentía en llamas con tal solo estar consciente y el respirar no le causaba un punzante dolor en su pecho, en definitiva estaba mucho mejor. Lentamente se sentó en la cama y miró a su alrededor, estaba en un camarote equipado con muebles básicos, un tocador, un buró, un espejo y la cama.
Al bajar la mirada a su manos se encontró que ya no tenía las cadenas.
Ah, yo intenté escapar pensó Sakura cuando recordó lo que pasó la última vez que despertó, golpeó a Marco, intentó escapar de los piratas, se metió en una pelea con el capitán y terminó haciendo un trato con el capitán, él le entregó la llave de las esposas como señal de confianza, se llevó la mano al cuello encontrando que ya no tenía aquel pesado grillete que casi no la dejaba mover su cuello, se lo quitaron estando inconsciente.
En silencio examinó su cuerpo con un poco de chakra, para empezar sus niveles seguían siendo bajos pero al menos ya no estaban peligrosamente bajos, tenía varias heridas viejas y nuevas, las más graves eran sus huesos rotos, si quería recuperarse y salir de aquí le tomará de mes y medio a dos en que sanen por sí solos, el usar su chakra no es una opción si no quiere levantar sospechas, los otros piratas sabían que su poder de la fruta del diablo se suponía que era el de super fuerza, en caso de que estos piratas lo sepan y ella usa el poco chakra que pudo acomular hasta ahora para curarse levantará sospechas.
¿Por qué tuvo que pasar esto así? Por la esquina de su visión, sobre el buró vio un vaso con agua y un plato de sopa fría. Su garganta se sentía seca, estiró la mano y tomó el vaso.
El silencio de la habitación era tan tranquilizador como sofocante. Con este silencio podía escuchar como si estuviera ahí con ellos a los vendedores del mercado de Konoha vendiendo sus productos frescos muy temprano por la mañana, las risas de los niños una vez que entraba a su clínica infantil, las risas y quejas de sus amigos cuando se reúnen en el puesto de barbacoa y Chouji se comía casi toda la carne que asaban y el olor del ramen de Teuchi cada que el equipo siete se reunía al menos tres veces por semana.
¿Cómo es que terminó parando aquí? Hasta ahora se ha dejado llevar por la corriente, haciendo todo lo que le dicen sin emoción alguna, solamente esperando el momento en que el vacío en su pecho desaparezca. ¿Acaso esto es una jugada del destino?
Sintió una mirada penetrante observar desde la esquina posterior de la habitación, cuando alzó la mirada el dolor sordo en su pecho comenzó a picar. Ahí estaba su última esperanza y el motivo del abandono de la misma.
—Volviste, Naruto —susurró Sakura.
Recostado en la esquina con el rostro en blanco estaba tan pulcro como la última vez que lo vió dentro de la oficina del Hokage aprendiendo el oficio de Kakashi para cuando le suceda el puesto, solo que en vez de recibirla con una sonrisa su mirada era fría y carente de emoción.
La primera vez que lo vió fue a los pocos días de haber sido vendida a los tenryuubitos, iban de camino al Marie Geoise, aquella noche fue particularmente fría, estaba acurrucada en una esquina de la cubierta del barco, los dedos de sus manos estaban entumecidos del frío y su cuerpo no paraba de temblar por la baja temrperatura, el sueño era un lujo que muy difícilmente podía tener, no porque tuviera que estar atenta a las manos errantes o algo por el estilo, más bien era porque sus sueños estaban plagados de pesadillas de los vagos recuerdos de la masacre, esa noche algo la hizo levantar la vista hacia adelante, se quedó sin aliento ante lo que tenía ahí frente a ella, no lo podía creer, ahí estaba Naruto. Tan feliz estaba que el frío que recorría todo su cuerpo desapareció, se levantó de resorte y corrió hacia Naruto, gritó su nombre y se abalanzó a sus brazos para llorar en su hombro o al menos eso es lo que pretendía.
Atravesó la silueta de Naruto.
Atónita, su cuerpo comenzó a temblar, el frío que recorrió su cuerpo fue diez veces más intenso de lo que sintió antes de ver la silueta de Naruto. Era una ilusión. El personal que estaba en guardia vio la escena y se burló de ella y ella no los escuchó. Su última esperanza y el resto de sus emociones casi marchitas se rompieron en mil pedazos al darse cuenta que el verlo caer del cielo junto a ella no era más que su imaginación.
Ella estaba sola en este mundo.
Su fuerza desapareció junto a sus ganas de vivir, lo que una vez fue Haruno Sakura ahora solo quedó una cáscara vacía que siguió las órdenes y castigos de aquellos que querían quebrarla sin saber que en realidad ella ya lo estaba, solo le quedaba esperar que ese profundo dolor desapareciera como su existencia.
Desde aquel día la ilusión de Naruto la perseguía sin importar que fuera de día o de noche, siempre sin que ella lo esperara aparecía, solo se quedaba ahí mirándola con aquellos fríos ojos carentes de vida, algunas veces intentó hablar con él con la esperanza que su enloquecida mente estuviera nada cuerda como para interactuar con la ilusión, nunca lo hizo. Al final verlo fue una torturna más profunda y desgarradora de lo que fueron los castigos de sus amos.
—Al menos mi mente debería poder hacer que hables, ¿no? —se rió sin emoción—, tu siempre tenías algo que decír aunque fuera lo más tonto del mundo hasta irritar a los demás, no puedo creer que lo extrañe.
Como usualmente, Naruto no le respondió. Que él esté ahí es un recordatorio más de que está más sola que nunca.
Inconscientemente apretó el vaso con fuerza de más provocando que se rompiera y los fragmentos de vidrio se incrustaran en su mano. Sus ojos color esmeralda se dirigieron a la la sangre roja y caliente comenzó a brotar de las heridas.
Esto solo era un pequeño pellizco a comparación del dolor en su pecho.
Escuchó la puerta de la habitación abrirse.
—Ace, ¿cuántas veces tengo que decirte que la comida no es para ti? —dijo Marco entrando molesto con Ace.
—Tengo hambre, de todos modos no se lo va a comer ha estado dormida desde hace tres días —dijo Ace llevando a la boca una cucharada del plato de sopa que tenía en la mano.
Cuando los dos pasan por el marco de la puerta y miran hacia la cama la cuchara en la boca de Ace cayó al piso. Los dos estaban sorprendidos de que despertara tan pronto con las heridas que tiene. Entonces repararon en la sangre que goteaba de su mano manchando las sábanas y el vaso aún incrustado en su mano. Marco siendo el doctor fue el primero en reaccionar, rápidamente fue a su lado, le quitó el vaso.
—Ace, traeme el trapo —dijo Marco señalando el traste con agua junto a un trapo limpio sobre la cómoda, inspeccionó la herida y comenzó a quitarle los trozos de vidrio en la piel con unas pinzas pequeñas que había en un kit en el buró—, ¿Estas bien? Es peligroso tener el vidrio roto, parece que la herida no es profunda.
En silencio Sakura miró a Marco trabajar en su mano sin hacer movimientos innecesarios para su mano, como médica pudo apreciar que hacía un buen trabajo. Al menos esta vez que aparecieron no terminó golpeando a alguno de los dos que ahora estaban abocados en ver su herida y darle pequeños y discretos sorbos al plato de sopa que se suponía que debía ser para ella.
Su mirada volvió a Naruto que seguía en el fondo mirándola en silencio.
—Lo siento —murmuró Sakura sin realmente sentirlo.
Ace que estaba a un lado de Marco observando a Sakura, desde que pelearon en el barco pirata no dejó de vigilar en aquel momento parecía un animal peleando por su vida con la energía restante que tenía y ahora, sentada en la cama aún sucia de pies a cabeza y el pelo enmarañado parecía otra persona, lo que hacía que no pudiera apartar su mirada es aquellos ojos faltantes de vida mientras se quedaba viendo la sangre que brotaba de la herida como si nada.
Ahora mismo la notó ver más allá de ellos, siguió con la mirada a una esquina del cuarto donde no había nada, se rascó la cabeza confundido. Ahí no hay nada.
—Dormí tres días —musitó Sakura.
Los dos voltearon a verla.
—Es normal por tu condición, te moviste mucho al despertar e incluso trataste de pelear con el capitán —dijo Marco teniendo más cuidado al detener la hemorragia—, me sorprende que estés despierta.
Marco comenzó a narrar un poco sobre las heridas que le encontraron tanto internas como externas, el tratamiento que tanto él y las enfermeras le hicieron. Como ella ya había hecho su examen sin que ellos lo supieran se desconectó de la plática solo asintiendo cuando creía que era necesario.
—Aquí tienes —dijo Ace a su lado.
Sakura parpadeó un poco mientras veía el plato de sopa cerca de ella, no había cuchara en el plato y si bien recordaba Marco lo había regañado por comer de la sopa sin permiso, además, había un rastro de sopa en una de las orillas del plato donde el al parecer le sorbió. Estiró la mano para tomar el plato y entonces ahí es que se percató de sus ennegrecidos brazos.
—¿Qué? —preguntó Ace un poco impaciente porque ella se detuvo a medio camino de tomar el plato.
Sakura notó que había rastros de que intentaron limpiar la suciedad con algún paño pero no lo lograron, en su cuerpo había semanas y semanas de suciedad acumulada arriba de la otra por las malas condiciones de higiene que tuvo con los Tenryuubitos. No le sorprendía si al verse en el espejo se ve del mismo modo que sus brazos.
¿Cómo están aguantando su olor? Debe apestar peor que una alcantarilla. En el hospital cuando llegaban vagabundos siempre se peleaba con las enfermeras y doctores que trataron de sobornar a los otros para tratar con esa clase de pacientes, como una profesional el trato era más importante que la apariencia así que los regañaba, castigaba, los acusaba con Tsunade para que les ponga un castigo peor que el de ella y terminaba tratando a los vagabundos como un paciente más. Sintió un poco de respeto por Marco por su profesionalismo y Ace por venir y actuar como si nada hasta que recordó que ambos son piratas. No puede sentir empatía por ellos.
—¿No vas a comer? —preguntó Ace moviendo la sopa un poco más cerca del rostro de Sakura. Aún seguía un poco caliente por lo que sería mejor comerlo ahora.
—¿Dónde está el baño? —preguntó a cambio.
—Ah, si, debes querer bañarte —dijo Marco, como casi todos sus pacientes son hombres, se olvidó que muchas veces las mujeres ponen como prioridad el estar limpias. Las enfermeras le habían dicho esto e intentaron limpiarla pero la suciedad estaba tan pegada a su piel que podían despertarla así que pararon por miedo a despertarla o herirla—. Si, me imagino que quieres bañarte, te llevamos a el.
Al bajarse de la cama sus piernas perdieron el equilibrio por un breve momento, su cuerpo se inclinó hacia adelante al perder el equilibrio los dos chicos estiraron sus manos para sostenerla y evitar que se caiga pero Sakura evitó la caída y sus manos.
—Estoy bien —dijo con un poco de brusquedad.
Los dos si se ofendieron no dijeron nada en cambio siguieron adelante. La guiaron camino al baño, afortunadamente no se han encontrado con ningún pirata.. El estar acostada era muy distinto al tener que caminar con sus heridas, para evitar que las heridas se abran tuvo que ir muy lento, notó que ambos chicos estaban igualando su velocidad, era tan obvio que hasta el despistado de Naruto se hubiese dado cuenta, aún así su orgullo le negó el sentirse aunque sea un poco agradecida, en cambio decidió esta vez prestar atención a Marco.
Marco le habló un poco sobre el barco y le explicó que actualmente hay tres baños de mujeres para que ellas tengan un poco de privacidad. Uno en la parte frontal, otro en la parte de atrás y uno cerca del dormitorio de los comandantes porque ellas tienen dormitorios individuales cerca del cuarto de los comandantes, por eso mismo el viaje no fue muy largo.
Marco y Ace entraron con ella luego de comprobar que no había nadie dentro, le calentaron el agua de la tina usando el poder de Ace -algo que a Sakura le pareció ridículo y útil al mismo tiempo, es como un calentador humano-, le mostraron todos los productos de limpieza y las toallas, al terminar salieron de la habitación diciendo que llamarán a una de las enfermeras para que le pueda prestar una muda de ropa.
Finalmente sola en el baño se quitó la ropa, con cuidado se quitó las vendas y se metió a la regadera, con una esponja y mucho jabón comenzó a tallar su cuerpo, lentamente y con mucho esmero la suciedad comenzó a ceder en su cuerpo y cabello hasta que finalmente quedó satisfecha. Al terminar se miró al espejo, estaba cubierta de heridas y visiblemente había perdido mucho peso, se le marcaban mucho los huesos de su clavícula, las costillas se le notaban y sus pómulos estaban un poco hundidos. Sin las vendas podía ver cada una de sus heridas.
Si hay algo que se enorgullecía como ninja médico es que al operar y curar gente aprendió a no dejar una sola cicatriz eso la incluía a ella misma. Tsunade ostentó el título de la mejor ninja médico del mundo pero también se le conocía por su "eterna juventud", la apariencia juvenil le era muy importante, le pasó todo su conocimiento y entre ellos muchos trucos de belleza, entre ellos borrar viejas heridas que alguna vez tuvo de cuando era una estudiante de la academia y se lastimó las manos al aprender a usar las armas ninjas.
Desde la pelea del bosque de la muerte dejó de ser tan vanidosa con su apariencia para enfocarse en su entrenamiento ninja, incluso después de la gran guerra no se preocupó de verse más femenina como Ino y Hinata en cambio llevaba con orgullo como muestra de su arduo trabajo como médico y envidia de las mujeres el lucir unas manos tan suaves como las de un bebé, sin ninguna pequeña ampolla o pequeña cicatriz de sus inicios como ninjas y así lo fue en todo su cuerpo hasta ahora.
Ahora eso ya no tenía importancia. Con su cuerpo limpio podía apreciar las viejas y recientes heridas que ha recibido desde que despertó al caer del cielo. Su mirada bajó a la marca del dragón en su pierna. Trató de no darle mucha importancia pero de solo verla podía escuchar el susurro del niño diciendo que no es mejor que la basura y una vez esclavo siempre lo serás.
Le dio la espalda al espejo y fue a la tina, con mucho cuidado se metió a está dejando escapar un suspiro de alivio cuando logró recostarse. El agua caliente estaba en su punto, los músculos de su cuerpo por primera vez en mucho tiempo comenzaron a relajarse.
Lo que no esperó es que al tener tiempo para ella sola, su mente comenzó a pensar en su hogar. Por un momento se olvidó de que este era un barco pirata, en cambio estaba en la casa de baño de Konoha disfrutando de su día de descanso con Ino, Temari, Tenten y Hinata, quejándose de sus ajetreadas vidas y disfrutando de los últimos chismes que rondan en la aldea.
—Ino, ya escúpelo, te mueres por decirnos —se rió Sakura hasta que sus amigas y su alrededor se desvaneció volviendo a la tina caliente dentro del baño de mujeres en un barco pirata.
Hizo una mueca.
Qué estúpida pensó con amargura ¿Qué habrían hecho en mi lugar?
Intentó pensar cómo habrían actuado Ino, Temari o Kakashi pero su mente estaba en blanco. Terminó sintiéndose abrumada, lentamente se sumergió dentro del agua hasta que todo su cuerpo terminó debajo. Al abrir los ojos dentro del agua se encontró a Naruto viéndola desde la superficie. Se quedaron viendo uno al otro.
¿Por qué, Naruto? ¿Por qué tuvo que ser así? se preguntó por milésima vez.
Si crees que este es un infierno te equivocas, el infierno tiene niveles.
Aquella frase la persiguió desde que aquel hombre se la dijo, parecía casi una maldición que siguiera recordando aquella frase ¿El infierno con mayor profundidad? En todo caso ella ya se encuentra en el nivel más bajo.
¿En qué momento comenzó a ir mal para ella? ¿Hace un año? ¿Hace dos años? ¿Desde que secuestraron a Hinata? ¿La cuarta guerra ninja? ¿Al convertirse en genin? No, en aquellos momentos aunque tuvo dificultades también hubo buenos momentos.
Sus pulmones comenzaron a arder, la intensidad comenzó a aumentar conforme pasaban los segundos bajo el agua observando la figura de Naruto. Curiosamente, la sensación adormece un poco el dolor agobiante de su soledad y tristeza conforme en su visión comenzaba a ver pequeñas manchas negras.
De pronto, un par de manos aparecieron de la superficie y la sacaron obligándola a tomar una profunda bocanada de aire intercalado con una violenta tos.
—¿Estás bien?
Al alzar la mirada se encontró con una de las enfermeras, ella tenía el cabello un poco ondulado y color dorado. La enfermera le acarició la espalda como un intento de consolación.
—Tato, ¿Está todo bien? —preguntó Marco desde el otro lado de la puerta. Había escuchado ruido.
—Si, todo está bien —dijo Tato, la enfermera.
La respiración de Sakura se normaliza después de un momento.
—Eso debió ser peligroso, parece que estás más débil de lo que pensábamos para no haber podido salir del agua, unos segundos más y te hubieras desmayado —dijo la enfermera.
Sakura se le quedó viendo sin saber muy bien cómo responder, estaba claro para ella y la enfermera que no está tan mal como para no poder salir del agua o Marco no la hubiese dejado usar la tina.
—Uh, si —dijo en voz baja.
Era la primera vez que hablaba con una de las enfermeras así que se sentía un poco torpe. Una parte de su cerebro le decía que al ser enfermeras podían ser unas aliadas pero otra parte le decía que ellas son parte de la tripulación pirata, no sabía cómo actuar con ellas.
—Mi nombre es Tato, soy una de las enfermeras, normalmente cuidamos de la salud del capitán pero por ahora también nos hemos turnado para cuidarte —dijo Toto.
—Sakura.
Con ayuda de Tato Sakura salió de la tina, estaba tan cansada por haberse quedado sin aliento que dejó que le secara el cuerpo.
—Yo tenía razón, eres muy bonita —dijo Tato dando una cálida sonrisa—, tienes un bonito color de cabello, no creí que fuera de este color con tanta suciedad.
—Uh, gracias... —agradeció con torpeza.
—Está muy maltratado tu cabello, creo que tendré que cortarlo —dijo Tato—. lástima, no tengo tijeras aquí, lo cortaré en otro momento.
Aunque se escuchaba un poco triste Tato al decir aquello mientras examinaba el cabello de Sakura, Sakura no estaba muy segura cómo sentirse, hace año y medio que se había dejado crecer el cabello, ahora le llegaba a la cintura.
—Está bien —dijo Sakura.
Tato terminó de cepillarle el cabello, volverle a poner las vendas y finalmente a vestirla con un viejo vestido de manga corta que le quedaba grande por estar tan delgada. Nada que no se pueda arreglar con un kit de costura.
—Son muy escandalosos pero son inofensivos, ya lo verás —dijo Tato.
Sakura resopló.
—No me gustan los piratas,
—Si eso quieres, nadie planea forzarte, creo que ya has tenido suficiente —ambas miraron de reojo la venda que estaba poniendo sobre la marca del dragón. No era necesario vendarlo pero aún así lo hizo.
Cuando por fin terminaron de arreglar a Sakura, las dos abrieron la puerta del baño. Marco y Ace estaban sentados en el pasillo, cuando alzaron la vista, la boca de ambos se abrió y el plato en manos de Ace cayó al suelo. Los dos se quedaron atónitos cuando vieron salir a una chica con el cabello del color de un algodón de azúcar, ojos color esmeralda y la piel de un color claro, el vestido blanco le quedaba holgado y estaba cubierta de vendas. ¿Quién es esa chica?
—¿Qué? —preguntó Sakura con un tono más brusco de lo que esperaba. Los dos la estaban poniéndo incómoda al verla fijamente.
La enfermera a su lado se rió en voz baja.
—¿Qué? —repite Ace al recobrar la consciencia—, ¿Quién eres tú?
Qué grosero pensó Sakura a la vez que una vena saltó en su frente.
—Sakura, ¿Quién más? —dijo cruzando sus brazos.
Los ojos de ambos casi se salen de cuencas de la sorpresa. ¡Quién hubiese creído que una chica así estaba debajo de toda esa suciedad! Después de todo el cabello rosado estaba completamente negro y no había una sola parte de su piel limpia.
Marco tosió un poco.
—Lo siento, no creímos que cambiaras tanto al bañarte —se disculpó Marco.
Sakura tuvo que aceptar a regañadientes su sorpresa, si no se conociera de toda la vida también se hubiese sorprendido.
—Si, no hay baños para esclavos.
Los tres se sintieron un poco incómodos.
—Te ves mucho mejor que antes, aún así hay que tener cuidado —dijo Marco.
De reojo, Sakura miró a Tato esperando que ella dijera algo sobre estar ahogándose en la tina pero no lo mencionó, tal vez lo dirá en otro momento sin que ella estuviera presente, después de todo él es su jefe, ¿no?
—Tengo que volver con el capitán, si necesitan algo saben donde encontrarme —dijo la enfermera antes de irse.
Ahora solo quedan los tres parados en el pasillo.
—Creo que el comienzo ha sido un poco complicado, me volveré a presentar, Soy Marco, comandante de la primera división de la tripulación de Barbablanca —dijo Marco, estiró su mano hacia Sakura en modo de saludo.
Los ojos de Sakura viajaron de la mano tendida al rostro de Marco.
—Sakura, ayer lo dije.
Sin decir nada al respecto Marco retrajo su mano y en cambio le dio un codazo a Ace.
—Portgas D. Ace, comandante de la segunda división —saludo Ace.
Tanto Ace como Sakura no hicieron el menor indicio de darse la mano como lo intentó Marco.
—Supongo que debes de tener hambre —dijo Marco—, Ace se comió tu comida, si te sientes bien como para caminar podemos ir a la cocina a pedirle a Tatch que te prepare otra sopa.
—Quiero recorrer el barco —dijo Sakura. Si realmente la trataban como una invitada no le dirían que no, si le decían que no... Bueno podía ver que no cumplen sus promesas y huir.
Contrario a lo que esperaba, Ace y Marco le dieron un recorrido por el barco. En el camino se toparon con otros piratas que igual que ellos no disimularon su sorpresa al ver su aspecto limpio, incluso algunos la llamaron niña o pinky ganándose una mirada fulminante que ignoraron. La llevaron de extremo a extremo del barco, memorizó cada pequeño rincón, desde lugares para esconderse en caso de ser necesario o lugares útiles para atacar. Le mostraron la zona de los dormitorios, a ella le dieron una habitación individual que quedaba junto a la de Ace, Marco, los otros comandantes y las enfermeras. No pudo ocultar su sorpresa cuando la llevaron al cuarto de armas.
—No pongas esa cara, no eres una prisionera —dijo Ace antes de sonreír con soberbia—, si te atreves a atacarnos no podrás conmigo, no podrás lastimarme.
Como un hecho, blandió una espada sobre su mano que la atravesó sin hacerle daño, en cambio aparecieron pequeñas flamas por donde pasó la hoja en más de una ocasión. En ese momento en que él se regodeaba de su fuerza, Sakura frunció el ceño ahora comprendiendo cómo es que vió a uno de los piratas del anterior barco atravesado por unas especies de balas de fuego.
No es solo un calentador humano sino una antorcha.
A regañadientes tuvo que aceptar que pelear con él sería difícil al menos que encuentre una forma de lanzarlo al mar. Por no decir que sería lo mismo con los otros compañeros. Destruir el barco tal vez sea su mejor opción.
Después de aquello la llevaron a otras partes del barco hasta que terminaron en la cubierta del barco.
—Tomó más tiempo de lo que creí, Thatch debe estar sirviendo la comida —dijo Marco.
A su lado Ace comenzó a babear pensando en lo que Thatch debe haber cocinado, si no mal recuerda esa mañana atraparon peces enormes del océano, su estómago le secundó haciendo ruido.
—Puedes venir si quieres —le invitó Marco.
El estar en un espacio cerrado con muchos piratas no le atraía mucho, además no tenía mucha hambre.
—Estoy bien aquí.
Los dos no insistieron y se fueron dejando sola a Sakura en la cubierta, no había muchos piratas, lo más probable es que solo queden los que tenían el turno de vigilar. Caminó un rato junto al barandal hasta que decidió ir a la popa, por lógica, la mayoría de los piratas si querían ver el mar o la ruta que toma el barco. Como sospechaba, no habían piratas así que cómodamente se sentó en el barandal y meció sus piernas en el aire. Su mirada quedó fija en el vasto e inmenso mar.
Solo acompañada por sus pensamientos, con el viento rozando su cara, los rayos del sol sobre su piel y el olor a sal en el aire, tuvo tiempo para pensar que el mar ahora parecía más grande y abrumador que nunca. Sin nadie sobre su cuello intentando domar o esperar el momento en que muestre debilidad. En sus misiones solo lo vió como el mar, una parte de la geografía de Konoha, ahora sabía que todo lo que creía era erróneo.
¿Cómo es posible que en todos estos años que ha vivido y viajado por los otros países y aldeas, nadie se percató que en realidad el continente solo era una isla? ¿Se habían enfrascado tanto en las guerras entre las aldeas que nunca se pensó en explorar más allá del mar?
No muy lejos, parado sobre el mar apareció la silueta de Naruto observándola.
—¿Qué harías tú, Naruto? —susurró sabiendo que no iba a obtener una respuesta de su alucinación.
Amaba y odiaba el haberse vuelto loca como para verlo sin meterse en un genjutsu. Amaba verlo porque la reconfortaba el no sentirse sola, pero al mismo tiempo, lo odiaba porque ese consuelo se volvía más doloroso que el alivio para su soledad al recordar que todos están muertos.
Dos meses nada más antes de dejar este barco pirata de acuerdo a la promesa.
Se escucharon un par de pasos desde su costado, al voltear se encontró con Marco con un humeante plato de sopa en sus manos.
—Necesitas comer —le dijo Marco al quedarse junto a ella—. Prometo que esta vez Ace no le comió, Thatch y yo nos aseguramos de eso.
Sakura vió de reojo que la silueta de Naruto seguía ahí sobre el mar antes de volver a Marco, no tenía mucha hambre.
—No está envenenado si eso te preocupa.
Y si lo estuviera tampoco sería un problema pensó Sakura. No es como que deseara morir en manos piratas pero no tenía muchas opciones con su estado.
—No deberías sentarte en el barandal.
Se quedó en silencio esperando a que continuara.
—El clima en el mar de la gran ruta marítima es inestable, puede estar soleado pero de la nada aparecen tormentas, trombas marinas o nevadas. Puedes perder el equilibrio y no podrás salir del mar por ser usuario de una fruta del diablo.
¿No pudieron poner otro nombre que "fruta del diablo"? pensó Sakura.
Ya había experimentado los caprichos de este mar en su viaje al Mary Geoise, aquella vez tuvo que soportar los cambios en la cubierta con solo la ropa que traía puesta en ese entonces. No se iba a bajar solo por esa razón.
Cuando Marco entendió la indirecta le dió el plato de sopa y se fue.
Solo dos meses pensó Sakura jugueteando con su sopa.
Sus días consistieron en levantarse, asearse, ir al chequeo para que Marco haga el seguimiento de sus heridas y finalmente sentarse el resto del día en el barandal que se volvió su lugar. Ahí se quedaba casi todo el día, casi como una estatua, miraba el inmenso mar balanceándose a la distancia hasta que se hacía de noche y volvía a su habitación.
Lo primeros dos días desde que despertó fue irritante, tenía que pretender que no veía a la tripulación que se asomaban curiosos para ver a la "invitada, pinky que casi parecía que la cambiaron por otra luego de bañarse", en más de una ocasión quiso gritarles que no se llama pinky pero se aguantó, prefería tener el menor contacto con esos piratas. Los siguientes días eso se calmó.
Solo se acercaban Marco, Ace -quienes dio por hecho que eran sus vigilantes por si rompía el trato- y de vez en cuando el comandante Thatch que le traía platos de comida o bebidas que apenas tocaba. Para su disgusto a veces se quedaban Marco y Thatch con ella para ver que comiera hasta que estuvieron satisfechos o satisfechos hasta donde ella les permitió porque no comía más de la mitad, incluso menos cuando se daba cuenta de que le servían discretamente más porciones para que coma más.
Con quien se familiarizó más fue con las enfermeras, a ellas no las contaba como piratas porque fueron contratadas para estar al pendiente de la salud de barbablanca, lo que notó de ellas es que la acompañaban cada que quería bañarse con la excusa de que querían ayudarla por los vendajes que tenían que ponerle después del baño. Como no se sentía cómoda revelando que en realidad es doctora dejó que ellas hicieran lo que quisieran, además, sospechaba que habían hecho esto para que no vuelva a tener un "accidente" en la tina.
Cuando comenzó a familiarizarse con su nueva rutina comenzó a sentirse irritada. Excluyendo a Ace, Marco y la ocasional visita de Thatch, ningún otro pirata se acercó a la popa del barco desde el tercer día, especialmente cerca de la esquina que había escogido como su zona. No le hubiese tomado importancia de no ser porque notó los pequeños detalles que la tenían molesta: Uno, solo iban si era absolutamente necesario. Cada que los piratas iban cerca de su zona, hacían el menor ruido posible, trabajaban rápido y se iban sin intentar hablar con ella. Dos, siempre estaba limpio. No es que le gustara el desorden, más bien nunca vio a algún pirata ir a la popa y limpiar, lo hacían en el momento en que ella no estaba. Tres, nunca se portaron groseros o intentaron entrar a hurtadillas a su dormitorio y el capitán, sobre todo barbablanca, había veces que se toparon en el camino, sus miradas se encontraban y no pasaba de ahí, no le dirigió la palabra, una pequeña parte de ella lo agradece y en la otra la irritaba por sentirse agradecida y molesta porque parecía una invitación a que le hablará hasta que ella lo haga. Ella no lo hará, ya tuvo suficiente de piratas.
Para cuando se dio cuenta casi habían pasado dos semanas desde que hizo el trato con barbablanca. Como los días anteriores, actualmente Sakura estaba sentada en el barandal viendo el océano y a Naruto parado sobre este.
—Aquí estás.
Giró su rostro al pirata que acababa de llegar encontrándose con Tatch que tenía en su mano un plato de sopa. Ya era más de medio día por lo que la comida iba a ser servida pronto. Sakura tuvo que morderse la lengua cuando casi se le escapa decir que dónde más iba a estar si siempre está aquí, en cambio, le entregó el plato con gachas de avena a medio comer que le entregó Marco en el desayuno y recibió la sopa antes de dirigir nuevamente la vista al mar. Tatch tomó el plato de avena y se rió con despreocupación.
—¿No es agradable la comida?
Cuando Sakura volteó a verlo, la sonrisa de Thatch se volvió más grande, aunque su rostro estaba carente de emociones al menos le estaba poniendo atención. Tanto él como Marco son conscientes de que cada que intentaban sacarle plática ella hacía como que los escuchaba pero se notaba que su mente estaba en otro lado, Ace solo la miraba de lejos y las enfermeras al parecer tenían un trato distinto.
—No, están bien —dijo Sakura jugueteando con su sopa.
Cuando Thatch se rió, Sakura inclinó ligeramente la cabeza, no había dicho nada gracioso.
—Si, está bien —dijo en voz baja. No es si estaba buena o no, no le sentía el sabor a la comida, solo se percataba que el pan era suave y crujiente por estar recién hecho y las sopas calientes.
—Solo está bien —repitió Thatch con humor.
Probablemente muchos chefs de renombre se sentirían ofendidos si les dijeran que su comida está bien, en cambio, para él el solo esta bien fue refrescante. Que un chef se estanque regodeándose de sus logros y no se reinvente no vale la pena. Aquí está justo lo que estaba buscando.
—Es bueno saber que no es por el sabor que no comes —aunque claramente habían cosido la ropa para que le quede, aún se veía muy delgada—. Acepto el reto, haré una comida tan deliciosa que llorarás y no querrás parar de comer.
Sakura se tuvo que morder la punta de la lengua para no comentar al respecto o querrá hacer algo más extravagante. Estos piratas eran raros, nunca dijo que su comida fuera horrible o lo desafiaba a hacer algo mejor. Solo quería sentarse a mirar el mar y a Naruto hasta ser una con el viento.
—Una niña tan bonita como tú debería comer más, subir de peso no es malo.
Sakura se estremeció ligeramente al recordar a Ino, no había un solo día que dijera lo importante que es hacer dieta para verse bien, a su lado Choiji y Shikamaru se quejaban de que siempre decía lo mismo, Shikamaru le decía que es una problemática y Choiji decía que a él le parece que estaba bien, eso solo hacía enojar a Ino. Había veces que de una u otra manera la convencía de que ambas hicieran dietas y en ese momento, el equipo siete y el diez saboteaban sus intentos para que la rompieran.
Se le formó un doloroso nudo en la garganta.
Queriendo evitar que las lágrimas comenzaran a inundar sus ojos, volteó a ver a Ace que estaba no muy lejos de ellos recargado en el barandal, cuando sintió una mirada sobre él, alzó la vista y sus ojos se encontraron. Desde hace un par de horas se había apoyado en su lugar habitual para vigilar. Ninguno de los dos desvió la mirada del otro.
Thatch al notar que Sakura tenía la mirada fija en un punto que no era el mar la siguió hasta dar con Ace, su gran sonrisa se suavizó al recordar los primeros pasos de Ace en el barco.
—No es tan malo como parece.
—No me digas —dijo con desgana.
Se sintió un poco emocionado, le estaba hablando más de lo necesario. En cuanto acaben se lo irá a presumir a Marco y a padre. Se acercó un poco más a Sakura y le susurró.
—Solo está un poco malhumorado, su orgullo fue lastimado cuando lo golpeaste.
Sakura frunció el ceño, de ella escapó una siniestra aura que desapareció tan pronto como apareció, tanto Ace como Thatch sintieron un ligero escalofrío y luego se preguntaron si fue una ilusión.
—¿Es por que soy mujer?
—¿Qué? Ja, ja, ja ¡No, no! Lo siento si sonó de ese modo, Ace es un mocoso muy impulsivo, él es así sea hombre o mujer que lo tome con la guardia baja.
Para Sakura, Ace era el pirata más irritante de todos, más que Marco y Thatch que eran los que intentaban hablar con ella, casi todos los días iba por un par de horas a la popa y se le quedaba viendo desde la distancia, aunque no lo pareciera lo vigilaba aunque al poco tiempo perdió el interés, era tan raro, si su deber es estarla vigilando entonces era el peor en el trabajo, podría estar viéndola y de un segundo para otro le empezaba a dar sueño y se quedaba
dormido con tanta paz que hasta se tumbaba en el suelo a roncar, incluso una vez se odio a sí misma porque la asustó un día que decidió quedarse a la hora de la comida cerca de ella y al comer lo que le trajo Marco, en lo que comían de pronto la cabeza de Ace se estrelló en el plato, a ella casi le da un infarto y su lado médico casi sale a luz para ir a checar qué es lo que le había pasado hasta que escuchó sus ronquidos. En definitiva el más odioso de todos los piratas en este barco.
—Yo no pedí una niñera, yo cumplo mis promesas, no los atacaré a menos que lo hagan —susurró Sakura.
Thatch tuvo que aguantar las ganas de suspirar. Sabía que de alguna manera el comportamiento de Ace haría que Sakura malinterprete la situación. Ella es una paciente e invitada, claro que barbablanca pidió que cuidaran a Sakura y no hay nadie mejor para eso que Marco y Ace para confiar en la tarea o al menos de Marco porque Ace no estaba haciendo eso.
—Eres nuestra invitada. Ace es un buen chico
Ella no podía creer que la palabra bueno pudiera ir de la mano de pirata. Decidió no decir una palabra al respecto, en cambio comenzó a juguetear con su plato de sopa, si lo pensaba tampoco es como que ellos hayan sido malos con ella... Finalmente su vista volvió al mar justo al punto en donde Naruto se encontraba, de solo verlo recuerdos felices con sus amigos antes de que viniera a la mente los pocos recuerdos de aquel ataque que la dejó sola. De nuevo se le hizo un nudo en la garganta y sus ojos comenzaron a picar hasta que un dolor punzante apareció en su cabeza extendiéndose hasta la punta de sus pies, el dolor fue tan fuerte que la estremeció. Thatch al ver esto fue a ella y la sostuvo de los hombros para que no cayera al agua cuando de pronto lo empujó al suelo.
Ella no quería empujarlo con mucha fuerza, el dolor era tan fuerte que no agitó por completo. No se atrevió a verlo.
—Si no tienes nada mas que decir, vete —dijo tratando de controlar su jadeo.
Esperó escuchar su reclamo e incluso tal vez aprovecharse de esta oportunidad para decir que ha roto su promesa de no lastimar. Thatch no le dijo nada, en cambio se paró del suelo y se marchó. Cuando Sakura dejó de escuchar sus pasos volteó hacia las escaleras, en realidad se había marchado, se mordió el labio al sentirse culpable. Nuevamente escuchó pasos que venían desde atrás.
Ace.
Al girar todo su cuerpo en el barandal, se topó cara a cara con Ace.
—Adelante, yo empecé, ya me puedes atacar, te lo debo porque te golpeé ¿No? Yo rompí la promesa —la ira explotó en ella, lanzó el plato de sopa a los pies de Ace.
Para su sorpresa Ace no le gritó ni intentó golpearla, en realidad en silencio se agachó y tomó los trozos del plato y se fue.
¿Por qué? ¿Por qué tienen que ser las cosas así? Se llevó la mano al pecho Finalmente sola pudo bajar la guardia y dar profundas caladas de aire tratando de tranquilizar su corazón que latía con fuerza. Justo con el dolor de cabeza que parecía querer partirla en dos vinieron a ella recuerdos de aquel fatídico día. En medio del caos y las llamas ardiendo por todos lados y la gente gritando en el caos ella vió a Naruto gritando su nombre, tenía una gran herida en la cabeza de la que salía mucha sangre, su ropa estaba manchada de un profundo color rojo y se veía muy cansado. A pesar de sus heridas había llegado a ella.
—¡Sakura-chan!, ¡Resiste!
Aquellas palabras hicieron eco. ¿Por qué hasta ahora? Por más que en el paso intentó recordar más sucesos de aquel día no venía nada a su mente. Buscó en el mar la silueta de Naruto pero había desaparecido. ¿Será que Naruto fue el último a quien vio con vida y por eso su recuerdo la persigue? Si es así, ahora entiende por qué es que solo ve a Naruto y se imaginó que ambos caían hacia el mar.
Solo un poco mas pensó con cansancio. ¿Por qué tiene que seguir la promesa que hizo con un pirata? Ellos son famosos por ser traicioneros, solo tiene que esperar a recuperar al menos el 50% de su chakra y huir de este lugar que la confunde. Solo quiere todo acabe.
Un gran ruido emergió desde la parte frontal del barco al mismo tiempo que el barco se sacudió. Sus ojos esmeralda se abrieron como platos, en la parte de hasta adelante del barco del mar emergieron dos bestias enormes que hacían parecer el mobydick un barco pesquero, el mar se agitó nuevamente antes de que un tercer rey marino apareciera, los tres comenzaron una encarnizada pelea uno contra otros.
La gente comenzó a moverse con rapidez para esquivar la zona de guerra o el barco se volcará.
El agua de su lado comenzó a agitarse, algo estaba emergiendo de esta conforme el agua caía como cascada del objeto. Un par de grandes ojos amarillos aparecieron frente a ella.
Ace entró a la cocina con el plato roto en manos. Al fondo estaba Thatch picando verduras sobre una tabla, miró de reojo a Ace antes de volver a lo que hacía.
—No comió.
No era una pregunta. Una pequeña gota de sudor rodó en la frente de Ace.
—Se me resbaló el plato, por eso está roto.
—Lástima, solo tengo hacerlo más delicioso —bufó divertido con la pobre excusa de Ace. Luego de escuchar a Ace tirar los trozos del plato a la basura sintió su mirada fija en el—. Me recuerda a cuando llegaste al barco, distante y desconfiado, solo que ella no intenta matar a padre, si que fuiste tenaz —podía imaginar a Ace erizandole la piel—, fueron más de cien veces que lo intentaste y siempre caías al agua, ¿cierto?
—¡Estás exagerando! —dijo Ace avergonzado.
—¿Era así? —siguió burlándose—, recuerdo a los demás turnándose para ver quién era el siguiente en sacarte del agua.
—Ugh...
Se rió alto y fuerte.
—Mírate ahora, todo un comandante de la segunda división. Incluso ahora sigues sorprendiendo, creí que estarías molesto, siempre eras el primero en querer entrar a la acción si alguno de los nuestros salía herido. Solo te le quedas viendo a Sakura —dijo Thatch antes de darse cuenta hasta ahora de algo. ¡Por supuesto que nadie iba a sospechar eso!—, ah, sabía que este día llegaría, no esperaba que fuera tan pronto.
Ace que no entendía de qué estaba hablando se acercó discretamente a la tabla donde estaban las frutas y tomó una manzana, como parecía no estar vigilando si robaba o no comida como en otras ocasiones, se aventuró a morderla.
—¿De qué estás hablando?
—Ho, ho, no tienes que avergonzarte, es algo por lo que todos pasan al menos una vez. Todos estábamos sorprendidos al ver que debajo de toda aquella suciedad se escondía una chica tan bonita, no te culpo por estar enamorado.
Ace escupió la manzana que masticaba.
—¡No estoy enamorado!
Thatch enarcó la ceja para nada convencido.
—Todos la evitan a excepción de Marco, tú y yo, tú vas casi todos los días pero solo te la quedas viendo desde la distancia.
Las mejillas de Ace se pusieron rojas.
—No es así...
—Incluso hay una apuesta de que ella te terminará gritando que eres un acosador y te rechazará antes de que te declares, en serio, es espeluznante, no sigas ese camino del amor.
—¡Que no es eso! —gritó Ace de nuevo al ver que no estaba siendo escuchado—. Aah, es como dijiste, cuando llegue a la fuerza yo no quería estar aquí, lo menos que quería es que la gente me hablara, yo...
—Lo sé —dijo Thatch.
Antes de seguir hablando se vieron interrumpidos por una fuerte sacudida, poco después escucharon los gritos de sus compañeros que subían a la cubierta. Al salir se sorprendieron al ver tres reyes marinos peleando entre ellos. Inmediatamente los dos corrieron a dar instrucciones a sus subordinados.
Sakura pensó Ace recordando que ella siempre se sentaba en el barandal a pesar de que Marco le advertía que podía caerse al mar. Con la sacudida y el caos si se ha caído nadie se habrá dado cuenta hasta que sea tarde. Dando largos y rápidos pasos fue hasta la parte de atrás del barco, casi llegando al final de las escaleras se detuvo abruptamente.
Sentada en el barandal estaba Sakura con el rostro desprovisto de emociones, sus ojos esmeraldas veían fijamente al frente ahí a unos centímetros de ella tenía el hocico de un rey marino, los ojos amarillos de aquella bestia veían fijamente a los de Sakura. Parecía un concurso de miradas entre ambos como si determinara quién estaba encima de quién. Ninguno de los dos se movía e incluso, para Ace, parecía que Sakura tenía un aura de casi resignación a su alrededor.
Lentamente el rey marino fue abriendo su hocico, tan solo sus colmillos eran del tamaño de Sakura. Ella siguió sin moverse o mostrar algún indicio de emoción.
El pelinegro se lanzó hacia adelante incluso antes de que su mente reaccionara. Tomó a Sakura por la cintura, de un empujón llevó a ambos hacia atrás justo cuando la bestia se había abalanzado para comérsela y entonces de su puño le lanzó una gran llamarada de fuego lo suficientemente grande que llamó la atención de sus camaradas.
Tirados en el suelo con el brazo de Ace aún sobre la cintura de Sakura, vieron a varios de los piratas de barbablanca acercarse a pelear con la bestia. Como nadie les estaba prestando atención, Ace aprovechó el momento, se levantó junto a Sakura y se la llevó lejos. Sakura se dejó guiar por Ace al no saber qué es lo que pretendían hasta que llegaron a la habitación de la pelirrosa. Una sombra oscura cubría los ojos de Ace.
—Tu- ¡!
Ace la tomó de los hombros.
—¿Estás loca? ¡¿En qué diablos estabas pensando?!
Estaba tan molesto, ella solo se había quedado viendo al rey marino, no gritó, se movió o mostró emoción alguna ante la bestia. Incluso ahora sentía que su enojo aumentaba al ver que ella no se había molestado en al menos gritarle como lo hizo con Thatch, en cambio sus ojos esmeraldas se desviaron hacia la esquina. Ahí estaba otra vez, desde el día que despertó luego del pacto que hizo con el capitán la ha visto desviar la mirada hacia un punto específico como si viera algo que no estaba ahí y en el mar, aunque pareciera que es al mar que veía sentía que no era así.
—¿Acaso quieres morir?
Sakura se mordió el labio. ¿Por qué tenía que salvarla? Ella ya había aceptado su destino.
—¡Un rey marino no es un juego!
Algo dentro de ella se rompió. No lo soportaba.
—¿Por qué tienes qué estar aquí? ¡Siempre llegas y te quedas callado! ¿Buscas alguna debilidad? ¡No tengo, todos murieron, no conseguirán nada de mi! ¿Por qué no eres como Marco y Thatch? ¡Ellos solo hablan y luego se van pero tu no! ¿Por qué no te vas y me dejas en paz! —gritó Sakura furiosa.
Todo el enojo dentro de Ace desapareció.
—Porque estar solo es doloroso.
A Sakura se le cortó la respiración unos segundos antes de recobrar la cordura.
—¿Quién dijo que prefiero estar contigo? ¡Ustedes no me conocen!
—¡Y tú a nosotros tampoco!
Sakura cerró la boca.
—Nos ha quedado claro que odias a los piratas, no estoy diciendo que lo que pasaste no haya sido malo —dijo Ace tratando de controlar sus emociones para no parecer estar enojado. Makino le enseñó a ser mejor que esto relajó su agarre en los hombros de Sakura —. No todos los piratas somos tan despreciables, queremos mostrarte eso pero por más que lo intentan, los evitas.
—Yo no pedí que me salvaran, yo
—¿No merecías vivir?
No tuvo qué responder cómo es que... A su mente le asaltó el recuerdo de Naruto estirando la mano hacia ella.
Sakura-chan, resiste
Junto a Ace, apareció la silueta de Naruto. Ace notó que de nuevo veía un punto donde no había nada.
—No queremos que mueras... No soy yo quien decide si vivir vale la pena o no por ellos... Si quieres morir adelante, no seré yo quien te detenga. Es tu decisión.
Luego de eso salió en silencio dejando sola y consternada a Sakura. Antes de que se diera cuenta Sakura se sentó en su cama mientras estaba sumida en sus pensamientos. Con cuidado se levantó la blusa lo suficiente para dejar ver su vientre, ahí estaban las marcas rojas de las huellas de las manos de Ace de cuando la alejó del rey marino, no solo ahí sino también comenzaban a aparecer en sus hombros. Solo hizo que su disgusto y confusión aumentaran.
¿Cómo es que de todos en esta tripulación fue Ace quien sabía qué es lo que guardaba en lo más profundo de su mente?
¿Por qué tienen que ser tan considerados? ¡Por qué! ¡Los odio! pensó Sakura. Sus ojos comenzaron a picar nuevamente. Sería más fácil si se comportan como los piratas que son.
¿Cómo puede vivir cuando sus amigos están muertos?
No pasó mucho tiempo hasta que el ataque de los reyes marinos terminó, aún así Sakura no salió por un largo rato. No tenía las ganas de ir a su lugar de siempre y mirar al mar.
—¿Qué debería hacer, Naruto? —le preguntó a la silueta de Naruto que seguía en el rincón del cuarto.
Como siempre no le contestó.
Vivir o morir, ¿Cómo podía merecer vivir cuando los demás murieron? ¿Por qué la quieren viva? ¿Están tramando algo una vez que se recupere? No podía quedarse quieta, aún falta para que se recupere por completo y si se va a quedar en este barco hasta entonces, no tiene caso que se recluye, ella no les tiene miedo, lo mejor será observarlos y revelar sus intenciones y así odiarlos como a los otros piratas.
Llena de motivación salió de la habitación rumbo al comedor, por la hora seguramente estarán cenando. Al llegar a la puerta podía escuchar desde el otro lado las risas y gritos de los piratas, seguramente estaban celebrando. Dudó un momento hasta que recordó a Marco, Thatch, Ace y Barbablanca.
No les tengo miedo se dijo decidida.
En cuanto se abrió la puerta muy pronto los piratas se quedaron en silencio viendo sorprendidos a Sakura. Ninguno podía dar crédito a lo que estaban viendo. ¿Habían bebido de más? Solo Barbablanca que estaba en su asiento la observó con sus ojos brillando con interés.
—¿Qué? ¿Acaso nunca han visto a una mujer? —dijo frunciendo el entrecejo.
Barbablanca y los más antigüos en el barco estallaron en risa. La chica que parecía estar a la altura de una isla misteriosa que fue destruida. No esperaban que tan pronto haya decidido venir a convivir con ellos ¿Qué más habrá dentro de aquella caja de pandora de color rosado?
—Vamos niña, no te dejes llevar por estos hijos —dijo Barbablanca. Le dio palmadas a su mesa para que fuera hacia su mesa a sentarse—, debes tener hambre.
A pesar de estar llena de vendas de pies a cabeza, caminó hacia el capitán con la frente en alto, solo los más experimentados como Barbablanca y algunos comandantes notaron que trataba de ocultar la ligera cojera por una herida en la pierna. Orgullosa aún con todas esas heridas, Barbablanca sonrió a gusto cuando se sentó en su mesa que compartía con los demás comandantes, a pesar de que no les agradaba aquí estaba queriendo demostrar que no iba a huir.
—Al fin llegas —dijo Barbablanca—, he oído que pasas los días observando el mar, no te culpo, todos terminan enamorados, si no tienes cuidado, desearás viajar en búsqueda de aventuras.
Sakura bufó al sonreír.
—En ese caso tendré cuidado, he tenido suficiente de romance hasta ahora —dijo con un ligero tono amargo.
Algunos discretamente miraron a Ace dándose codazos entre sí mientras se reían en voz baja y Thatch le daba palmadas en la espalda, cuando se dió cuenta de lo que intentaban hacer él los fulminó con la mirada. Barbablanca enarcó la ceja antes de reír.
—Eres solo una niña, ya lo verás.
Sakura frunció el ceño.
—Mi nombre es Sakura —dijo un poco molesta—, no es Pinky o niña y tengo diecinueve años.
Lo dijo lo suficientemente fuerte como para que todos lo escucharan.
—Bien, Sakura —dijo Barbablanca a gusto—. Espero que el rey marino no te haya asustado mucho, me informaron que Ace te ayudo, es comprensible que te hayas paralizado, la primera vez causan impacto.
Sakura miró de reojo a Ace, tal vez le contó lo que sucedió.
—No es más sorprendente de otras cosas que he visto —dijo con un ligero toque de indiferencia.
Al parecer esto agradó y divirtió a los piratas, algunos comenzaron a murmurar que la chica sí que tenía agallas. Muy pronto la gente se fue relajando y el ambiente volvió a ser bullicioso y alegre.
Thatch aprovechó para darle su nuevo y mejorado plato de sopa. Sakura no tenía mucha hambre pero se obligó a comer ya que no tenía muchas opciones. Al llevarse una cucharada de comida a la boca sintió una mirada penetrante. Era Ace que estaba del otro lado de la mesa a dos lugares de Barbablanca.
—¿Qué? —pregunta Sakura.
—¿Qué? —pregunta él.
Una vena aparece en su frente. Tal parece que iba a seguir con el mismo comportamiento de siempre. No iba a caer en sus provocaciones así que volvió a enfocarse en su plato.
En realidad tenía un nudo en el estómago de estar aquí con ellos pero al menos se iba a obligar a comer la mitad para demostrar que ella no les tiene miedo y que Ace se equivoca y encontrará una falla en ellos.
Este será tal vez su último trabajo como ninja.
Hola! Espero que la actitud de Sakura no les parezca un poco tediosa, es así porque recuerden que está sola, su gente murió así que tiene los síntomas de la culpa del sobreviviente además de que a final de cuentas no confía en la gente por lo que ha pasado.
Dejando eso de lado espero que les haya gustado el capítulo! Nos vemos en el siguiente.
Saludos!
