Con el nuevo objetivo en mente, Sakura comenzó a caminar más en el barco que quedarse en su lugar habitual, se acercó a los piratas a escuchar sus historias, se memorizó sus nombres, sus rutinas, comenzó a hablar con ellos, aprendió que aunque hablan el mismo idioma, la escritura de alguna manera era distinta a la de ella -cosa que decidió ocultar por ahora-, a la hora del baño con las enfermeras comenzó a participar en las pláticas, lentamente comenzó a convivir con ellos. Incluso llegó a tener una genuina curiosidad por lo diversa que es la tripulación, por ejemplo los gyojin. Por supuesto, todo con el objetivo de que bajen la guardia y que muestren sus verdaderos colores.

Al segundo día de poner su plan en acción, los comandantes y algunos de los tripulantes estaban sentados junto a barbablanca en la cubierta, ellos estaban bebiendo, comiendo y rememorando viejas peleas cuando ella se les unió, algunos de ellos la vieron brevemente más aún cuando ella se sentó junto a Namur, el gyojin tiburón.

—¿Qué? —preguntó cuando los ojos de todos estaban sobre ella.

Incluso notó que el comandante de la división ocho a su lado estaba nervioso, el objeto de su curiosidad. Casi estuvo tentada a decir que no muerde en todo caso él le haría más daño con sus puntiagudos dientes. Obviamente eso no iba a ayudar a su plan así que se contuvo.

Por suerte, Thatch apareció a su lado dejando un tarro de cerveza, un plato de fruta y un postre frente a ella.

—Cada día superas mis expectativas —dijo Thatch con una sonrisa—, a la gente común normalmente no les agradan los Gyojin.

La mirada de Sakura pasó de Thatch a la de Namur un par de veces antes de arquear la ceja. Si era sincera consigo le recordaba un poco al infame Kisame, tal vez sin que ellos lo supieran Kisame era de la misma raza, además, Kisame era muy conocido en el mundo ninja como un miembro temido de Akatsuki pero al mismo tiempo reconocido por sus habilidades hasta ser apodado el Bijuu sin cola.

—¿Qué tiene de malo? Pelear dentro y fuera del agua me parece muy útil.

Sin su conocimiento, con aquella respuesta se ganó la aceptación de toda la tripulación de Barbablanca, como una gran familia se tomaban muy personal los insultos o los halagos a sus compañeros.

—Exacto, no tiene nada de malo —respondió Thatch viendo que Namur se sonrojó ligeramente.

Ese día aprendió mucho de los Gyojin y las distintas razas, se enojó cuando descubrió que solo por ser distintos a los humanos. Su lado médico quería ir y revisar qué diferencias a nivel anatómico habían pero se retenía a sí misma repitiendo, "solo debo buscar pruebas para salir de este acuerdo antes de tiempo" Ya lo había decidido, al salir de este barco se irá a una isla tranquila con poca gente para pasar desapercibida, establecerse y nostálgicamente reestablecer su clan como diría Sasuke o en su caso restablecer el mundo ninja con la voluntad del fuego.

En el transcurso de los días algunos barcos piratas intentaron atacar a Mobydick con la excusa de tomar la cabeza de barba blanca, antes de siquiera un pie sobre el barco, ella desde la borda junto a otros tripulantes y barbablanca observaban a los comandantes que se turnaban para pelear con su tripulación contra esos barcos, los observaba como un halcón tratando de grabar sus movimientos en caso de que tenga que pelear y saber sus debilidades y luego los veía saquear sus tesoros y alimento. Y como premio, terminaban celebrando la victoria con un gran festín lleno de música, comida y cerveza en la cubierta.

Thatch y Marco se esforzaban en que comiera más de sus sopas, incluso algunos de la tripulación y Barbablanca le hacían que comiera. Incluso un día como premio por haberse acabado por primera vez el plato de sopa, Thatch le dió un postre que nunca había visto, amarillo con una salsa oscura que según era caramelo que con tan solo mover el plato se movía todo el dulce, le recordó un poco a los cubos de agar que viene en el Anmitsu que tanto le gusta, lo observó un poco curiosa mientras veía al flan temblar, alentada por barbablanca y Thatch, se llevó una cucharada a la boca, en su boca sintió una explosión dulce pero no empalagosa de sabor, enmascaró su satisfacción al comerselo, era tan delicioso, tal vez tanto como el anmitsu. En silencio se lo comió todo y nadie dijo nada al respecto, pero por alguna razón que no entendía Sakura, desde ese día, llegaba la hora de la comida y entre los postres había flan, los comandantes luego tomaban un postre como flan pero se lo pasaban a ella diciendo que comieron tanto que no pueden comer su postre, a veces se lo comía sin queja o lo hacía Ace.

Aprendió que el mundo estaba dividido en cuatro mares y que en estos atravesaba una línea llamada la gran ruta marítima en la que ellos están y que los piratas se aventuran para encontrar el gran one piece que escondió el anterior rey pirata Gol D. Roger y convertirse en el próximo rey pirata.

Los días pasaron y antes de que se diera cuenta ya había pasado un mes, para entonces se había acostumbrado a su nueva rutina no sin tener un gran costo para ella. Fuera de la vista de los piratas, por la noche cuando todos estaban durmiendo las noches de Sakura se volvieron intranquilas y plagadas de sueños y recuerdos con sus amigos y familiares antes de convertirse en pesadillas del día en que su mundo se desmoronó.

Este problema lo traía desde que era esclava, las pesadillas las despertaban en la noches cuando lograba quedarse dormida, el problema es que ahora que se relacionaba con los piratas, las horas de sueño se volvieron más cortas con el paso de los días hasta que desde hace una semana no ha podido dormir ni un rato. Se sentía más cansada, sus pasos eran más lentos y le costaba un poco seguir la conversación, en más de una ocasión Marco y las enfermeras le preguntaron si todo estaba bien, ella solo les devolvía una media sonrisa y les decía que si.

El día de hoy una tormenta azotaba sobre el barco que se movía de un lado a otro aunque no era lo suficientemente brusco como para preocupar a los piratas que se habían reunido en el comedor para comer. Como le era ya costumbre, Sakura se sentó entre los comandantes y el ver a Ace caer dormido sobre su plato de comido mientras contaba una historia ya no le asustaba, más bien solo resoplaba divertida por lo ridículo que se veía.

Como hoy Marco por fín le permitió comer sólidos, Thatch dijo que debía esperar un poco más que los demás porque le quería dar algo especial, sus compañeros escucharon esto y se emocionaron y quejaron, era bien conocido que la tripulación cada que veían pasar el plato de sopa de Sakura se les hacía agua la boca porque con cada día que pasaba el olor parecía más delicioso que el día anterior.

—Ya espero que lleguemos a la siguiente isla, quiero comprar una nueva espada —dijo un pirata a lo lejos.

Ah, si, dijeron que pronto llegaremos a una isla Desde que llegó a este barco no había llegado a ninguna isla hasta ahora, tenía curiosidad por saber qué es lo que encontrará pero ahora mismo estaba tan cansada que no podía pensar mucho en eso, no quería que se dieran cuenta que estaba débil por la falta de sueño así que tenía que poner toda su energía en mantener la apariencia.

—Iremos a una de las mejores islas con casas de cambio y casinos en la gran ruta marítima, aunque no hay que bajar la guardia, muchos aprovechan para estafar. Si quieres salir a explorar será bueno que te quedes con uno de nosotros —dijo Vista, el comandante espadachín que se sentó junto a ella.

Sakura luego de darle un trago a su jarra de agua se rió.

—Puedo defenderme bien sola, gracias —dijo Sakura.

—Es cierto, cuando atacaste a nuestro padre no te movías nada mal, ¿Dónde aprendiste a pelear así? —preguntó Izou.

Los demás prestaron atención. Hasta ahora aunque hasta ahora se han acercado más a la pelirrosa, solo hablaban de ellos, el mundo o sus aventuras y habían tenido la precaución de no preguntar sobre ella y su pasado, es algo que no cualquiera se siente cómodo de decir.

—Soy una ninja —dijo Sakura con orgullo. Si estuviera en sus cinco sentidos no hubiese dicho esto porque complicaría su plan de pasar desapercibida por ellos pero no estaba bien.

—¡Ninja! —gritaron los piratas, unos emocionados y otros sorprendidos.

—¡Una ninja! ¡nin, nin! —dijo Ace emocionado haciendo supuestas poses de ninjas.

Una gota de sudor rodó por la frente de Sakura.

—No hacemos nin nin...

—No me sorprende por tus habilidades aún estando lastimada —dijo Barbablanca— así que entrenaste de joven.

A un lado de Barbablanca estaba la silueta de Naruto, solo lo vió de reojo antes de volver a ver a barbablanca, desde aquel incidente con el rey marino la silueta aparecía casi todo el día y noches.

—Si, entrenamos desde los seis años y nos graduamos a los doce —dijo encogiéndose de hombros. El hablar de Konoha le provocó una sensación de hundimiento en el pecho.

—En mi isla natal, Wano, también hay ninjas —dijo Izou.

Esto hizo que los ojos de Sakura brillen del interés. El encontrarse con otros ninjas sería interesante, dudaría que tuvieran chakra o Izou ya hubiese hablado de aquello, pero tal vez aprender o al menos intercambiar golpes con alguno de ellos sería interesante.

—Sería interesante conocerlos —dijo Sakura.

—Esto que siempre llevas ¿es de tu aldea? —dijo Haruta acercando su mano a la banda roja que Sakura siempre lleva en la cabeza.

Cuando su mano estuvo a punto de tocar la parte de metal con el símbolo de Konoha, Sakura se movió a un lado.

—¡No lo toques!

Las risas y las pláticas alrededor desaparecieron. Al darse cuenta de su error dejó escapar una sonrisa nerviosa, se llevó la mano a su banda ninja sintiéndose un poco reconfortada al sentir el frío metal en la punta de sus dedos.

—Lo siento, esto es muy preciado para mi, es lo único que me queda de Konoha —dijo con tristeza.

—Es tu tesoro —dijo Barbablanca.

—Si... —respondió Sakura.

¿Pero qué estaba haciendo ahora? ¿Se estaba divirtiendo? Se sintió como si hubiera salido de un genjutsu que hasta ahora no se había dado cuenta que estaba en uno. Casi se dió una bofetada ahí mismo cuando le asaltaron recuerdos con sus amigos y compañeros, sintió que los estaba traicionando, ella no puede divertirse, se sintió peor que la basura.

¿Por qué les está hablando de su pasado? Estos piratas no son más que una molestia, son más peligrosos de lo que esperaba.

No, Sakura, si hablas de tu pasado de un modo lamentable tal vez bajen la guardia trató de convencerse. No son amigos, mis amigos están muertos

Miró de reojo a Naruto y al instante se tensó, por alguna razón sintió que la mirada era más fría y por primera vez mostraba una emoción: hostilidad. Y por si fuera poco, estaba caminando entre los piratas para ir hacia ella.

—Espero que la pena haya valido la pena —dijo Thatch apareciendo con una bandeja de comida. Con cuidado de no derramar la comida, la puso frente a Sakura. Un plato de ensalada de pescado con tomate y un tazón de ramen—, puedes comer lo que quieras, esto es ramen una comida que aprendí en una isla e Izo me enseñó, por órdenes del doctor de que no sea muy pesada la comida hice uno de miso tofu. ¿Sakura?

Ella no lo estaba escuchando, sus ojos temblaron como si hubiera sido golpeada por un terremoto al ver la comida en la mesa, su corazón latía a toda velocidad al punto de escucharlo palpitar en sus oídos y su respiración se enganchó.

—Nos abandonas, Sakura-chan —Se le heló la sangre. Naruto le habló.

—¡No! —gritó Sakura, con el brazo tiró la comida al piso y miró con los ojos llenos de lágrimas a Naruto—, ¿Por qué? Ellos no... Todos los días no dejo de pensar en ustedes, incluso en las noches...

Se mordió el labio tan fuerte que empezó a sangrar. En un pequeño momento de lucidez recordó que estaba en el comedor con todos los piratas que ahora la veían sorprendidos. Sin una palabra salió corriendo.

—Sakura —dijo Tato.

—Espera —le detuvo barbablanca—, Marco, ¿hace cuánto que Sakura no duerme?

Marco que seguía igual de sorprendido que los demás giró a ver a barblanca.

—¿Dormir? No, ella no dijo nada de no dormir...

—Aunque dice que está bien he visto que luego parece que se marea, tarda un poco en contestar y sus piernas le temblaban a veces —dijo Tato.

—Y tiene ojeras, el otro día la vi esconderla con maquillaje que pidió prestado —dijo otra de las enfermeras.

La primera división cayó en cuenta de lo que barbablanca sospechaba, Sakura acaba de tener una crisis.

—Si no ha dormido en días esto debe haber sido una alucinación —dijo Marco—, la comida debió haber sido un detonante.

—¿La comida? —preguntó Thatch. Él y los demás vieron la comida estrellada en el suelo.

—Debió recordar a su familia —dijo Barbablanca.

Nadie dijo nada.

Una vez dentro de su habitación, Sakura comenzó a lanzar los objetos que tenía a la mano hacia Naruto con una mezcla de furia y dolor. El la veía desapasionadamente mientras los objetos lo atravezaban.

—¡Todo este tiempo y si hablas! —gritó lanzando una jarra de agua en el buró—, He suplicado que me respondas y solo hasta ahora contestas, ¿Olvidarlos? ¿Cómo puedo olvidarlos? ¡Cada maldito segundo pienso en ustedes!

Le gritó y lloró hasta que se quedó sin aliento, su cabeza dió vueltas y para cuando logró estabilizarse se vió tirada en el suelo mirando espaciada el techo de madera. Se sentía como un cascarón vacío y roto en miles de pedazos, su mente se quedó en blanco viendo la lámpara balanceándose de un lado a otro por la tormenta que azotaba a las afueras hasta que una risa histérica estalló en ella.

Naruto tenía razón, ella había fallado a la misión, estaba comenzando a divertirse con los piratas.

No merezco divertirme No con sus amigos muertos y ella viva.

Una fuerte explosión la sacó de sus pensamientos a la vez que el barco se sacudió con mas fuerza, esto no era la tormenta.

Un ataque.

—Parece que hay gente que no le importa la tormenta con tal de llevarse la cabeza de barbablanca, estos piratas sí que están locos —dijo Sakura con una amarga sonrisa.

Se paró del suelo, al apoyarse junto a la ventana contó dos barcos. Si se quieren matar entre ellos que hagan lo que quieran, ella no tiene nada que ver con ellos. Miró de reojo a Naruto. Se acercó al pequeño espejo que las enfermeras le regalaron que ahora colgaba arriba del buró y se miró al espejo, cogió un paño y empezó a limpiar la base que se ponía desde hace una semana para ocultar sus ojeras.

Ya no importaba si la veían débil o no, ¿Por qué tenía que seguir una promesa con un pirata? Le era lo mismo si la tormenta la llevaba a las profundidades del océano, si su vida acababa en manos de los piratas que atacan o si ahora mismo Barbablanca se enoja por haber sido grosera con Thatch y decide acabar con ella.

Frente al espejo vió a una mujer de veinte años con la piel pálida, los ojos hinchados con unas sombras oscuras bajo los ojos y sus ojos color esmeralda ensombrecidos y carentes de vitalidad. ¿Qué pasó con aquella mujer y orgullosa kunoichi médico? Aquella chica que logró pararse a pelear espalda con espalda con el resto del equipo siete, la que veía cada día como un nuevo reto a dar todo de sí y que siempre llevaba el corazón en la mano.

Se sintió asfixiada dentro de la habitación con solo Naruto mirándola con desprecio.

Con pasos tambaleantes por la tormenta, los cañonazos y el cansancio acumulado. En el pasillo no había nadie, todos debían estar en la cubierta peleando con el enemigo. Sin rumbo fijo caminó y caminó.

En el camino escuchó un ruido que venía de una de las puertas cercanas, la enfermería. Algún objeto dentro debió haberse caído o eso creía hasta que al pasar junto escuchó la risa de unos hombres. Esto estaba mal, los piratas estaban arriba peleando o sino ya hubiese pasado alguna que otra pelea frente a ella, como no tenía nada que hacer agarró el pomo de la puerta y la abrió lo más silenciosamente posible para mirar dentro.

—Ja, ja, ja esto si que es una sorpresa —dijo un pirata que le faltaba un diente—, había escuchado rumores de gente que les pareció ver mujeres en el barco de barbablanca pero no creí que fuera verdad.

—Logramos escabullirnos para robar oro y encontramos algo mejor —dijo su compañero relamiéndose los labios.

Dentro de la habitación, en la parte del fondo estaban las enfermeras pegadas unas con otras, frente a ellas estaba Tato tirada en el suelo mirando con desafío a los cinco piratas que estaban frente a ella mirando con altivez y lujuria su cuerpo.

—¿Qué tal si nos divertimos un poco?

—Mejor nos las llevamos, hay que compartir esta sorpresa.

Sakura apretó los puños con fuerza, no iba a dejar que estos piratas hagan lo que quieran, estas chicas decidieron unirse al barco pirata de Barbablanca no como parte de la tripulación sino como un trabajo, ellas no deberían de estar involucradas pero aquí estos tipos estaban haciendo lo que quieren. Esta es la ira y odio que quería contra los piratas.

Con pasos tan silenciosos como el de un gato se metió a la habitación camuflándose con la oscuridad, ni siquiera las chicas la habían notado. De la mesa más próxima tomó una caja de metal con instrumentos médicos y se acercó a los hombres. Solo hasta que estuvo detrás de ellos las chicas la vieron sorprendidas, los piratas voltearon pero para entonces Sakura embistió sus cabezas con la caja de meta, por el golpe los utensilios salieron volando, uno de los piratas pudo esquivar el golpe a tiempo y trató de golpear a Sakura, ella se agachó tomó un bisturí y lo clavó en su cuello justo en su carótida.

Con el bisturí ensangrentado volteó hacia las chicas.

—Vámonos.

Las enfermeras ayudaron a Tato a levantarse y siguieron a Sakura. Para su mala suerte el golpe que les dió no fue lo suficientemente fuerte como para dejarlos inconscientes, escucharon un par de maldiciones antes de pasos que trataban de seguirlas. Sakura abrió una puerta.

—Por aquí.

Una vez que todas estuvieron dentro Sakura cerró la puerta, estaban en la alacena, como es un barco con una numerosa tripulación el almacenamiento es muy grande. Había numerosos estantes con comida, sacos llenos hasta el borde de comida, jamones ahumados colgados en el techo entre otras cosas. Fueron hasta el fondo y se escondieron detrás de unos sacos con verduras que estaban bien escondidos entre dos alacenas.

—No se vayan a mover de aquí hasta que la tripulación las busque —susurró Sakura. Discretamente hizo una señales de mano y levantó sin que ellas supieran un genjutsu como seguridad.

—No te vayas, Sakura, hay lugar para ti —dijo una de las enfermeras agarrando la parte inferior de la playera de Sakura para que no se vaya.

Con cuidado tomó la mano de la enfermera entre sus manos y le sonrió a la chicas con gentileza.

—Alguien tiene que alejarlos, descuiden, soy una kunoichi, me puedo defender —les aseguró—, pase lo que pase y escuchen, no hagan ruido.

Sin darles tiempo de responder se escabulló entre los pasillos hasta esconderse entre unos estantes no muy lejos de la entrada. Una vez ahí relajó su respiración y agudizó su oído. Escuchó que desde el pasillo los piratas azotaban una tras otra de las puertas hasta que llegaron a la que se encontraban. Se pegó a la pared lo más que pudo y sostuvo el bisturí con fuerza.

—Deben estar aquí —dijo uno de los piratas prendiendo la luz.

Los cinco piratas caminaron por los pasillos mirando de lado a lado buscando a las chicas. El pirata que caminó a su lado lo identificó como el que le había enterrado el escalpelo, se veía muy pálido por la sangre que goteaba. Una vez que el siguió de largo salió de su escondite, se puso detrás suyo, le tapó la boca con una mano y con la otra pasó el bisturí por su cuello como si fuera mantequilla, cuando el hombre dejó caer todo su peso en ella, en silencio lo dejó en el suelo. Con cuidado caminó hacia el siguiente pasillo donde estaba otro de los piratas, se agacho dentro de un barril, cuando el pirata se asomó para buscar Sakura se levantó, le tapó la boca e hizo lo mismo que con el anterior.

Dos faltan tres pensó saliendo del barril.

Con el movimiento brusco del barco, el sonido de unos frascos estrellándose al fondo llamó la atención.

—¡Allá deben estar! —gritó uno de los piratas.

Maldijo en silencio, si se movieron del escondite las encontrarán. Empujó los estantes hacia los pasillos donde estaban los piratas y salió corriendo haciendo el mayor ruido posible.

—¡Ahí está, salió del escondite! —gritó el pirata.

Salió corriendo al pasillo por el camino que tomaron antes. Solo tenía que alejar los lo suficiente como para que las chicas estén a salvo y no las tomen como rehén. Con otro movimiento brusco del barco se apoyó en la pared para no caer al suelo, se había mareado.

Maldición, estoy cansada pensó frustrada antes de recuperarse y seguir corriendo. Al doblar la esquina una barra de metal le golpeó justo en su oreja, dió un par de vueltas antes de caer al piso. Por el cansancio no notó que había otro pirata escondido.

En su oído comenzó a escuchar el sonido de un molesto pitido y al pirata que tenía enfrente le veía dobles o triples. Intentó pararse pero su cuerpo no respondió.

—Así que aquí estabas, bien hecho en detenerla—dijo uno de los tres piratas en cuanto lograron alcanzarla—, esta chica nos la pagará, mató a nuestros compañeros.

—Primero la usaremos y luego podemos matarla —sugirió el hombre que golpeó a Sakura con el tubo.

La pelirrosa escuchó a los cuatro chicos reír, su cuerpo temblaba y su visión era doble, como no tenía la fuerza para moverse se fue arrastrando hacia atrás cosa que solo divirtió más a los piratas enemigos.

—Barbablanca no los dejará salir —dijo sin poder controlar el temblor en su voz.

—Para cuando acabemos contigo será demasiado tarde para ellos —dijo el pirata que le faltaba el diente agachándose frente a ella.

Cuando el pirata estiró su mano hacia la playera de Sakura, ella tuvo el instinto de cerrar los ojos pero no, no se lo permitió, iba a grabar en su mente sus rostros para cuando se pueda mover los mate con sus propias manos. En eso el muro de madera a un costado de ellos estalló en mil pedazos, una bala de cañón atravesó los muros llevando a los tres piratas que estaban detrás del pirata agachado y Sakura.

—¡No! —gritó el pirata con odio al ver el lugar donde antes estaban sus compañeros ahora solo estaba el mar a la vista. Volteó a ver a Sakura con odio que se arrastraba hacia atrás, por esa chica su plan de divertirse fue arruinado—, ¡Es tu culpa!

Le dió una patada, Sakura gruñó de dolor, sacó el bisturí e intentó atacar al hombre, sus movimientos fueron tan lentos que el otro sostuvo su mano y en cambio la detuvo y le dio dos puñetazos. El bisturí se cayó de la mano de Sakura cuando su torso cayó al suelo por el impacto del segundo golpe, intentó alcanzar el bisturí pero el pirata lo pateó lejos cayendo directo al mar.

El pirata lleno de ira se subió a Sakura y comenzó a atacarla, Sakura intentó defenderse pero estaba cansada, mareada y su oído zumbaba el otro muy fácilmente la dominó. En uno de los puñetazos que le dió el pirata, su banda ninja se desató y cayó junto a ella.

—Pagarás sus vidas con la tuya, no eres más que escoria —dijo el pirata. La tomó del cuello y la comenzó a ahorcar con sus dos manos.

Sakura detuvo en seco su forcejeo cuando vio la silueta de Naruto justo a un lado del pirata. Sus ojos se llenaron de miedo y culpa al verlo. ¿Por qué tiene que pelear? ¿Por qué ella es la que tiene que vivir en vez de ellos?

Ella no merece vivir.

La vida y futuro de sus amigos terminó aquel día. Tal vez es parte del destino que el mundo ninja termine y ella es solo un error.

Comenzó a toser en un intento de respirar en vano.

Si muere aquí podrá reunirse con sus amigos y familia. El dolor en su pecho desaparecerá y Naruto no volverá a verla de ese modo otra vez.

Naruto, por fin volveremos a vernos. En verdad no los olvidé pensó con tristeza.

Cuando el barco se inclinó por el golpe de la tormenta, por el rabillo del ojo vió su banda ninja deslizarse hacia el agujero en la pared. Intentó estirar la mano cuando pasó a su lado pero no lo alcanzó, se deslizó hasta quedar en la orilla. Las lágrimas comenzaron a acomularse en sus ojos, es su única evidencia de que su vida en la aldea fue real. El hombre sobre ella se rió.

Así que aquí moriré

No queremos que mueras.

Sus ojos comenzaron a temblar al escuchar la voz de Ace.

¿Por qué? ¿Por qué quieren que viva? pensó con angustia.

Tranquila, no queremos hacerte daño.

Desde que abrí los ojos siempre fuiste cuidadoso conmigo, Marco. Todos fueron muy buenos

Solo queda ella.

Eres nuestra invitada.

Thatch, todos... ¿Por qué?

¿Qué motivo tiene para vivir?

Conviértete en mi hija.

¿Cómo puedo vivir con ellos muertos?

Miró a Naruto antes de volver a ver su diadema que por otro movimiento brusco, la diadema se deslizó entre la madera astillada.

Las lágrimas se desbordaron. Ya no queda nada de Konoha. Todo su mundo, su historia desaparecerá del mundo sin que nadie los recuerde. Todos los esfuerzos, las guerras luchadas, las lágrimas derramadas, los sacrificios hechos, los sueños, las esperanzas, todo se convertirá en polvo.

¡Sakura-chan, resiste!

¿Por qué? se preguntó Sakura.

¿Así nada más? Las experiencias vividas, los esfuerzos hechos de sus amigos y sus antepasados desplazará de las manos como la arena. ¿La voluntad de fuego del que tanto orgullo sentían se extinguirá tan fácil?

Volvió su mirada borrosa a la silueta de Naruto que la veía sin emoción.

Tú no eres Naruto Una pequeña chispa dentro de ella floreció.

El Naruto que ella conoce no se hubiese quedado de brazos cruzados, ha hecho cosas peores y aún así siempre estuvo a su lado. El fue y siempre será el hermano que nunca tuvo y del que siempre puede contar. ¿Por qué ahora sería distinto? ¿La quería muerta?

Nunca. Estaría furioso de verla soltar su vida tan fácil.

Casi se quiso reír de la ridícula situación. Se sintió estúpida por creer que esta ilusión era su Naruto.

No solo podía imaginarse a Naruto viéndola con reproche, también estaban Sasuke, Kakashi, Sai, Yamato y Tsunade. Es como si le diera la espalda a lo que vivieron sus amigos y familia ¿Acaso ellos no han sufrido también por la muerte y soledad? Sufrieron, se aislaron y aún así se levantaron.

No, no puede dejar que sus historias, su mundo acabe con ella.

¡Queremos que vivas!

Si no puede vivir por ella, lo hará por sus amigos y su memoria.

Su visión estaba casi negra por completo y sus pulmones quemaban por la falta de oxígeno, aún así alzó sus manos sobre las del hombre para quitarlas.

—¿Ahora quieres pelear? Demasiado tarde.

Un borrón pasó encima de ella llevando al pirata con él. Sin las manos obstruyendo su tráquea dio profundas caladas de aire intercaladas con una molesta tos. A su lado una persona se agachó y la ayudó a sentarse.

—Respira, ya estas bien —susurró Marco con suavidad.

La visión de Sakura volvió a ser nítida en lo que respiraba, detrás de Marco cerca del borde estaba Ace sobre el pirata propinándole una serie de golpes. Quiso hablar pero su garganta le dolía.

—Tranquila, primero respira —dijo Marco, llevó su mano a la espalda de Sakura y la frotó haciendo pequeños círculos.

Ellos vinieron por ella, porque quieren que ella viva. Se sentía tan agradecida de que después de todo lo que hizo aún la vinieron a salvar. Como no podía hablar apoyó su cabeza en el hombro de Marco que sorprendido detuvo su mano unos segundos antes de continuar.

Cuando el pirata dejó de moverse Ace dejó de golpearlo y se acercó a Sakura y Marco, suspiró aliviado al ver que Sakura estaba bien.

—Llegamos a tiempo —dijo Ace.

Sakura alzó su cabeza y la inclinó ligeramente hacia un lado preguntando en silencio cómo es que sabían que ella estaba peleando con unos piratas.

—Tato nos avisó —dijo Marco.

Tato estaba preocupada por la salud de Sakura así que se aventuró a salir del escondite y fue directo a la cubierta, por suerte cerca de la puerta se topó a Barbablanca, Ace y Marco.

—Padre está furioso, tanto que decidió entrar a la pelea y darles una lección por haberse metido con las enfermeras y contigo —dijo Ace—, de seguro ahora mismo debe haber acabado la pelea, nadie puede con él.

Y ahí está de nuevo, de una manera no explícita le estaban demostrando que no quieren que muera. Estos piratas se han empecinado en ayudarla y por primera vez se sintió feliz de que no se rindieron. Solo faltaba un mes para que su acuerdo termine y ahora no quería irse.

—Eso quedará marcado —dijo Ace señalando con disgusto la marca de las manos del pirata en el cuello blanquecino no Sakura.

—¿Puedo? —preguntó Marco alzando su mano libre en la que apareció una flama azulada.

Anteriormente Marco le había explicado a Sakura sobre su fruta del diablo que no solo puede convertirse en un ave fénix, sino que también puede ayudar a curar a otros sus heridas aunque tenía ciertas limitaciones. En otras ocasiones él se había ofrecido a ayudarla a sanar sus heridas más rápido pero ella lo negó en cada ocasión, no quería que un pirata la volviera a tocar.

Que tonta fue.

Movió la cabeza de arriba a abajo con cuidado de no lastimar más su cuello. Los dos se sorprendieron de que esté aceptando la ayuda. Antes de que ella cambie de opinión Marco acercó su mano y comenzó a curarla. Ella suspiró de alivio cuando el ardor comenzó a disminuir hasta volverse un molesto cosquilleo, la marca disminuyó hasta quedar las huellas de la mano del pirata en un color rosado y de paso notó que el la ayudó a curar las demás heridas. Con los días aquella marca desaparecerá.

—Gracias —dijo con voz ronca. Ni el gracias podía explicar cómo se sentía en ese momento.

Seguía vida.

Aunque se sentía feliz, ánimo disminuye un poco al llevar su mano a la cabeza con pesar. Los dos chicos notaron que la diadema que siempre llevaba consigo no estaba.

—¿Qué sucedió? —preguntó Ace.

Ambos siguieron la mirada de Sakura hasta el hueco en el pasillo que ahora daba al mar.

—Lo siento mucho, eso era muy importante para ti —dijo Marco con una mueca.

—Está bien, me quedan mis recuerdos —dijo Sakura con una media sonrisa.

—Será mejor que te llevemos a tu habitación —dijo Marco levantándose del suelo—, si padre acabó con los piratas hay que revisar a los heridos.

No tenía la fuerza suficiente en sus piernas como para levantarse y tampoco quería pedir ayuda, los había rechazado tantas veces que le daba vergüenza comenzar ahora. Para su sorpresa, frente a su rostro apareció una mano extendida. Recorrió el brazo hasta llegar al rostro sonriente de Ace, ver su sonrisa se sintió refrescante. En silencio le tomó la mano, una vez arriba se apoyó en ambos chicos hasta que la dejaron en su cama.

Una vez sola se dejó caer en la cama, después de estar un tiempo con sus sentimientos embotados ahora fluían dentro de ella como fuegos artificiales. ¿Cómo podía ir con ellos y disculparse? Los había tratado mal, en especial a Thatch, Marco y Ace. ¿La perdonarán? En varias ocasiones le dijeron que es una invitada, pero hasta un invitado tiene un límite. Por si fuera poco en un mes se tendrá que ir.

Barbablanca tenía razón, ella no sabe mucho de este mundo, si sale en un pequeño barco dudaba poder sobrevivir, y si la dejan en una isla no sabe cómo comportarse y ganarse la vida. Al menos con estos piratas, no, con estas personas ya ha aprendido cómo viven y le han ayudado, tal vez pueda aprender un poco, pedir ayuda con su escritura, aprender de la moneda y otras cosas para sobrevivir.

Al menos tenía una cosa en claro: no todos los piratas son malos.

Para cuando escuchó que alguien tocaba su puerta se dió cuenta que en algún momento había cerrado los ojos. Lentamente se incorporó en la cama, hizo una mueca al sentir su cuerpo pesado como el de un yunque por lo cansada que estaba.

—Pasa.

De la puerta se asomó Marco, se metió a la habitación y se sentó junto a la silla que había sobrevivido al ataque de furia de Sakura antes del ataque de los piratas. Ahí los dos se sintieron un poco torpes uno al lado del otro. Aunque Sakura sabía que Marco debía tener una razón por la que estaba ahí, notaba que su mente estaba trabajando cómo decir lo que quería decir porque sus reacciones no han sido nada amables hasta ahora. Sabía que ella tenía que ser la primera en dar el paso.

—Lo siento.

Marco alzó la mirada.

—¿Por qué te disculpas?

Se mordió el labio antes de respirar profundo.

—Me he portado muy mal con ustedes, solo me querían ayudar. Yo estaba equivocada con ustedes —decirlo se sentía mucho mejor de lo que esperaba.

—No tienes por qué disculparte, todos cometemos errores y no lo haz tenido fácil —dijo Marco dándole unas suaves palmadas en la cabellera rosa.

Los ojos de Sakura comenzaron a picar, tenía que haber esperado esto, Marco ha sido respetuoso con ella desde el principio. Toda preocupada para que al final la perdone tan fácil. ¿Con los demás será igual?

—Además, deberías ver cuando uno de los comandantes se enferman, son peores que los niños —se quejó—, tenemos que perseguirlos para que tomen sus medicinas y es peor si tiene que ser inyecciones.

Sakura se rió en voz baja. Eso es algo que se puede imaginar, en más de una ocasión le pasó lo mismo con los ninjas, ¿Cómo pueden soportar un kunai enterrado en sus cuerpos pero no una inyección? No se diga de que se queden reposando en el hospital es como si tuvieran una alergia al edificio. En especial Kakashi.

—¿Los demás están bien? —preguntó con cautela.

—Si, Tato y las chicas están bien gracias a ti. Los demás sólo tienen heridas menores, no por nada somos los piratas de barbablanca —dijo con orgullo señalando el símbolo pirata tatuado en su pecho.

Marco quedó gratamente sorprendido cuando la vió sonreír suavemente. En definitiva algo había cambiado en aquella última pelea. Por su aspecto parecía que había aprovechado la hora para dormir así que se levantó de la silla para que pudiera seguir descansando.

—Solo venía a revisar cómo estabas, te dejaré seguir descansando. Terminamos de limpiar lo más grave y ahora los chicos quieren celebrar.

—Espera.

Marco se detuvo a medio camino. Sakura se mordió el labio antes de volver a hablar.

—Quiero ir contigo.

Esa si que era una frase que no esperaba Marco, se veía tan decidida y a la vez nerviosa. No iba a ser el que le negara ir con los demás si realmente había cambiado de parecer sobre ellos. Dejó que ella se apoyara en su brazo y ambos fueron a la cubierta. Se detuvo cuando ella lo hizo a unos pasos de salir a la intemperie. Desde donde esteban escuchaban las risas de los demás.

—¿Todo bien?

—Y si... ¿Me perdonarán? —preguntó con un poco de miedo.

—¿Por qué no lo averiguamos?

La sonrisa confiada de Marco la tranquilizó un poco así reanudó su paso hasta que salieron del pasillo. Ahí en la cubierta estaban todos riendo, gritando y algunos cantando con un par de cervezas en mano como la pelea y la tormenta de hace una hora no hubiese pasado. Algunos tenían unos pequeños vendajes pero nada grave como dijo Marco. Nadie los había notado hasta ahora. Se veían tan felices que se sentía un poco avergonzada, se quizo dar una bofetada, ya no es una adolescente como para que se comporte de este modo.

—¿Me perdí de algo? —apareció Ace detrás de ellos haciendo brincar a Sakura soltando el brazo de Marco de paso.

—Ace, ¿Dónde estuviste todo este tiempo? Otra vez te escondiste para no ayudarnos a limpiar el desastre —le reclamó Marco molesto.

Ante esto Ace hizo un puchero.

—Solo estaba ocupado.

Marco y Sakura notaron sus manos llenas de astillas.

—¿Qué diablos estuviste haciendo? Hace una hora no estabas así —dijo Marco.

—¿Esto? No es nada, mira —incendió sus manos haciendo que las astillas desaparecieran quedando unas pequeñas marcas de donde antes estuvieron—, por cierto, ¿Qué hacemos aquí?

Marco suspiró.

—Sakura quiere hablar con los demás.

—¿Por qué no lo dijiste antes? —preguntó con una gran sonrisa antes de llevar sus manos a su boca. Presintiendo lo que iba a hacer Sakura lo tomó del brazo para detenerlo pero fue muy tarde—, ¡Hey, borrachos! ¡Antes de que pierdan la consciencia escuchen!

Algunos de ellos se quejaron con Ace por interrumpir la fiesta hasta que vieron a Sakura colgada de su brazo.

Al sentir las miradas de todos sobre ella sus mejillas se colorearon de rojo. Lentamente soltó el brazo de Ace.

—Listo —dijo Ace despreocupado.

En su mente Sakura lo golpeó por llamar la atención de los demás sin estar preparada. Con ellos esperando no tuvo elección. Para sorpresa de la tripulación, Sakura inclinó su torso hacia adelante haciendo una pronunciada reverencia.

—¡Lo siento!

El silencio la alentó a seguir.

—Han sido tan considerados conmigo y yo he sido muy grosera. No estuve en mi mejor momento y el perder mi hogar fue muy doloroso —si quería que la perdonaran tenía que ser sincera con ellos—, estaba muy resentida porque mi mundo desapareció y de un momento para otro unos piratas me quitaron mi vida hasta que me salvaron. No veía lo que tenía adelante hasta ahora, entenderé si no me perdonan.

El silencio que siguió después la comenzó a preocupar. Hasta que...

—¿Alguien está molesto? —dijo uno de la tripulación.

—¿Quién fue grosero con pinky?

Sakura se irguió para verlos bien. Estaba sin palabras.

—¡Si alguien se quejó con Pinky que dé un paso al frente para golpearlo!

—¡De seguro fuiste tu Hank!

—¿Qué? ¡Repite eso de frente!

Los comentarios iban y venían en ese sentido e incluso inició una que otra pelea. No la estaban culpando, más bien se comportaron como si no hubiera nada que perdonar. Una agradable sensación de alivio se extendió en su pecho.

Marco a su lado le dió una palmada en su hombro.

—Todo salió bien, ¿No?

A su otro lado Ace pasó su brazo por los hombros de Sakura y le sonrió de oreja a oreja.

—¿Eso era todo? ¡Creí que era algo más serio! —dijo con un tono alegre que le contagió a Sakura—, Vamos, ¡Esto es una fiesta! ¡Hay que celebrar que les pateamos el trasero a esos piratas! ¡muero de hambre!

Se llevó con él a Sakura y Marco los siguió detrás hasta que llegaron a la mesa de Barbablanca.

Como le era usual, se sentó frente a Barbablanca. Él la miró de pies a cabeza.

—Veo que estás bien.

Sakura recordó que Ace dijo que Barbablanca se enojó cuando se enteró que la atacaron. No pudo evitar sonreir.

—Si, todo gracias a ti que me pusiste a Ace y Marco como mis niñeras.

—Si, son las mejores niñeras —se rió Barbablanca.

Marco escupió la cerveza que estaba tomando y Ace tosió al atorarse en su garganta un trozo de carne.

—¿A quién le llamas niñera! —gritó Ace una vez que se recuperó.

La gente alrededor se rió descaradamente.

—Vamos, ¿Prefieres ser llamado acosador? —dijo Thatch apareciendo con una bandeja de comida.

Ace lanzó dagas con la mirada a todos los que se rieron porque sabían el significado y la apuesta que implicaba.

—Acosador —murmuró Sakura hasta que estalló en carcajadas haciendo que los demás la vieran anonadados—, Ese apodo te queda muy bien.

Ante esta escena Ace no se atrevió a quejarse y en cambio sonrió al verla reír. Es la primera vez que lo hacía, aunque golpeara directo en su orgullo por esta vez lo iba a dejar pasar. Sakura y los demás se rieron y siguieron con la fiesta.

—Thatch —dijo Sakura una vez que dejó de reirse y vió que le dejó un plato de comida frente a ella—, yo... Tu comida-

—¿Qué? ¿Lo que te serví antes? ¡Me hiciste un gran favor! Alguien por accidente puso azúcar en vez de sal al ramen. Esta vez me aseguré de que tu comida esté bien hecha.

Ambos sabían que eso era una mentira pero Sakura lo agradeció. Aunque esta vez su comida no era ramen o ensalada decidió comerse hasta el último pedazo como compensación de todas las veces que fue grosera con él y su comida.

—Niña, te vez mejor sonriendo —comentó Barblanca con una sonrisa.

Ella le dió una sonrisa ligera.

—Mi nombre no es "niña", es Sakura —dijo esta vez con un tono alegre.

Con Sakura uniéndose por primera vez a la fiesta con los demás, la fiesta fue más alegre y ruidosa que las otras veces.

El dolor por la pérdida de su hogar y su familia no desaparecerá pero al menos por ellos, no dejará que el mundo niña quede en el olvido. El barco sufrió daños, afortunadamente la isla a la que iban estaba muy cerca, solo tendrán que quedarse más tiempo de lo esperado para arreglar el barco.

Finalmente tocará tierra otra vez.